Capítulo 10: Pasados y vuelta a empezar
Habían pasado dos meses desde la última vez que lo vio en aquella casa, cuando se dio cuenta de que él quería a otra. Ahora vivía en el bosque con su amiga y el joven fraile, el cuál en el camino de vuelta se entero que en la aldea que él vivía había tenido lugar un terremoto que había destrozado todas las casas y el gran monasterio, no tuvo otro remedio que vivir con sus nuevas amigas.
Estos meses, después de todo el enigmático secuestro y el robo del báculo, habían sido tranquilos. Todos se ayudaban mutuamente, solo se tenían los unos a los otros.
Estaban reunidos alrededor de una pequeña fogata. Tenían decidido contar sus historias, para saber más de ellos mismos. Empezó Miroku porque ya había pasado mucho tiempo y se sentía más capaz.
- Todo empezó un día de invierno, en pleno enero. A mis padres les habían encomendado un trabajo que hacer, tenían que ayudar a los señores de esa región a ganar una guerra. Ya saben como son las guerras. A los tres meses de espera llegó un soldado y me dijo que mis padreshabían sido asesinados en la batalla y que su última voluntad era entregarme el báculo. Después de tantos años han aparecido ustedes devolviéndome la sonrisa.- se sentían conmovidas, poder ayudar a alguien les recomponía un poco el corazón.
- Ahora me toca a mi- Sango estaba dispuesta a ser la siguiente.- mi historia empezó en esta casa, mi padre no quería vivir aquí porque decía que nadie podía ser feliz en este lugar. Pero mi madre sabía que ya no la quería y buscaba cualquier excusa para irse. Al final se marchó. Pasaron muchos años de eso, cuando mi madre enfermó. Al cabo de un tiempo murió. La enterré cerca de la orilla del río, su lugar favorito. Y bueno así llegó el tiempo y con él vosotros... Ahora tú, Kagome.
- Vaya que historias más positivas tenemos todos... Pues yo… mi padre era soldado. Él estaba sirviendo cuando mi madre se puso enferma. Murió. Estaba muy arrepentido por no estar allí cuando aquello sucedió y bueno.... Él fue asesinado, no se el porqué, no tuve sangre para averiguarlo. Fue enterrado junto con mi madre. Luego llegó Inuyasha, lo raptaron y el resto... ya lo sabéis.
- Todos estábamos solos pero ahora ya no, ¿verdad?
Ya todos sabían de todos, llevaban un tiempo viviendo en esa cabaña, relativamente felices. Pero Kagome aun tenía un asunto pendiente: resolver el enigma sobre la muerte de su padre. Con todo lo que había pasado en relación con Inuyasha se había olvidado por un tiempo de lo que en realidad quería hacer, o por lo menos eso creía ella.
Llegó el día de seguir adelante, el día que ella esperaba con tantas ganas, el día de seguir buscando la razón por la cual su padre murió. No quería separarse de sus amigos, habían estado viviendo juntos mucho tiempo. Lo eran todo para ella y no quería separarse de ellos, pero su propósito era encontrar la respuesta y estaba segura de que, aunque se marchara, ellos seguirían esperándola.
- Ni hablar nosotros te acompañamos, no te pienso dejar sola, ¿esta claro?
- Pero… es que…
- Ni pero ni nada. Nosotros vamos.
- Gracias Sango.
- Miroku, ¿Nos acompañarás?- Sango no quería dejar sola a su amiga.
- No os dejaría solas nunca.
- Pues ahora que todo está decidido… mañana al amanecer partiremos hacia el norte.
- Pero Kagome, allí es donde está Inuyasha.
- El es mi última pista, seguiremos nuestro camino desde allí. A demás no tengo que hablar con él ni verle.
Seguirían buscando desde la casa donde vivía Inuyasha y Kikiou. Al pensarlo, Kagome se estremeció, por mucho que lo intentara no podía olvidarlo, según ella, él estaría feliz viviendo con Kikiou, aunque eso significara no verlo más. Si Inuyasha era feliz ella también o por lo menos intentaría serlo.
