Hola a todos. Aquí les dejo el décimo capítulo. Disculpen la tardanza.

Disfruten la lectura.

Los personajes de Naruto no me pertenecen, son de M. Kishimoto.


Sakura se encontraba sentada en uno de los sofás que formaban parte de su sala de estar, estaba aburrida y deseosa de ver a su Sasuke.

Se regañó mentalmente por ser tan posesiva con él, no podía evitarlo, era la primera vez en mucho tiempo que ponía su confianza en un hombre y, este, la hiciera sentir tantas cosas en su interior.

AMOR. Su mente gritaba, recalcando la palabra, una y otra vez, estaba enamorada de Sasuke. La sola idea de no verlo más, la lastimaba.

Sus pensamientos y reproches mentales se vieron interrumpidos por el timbre.

— ¿Qué raro? — Habló para sí — No esperaba a nadie esta noche.

A paso lento se acercó a la única puerta de acceso a su departamento. Sin más preámbulo, tomó el pomo entre sus manos y lo jaló, sin siquiera mirar por el pequeño agujero recubierto de cristal para saber quién era. Lo único que supo en aquel instante fueron unos cálidos brazos rodeándola mientras unos labios la besaban con urgencia y hambre, mandando un reguero de fuego en su interior, estilando sensualidad y pasión desbordante, entumeciendo su capacidad de pensar.

Vagamente registró el sonido de la puerta al ser cerrada con fuerza, mientras se perdía en el mundo de sensaciones creadas por los besos de Sasuke Uchiha.

Su sabor era inconfundible, igual que su aroma, en poco tiempo se había vuelto una completa adicta a esos labios y al calor de su varonil cuerpo.

Su mente no registraba nada excepto las manos de Sasuke acariciándola como si la vida se le fuera en ello, sintiendo los besos húmedos siendo repartidos por la piel expuesta de su cuello. Un gemido salió de su entreabierta boca, roja e hinchada, al sentirlo morder una de las zonas más sensibles del cuello. Quería más, necesitaba más, sus gemidos una súplica constante pidiéndole que continuara con la sensual tortura sobre su cuerpo.

El corazón le latía como loco, dejó de pensar en aquel instante. Sakura sentía su piel arder, la excitación crecía a pasos agigantados, y no tenía oposición alguna ante ello.

Lo había extrañado, se permitió darse cuenta de lo embriagante que le resultaba un simple beso de los lujuriosos labios de Uchiha; las piernas no le daban para más, sentía las rodillas como gelatina, caería en cualquier instante.

Se sintió más segura cuando los musculosos brazos de Sasuke le rodearon la cintura, evitando, de esa manera, el alejamiento de sus cuerpos.

La boca del pelinegro no abandonaba la suya para nada, solo para repartir besos por sus mejillas y clavícula, y para tomar un poco de aire; Sasuke la mantenía apretada contra su cuerpo, haciéndola conocedora de la erección que tenía en la entrepierna, mostrándole cuan excitado lograba ponerlo.

La ropa estorbaba, estaba de más, no podían esperar para sentir piel contra piel. Las prendas fueron esparcidas por toda la sala, mientras sus cuerpos, pegados el uno contra el otro, se movían hasta chocar con una de las paredes lejanas de la sala, la misma que daba hacia el pasillo. Las ardientes manos del hombre de cabello oscuro, la recorrían de arriba hacia abajo. Se excitó, todavía más, al sentir como sus sexos entraban en contacto directo. Sin nada entre ellos, la erección de Sasuke acariciaba su entrada, haciéndola gemir en anticipación. La urgencia era mucha, no había tiempo para preocuparse por el lugar en donde se encontraban.

Los besos del pelinegro viajaron de su boca hacia su cuello, donde repartió húmedas caricias y mordiscos, descendiendo hacia sus pechos, deteniéndose para tomarlos con su cálida boca, recorriendo el camino hasta su obligo.

Una de las manos del hombre, bajó por su costado, dejando un sendero de fuego en el camino, alcanzando su objetivo: el sexo húmedo y anhelante de Sakura. La mano de Sasuke pasó rozando sus pliegues, regodeándose en observarla con ojos nublados por la lujuria, provocando que Sakura arqueara el cuerpo y soltara un gemido más elevado que los demás. Dos de sus dedos entraron en contacto con su aterciopelado interior, imitando la penetración, brindándole placer. No satisfecho con los gemidos suaves y poco audibles, retiró sus juguetones dedos de la zona más íntima de la escritora y, sonriendo, alzó las caderas de la mujer para poder probar, con la boca, el lugar de donde tanto placer recibía.

