IX.

—Yo creo que alguien estaba usando el nombre de Jan Di —Ga Eul entrelazaba los dedos con la mirada agachada y con la voz muy baja—, no puedo creer que ella haya vendido ese collar...

—Creemos que eso es lo más probable —Yi Jung le sonrió en un intento de suavizar la situación—, por eso iremos personalmente a averiguar qué ocurrió, seguramente averiguaremos qué pasó con Jan Di.

Era la mañana del día siguiente, afuera del jardín de niños en que Ga Eul trabajaba. Ella se sentía tan ansiosa y preocupada por su mejor amiga, tan impotente que llevaba los pasados días con ganas de echarse a llorar en cualquier momento, sin embargo, la noticia del collar le hacía tener la esperanza de poder rastrearla, o al menos encontrar pistas de quién se la había llevado y por qué...

El lujoso Audi de Woo Bin se detuvo justo enfrente de ellos, contrastando totalmente con los autos de los padres que llegaban para dejar a sus hijos y la puerta del copiloto se abrió dejando salir a Jae Kyung.

—¿Ha Jae Kyung? —Yi Jung alzó una ceja— ¿Qué haces aquí?

—Jae Kyung irá con nosotros —anunció Woo Bin saliendo también del auto—. Al parecer nos será de mucha ayuda.

—Les he ahorrado horas de búsqueda —dijo Jae Kyung con una media sonrisa—; la compra ilegal y las subastas de semejantes piezas de arte siempre están a cargo del dueño de los hoteles Seutail, Jeong Gi Sang. Lo sabré yo que esa cadena es la más fuerte competidora de los hoteles de mi familia. Todas esas transacciones se hacen en su hotel Paradise en Jeolla.

—Vaya, es... interesante —admitió Yi Jung algo sorprendido; aunque Woo Bin había hecho la compra por internet, ellos sabían que la subasta del collar había sido en Jeolla. Su plan era investigar primero dónde y quién hacía las subastas, no habría sido difícil, pero si ella tenía razón, efectivamente les ahorraría trabajo.

—Pero digamos que sólo estoy el noventa y cinco por ciento segura de esto —reconoció Jae Kyung.

—No podíamos pedir más —le dijo Woo Bin y luego volteó a ver a su amigo— All right, vámonos ya, Yi Jung, que no hay tiempo que perder.

—¿Qué hay de Ji Hoo sunbae y Joon Pyo sunbae? —preguntó Ga Eul buscando algún otro auto con la mirada— ¿No irán con ustedes?

—Mmm... —Woo Bin murmuró— pues la verdad es que prefiero que no vengan; temo que Joon Pyo se líe a golpes con alguien y Ji Hoo... —suspiró— la verdad lo prefiero fuera de esto, por lo menos hasta saber quién vendió el collar en verdad, así que no les dijimos ni siquiera a qué parte del país vamos.

—¿Jeolla? —Ga Eul miró de reojo a Yi Jung.

—Sí —Yi Jung miró al cielo— Jeolla es... un nido interminable de ilegalidad y la cuna de los traficantes, una suerte de casinos y antros de mala muerte donde se divierten las esposas de los ricos.

—¿Esposas de los ricos?

—¿Sabes, sis? —Woo Bin le habló con una sonrisa sarcástica y levantando un dedo— Muchas mujeres se casan con hombres que les doblan e incluso triplican la edad por su dinero y su status y ellas suelen divertirse en Jeolla; allí hay muchos jóvenes que les ofrecen sus servicios ya que a sus viejos maridos ya no se les pone duro el...

—¡Ya entendí! —Ga Eul alzó una palma— Woo Bin sunbae, eso ha sido demasiada información —se giró hacia su novio—. Yi Jung, avísame por favor todo lo que averigüen.

—Te estaré mandando mensajes todo el tiempo —se inclinó y besó su frente—. Ahora date prisa que ya es hora de que empiece tu clase.

Ella asintió con una sonrisa afligida y se adentró en la escuela mientras Yi Jung y Jae Kyung forcejaban por ver quién se sentaba en el asiento del copiloto; finalmente, la chica fue mandada atrás.

—¿Por qué le dices esas cosas a Ga Eul? —gruñó Yi Jung una vez que los tres estuvieron dentro del auto.

—No te preocupes —Woo Bin rió un poco—, no creo que le haya dado alguna idea... es que su carita enrojecida no tiene precio.

