NOTAS: Hola. Siento muchísimo la tardanza. De verdad. NO merecería ni que leyerais ya esta historia. Siento que hayáis perdido la confianza y que os entren ganas de mandarme al diablo. De veras lo siento un montón. Os prometí el capitulo para vacaciones de semana santa y he tardado hasta hoy. Lo siento.
Se que no sirven excusas pero al menos os merecéis una explicación. Bueno…mi abuelo tiene principio de alzheimer y le dieron infartos cerebrales justo en semana santa. Así que todo el tiempo disponible que tenía, iba a su casa a estar con él, a ir con él a tomar algo, a pasar la tarde con él y mi abuela. Ahora que estoy de nuevo en la uni voy los fines de semana.En fin. Que no es excusa, pero al menos ya sabéis que no es porque lo haya dejado pasar a idea.
No quiero causar pena ¿eh? Sobre todo hay que estar animados cuando ocurren cosas de éstas. Porque sino..¿que te queda?
En fin. Sobre el capitulo. Lo he terminado ahora mismo. No estoy nada conforme con él y seguramente tendrá muchísimos fallos y errores. Por no tener no tengo ni ganas de volver a leérmelo entero. De antemano, lo siento.
Ahora sí, de tamaño no os quejaréis porque es el capitulo más largo que he escrito de esta historia. En fin. Lo bonito, creo yo, está al final. (vamos, es con lo que más conforme estoy).
Un besito muy grande….disfrutadlo!! Cualquier cosita, darle al go y me comentais!
CAPITULO 9 ¿LO ENTIENDES O NO?
Rose agradeció enormemente, en su interior, que al día siguiente fueran vacaciones. Sentada en el sofá de su sala común, haciendo unas graciosas trenzas a su prima Lily.
Aún le escocían los ojos, y no sabía si sentía mejor o peor después de haber llorado tanto.
Parpadeó como saliendo de una ensoñación y se fijó en los ojos castaños de su prima. -¿Qué?-preguntó, algo avergonzada al no haber escuchado a la chica.
-¿tienes ya la maleta preparada?-preguntó ella con un deje de preocupación.
Rose asintió fingiendo una sonrisa.-¿y tú?- Acarició la cabeza de su prima cuando reconoció que aún no la tenía lista. –anda…vete ya a tu cuarto. Además es tarde..
No recordaba cuanto tiempo llevaba en esa posición; recostada sobre el sofá, en frente de la chimenea. Desde que su prima se hubiera marchado no había vuelto a decir media palabra. A nadie. Solo había forzado una especie de sonrisa a quienes se habían despedido de ella.
Sabía que no era tan grave lo ocurrido. Era muy consciente de que existían verdaderos problemas, mucho mayores que las absurdas peleas que daban por terminada una relación….si es que eso era lo que había mantenido con el rubio.
No hacía falta mirar muy lejos para saber que a lo que había que llamar problemas, eran a aquellas situaciones que te hacían madurar de golpe. Como a sus padres, como a sus tíos. Como a toda su familia. A tío George. Parpadeó, confundida, porque le seguían escociendo los ojos.
-Rose.-la voz de Marian Wood hizo arrugar un poco la nariz de la pelirroja. En seguida cambió esa postura y de nuevo, fingiendo una sonrisa, recibió a la castaña, que se sentó a su lado.
-dime.-su voz sonaba algo gangosa, algo apagada. Se notaba a la legua de que algo le ocurría a la sonriente y activa Rose Weasley.
-verás…-la chica se estrujo las manos, nerviosa.-¿estás bien?
Rose arqueó una ceja.-Si, sí.-se apresuró a contestar, sonriendo de nuevo. No era mala chica. No le tenía porque caer mal. Marian Wood siempre había sido una buena compañera.
-¿tú…tú y Scorpious tenéis algo?-preguntó con las mejillas encendidas.-no..no tienes porque contestarme si no quieres…yo..
Rose negó con la cabeza, aturdida, sin escuchar las disculpas que ella le estaba ofreciendo.-no.-dijo con voz ahogada. Y por una parte se sentía bien porque no estaba mintiendo. Pero por otra, ese "No" parecía devolverla a una realidad angustiosa.-no.-volvió a decir, intentando sonreír.
-¿seguro?-preguntó. Soltó un suspiro de alivio.-pensé..bueno…pasáis tanto tiempo juntos.-explicó, intentando hacerse entender.-bueno…yo…¿no te sabe malo? Digo…me gusta…un poco.
Rose alzó las cejas. ¿y por que demonios le contaba eso a ella? ¿no tenía sus propias amigas? Nunca habían tenido una relación tan…tan confidencial.
-seguro.-dijo ella, entre avergonzada por pensar mal de la chica, y decidida a irse cuanto antes de su presencia.-bueno…buenas noches, Marian.-se despidió, poniéndose en pie.
-eh..¿Rose?- preguntó la chica con voz tímida. La pelirroja se volvió.-no le dirás nada ¿no?-preguntó abochornada.
Ella forzó otra sonrisa.-no, claro que no.-aseguró, sorprendiéndose a sí misma del poder tan convincente que parecía tener.-no es asunto mío.-susurró, extrañada de sus propias palabras.
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Albus miraba de reojo al rubio, que, apoyado sobre el cristal del vagón, no prestaba atención a nada.
No quería preguntarle que era lo que le ocurría porque creía tener una ligera idea de lo que le pasaba. No era difícil adivinar que la ausencia de Rose en el mismo compartimiento tenía mucho que ver.