Con avidez, siempre volviendo a asaltar su cavidad, recorriendo cada recoveco con su lengua, haciéndola gemir de anhelo y gozo. La volvía loca, no existía la capacidad de pensar sólo de sentir.

Era suficiente de juegos, ya no lo soportaban, dejó de recorrer con su lengua aquel preciado lugar, bajó las caderas de la mujer de ojos color esmeralda y las colocó exactamente a la altura de su miembro, para, segundos después, enterrarse profundamente en su interior.

Un grito escapó de ambos, el placer exquisito. Las acometidas empezaron de manera lenta para convertirse en salvajes. Estaban haciendo el amor en la sala, Sasuke sostenía todo su peso mientras ella estaba recargada contra una pared, a su merced. Se sentía bien.

El calor aumentó, así como la humedad y la estrechez, haciéndole difícil, a Sasuke, moverse en el interior de Sakura.

Las pequeñas manos de la escritora dejaban marcas rojas en la espalda de su amante, sobrecargada como se encontraba, solamente podía apretar los hombros de quien le brindaba aquellas sensaciones y enterrar sus uñas en aquellos amplios hombros.

El fin estaba cerca, ambos lo sabían, las embestidas aumentaron de velocidad y las caderas de Sakura acompañaron, con gusto, los furiosos movimientos del cuerpo masculino.

El orgasmo llegó, arqueando el cuerpo de la mujer y arrancándole un gritó de satisfacción, provocando que Sasuke derramara su esencia dentro de Sakura a quien sostenía entre sus brazos y de la cual era adicto. El éxtasis envió a Sakura al paraíso. Las respiraciones pesadas, el ritmo cardiaco acelerado, el aire hacía mucha falta.

Una vez bajaron de la cima, Sasuke posó a Sakura de pie en el suelo, las piernas de la escritora parecían de chicle, no podía cargar con su propio peso. Sasuke la abrazó con fuerza y besó sus labios con ternura. Sakura le correspondió, cerrando los ojos, abandonándose a la dulce caricia, permitiendo a su lengua batallar contra la de él.

El deseo, siempre presente, se prendió otra vez, convirtiendo el beso en algo pasional y salvaje. No importaba que acabaran de hacer el amor, ellos querían más. Esta vez, guiados por Sakura, se dirigieron al dormitorio. Con los orbes brillantes de invitación, lo miró a la cara, pidiéndole que la siguiera. Así lo hizo. De todas maneras, él no se iría.

Caminó detrás de ella, cerrando la puerta al entrar en la habitación. El lugar estaba semi-iluminado, la cama parecía lo ideal para una noche completa de apasionamiento. Era lo suficientemente grande, también.


Después de hacer el amor, se encontraban abrazados en medio de la enorme cama, él le acariciaba la espalda y las mejillas. Ella, a gusto con los mimos que le prodigaban, mantenía los ojos cerrados.

Esa madrugada, mientras Sakura simulaba dormir escuchó, como en un pequeño susurro casi imperceptible, la confesión tan esperada. "Te amo", pronunciaron los labios de Uchiha hacia la belleza, que creía durmiendo, entre sus brazos.

El corazón de Sakura saltó de alegría y felicidad. Emociones jamás sentidas penetraron en su cuerpo. Si antes dudaba que Sasuke sintiera algo más por ella que lujuria, ahora podía corroborarlo. Sintió unas profundas ganas de llorar y algo cálido se instaló en lo profundo de su pecho, llegándole hasta lo más hondo del alma, un sentimiento nunca antes experimentado. La ternura y sinceridad en su voz la hicieron sentir querida, la llenaron de un gozo inmenso.

Alguna vez escuchó esa palabra siendo pronunciada para ella, pero no había producido aquellos efectos en su cuerpo, años atrás lo sentido fue totalmente diferente a la experiencia de esta ocasión.

Sentía a su corazón fundirse, cambiar de forma, mutar, dándole paso a algo nuevo y totalmente diferente; algo inexplicable pero completamente real:

Su amor por el hombre de ojos atrapantes se profundizó expandiéndose por todo su sistema, no sólo el centro de su pecho se llenaba de él sino cada miembro de su cuerpo y cada célula que formaba parte de su composición, se vio repleta de aquello que pasaba en su interior.

