Hola a todos y a todas, ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno mi castigo continua pero mis papis han sido algo piadosos y me han dejado el capitulo para permitirme actualizar, a si que agradezcanseló a ellos que esté aquí jaja

Siempre empiezo por lo mismo: Gracias a todos. De nuevo hago mención especial a mi amiga Javileta que comenta todos y cada uno de los capitulos, gracias sinceras. Y dar la bienvenidad a una nueva follower de la historia a Giambonne, espero que disfrutres muchísimo del fic.

Bien aquí les dejo este capitulazo. Y digo capitulazo porque es largo no, larguísimo. Creo que es el más largo de la primera parte del fic con eso digo todo, y con él acaba lo que seria la "introducción", ya conocemos los personajes principales, sus historias y caracteres y a partir de aquí empieza ya la acción acción de verdad. Diréis "Madre mía, nueve capítulos de introducción!" Ya pero es lo que tiene una historia tan complicada como esta.

Lo bueno bueno de verdad empieza a partir de este capítulo. Aún quedan tramas y personajes por presentar, pero la mayoría ya los conocéis a todos. Espero que lo disfrutéis y que lo paséis bien en "Le Chat Rouge" estáis todas/os cordialmente invitados a la fiesta de Cormac L. McLaggen. Pasarlo bien ;)


Le Chat Rouge.

"Querido diario: Sé que no te abro desde hace meses, pero hoy es un día demasiado especial como para no dejar constancia de él. Han abierto un nuevo club en la ciudad, "Le chat rouge" y mi primo me ha prometido que nos llevará a Astoria y a mí con él y William. As está emocionada, adivina por qué, Will… Ese Dawson la vuelve loca, yo creo que se está enamorando aunque ella dice que no. La verdad es que no me extraña, Will es todo lo que una chica puede desear, guapo, rico y muy caballeroso, tiene unos modales exquisitos, sinceramente, a mí tampoco me importaría besarlo, la verdad…"

¡Paris! ¡Paris!— La castaña cerró el cuaderno y lo metió rápidamente debajo del colchón.

¡Ya voy mamá!— Dijo levantándose de la cama colocando el edredón blanco impoluto. Abrió la ventana de su habitación, por la que entró una corriente de aire caliente del verano junto con los dorados rayos de sol.

¡Paris baja ya!

¡Que si! ¡Que si! ¡Que ya voy!— Gritó ella. Salió de su habitación y bajó las escaleras rápidamente. Cruzó el pasillo y atravesó corriendo la puerta del salón esperando encontrar solo a su primo Blaise, a Will y a Astoria, pero se sorprendió al ver que había mucha más gente, sentada alrededor de la mesa donde habitualmente solían sentarse.

Una chica de pelo corto y negro charlaba animadamente con Astoria. Esta tenía los ojos castaños muy oscuros, casi negros, labios gruesos, pintados con un rojo oscuro y muy mate.

Y había dos chicos más a parte de su primo y William. Uno de ellos tenía el pelo castaño oscuro, nariz fina y perfilada, ojos azules cielo, como nunca antes había visto, y un porte fabuloso.

El otro parecía más serio y callado. Se limitaba a escuchar la conversación que mantenían los otros tres. A pesar de esa actitud les miraba a todos con superioridad, una superioridad que no la gustó nada. Tenía clase, mucha clase, se le veía a leguas. Se notaba que se había criado con autoridad, y con la condición de que no había que hablar con los que están debajo de uno mismo. La llamó la atención, desde el principio, debía reconocerlo, desde la primera vez que lo vio. Pelo rubio, cuerpo definido y tonificado, facciones finas y angelicales, ojos grisáceos como nunca antes había visto… Verdaderamente era alguien interesante, de pies a cabeza.

El chico se percató antes que nadie de la llegada de la castaña. La observó durante unos segundos, que para ambos fueron horas. Esa chiquita que le miraba era fea, poco femenina y desaliñada, nada comparado con Astoria o con su mejor amiga Pansy, pero tenían lo que a ellas les faltaba. Aún no la conocía, pero podía darse cuenta de ello, esa chica tenía algo especial, algo de lo que las demás carecían.

Paris captó la mirada de él, y se sorprendió al reconocer que era muy guapo. Normalmente los chicos no le parecían guapos a primera vista. Tenía que hablar con ellos para saber como calificarlos, pero con este todo era diferente, era como, aún si haber hablado nunca, ya lo supieran todo el uno del otro. Con solo una mirada, ya sabían que eso no acabaría ahí…

¡Oh Paris ya estás aquí!— Exclamó de repente Astoria—Te veo sorprendida…

Si. Cuanta gente. No esperaba tanto…— Dijo la castaña despertando de ese sueño en el que se había sumido.

Es que hemos traído unos amigos…—Astoria agarró a Paris de la mano y la acercó al grupo— Ven, te los presentaré…—Primero se acercaron a la chica de pelo negro, de cerca era muy atractiva, no poseía la sensualidad de Astoria, pero aún así era muy guapa—…Es Pansy Parkinson…

Encantada…— Dijo la nombrada extendiendo la mano.

Lo mismo digo…—Respondió Paris.

Y este de aquí…—Dijo Astoria tirando de su amiga y llevándola justo delante del chico de pelo castaño e impresionantes ojos azules—…Es Theodore Nott. Un encanto…

Tú si que eres un encanto As…—Respondió el chico—Es un placer conocerte Paris…

Gracias— Dijo ella con timidez.

Greengass volvió a tirar con fuerza de su amiga.

Y por último…—La llevó en frente del chico rubio que se mantenía serio y con una postura rígida y recta. Ambos se miraron, y apenas oyeron las palabras de Astoria cuando les presentó. Los ojos grises buscaban los verdes que no se resistieron a la mirada fogosa de él.

Paris… Te presento a Draco Malfoy.

— ¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!

Draco despertó de repente. Se había quedado dormido en el estudio. Cuando consiguió recordar donde estaba miró por la única pero alta ventana que había en la sala. Ya era de noche.

Luccia llamaba a la puerta, la que había sido cerrada con llave por él mismo hacía ya unas horas.

El hombre se levantó y removió su pelo rubio como siempre solía hacer. Se quitó la corbata y desabrochó algunos botones de su camisa.

Abrió la puerta y allí estaba Luccia con una maleta enorme y cara de enfado.

—Llevo media hora llamando a la puerta— Refunfuñó.

—Me había quedado dormido…— Dijo él mirando hacía un lado y al otro del pasillo.

—Ya, lo he supuesto… Solo quería decirte que me marcho ya a casa de Hannah…

—Estupendo… Supongo que no hará falta que te diga que seas muy amable con la señora Abbot y que…

—Si papá… Adiós papá…— Dijo Luccia en tono irónico.

—Claro, me despiertas y ahora pasas de mí…

Luccia se encogió de hombros.

— ¡Pásalo bien!

— ¡Lo haré no te preocupes!— Dijo la chica alejándose.

Justo en ese instante Scorpius pasó por detrás de su padre sigilosamente intentado que no le viera.

— ¿A dónde crees que vas Scorp?— Dijo Draco sin darse la vuelta.

—Esto… Yo… Había quedado con Blaise y…

—Menuda coincidencia— Dijo Draco dándose la vuelta y cruzándose de brazos—…Yo también he quedado con Blaise, y lo más raro de todo es que me ha dicho que no tenía planes con nadie esta noche ¿No crees que es muy raro?

—Si… Es rarísimo… Este Zabini… Se le va más la olla…—Continuó el chico negando con la cabeza. Draco empezó a reír.

—No vas a salir esta noche…

— ¡Pero papá si tengo dieciséis años y es sábado noche!

— ¡Te he dicho que no!— Dijo el rubio alejándose—… ¡Voy a arreglarme! No sé si esta noche dormiré en casa…

— ¡Claro!—Se quejó Scorpius— ¡Aquí el señor puede hacer lo que quiera! ¡Salir por ahí! ¡No ir a dormir a casa! ¡Deja un poco para tus hijos chaval!

Draco empezó a reír ante las palabras de su hijo. Sin responder subió las escaleras que conducían al tercer piso, donde estaba su habitación.

Allí dentro se encontraba Marie, que se desvestía con rapidez, y quien llevaba todo su oscuro pelo recogido en un moño deshecho.

— ¿Vas a salir?— Preguntó mirando al hombre que había entrado sin saludar.

—Si—Respondió él secamente mientras cogía una corbata del armario y se hacía el nudo con habilidad.

—Pues si ves a Hermione dila que llevo llamándola toda la tarde y tiene el teléfono apagado. ¡Estoy harta, siempre está igual! No hay forma de contactar con ella.

Draco calló y no dijo nada. Definitivamente lo último que quería era encontrarse con Hermione después de lo último que había ocurrido entre ellos. No quería volver a perder el control así, tenía que refrenar su deseo.

El rubio se puso su abrigo marrón mientras pensaba en la castaña, y salió de la habitación sin despedirse de Marie.

...

...

Theodore Nott se sentó en un banco cerca del "Trocadero". Aquel era el mejor lugar de la ciudad en su opinión. Desde allí la Torre Eiffel se podía ver en todo su esplendor. No había lugar mejor desde donde observarla.

Se empezó a quedar frío cuando llevaba ya diez minutos esperando, esa iba a ser una noche fría, y por el aspecto del cielo también lluviosa.

Se entretuvo mirando como las parejas de enamorados y recién casados se hacían fotos desde allí, y como los niños pedían sándwiches en los diferentes puestos de comida que había allí estacionados.

— ¿Observando el paisaje?

Ni siquiera se había percatado de que ella había llegado, se levantó y colocó su abrigo largo y gris y la invitó a sentarse.

Pansy tomó asiento al lado de él y ambos se pusieron a observar el hermoso paisaje juntos. La torre estaba iluminada en un tono dorado muy hermoso, los jardines de debajo de esta estaban llenos a rebosar. También se podía ver desde allí los barcos que cruzaban el Sena llenos de turistas, y los que eran fiestas andantes, en esos solo los vips y gente adinerada podían entrar.