-¿te apetece comer algo?-preguntó, sacando de sus pensamientos al chico.
Scorpious negó con la cabeza y volvió a apoyar su frente contra el cristal del tren. El moreno se revolvió el pelo, algo nervioso.-yo voy a buscar el carrito.-carraspeó sin obtener respuesta.
Cuando Albus salió del compartimiento no tenía intención de buscar el carrito de comidas. De hecho, se dedicó a mirar por el ventanuco de cada una de las puertas de las salitas contiguas hasta que encontró a su prima.
-Rose.-abrió la puerta, sorprendiendo a la aludida y a sus tres acompañantes.-tengo que hablar contigo.
-¿Qué pasa?-la voz de Lily denotaba preocupación.-¿ha pasado algo?
Albus sonrió con cariño.-nada, tranquila.-se apresuró a aclarar el chico. Lily le correspondió con otra sonrisa sosegada.
-¿se puede saber que os ha pasado?-preguntó el moreno cuando su prima salió del compartimiento.
Ella alzó las cejas.-nada.-contestó entendiendo a Albus en cuestión de segundos.-Al…déjalo ¿vale?
-entonces vuelve conmigo.-replicó el chico con un deje de súplica.-nunca nos hemos separado.
Rose alzó las cejas.-no voy a ir allí.-determinó la pelirroja como si fuera lo más obvio del mundo.-y no me chantajees Al.-le previno la chica con una severa mirada.
Albus escudriñó a su prima atentamente. A veces era escalofriante el parecido que podía guardar con la abuela Molly.
-solo estoy preocupado por..-intentó jugar su última baza.
-¿por tu querido amigo?-preguntó con ironía.-gracias por lo que me toca.
Albus alzó sus brazos hasta abrazarla por el cuello.-no seas así.-se quejó el moreno plantando un beso en su mejilla.
Rose sonrió a medias.
Y ambos se quedaron mirando el pasillo, por el cual se veía la bonita silueta de Marian Wood.
Rose no pudo explicar la sensación que le invadió cuando vio a la chica introduciéndose en un compartimiento. No le hizo falta que Albus preguntara extrañado que hacía ella allí. Ya sabía que dentro estaba Scorpious, y se preguntó si recibiría a la chica con una gran sonrisa. Con una de sus hipnotizantes sonrisas.
Se apartó del moreno, sintiendo sus mejillas encendidas. Ya no tenía porque interesarse por el rubio. Nunca había sido su amigo….y ahora ya no era ni siquiera….bueno..lo que hubiera sido en ese último mes para ella. Le dedicó una nerviosa sonrisa a su primo.-nos vemos luego.
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Rose apreció la camisa arrugada del rubio. Se preguntó si había sido Marian la que había causado esas arrugas y se reprochó el pensar así. No era su incumbencia. Punto.
De soslayo, vio como su primo se despedía de Scorpious, y fue un impulso bastante tonto el susurrar un "hasta luego" que nadie escucharía.
-Rose, Hugo.-la voz de su madre le sonsacó una sonrisa sincera, por primera vez desde el anterior día. Rodó los ojos cuando su madre llegó hasta ellos y los abrazó con lagrimillas en los ojos.-mis chicos.-susurró.
-mamá…-se quejó el pelirrojo.-no montes aquí el espectáculo.
Hermione besó cuatro veces la mejilla de los muchachos, haciendo caso omiso a su hijo y las carcajadas de su cuñada, que abrazaba a Lily con el mismo entusiasmo.
-¿Dónde están tus hermanos?-preguntó Harry a su hija tras haberla achuchado contra su pecho.
-Albus está despidiéndose de Scorpious y James…supongo que estará ligando.-confesó la chica suspirando resignada.-su último año y lo disfruta a lo grande.
-este sobrino mío.-exclamó Ron negando con la cabeza.-ha salido igual de ligón que yo.
Todos rieron ante ese comentario. Hermione palmeó la espalda del pelirrojo.-sí, cariño.-sentenció, consiguiendo que el hombre se sonrojara.
Rose sonrió con añoranza. Estaba en casa.
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La pelirroja mantuvo la mirada fija de su padre. Suspiró, rendida.- ¿Qué es lo que pasa , papá?-preguntó, cansada de ver como Ron la miraba con preocupación.
-¿Qué es lo que te pasa a ti?-contestó él.-te veo rara…no eres mi niña de siempre.
-tengo dieciséis años..-musitó ella, arrugando la nariz.-y sí soy la de siempre.
Hugo carraspeó. Ron y Rose miraron sorprendidos al chico, que, azorado, susurró un "Lo siento". Rose le fulminó con la mirada.
-¿seguro que no te pasa nada?-volvió a preguntar su padre, con cierta duda en su mirada.
Ella intentó responderle con su mejor sonrisa. Sobra decir que no lo consiguió. Solo pudo forzar una mueca vacía de sentimiento. Agradeció profundamente que su madre entrara en la cocina leyendo un pergamino gritando como una histérica "por fin ha llegado"
Ron se levantó de golpe, de repente, emocionado.-voy a avisar a Harry.
-¿Qué es mamá?-preguntó Rose alcanzando a su madre e intentando mirar a través de su hombro.
Hugo se puso de puntillas delante de su madre, y entre ambos hermanos consiguieron arrebatarle la carta.
