Nota obligatoria: los personajes de Saint Seiya desgraciadamente no son de mi propiedad, pertenecen al ingenio de un señor llamado Masami Kurumada, no gano ni un cinco (así decimos en CR) con esto.

De traiciones y juegos sucios. Cuarta parte.

Escalinata al Santuario, entrada principal

Shura tenía horas de estar sentado al pie de la escalinata.

Hacia la una de la tarde, se preparaba para comer cuando un soldado llegó hecho una prisa a buscarle. Traía una misión de Arles, de aquellas tan desagradables en las que además de terminar con la vida de alguien que consideraba un peligro para la Orden, mandaba a torturar al desdichado para sacarle información. Nunca antes, Arles lo había enviado a él a cumplir una de esas encomiendas, sabía que MM sí lo había hecho varias veces y que era considerado todo un "experto" en la materia.

No más leer el nombre que estaba escrito en el pergamino, perdió el apetito por completo. Amadeo, el antiguo maestro de Piscis, era quizá una de las personas más queridas y respetadas del Santuario, junto con Dhonko, era uno de los más cercanos a Shion, razón por la cual seguramente nunca había congeniado con las políticas de Arles.

Se sentía culpable…muy culpable. Sabía que posiblemente en la desición del Patriarca mediaba el reporte que él había hecho de que Amadeo se entendía con Barahaim en Argelia, sin embargo se consolaba pensando en que todo fuera por el bien y la seguridad de la diosa.

Abatido, salió de su casa para terminar con eso lo más rápido posible, sin embargo al llegar al pie de la escalinata, no tuvo el valor para seguir y se sentó a meditar…durante varias horas. En eso estaba cuando escuchó que lo llamaba el joven caballero de Piscis.

-SHURA DETENTE!

Coño, ahora es que me suplica que no mate al viejo…


Casa de Amadeo, Rodorio

Comenzaba a llover.

La lluvia con tormenta eléctrica era una combinación que no le gustaba nada.

Amadeo continuaba en la misma posición en que lo habían dejado dos horas atrás Aldebarán y Aioria, hacía mucho rato que las notas del Dark side of the Moon* se habían acabado, dando paso al rugido de los truenos.

El dolor estaba apaciguado, pero sentía que volvería pronto, las punzadas comenzaban a aparecer...qué bien le caería en este momento un cigarro...o dos.

Estaba preocupado, Angello le mandó a decir que lo acompañaría más entrada la tarde y sin embargo no llegaba aún, Aldebarán incumplió sus horas de guardia por cuidarlo y Aioria tenía el turno de leo y virgo a partir de las cinco. No podía depender de ellos, al menos sin buscarles un problema con Arles.

Quería dejar listas algunas pertenencias que tenían más valor sentimental que otra cosa para dejárselas a su discípulo, sin embargo no podía estirar los brazos para alcanzar el gavetero de su mesa de noche...qué inútil se sentía.

Siempre trató de no ser una carga para nadie, le gustaba ayudar y servir. Enseñar lenguas y literatura a los aspirantes de oro, le hacía verse útil, incluso importante. Shion y Dhonko trataban de que se sintiera parte de la Orden, pero como el guerrero que era y no solo como docente, así que en cuanto la estrella de Piscis brilló con todo su esplendor, el antiguo Patriarca lo llamó para que se encargara del niño elegido.

De todos modos el aspirante de piscis era su responsabilidad...¿o no?

El pequeño piscis venía de una familia muy antigua y adinerada. La madre, una sueca muy bella, había muerto en el parto de gemelos y el padre, un danés estirado que se jactaba de poseer un título nobiliario, había culpado al mellizo menor del fallecimiento prematuro de su esposa, así que cuando Shion fue en busca del niño, el hombre lo entregó como quien entrega una mascota que ya no quiere cuidar.

