Hola a todo el mundo!!! Hoy cuelgo un capítulo más corto, y como puede que os deje mal sabor de boca, colgaré el próximo en menos de una semana, para compensar ^^ y no olvidéis ese famoso dicho que dice "las cosas de palacio, van despacio" jajajaja
Mil gracias a todos los que me leéis y en especial a quienes dejáis review: aymee cm, magy, nena weasley granger, Skinniy, Ultravioleta, barlow!, danielaweasley, Daniels-Delirious19, Ainhochu y Nefer W.
magy: paciencia! que todo llega, y lo mejor siempre se hace esperar jajaja, gracias por lo de bello ^^. Besicos!
barlow!: ¿la leíste en una tarde? jajaja menudo atracón XD... gracias por felicitarme, me alegro que te guste y te parezca original ^^ ah!, eres la primera persona que me nombra el poster XD ¿te gustó?, no le dediqué mucho pero creo que quedó graciosete :D
Y ahora a leer... Hermione tiene que aceptar nuevos cambios en su vida, pobre mujer, que paciencia tiene jajajaja.
Capítulo 11. Mudanza
Por fin podía regresar a casa, quitarse la ropa, darse un baño caliente y olvidarse de toda la farándula durante un rato. Hermione viajaba en el mercedes, con la cabeza apoyada en el asiento y los ojos cerrados.
—¿Cómo le fue todo, señorita Granger? —preguntó cordialmente Sirius Black.
—Bueno… digamos que hubo de todo un poco. —Sonrió al recordar.
—Esa sonrisa me dice que no fue tan mal… pero había mucha gente ¿verdad?, yo estuve en la entrada de palacio, controlando la llegada de los invitados.
—Sí, muchísima, conocí a muchas personas y algunas me cayeron genial, otras… mejor no hablar de ellas…
—¿Malfoy?
—¡Sí! —exclamó sorprendida— ¿Cómo lo supiste?
—Lo saludé cuando llegó… no me gusta ese muchacho, ni sus padres tampoco, pero se llevan bien con sus majestades —Hermione miraba los ojos grises de Black reflejados en el retrovisor, no quería perder detalle—. Así que prefiero no hablar mal de los duques de Wellington ni de su hijo.
La castaña no pudo esconder una mueca de decepción, habría querido que el moreno continuase. No lo había pensado hasta ese momento, pero… esa noche se había vuelto muy cotilla, sin embargo, lo veía justificado, era natural que quisiera saber cuanto más mejor de la gente con la que tendría que tratar el próximo año. Hermione Granger no era una cotilla, sólo se trataba de… curiosidad justificada. Sonrió satisfecha con su pensamiento, acomodándose más en el amplio y cómodo asiento.
Al llegar a la puerta de su propiedad, se encontró de nuevo la legión de periodistas ansiosos de echar fotografías y freírla a preguntas. Hermione tomó aire con fuerza y lo expulsó, buscando sosiego interior.
—Suerte, señorita Granger. —Le guiñó un ojo.
—Gracias Sirius. —Qué encantador era aquel hombre.
Apenas puso uno de sus pies en la acera, y más de seis personas se agolparon en torno a ella. Empezó a escuchar frases venidas de todas direcciones, los flashes la cegaban y aturdían. "¿Qué tal fue su primer baile, señorita Granger?", "¿ha conocido a la aristocracia inglesa?", "¿ya se siente una más de los Weasley?"…
John Granger apareció en la puerta, corriendo hacia su hija, para rescatarla de la turba.
Hermione no era capaz de contestar más allá de tres palabras "todo fue bien", y los periodistas no estaban satisfechos con eso.
—Por favor, déjenla respirar. —La rodeaba con sus brazos para darle un poco de espacio.
La castaña sólo quería alcanzar la entrada de su casa, recuperar la tranquilidad, no pensaba decir nada más a los medios, si quiera dedicarles una sonrisa más, pero una pregunta distinta a las anteriores llamó su atención sobremanera.
—¿Quién es su estilista, señorita Granger?