El chico comenzó a leer. "aquí tenéis el traslador. A las 15:00 se accionará y a las 15:10 dejara de funcionar hasta dentro de cuatro días, que podréis volver a utilizarlo. Divertíos"
-¿traslador?-preguntó la chica mirando una lata medio aplastada que sostenía su madre con cara de misterio.-¿A dónde nos vamos?
Hermione sonrió con picardía.-chicos…-anunció mirando fijamente a sus hijos.-haced las maletas….nos vamos a la nieve.-determinó con un tono ilusionado.
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Los Alpes suizos eran una auténtica maravilla. Era una mezcla curiosa de verde limón y blanco. Algunos campos no estaban nevados y gracias a ellos se podían apreciar distintas tonalidades de verdes.
Sin embargo, todas las montañas que les rodeaban estaban cubiertas de blanco.
Cuando Rose pisó la colina donde el traslador les tenía que dejar, se olvidó, por primera vez, de Scorpious Malfoy y de todo lo que tenía que ver con el muchacho. Aspiró una gran y fría bocanada de aire y comenzó a carcajear de una forma casi histérica.
Su madre le agarró por la cintura y hundió su cabeza en su cabello.- ¿te gusta?-preguntó con cariño.
Rose asintió, sin poder articular palabra.
-James!-exclamó la voz con un tono enfadado de tía Ginny.-por Dios, James, no empieces aún!
Pero James había comenzado en cuanto había pisado la colina. Se había echado a correr, acercándose hasta el extremo de la colina, y con la varita había encantado la poca nieve que se había acumulado allí.
Las bolas perseguían peligrosamente a Ron, a Albus y a Lily, quien intentaba esconderse detrás de su madre.
Albus se tiró en plancha hasta quedar oculto detrás de su padre y Hugo, y Ron acabó con un montón de nieve encima de su cabello.
Rose carcajeó con los demás mientras James ayudaba a levantar a Ron con una sonrisa angelical y un "lo siento, tío Ron, ha sido la emoción" que consiguió un reproche incomprensible por parte de el pelirrojo.
Con un sonido escueto parecido a un "plin", James desapareció y apareció detrás de Hermione, intentando escabullirse de Ron, que le perseguía con la varita en alto.
Rose giró sobre sus talones. Iban a ser unos cuatro días estupendos. Cuatro días formidables para aclarar su cabeza y disfrutar de su familia. Cuatro días para intentar olvidar esa angustia que sentía en su pecho cada vez que la imagen del rubio cruzaba su mente.
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Ron se escondió precipitadamente tras una planta alta que había en la gran sala principal. Cerró los ojos, respiró hondamente y contó hasta cinco. Se asomó a través de las hojas y lo que fuera que estuviera viendo volvió a horrorizarlo.
Se llevó las manos a la cabeza y se revolvió el pelo con frustración. Divisó a su mujer a escasos metros, andando detrás de su hija y Harry.
Aprovechó que ella paró unos segundos para rebuscar en su bolso para salir de su escondite y arrastrarla de nuevo hacia detrás de la planta. Tapando su boca con delicadeza pero fuerza.
-¿Qué demonios haces?-preguntó Hermione escudriñando a su marido de forma escéptica.-¿te has vuelto loco? ¿Qué pasa?
Ron tragó saliva y se llevó un dedo a sus labios, haciéndola callar.
-¿hermione?
-¿mama?
Las voces de Harry y Rose obligaron al pelirrojo a empujar a su mujer para que saliera de su escondrijo.
Hermione soltó una risita nerviosa. –ir yendo.-dijo, soltando su bolso, que hizo un ruido seco contra el suelo. La castaña se agachó y miró a su hija y a Harry. –en serio…ir a encontraros con Teddy, Andrómeda y Victorie.
Harry enarcó una ceja y Rose miró a su tío con una especie de sonrisa tímida. El moreno se encogió de hombros y empujando levemente a su sobrina, desaparecieron de la recepción.
Hermione volvió donde su marido seguía escondido, con una clara mueca de disgusto.- Ronald..-advirtió la mujer.
Pero calló cuando siguió la misma mirada del hombre y se encontró con una pareja esperando en la fila de recepción.
Se llevó las manos a la boca.-¿cómo puede…?
Ron chasqueó la lengua y Hermione se percató de que sujetaba con demasiada fuerza su varita. La castaña resopló.-Ron…no pasa nada. Igual están solos.
Pero el gruñido de su marido la obligó a mirar de nuevo y divisar, ya no a dos, sino a tres personas.
Hermione se mordió el labio. – Rose no tiene porque saberlo.-intentó calmar al pelirrojo.-este sitio es muy grande.
-¿Qué coño hacen aquí? Ese crío no estará persiguiendo a Rosie ¿no? –masculló, furioso.
Hermione sonrió tenuemente.-no digas tonterías, cariño.
-nos vamos.-sentenció el pecoso tras unos segundos de deliberación contra él mismo.-me llevo a Rosie de nuevo a casa. Ya me inventaré algo. Tú y Hugo podéis…
-no pienso dejar que hagas eso.-exclamó la castaña ofendida. –no seas tan infantil, Ronald.
-¿infantil?-preguntó alzando las cejas.-no quiero que mi niña tenga nada que ver con ese…ese Scorpious…ni esa familia. Míralos Hermione. No tienen nada que ver con nosotros.