El panorama no era muy alentador, Amadeo sabía de niños lo que sabía Dhonko de ballet y ahora tenía que encargarse de una criatura malcriada por institutrices y acostumbrada a que se cumplieran sus deseos materiales con solo chasquear los dedos. Para colmo de males el chiquillo no hablaba nada medianamente parecido al griego y tenía seis años, demasiado pequeño para su gusto.

Pero se había llevado una gran sorpresa.

Pronto se encontró en compañía de un niño amable y dulce, quien lo consideró un padre desde el principio y que buscó ayudarle siempre en todos los cuidados de la doceava casa sin chistar ni un poco. El pequeño se convirtió en su compañero de vida, se cuidaban mutuamente y aunque él tuvo que dejar el templo de piscis para vivir en el pueblo, Kristern siempre estaba pendiente de su salud y lo visitaba todos los días para servirle en lo que necesitara, el muchacho le acompañaba al mercado y estaba al tanto de sus medicamentos y citas con el doctor.

Tan parecido a él, pero tan diferente, Amadeo lo quería como nunca había querido a nadie...Kristern era el hijo que nunca tuvo.

Tibias lágrimas corrían por sus mejillas al recordar cada pasaje feliz de su vida compartida con aquel niño que amaba y al que no pudo proteger del mundo como hubiera querido.

La lluvia no cesaba, sentía la tormenta encima de su cabeza, estaba esperando. Sabía que en cualquier momento Arles enviaría a su verdugo, Saga se lo había dicho.

La puerta se abrió de repente.

No puede ser él...ni siquiera Arles podría maquinar algo tan ruin...

¿O sí?

En la entrada de la casa, se demarcaba la silueta del caballero de Piscis.


Casa de Cáncer

-Máscara!...

-¿Pero qué coño pasó contigo? –Shura ayudaba a MM a levantarse del suelo, se hallaba inconciente y sin armadura- ¿quién te atacó?

-Pez del demonio...espera que lo tenga en mis manos -MM se tomaba la nuca furioso, casi no podía levantarse- me golpeó como le dio la gana, me pudo haber desnucado.

-No creo que Afro te haya atacado sin razón, a menos que haya sucumbido a la locura...digo yo...es un crío apenas y los críos de esas edades son raros..., pareciera que es muy cercano a ti, no eres su enemigo.

-Algo me dijo de que...un momento...tú...que tú ibas a matar a Amadeo!

-Valla pues -Shura acomodaba a MM en un sofá que vio a mano- ¿qué más te dijo?

-Shura...¿es cierto o no?

-Bueno...es cierto...pero -dijo el capricornio poniendo sus manos al frente para protegerse al ver que MM tenía intenciones de golpearlo-...no estaba seguro de hacerlo…me mandó el Patriarca.

-Tú le contaste a él que Amadeo estaba en Algeria.

-Podéis dejar de echarme eso en cara...cabrón...pues si lo hice, era mi trabajo.

-¿Qué más pasó... cabra?

-El niño triste me dijo que iba a tomar mi lugar...como te dije debe estar flipao**...

-¿Y tú lo dejaste?, cierto

-¿Qué querías que hiciera?...estaba completamente decidido.

-Si, no podía esperar menos de ti...¿todo sea en nombre de la diosa verdad?

-Aunque no os guste sí...lo siento por vosotros... -Shura se había molestado en serio y había girado sobre sus talones para irse- vete al infierno MM...

-El día que me valla, irás detrás mío cabra. Ah y gracias por ayudarme!

-Jódete -gritó el capricornio ya casi saliendo de la cuarta casa hacia arriba.

MM, se acomodó con dificultad, sí, estaba muy preocupado por su fratello.

Uno nunca asesinaba a su maestro, por más que lo mereciera, eso no se hacía…te echabas una maldición; en el mejor de los casos nunca serías maestro y si lo llegabas a ser, morirías en manos de tu aprendiz.


Casa de Amadeo, Rodorio

-Maestro!...he venido por usted!...tenemos que irnos…

-Pero…

Aphrodite entró en la casa como desesperado y comenzó a abrir cajones, sacó unas maletas del armario y empezó a guardar las pertenencias de su maestro rápidamente. Ni siquiera se había percatado de que el mayor no se movía de la cama.

