Capitulo 9. ¿Dónde vamos?
Salí de mi habitación despacio. Aquello no me olia demasiado bien. Mi cuerpo me decía a gritos que huyera de allí. Sin embargo mi mente me decía que debía afrontar lo que yo mismo me busqué en su día.
Andaba despacio por los pasillos intentando captar los pensamientos de algún desperevenido, pero todos y cada uno de ellos pensaban en la comida que estaba apunto de entrar en el castillo.
Aquello me estaba matando. Los nervios no me dejaban tranquilo.
Cuando llegué a la puerta, solo pude leer una mente. Era la de Jane. Esa pequeñaza me las había echo pasar bastante mal durante mi estancia de un año allí. Jane estaba pensando en cuantas veces me iba a atacar. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y abrí la puerta. En ese instante vi a Demetri en el suelo de rodillas con Alec delante. Había un par de vampiros cogiendolo por cada brazo.
La niebla que salía del don de Alec, era capaz de anular los sentidos. Así era una facil liquidación si se estaba en contra de los mayores. Di un paso hacia delante y escuché la voz de Aro. Aquella imagen no me gustaba en absoluto.
-Edward amigo mio. Ven, acercaté y dime que es verdad lo que Jane me ha contado. Dame tu mano y dejame que tu mente me cuente ¿ Escribes notas a Alice en folios para que las lea en sus visiones?
Su tono no era para nada amistoso.
-Aro, veras… solo lo hago para que no vengan a buscarme. Yo elegí estar aquí y ellos deben saber que estoy bien.
-Edward. Edward. Edward. Sabes que una vez entras aquí, la comunicación queda totalmente prohibida con el exterior ¿y si revelas alguna misión?
-Sabes que no es así Aro. Eso jamás lo haría.
-Cierto, pero aún así, tengo una noticia para ti.
Sentí la mirada de Jane alcanzarme y una vez más, mi cuerpo se doblegó a sus ataques. Lo hacía cada vez que queria salirse con la suya. De esa manera había intentado poseerme en mi habitación. Pero el dolor no lo era todo. Uando abrí mis ojos, vi la niebla de Alec acercarse. Eso me gustaba menos todabía. Si anulaba mis sentidos, era por que me iban a matar.
Una sensación de vacio inundo mi cuerpo ¿Alice habría visto esto?
-Basta, no sé que he hecho.
-Edward, he de comunicarte que gracias a ti y a Demetri, tengo un rastreador mejor que él y un lector de mentes que tú, me ayudaste a conseguir. Tena es mejor que tú. Él posee tu don y el mio juntos, así que ya no nos haceis falta amigo mio… Para que veais que somos buenos, os dejaremos marchar a los dos. Tampoco deseo tu muerte ni la de mi fiel guardia durante tantos años. Que disfruteis de vuestra libertad.
-Así, sin más.
-Así. Da las gracias a los demás. Os aprecian mucho y opinan lo mismo que yo, sobretodo Marcus.
-Gracias.
Fue lo único que pude decir antes de ser sacado d ela sala junto a Demetri y ser arrastrado hacía fuera. Durante el trayecto al amparo d ela noche, pude observar a los humano que iban a morir. Todabía no entendía ocmo me dejé llevar por ellos de tal manera. Tenía sed, mucha sed y eso lo estaba pagando caro.
Cuando llegamos a la puerta del sotano, nos tiraron unas bolsas a la cabeza y nos hicieron salir por la alcantarilla. No debíamos ser vistos. La noche nos cubría, pero aún así habían muchos ojos observando.
-Bien.- Dije en un tono casi de burla o pasotismo.- Al menos no ha salido tan mal.
-No te confies Edward.
Demetri me miraba a los ojos y me vi reflejado en ese color carmesí.
-Tranquilo Demetri, lei su mente y no nos van a seguir. Solo lo aran si no salimos de Volterra, así que vamos, no tardemso en salir de aquí.
-Supongo ¿Qué hacemos ahora? He de reconocer que me crearon para esto y no he tenido otra vida. Nada más que de servidumbre a los Vulturis y alimentarme d ehumanos.
-Esrta bien Demetri, sigueme. Debemos ser fuertes, alejarnos lo antes posible de los humanos y cambiar de vida.