La castaña miró de nuevo a los Malfoy. Draco miraba con cierto desdén a las personas que lo rodeaban. Scorpious parecía un tanto aburrido, mirando al suelo con un gesto abatido, y su mujer…¿cómo era que se llamaba?.. Astoria…mantenía sus manos sobre ambos hombros de su hijo.
Se imaginó como se hubieran comportado ellos si hubieran tenido que esperar en la recepción, y se imaginó un auténtico caos entre toda su familia. Agradeció interiormente a Charlie por haberles reservado con antelación y haberles dejado las llaves de las habitaciones el día anterior.
Desde luego, Los Malfoy y ellos; no tenían nada que ver. Por primera vez, se preocupó de lo que su marido le había comentado hacía ya un mes.
Cuando Ron le había expresado su preocupación por la "amistad" entre Rose y, literalmente, "ese hijo del hurón desoxigenado" se había reído hasta hartarse de la histeria de su marido.
-Rose puede mantener una amistad con quien ella quiera.-volvió a razonar la mujer, no muy convencida.- Albus es su mejor amigo. No puede ser tan mal chico.
Ron le fulminó con la mirada. – nos vamos.-repitió de nuevo.-me llevo a Rosie de aquí
Hermione cruzó el entrecejo.-por encima de mi cadáver, Ronald Billius Weasley.-susurró con frialdad la mujer.-y ahora.-prosiguió.-vamos arriba. No quiero oírte otra vez ¿estamos?
Ron alzó las cejas, desconcertado, y esquivando su mirada de la de ella, asintió, farfullando un "ya veremos"
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-Ron, ten cuidado!-gritó Ted al pelirrojo, que se deslizaba sin poder controlarlo, ladera abajo.
Victorie carcajeó cuando Ron se tropezó y dio media voltereta. Se acercó hasta Ted, que en esos momentos mantenía el cabello de color turquesa y le besó la mejilla.-te hecho una carrera.-susurró en su oído.
-Ron, cariño.-Hermione se acercó hasta su marido, seguida de Ginny.
-¿estás bien?-preguntó la pelirroja tendiendo su mano para ayudar a su hermano a ponerse en pie.
-¿de quien diablos fue la idea?-masculló, escupiendo nieve.
Ambas mujeres rodaron los ojos.-te pareció bien en un principio.-recordó la castaña sacudiendo la nieve del cabello del hombre.
-no pensé que fuera tan complicado.-se quejó el hombre quitándose los esquíes.-yo me voy al hotel.
-¿ya te rindes?-preguntó la castaña intentando no sonreír.-Harry aún está intentándolo, y ya se ha caído tres veces.
El hombre cruzó el entrecejo, como un niño pequeño al que le proponen un reto.-solo llevamos cinco minutos con estos chismes puestos. Yo me he caído una vez. Harry tres. Él es quien tiene un problema.
Ginny y Hermione volvieron a rodar los ojos.
-mamá.-hugo llegó hasta ellos.-mira…es fácil. La técnica está en hacer la "cuña" antes de nada. Así frenas.-y explicaba mientras la forma de cruzar los esquís. –inténtalo, papá.-le animó el muchacho.
Ron cabeceó, convencido. Se volvió a poner los esquís e imitó a su hijo.
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Rose miró, dudosa, a sus pies. Miró con escepticismo a su primo y oteó la colina cubierta de nieve por donde, supuestamente, debía deslizarse y conseguir hacer lo que los muggles llamaban "esquiar".
A lo lejos, divisó la cabellera pelirroja de su padre; más cerca del suelo que otra cosa y con algo de miedo reflejado en su mirada, se quitó los esquis.
-oye mira…casi prefiero ir a dar una vuelta.-sentenció, cogiendo los esquis con las manos.-andando.-aclaró, echando a caminar para dejar el equipo y ponerse sus botas de nieve.
-vamos, Rose.-se quejó Albus.-no seas aguafiestas.
-no, de verdad.-dijo ella convencida.-que yo no me pongo estos trastos en los pies.
-eres una miedica.-bromeó el moreno.
La pelirroja le sacó la lengua de forma infantil.-pero yo no me romperé una pierna.-se encogió de hombros.
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Scorpious Malfoy escuchaba las quejas de su padre. Suspiró hondamente y miró a través de la gran cristalera del ascensor.
Su madre intentaba tranquilizar a su marido.
-no se han dado cuenta…eso es todo.-dijo, palmeando la espalda de Draco.
-somos sus mejores clientes desde hace años por estas fechas…y hemos tenido que esperar en la fila de recepción. Me pensaré seriamente si volver al año que viene.-refunfuñó.
Scorpious sonrió de lado.-no seas gruñón. Solo han cometido un fallo en todos estos años.-apaciguó dedicando un guiño a su madre.
Astoria sonrió, orgullosa de su hijo. El ascensor se detuvo en la planta más alta del edificio.
-y una vez que comprobemos nuestras habitaciones, yo iré a dar una vuelta.-anunció la mujer, ilusionada.
-bien.-gruñó Draco.-y llévate a tu hijo. Estáis compinchados.-espetó, claramente ofendido.
Scorpious y Astoria carcajearon. –mejor acompáñale tú, papá.-aclaró el muchacho.-me parece que yo descansaré un rato.
Draco cruzó el entrecejo y Astoria cambió su sonrisa por una mirada preocupante.-¿estas bien, cielo?-preguntó con cariño.
-no me pasa nada.-aseguró el rubio, sin mirar a su madre.