-Muchacho, ¿qué estás haciendo? –dijo Amadeo aturdido con la actitud del chico.

-Nos vamos, hago su equipaje…,-contestó sin dejar de guardar ropa- más adelante compraremos lo que se necesite para amueblar de nuevo una casa, tenemos que viajar ligeros.

-Pero…

-Iremos a América, no conozco nada, pero podría ser al sur…no sé Chile o Argentina…estoy esperando que me confirmen los vuelos…en tres meses nos mudaremos de nuevo…

-Hijo…

-Sé que Klaus me puede ayudar para que vivamos un tiempo en Stockholm …talvés para la primavera del otro año. Allí me puedo emplear como profesor de ciencias…

-Kris…Klaus es…tú padre, llámalo padre!…

-Es una ciudad bonita, solamente que un poco cara…

-Kristern…no me estás escuchando verdad...

-Después nos iremos de nuevo a América…hacia el norte…a Alberta…

-Kristern Rosenträdgård!

-¿Sí?

-No me voy a ir!

-Pero maestro… -por primera vez el chico se había detenido en su locura de guardar todo en una sola maleta.

-Hijo, no me puedo ir…mírame! …no me muevo, ni siquiera soy capaz de sentarme en una silla de ruedas…entiende pequeño…

-Lo cargo…todo el camino…no me importa.

-Hijo…ven acá –Amadeo hizo un gesto cariñoso a su aprendiz con la mano para calmarlo- ¿qué pasa? ¿por qué entraste de esa forma?

Aphrodite no pudo evitar las lágrimas en sus ojos.

-Él lo mandó a matar señor…


Norte de Yacutia, Siberia

-Te tenemos! –gritaba el chiquillo rubio al ver a Milo tratar de escabullirse para evitar la pelea.

Después de cenar abundante y delicioso, los caballeros de acuario y de escorpión se dispusieron a descansar del largo día junto a la chimenea de la estancia. Camus había tomado asiento en su sillón frente al fuego y continuaba su lectura de El nombre de la Rosa, el cual ya casi terminaba. Mientras tanto Milo jugaba de luchas con los niños, quienes entre los dos lograron someterlo rápidamente, para luego brincarle encima.

-Cami! –decía el escorpión pidiendo ayuda- …son un par de tramposos…no se vale!

-Puedes con ellos Milo, eres un caballero dorado… –contestó Camus pasando de forma delicada la página del libro- …estas dejando en mal el nombre de la Orden.

-CAMUS!...por favor!

Camus cerró el libro de golpe, los dos chiquillos y el joven escorpión dieron un respingo.

-Niños…a la cama…

-Pero… -quiso decir Isaak.

Camus solo lo vio por encima del hombro y el chiquillo bajó la cabeza y se dirigió con Hyoga resignado a dormir.

-Valla Camus, esa mirada mata, casi me voy a acostar yo también –dijo el escorpión acomodándose en el sillón que estaba al lado del de su amigo.

-Exageras, como siempre… -señaló el galo acomodando los anteojos para leer.

-Te conozco…

-¿Perdón?

-Algo me ocultas, franchute…

-Para nada…

-Bueno... la verdad estoy cansado de ser el juguete de tus chiquillos, me voy a acostar amigo, la cena estaba deliciosa…gracias! -dijo el escorpión haciendo una exagerada reverencia a su compañero.

-Descansa.

El caballero de acuario siguió a su amigo con la mirada, cerró la lectura de Eco y sacó de su mesa de estar el ejemplar de la Teogonía que le había enviado Aioria. Siguió las instrucciones del león y se dispuso a buscar la carta que estaba oculta en el libro.

-Esa carta o no existe o está muy bien escondida...-dijo para sí mientras forzaba un poco el ejemplar, de pronto la tapa trasera cedió al forcejeó y se desarmó en dos partes, una de ellas servía como protección de la otra que era una especie de contenedor. Un objeto redondo y metálico cayó al suelo.

