Capítulo 9
La vio muy resuelta bailando y riendo con el joven, que incluso aparentaba igual o más joven que ella. Una furia intensa comenzó a invadir el cuerpo entero de Terrance. No solo se daba el lujo de rechazarlo, sino que osaba coquetear con otros hombres, dejándolo en ridículo.
—¿Qué crees que estás haciendo?—la jaló con vehemencia y desenvainando su espada acorraló al joven que por poco convulsa.
—No, no me gustan las espadas, no me gustan… ¡Espadas no!—ansioso se tabapa la cara.
—Déjelo, es solo un niño.—se indignó Candy interponiéndose entre ambos con la copa en la mano, algo mareada ya.
—A mí no me parece que sea ningún niño.
—Su gracia, por favor…—una pareja de 50 años cuando se percató de la situación se arrodillaron ante él.
—Este desgraciado aprovechó que mi esposa está ebria para pasarse de listo.—todo se volvió tensión en la fiesta, la música cesó y comenzó el horror.
—¡No estoy ebria! Estamos de fiesta y me puse alegre, pero como usted parece que fue bautizado en vinagre está amargado…
—¡Sir William! Escolte a la reina a su recámara antes de que siga diciendo imprudencias.
—¡Qué! ¿A mi recámara? Pensé que me iba a llevar a la suya…—se le acercó queriendo parecer sensual, pero estaba tambaleando, sir William la sujetó de inmediato.
—¡Por Dios!—Exclamó Meredith llevándose las manos a la cabeza.
—¡Que lo sepan todos! Mi esposo prefiere a las zorras, no ha sido capaz de hacere un hi…—Terry soltó al joven y fue a ella.
—¿Tú quieres morirte esta noche, verdad? No te preocupes, tú me vas a conocer muy pronto.—le agarró la quijada y la quemó con las llamas de sus ojos.
—Por favor, su gracia, piedad para mi muchacho. Es solo un niño en un cuerpo de hombre… le juro que nunca hubo en él intención de maldad.—el padre del joven se postró con expresión atribulada.
—Así es, su gracia, a él solo le gusta bailar, cree que la reina es su amiga.—suplicó la madre con los ojos aguados.
Terry miró al muchacho nuevamente, dejando sus celos de lado, se dio cuenta que en efecto era un chico con retraso por como hablaba, miraba y se comportaba.
—¿Va a matar a la reina? Ella es mi amiga…
—No. La reina solo se portó mal y hay que reprenderla.—con voz y gesto afable, Terry guardó su espada y le tendió la mano al joven.
—¿La pondrá en un calabozo?
—¿Por qué no vas a seguir divirtiéndote? Estoy seguro de las señoritas desean tener un buen bailarín.
—¿No se enojará la reina?
—No lo creo. Ve.
—Gracias, su… su gracia. Me llamo Ali… Alisteir.—hizo una reverencia.
La fiesta no duró mucho luego de la situación con Candy. Como siempre, su desfachatez y desatino acababa por robarle toda la calma y paciencia a Terry. En parte también tenía angustia, sabía que Candy tenía razones de más para estar enfadada, pero no justificaba el hecho de su comportamiento y muchísimo menos que estuviera bailando con otro, pudo no haber resultado en ser un pobre retrasado.
—Tremendo papelón has hecho, muchacha. ¡Tremendo papelón!—le reprochó Meredith mientras de malas ganas le ayudaba a quitarse el vestido.
—¡Ese desgraciado invitó a su zorra aquí!
—Pero tú eres una reina, tú debes…
—¿Hacer el papel de imbécil como siempre? ¡Estoy harta de este maldito reinado! Estoy harta de escuchar que mi deber es esto o aquello, harta de ser burlada y…
—Puedes retirarte, Meredith, yo me haré cargo de mi esposa.
La cara de pocos amigos de Terry y la amenaza en su tono de voz hizo que la empleada pidiera ayuda celestial para cualquiera que fuera el destino de Candy. Se retiró en silencio, mientras Candy miraba a Terry fijamente, con las mejillas coloradas por el vino y los brazos cruzados como si todo le importase un rábano.
—Ni se moleste en reprocharme nada, es más, si se larga me haría un gran favor, necesito dormir.