Aquello se asemejaba a un volcán haciendo erupción. La lava viajando por todo el interior de una gran montaña, recorriéndola con rapidez y precisión, buscando la salida hacia la superficie.

La sensación encontró el camino y brotó por cada uno de sus poros…


Se despertó, cuando el cielo empezaba a iluminarse claro síntoma de que el sol estaba ascendiendo, sintiendo un extraño peso en la cintura. A pesar de la época fría y estar solamente cubierta con una sábana de color rojo muy delgada, sentía la piel calientita.

Al parecer a un lado tenía una fuente de calor manteniéndola cómoda. Abrió sus ojos con lentitud. Al hacerlo pudo enfocar la figura acostada a su lado, misma que la mantenía presa con un fuerte agarre. Hasta dormido, Sasuke era posesivo con ella. Sonrió interiormente, a pesar de ser algo sumamente retrogrado, le gustaba sentirse tan querida y protegida. La posesión hacia ella, lo reconocía, se trataba de un hombre cuidadoso de lo suyo y afanoso en protegerlo a toda costa.

Trató de deshacer su férreo agarre, sin conseguirlo. Lo escuchó murmurar entre sueños y, entonces, el abrazó se hizo más fuerte, como de hierro, dejándola aprisionada entre sus dos fuertes brazos.

No es que se quejara de estar entre ellos, pero se tenía que levantar para ir a reportarse con su editora y Sasuke, suponía Sakura, debía de irse a trabajar. Después de todo era lunes.

Maldita sea, pensó, ojalá fuera fin de semana, así no tendría la obligación de levantarse y apartarse de tan reconfortante lugar, haría el amor con Sasuke de nuevo y pasarían la tarde charlando o utilizando más lugares de su departamento para desbordar pasión.

Se reprochó mentalmente por estarse convirtiendo en una pervertida, pero es que, viendo a Sasuke desnudo, tenerlo pegado a ella, no hacía sino despertarle la libido.

Sonrió con picardía, en ese instante se le ocurrían muchas cosas para disfrutar con Sasuke. Volteó a ver el reloj de la mesita de noche, era demasiado temprano, apenas las siete, tal vez tendría oportunidad de repetir lo ocurrido en la sala la tarde anterior.

Sin afán de levantarse, se arrimó más a la exquisita fuente calórica y se acurrucó acomodándose mejor, apoyando la cabeza en su pecho. Cerró los ojos con toda la intención de seguir durmiendo, sin embargo, no pudo, oyó como el timbre sonaba insistentemente. Molesta por la interrupción al querer prolongar su descanso, trató de pararse de la cama sin resultado alguno.

Suspiró risueña, tendría que despertar a Sasuke. Así que, se acercó a su oído, empezó a susurrarle haciendo que cada vello en el cuerpo de Sasuke se erizara.

Un gruñido, más parecido a un gemido, escapó de sus suculentos labios mientras sus profundos y hermosos pozos de ónix se abrían paulatinamente.

Lo primero que hizo, al despertar por completo, fue besar los labios de Sakura. Un beso tierno y amoroso, sin demanda ni pasión, simplemente una caricia para darle los buenos días. Uno de esos besos que, aun sin estar cargado de fuego, hacían que Sakura se derritiera por completo.

Para Sasuke, no existía mejor manera de ser despertado que por su diosa. Le agradaba el pensamiento de despertar todos los días y repetir el mismo ritual. Era innegable que jamás se cansaría de besar esos labios. De saborear todo aquello brindado solamente por Sakura, por llenarse de su aroma tan característico y dulce, le encantaba poder ser capaz de tocar la suavidad de su piel.

Se alejó de los labios de su amada para mirarla directo a los ojos, tratando de leer todos sus secretos, encontrando lo que siempre deseó y nunca quiso poner en palabras. Amor.

Con solo ver sus hermosas esmeraldas, podía verlo ahí, su corazón palpitaba con mayor ímpetu. Pero, no eran únicamente los ojos de Sakura los que gritaban la dulce palabra, estaba seguro que su mirada también lo decía. Se lo decían a ella, con una muda respuesta, por vez primera permitiéndose transmitir esa clase de sentimiento hacia alguien. Y no se arrepentía de ello: de haberle dado el corazón totalmente.