Camus se levantó para recoger el metal que hizo bastante ruido al caer. De puntillas se fue hasta el dormitorio y revisó al escorpión -Milo…¿estás despierto?- solo un ronquido sonoro obtuvo como respuesta. Tranquilo se fue a sentar de nuevo a su sillón de leer y continuó con su tarea.

Evidentemente era un medallón o sello, de peso considerable, Camus lo revisó de manera superficial, era de oro blanco, rosa y dorado, una pieza de orfebrería maravillosa y tenía una escritura en griego alrededor y en el centro algo parecido a una floritura. Con mucha curiosidad, el galo leyó el borde del objeto tomándolo con cuidado para no dañarlo:

λανθασμένος - ερείπιο - εξαπάτηση - τρέλλα

Mal / Ruina / Engaño / Locura


Casa de Géminis

Se sentía bien, tanto como para olvidar las molestias de su cuerpo maltrecho.

Tenía años de no tener compañía de alguien con quien conversar, solo las hetairas que Arles le permitía que lo visitaran para que lo distrajeran de su presencia. Las tomaba, les pedía que lo complacieran con ciertos caprichos sexuales, las penetraba hasta saciarse, luego se levantaba y se iba, pero conversar...jamás.

Tenía remordimiento por esas mujeres, pero de momento significaban una buena forma de olvidar que eso habitaba dentro de él.

Se veía al espejo sin miedo, porque era él, era Saga, el engendro no estaba allí y gracias a eso podía percibir el cosmo de Mu, vivo y latente, no era fuerte aún, pero seguro que al igual que él se recuperaba de algunas heridas. En cuanto estuviera bien, le diría a Kristern que lo acompañara a buscar a su hermano... sabía que el muchacho iría gustoso.

Cuánto disfrutaba de la amistad del caballero de piscis, era como una luz para su oscuridad...

Comenzó a pensar tratando de recordar qué había pasado en las últimas semanas. Tenía muchas lagunas mentales.

Arles había enviado a alguien para terminar con su hermano menor...pero a quién…

Lo recordó de repente...

Shaka de Virgo!

De pronto sintió que su ira aumentaba de forma incontenible, el indio había sido uno de los mejores amigos de su pequeño Mu durante la infancia, él mismo lo había aceptado en su familia desde que era casi un bebé y lo quería como a un hermano menor…se sentía traicionado.

Lo mataría...sí, en cuanto volviera al Santuario, Shaka de Virgo conocería la furia y el poder de Saga de Géminis. Nadie tocaba a uno de sus hermanos y vivía para contarlo.

Se vengaría y con creces...


Jamir, frontera entre China y la India

-Quiero que entiendas mis razones, amigo.

-Trato...es difícil para mí, también entiende mis razones Mu -Shaka ayudaba a Mu a acomodar todas las piezas que había logrado replicar de la armadura de géminis.

Kiki jugaba con Nieve en el rellano que estaba frente a la torre de plata, ajeno a la conversación que sostenían los dos caballeros.

-Ha destruido a mi familia, estoy seguro que él tiene que ver con la desaparición de Kanon y la huída de Saga. No creo que ese Arles que está al frente del Santuario sea mi tío...el hermano de mi padre. Su forma de actuar no es acorde con el carácter afable del Arles que yo conocí.

-No puedes probar que lo que dices es cierto, Mu. Si realmente fuera tu tío estoy seguro de que podrás hablar con él y llegar a un entendimiento.

-Me cuesta perdonarlo. Ni siquiera quiero tener que ir a hablar con él para nada, no me nace hacerlo.

El indio se quedó en silencio un rato, su amigo no daría el brazo a torcer, lo conocía.

-¿Ni siquiera por Kiki?

-No sé en qué se beneficiaría Kiki con eso.

-En que Arles no envíe a otro psicópata a asesinarte y él se quede desamparado.