—Hacía tiempo que no venía aquí…— Dijo ella suspirando—… Ya casi se me había olvidado a que huele París...

— ¿Y a qué huele?— Preguntó él observando a la mujer.

—A amor. Es un perfume dulce con un toque fresco. El olor de París es único en el mundo, ninguna de las ciudades en las que he estado huele como París…

— ¿En serio?

—Totalmente…

Ambos pasaron callados unos cuantos minutos hasta que Pansy volvió a hablar.

— ¿Por qué me has llamado? Sabes que es peligroso que nos veamos…

—Quería darte esto…— El castaño extendió un taco de folios, que Pansy tomó con curiosidad—…Es todo lo que he descubierto hasta ahora…

—Pero estos no son archivos de la organización… ¿Son…?

—…De la policía. Es todo lo que sabe la policía hasta ahora. Declaraciones de testigos, fotografías de los cadáveres, las escenas del crimen. Sospechosos, patrones…

— ¿Qué han averiguado hasta ahora?— Dijo Pansy con nervios interrumpiendo a Theo.

—Poca cosa. Tienen un par de modus operandi. Uno de los asesinos disfruta matando, siente placer en la muerte. El otro o los otros simplemente son "mandados" para que nos entendamos…

—"Mandados…"—Repitió Pansy en tono sarcástico—…Al menos nosotros sabemos más que ellos… ¿No?

Theodore se quedó mirando seriamente a Parkinson, y ella empezó a temer que no hubiera averiguado más, pero seguidamente este sonrió.

—Si. Sabemos más. Hasta ahora los únicos archivos secretos de la organización que he conseguido son estos…—El chico tomó un maletín y sacó unos cuantos papeles impresos—…Nombres en clave de los miembros de la organización que se encargaron de los últimos asesinatos de la organización…

— ¡Pero eso es genial! ¿No?— Dijo Pansy con entusiasmo, pero Nott no le siguió la corriente.

—No nos sirve para nada prácticamente. ¿De que te sirve saber que "HJ2" mató a no sé quien, y que " 25" a no sé cuantos… Nos da lo mismo. Sería mucho más útil tener una lista de muertos, o de los que van a morir. O de los nombres de los que se van a encargar de que esas personas mueran… Ah, eso sí, se me olvidaba lo más importante hay una coincidencia, tonta, pero de algo servirá… "G79" Aparece en varios de estos…

—Vale… ¿Y cual es?

—La policía ha marcado que los asesinatos de Anastasia Eliel, Joanna Rose y Rabastán Lestrage están hechos por la misma persona. Un profesional que disfruta matando… Ahora averigua… "G79" Es quien se encargó de la muerte de estos…

—Si que son buenos los agentes de hoy en día— Dijo Pansy irónica— Algo es algo ¿No? Sabemos que "G79" es un o una profesional, que disfruta matando bla, bla, bla…

—Los polis creen que es hombre, hay que tener mucha fuerza para hacer lo que les hicieron a Anastasia y a Joanna, que por cierto no eran mujeres especialmente pequeñas…

—Entonces buscamos a un hombre peligroso…—Dijo la morena pensativa—…Ahora mismo no se me ocurre ningún hombre en la organización lo suficientemente loco como para hacer eso a esas pobres chicas…

— ¿En serio?— Preguntó Theo incrédulo.

—Bueno… Puede que si… Avery está como una cabra, y ni hablar de Evan Rosier… —Theo se quedó mirando a la chica—… ¡Vale hay demasiados que podrían haberlo hecho! ¡Dios no sé por donde empezar!— Dijo Pansy frustrada.

— ¿Sigues sin querer decir nada a los demás?— Preguntó Nott de repente. La morena se sorprendió y miró al castaño con curiosidad.

—No me digas que ahora te preocupas por ellos.

— ¡No, no! ¡Que va! Es solo por curiosidad, por saber que vas a hacer. Están matando a miembros importantes, a allegados de Tom. Will, Blaise y Draco podrían se los siguientes…

—Lo sé, pero como te dije, no pienso meterlos en líos…

—Ya, pero si les matan ya no podrán salir del lío…

—Te preocupas por ellos— Empezó a reír la morena.

— ¡Te he dicho que no! Por cierto no te lo he contado, el sábado me encontré con el estúpido de tu ex…

Pansy miró impresionada y algo nerviosa a Nott, este sin embargo se mostraba tranquilo.

— ¿Draco sabe que estas en la ciudad? ¿Y que pasó?

—Bah, lo de siempre. Alucinó cuando me vio hablando con su cita, que por cierto también es mi vecina, una chica encantadora. En cuanto a lo ocurrido, simplemente preparó el numerito delante de todo el mundo, tú conoces a Malfoy tan bien como yo, sabes como es…

—Si, pero también te conozco a ti y sé que no te quedas atrás…— Agregó la morena defendiendo a Draco.

—El se picó primero, en eso no miento, pero también tengo que reconocer que le insulté un poco, tal vez me pasé.

—Seguro…— Dijo Pansy poniendo los ojos en blanco. En ese momento su móvil sonó con una alerta de mensaje—…Lo siento Theo, tengo que marcharme…— La chica se levantó y tomó todos los papeles que Nott le había entregado.

— ¿Tan pronto?— Preguntó extrañado.

—Si, me requieren en el trabajo.

—Llevar una doble vida es agotador ¿No? Todo se reparte entre los deseos de Riddle y nuestros propios…

—Ni que lo digas. Gracias por todo, y… —La chica se quedó parada como pensando en lo que iba a decir—…Tal vez… Si tú necesitas algo… Yo podría…

—Solo hay una cosa que quiero…—Dijo el castaña cambiando su sonrisa por seriedad—…Pero me temo que tú nunca me lo darás…

...

...

—Esto es un asco— Dijo Hannah mientras caminaba por la calle al lado de Lu. Ambas ya iban preparadas para la fiesta. Abbot llevaba sus habituales y perfectos rizos dorados, los cuales brillaban casi en la oscuridad. La chica solía maquillarse poco y le gustaba ir natural. Vestía un top morado con lentejuelas, pantalones vaqueros de pitillo y unos botines de cordones grises.

Luccia por su parte lucía su larguísima melena rubia platino con flequillo al lado. Como complementos utilizaba una carterita gris a juego con el blazer y las medias, y un borsalino en la cabeza. Como ropa utilizaba un vestido azul oscuro con algunas lentejuelas, además de utilizar los mismos botines que su amiga. Al contrario que Hannah, Luccia solía maquillar mucho sus ojos, los que prácticamente bañaba en rímel y raya negra.

— ¿Por qué no les has dicho a Cormac que nos viniera a buscar?— Se quejó Abbot a su amiga.

—Se lo dije, yo no tengo la culpa de que no se haya presentado…

— ¡Genial! Ahora llegamos una hora tarde, como mínimo. ¡Son las once! ¡Las once! Seguro que todos los chicos guapos ya están cogidos…

—Lo dudo Hannah, siempre hay algún chico para ti.

— ¿Es un cumplido?

—Depende de por donde lo mires. Mira ya llegamos…

"Le Chat Rouge" Era sin duda el mejor club de Paris. Era grande y espacioso, con apartados para las parejas, y con la posibilidad de poder pasar la noche en las habitaciones del club. Las camareras y camareros eran seleccionados estrictamente por una agencia de modelos. Los encargados de las actuaciones eran auténticos expertos en el mundo del espectáculo, siempre se decía, que si triunfas en "Le Chat Rouge" puedes triunfar en cualquier parte.

Las chicas se sorprendieron al ver que no había portero a quien entregar la invitación a la fiesta.

— ¡Genial!— Dijo Abbot fastidiada— ¡Ahora dime que no es una fiesta privada!

Luccia ignoró las palabras de su amiga. La que claramente estaba de muy mal humor. Ambas entraron en el local, y una ola de música les inundó la cabeza; Estaba tan alta que sentían el "Pum, pum" rebotar dentro de ellas mismas. El club, iluminado por varias luces en tonos azulados estaba a rebosar, había acudido en triple de gente que la esperada.

— ¡Esto está lleno!— Gritó Luccia a Abbot.

— ¿Qué?— Gritó esta.

— ¡Que esto, está, lleno!— Repitió la rubia.

Ambas caminaron un poco entre la gente para inspeccionar el terreno. Tuvieron que esquivar a varios grupos de chicos borrachos, y a otro de chicas bastante más mayores que ellas.

— ¡Vete a buscar a tu novio! ¡Te estará esperando!

— ¡Lo dudo mucho!

Hannah miró con un poco de enfado a Lu.

— ¡Aún sigues pensando acostarte con él?— Preguntó.

— ¡Si! ¡Esta misma noche!

Abbot puso cara de fastidio.

— ¡Estás cometiendo un gran error!

— ¡Que?

— ¡Nada! ¡Olvídalo! ¡Es tu vida! ¡Te conozco! ¡Harás lo que quieras aunque los demás te advirtamos!— La chica de los rizos rubios se giró cuando llegaron a la barra y se dispuso a marcharse pero Luccia la agarró del brazo.

— ¡A donde vas?

— ¡A buscar tíos!— Respondió Hannah tirando.

— ¡Y vas a dejarme aquí sola!— Se quejó Luccia.

— ¡Corre a buscar a tu novio! ¡Así no estarás tan sola! ¡Adiós!— La rubia desapareció deslizándose entre un grupo que no paraba de bailar con vasos de alcohol en mano. Luccia se apoyó en la barra con pesadez. Pasó en esa posición varios minutos, pero no conseguía ver a nadie que conociese, todos eran desconocidos borrachos que se iban colgando del brazo de todo el mundo. Cormac no debía andar muy lejos de por allí, solo tenía que esperar a que apareciese.

La primera media hora se la hizo eterna. Consiguió pillar un asiento libre cercano a la barra donde los camareros servían margarita sin parar. Ella decidió pedirse un Martini. Fue demasiado fácil, pues pasaba perfectamente por alguien mayor de edad.