Fueron casi cuatro horas de viaje hasta llegar a la exclusiva zona de casinos y clubs a la que iban, viendo lo ostentoso de los edificios, de los autos y de la ropa de los transeúntes no parecía un lugar peligroso ni la madriguera de drogas y de miles de negocios corruptos y fuera de la ley. Sin hacer escala en ningún lugar llegaron al hotel, Jae Kyung se presentó y fue atendida con mucha cordialidad hasta que pocos minutos más tarde, el jefe llegó.

—Señorita Ha Jae Kyung —dijo al entrar y reconocerla—, está usted radiante.

Los tres se levantaron de los cómodos y elegantes sillones.

—Puede ahorrase sus cumplidos, señor Jeong —respondió ella—, no vengo por negocios de mis padres, vengo por un collar de zafiro que creo que entró en subasta ayer.

Jeong Gi San sonrió y les indicó sentarse con un gesto de su mano.

—Por su puesto; lo compraron de inmediato —dijo después de que todos estaban sentados— Seguro le luciría espectacular, sin embargo no creo que sea posible recuperarlo. Lamento que llegue un día tarde.

—No me interesa eso —continuó ella—. Lo que queremos saber es quién le vendió esa joya.

Él alzó los hombros en un gesto mudo para decirles que no sabía la respuesta. Jae Kyung sacó un gordo fajo de billetes y lo dejó caer sobre la mesa de centro.

—Ya me lo han preguntado —tomó los billetes y los guardó—; fue una joven, unos veinticinco años tal vez, dijo estar prometida con el heredero del Grupo Shinhwa.

Woo Bin sacó entonces diez fotografías; nueve eran de mujeres que había elegido al azar, todas más o menos de la misma edad y una de Jan Di.

—¿Fue alguna de ellas? —preguntó extendiendo las imágenes sobre la mesa.

—Ella —el señor Jeong señaló a Jan Di tras un leve vistazo.

—¿Está seguro? —preguntó Yi Jung mirándolo severamente.

—Por su puesto que estoy seguro. ¿Quién olvidaría esas facciones tan peculiares?

Los tres amigos se miraron rápidamente entre ellos.

—Queremos saber absolutamente todos los detalles de su encuentro con ella —demandó Woo Bin, sacando otro fajo de billetes y poniéndolos enfrente de él.

—No hay muchos detalles —dijo sonriendo y tomando el dinero—; fue el viernes pasado, recibí su llamada a mi celular, ella sabía mi nombre y dijo que tenía un negocio muy interesante. Cuando me dijo que se trataba del collar de zafiro de la doctora de la leyenda mi reacción fue de incredulidad, ¿saben ustedes cuántos museos y coleccionistas privados han estado tras él durante años? Es una leyenda muy famosa. Pidió tres millones de dólares americanos en efectivo... que en realidad era una ganga tomando en cuenta que, de ser auténtico, podría obtener mucho más dinero por él, así que le dije que me interesaba verla y ella se presentó aquí un par de horas después...

—¿Venía con alguien? —preguntó Woo Bin cruzándose de brazos.

—Venía sola —contestó—, al menos yo no la vi acompañada de nadie. La recibí y nos sentamos en el bar —señaló dicho lugar, que se encontraba a sólo unos metros de ellos—. Le pregunté quién era y cómo había obtenido el collar, ella contestó había sido un regalo de su prometido, el heredero de Shinhwa, Goo Joon Pyo y recuerdo que dijo que se llamaba Geum Jan Di. Noté de inmediato que ella no provenía de la clase alta y no resistí a la curiosidad de preguntarle cómo había logrado que le dieran una joya tan valiosa y codiciada de obsequio... ella dijo que había logrado convencer al heredero y a todo su círculo cercano que ella no tenía ningún interés en su dinero y que lo único que realmente había sido difícil para ella había sido convencer a la presidente Kang Hee Soo de que no tenía ninguna mala intención con su hijo, que le había costado años de paciencia pero que al fin la tenía en su bolsa también, así que podría hacer muchos negocios conmigo con otras piezas de arte de su futura familia política.

—Es imposible que ella haya dicho eso —aseguró Yi Jung endureciendo su tono de voz.