Draco endureció más su mirada, escudriñando con ella a su hijo, que le esquivó y se metió deprisa en su habitación.
Astoria acarició el brazo de Draco. –ya hablará con nosotros.-susurró, esperanzada.-siempre lo hace.
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Rose se apoyó en sus rodillas y resopló. Estaba ya cansada de tanto andar. Además, no había resultado tan buena idea eso de ir a dar un paseo. Para ser sincera, no sabía como había logrado subir tanto si a su alrededor no había más que nieve. Miró el bosque, que de pronto, había comenzado a ser mucho más frondoso.
Notaba el frío en sus mejillas, y pondría la mano en el fuego a que tenía la nariz colorada. Se quitó las gafas con las manos enguantadas y miró hacia arriba, hacia un cielo que, de repente, se había vuelto oscuro.
Se sentó en una roca cubierta de nieve. Se frotó las manos y miró a su alrededor. Ni un alma. Genial.
Con tranquilidad, rebuscó en el bolsillo de su cazadora. Sería fácil lanzar unas cuantas chispas, y, con un poco de suerte, su familia se daría cuenta de que algo andaba mal. Y si no era su familia, algún mago reconocería la señal.
A pesar de estar en una fabulosa estación de "esquí", los dueños eran magos, que habían propuesto esa diversión muggle para el mundo mágico.
Sin embargo, después de buscar en cuatro bolsillos de su cazadora, En el rostro de la chica comenzó a asomar un miedo palpable. ¿y su varita?
Recorrió unos metros hacia abajo, y a su alrededor, buscándola en el suelo, cerca de los árboles, debajo de la nieve.
Comenzó a nevar y la pelirroja empezó a correr siguiendo sus huellas. Asustada, comprobó que las huellas iban desapareciendo conforme nevaba con más fuerza, y para colmo de males, se había dejado las gafas apoyadas en la piedra donde había descansado por primera vez.
Intentó mantener la calma, recordando que era una Gryffindor, y le pareció divisar una especie de cueva entre unos árboles torcidos.
Ante la idea de quedarse a la intemperie, a oscuras, nevando y congelándose, meterse en la cueva le pareció lo más apropiado. No pensó que pudiera haber nada ni nadie allí dentro.
Sin embargo, cuando entró, se reprochó el no haber pensado aquello.
Un grito de sorpresa y miedo invadió el bosque.
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-Albus!-Hermione parecía angustiada.-Albus ¿has visto a Rose?
El moreno negó con la cabeza, sintiendo, de repente, un pinchazo de culpabilidad.-se fue…a pasear….yo..yo no pensé que fuera peligroso.
Ginny rodeó con los brazos a su hijo.-no pasa nada.-intentó tranquilizarlo.
-¿algo?-exclamó Ron, llegando al grupo de familiares.
Hermione negó con la cabeza, medio lloriqueando.-aún…aun falta Harry..
Pero Harry llegó con el rostro endurecido. Ni rastro de Rose.
Ted y Andrómeda intentaron reconfortar a Hermione con unas suaves caricias en sus hombros.
-la encontraremos, tía.-dijo Victorie ofreciéndole una sonrisa.
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Los ojos grises de él le miraban con desprecio, y ella le devolvía su mirada cargada de frialdad. No iba a dejarse intimidar por él. Por mucho que fuera Draco Malfoy. Aunque la imagen de Scorpious le hacía doblegarse un poco ante la figura del hombre que se encontraba con ella, atrapados en medio de la tormenta.
-una Weasley.-masculló.-después de varios minutos en silencio.
Rose alzó la cabeza.-un Malfoy.-contestó por igual.
-no seas maleducada, niña.-espetó Draco.-¿tus padres no te han enseñado modales?
Rose enrojeció.-¿está usted bien?
Draco cruzó el entrecejo.-no soy tan viejo.-espetó, molesto por el trato de usted.
La pelirroja estuvo tentada a sonreír. Era imposible no acordarse de Scorpious Malfoy cuando tenía delante a su padre.
-¿no tienes varita?-preguntó el hombre.
Rose negó con la cabeza, preocupada de haberla perdido.
Draco se mordió la lengua. Podría haberse metido con ella y con su familia. Podría haber dejado caer la insinuación de que no habían podido comprarle ninguna varita (una auténtica chiquillada, a decir verdad). Pero calló. Porque ya no era un niño malcriado, y no iba a meterse con una jovencita de dieciséis años.
Pero sobre todo, porque cuando se había asomado a los recuerdos de su hijo sin que él lo supiera, esa pelirroja aparecía en todos y cada uno de ellos.
-¿y tu?-preguntó ella, con algo de timidez.
El hombre le mantuvo la mirada fijamente. Al cabo de unos segundos, negó con la cabeza.
Rose miró con detenimiento el pie del rubio. –te has hecho daño
-que ingeniosa..¿cómo se te ha ocurrido pensar eso?-preguntó con un tono mordaz, intentando tapar el desgarrón de su muslo.
Rose apretó muy fuerte sus labios. Si tenía que aguantarlo, mejor estar preparada. Paciencia. Pensó. Mucha paciencia.
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-Ey!-Scorpious no podía creer a quien estaba viendo.- ey Hugo!
Hugo y Lily se volvieron, esperanzados de que alguien tuviera una buena noticia. Sin embargo, al encontrarse con el rubio, ambos se miraron extrañados. -¿Qué hace este aquí?-susurró Hugo. Lily se encogió de hombros.