Pasado otro cuarto de hora más, consiguió ver a Hannah que besaba a un chico de cabello castaño apasionadamente en medio de la pista de luces, ambos con una copa en mano; y más tarde a Jamie, que fue la única conocida que se dignó a saludarla con simpatía. Charlaron durante un buen rato, pero luego se marchó ya que Michael Corner quería bailar con ella.

— ¿Aburrida! Se giró para ver si esa voz tan familiar se dirigía a ella.

Su hermano Scorpius la observaba con curiosidad.

— ¡Si un poco!— Respondió ella— ¿Cómo has…?

— ¡Papá me pillo y me mandó a mi habitación! ¡Cuándo él se marchó me escapé por la ventana!

— ¿Y has venido hasta aquí andando!— Preguntó la rubia incrédula.

El chico negó.

— ¡Me ha traído Blaise!

— ¿Blaise está aquí?

— ¡Si! ¡Él y unos cuantos amigos más! ¡William no estaba con ellos! ¡Al menos cuando yo les he dejado no estaba! ¡Que cabrones son los amigos de papá! ¡Si ves que cogorza se estaban cogiendo!

Ambos se sentaron en la barra y comenzaron a charlar.

— ¿Dónde está Cormac?— Preguntó Scorpius recorriendo el club con la mirada—…No lo he visto, además, lo mínimo es que estuviera contigo en su fiesta…

—Lo sé.

— ¿Cuándo piensas dejarle?— Luccia miró a su hermano sorprendida— ¡Joder Lu! Algún día tendrás que darte cuenta de que es un estúpido engendro ¿No? Algún día tendrás que romper con él. Bueno romper una relación ya rota, porque todos sabemos que él no te quiere…— Dijo el chico con dureza. Su hermana le miró escandalizada.

— ¡Cómo se te ocurre decirme eso?

— ¡Porque es la verdad! ¡Abre los ojos y deja de comportarte como una criaja estúpida! ¡Ni aunque te acostaras con él te querría!

Los ojos de la rubia empezaron a humedecerse.

—No te lo tomes mal Lu…

— ¡Qué no me lo tome mal!— Dijo ella llorando—¡Tu estás oyendo lo que me estás diciendo? ¡De verdad piensas que doy tanto asco que ni acostándose conmigo un tío podría quererme!

— ¡No me refiero a eso! ¡Digo que eres una ciega! ¡Estás ciega de amor! ¡Y por estar tan ciega no te das cuenta de lo estúpido que es ese McLaggen! ¡No quieres romper con él porque te da miedo vivir sin él! ¡Eres una cobarde! ¡Y lo comprendo! ¡Estás enamorada! ¡Pero eso no es escusa como para que te comportes como una estúpida!

Luccia empezó a sollozar.

— ¡No puedo creer que me estés diciendo esto! ¡Tú! ¡Tú! ¡Tú eres el único cobarde! ¡Estás enamorado de Jamie! ¡La amas! ¡Y no tienes narices por no decir otra cosa, para decírselo! ¡Yo no soy una cobarde! ¡Porque yo soy capaz de hacer cualquier cosa, y no me importa el miedo que de por Cormac! ¡Me da igual! ¡No le tengo miedo a nada por él! ¡Daría cualquier cosa por él!

Scorpius se quedó callado. Mudo. De los ojos de Luccia empezaron a brotar lágrimas, que se volvieron negras al tocar el rímel de sus pestañas. La chica se giró, pero su hermano la agarró del brazo…

— ¡No me toques!— Gritó. Y le dio un fuerte golpe en la mano— ¡Vete a buscar chicas más inteligentes que yo! ¡Corre! ¡Lárgate!

—Lu yo no quería…

—… ¡Pues lo has hecho!— Gritó ella— ¡Nunca esperé que tú me dijeras esas cosas!

—Lu…

— ¡Déjame en paz!— Gritó histérica.

La rubia se alejó entre la multitud, dejando de Scorpius con un amargo sabor en los labios.

— ¿Desea algo?— Preguntó una camarera al chico que estaba de espaldas a ella.

—Si. Bacardi con limón, Margarita y Vodka negro…

La actuación de la noche comenzó. En cuanto el telón se abrió se oyó un sinfín de silbidos. La bailarina Amelie estaba especializada en el espectáculo burlesque, ella era la estrella de "Le chat Rouge" por excedencia.

Era la chica más impresionante que Scorpius había visto en la vida, de largas y esbeltas piernas, piel blanca con aspecto de porcelana; Ojos grandes y verdosos; Y pelo castaño con algunas mechas rubias de aspecto muy natural. Cantaba "Be Italian" con una soltura impresionante sobre el escenario.

Scorpius se embobó. Casi se le caía la baba.

"Dios, si que podría enamorarme de ella" Pensó. Después de beberse gran parte de la bebida que había pedido, se fue acercando al escenario casi inconscientemente.

...

...

—Esta noche voy a emborracharme— Dijo Blaise Zabini a William Dawson. Ambos se encontraban viendo el espectáculo desde la parte de arriba del club, esa zona se solía reservar para los vips y gente con dinero y ganas de marcha. Había múltiples mesas redondas normalmente rodeadas de chicas ligeras de ropa. Will y Blaise se encontraban sentados en los sillones de piel que rodeaban esas mesas, ambos estaban solos, bebiendo.

— ¿Y por qué vas a hacerlo?— Preguntó Will dando un trago a su whisky.

—Porque voy a salir de cacería.

—Vaya hacía mucho que no empleabas ese término…

—Lo sé— Zabini se terminó su segundo vodka, y empezó a mirar con ojos felinos a una chica rubia de la mesa de al lado—…Te juro Dawson, que cuando termine la noche voy a estar tan borracho que no voy a saber con quien me voy a la cama…

—No hace falta que lo jures, lo haces casi todos los fines de semana…

—Pero es que este es un finde especial tío, míranos, estamos en "Le Chat Rouge" hacía siglos que no veníamos por aquí. ¿Recuerdas la última vez que lo hicimos? ¿Cuánto ha pasado? ¿Cinco o seis años? Y aquí sigue el santo club, igual que siempre: Alcohol y chicas guapas. Creo que me voy a hacer adicto a esto…

—Antes lo eras…

—Voy a retomar el vicio…—William se quedó callado y Blaise aprovechó para hablar—…Vamos Dawson anímate, parece que tienes cincuenta años con esa cara de amargado ¿Por qué no sacas eso que Astoria decía que tenías?

Will empezó a reír.

—La gente se emocionaría demasiado.

Zabini soltó una carcajada y bebió más whisky.

— ¿Ves esa de ahí?— Dijo señalando con disimulo. Will se giró y observó como una chica castaña, de ojos grandes y exceso de gloss labial le miraba seductoramente—…Creo que esa quiere tu baile sexy…

— ¿Qué?— Rió Will.

—Astoria decía que en la cama bailabas genial…

—Astoria era muy bruta a veces…

—Aún así, esa quiere verlo. Corre…—Dijo Blaise animando a su amigo—…Habla con ella. Llévatela al piso de abajo, baila un rato y luego tráeme más whisky, por si no te lo había dicho antes, voy a emborracharme…

El moreno se levantó y se dirigió a la chica que hizo lo mismo. William se colocó la corbata y puso su mirada más felina que nunca.

Como si hablaran telepáticamente ambos se bajaron al piso de abajo.

— ¿Te gusta bailar?— Preguntó ella según bajaban las escaleras que daban a la pista de baile, allí estaba todo abarrotado. Unos bailaban a lo loco, otros bailaban mientras se emborrachaban, y otros simplemente estaban allí ocupando espacio.

—Me encanta— Respondió él agarrándola la mano.

— ¿Cómo te llamas?— Preguntó ella gritando, debido al alto sonido de la música.

— ¡Will! ¿Y tú?

— ¡Daiana! ¡Pero puedes llamarme Di!

— ¡Está bien, Di!— Cuando estuvieron entre la desfasada multitud ambos empezaron a bailar muy juntos, tal vez demasiado…

...

...

Luccia caminaba llorando esquivando grupos de chicos, que de vez en cuando paraban de hablar para mirarla. Estaba encolerizada, realmente furiosa y fuera de sus casillas. Verdaderamente parecía tan peligrosa como cuando Draco se enfadaba, era como si de sus ojos salieran llamas.

Entonces vio una imagen que la sorprendió. Amelie, que ya se había bajado del escenario, mantenía una charla demasiado cercana con su hermano. Ambos estaban sentados en los asientos de la barra. Era como si Scorpius hubiera perdido toda timidez alguna, pues mantenía su mano puesta, en la pierna de la chica, la que vestía un simple bodi negro.

Y se le vino algo a la cabeza, algo de lo que en las semanas siguientes se arrepintió de haber hecho.

— ¿Por qué lloras guapa?— Le gritó un rubio cuando se chocó con él. Ella hizo caso omiso a todos los piropos que le empezaron a lanzar el grupo. Solo tenía un objetivo en mente, encontrar a Jamie.

Después de dar muchas en círculo por el club al final encontró a la rubia bailando con Michael Corner.

La verdad es que eran tal para cual. Ella la friki del instituto, y él del estilo. Quedaban que ni pintados juntos.

Luccia se acercó a la chica de ojos negros y la giró con fuerza.

— ¡Hola Lu!— Dijo sorprendida.

—Necesito hablar contigo. Es urgente.

Jamie se quedó callada y algo asustada.

— ¿Luccia que está…?— Preguntó la rubia al ver los ojos y encolerizados ojos de Malfoy.

—Oh no. No te preocupes Jai, solo te voy a contar algo, nada más…

—Está… bien…— Respondió la chica algo dudosa.

—Ven conmigo…— Ambas chicas se separaron de Michael Corner que se quedó algo rayado por la actitud de Luccia que ni siquiera le dirigió la palabra, ni una simple mirada.

La pareja consiguió separarse un poco de la multitud e ir a una zona un tanto más alejada del ruido. Se fueron a un lado del escenario, el que ahora estaba vacio, ya que preparaban la siguiente actuación, la del cantante Ronald Weasley.