Hermione se volvió hacia la autora de tales palabras con gesto severo, pero la vorágine de luces y voces le impidió dar con ella, y su padre ya abría la puerta para escapar de aquellos perros de presa.
Amaneció un viernes bastante soleado, cosa que se agradecía en Londres. Emily Granger había pedido a una vecina que le acercara la prensa, sabía que hablarían del baile en Buckingham y de su hija. Cuando Hermione bajó, todavía en pijama y frotándose los ojos, la esperaba un tazón de chocolate caliente en la mesa.
Crookshanks se restregó maullando por sus piernas, para saludarla, la castaña lo acarició suavemente y se sentó en la mesa.
—¿Chocolate?, ¿ha pasado algo, mamá?
—¿Por qué dices eso, cariño? —dijo disimulando.
El felino las observaba desde su canastilla, con gesto de estar pensando "que complicados son los humanos, no se aclaran ni entre ellos"
—Porque sólo desayunamos chocolate caliente cuando queremos animarnos, y yo estoy bien, así que debe ser algo que se me escapa.
—Ay, qué lista es mi niña… pero qué mal se viste.
—¿Eh? —La miraba atónita, mientras su madre exponía sobre la mesa la prensa del día.
Las portadas de las revistas del corazón y algunos periódicos, entre ellos el Gossip News, se hacían eco del evento acontecido la noche anterior, el baile en el que Hermione Granger había sido presentada oficialmente como novia del príncipe heredero. Hasta aquí todo era normal, pero el quid de la cuestión estaba en los titulares, en las palabras dedicadas a Hermione.
"El príncipe brilló con su siempre atractiva planta, su novia apenas llegó a encenderse", "El príncipe Ron estuvo impresionante, luciendo uno de sus trajes militares, Hermione Granger estuvo… correcta, aunque eso sí, muy educada con todos los presentes", "¿Ayudarán a Granger con su estilismo, ahora que formará parte de los Weasley?"
—¡¿Pero qué es esto?! —bramó indignada.
—Es la vida real, Hermione… ya os dije que todo lo que hagas importa, y todo lo que te pongas también... —La miraba con cierta compasión, su hija odiaba era mirada, odiaba dar lástima.
—Uf… no me mires así mamá… ya me di cuenta anoche que no iba demasiado apropiada, maldita sea.
—Entonces… ¿ves que es importante la ropa que llevas?, necesitas renovar tu armario hija, yo estaré encantada de acompañarte, y Katie no digamos jajaja. —Miró la maraña de castaños bucles de su hija— Y tendremos que hacer algo también con ese pelo.
—Eres la leche, mamá… pero tú ganas, iremos de compras, porque no pienso permitir que me humillen así otra vez, qué vergüenza.
—Al menos dijeron que fuiste educada.
—Sí, un espantajo educado —contestó con sorna.
—Podríamos ir hoy… pero tendremos que atravesar el campo enemigo. —Terminó la frase asomándose discretamente por la ventana, allí seguía un grupo de periodistas.
—Van a acabar conmigo, en serio… —Agachó la cabeza, sosteniendo su frente con las manos.
Pero ese viernes, madre e hija no irían de compras, una llamada desde palacio cambió las tareas del día. Los reyes y Snape habían estado meditando el asunto, Hermione Granger no podía seguir viviendo como una chica normal, porque había dejado de serlo. La avalancha de periodistas y fotógrafos que la seguían a todas partes y se apostaban en la entrada de su casa sólo traería problemas, pero era algo contra lo que no podían luchar desde la distancia. Así que decidieron que lo mejor para todos era el traslado inmediato de la muchacha a Clarence House, una de las residencias reales, ahora mismo desocupada. Clarence House estaba muy cerca del palacio de Buckingham, de manera que el contacto con los reyes sería continuo. Snape se comunicó con los Granger poco antes del mediodía. Les explicó que era la mejor opción para poder tener a Hermione controlada y protegida por los guardaespaldas personales del príncipe, pues él también se trasladaría allí. Tener a Granger lejos y doblar la seguridad era una medida absurda para palacio, pudiendo cubrir las necesidades con los hombres que tenían ya trabajando.