Mu se rió de esa manera tan suya que lo hacía verse como un chiquillo travieso.

-Lo inscribiré... me convenciste. Enviaré los documentos contigo. Pero no doblaré la rodilla ante Arles.

-Lo imaginaba, pero en cuanto todo lo legal esté listo enviaré un mensajero de vuelta con la inscripción en regla.

Mu se mantenía sentado en una cómoda mecedora mientras conversaba con Shaka, ahora guardaba silencio mientras miraba a Kiki.

-Quédate un tiempo más, Shaka.

-Y eso por qué?

-No quiero que pienses mal -dijo al ver la cara de asombro del otro- eres mi amigo y quiero que estés en mi casa unos días con nosotros... lo creas o no Kiki te tiene cariño...muy a su manera -dijo Mu limpiando los moldes- dice que eres como un tío, que te pareces a mi.

-Cielos...-dijo Shaka viendo a su amigo con los ojos muy abiertos- casi termino con tu vida y a cambio recibo un sobrino...

-La vida da muchas vueltas y muchas recompensas mi querido Shaka.

-Cierto, la recompensa más grande es que me hayas perdonado -dijo Shaka sin dejar de hacer su trabajo.

-Además, quiero que veas por ti mismo un fenómeno que sucede desde hace unos tres años en el puente del acantilado antes de llegar a la torre, te resultará interesante. Siempre pasa en la misma época.

-¿Ah sí? y ¿qué será?

Mu se volvió para mirar a Shaka muy serio a los ojos.

-La frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos desaparece.


Casa de Amadeo, Rodorio

-Dime una cosa hijo, y quiero que seas sincero…¿te envió a ti?

-No señor, envió a Shura, pero…

-¿Pero?

-Le dije que yo lo haría…quiero llevarlo lejos, señor…no voy a permitir...

-Puedes perder tu armadura y la vida Kris ¿No te importa?

-No.

-¿Por qué? -dijo con el mayor con la voz quebrada.

-Porque usted es...como mi padre, señor… no lo voy a dejar morir, tal y como quiere Arles, ahora es mi turno de protegerlo.

-Mi pequeño pez…

Tenía que decirle la verdad a Aphrodite, no quedaba de otra, de todos modos sentía que la vida se le iba rápidamente. Tomó valor y ahogó el llanto lo mejor que pudo.

-Me estoy muriendo. Arles logró golpearme...muy fuerte hijo.

-Lo llevaré donde el doctor...

-Ya vino a verme, Angello lo trajo, pero no le comentes a Aioria. En la mesita está el diagnóstico...no hay mucho más que decir.

Aphrodite tomó el documento y lo leyó en silencio, sin decir nada se dejó caer en la silla que estaba al lado de su maestro con el parte en las manos.

-Debería poder regenerarse...-murmuró el menor cerrando los ojos y sobándose una de las sienes. Otra vez los efectos del veneno estaban de vuelta, el mareo casi lo hacía vomitar.

-Mi cosmo está muy debilitado y mi cuerpo también…ya no me es posible hijo...

-Pero...

-Kris, piensa en que me voy a liberar...mi cuerpo ha sido mi prisión por veintisiete años…estoy cansado...

...

Después de unos minutos de silencio, Amadeo empezó a tararear una pieza de esas que le encantaban, Aphrodite lo conocía y sabía que había dado por cerrado el tema. El peliceste se levantó para dirigirse con aire resignado a la puerta y le puso el seguro. Buscó entre la discoteca del maestro y sacó el acetato del que tarareaba Amadeo. Lo puso a tocar en el tornamesa y se quitó la armadura para sentarse al lado del mayor que cerraba los ojos feliz escuchando los nocturnos de Chopin.