— ¿Por qué tanto misterio?

Luccia se dedicó a mirar a Jamie con maldad. Algo oscuro irradiaba en sus ojos, y McLaggen lo notó.

—Tengo que contarte algo…

— ¿El qué?— Dijo Jamie con curiosidad.

—Es sobre Scorpius…—La chica se quedó algo sorprendida ante las palabras de Luccia.

— ¿Qué pasa con él?

— ¿Recuerdas lo que hablamos hará ya unas semanas? Lo de cuando me dijiste que ningún chico estaba por ti y yo te dije que estabas equivocada. Pues es verdad, lo estabas. Scorpius está por ti. Bueno, en realidad estaba…—La felicidad de Jamie se fue en menos de dos segundos. Por un momento creyó que su mayor sueño se había hecho realidad. Ella amaba a Scorpius, la gustaba en secreto, desde siempre. Por un segundo creyó que le habían concedido un deseo, un deseo que ella casi no creía merecer, pero esa sensación vino tan rápido como se fue.

—Te quería… Y no era lo suficientemente hombre como para decírtelo… —Los ojos de la joven McLaggen empezaron a llenarse de lágrimas—… Lo siento pequeña. Debías saberlo. Y ahora míralo…—Jamie se giró y observó como Scorpius acariciaba el cuerpo de Amelie con sensualidad—… ¿No crees que es un cobarde?

La chica empezó a llorar. Jamás se había sentido así. Nunca había sido tan vulnerable. Nunca la habían roto el corazón.

—Lo siento Lu. Yo… Tengo que marcharme a casa…— La joven McLaggen salió corriendo mientras sollozaba. Luccia sin embargo, se sentía más Malfoy que nunca.

La rubia empezó a sentirse verdaderamente realizada. Se había vengado de su hermano por todo lo que él la había dicho. Había cumplido su cometido. Ojo por ojo. De nuevo empezó a vagar sola por la discoteca. Se acercó a la barra y pidió un Martini blanco solo, verdaderamente le apetecía algo dulce.

Caminó con la bebida en mano por todo el club. Saludó a un par de chicas que conocía del instituto y las preguntó que si habían visto a Cormac. Estas se lanzaron entre ellas unas miradas mientras reían ante la pregunta y luego le indicaron que andaba por ahí dando vueltas con Lavender Brown.

"Brown" Pensó Luccia maléficamente, verdaderamente esa chica tramaba algo, cualquiera podía darse cuenta de ello. Unos decían que quería el puesto de Lu mientras que otros aseguraban que lo que quería era a Cormac, pero la gran mayoría opinaban que en realidad quería las dos cosas, más la destrucción total de Luccia, a la que por todos era sabido, odiaba.

Malfoy empezó a buscar a McLaggen por todo el local. Y entonces vio algo que la descolocó. William Dawson estaba en medio de la pista de baile morreándose con una chica con aspecto de fresca.

— ¿Will?— Dijo alucinando.

Este dejó de besar a la morena y se giró instintivamente al oír su nombre. Se quedó sin palabras, casi estaba avergonzado. Luccia tenía la boca abierta de la sorpresa.

— ¿Qué haces tú aquí?— Preguntó él intentado desviar la vergüenza que sentía.

— ¿No puedo venir a una fiesta?— Se quejó ella.

—No según tu padre… Y menos aún así vestida y con una copa de Martini en mano ¿Cuántos años crees que tienes?— La riñó William.

— ¿Conoces a esa cría?— Preguntó la compañera de Dawson mirando con superioridad a Luccia. Esta capto al instante esa mirada, y como era típico de ella contestó de la peor manera que le fue posible.

— ¿Conoces a esa guarra?

La chica miró con indignación a la rubia.

— ¿Perdona niña?

—Lo que has oído… —Seguidamente Luccia se dirigió a Will—… ¿Quién es esta pava?

William se quedó callado y no respondió, sino que se quedó observando la situación.

—Oye niña no creas que a mí me puedes hablar así…

— ¿A no?— Respondió Luccia con chulería.

Daiana se intentó lanzar contra la joven Malfoy pero William consiguió frenarla.

—Lo que yo te había dicho Will, ¿Ves? Una pava…

— ¡Déjame! ¡Voy a partir la cara a esa cría!

— ¿En serio?

—Lu por favor— Dijo William mientras agarraba la morena que movía brazos y pies intentado soltarse.

— ¡No pienso callarme Dawson ella ha empezado primero!— Gritó la rubia.

— ¿Desde cuando me llamas por el apellido?

Luccia se quedó pensativa.

— ¡Desde nunca! ¡Simplemente me salió así nada más! Por cierto… ¿Bailas?

William se quedó callado y algo descolocado por ese cambio de tema tan rotundo.

— ¿Lo dices en serio?— Preguntó él.

— ¡Claro!— Dijo Lu como si fuera lo más obvio del mundo.

—¡Esto es increíble!— Gritó Daiana de repente, mientras se soltaba al final de un William que mantenía sus ojos verdes oscuros en Luccia—…¿Vas a dejarme por esa?— El moreno miró a Lu, que se cruzó de brazos y luego a Di a la que todo eso le parecía increíble.

— Si— Luccia sonrió ante las palabras de Will, mientras que Daiana se marchó gritando improperios por todo lo alto.

William sonrió a Lu en un principio pero luego borró su perfecta sonrisa y su voz tomo un tono serio que no encajaba con el ambiente que había alrededor de ambos.

—No deberías haber venido…

La rubia borró también la sonrisa de su cara y se removió el pelo al igual que lo hacían Draco y su hermano.

—Lo sé. No me gusta mentir a mi padre, pero necesitaba venir, sino… Cormac y yo…

— ¿En serio has mentido a tu padre solo por McLaggen?

Luccia suspiró.

—Si tú también vas a darme la charla sobre lo poco que me merece Cormac, y lo idiota que soy por favor, ahórratela, ya me la sé de memoria…— Will se quedó callado.

—No voy a darte ninguna charla de ningún tipo. Lo único que te diré es que no entiendo como una chica tan increíble como tú, está con un cerdo como ese…

Luccia se quedó callada y miró a Will a los ojos.

— ¿En serio piensas eso de mí? — Dijo ella acercándose peligrosamente, pero él no movió ni un pie, sino que la quitó la copa de Martini de la mano, y la dejó en una mesa pequeña y vacía que había al lado de ambos.

—Totalmente. No hace falta que nadie me diga que eres increíble, yo ya lo sé…

Luccia sonrió y cuando quiso darse cuenta estaba abrazando al moreno, el que sonrió ante esa reacción de la chica y la rodeó la cintura con los brazos. Ambos pasaron así largo rato. Se sorprendieron al ver lo agusto que se sentían así de cerca el uno del otro. Bailaron al compás de la música lenta que pusieron y que sintieron suya, como si estuviera hecha solo para ellos, como si el mundo, hubiera desaparecido, y solo quedaran los dos.

El hombre subió una mano y la introdujo entre el pelo rubio de ella sintiendo todo su aroma. Ella sin embargo apoyó su cabeza en el hombro de él, y se relajó como hacía mucho tiempo que lo hacía. Conscientemente rozó con sus labios el cuello de él, e inundó la nariz en su perfume masculino que hizo que se erizara todo el vello del cuerpo. Solo Will podía conseguir eso en ella, solo él sabía como hacerla sentir mejor cuando nadie más podía. Solo él podía entenderla.

—Luccia— Una voz conocida por ella les interrumpió. Lu abrió los ojos y se sorprendió al toparse con los negros de Cormac.

—Cormac— Dijo ella separándose de Will—Lo siento… Esto…— Expresó algo ruborizada—…Te presento a William Dawson… Will, este es Cormac McLaggen.

Ambos se estrecharon las manos mientras se miraban desafiantemente.

—Un placer—Dijo el moreno.

Cormac asintió, y luego miró a su novia con autoridad.

—Vamos, he cogido una habitación para nosotros…— Dijo sin pudor alguno.

Luccia enrojeció considerablemente, y Will miró a Luccia.

— ¿Vais a…?— Se calló ante la mirada de los dos adolescentes. Asintió como haciéndose a la idea—…Bien pues entonces os dejo solos…—Seguidamente se dio la vuelta, y se dispuso a marcharse, pero sintió algo, un calambre que le subió desde la mano al cerebro, fue como caerse, como parearse, cerró los ojos un segundo y luego cuando volvió a abrirlos vio como la mano de Luccia le agarraba con delicadeza. Él se giró y se topó con los ojos azules oscuros de la chica, y se quedó prendado de ellos, no podía soltarlos, no podía sacárselos de la cabeza, nunca olvidaría como ella le miró.

—Will por favor…— Suplicó ella—…No tengas mala consideración de mí por esto— Dijo casi en un susurro—…Yo le quiero…—Unas lágrimas salieron de los ojos de la chica y de nuevo volvieron a tornarse negras—…Y estoy dispuesta a cualquier cosa por él, y si tengo que hacer esto, aunque no esté segura de que si es lo correcto… Lo haré, porque soy una Malfoy, y… No soy ninguna cobarde…

William la miró con seriedad y casi con enfado. Se soltó de la mano de ella y se perdió entre la gente.

Luccia empezó a llorar, pero Cormac hizo caso omiso a los sentimientos de la chica, la agarró y se la llevó. Scorpius mandó una mirada suplicante a Luccia cuando pasaron por su lado, pero la chica ni siquiera le miró. Ahora solo la importaba lo que estaba a punto de pasar esa noche que no olvidaría nunca…

...

...

— ¿Has traído mi whisky Dawson?— Preguntó ya un borrachísimo Blaise cuando William llegó.

—No. Se me ha olvidado…— Dijo el hombre con seriedad.

— ¿Dónde está la piba esa con la que te has…?