-Te sigo Edward.
La actitud de Demetri me desconcertó. Tenía pensado quedarse conmigo, formar nuestro pequeño aquelarre y buscar a nuestras mujeres y ser una pequeña familia. En ese instante, me di cuenta de cuanto había envidiado sanamente a los Cullen. Demetri necesitaba sentirse bien en un aquelarre como yo años atrás.
Al recordar mi antigua familia, se encogió mi cuerpo. Alice si estaba siguiendo mi futuro, abríha visto la deci´sión de Aro. Cerré mis ojos y seguí mi olfato. No podía pensar en ellos, debía olvidarlos para siempre. Tenía sed y estaba oliendo una buena pieza animal. Eso era lo que me debía de preocupar ahora. La sed.
Nunca crei que me costara tanto tomar de nuevo sangre animal. Demetri y yo salimos a cazar, para luego partir hacía España. Aquel país me había cutivado. La cuidad de Madrid tenía algo que me llamaba.
En el viaje, nos encontramos con bastantes humanos, pero ya habíamos entrenado para eso durante meses solos en un bosque de Italia. A Demetri le costo muchisimo, nunca había tomado animales, pero ahora parecía como si lo hiciese toda la vida.
En francia, cuando llegamos a Lión nos detubimos en un hostal. Hacía demasiado sol para exponernos a la luz del día. Entramos en el hostal y nos acercamos a la barra.
-Una habitación para cada uno.
-Enseguida.
Una vez entré en mi habitación, em mire al espejo y vi de nuevo mis ojos dorados. Vi de nuevo al viejo Edward. Mis ojos no habían asustado por que eran dorados como los de Demetri. Había recuperado parte d emi gracias a él y sus animos de encontrar a alguien a quienm amar para siempre.
Recordé los mimos de Esme como una verdadera madre. Los consejos del sabio y sincero Carlisle. Las bromas de Emmett, las estupideces de su mujer Rosalie, las estrategias del militar Jasper y las locuras compulsivas de Alice.
Siempre serían nmi familia, siempre los querría. Pero siempre estaría allí Bella. Lo que más me dolía en mi interior, es que seguía amando a Bella. Que en estos casi dos años, no me había podido olvidar de ella y que su recuerdo me atormentaba. En el fondo sabía que jamás amaría a otra mujer que no fuera ella.
Sus orbes chocolate, volvieron a mi mente y no pude evitar romper el espejo. Siempre sería el cobarde que abandono a su familia después de arrebatarle la vida humana a una chica y robarle el alma para toda la eternidad.
Me repetí a mi mismo una y otra vez diciendome que los mensaje s de Alice eran lo mejor. Decirle que todo iba de maravilla para no preocuparla y que no hicieran un viaje suicida a Italia.
L epedí auna y otra vez qu eme olvidaran.. Pero no era cierto, deseaba verlos de nuevo. Que me perdonaran el abandono y poder sentír así de nuevo sus brazos, el calor de una familia.
Ahora Demetri estaba conmigo buscando la vida perfecta. Ahora debía luchar por él, que conociera el mundo que le habían pribado tanto tiempo en aquel castillo. Su esfurzo para encontrar el amor, el de alimentarse de animales, la ilusión d evivir libre. Ver tod aquello me trasmitia una cierta paz que no llegaba a comprender pero que ahí estaba.
Me senté en la cama y esperé a que oscureciera del todo. Una vez aquello sucediera, partiriamos hacía Madrid. Si mis calculos no me fallaban, en dos horas estariamos allí, aún sería d enoche y por lo tanto, alquilariamos allí otro hostal.
Necesitaba saber si estaba viva. Si la niña del avión que ahora tendría como 9 años estaba bien. Su madre dos años enferma, tal vez no había aguantado. Tal vez si ella conociera a Demetri querría ser como él, salvar su vida y estar junto a un gran hombre y su preciada hija Mayerí.
Sara. Aquel nombre inundó mi cabeza. Ella debía estar viva. Debía encontrarla. Cuando llegamos a Madrid, intenté hacer memoria y acordarme donde vivía. Si coincidia con ella, tal vez se aordara de mí. Por ahora esa era mi nueva meta. El parque del retiro y la pequeña familia de Sara.