—Mira, no estoy para tus juegos, esta vez te pasaste de la raya, ¿sabes lo que te mereces ahora mismo?—la sujetó del brazo fuerte, estaban tan cerca, el aire se reducía cada vez que se aproximaban, el corazón latía con fiereza.
—¿Va a zurrarme?—preguntó con desdeñosa indiferencia.
—¿Eso es lo que deseas?—sujetó su cuello, obligándola a mirarlo a los ojos.
—Eso me duele menos.—contestó con desprecio, desconcertándolo, sus ojos furiosos y aguados.
—Sabes bien que no voy hacerte daño, no te volveré a lastimar jamás. Aunque te lo merezcas…
Con su voz ronca y sensual la besó fugazmente, acariciando con libido su cuerpo semidesnudo, ella sintió la sangre caliente.
—¿Porque traer a su zorra a mi casa no le parece suficiente? ¡Cuánto más piensa humillarme!
—Escúchame, yo no la invité…—se serenó un poco, la miró a los ojos como siempre hacía cuando hablaba con la verdad, tomando su mejilla tiernamente cuando quería aplacarla.
—¿Entonces ella se invitó sola? Entró aquí como dueña y señora sin necesidad de invitación como si quisiera decirle a todo el mundo, véanme, yo soy la que se folla al rey en las narices de su mujer,pero…
—¡Ese vocabulario!
—¡Lo aprendí de usted!
—Candy, yo no la invité, yo jamás haría eso, nunca ha sido mi intención humillarte y menos públicamente. Yo por el contrario, quise que esta noche fuera perfecta, quise que fueses la estrella, que todos te admiraran, quise verte feliz.
—¡No le creo! Usted solo se ha empeñado en hacerme la vida miserable y castigarme.
—¡Estoy tratando de ganarte, maldita sea!—perdió los estribos, como siempre sucedía.
—¿Y piensa que lo hará pavoneando a su ramera como un depravado?
—La única compañía que quise esta noche fue a ti. Hubiese mandado al diablo la maldita fiesta si tú…
Tomó sus labios suavemente, preso del deseo, mientras la besaba, le ayudaba a terminar de quitarse el vestido. Ella lo amaba tanto, se había frenado tanto las ganas de estar entre sus brazos que cada vez era más difícil. El vestido acabó por caer al suelo, casi como su propia voluntad. Las copas de más le hacían sentir más liberada.
—No quiero que me haga nada.—Cerró los ojos con fuerza mientras él le besaba el cuello, la olía y la acariciaba con el hambre de un náufrago.
—¿Por qué?—susurró.
—Usted no se lo merece. ¡Déjeme!
El movimiento brusco que hizo para zafarse de él hizo que se cayera al enredarse con el borde de la cretona que aún no se había quitado.
—¡Candy!—fue a socorrerla inmediatamente.
—Déjeme en paz.
Estaba tan mareada, pero tan dolida que hasta sentía vergüenza de sí misma. Él la había tomado en sus brazos, la había revisado para que no tuviera ningún mal golpe, pero lo que más lo penaba era el dolor que ella tenía en toda su expresión facial. Hacía unas horas, ella estaba brillando, reinando majestuosamente entre todos, ahora aquella flor exótica que había maravillado la noche con su fulgor, estaba desvanecida y marchita en sus brazos.
—Voy a prepararte un baño, cuando te refresques estarás mejor.—luego de ponerla en el suelo la acabó de desvestir.
—No quiero que me prepare nada, ¡solo váyase!
—También una infusión para que se te pase lo ebria.
—¡Que no estoy ebria!
—¿No ? A ver, camina sobre esa línea.—le señaló una línea floreada que dividía la mitad de la recámara.
—¿Para qué?
—Solo hazlo.—dibujó una sonrisa diabólica, aunque en sus ojos había compasión. Y mucho deseo mientras ella caminaba desnuda sobre la línea.
Caminó más o menos bien, pero a mitad se tambaleó y fue a caerse, su frágil cuerpo desnudo fue a parar a los brazos fuertes de Terry, quien la recibió riéndose.
—Creo que sí estoy ebria…—admitió avergonzada, lo que le provocó más risa a Terry.
—Te hará bien refrescarte y la infusión, confía en mí.—no la dejó escapar de sus brazos. Solo quería estar cerca de ella, su miembro era el que más sufría, nunca en la vida había deseado tanto a una mujer, en toda circunstancia como a ella, hasta ebria.