A principio la castaña no quiso aceptar algo así, era demasiado convivir con Ron en la misma casa, por enorme que ésta fuera. Pero sus padres la ayudaron a ver la realidad, la prensa era demasiado molesta y ella misma se había quejado sin parar. Además estaba el tema de la seguridad, nunca se lo había planteado antes, pero ahora que era tan famosa, se convertía en un posible objetivo para secuestradores, agresores y demás indeseables, necesitaba protección, ¿y quién mejor que aquellos que protegían al mismísimo príncipe?, ¿eso quería decir que Sirius la cuidaría?, la idea la hizo sonreír encantada.
Después de comer, Hermione recogió lo indispensable en dos maletas, ropa, neceser, su portátil… se despidió de sus padres y subió al mercedes que la llevaría a su nuevo hogar, o lo que fuera a ser aquello. No podía evitar sentirse incómoda, había pasado semanas sin sus padres en algunas vacaciones, pero alojándose con amigos, no con un príncipe arrogante e intratable.
—Estoy muy contento de que venga a vivir con nosotros, señorita Granger, ya verá como le gusta Clarence House, es una casa preciosa.
—Seguro que sí. —Pero su mente no lo veía todo tan fácil ni agradable. Su sonrisa era puramente de cortesía.
El vehículo atravesó una verja metálica, y se detuvo delante de una puerta negra de doble hoja, custodiada por un guardia real que vestía el traje típico rojo y negro.
—Hemos llegado.
Sirius aparcó en la entrada de la casa, que estaba cubierta y enmarcada con columnas. Salió del coche, abrió el maletero, sacó el equipaje de Hermione y lo depositó en el suelo, entonces se acercó hasta su puerta y se la abrió.
—Bienvenida a Clarence House.
La castaña sonrió para agradecer el gesto caballeroso del moreno, y pronto sus ojos dieron con otro moreno, pero mucho menos simpático, Severus Snape.
—Bienvenida, señorita Granger… ya nos han informado de que sus padres vendrán más tarde con sus cosas, sígame por favor. —Se dio la vuelta y echó a andar hacia el interior de la gran casa.
En el vestíbulo se encontraba todo el servicio, colocados en fila para darle la bienvenida, se presentaron y ella trató de memorizar sus nombres. Después Snape la condujo a una de las estancias de la planta baja, allí estaba Sirius Black, acompañado de otro hombre.
—Ésta y otras cuatro estancias las utilizamos para los compromisos oficiales, y durante el verano las abrimos al público, pero su vida se desarrollará en las plantas superiores —Hermione lo miraba con atención, conociéndolo ya como lo conocía, no sería de su agrado repetirle las cosas si no las cogía la primera vez—, le hemos habilitado unas habitaciones en la planta segunda, su alteza el príncipe se aloja en la planta primera, lo vimos más adecuado, para otorgarle un poco de intimidad.
—Le agradezco el gesto. —dijo sinceramente— "al menos no tendré que cruzármelo por los pasillos cada dos por tres".
—A partir de hoy, los guardaespaldas personales del príncipe se ocuparán también de su seguridad, a Sirius Black ya lo conoce… y él es Remus Lupin.
El hombre que acompañaba a Black en silencio dio dos pasos al frente, era de cabello corto y castaño, estatura menor que su compañero y un aspecto menos imponente, pero si cuidaba de Ron debía ser bueno en lo suyo.
—A su servicio, señorita Granger. —Le hizo una reverencia con la cabeza, los brazos rectos pegados al cuerpo. Ella le sonrió e inclinó ligeramente la cabeza.
Se sentía un poco abrumada por todos los cambios, pero así era su vida ahora, una continua sorpresa.
Snape se puso a conversar con una chica del servicio, mientras Black y Lupin hablaban con Hermione.
—Yo también estoy al corriente de la situación, señorita Granger, y haré todo cuanto esté en mi mano para protegerla y cuidar de su reputación.