—Por ahí…

—Debes salir con alguna chica… —Recomendó Zabini, seguidamente el chico empezó a reír enérgicamente, pero Will no le hizo caso. Estaba demasiado preocupado por Lu, seguro que Cormac tramaba algo, era un adolescente y encima un chico. Quería intervenir, era verdad, en el fondo de su corazón tenía que aceptar que no quería que Luccia se acostara con él, ella era su niña, y de nadie más, se sentía como si fuera él el único hombre en la tierra que tuviera derecho a tocarla.

Apartó esos pensamientos de su cabeza en cuanto el pelo rubio de Draco Malfoy asomó por las escaleras.

—A buenas horas…— Dijo Will ofuscado.

Draco se sentó a su lado y miró con un poco de asco como Zabini descansaba su cabeza sobre la mesa mientras babeaba.

— ¿Qué le pasa?—William puso los ojos en blanco ante la pregunta del rubio. Draco lo entendió al instante—…Vale, a veces no sé porque pregunto…

— ¿Cómo va la cosa?— Preguntó Will.

— ¡Bien! Es sábado, es de noche y estoy sano como una manzana, en pocas palabras estoy genial… ¿Y tú que? Te veo algo… Amargado…

— ¿Yo?— Dijo William fingiendo estar sorprendido ante las palabras del Malfoy—…Estoy bien, ¡Es más! Acabo de enrollarme con una chica guapísima…

Draco sonrió de lado.

— ¿Y dónde está? ¿La has espantado?— Dijo Draco mientras cogía el vaso de Blaise y lo olía.

—Yo no la espanté, otra chica lo hizo por mí…—Expresó Will sonriendo.

—Vaya… Veo que estás que te sales…

—Ni que lo digas, ¿Sabes? Hacía tiempo que no me encontraba tan bien…

— ¿No me digas?— Preguntó Draco sorprendido.

—Si. Me siento tan bien que creo que bajaré a por bebidas para todos…

— ¡Eso!—Saltó de repente Blaise—…Baja y haz algo de utilidad…

Draco miró como Zabini se revolvía en su asiento haciendo gestos sonidos extraños, y luego se levantaba y daba tumbos hasta la mesa con más chicas que había cerca de ellos.

—Sabes Will… Creo que voy a acompañarte…

Esto fastidió a Dawson. Bien sabía él, que el estar de buen humor era una escusa bastante vaga, pero creía que sería lo suficiente como para librarse de Draco y Blaise e ir a buscar a Luccia. No podría hacerlo si Malfoy estaba cerca…

...

...

Scorpius se encontraba sentado en una de las zonas más apartadas del club. Tenía a Amelie sentada sobre sus piernas, mientras esta le removía el pelo y le besaba la frente.

El lugar era más bien oscuro, apenas se veía nada, y por la pinta, estaban solos sentados en los sofás que daban a al pared, aún así podían ver a toda la gente del club ya que, aquel lugar estaba muy cerca de la barra.

— ¿Cuántos años dices que tienes?— Preguntó la chica seductoramente.

—Dieciséis— Respondió el chico casi mareado por el fuerte perfume que ella desprendía.

Se estaba volviendo loco, sentía como si algo se moviera dentro de él. Esa chica le estaba acariciando como nunca lo habían hecho antes. Su cercanía le resultaba agradable y placentera hasta un límite al que nunca creyó llegar.

—Pareces mayor— Dijo Amelie mientras bajaba su mano hasta el trasero de él.

— ¿Y tú cuántos?— Preguntó él chico embobado.

Ella empezó a reír.

—Veinte— Seguidamente la chica empezó a acercar sus labios a los del rubio con una sonrisa. Los labios de ella eran rojos, carnosos y muy apetecibles, mientras que los de Scorpius eran más finos y masculinos.

El beso les supo a ambos a fresa. Los labios de uno retozaron en los de otro, y sus lenguas tibias chocaron mientras entraban en sus bocas. Seguidamente se separaron con pesadez.

Ambos se miraron y empezaron a reír.

Amelie empezó a remover el pelo del chico, mientras él acariciaba el corsé negro y azul brillante que ella llevaba.

— ¿Quieres pasar?— Dijo ella mientras señalaba con la mirada un pasillo oscuro.

Scorpius sonrió seductoramente, y beso de nuevo a la rubia.

—Si… ¿Por qué no?

Ella le volvió a besar, le agarró la mano y la puso en su entrepierna. El chico abrió los ojos y la imagen que vio le sorprendió, apartó a Amelie con fuerza y miró con sorpresa.

— ¡Mierda no me dijo que vendría!— Gritó de repente.

Draco y Will estaban en la barra, a unos pocos metros de ellos. Si el hombre giraba la cabeza podría verle perfectamente y seguramente se prepararía el lio del siglo.

— ¿De quién hablas?— Preguntó ella sorprendida ante tal reacción.

—Mi padre. Ha venido, ¡Mierda, me dijo que iba salir por ahí, pero no aquí!— Scorpius estaba frustrado, miraba de lado a lado con desesperación como buscando un sitio por donde escapar.

—No te preocupes…—Dijo Amelie levantándose—…Puedes salir por atrás…

—Pero yo no me quiero ir… Quiero quedarme aquí contigo… Y…—El chico miró lascivamente a Amelie—…Terminar lo que hemos empezado…

Ella rio.

— ¿Tienes dinero?

El rubio se quedó algo sorprendido por la pregunta, pero asintió.

—Entonces no tiene porque acabar aquí… Toma…—Amelie sacó una tarjera blanca y se la entregó a Scorpius—…Llámame cuando quieras…

...

...

— ¿Hasta que punto se va a emborrachar Zabini esta noche?— Preguntó Draco apoyándose con un brazo en la barra.

—Hasta el punto de no recordar con quien se va a la cama…—Respondió Will mientras hacía un gesto a un camarero para que acudiera a servirlos. El hombre lo vio y se acercó enseguida—¿Deseas algo Draco?

—No, no voy a beber esta noche, mañana tengo que levantarme y…— Los ojos se le fueron a la puerta de entrada y no terminó la frase. Se había quedado pasmado. Estaba increíble, fantástica, parecía tener clase y todo. El momento que más había temido había llegado. Allí estaba ella, Hermione Jean Granger, con un vestido hermoso de color gris y de corte sobrio y muy recatado, y aún así, le pareció que estaba increíble. Su corazón empezó a palpitar descontroladamente, mientras su respiración se agitaba.

Will captó la reacción del hombre, podía intuirlo, notaba como le brillaban los ojos, hacía tiempo que la máscara de Draco Malfoy no caía y dejaba ver su verdadero rostro. Instintivamente Will se giró y contempló a la castaña, y le pareció que realmente estaba muy guapa.

Draco enmudeció. No tenía palabras para expresar ese cúmulo de sentimientos que tenía en su interior… Era como si ella estuviera frente a él, era como la primera vez…

Ambos estaban apoyados en la barra. Eran los únicos que no habían ido a bailar. Mantenían el silencio y la frialdad mientras veían como Will y Astoria se besaban con pasión en el centro de la pista de baile.

Ninguno de los dos estaba dispuesto a romper el silencio. Ni siquiera habían intercambiado unas palabras entre ellos, solo una serie de miradas fogosas y a la vez fugaces, de esas que hacen que te tiemble todo el cuerpo.

Holaag chiggcoss— Zabini se acercó a ellos. Como de costumbre se había emborrachado demasiado— Draco… Tío ¿Có-có, Como estás? Bueno, en grealidad no sé para que pregunto… Ya veo que bien— Y seguidamente el castaño empezó a reír. Theo se acercó y cogió a Blaise por el hombro.

Este chico siempre igual…— Dijo con una sonrisa mirando a Draco y a Paris—…Lo siento Paris, creo que hoy será Draco quien te llevará a casa… Creo que tu primo está indispuesto…

Ambos se pusieron nerviosos e intercambiaron una mirada rápida, como si ambos supieran que si se quedaban solos, algo pasaría, estaban más que seguros, podían notarlo, era solo cuestión de tiempo…

— ¿Sabes que Will?

William miró a su amigo que no apartaba los ojos de Hermione.

—He cambiado de opinión… Voy a emborracharme…

— ¿No vas a saludarla?— Dijo Will incrédulo.

— ¿Por qué debería hacerlo?— El rubio no había contado a William lo ocurrido en su último encuentro con la castaña, ni pensaba hacerlo en un principio, pues sabía perfectamente que se iba a llevar un larguísimo discurso además de que Dawson seguramente se enfadaría con él por su falta de fuerza de voluntad.

— ¡Pues no sé! ¡Dímelo tú! ¿Por qué crees? ¡A mi no se me ocurren razones!

—Póngame cinco whiskys…—Pidió Draco al camarero, seguidamente se dirigió a Will—…Ni a mí tampoco…

—A veces me sorprende tu estupidez Malfoy, puede llegar a resultar agobiadora…

Draco no contestó y en cuanto le trajeron al bebida empezó saborear cada trago como si fuera el último. Se lo bebió rápidamente, no quería dar tiempo a que su cerebro pensara, quería una distorsión de la realidad, algo que le ayudara a no pensar…

—Mira, ha venido con su amiga pelirroja…

— ¿Con quién?— Preguntó el rubio ya algo mareado y con un ardor terrible en el estómago.

— ¡Con la pelirroja…!

—Ah… Si… ¿Por qué no sales con ella…?

William miró a Draco frunciendo el ceño.

— ¿Tu eres tonto? ¿Cómo voy a salir con ella?

—Pues podías ¿Por qué no?

Will se quedó pensativo, y miró a Ginny, la verdad es que era muy guapa y tenía pinta de ser simpática, sería una buena caza, pero aún así no era su tipo, tenía pinta de ser demasiado alocada y… ¿Normal? Él nunca, en su vida, había tenido una relación normal o tranquila, las mujeres con las que había salido eran alocadas e incluso peligrosas (solo tenía que pensar en Astoria) tal vez ese era su verdadero tipo de chicas, a las que les gustase sentir la adrenalina bajo su piel…

—Vamos a saludarlas…— Dijo el moreno tomando la iniciativa.

— ¿Qué? Están con un montón de gente que no conocemos…— Dijo Draco mientras se pasaba la mano por la cabeza. Estaba empezando a sudar, y los ojos le daban vueltas, los efectos de todo el alcohol ingerido estaban empezando a hacerse más notables.