-¿Qué hacéis aquí?-preguntó el rubio, confundido.-¿también esta…Albus?- Prefirió no nombrar a la pelirroja.
Lily, con lagrimas en los ojos, asintió.- están buscando a mi prima.-susurró entre sollozos.
Hugo palmeó la espalda de su prima y le obligó a beber el vaso de leche caliente que se habían pedido en el bar.
Scorpious abrió los ojos desmesuradamente.-¿también se ha perdido? ¿Cuándo? ¿dónde estaba?-comenzaba a sentir un desazón dentro del pecho.
Lily siguió llorando. Hugo miró fijamente los ojos del rubio.-¿también?-preguntó, extrañado.-¿se ha perdido alguien más?
El rubio se revolvió el pelo, nervioso.-mi padre.-masculló entre dientes.-nos ha enviado un patronus, pero no sabe decirnos donde está. -¿Qué le ha pasado a Rose?-preguntó con un hilo de voz. Carraspeó.
Hugo negó con la cabeza, con los ojos brillantes. –nos hemos quedado aquí. Esperamos noticias. Todos han ido a buscarla.
Scorpious asintió, convencido.-yo también iré.-informó, saliendo de la cafetería.
Astoria se cruzó con su hijo en el pasillo. -¿dónde vas?-preguntó al ver al rubio tan abrigado.-tu padre ha dicho que esperemos.
Scorpious se acercó hasta su madre y escondió su cabeza en su hombro. Astoria acarició el cabello de su hijo.-¿Qué pasa, cariño?
-hay una chica.-la voz del rubio sonaba ahogada.-está aquí…no la encuentran. Debe de estar en el bosque.
Astoria comprendió sin necesidad de que su hijo le dijera que esa chica era especial.-pero no puedes ir. Hay tormenta.
El chico se apartó.-mamá. No puedo quedarme aquí parado. Buscaré a Albus y..
-¿Albus?-preguntó la mujer.-¿Qué hace Albus aquí?
-es lo que estoy intentando explicarte.-continuó el muchacho, nervioso. Se revolvió el pelo.-se trata de Rose. De su prima. Rose Weasley.
La mujer abrió los ojos sorprendida.-Rose Wesley.-susurró, estupefacta.
-me voy.-anunció el muchacho.
-espera.-Astoria sujetó el brazo de su hijo.-toma.-dijo, entregándole uno de sus anillos. Era de color plata.- si tienes algún problema, comunícate conmigo ¿de acuerdo?. Yo tengo el de tu padre arriba, en la habitación.
-gracias.-susurró el rubio.
-iré a hablar con los de seguridad.-informó la mujer antes de que su hijo saliera.-supongo que ya habrá avisado su familia, pero diré que hay alguien más atrapado en la tormenta, en algún lugar del bosque. Y, cielo, no te preocupes por tu padre. Lleva la varita. Sabe apañárselas solo, hasta que amaine la tormenta ¿de acuerdo?
-lo se.-su tono era angustiado.
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Draco observó el perfil de la pelirroja de dieciséis años. A regañadientes, se quito los guantes negros de piel y se los tiró a la chica, que, sorprendida, miró fijamente a los ojos grises del hombre, que ya no le miraban.
Castañeando, susurró un gracias y se tapó las manos, heladas y congeladas.
Draco volvió a mirar de soslayo a la muchacha. Tenía la varita bien guardada bajo su abrigo. Había estado a punto de invocar un fuego que le mantuviera caliente en su espera cuando aquella Weasley entró en la cueva.
Lo más humano hubiera sido enviar un patronus a toda su familia, que andaría buscándola por doquier, preocupados y desazonados. Sin embargo, él no se consideraba un alma caritativa que ayudaba a quien se cruzaba por delante suyo con problemas.
Cierto era que también tenía curiosidad por la chica. Por Rose Weasley. Hija de la sabihonda y la comadreja. ¿Qué habría visto su hijo en ella?
-¿y que hacéis por aquí?- Draco no quería que ella se quedara dormida. No era conveniente, a esas temperaturas. Pero tampoco quería parecer preocupado por ella.
-es…estamos de vac..vacaciones.-contestó ella, frotándose los brazos en un intento de entrar en calor.
Draco asintió. Estuvieron algunos minutos en silencio. –eres amiga de mi hijo.-no estaba preguntando. Sonaba casi a una acusación.
Ella mantuvo su mirada.-no del todo.-contestó, parpadeando muy seguido para no quedarse dormida.
-¿no?-preguntó el hombre enarcando una ceja.
-Scorpious es amigo de mi primo.-explicó entrecerrando los ojos.
Draco volvió a asentir, medio refunfuñado. Como si le costara mucho convencerse de ello. – de Potter.-masculló. Por mucho que hubieran pasado ya muchos años desde que se hubo enterado, aún no le sonaba muy bien eso de "un malfoy amigo de un Potter".
Rose bajó la mirada, abrumada.- y yo solo soy la prima de su mejor amigo, no se preocupe.
Sin embargo, Draco sí estaba preocupado. Porque esa chica aparecía en todos o casi todos y cada uno de los pensamientos de su hijo. Porque si solo fuera la prima de su mejor amigo, su hijo no sentiría nada por ella. Y estaba claro que Scorpious sentía algo por Rose Weasley.