—Remus siempre tan cortés y tan educadito.
—Y tú siempre tomándote demasiadas confianzas, Sirius. —El hombre se acaloró un poco.
Saltaba a la vista que ambos se conocían bien y parecían complementarse a la perfección, el ímpetu de Black y la diplomacia de Lupin.
—No se asuste, no la seguiremos hasta la puerta del baño, por la casa podrá moverse con libertad, pero cuando tenga que salir de aquí, uno de nosotros la acompañará siempre.
—Eso me tranquiliza, ya me pensaba que tendría que preocuparme de mi indumentaria a cada minuto jajaja —bromeó la castaña.
—¿Ves Remus?, te dije que Granger era una chica encantadora.
—Por una vez estoy de acuerdo contigo Black, nada que ver con otras como Lavender Brown.
Hermione frunció el ceño, ¿quién era esa Lavender Brown? Nunca había oído hablar de ella, ni tampoco recordaba haberla conocido en el baile de palacio. Debía ser una de tantas amantes del príncipe.
—Veo que ha congeniado bien con sus guardaespaldas…
—Sí, la verdad es que… —Pero Snape la interrumpió.
—Bueno, algo importante antes de instalarse, señorita Granger… pegado a Clarence House está el palacio de San James, residencia del príncipe David y sus hijos, los príncipes gemelos. Desconocen todo esto, y así debe seguir siendo, le aconsejo que no baje la guardia, cada vez que ellos estén aquí, usted y su alteza deberán comportarse como una pareja… feliz.
—Pero… eso es peligroso, nos pueden descubrir estando tan cerca.
—Ah y ambas casas comparten los jardines —añadió sin mostrar la más leve alteración.
—¿Cómo?, pero… nos descubrirán, a menos que no dejemos de fingir.
—No sea tan dramática —escupió algo molesto, él nunca perdía la calma y le irritaba la gente que lo hacía—, deberá fingir en su presencia o fuera de la casa, nada más, cuando esté en sus habitaciones nadie la molestará.
Pero la cara de Hermione permanecía descompuesta.
—Tómelo como un entrenamiento, le hará más fácil actuar ante el público en general.
"Sí, seguro que me conviene y todo… joder, que mala suerte tengo, esto es la boca del lobo" se lamentó para sus adentros.
Los Granger llegaron a Clarence House por la tarde, cargados con varias cajas y maletas para su hija. Hermione los recibió en sus habitaciones, llegaron guiados por el servicio, que los acompañaba cargando el equipaje. Tenía a su disposición una estancia que acondicionaría como estudio, una salita de estar, un dormitorio, un vestidor y un gran baño.
—Esto es precioso, cuanto lujo cariño —exclamaba Emily Granger deslumbrada.
—Sí, pero un poco recargado para mi gusto —añadió John Granger.
—Aquí quiero instalar mi estudio, así que los libros irán en esas estanterías.
La castaña empezó a desembalar sus libros y apuntes, mientras su padre observaba los exquisitos muebles y su madre recogía una caja más pequeña del suelo.
—Mira quien ha venido a desearte buena suerte. —La caja era en realidad un porta gatos.
Crookshanks salió con su porte elegante, y avanzó hasta su joven dueña, que dejó los libros en la caja y lo recogió del suelo.
—Pequeño bribón, te voy a echar tanto de menos. —El gato la miraba maullando, como si quisiera contestarle.
—He pensado que igual te dejan tenerlo aquí. Es muy limpio y sólo araña su tronquito.
—Ay me encantaría, me haría esto más llevadero, se lo preguntaré a Snape antes de que os vayáis.
Hubo suerte, se produjo un milagro, o al buen hombre le dio una enajenación mental, porque le permitió quedarse a Crookshanks en sus habitaciones, eso sí, siempre que no bajará de la segunda planta. Y por supuesto, alimentarlo era cosa suya, porque el servicio ya tenía bastante trabajo con llevar la casa. Hermione se despidió de sus padres, prometiendo que los llamaría todos los días y que iría de visita cada semana.