El inglés había vivido su juventud en la época de los setentas y amaba el rock tanto como a la música clásica. Era irreverente como él solo podía serlo y a pesar de que Shion siempre lo sermoneaba sobre lo dañino que era el cigarro, se fumaba una cajetilla diaria. Además tocaba guitarra de forma prodigiosa y conocía la técnica del murano con maestría. En cuanto a lo demás, aplicaba la filosofía de paz y el amor en todos los aspectos de su vida. La música era lo que más amaba y podía demostrar el mismo grado de devoción escuchando a Maria Callas o a Deep Purple. Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, Amadeo era un hombre elegante como un príncipe y sutil como un latigazo en la espalda al decir la verdad. Tenía un humor negro comparable solo con el de Camus de Acuario y fue el amor platónico de las tres cuartas partes del Santuario, sin que se percatara de ello...o sin que le diera importancia.

Amadeo era tan ambivalente en su personalidad, tan diferente, pero tan igual a su discípulo.

Aphrodite lo puso cómodo, le dio un cigarro a su maestro y prendió otro para él.

-¿Qué quiere que le lea señor?

-"Cien años de soledad" por favor. No me voy a ir sin saber como termina.

-Está en español...

-Nada mejor que un libro en su idioma original.

-Mi pronunciación es terrible.

-Esfuérzate...

El chico suspiró y se dispuso a tomar el libro que se encontraba sobre la mesita de noche para comenzar a leer desde donde se encontraba la marca. "[] murió en el mecedor de bejuco, una noche de fiesta vigilando la entrada de su paraíso. De acuerdo con su última voluntad la enterraron sin ataúd..."***


Norte de Yacutia, Siberia

El hallazgo del medallón de oro, lo hizo olvidar que estaba terriblemente cansado. Apurando la copa de coñac que se había servido para calmar el frío otoñal siberiano, se dispuso a seguir revisando a fondo el libro, tal y como le había recomendado Aioria. Fue entonces, cuando en el fondo de la tapa falsa, descubrió un papel doblado de forma cuidadosa para entrar justo en la cavidad esbozada para guardar el medallón. El papel era antiguo, talvés de la misma época del libro. Con gran emoción abrió el pequeño pergamino y encontró un texto escrito a pluma.

Estimado Deguel:

Lamento comunicarme con usted en estas circunstancias, cuando tanta oscuridad se cierne sobre nosotros.

Seré breve.

Como seguramente se ha enterado, mi hermano fue tentado por una fuerza maligna que desconozco y que al parecer se encuentra encerrada en el medallón que en este momento Kardia debe haber hecho llegar a sus manos. Le pido por favor, mantenga este peligroso objeto oculto de toda vista curiosa, mente débil o alma torturada, porque lo cierto es que este ente, busca hombres con esas particularidades para hospedar su perversidad.

Confío plenamente en su buen juicio, un gran abrazo a la distancia,

Deuteros de Géminis.

¿Será que la sensatez y la prudencia se heredan entre los caballeros de Acuario?

Al parecer sí, tanto como para que se les encomendara una tarea tan peligrosa como aquella, a través de las generaciones. Hace casi trecientos años había sido Deguel el guardián encargado de vigilar celosamente el objeto, ahora parecía que el destino depositaría esa responsabilidad en él.

Tenía que investigar a fondo de que se trataba todo este misterio. Necesitaba hacer muchas averiguaciones y no sabía si desde donde se encontraba en este momento podía lograr algo. La carta del antiguo caballero de géminis lo dejó preocupado...fuerza maligna desconocida...sonaba estremecedor.

Lo revisó de nuevo, sentía cierto recelo de tocarlo, aquel medallón ya no le parecía tan bello como antes. Tomó la lupa que tenía en la mesita y descubrió algo que le llenó de terror.

Estaba roto...


Casa de Amadeo, Rodorio

"Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto..." - el joven Aphrodite que seguía la lectura con dificultad, casi se atraganta con los últimos párrafos- "... porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra" -al terminar tenía los ojos llenos de lágrimas, el cigarro se le había acabado hacía rato…como se identificó con aquellas palabras.

-Maestro! -el pisciano menor se acercó al hombre y con cuidado de no tocarlo directamente lo revisó bien, el chico se dio cuenta de que su maestro estaba decayendo en su estado rápidamente- ¿le cuesta respirar verdad?