Pasó un tiempo en el que ambos se mantuvieron callados. Y al final, Rose no pudo aguantar y se quedó dormida. Draco suspiró, sacando su varita e invocando un fuego azulado que llenó en segundos la cueva de luz y calor.
El hombre ojeó fuera de la cueva, comprobando que la tormenta había amainado, e invocando su patronus, esperó, sentado y magullado, a que los encontraran pronto.
Acercó la varita a la joven pelirroja, que pronto dejó de castañear y acogió una expresión serena y tranquila en su rostro.
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Cuando Rose despertó, se sentía confortada y abrigada. Se encontró entre los brazos de alguien que reconoció al cabo de segundos. –papá..-susurró, de forma débil, aferrándose a su camisa.
Se percató de que ya no llevaba los guantes de Draco Malfoy, pero no le dio mucha importancia. Pronto se encontró rodeada de su madre y toda su familia. Era cuanto necesitaba. Se sintió una tonta por sentir sus lágrimas en sus mejillas.
Sin embargo, los gritos de su padre captaron su atención. –no papá.-gritó con toda su fuerza.
Ante ella, Ron acusaba a Draco Malfoy, todavía sentado, apoyado contra la pared.- maldito desgraciado….es una niña...¿no pudiste siquiera mantenerla abrigada?
-Ronald!-exclamó Hermione, alterada.-es gracias a él que la hemos encontrado.
Rose supuso que tendría un aspecto horrible, mientras que Draco Malfoy se mostraba abrigado, con sus guantes y su capa, y el fuego de su varita, dócilmente pegado a su cuerpo.
Pero todos quedaron en silencio cuando, de la nada, apareció Scorpious Malfoy corriendo y golpeó a su padre con rabia mascullando un "!¿cómo has podido?!" que hizo eco a su alrededor.
Rose no podía siquiera pensar. Por un lado se preguntaba como era que al final les habían encontrado. Por otro lado veía a Scorpious, enfrentándose a su padre con un duelo de miradas. ¿Qué estaba pasando?
La luz de un nuevo amanecer le cegó momentáneamente los ojos. Abrazó a su madre y hundió su cabeza en su hombro.-estoy cansada, mamá.-susurró.
Hermione besó el cabello de su hija, con lágrimas en los ojos.
Scorpiuos no dijo nada más. Pareció acordar una tregua con su padre, porque no hizo ningún otro comentario, a pesar de la voz estridente de Ron preguntando una y otra vez"¿Cómo has podido, que?" esperando una respuesta que pudiera darle campo abierto para golpear a Draco él también.
Scorpious se llevó el puño derecho hasta sus labios.-ya está mamá.-susurró, sin apartar su mirada de la de su padre.
Harry y Scorpiuos ayudaron a Draco a ponerse en pie. Ron optó por acercarse hasta su niña y acariciar una y otra vez sus rizos pelirrojos, preguntándole si estaba bien, si ese malnacido (literalmente) le había hecho algo o si tenía hambre….
Ginny fue la encargada de sacarlo de encima y dejar respirar a Rose, que de soslayo miraba a Scorpious, unos pasos por detrás, esperando encontrarse con su mirada color canela. Algo que no sucedió.
Scorpious no la miró ni una sola vez, y eso, aunque a Rose no lo quisiera admitir, la hizo sentirse desdichada y con ganas de llorar.
Se abrazó más a su madre y hundió su rostro en su túnica, dejándose llevar.
OOoOooOooOooOooO
Miraba a través de la magnífica cristalera de la terraza de su habitación, las imágenes de las montañas nevadas. Era un paisaje poderoso. Sonrió, tapándose más con la manta azulada que había encontrado en el armario.
Escuchó que alguien llamaba a su puerta.-adelante.-se hizo oír.
No le importaba que alguno de su familia volviera a entrar a su habitación para comprobar si ella estaba bien.
No se volvió para ver quien era. Por eso se sorprendió cuando percibió la fragancia de cierto rubio. Cuando lo tuvo en frente de ella, se sonrojó intensamente. Scorpious Malfoy la analizaba con su mirada color canela.
Sin embargo, su expresión seria y fría; casi enfadada, cambió súbitamente. Se acercó hasta ella, se arrodilló y le abrazó con ímpetu y fuerza.
La manta se resbaló un poco por sus hombros. – Rose…-susurró con voz aguda.
Los ojos aguamarina de ella sonrieron un poco. Acarició el cabello del chico. –ya está..-susurró, correspondiendo su abrazo.
-lo siento…no se como mi padre no aviso desde el primer momento.-se disculpó el chico, avergonzado.
Rose se mordió el labio. Se había enterado, después, de que Draco Malfoy había avisado a su familia con un patronus. Sin embargo, a ella le había dicho que no tenía su varita encima. Fue un dato que no quiso confiar a su familia. Sino, ya se imaginaba a su padre en busca de Draco Malfoy para desquitarse a gusto.
Realmente había sido de muy mal gusto por su parte, pero le había dejado sus guantes, y estaba casi segura de que cuando se había quedado dormida, había dejado de tener frío, como si un fuego la hubiera estado protegiendo todo ese transcurso. No podía quejarse.
-ya está…-volvió a repetir.
Scorpious se apartó. La miró de nuevo fijamente a los ojos. –mi padre..¿te hizo sentir incómoda?
Rose sonrió con picardía.-hace falta algo más que genes Malfoy para hacerme sentir incómoda.