Compartían un momento especial para ambos. El estar juntos, de por sí, era el placer más exquisito existente en el planeta.

Las miradas encontradas, dando un vistazo al alma del otro, los labios a unos cuantos centímetros de juntarse…

Y, el timbre sonó otra vez, apartando la romántica atmósfera que los rodeaba. Haciéndolos preguntarse quién sería el intruso que, sin saberlo, había ido a robarles eso momento, quien se entrometía haciendo desaparecer toda la magia creada, en donde estaban inmersos, la magia que compartían al estar juntos…

Fastidiada por la interrupción, Sakura se levantó de la cama, buscó una bata para cubrir su desnudez, y encaminó sus pasos a abrir la puerta a quien sea que fuere. No tenía ganas de hacerlo, de abrirle la puerta a quien no esperaba, pero no le quedaba de otra. Seguramente, si no lo hacía, de no abrirle, continuaría irrumpiendo la paz y tranquilidad de su departamento, y estropearía su mañana con Sasuke.

Sakura decidió aprovechar el tiempo con Sasuke hasta el máximo. Pero, ella no sabía, su mundo estaba a segundos de cambiar del amor y la tranquilidad a la duda e incertidumbre.

A paso lento se aproximó a su objetivo: la puerta de entrada al departamento, para, por fin, callar el fastidioso sonido del timbre al ser tocado con tanta asiduidad.

Tomó el pomo entre sus manos, lista para despachar al indeseado invitado, con un pequeño discurso preparado para correrlo educadamente. Cuando, al abrir la puerta, de repente las palabras fueron borradas de su mente, llenándola de confusión y una extraña sensación familiar.

De todas las personas que hubiera esperado que estuvieran paradas en su puerta de entrada, él era el único a quien no imaginaba.

Parado, ahí, justo frente a ella, se encontraba su amor del pasado. El hombre a quien amó siendo todavía una niña. El joven a quien dio su corazón, amándolo en su adolescencia y parte de su juventud. Su amor siendo correspondido con un sangrante corazón y sus alas mutiladas y rotas.

El color se fue de su adorable rostro. Sakura se encontraba blanca como el papel. La cabeza le dio vueltas; parpadeó varias veces creyéndolo una ilusión, esperando que desapareciera así como apareció de nuevo.

Sin embargo, para su desgracia, él no se esfumó, no era una alucinación, sino de carne y hueso, era completamente real.

Habían pasado muchos años ya. Diez, sino mal recordaba. Le dolió darse cuenta cuanto le afectaba todavía. Aun después de todo ese tiempo, sintió a su corazón saltar, aunque no estaba segura si de emoción o de sufrimiento.

Ahí estaba, mirándola, examinándola. En toda su gloria, más guapo de lo que pudiera recordar.

Los ojos negros, profundos y brillantes, transmitiendo mucha emoción. La nariz aquilina, los labios perfectos y delgados. Los hombros anchos bien formados; un cuerpo esculpido y alto. La piel blanca.

Se quedó paralizada y sin habla. Sai. Él era Sai Higurasagua. Su antiguo ex novio.

No se pudo mover a pesar de conocer las intenciones del hombre frente a ella.

Sai se acercó y la abrazó. La apretó contra su cuerpo, haciéndolo reaccionar, provocando que las manos de la de pelo rosado lo rodearan, sin ella quererlo.

—Me extrañaste. — Preguntó el hombre cerca de su oído.

—Yo…si, no, yo…— Sakura, no salía del asombro de verlo, no obstante.

—Bueno, pues, yo sí. Y mucho, no sabes cuánto, pequeña.

—…. — Sakura no contestó, en ese momento tenía un conflicto interno, esa palabra, más bien, el apodo con el cual solía llamarla evocó viejos recuerdos en su mente, recuerdos en donde la presencia de Sai era importante para ella.

—No sabes cuantas ganas tenía de verte de nuevo, de oler tu perfume. —Se acercó al cuello de la mujer y aspiró su olor. —De verte, de acariciarte. —Terminó de decir mientras pasaba las manos por los brazos de la mujer. Provocando al vello a erizarse.