—Les aseguro, jóvenes, que eso fue lo que la señorita dijo —continuó con tranquilidad—, después de eso, ella me mostró el collar y yo me aseguré de que fuera auténtico; soy un experto en arte antiguo, así que sabría de inmediato si fuera una falsificación, pero no lo era, yo tenía ante mis ojos el zafiro auténtico y pagué de inmediato la cantidad que ella demandó; tres millones de dólares americanos en efectivo. Yo ya los tenía preparados en un maletín, se los di, ella lo revisó fugazmente, me agradeció, se despidió y se marchó. Eso fue todo.

Se quedaron en silencio, sólo intercambiando miradas, hasta que el señor Jeong volvió a intervenir,

—¿Puedo hacer algo más por ustedes?

—Queremos las cintas de seguridad —dijo Jae Kyung aún sin creerse lo que había oído.

—Por usted lo que sea, señorita.

Minutos después pudieron revisar las cintas; en ellas aparecía Jan Di, entrando por el lobby después de bajar de un taxi, se encontraba con Jeong y se dirigían al bar, charlaban unos minutos, luego, ella sacaba de los bolsillos de su chamarra el collar, él lo examinaba con cuidado con un cuentahilos, lo guardaba, tomaba un maletín, lo abría frente a ella, acto seguido se lo entregaba, se despedían con un apretón de manos y ella se marchaba. Salía, el taxi la había esperado y se fue. Coincidía exactamente con lo que les habían dicho.

—Es Jan Di —murmuró Woo Bin cruzado de brazos después de ver la cinta por tercera vez—, no hay duda alguna —se pasó los dedos por el cabello; realmente pensaba que no había podido ser ella la que vendiera el collar...

Jae Kyung asintió con incredulidad. De lo que estaban seguros era de que no era posible que Jan Di hubiera hecho eso por voluntad propia. Anotaron el número de placas del taxi y tardaron muy poco tiempo en dar con él.

—Sí, esta es la señorita —afirmó el taxista devolviéndole a Woo Bin la fotografía de Jan Di—. Ella me llamó y me pidió que la recogiera en un barrio bastante retirado y dijo que pagaría en dólares americanos. La llevé al Hotel Paradise y la esperé no más de veinte minutos, ella volvió con un maletín y me dijo que la llevara al mismo lugar donde la había recogido.

—¿Dijo algo durante el trayecto? —Woo Bin lo miró seriamente con los brazos cruzados y la mirada inquisidora.

—¿Nadie estaba con ella en el momento que la recogió o cuando la llevó de regreso? —interrogó también Yi Jung en el mismo tono que Woo Bin.

—No, no —el hombre negó con la cabeza a ambas preguntas—. No la vi con nadie ni habló conmigo salvo para darme indicaciones, sin embargo se pasó tronándose los dedos todo el tiempo.

—¿Le pagó mucho dinero? —continuó Woo Bin. Tenía la intención de averiguar hasta el más mínimo detalle de las cosas.

—¡Oh, sí! —le cambió totalmente la expresión— un billete de quinientos dólares americanos.

Los tres jóvenes intercambiaron miradas y asintieron levemente, Woo Bin sacó de su gabardina negra uno fajo de billetes de alta denominación.

—Queremos su celular —dijo Woo Bin entregándole el dinero al taxista— y la dirección del lugar donde la recogió.

El hombre no se negó, por su puesto, y les dijo todos los detalles que recordaba de su encuentro con Jan Di.

Ellos rastrearon todas las llamadas hasta dar con la de un minuto y medio que había salido de un teléfono público en la misma cuadra de donde había pedido encontrarse con el taxi. Al llegar a ese lugar, se encontraron con un barrio viejo y pobre que obviamente no tenía cámaras de seguridad en ningún lado, preguntaron en los alrededores a la gente que se encontraban enseñándoles la fotografía de Jan Di. Nadie dijo recordarla.

Esa misma noche, Woo Bin llevó el video de seguridad a la casa de Ji Hoo, quien estudió lentamente las imágenes con la angustia trepándole por la garganta, negaba con la cabeza mientras comprobaba que era, sin duda, Jan Di la que cambiaba el collar por un maletín de dinero.

—Estamos en un callejón sin salida —dijo Woo Bin mientras tomaba la taza de té que Ji Hoo acaba de servirle— llegué a un punto en un barrio horrible en Jeolla del Sur en el que Jan Di apareció y desapareció como si de un portal interdimensional se tratara.

El abuelo escuchaba en silencio, sentado el sillón de una plaza sin poder ocultar su preocupación por la chica. Por su parte, Ji Hoo observaba pensativo la tetera sobre la mesa de centro.