Estaba organizando las decenas de libros que tenía sobre las mesas y el suelo, cuando una voz desgraciadamente conocida la interrumpió.
—Me avisaron de que habías llegado, veo que no pierdes el tiempo, ya has tomado la habitación.
—Hola Ron —musitó sin mirarlo, para volver a su tarea al instante.
—Mis dominios están en la planta de abajo, ni se te ocurra entrar en ellos sin mi permiso —informaba con prepotencia, mientras se paseaba observando las montañas de libros.
—Dos cositas… la primera, no tengo ninguna intención de entrar en semejante lugar, y la segunda —se levantó del suelo y lo miró desafiante—, no se te ocurra volver a entrar aquí sin mi permiso, que yo sepa no te he invitado.
—Tranquila Granger, esta no es tu casa y todavía te estás instalando… hay que ver que pronto os volvéis posesivas las mujeres —remató en un tono burlón.
—Veo que sigues igual de insoportable y cretino que anoche.
—¿Para qué voy a cambiar si a ti te gusto así?, jajaja.
—Abstente de hablarme, porque te voy a ignorar.
La castaña le dio la espalda y siguió con lo suyo, pero a Ron no le gustaba perder la atención de la gente, así que cogió un libro y quiso hojearlo. Fue un grave error, cuando Crookshanks vio que un extraño tocaba las cosas de su dueña, salió de su canastilla como una exhalación, bufando, con el pelo de la espalda erizado.
—¡¡Coño, ¿qué es eso?!! —Fue tan inesperado que el pelirrojo pegó un salto del susto.
—Jajajaja, eso se llama gato… será mejor que sueltes el libro si no quieres probar la furia de mi Crookshanks.
—Joder con el minino. —Dejó el libro sobre la mesa y mantuvo las manos en alto, mientras el pequeño animal le bufaba.
—Tranquilo, no es nadie importante, ignóralo como yo. —Hermione habló a su mascota para tranquilizarla, intercalando palabras y suaves caricias. El gato se relajó y dejó de bufarle a Ron. La castaña lo llevó a su canastilla de nuevo, y aunque ya no se movía de allí, seguía los movimientos del pelirrojo con mirada penetrante y cara de malas pulgas.
—¿Snape sabe esto?
—Siento decepcionarte, pero sí, lo sabe y me lo ha permitido.
—Asegúrate de que esa bestia no salga de tu cuarto.
—Jajaja, tan valiente con los caballos el otro día y tan cobarde hoy.
Ron recordó el episodio, la yegua Ninfa encabritada, y como logró sosegarla para que Hermione no cayera de su lomo. Y recordó como la ayudó a bajar, mientras ella lo miraba con un gesto extraño y le daba las gracias. Los ojos azules de Ron estaban fijos en los marrones de Hermione, ella dejó de reír, se quedaron callados, mirándose como aquel día.
La castaña sintió que se empezaba a sofocar un poco, aunque no entendiera bien porqué, sus mejillas la iban a traicionar de un momento a otro, el pelirrojo seguía mirándola fijamente, imperturbable, o al menos eso pensaba Hermione. El príncipe sintió algo en su interior, algo raro, diferente, estaba seguro de que no era deseo ni atracción, entonces ¿qué diablos era? Pero la visión de Hermione ruborizada le hizo olvidar sus propias sensaciones y concentrarse en ella, en su víctima.
—¿Te sonrojas por mí?
—Pues… sí, porque me miras tan fijamente que me pones nerviosa.
—¿Sólo nerviosa? —inquirió juguetón, mientras avanzaba un paso hacia ella.
—¡Creído estúpido, lárgate a tus dominios y déjame en paz! —chilló exasperada.
Se oyó un carraspeo.
—Permítanme interrumpir… —Ambos se miraron hacia la puerta, Snape ocupaba el hueco— ¿Debo recordarles que discutir tan acaloradamente es peligroso para nuestra farsa?, el servicio podría escuchar.