—No están con gente que no conocemos… Bueno a esa rubia platino y cara de pava yo no la conozco, ni al gordito moreno. Pero si a los demás… ¡Mira! Esa es Fleur… ¿No crees que deberías preguntarle por Clemence?

— ¿Fleur está ahí?— Dijo Draco intentado enfocar más los ojos.

— ¡Si! Y debes ir a saludarla y preguntarle por su hermana… Ella siempre me pregunta por ti cuando me ve. Es una gran mujer, no entiendo porque te divorciaste de ella…

—Fue de mutuo acuerdo…— Dijo Draco mientras se removía el pelo y lo echaba hacía atrás como siempre solía hacer—…Debo ir saludar a Fleur…—Pero en cuanto se levantó del asiento perdió la noción de todo…

...

...

El ruido del motor del coche le hizo daño en los oídos. Casi se había olvidado de lo que le afectaba el alcohol. Apenas tenía fuerzas para hablar, la cabeza le daba vueltas, y se sentía desorientado.

Miró hacía un lado como pudo, quería saber quien le llevaba. Se sorprendió, los sentidos se le estimularon y casi dio un salto del susto. Hermione miraba la carretera con cara seria y de bastante enfado.

El rubio evitó hacer cualquier ruido para que Hermione no se percatara de que se había despertado, lo último que quería era que ella le mirase con ojos asesinos y que se vieran obligados a mantener una pesada conversación, o un incómodo silencio…

Ninguno de los dos se miraba. El contacto visual y verbal era totalmente nulo, y ambos estaban dispuestos a que así siguiera. Llevaban ya unos cinco minutos en el coche y ni siquiera habían intercambiado dos palabras.

La noche era oscura, el cielo estaba totalmente cubierto de nubes, y la lluvia sacudía en el suelo con fuerza llenando las cunetas y formando charcos por la carretera.

¿Estás seguro de que es por aquí?— Dijo Paris rompiendo el silencio.

Draco no contestó, se limitó a seguir serio en infranqueable.

Perdona… Te he hecho una pregunta…— Expresó la chica endureciendo su rostro. El rubio tardó unos segundos en responder, y cuando lo hizo, lo dijo de mala gana.

No.

¿Entonces nos hemos perdido?— Dijo ella levantando la voz.

Puede— El rubio se encogió de hombros con una sonrisa en la cara, y Paris puso una cara de incredulidad.

Draco aceleró. La carretera se volvía oscura por momentos, y las cunetas empezaban a poblarse de arbustos.

De repente, el joven Malfoy divisó algo por el espejo retrovisor, a pesar de que se veía muy mal, pudo distinguir las luces azules y rojas parpadeantes, y el típico parpadeo de los coches de la policía.

Mierda— Expresó el rubio. Paris miró por el espejo y seguidamente miró a Draco alarmada.

Tienes el carné. ¿No?— Dijo ella con seguridad. Malfoy no dijo nada— ¿Draco?—El chico continuo callado, y Paris empezó a olerse lo peor—…¿Cuántos años tienes?

Draco dudó dos veces pero al final respondió.

Dieciséis, he quitado el coche a mi padre…

¡Qué!— Exclamó ella histérica— ¡Cómo vamos a…!

Tu tranquila, intentaré inventarme algo…— Seguidamente pisó el freno…

— ¿Cómo estás?— Preguntó Hermione cortantemente. Draco la miró sorprendido, su esfuerzo por no hacer ruido había sido en vano.

—Mm… Bien… ¿Y tú?

—Estupendamente…

— ¿Puedes conducir con el pie…?

—Si… Me duele un poco, pero puedo conducir, aunque supongo que si nos pillara la policía me meterían una buena multa…

Draco no dijo nada. Ambos callaron durante un buen rato. La mansión Malfoy estaba bastante lejos. Empezó a llover. Esa era la noche más oscura que Hermione había visto jamás en Paris, la verdad es que en todo el tiempo que llevaba en la ciudad el tiempo había sido estupendo.

— ¿Y?— Dijo Hermione de repente haciendo que Draco se asustase.

—Y ¿Qué?— En verdad la temía, temía lo que pudiera echarle en cara, y sobre todo, a lo que más miedo tenía era a una conversación sincera o que pudiera mostrar alguna debilidad por ella en algún momento.

—Y…—Dijo Hermione remarcando su tono—…¿No vas a disculparte por lo del otro día?

Draco intentó adoptar el modelo irónico que Zabini habría empleado.

— ¿Es que acaso debería?

Hermione apartó un momento los ojos de la calzada y lo miró indignada.

— ¿Ni siquiera vas a darme una explicación?

— ¿Una explicación de que?

La chica suspiró.

—Una explicación para que el otro día me estamparas contra una pared e intentaras… Tocarme…— Dijo como si le costase decir esas palabras.

Draco rio y a la vez sintió un fuerte mareo seguido de un dolor de cabeza.

—Yo hago lo que quiero…— Expresó con calma mientras cerraba los ojos con fuerza intentado despejarse.

— ¡Ni siquiera te preocupa que le diga algo a mi hermana!— Afirmó la castaña.

—Mira Granger… De lo último que tengo ganas ahora mismo es de… Pensar en Marie…

Hermione se sintió dolida. Estaba empezando a cabrearse de verdad…

— ¿Tu la quieres aunque sea un poquito?— Preguntó con dureza— ¿Te importa alguien más aparte de ti mismo?

—Mis hijos, Will, Blaise…

— ¡Pero no Marie!— Exclamó ella.

—Si… Y Marie…— Tal vez si lo hubiera dicho otra persona habría sonado más convincente, pero esa, decir que quería a Marie, era una mentira demasiado grande como para mentirla bien.

— ¡Ja! ¡Te importa, te importa…! ¡Ni un poquito! ¡Nunca haces nada por ella! ¡No te empleas en ella lo más mínimo!

— ¿Y tú que sabes?— Dijo el rubio intentando levantar la voz, aunque eso solo hizo que le doliera más la cabeza.

—Lo veo. ¡Cualquiera puede verlo, por dios! ¡Nunca la besas! ¡Ni la miras con cariño, respeto u amor! ¡Y la tocas con asco, como si estuvieras con ella por obligación! ¡Y para colmo, me miras a mí, e intentas…!— La castaña calló ahí, no quería continuar, no quería decir ni una palabra más—Draco… Solo… Dime una cosa… ¿Tu sientes algo... Por mí…?— Dijo para luego arrepentirse de lo tontas que le sonaron.

El rubio calló. No, no sentía nada por ella, solo atracción, pura y dura, pero nada más. No se sentía atraído por ella en ningún sentido. Él amaba a Paris, a ella y solo a ella, la única mujer que con solo mirarla supo, que la amaría para siempre…

¿Sabes? Esto es culpa tuya…— Dijo la chica indignada mientras veía como se alejaba el coche de la policía. Ambos se encontraban sentados en el coche, el que estaba aparcado a un lado de la carretera. La policía había llamado a los padres de los dos adolescentes para que pasaran a buscarlos, solo les quedaba esperar.

Lo dices como si no lo supiera… ¡Joder!— Se quejó el rubio mientras daba un puñetazo a la guantera haciéndose daño—…¡Dios, mi padre va a matarme!

¡Y no es para menos!

¿Cuánto tiempo crees que tardarán en venir a buscarme?

¡Y yo que sé! ¿Por qué lo preguntas?

Porque cuanto antes acabe esta pesadilla de estar a tu lado mejor…— La chica enmudeció se sintió verdaderamente ofendida.

¡Pues si no quieres estar conmigo adelante échame de tu coche! ¡Bueno, el que no es tu coche, por que no lo es, es de tu padre! ¡Échame a la carretera para que me muera de frío o algo así! ¡Para que me coja una pulmonía o…!—Ella continuó hablando, y cuanto más hablaba, mayor era la sonrisa de la cara de Draco, y cuánto más grande era esta, más se enfadaba Paris, y más hablaba—…¡Y por eso deduzco que me tienes asco! ¡Y que no me soportas! ¡Aunque no le encuentro la razón ya que ni siquiera hemos mantenido una conversación un poco decente!

Draco soltó una carcajada.

¡Y ahora de que te ríes!— Se quejó la chica.

Creo que me has interpretado mal, o que simplemente, yo me expliqué mal…

La chica calló y esperó a que él continuase.

—…Lo que quería decir es: Que cuanto antes acabe la pesadilla de estar a tu lado, y no poder besarte… Mejor…

La chica enmudeció, y su cara se volvió de un rojo intenso. Se sintió tensa y abrumada. El rubor cubría todo su rostro, y su corazón latía a mil por hora.

Por un momento el chico la miró, y ella pudo sentir el fuego de su mirada, e incluso eso que va más allá de cualquier pasión…

Empezó ha acercarse lentamente, disfrutando cada segundo que pasaban sin tocarse, controlando al límite cada uno de sus movimientos, sintiendo, oyendo, poniendo los cinco sentidos en ello. Las manos de ambos tocaban la suavidad de los asientos del coche, sus ojos se cerraban con lentitud sumiendo a la vez a cada uno los músculos de su cuerpo en un relax total. Podían escuchar como la lluvia y a la vez los latidos de su acelerado corazón y su agitada respiración. Olían el perfume del otro, que les atraía en todo, por la juventud y la frescura que se transmitían, por la confianza… Por último unieron sus labios en un beso eterno, que los selló para siempre y que les unió para toda la eternidad, más allá de la vida, y de la propia muerte…

—No…

Hermione se quedó callada. ¿Así que no sentía nada por ella? ¿Entonces que narices le pasaba a ese hombre? ¿Qué le ocurría? ¿Por qué la miraba siempre de esa forma? ¿Qué veía en ella?

—Entonces… Si eso es así… ¿Por qué intentaste tocarme el otro día? ¿Por qué me miras de esa forma? ¿Cuál es tu problema Draco Malfoy?— Dijo ella con dureza. Draco empezó a pensar, no sabía que responderla y cada vez le costaba más pensar.