Estaba confundida. Sai evocaba cosas en su cuerpo. Cosas que creía extintas, muertas para siempre, reemplazadas por las sensaciones brindadas por la sola presencia de Sasuke Uchiha.

—Te extrañé como no tienes una idea. Me alegra el haber vuelto. Vine para quedarme y, esta vez, no desaprovecharé la oportunidad de tenerte a mi lado. — Tomó la mano izquierda de la mujer con una de sus blancas manos, para analizarla. — No llevas sortija, así que no eres casada y tampoco estás comprometida, eso me alivia. Espero me des la oportunidad de poder reconquistarte y resarcir el daño que te causé con mi partida. Espero no me odies, pequeña. Sabes, los diez años que me alejé, no fueron suficientes para olvidarme de ti, cruzaste constantemente por mi mente. No cometeré el mismo error, no me alejaré de ti, no, ahora será diferente. Ahora nadie me manipula y nadie me dice lo que tengo o no tengo que hacer. Solamente son mis decisiones y, por supuesto, la decisión tuya de darme oportunidad para estar a tu lado. — Dijo con una voz suave y atrapante. El corazón de Sakura caminó rápidamente.

Aquellas palabras la dejaron aturdida. Estaba feliz de escucharlo decir que había sido una equivocación el dejarla de aquella manera. Al parecer los años le sentaron bien a Sai, lo hicieron madurar.

Sin quererlo una sonrisa se formó en su rostro, pero la confusión golpeó duro. ¿No se supone que ella amaba a Sasuke? Entonces, ¿Por qué estaba tan feliz de que Sai le estuviera diciendo todo eso?

La cabeza le daba vueltas. Los viejos sentimientos entraron en contacto con los más recientes, causando un caos en su interior. La noche anterior, creía fielmente amar a Sasuke con toda el alma, la vida era perfecta, un amor que no cabía en su pecho del enorme tamaño que tenía, eso era su sentir.

Pero, en ese instante, escuchar a Sai decir todo eso, las viejas heridas se abrieron, sangrando de nuevo. Causándole dolor y felicidad al mismo tiempo. ¿Verdaderamente seguía sintiendo algo por él? Y ¿Qué con Sasuke? Amaba a Sasuke ¿o, no?

Sakura salió de su estupor, enojada consigo misma por la estúpida reacción de su cuerpo. Creía haberse olvidado de él, no, ella estaba completamente segura que lo había olvidado, entonces, ¿Por qué su mente dudaba? ¿Acaso seguía sintiendo algo por Sai, después de tanto tiempo?


Sasuke estaba recostado en la enorme cama en la espera de la llegada de su amor. Parecían una eternidad los cinco minutos que Sakura llevaba fuera de la habitación.

Sin ganas de seguir esperando más, se puso sus pantalones y salió al encuentro de la mujer de ojos como el más precioso jade.

Caminó por el pasillo hacia la sala, donde sabía que estaría. Pero, antes de pisar la sala, se detuvo en seco. La escena delante de sus ojos lo paralizó. Un tipo estaba abrazando a su Sakura mientras ella le devolvía el gesto. Las entrañas le hirvieron del coraje y los celos.

Trató de serenarse, tal vez era un primo o un amigo de ella, no podía simplemente presentarse en la sala y golpear al pobre imbécil, no, Sakura se enojaría si actuara de aquella manera.

Estaba a punto de continuar con su camino cuando la voz del otro hombre se hizo presente.

No debía escuchar aquella conversación, lo sabía, era incorrecto, sin embargo, no pudo evitar quedarse y oír a hurtadillas lo que acontecía en el salón principal del departamento.

—Me extrañaste. — Oyó como el hombre le preguntaba muy cerca del oído, cosa que no le gusto, eso no hizo sino aumentar sus ganas de partirle la cara.

—Yo…si, no, yo…— Sakura, parecía asombrada. Confundida, también. Eso era raro.

—Bueno, pues, yo sí. Y mucho, no sabes cuánto, pequeña.

—… — Sasuke estaba al pendiente de las reacciones de la mujer de cabello color rosa, parecía incomoda y confundida. Pero, ¿Por qué?, interrogantes aparecían en el cerebro de Sasuke mientras la conversación entre aquellos dos se prolongaba. Aunque, más que conversación, parecía un monólogo del hombre pelinegro parado frente a Sakura.