—Joon Pyo… —el joven médico habló luego de un rato— ¿ya le has dicho esto a Joon Pyo?

Woo Bin torció la boca y dudó antes de responder.

—Sí, lo fuimos a ver primero y Yi Jung se quedó con él —dijo sin mirar a su amigo—, pero está muy enfadado por el collar, sabes que es muy importante... y dijo que no quería saber nada de Jan Di, sin embargo él siempre dice cosas así cuando está enfadado, ya se le enfriará la cabeza...

—Lo voy a matar —Ji Hoo dio un tranquilo sorbo a su taza de té.

Woo Bin trató de pensar en argumento para defender a Joon Pyo, pero él mismo se había enfadado con él...

—Así que... —el abuelo suspiró— seguimos sin tener idea de dónde está Jan Di.

—Sí —Woo Bin bajó la mirada terminando su taza de té y dejándola sobre la charola—. Lo siento en verdad... realmente pensé que esto nos daría alguna pista pero ahora me siento más perdido...

Ji Hoo terminó también su té, se levantó y tomó la charola con las tazas vacías para llevarla a la cocina.

—¿Y qué piensan hacer ahora? —preguntó el hombre mayor visiblemente afligido— ¿Tienes alguna otra idea?

Se oyó el grifo de la cocina, parecía que Ji Hoo estaba lavando las tazas.

—No lo sé... —admitió el joven— estoy realmente... perdido. Por ahora tengo a toda mi gente buscando, tenga por seguro, doctor Yoon, que alguien la verá pronto.

—Eso espero —el abuelo suspiró una vez más.

Ji Hoo pasó caminando con tranquilidad por la sala, no dijo nada, ni siquiera los miró al cruzarse con ellos.

—Por ahora... —Woo Bin respiró hondo— sólo podemos esperar... quisiera poder hacer más.

El ruido de la motocicleta encendiéndose hizo que ambos se levantaran.

—¿A dónde va? —Woo Bin corrió a asomarse por la ventana— No va con Joon Pyo, ¿o sí?

—Mejor ve tras él

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En la mansión de Joon Pyo, Jae Kyung y Yi Jung se habían quedado para tratar de convencer al terco heredero de que dejara de decir que no quería saber más de Jan Di.

Min Seo Hyun también llegó buscando noticias de su joven amiga; ella aún no se enteraba de la noticia del collar y aún no había visto a Ji Hoo desde que había llegado...

—Lamento escuchar todo esto —murmuró Seo Hyun absorta después de que Yi Jung le contara—, me preocupa mucho Jan Di... —dirigió su mirada a Joon Pyo— y tú ¿cómo puedes decir semejante barbaridad? Ya te han explicado que es imposible que Jan Di vendiera el collar por voluntad propia.

—Mira, noona —Joon Pyo gruñó sarcástico—, he sido bien paciente con ustedes; no tienen idea de lo que ese collar vale y estoy harto de sus sermones. Así que o se callan o se van a dar misa a otra parte.

Yi Jung suspiró cansado y se sentó.

El mayordomo anunció a Ji Hoo y éste, al entrar, se quedó desconcertado y boquiabierto al toparse con la mirada de Min Seo Hyun, como si hubiera visto una especie de fantasma y sin encontrarle sentido a su presencia. Ella se levantó, hizo una pequeña reverencia para saludarlo y le sonrió. Esa sonrisa que habría sido capaz de matarlo alguna vez estaba después de tanto tiempo de nuevo frente a él y Ji Hoo no estaba seguro de que le agradara la idea.

—Seo Hyun... —la miró incrédulo— ¿qué haces aquí?

—¿Así saludas a una vieja amiga? ¿después de tanto años...?

—No esperaba verte —le dijo secamente y luego se volteó hacia Yi Jung y le gruñó en voz baja— ¿por qué no me dijiste que ella estaba aquí?

Seo Hyun mantuvo su sonrisa, sin embargo ahora parecía forzada; Ji Hoo ni siquiera había tratado de disimular la molestia que le había causado encontrársela.

—¿Qué haces aquí, Ji Hoo? —Joon Pyo muy fastidiado se llevó la palma a la frente —Ya es muy tarde, ¿sabes? ¿Vienes también a sermonearme?

Justo en ese momento, Woo Bin llegó corriendo también.