— ¿Mi problema?—Dijo pasándose las manos por la cabeza intentado que así se calmase el dolor que sentía—…Mi problema va más allá que todo lo que tú o tu hermana podríais entender jamás…

— ¿A si? ¿Y por qué no pruebas?

—Créeme Granger…—Dijo acercándose a la oreja de la chica—…No me interesas lo más mínimo, si lo hicieras ya te habrías dado cuenta hace mucho. ¿Por qué me acerco a ti? Porque me da la gana, y no hay más razón, no la hay, simplemente porque me apetece. Eres joven y a veces puedes resultar atractiva y todo… —A la chica se empezó a ruborizar—…Pero tu carácter es estúpido, eres inmadura y débil. Puede que seas guapa, pero no tienes lo que busco en una mujer, seguridad, fuerza… Eres una simple cría, yo busco una mujer… Puede que en tu cuerpo parezcas una, pero como te dije, no hay comparación entre ella y tú…—Hermione empezó a pensar que hablaba de Marie pero aún así no estaba del todo convencida—…Mientras ella era…

— ¿Era?— Dijo la chica extrañada, pero Draco continuó.

—…La persona más increíble que he conocido en mi vida. Tu eres una niña. Ella era fuerte al cien por cien, y tú eres una debilucha. Crees que sabes volar, pero te aseguro que apenas as salido del nido. Ella era una mujer y se comportaba como tal, tú aún pareces una simple adolescente que intenta hacer lo correcto… Por favor si quieres gustar a algún hombre… Madura…

La castaña calló y miró a Draco ofendida.

— ¿A si que eso es lo que piensas de mí?

—Pocas veces en mi vida he sido tal sincero. Sinceramente cuando te vi por primera vez pensé que serías igual a quien eres, pero… Me has decepcionado… A penas eres la sombra…

Hermione sentía enfado. No encontraba sentido a las palabras de Draco, pero tampoco las dio mucha importancia, solo sentía odio hacía el que era su cuñado, ¿Cómo podía haber un ser tan despreciable y mal educado sobre la faz de la tierra?

—Esta bien… Creo que ya lo hemos arreglado todo…

—Eso espero…— Respondió él.

...

...

La noche se volvía más oscura por momentos, la lluvia azotaba más que nunca las calles de Paris, haciendo que monumentos como la torre Eiffel quedaran inmersos bajo la capa de agua.

— ¿Quieres bailar?— Preguntó el chico a la pelirroja. Este parecía muy borracho, Fleur dudaba que pudiera bailar en ese estado, pero Ginny aceptó sin pensarlo.

—Lo siento Fleur, te dejo sola. ¡Por favor tía anímate!

Fleur y Ginny habían estado sentadas en los sofás de la parte alta del club. Tocaban ya casi las dos de la madrugada y la fiesta estaba ya desfasada. Diez de cada doce personas estaban altamente bebidas. La cosa ya se había transformado en algo salvaje.

Ginny ya estaba con bastantes copas de más, mientras que Fleur aún no había terminado siquiera el primer vaso de vodka.

La segunda actuación ya había terminado. Ron se bajaba del escenario con cansancio, verdaderamente trabajar hasta esas horas agotaba a cualquiera. Nunca acababa de acostumbrarse.

Se dirigió hacía la segunda planta, pues sabía que Ginny se encontraría allí. Se preguntaba en que estado estaría ya a aquellas horas.

Solía ser bastante protector con su hermana, a pesar de que esta estuviera ya bastante crecidita le gustaba cuidar de ella.

Cuando llegó a la zona alta miró hacía varios lados. Recorrió la sala con los ojos y lo único que pudo distinguir fue a un hombre de pelo castaño y repeinado hacía atrás muy cerca del cuello de su hermana. Ambos parecían unidos en una "conversación" demasiado animada para llegar a serlo.

Miró hacía todas partes. Todos parecían estar muy borrachos, pero una imagen en especial le llamó la atención: Una chica rubia de porte serio miraba con desgana su vaso aún semi lleno de vodka.

Se sintió atraído. En verdad no supo muy bien como llegó a estar sentado al lado de esa chica de nombre Fleur Delacour. Y se sorprendió más a si mismo cuando ambos empezaron a entablar conversación.

Hacía tiempo que no hablaba con otra mujer que no fueran, Tonks, Ginny o su madre. Verdaderamente le gustó esa chica. Tenía un aspecto serio y altivo que le atraía demasiado, además de que parecía inteligente y sensata, unas cualidades que no todas las mujeres poseían.

— ¿Quién es el chico con el que está mi hermana?— Preguntó Ronald mirando con ojos brillantes a Fleur.

—Nos intentó decir el nombre aunque no lo consiguió, estaba muy borracho, y me temo que Ginny también lo está…

Ron puso los ojos en blanco.

— ¿Tu no bebes?— Le preguntó a la chica mirando su vaso semi-lleno.

—No, no me va mucho el alcohol…

— ¡Una chica correcta! ¡Me gusta!— Ambos se miraron y sonrieron.

— ¿Y tú? ¿No bebes?

—No me apetece… A parte… Sé que suena tonto… Pero no me gusta el sabor…

—No es tonto, si no te gusta ¿Por qué beberlo?

Entre ambos se produjo un silencio que continuó el resto de la velada. Hasta que Ginny decidió marcharse con el chico de ojos felinos con el que se había besado.

El día había acabado ahí, pero el destino querría que se volviesen a encontrar…

...

...

Cormac se levantó de la cama y empezó a ponerse la ropa. Su rostro se mostraba serio y malhumorado. Luccia se cubrió con la sabana y miró al chico suplicante mientras este se calzaba los zapatos y se abrochaba la cremallera del pantalón.

— ¿O…?—Dijo la chica dudando—¿Ocurre algo?

El chico no dijo nada, continuó vistiéndose hasta que terminó. Cuando lo hizo miró a Luccia con cansancio. Esta mantenía su mirada suplicante.

La experiencia no había sido lo más mínimo gratificante, ni le produjo placer alguno. Él la había hecho daño en varias ocasiones, no había sido cuidadoso ni había molestado en el estado en el que se encontraba la chica, no se había preocupado en absoluto.

—No. ¿Me ves cara de que me pase algo?— Preguntó él poniendo voz de tonto.

—Pues si— Respondió ella.

—A lo mejor eres tú la que tiene el problema, no yo…

—Pues lo dudaría Cormac, sinceramente.

— ¿Vale y tú que cojones crees que me pasa?— Preguntó el chico con dureza—¡Haber! ¡Dime! ¡Respóndeme!

— ¡Ahora me grita! ¡Me gritas! ¡Después de lo que hago por ti! ¡Después de lo que te aguanto!

— ¡Perdona, yo hago lo que me da la gana con quien me da la gana!

— ¿A si?— Dijo Luccia desafiante.

— ¡Si!

— ¿Entonces si yo no hubiera querido acostarme contigo, lo habrías hecho igualmente?

— ¡Puede!

Luccia se levantó de la cama incrédula envuelta en una sábana.

— ¡Eres un cerdo! ¿Lo sabías? ¡Un cerdo estúpido y asqueroso, engreído y egocéntrico! ¡Un auténtico animal!—Dijo ella estallando.

— ¡Y tu una maldita y estúpida mujer!

— ¿Perdona? ¡Eres un cerdo! ¡Te odio! ¡Te odio, te odio, te odioo!

Cormac calló y dio un puñetazo a la puerta.

— ¡No te dirijas a mi de esa forma!— Dijo fuera de si— ¡Háblame con el respeto que merezco!

— ¡Los cerdos como tú merecen el mismo respeto que el que se le tiene a un gusano de esos que se arrastran en el barro!

— ¡Y tú eres tan idiota que te acuestas con uno! ¿Qué dirá ahora tú hermano Luccia…?—La chica guardó silencio y tembló ante la mirada agresiva del rubio—…¿Te seguirá llamando hermana después de lo que hemos hecho? ¿Después de cómo te he besado! ¿Después de cómo has gemido y gritado mi nombre? ¡Cormac! Oooh Cormac, ¡Si! ¡Siiiii!

—Cállate. Tú no conoces a Scorpius… Él es una gran persona… No como tú… Él tiene corazón, sabe perdonar. Él me quiere…

Cormac empezó a reír.

— ¡Por dios! ¿Quién te va a querer a ti? Si eres estúpida. ¡Madre mía hay que estar ciego para no darse cuenta!

—No me puedo creer que me estés diciendo todo esto ahora…

— ¡Ya sabes lo que dicen! Los tontos no se dan cuenta de que son tontos… ¡Vamos! ¡De verdad creías que acostándote conmigo lo arreglaríamos todo? ¡Por dios! ¡Eres más estúpida de lo que creía!

Los ojos de la chica empezaron a humedecerse, se sentó sobre la cama mientras más lágrimas caían por su cara estropeando aún más su maquillaje.

—Yo confiaba en ti…

—Lo sé. ¡Más fácil para mí engañarte! ¡Créeme Lavender es mucho mejor que tú en la cama!— Seguidamente el rubio abrió la puerta—…Solo dile a Scorpius de mi parte que… Conseguí lo que quería…—Y despareció cruzando la puerta.

...

...

Caminó bajo la lluvia durante un largo rato. Tenía frío. Un frío que le helaba los huesos y le hacía temblar. No tenía que hacer, ni a donde ir, era como si el mundo se hubiese acabado. Tan joven, tan tonta… Tal vez Cormac tenía razón y en verdad era estúpida por no ver lo que todos veían.

No podía volver a casa porque había dicho a su padre que dormiría en casa de Hannah, y no iría a casa de Abbot ya que esta estaba enfada con ella. No quería hablar con nadie, solo quería nadar en su estupidez, embadurnarse del líquido de sus fallos, verdaderamente quería morirse, no le habría importado.