El rubio sonrió de lado.-claro. Se me olvidaba que estoy hablando con una Gryffindor.
-eso es.-confirmó la chica.
Scorpious cogió otra silla y se sentó a su lado, en la terraza. –bonitas vistas.- Le cogió con dulzura la mano de la chica.
Rose, sonrió dulcemente. Estuvieron varios minutos así, en silencio. Hasta que Rose recordó a Marian Wood. Apartó bruscamente la mano de la del chico y arrugó la nariz.
Scorpious suspiró, mostrando media sonrisa.-¿Qué te ocurre?-preguntó con tono paciente; como quien le habla a una niña pequeña.
Rose se cruzó de brazos, sin mirarlo. –Rose.-le llamó él.-¿Qué pasa ahora?
La pelirroja miró fijamente a los ojos del chico. –dímelo tú.-respondió ceñuda.- ¿Qué tal con Marian Wood?
Scorpious rodó los ojos.-¿Qué pasa con ella?
-no se.-contestó la chica haciendo aspavientos.-¿Qué pasó en el tren?
-ah..-susurró él.-eso.
Rose se crispó.-Sí. Eso.-sentenció, rabiosa y enojada.
-vino y estuvimos hablando. Nada más.-aclaró el muchacho, ofreciéndole una sonrisa a la pelirroja. Sonrisa que no valió de nada.
-ella me dijo que le gustabas.-soltó de pronto la muchacha, sin poder contenerse. Se arrepintió ligeramente de haberle descubierto ese secreto, habiéndoselo prometido a ella.
-a mi también me lo dijo.-comentó Scorpious sin darle mucha importancia.
-aja!-exclamó la pelirroja, poniéndose en pie.-lo sabía. Fuera-gritó, enfurruñada.
Scorpious miró la expresión de Rose y comenzó a carcajear. – que celosa.-susurró entre risas.
Rose abrió los ojos desmesuradamente, sorprendida. –no estoy bromeando.-dijo, tozuda.
-le dije que a mi me gustaba otra persona.- soltó a bocajarro el rubio, sonrojándose levemente, poniéndose también en pie. – me disculpé como un buen caballero por no poder corresponderle y ella salió del departamento.
Rose no parecía muy convencida.-¿y la camisa?-preguntó, recordando la prenda arrugada del rubio al bajar del tren.
-¿Qué camisa?-preguntó él sin entender. Arrugó el entrecejo.-¿de que estas hablando?
-bueno..-se excusó ella, sonrojándose de repente por lo ridículo de la conversación.-parecía que te hubieras dado un revolcón.
Scorpious, al principio sorprendido, sonrió segundos después con un halo de misterio.-¿eso piensas?
Ella desvió su mirada, de nuevo hacia las montañas nevadas que les rodeaban.
-eso agradéceselo a tu primo- susurró él acercándose hasta ella.-fue él quien me agarró de la camisa…..creo que quería pegarme.-aclaró con soberbia, burlándose.-se pensó que había pasado algo entre Marian y yo.
Rose abrió la boca para expresar algo. Seguramente un "¿lo ves?" "Mi primo también lo pensó". Pero Scorpious posó su mano sobre su boca, consiguiendo que fuera lo que fuera a decir, muriera en sus labios.
-no se que tenéis los weasleys…-susurró.-siempre pensáis lo más absurdo.
-no tendría porque ser absurdo.-susurró ella, mirando fijamente los ojos del muchacho. De nuevo había caído en su mirada.
-sí que lo es.-contestó él, sonriendo.-no tengo ojos para nadie más.
Ella entreabrió sus labios, dejando escapar un suspiro nervioso. Él sonrió, satisfecho y se inclinó sobre ella.
Rose se apartó, cruzando el entrecejo. -¿Quién te has creído que eres?
Scorpious soltó una maldición. Con Rose las cosas nunca podrían ser como él esperaba que fueran. No podía hacer uso de su galantería porque la maldita niña pelirroja que tenía delante no se dejaba llevar. Porque tenía que replicar a todas y cada una de las cosas que él hiciera o dijera. Y porque a pesar de eso, era así como le traía loco.
-te quiero.-exclamó, enfadado. -¿lo entiendes o no, maldita sea?- espetó, agarrando los brazos de la chica y atrayéndola hacia sí.-que te quiero a ti.-susurró, cerrando la poca distancia que les separaba y juntando sus labios a los de ella.
Porque Rose era alocada, testaruda e impertinente. Porque era una consentida, una gryffindor y una Weasley. Porque Rose era la chica que le gustaba, que conseguía sacarlo de sus casillas. Porque era la única que podía jugar de esa manera con su lengua, tan desastrosamente y; a la vez, tan deliciosamente.
OOOOOOO
Lo dicho: cualquier opinión: darle al go y contarme!! Un saludo y un besito!!
Ahm! Os explico. La relación Scorpious-Draco la pondré en el siguiente capitulo. Tener en cuenta que Scorpious se sentiría muy angustiado de no saber donde estaba Rose. Pero enterarse después de horas de que ha estado con su padre y él no ha sido capaz de avisarle pues…como que enfada a cualquiera. Era simple: un patronus diciendo "la Weasley está conmigo, tranquilo. Está bien"
Claro que Draco tampoco tenía porque adivinar que Scorpious estaba enterado de que estaba Rose allí y aún encima de que se había perdido. En fin…que tiene muchos fallos. Lo siento ¿vale? Cualquier duda, preguntadme.