—¡Y llegó la caravana entera! —Joon Pyo resopló— Qué molesto.

—Goo Joon Pyo —Ji Hoo se dirigió a él— ¿es cierto lo que me han dicho?

—Así que sí vienes a darme un discurso —respondió de mala manera—. Otro que no entiende lo que valía ese collar.

—La vida de Jan Di vale mucho más que cualquier estúpido collar —espetó Ji Hoo entrecerrando los ojos.

—¿Sabes por qué es famosa Jeolla? —Joon Pyo se acercó a él— Es el lugar donde van las esposas de los ricos a vender sus pertenencias para gastarlas en los gígolos. Geum Jan Di se atrevió a malbaratar una joya invaluable y quién sabe para qué quiere ese dinero... Tres millones de dólares, qué basura, ni de lejos vale eso.

—No la conocimos ayer —Ji Hoo heló la mirada—, ¿cómo puedes creer que ella hizo esto por robarte?

—Ya volverá —se sentó en el sillón encogiéndose de hombros—, siempre vuelve ¿no es así?

—Jan Di está en problemas —mustió Ji Hoo entre dientes—, tenemos que encontrarla y ayudarla.

Joon Pyo rió echando la cabeza hacia atrás. Ji Hoo cerró los puños.

—En problemas va a estar cuando dé con ella y la haga pagar por haber robado y vendido mi zafiro.

—¡Joon Pyo! —esta vez fue Woo Bin quien se sobresaltó enojado— ¿¡De verdad estás sugiriendo que Jan Di hizo esto por dinero?!

—Ni siquiera sabemos que pasó —Joon Pyo se levantó del sillón y sacudió un poco su saco mostrando indiferencia—, ¿no es lo más lógico que simplemente huyó con el dinero? Tal vez sólo se hartó de nosotros, quería una nueva vida y está ahora en alguna isla paradisiaca derrochando dinero sucio.

—Joon Pyo... —Yi Jung rodó los ojos fastidiado— tú sabes que es...

Antes de que pudiera terminar su frase, Ji Hoo se abalanzó contra Joon Pyo golpeándolo con el puño en la boca, haciéndolo rodar por el sillón y caer de espaldas al suelo. Cuando se incorporó un poco, se miraron furiosos y los demás se quedaron pasmados ante la escena. El líder de los F4 se levantó lentamente sin perder ni un instante el contacto visual con Ji Hoo, apretó los dientes y lo empujó violentamente contra la carísima pantalla de LED, quebrándola y luego arrojándosele para golpearlo también en el rostro.

Ji Hoo respondió; todos los sentimientos guardados explotaron en un instante. Se fueron a puños, cuando uno lograba tomar al otro, lo golpeaba contra la pared o contra algún mueble...

Yi Jung fue el primero en tratar de intervenir, pero se llevó de lleno un golpe en la cara que lo derribó.

—¡Joon Pyo! —Seo Hyun gritó echándose para atrás —¡Ji Hoo! ¡Deténganse ahora mismo!

Woo Bin trató de agarrar por la espalda a Ji Hoo, pero él, le dio un codazo en el estómago para zafarse, lo dejó sin aire y sin poder moverse por varios segundos.

Jae Kyung también gritaba pero no se atrevía a acercarse. Ninguno de los dos daba tregua, hasta que Joon Pyo lo tomó de la chaqueta y lo arrojó contra una vitrina, rompiendo el cristal, cayendo todos los trozos sobre Ji Hoo.

Las dos chicas gritaron más fuerte, parecía que Joon Pyo de verdad estaba lastimando al otro, pero éste no se detenía y de un momento a otro, Ji Hoo ya había dominado por completo la pelea y se encontraba a horcajadas sobre el pecho de Joon Pyo, quien tirado en el piso no podía moverse más y era golpeado sin piedad en la cara.

Woo Bin tomó a Ji Hoo de los brazos y los torció hacia su espalda, arrastrándolo para liberar a Joon Pyo.

Easy, bro! —pidió luchando por tranquilizarlo— ¡Tienes que calmarte!

Goo Joon Pyo se puso nuevamente de pie con la intención de seguir, pero ya estaba aturdido y mareado, además de que Yi Jung también lo tomó de los brazos y lo jaló hacia atrás.

