Nota: Los personajes, nombres y lugares son propiedad intelectual del profesor Tolkien y sus herederos, yo no obtengo retribución alguna a cambio de arruinar su grandiosa obra. De cuando en cuando algunas personas amables me escriben algunos comentarios sobre estas historias y por ello yo les agradezco mucho.
Capítulo 10
Bueno, Amras no se preocupaba, había recorrido el bosque la mayor parte del día y la noche y más allá de los regaños de Eöl, no había encontrado nada más.
—A lo mejor Eöl les había regañado también —pensó Amras desanudando su soga y luego habló —Ya están libres, ahora me gustaría que me dijeran cuál es el camino para salir del bosque.
Saeros y Daeron miraron alrededor y pronto se dieron cuenta de que ese lugar del bosque no lo conocían, bueno, tampoco eran expertos en Nan Elmoth, pero la senda principal ahora estaba lejos y ahora podían darse como oficialmente perdidos.
—Creo que vinimos de aquel lugar —dijo Daeron.
—No, no recuerdo esos árboles, me parece que era en la otra dirección —corrigió Saeros.
—Pero si esos árboles no los vi nunca.
—¿Qué les parece si trepamos un árbol y vemos donde estamos? —propuso Amras.
Los elfos grises se miraron entre sí, la idea no era tan mala como seguir en el piso cavilando sobre su paradero.
—Bueno, aceptamos —dijo Saeros —¿quién subirá?
—Naturalmente yo —dijo Amras —porque fue mi idea.
—Claro, como conoces a la perfección el lugar sabrás orientarte —dijo Saeros —¿No estabas perdido antes que nosotros?
—¿No pensarás dejarme aquí solo? —. Se quejó Daeron —La horrible criatura puede volver.
—Está bien subiremos los tres —dijo Amras.
Los dos sindar y el noldo treparon en un alto árbol al modo de los elfos verdes, se balanceaban y saltaban de rama en rama siempre hacia arriba buscando la copa del árbol y algo de la luz de Isil.
Si hubieran esperado algo, o por lo menos si hubieran dejado a alguien abajo, tal vez Maglor y Mablung les hubieran encontrado, porque poco después de que treparon al árbol, Kanafinwe y el Capitán de Doriath pasaron en búsqueda de Amras.
Mablung y Maglor seguían recorriendo los parajes sombríos, la tenue luz de la lámpara de Maglor reflejó a la distancia dos ojos que se aproximaban rápidamente.
—Tengo la impresión de que algo nos sigue —dijo Mablung mirando alrededor.
—Más bien el bosque me parece deshabitado, no hay siquiera grillos o luciérnagas que hagan algún ruido.
—No lo sé, pero yo mejor estoy atento a cualquier eventualidad —y diciendo esto Mablung avanzó un poco adelante, cuando vio con el rabillo del ojo como algo enorme y peludo se abalanzaba sobre Maglor.
Por toda reacción Mablung saltó sobre el sabueso y lo tomó por el cuello tratando de liberar a Maglor.
—Corre, yo sujeto a la bestia —dijo mientras sus manos sentían el suave pelaje de Huan, además que no apestaba como los lobos y de hecho no se parecía a un lobo.
—No te preocupes —dijo Maglor desde el suelo cuando Huan le lamía la cara —es solo el cachorrito que Orome le regaló a mi hermano, lo trajimos de Valinor.
—¿Cachorrito? —Dijo Mablung soltando a Huan —Es casi tan grande como un caballo.
—Antes era pequeño —explicó Maglor —la buena noticia es que Celegorm debe estar cerca. Llévanos con él.
El sabueso inclinó la cabeza a un costado como si estuviera decidiendo que hacer ante la nueva orden, todavía no había encontrado a Amras, pero sabía que lo mejor era tener a los hermanos unidos en un solo lugar. Corrió un poco y esperó a que le siguieran.
—Vamos —le dijo Maglor a Mablung.
Mientras en casa de Eöl, los elfos oscuros amigos de Amras, se llevaron a Amrod y a Beleg a la cocina de la casa, porque temían que Eöl se molestara si invitaban a sus amigos, uno de ellos un noldo, al comedor principal. Les pareció mejor mantenerlos alejados además con eso los otros moriquendi del bosque no se molestarían con ellos.