Ron volvió el cuerpo hacia su asesor, Hermione lo miraba sin mover un músculo.
—Veo que ya está poniendo todo a su gusto, señorita Granger.
—Sí, me he traído mis libros porque no quiero dejar de estudiar, aunque no pueda asistir a las clases.
—Cierto, me lo comentó hace unos días —afirmó el moreno.
—Qué estupidez, si fuera yo, me tomaría el año sabático —replicó el pelirrojo.
—Pero es que tú y yo somos muy distintos —declaró la castaña con seguridad.
—Desde luego —musitó el moreno de nuevo, con una casi inapreciable sonrisa en sus finos labios.
A Ron no le gustó nada el gesto de su asesor y lo miró con deseos de fulminarlo, en cambio Hermione estaba rebosante de orgullo, incluso Snape admitía que Ron era un dejado con las cosas del deber.
—Alteza, no vine a discutir sobre las ganas de estudiar de cada uno, tengo que informarle de algo.
—Dime… Snape. —Todavía estaba receloso, pronunció su nombre con cierto resentimiento.
—He sido informado de que esta noche, los duques de Wellington cenarán con sus majestades, su madre me mandó preguntarle si asistirá.
"¿Los duques de Wellington?, son los padres de Draco Malfoy, ese… asqueroso" rumió la castaña.
—¿Irá también su hijo?
—No lo sé alteza, me han dicho los duques nada más.
—Dile a mi madre que no iré.
—Pero alteza… son amigos de sus padres, creo que sería correcto que asistiera, sobre todo para poder acercarse a su majestad, sería una buena oportunidad para…
—¡No quiero cenar con ésos!, y menos si su hijo también está, lo de mi padre no vuelvas a nombrarlo, y no hablaré más de esto, retírate.
—Como desee, alteza. —Inclinó la cabeza obediente y cerró la puerta tras él.
Hermione pensó unos instantes y cayó en la cuenta. Ron seguía a malas con su padre, por eso Snape insistía en que fuera a la cena y se acercara al rey. Recordó lo duro que había sido Arthur Weasley con el pelirrojo el día que conoció a los monarcas y sintió lástima de él. En su familia, los enfados con sus padres rara vez duraban más de un día.
Amparada por un ingenuo deseo de ayudar, la castaña se dirigió a Ron.
—Creo que deberías hablar con tu padre, seguro que él…
—¿Cómo? —La miró con el ceño fruncido.
—Que creo que deberías… —Bajó el tono, ante la mirada de Ron.
—Ya te escuché la primera vez… ¿pero quién te crees que eres para decirme lo que debo o no debo de hacer? —Su mirada parecía emanar odio.
—Yo sólo quería ayudarte… —Trataba de justificarse, pero el pelirrojo no le daba tregua.
—¿Cómo podría ayudarme una extraña?, ¿acaso sabes algo de nosotros, a parte de la mierda que se publica por ahí?... hazme un favor, no vuelvas a meterte en mis asuntos… —La castaña sintió como un nudo le apretaba el pecho— ¡¿Está claro?!, ¡no necesito los consejitos de una niñata! —Terminó sus palabras gritando.
Se giró enrabiado y se alejó con zancadas largas, dejando a una Hermione temblorosa y al borde de las lágrimas. Y explotó al saberse sola.
—¡Maldito seas Ronald Weasley… eres un desgraciado! —Le importaba poco si la oía el servicio en esos momentos— Esto me pasa por imbécil… ¿y por qué me tiene que afectar tanto lo que él diga?, soy tonta… tonta, tonta, ¡tonta!
Cayó de rodillas, llorando y tapándose la cara con las manos. Entonces sintió algo suave en el brazo. Era su fiel mascota, se pegó a ella al verla en el suelo.
—¿Ves Crookshanks?, por cosas como ésta no debes acercarte a él, es malo.
Abrazó al animal sollozando.
CONTINUARÁ...
Ronnie, Ronnie, que no aprendes, hay que controlar esos prontos, si Hermione sólo te quería ayudar XD