—¡¿Cómo te atreves a hablar así de la mujer que según tú amas, pedazo de imbécil?! —rugió Ji Hoo tratando de desprenderse del agarre de Woo Bin— ¡Eres ruin y despreciable, Goo Joon Pyo! ¡No la mereces! ¡Nunca la has merecido y nunca la vas a merecer! ¡Si te vas a casar con ella es porque vas a velarla y cuidarla por el resto de tu miserable vida y no sólo cuando se te de la gana, estúpido!

Los otros dos chicos tuvieron que aplicar toda su fuerza para evitar que volvieran a lanzarse a pelear.

—¡Anda, tranquilo, bro! ¡No quiero lastimarte! —Woo Bin arrastró a Ji Hoo hasta la puerta— ¡Vamos a tomar un poco de aire!

Entre más gruñidos y forcejeos, Woo Bin estuvo cerca de dislocarle los brazos para detenerlo. Logró sacarlo de la habitación y Seo Hyun salió tras ellos. Joon Pyo empujó a Yi Jung para librarse de él y luego se dejó caer en el sillón; respiraba agitadamente, le escurría muchísima sangre por la nariz y por la boca, manchando su camisa e incluso la alfombra.

A rastras, Woo Bin sacó a Ji Hoo afuera, pasando junto a varios criados que se dirigían a prisa a la habitación de su amo pues habían oído gritos y golpes, dejándolos sorprendidos y sin saber qué pasaba. Una vez fuera, en los jardines, lo obligó a sentarse en el pasto mientras recuperaban el aliento. Ya estaba muy oscuro, pero las luces exteriores iluminaban bastante; los arbustos, las flores y los caminitos se veían aún más bellos así que de día.

Cuando el joven médico comenzó a relajarse, su amigo se sentó junto a él, lo tomó del hombro y apretó sus dedos. Nunca, en sus más de veinte años de amistad lo había visto tan furioso y descontrolado; sabía que Ji Hoo iba a enfadarse, pero jamás pasó por su mente que podría reaccionar de manera tan violenta.

A pesar de que parecía que Joon Pyo era más fuerte y Ji Hoo fue arrojado contra muchos muebles, la verdad era que Joon Pyo había resultado mucho más herido y Ji Hoo apenas tenía el labio partido.

—Estúpido Joon Pyo —murmuró lleno de rabia llevándose las manos a la cabeza, enterrándolas en su cabello— ¿por qué Jan Di tiene que preferir a ese cerdo y no a mí?

Lo había dicho en voz alta, al fin después de tantos años de tragárselo. Woo Bin bajó la mirada y lo rodeó con un brazo.

—Ji Hoo... ¿estás lastimado? —Seo Hyun llegó junto a ellos y se agachó, pero él no le permitió tocarlo.

—Estoy bien.

Ella bajó los ojos; se notaba muy triste. Habían pasado tantos años de no verse y odiaba volver a verlo justo en esa circunstancia...

Hasta ese momento, Ji Hoo se miró las manos y reparó en que estaban manchadas de sangre, suspiró pesadamente, estaba temblando ligeramente y quería ponerse a gritar maldiciones.

—Tranquilo, bro —le susurró Woo Bin sin soltarlo.

—¡¿Cómo rayos quieres que me tranquilice?! ¡¿No estas oyendo las estupideces que dice ese pusilánime?! ¡Alguien tiene a Jan Di! ¡Ella no está bien! ¡Está en peligro! ¡Nosotros estamos aquí sin poder hacer nada y ese subnormal no hace más que soltar su estúpida boca!

—Joon Pyo no piensa lo que dijo —Woo Bin trató de defenderlo, pero era consciente que no había mucho que decir a favor de Joon Pyo—. Lo conoces, decir cosas así es su manera de ignorar la realidad; a él también le duele esto.

—Me importa un carajo.

—Ji Hoo...

—Y lo peor de todo es que él puede decir todo lo que quiera porque sabe que ella va a terminar volviendo a él de alguna manera... —Ji Hoo volvió a gruñir lleno de coraje— Cómo lo detesto.

Seo Hyun y Woo Bin se quedaron en silencio, no había nada que pudieran decirle y parecía que Ji Hoo iba a soltarse a llorar en cualquier momento, pero no lo hizo. Ella tomó su mano, esta vez él no hizo nada por impedirlo y la acarició con sus dedos, comprobando que él no estaba lastimado y la sangre era de Joon Pyo.

—Lo siento —ella lo abrazó con delicadeza—. Lo siento mucho Ji Hoo...