—¿no sabes por qué me estaba buscando Eöl? —preguntó Beleg
—Creo que era para enviar una carta —dijo un elfo con lacios cabellos oscuros peinados a un costado de su rostro.
—Pudo mandar a uno de ustedes —dijo Beleg para sí —pero quién entiende a Eöl.
—¿Luego podremos ir a Himlad? —preguntó otro elfo oscuro
—¿Ir a casa de Celegorm y Curufin? —dijo algo extrañado Amrod —¿Por qué no? Aunque no entiendo tu interés.
—No le hagas caso —le dijo Beleg en voz baja —Tiene mala memoria.
Ambarussa se encogió de hombros, porque a decir verdad no recordaba a estos amables moriquendi. Beleg no se preocupó más y se puso a platicar amenamente con Amrod. Hubieran seguido así hasta que vio a otro elfo llevando una bandeja con alimentos.
—¿A dónde llevas eso? —preguntó Amras con curiosidad.
—Es para los invitados del señor Eöl —le respondió el moriquendi.
—Deben ser los naugrim —dijo Cuthalion —. Eöl hace amistad con ellos, de hecho creo que le agradan más que los elfos.
—Los naugrim no son divertidos, pareciera que no tuvieran sentido del humor. Tal vez por eso se llevan bien —reflexionó Amras.
Dentro del comedor principal Caranthir y Celegorm se aburrían bastante.
—Esta casa es muy oscura —dijo Celegorm al momento en que examinaba una lámpara fabricada con un extraño metal negro.
Mientras pensaba en eso, algo que a Curufin le hubiera obsesionado, escuchó un ladrido que venía de afuera de la casa.
—¡Es Huan! Mi perrito ha vuelto —Inmediatamente salió de la casa a buscar a su amada mascota. Caranthir le siguió y vio que detrás del can venía Maglor y otro elfo, que por su atuendo parecía un elfo gris de Menegroth.
—Kano, ¿cómo llegaste aquí? —Preguntó Moryo corriendo hacia Kanafinwe.
—Huan nos trajo —respondió Maglor, pero el sabueso al ver que Maglor ya se había reencontrado con sus hermanos dio media vuelta y siguió con la búsqueda. ¿Por qué se fue? Porque todavía tenía que cumplir otra misión y el sabueso siempre cumplía las órdenes que le daban.
—Espera Huan ¿a dónde vas? —Celegorm se fue corriendo detrás de su mascota.
—Tú perro ya no te hace caso —dijo Moryo al ver que el sabueso se alejaba.
—Eso lo veremos —dijo Celegorm que de un salto montó en su caballo y se fue detrás de Huan.
—Otro que se va apresuradamente —dijo Amras que también salió de la casa para ver lo que pasaba.
—¡Ambarussa! —dijeron al mismo tiempo Maglor y Caranthir.
—¡Kano, Moryo! —exclamó de igual manera al ver a sus hermanos —. ¿Cómo llegaron aquí?
—Al fin se reencuentran —dijo Mablung.
—Sí, es lindo ver finales felices —respondió Beleg.
—No, todavía no se acaba — dijo Amrod —todavía falta encontrar a mis otros hermanos. Celegorm y Amras.
—Y Maedhros —de pronto Maglor se acordó de su hermano mayor —Sospecho que ha de estar un poco enfadadillo con nosotros.
—¿Nosotros? —dijo Caranthir —Yo simplemente cumplí sus órdenes de venir a buscar a Ambarussa, lo hice ¿tú no hiciste lo mismo?
—Es algo que te contaré en casa Moryo —dijo Maglor pensando en dónde podría estar Maitimo.
Bueno, Maitimo no estaba muy lejos de hecho estaba muy bien acompañado.
—Este bosque es muy engañoso y oscuro —dijo Maedhros encendiendo su lámpara azul, típica de los noldor —no se separen o podríamos perdernos.
—Cuenta con eso, nosotras no te quitaremos los ojos de encima —dijeron las chicas.
Ingresaron en el bosque con cautela y trataron de seguir alguno de los senderos, no tardaron mucho en perderse, no porque Maedhros tuviera mala orientación, o porque estuviera distraído por las elfas, sino porque para esa hora Eöl ya estaba lo suficientemente consternado como para que esa confusión se reflejara de algún modo en el bosque.