—No sabes cuantas ganas tenía de verte de nuevo, de oler tu perfume. — No le gustó la acción de aquel tipo, cómo se atrevía a oler a su mujer. Los celos empezaban a ganar terreno conforme se daba cuenta de a donde llevaban las palabras del extraño. — De verte, de acariciarte. — Sasuke, tenía ganas de matarlo por tal atrevimiento, por posar sus asquerosas manos sobre ella. Sin embargo, lo que más le enojaba era, sin duda, que Sakura no parecía disgustarse por que el idiota ese la tocara. Su corazón punzó, un pequeño dolor se instaló en el al presenciar aquello.

—Te extrañé como no tienes una idea. Me alegra el haber vuelto. Vine para quedarme y, esta vez, no desaprovecharé la oportunidad de tenerte a mi lado. — Lo vio tomar la mano izquierda de Haruno con una de las suyas, para analizarla. —No llevas sortija, así que no eres casada y tampoco estás comprometida, eso me alivia. Espero que me des la oportunidad de poder reconquistarte y resarcir el daño que te causé con mi partida. Espero no me odies, pequeña. Sabes, los diez años que me alejé, no fueron suficientes para olvidarme de ti, cruzaste constantemente por mi mente. No cometeré el mismo error, no me alejaré de ti, no, ahora será diferente. Ahora nadie me manipula y nadie me dice lo que tengo o no tengo que hacer. Solamente son mis decisiones y, por supuesto, la decisión tuya de darme chanza para estar a tu lado. —

Las últimas palabras del hombre lo enfurecieron. Sakura parecía feliz, incluso sonrió ante lo dicho, el dolor en su pecho se agudizó. ¿Acaso Sakura se había burlado de él? ¿Jugaba, con él y con sus sentimientos?

El verla indecisa y sin palabra alguna incitó a aquel malestar de nuevo. La confusión era genuina en el hermoso rostro de Sakura Haruno. El corazón de Sasuke se agitó al ver a su amada escritora con confusión en el rostro y devolviéndole el abrazo al tipo ese. ¿No se suponía que tenía una relación con él?

Sasuke estaba parado en el corredor contiguo a la habitación de Sakura. Solamente con sus pantalones puestos. Los puños apretados hasta volverse blancos, el dolor creciendo en su pecho. Los celos salieron a flote otra vez, tan poderosos, con renovada fuerza, era casi doloroso.

No le gustaba nada.

Sasuke caminó de regreso a la habitación de donde había salido, con premura tomó su camisa y saco colocándolos en su correspondiente lugar. Quería salir de ahí antes de hacer alguna locura, ya hablaría con Sakura cuando se calmara lo suficiente.

Regresó a la sala, pero ahora, se aclaró la garganta denotando su presencia. Haciendo que Sakura deshiciera el abrazo de Sai.

—Sasuke… — Los labios de la escritora dejaron salir el nombre de su amor, ¿O no lo era?

— ¿Qué pasa Sakura? —Su voz era aguda, afilada, incluso. — ¿Quién es este tipo? — La pregunta salió en un gruñido.

— ¿Qué quién soy yo?, ¿Quién eres tú mejor dicho?, ¿Qué diablos haces en el departamento de mi querida Sakura? —

— ¿Acaso no le has dicho, Sakura? — Sonrió con sorna, adelantándose a sus palabras. — Soy Sasuke Uchiha, el novio de Sakura, mucho gusto. —Terminó de decir extendiendo su mano para saludarlo. Más bien lo que quería era poner las manos alrededor del cuello del sujeto y apretarlas, ver como su rostro cambiaba de color, hasta que muriera por la asfixia.

— ¿Es tú novio? —Momentos antes se creía victorioso por las reacciones de Sakura ante su presencia. — ¿Es verdad? — Preguntó sin creerlo.

— ¿Si? —Primer error de la mujer. Dudar de la relación que tenía con Sasuke, que, aunque reciente, tenía nombre y ella aceptó formar parte de ella.

Tantas cosas en su cabeza, sentimientos y emociones diferentes, y a favor de dos hombres diferentes. Aquello era verdad, ella era novia de Sasuke. Entonces, ¿Por qué la duda en su afirmación?

— ¿Acaso he dicho alguna mentira? — Preguntó con la voz fría y firme. No podía flaquear, no quería que se dieran cuenta de lo mucho que eso le afectaba, tenía su orgullo y le gustaba mantenerlo, al menos, frente a otro hombre.