No quería sentir los ojos de superioridad con los que la miraría Lavender a partir de ahora pues, si algo de eso salía a la luz, y Brown y McLaggen empezaran a salir, ella perdería su trono, dejaría de ser la reina y estaría bajo las normas impuestas por Lavender. ¡Qué triste destino para una Malfoy!

Tendría que soportar también, las palabras de Scorpius, de sus amigas y de mucha gente más. ¡Y ay de ella como su padre se enterase! Le había decepcionado, sentía como si hubiera manchado su nombre. El confiaba en ella no había hecho honor a esa confianza.

Caminó durante media hora. Estaba helada, mojada, muerta de frío. Por todo su pelo chorreaba agua al igual que por su ropa.

Las calles estaban oscuras, malamente iluminadas por farolas de luz grisácea. No se veía un alma, pero no tenía miedo, estaba lo suficientemente mal como para sentirse despreocupada de lo que le ocurriera.

Varios coches pasaron a su lado y se la quedaron mirando con curiosidad, pero ella les ignoró. Seguramente estarían llenos de borrachos o de mujeres de las calles. Pero para su sorpresa, uno de esos coches paró y la abrió la puerta. Un hombre de unos treinta años, de pelo negro y ojos verdes oscuro la llamó y la invitó a entrar.

Casi la dio un vuelco al corazón. Will estaba allí. Ni siquiera se había parado a pensar en él. El hombre lo sabía, sabía lo que acababa de hacer.

—Ven, monta— Dijo el moreno mientras ponía la calefacción. La chica entró sin decir nada, pero en sus ojos se notaba que no había salido bien.

—No tienes porque contarme nada…—Luccia miró de reojo a Will el que puso en movimiento el coche y giró varias calles—… ¿Tienes donde ir a dormir?— Ella negó—…Bien. No te preocupes, puedes venir a mi casa, tengo sitio suficiente y hay helado de chocolate en la nevera.

Ambos continuaron callados el resto de camino a casa. Lu empezó a entrar en calor por el aire caliente que salía de la calefacción del coche del hombre. Había parado de llorar. Se encontraba en una especie de estado de shock que le impedía decir o pensar en algo, y lo prefería así, no sabía si era porque estaba cansada, aunque no tenía ganas de dormir.

Al fin llegaron a la casa de Will, que como los Malfoy vivía en una gran mansión antigua restaurada por su familia. Los Dawson era un familia adinerada que descendían de la aristocracia española, aunque su padre era inglés de ahí el apellido.

Al abrir la puerta del coche una corriente de aire frío hizo que Lu se estremeciera.

—Espera— Dijo Will antes de que ella saliera. Entonces, este salió del coche y le rodeó, entonces se quitó el abrigo y se lo puso a Luccia—…Ven— La rodeo con el brazo intentado darle calor y ambos entraron en la casa de estilo sobrio.

La entrada recordaba mucho a la de los Malfoy. Con amplias ventanas por las que se podía ver la lluvia, alfombras sobrias, cuadros de antepasados, una lámpara araña en el techo…

—Puedes ir al piso de arriba, te dejaré ropa, aunque tiene que ser mía porque como sabes vivo solo…— Dijo el hombre mientras cerraba la puerta con llave.

Luccia se dispuso a hablar pero él la cortó.

—…No tiene importancia. De verdad, no me des las gracias…— La rubia cerró la boca y se dispuso a subir las escaleras—…La habitación de invitados está en el tercer piso, puerta cuatro. Y puedes coger una de mis camisas para dormir, están en mi habitación…

— ¿Tu no duermes?— Preguntó ella con una voz débil que casi la resultó tonta.

Will esbozó una sonrisa al oír hablar a la chica.

—No. Suelo acostarme muy tarde cuando no tengo trabajo, estaré en el salón viendo la tele… Si necesitas algo…

Ella negó con la cabeza, y seguidamente empezó a subir los peldaños de esa escalera de piedra oscura.

Luccia se tumbó en la cama de la habitación de invitados. Era muy cómoda, sin duda era una de las camas más cómodas en las que había estado jamás.

Como le había dicho Will, había cogido una de sus camisas del armario. Agradeció la ropa seca, verdaderamente nunca se había sentido más cómoda con ropa en su vida. La camisa azul de Dawson el quedaba enorme, pero era muy suave y olía como él, y eso era muy agradable.

Cerró los ojos e intentó dormirse, pero no lo consiguió, los recuerdos de todo lo ocurrido con Cormac pesaban demasiado en su mente. Casi le entraron ganas de vomitar cuando se puso de pies en el suelo. En verdad se sentía muy sucia. No tenía ganas de dormir, para nada, era lo último que quería hacer. Estaba cansada, y le lloraban los ojos del sueño, pero aún así, no quería dormirse. Se sentía impotente ante la sensación, de haber hecho algo y no poder remediarlo, de no poder hacer nada con esa vergüenza que sentía.

Puso los pies en el suelo y sintió como el frío subía por su cuerpo. Tembló un par de veces y se pensó el volver a meterse en la cama, pero al final se levantó. No tenía ganas de pasar sola esa noche.

Salió de su habitación y cruzó el pasillo sin encender la luz. Bajó las escaleras y se dirigió al salón. Este era pequeño en proporción al tamaño de las otras habitaciones de la casa. Tenía una mesa grande en la parte de atrás. De la pared colgaba un gran espejo que ocupaba casi todo el muro. Había también una chimenea, la que estaba apagada, y en el sofá, se encontraba Will, que veía un partido de rugbi con un café en la mano.

El hombre se giró al percatarse de que Luccia acababa de entrar. La miró de arriba abajo. Le pareció que estaba muy atractiva con todo el pelo rubio platino húmedo y solo una camisa.

El corazón se le aceleró un poco, pero se serenó lo suficiente como para fingir tranquilidad paternal.

— ¿Qué pasa Lu? ¿Te encuentras mal? ¿No te gusta tu cama?— Dijo poniendo de nuevo los ojos en el televisor.

—No, solo es que…—Dijo ella algo avergonzada—…No podía dormir. Aunque no quiero molestarte, si quieres yo…

— ¡No, no! No te marches. ¡Quédate! ¿Quieres ver la tele?

Ella asintió.

Will se levantó pero justo cuando Luccia pasó a su lado esta le abrazó para su sorpresa, y empezó a llorar.

—Lo siento, yo solo… Me he comportado como una autentica zorra… Nunca debí hacerle eso a Scorp, verdaderamente merezco su odio… —Dijo Luccia mientras se sentaba al lado de Will en
el sofá.

— ¿Quieres hablar? ¿Vas a contármelo todo?

Ella asintió. Era el momento de ser sinceros, el uno con el otro…

Ambos sentaron en el sofá, Luccia continuó abrazando a Will, y este la arropó con una manta.

—Will, yo… He hecho algo malo…—Dijo ella refregándose los ojos—…Scorpius está enamorado de Jamie, la hermana de…—No quería pronunciar su nombre, le daba asco hacerlo, verdadera repugnancia—…De McLaggen, y yo… Lo he fastidiado todo. Estaba enfadada resentida, y en el fondo era él quien tenía razón… Cormac nunca querrá a una chica como yo. Tal vez sea verdad que soy demasiado estúpida para él…

Will miró los labios de la chica, que permanecían entreabiertos esperando a que él dijera algo. Pero de repente controló sus instintos masculinos y despertó.

—Dirás en realidad que… Él es quien es demasiado idiota como para no enamorarse de ti. Por dios Lu… ¿Quién no se enamoraría de ti?

Ambos se quedaron callados y se ruborizaron. Pero como siempre, la rubia tuvo el suficiente valor como para colocar la guinda al pastel.

—La única persona a la que llevo queriendo durante años… —Entonces ella levantó la mirada y miró a los ojos de él—…Él no se fijará en mí jamás…

—Te equivocas… —Soltó él de repente sorprendiéndose ante sus propias palabras. Los corazones de los dos se aceleraron, y ambos se miraron a los ojos.

— ¿Puedes apagar la tele por favor?— Pidió Luccia sorprendiendo a William—La luz me molesta…

William hizo caso a la petición de la chica algo desconcertado y apagó el televisor. La oscuridad inundó la sala, ninguno de los dos se veían. Estaban quietos, esperando a que alguno dijera o hiciera algo, la tensión inundaba sus cuerpos a límites record y sentían la musculatura tensa.

—Will…

— ¿Si?— Dijo él.

—No…—Dijo ella algo dudosa—...No terminamos ese baile… ¿Querrías…?—Pero antes de acabar de decir la frase Will ya había encendido la radio.

—Claro que quiero terminar el baile Lu…

—Siento no dejarte solo y tranquilo— Dijo ella levantándose y poniéndose junto a él.

—No pasa nada, sabes que me tienes aquí para todo lo que quieras…

—Es que no quería pasar sola esta noche… No después de lo que ha pasado con…— De nuevo se resistió a decir su nombre pues le daba demasiado asco decirlo.

—Tranquila…—Dijo él—…No tienes porque contarme nada…

—…En un principio pensé que te habías enfadado conmigo. Puede que suene tonto pero te vi dolido cuando te enteraste de lo que estaba a punto de hacer en la fiesta…

Will se pensó dos veces que responder ¿Le vio dolido? ¿En serio? ¿Era eso lo que había sentido al saber que Lu, su pequeña Lu se iba a acostar con su novio? ¿Era dolor?

Al final no contestó, no lo creyó necesario cuando ambos se abrazaron y empezaron a bailar lentamente. Juntos se sentían bien. Como si no necesitaran a nadie más. ¿Era amor? Tal vez, pero no iban a hablar de sentimientos esa noche, solo querían disfrutar de la compañía que el uno ofrecía al otro, ignorando que su intimidad estaba siendo violada por un observador…

..

..

Desde fuera de la mansión Dawson alguien observaba la escena por la ventana desde lejos. La noche era oscura y apenas se veía. El móvil del individuo sonó, pero este le ignoró dejando que sonara el contestador.

"Está llamando al teléfono oficial de G79, por favor deje un comentario después de oír la señal…"


¡Espero sus reviews con mucha mucha ilusión!

Mónica.