-Si...hijo...creo que... -Amadeo comenzó a tener continuos ataques de tos con sangre y el dolor le escocía como un puñal, su voz era apenas un susurro y el esfuerzo que hacía para hablar era evidente- maldito vicio...no sabía que tú...fumabas Kris...desde cuándo?

-Si maestro, fumo bastante, pero siempre a solas...y bueno lo hago desde que usted me enseñó...

-¿Yo te enseñé?...qué atroz maestro...no te he dado nada bueno hijo...

Proteger a Amadeo de su contacto ya no tenía caso. Estaba agonizando y esa agonía podía durar horas o alargarse por días, no estaba del todo seguro.

-Intentó que aprendiera a tocar guitarra -le dijo Aphrodite riendo, pero con lágrimas en los ojos mientras acariciaba el cabello rubio.

-Cierto…pésima...coordinación...¿cuántos idiomas hablas?

-Seis.

-Bueno... al menos... no solo te enseñé a fumar...

-Aprendí de usted algo que le agradeceré toda mi vida...a ser fuerte y orgulloso como un guerrero de Atena tiene que ser.

-Eso me hace...feliz...mi...pequeño pez...

Amadeo empezó a gemir por el dolor lacerante.

Desde que era aprendiz, todo caballero dorado sabía que si un compañero caía y no había nada que hacer, se debía acelerar la muerte de la forma más piadosa para evitar el sufrimiento de una agonía larga. Sin embargo a Aphrodite la desolación se lo comía por dentro.

-Sabes... lo que… tienes... que hacer Kris...

-Sí…-contestó en un murmullo.

Disimulando su tristeza como solo él podía, se levantó y buscó otro disco, el favorito de su maestro "Surrealistic Pillow"****, bajó la luz, se quitó la chaqueta y los zapatos, se metió a la cama con Amadeo y se arropó junto a él. Allí lo abrazó como, literalmente, nunca había abrazado a nadie en su vida y mientras le acariciaba el cabello le tarareaba algunas de las canciones suavemente y lo calmaba con el calor de su cosmo para que no sufriera.

Amadeo ya no sentía dolor, ni tampoco frío...poco a poco se fue quedando dormido, el aroma a rosas del cabello de su discípulo era tan reconfortante que le cerraba los párpados.

-Mi...pequeño...pez

-Maestro...

-No...caigas...sé...fuerte...muy fuerte Kris...no permitas...que él... te quite tu nombre...

-Sí...señor -a Aphrodite casi no le salían las palabras.

"Today" se escuchaba al fondo. La noche llegó y la tormenta había cedido por completo, la luna apareció majestuosa bañando con su luz las sábanas del lecho y los bellos cuerpos que se enlazaban con un último abrazo.

-Cuida...cuida...mucho a...Saga... -al maestro le pesaban los párpados...

-Lo...haré... -el muchacho se había soltado a sollozar abrazando más fuerte a aquel hombre al que consideraba su padre y le besó la frente- lo quiero...muchísimo maestro...

-Yo...también...mi...niño...amado

La efigie de la armadura de Piscis comenzó a tintinear en homenaje al caballero que la había llevado por tantos años.

El veneno de Aphrodite había hecho su trabajo.

Amadeo se quedó dormido en sus brazos para no despertar jamás...


Continuará...

Aquí les dejo este cap. Agradezco muchísimo sus comentarios, de verdad me alientan a seguir maquinando un poco más, un abrazo, espero les guste.

*Álbum de Pink Floyd...recomendadísimo

**Loco

***Es de "Cien años de soledad" de García Márques, quité algunas partes para no contarles el final, también recomendadísimo.

****De Jefferson Airplane, grupo de rock psicodélico de los sesentas.

En cuanto a lo de fumar, quiero aclarar que no diga que sea bueno, después aclararé en otro capítulo este aspecto de los chicos piscis.