—…— Ella no contestó. El tono en que Sasuke pronunció su pregunta la heló. No recordaba haberlo escuchado de esa manera: tan distante y tan serio, cuando siempre se comportaba amable, tierno y amoroso. Entonces, cayó en cuenta de una cosa, la incertidumbre en su voz lo había herido, haciéndola sentir culpable. Sasuke no tenía por qué pasar por esto. Él siempre se había portado bien con ella. Y ella le pagaba de esta manera: lastimándolo.

—Dime Sakura, ¿Qué sientes por mí? — La pregunta fue como un balde de agua fría.

No podía contestarla en ese momento. Aunque quisiera, le era imposible. El remolino amorfo de emociones que arrasaba en su interior se lo impedía. El maldito torbellino era demasiado potente para poderlo calmar en aquel instante y darle una respuesta.

Sasuke sintió como si un pequeño y filoso tempano de hielo le penetraba la carne, directo al corazón y, de paso, hacia su alma.

¿Por qué no me contesta?, se preguntó.

El que calla otorga. Y, Sakura, le daba a entender la inexistencia de sentimientos hacia él de manera implícita. Dolido, era la palabra para describir como se sentía en ese instante.

Ella siguió sin responder. Eso le rompió el corazón.

— ¿Te retractas? ¿Deseas romper la relación que tenemos? — La voz de Sasuke sonó cruda, como una bella sinfonía pero rota y desmembrada.

—…— De nuevo, no fue capaz de contestarle. Su corazón empezaba a sangrar, de tantos gritos, pidiéndole fervientemente no la abandonara. Pero, ¿Se lo pedía a Sasuke o a Sai? Verdaderamente, no lo sabía.

—Es obvio que sí, sabes, está bien, si eso es lo que deseas. Yo me voy. No los detengo más. — Dijo para empezar su avance hacia la puerta. Quería salir de ese maldito lugar.

—No, Sasuke espera. No es así… — El pánico empezaba a fluir, como una cascada en su interior. Quería decir muchas cosas pero se vio interrumpida por él. —Yo solamente necesito pensar. — Pidió con los ojos anegados en lágrimas.

—Qué, ¿Necesitas tiempo para pensar?, pero eso no pasaba hace unas cuantas horas, ¿Verdad, Sakura? — Espetó con sarcasmo y veneno. — No entiendo que te sucede. Mira, Sakura, es obvio que la llegada de este tipo te afectó en demasía y yo no tengo tiempo para juegos… — Suspiró. — Es mejor dejarlo así, por ahora. Adiós. — Argumentó, viéndola a la cara, con el rostro en una mueca de tristeza.

Lágrimas corrieron por el rostro de la mujer. Quería detenerlo, debía detenerlo, pero no pudo. Simplemente, no encontró la voz y su cerebro estaba en un gran desconcierto, las palabras se rehusaron a salir por su boca. Sólo pudo verlo mientras se marchaba, dando por terminada la relación que tenían desde hacía unas semanas.

De pronto aquellas semanas habían sido como años para Sakura. Le escocía el alma y sentía que había perdido algo sumamente valioso. De hecho, se dio cuenta, Sasuke era alguien muy valioso para ella.

Todo era culpa de Sai, ¿O no?

—Sakura… — Al parecer el pelinegro se dio por enterado del enredo que causó su simple presencia, pero, en vez de hacerle sentir culpabilidad, pudo ver cómo le afecta a Sakura y la oportunidad que se le presentaba. Tal vez no todo estaba perdido, después de todo.

—Vete… Vete, Sai, lárgate. — Lo echó del lugar con un grito ahogado y brusco, no se iba a derrumbar enfrente de él, quería estar sola para tirarse a llorar.

Y, Sai, obediente, caminó hacia la puerta. No sin antes añadir:

—Tenlo por seguro: no me rendiré, Sakura. Yo te quiero y sé que tú me quieres. — Se acercó de nuevo a ella y le dio una pequeña tarjeta. — Llámame cuando estés lista.


Un agradecimiento a todos los que leen este fic, el siguiente es el último capítulo. Espero que el final no los decepcione.

¿Sasuke o Sai? ¿Con quién se quedará Sakura?, ¿Quién sabe?, todo puede suceder.

¡Saludos!

Karly666-chan