Llegó el amanecer y partieron rumbo a la casa de Inuyasha. Todos estaban preparados. Kagome estaba indecisa, pero tenía que hacerlo, no podía permitirse rendirse, se lo debía todo a su padre, él había cuidado de ella, por eso, no se dejaría tranquila a sí mismahasta que vengara su muerte, aunque eso significara perder su vida, se la debía.
Pasaron días de largo camino, en los que nada pasó, solo avanzaban por aquellos caminos. Según Miroku no faltaba mucho, pero ahora no tardarían tanto, ya no iban a pie, tenían un modo de transporte más rápido: un carruaje. No era lujoso ni nada por el estilo, aunque para ellos, eso ya era un lujo. El tiempo se acortaría.
Los días transcurrieron rápidamente, por fin llegaron al pueblo donde estabala casa. Avanzaron por las estrechas y silenciosas calles del pueblo, donde en muy pocas ocasiones se veía gente por ellas. Salieron del pueblo para dirigirse a las afueras. Pero no tardaron a llevarse una gran sorpresa, la casa había sido derruida.
Siguieron hasta el siguiente pueblo, buscaron una posada y descansaron. Al despertarse fueron a preguntar a los habitantes si sabían lo que había ocurrido con la casa. Se dieron cuenta que alguna gente no vestía igual que todos los habitantes de los pueblos vecinos. Los ropajes tenían aspecto de ser menos pesados, hecho de lino y de un color grisáceo. Tenía curiosidad, le sonaba haberlos visto antes.
- Esas ropas parecen fáciles de llevar.
- Si muchas personas vienen hasta aquí para comprarlos, ya que con el frío no se hacen en esta zona.
Una mujercita lo vestía con gracia.
- ¿Podría, por favor, decirnos dónde podemos conseguirlos?
- En aquella tienda de la esquina, es donde más baratos están. Por lo que veo no tienen mucho dinero, si me permiten el atrevimiento.
- Un poco más de respeto joven, aunque…tiene razón.
La tienda era pequeña pero muy acogedora, como dijo aquella joven era una tienda para los que no disponían de mucho dinero como ellos. La humedad trepaba por las viejas paredes con la desesperación de quien está hambriento. Sólo tenía una ventana y estaba bastante alta pero a pesar de este aspecto transmitía una sensación de paz y tranquilidad. Sobre un viejo mueble carcomido por las termitas estaban puestas delicadamente cintas de seda, que servían como cinto para sujetar la parte inferior de aquella extraña vestimenta. En una cesta de mimbre estaban los accesorios, un poco rudimentarios, de metal poco valioso, que servían como adorno y para llevar con más comodidad y seguridad la vestimenta. En el centro había unas cuantas perchas de pie con algunos vestidos sin terminar y otros por recoger.
Una anciana salió a recibirlos y detrás de ella un blanco y hermoso gato peludo.
- Buenos días jóvenes, ¿en qué puedo ayudarles?
- Nos gustaría comprar unos trajes para los tres.- ahora que Kagome estaba mas fría desde lo ocurrido con Inuyasha, era Sango la que hablaba siempre.
- Bien, primero os tomaré las medidas y luego veré si tengo alguno hecho o a medio hacer de vuestra medida.
- No hay problema.
Después de tomarles las medidas miró todas las prendas colgadas de las viejas perchas de pie y sacó unas cuantas.
- Habéis tenido mucha suerte, no tendréis que esperar a que os confeccione unas nuevas, lo que llevaría más tiempo y resultaría mas caro. Pasar a aquella habitación de allá, no es muy grande, por lo que, tendréis que ponérosla de uno en uno.- mientras la anciana señalaba hacia la habitación.
Después de minutos…todos llevaban puesta esa ligera vestimenta. Puede que para la zona no fuera la ideal, pero como iban todo el día en el carro, el frío no sería gran problema. Pagaron a la mujer y salieron emprendiendo una vez más el viaje hacia el descubrimiento del enigma de la muerte de Shiro Higurashi.
Feliz Navidaaad!! Espero que les guste este capítulo :P
atte: Earand