—Confiar en usted, ¡ja! ¡Usted es el culpable de que yo esté ebria!
—Tienes razón. Soy un imbécil. Por eso voy hacerme cargo de ti.
—¿Y su zorra qué?
—No es mi zorra. Olvídate de ella, ¿quieres?—Candy comenzó a reírse como una desquiciada.
—Claro. Me olvidaré de ella, ¿usted hará lo mismo?
—¿Olvidarla? Candy, por favor, ella solo es… no estoy enamorado de esa mujer, no me perturba esa mujer, somos amigos…
—¡Amigos!
—No amigos comunes, es… no lo entenderías…
—¡Váyase al diablo! Además no me refería a que la olvidara a ella.
—¿Y a qué entonces?
—A que cuando yo tenga mi amante, usted solo lo olvide y se haga de la vista larga como he tenido que…
—Tú vuelves a insinuar algo semejante y yo te mato, ¡te mato!
La apretó tan fuerte de los hombros que fue un milagro que no la malograra, pero de un violento beso le hizo sangrar los labios con sabor a dulce y embriagante vino, despedazándoselos con pasión.
—Esa mujer solo es un desahogo, menos que eso. Yo te quiero a ti, te deseo a ti.
Se desencadenó la locura, besando sus pechos desenfrenadamente, acariciándolos, succionándolos. Se arrodilló y besó su ombligo, bajando lentamente para apretar suavemente sus muslos y besarlos. Candy gemía embriagada por las caricias y los efectos afrodisiacos del vino.
—Te juro que solo te deseo a ti...
Le separó los muslos, su deseo era tan grande que solo quería probarla, saborearla, meterse en su alma. Ella estaba tan húmeda, el olor que comenzaba a desprender lo encendía tanto, el olor de su mujer, el que solo él conocía y jamás había olvidado.
—¿Por qué hace eso?—preguntó gimiendo.
—Porque te deseo. Porque eres mía. Y porque esto es lo que quiero.
Los gritos de Candy, los gemidos y lamentos extasiados llenaron el palacio. Pensó muchas veces en apartarlo, pero cada vez que ese hombre meneaba su lengua allí su cerebro simplemente se anulaba.
—¡Por Dios! Esto debe ser prohibido…—dijo entre gemidos.
—Lo es.
—Pero… ¿por qué?
—Porque a Dios no le gusta que nos sintamos en el cielo como él.
Segundos después, Candy se deshizo en gemidos y placer, tanto, que Terry tuvo que sostenerla porque ella era incapaz de hacerlo por sí misma.
—Ahora sí debemos tomar un baño.— la tenía abrazada, acariciando su pelo, aunque acababa de tocar el cielo, ella sabía que no debió ceder y eso la hizo llorar amargamente.
—Usted siempre consigue lo que quiere.—Él la apartó para mirarla.
—¿A qué te refieres ahora?
—Usted me lo dijo una vez. Siempre gana. Ahora tiene a su zorra y a mí.—fue ahí que se percató de sus lágrimas.
—Eso no es cierto. Si yo te tuviera a ti, no habría otra.—le enjugó las lágrimas.
—Es muy cínico. ¿A caso no me casé con usted? Y hasta donde tengo entendido, el matrimonio se consumó.
—Aún así no te tengo. Siempre te muestras inalcanzable y yo necesito saber que eres mía en todo tiempo.
Se desconcertó ella entonces. Tal vez tenía algo de razón…
—Tampoco puede decirse que usted haya hecho un gran esfuerzo…
—¿Y a qué llamas esfuerzo, a forzarte? Yo he sido amable, más de lo que has merecido en ocasiones, querías que fuera tierno y lo intenté…—se conmovió un poco.
—También ha sido cruel y despiadado.
—Lo siento. No estoy acostumbrado a perder el control de la situación. Tal vez he sido cruel…pero hubo castigos que debes reconocer que te merecías, eres insolente.
—Pensé que solo me zurraba para divertirse.
—En cierto modo sí…—suspiró porque se excitó nuevamente. Tanto deseo reprimido acabaría matándolo, pensó.
Se dispuso a preparar el baño para liberar un poco de tensión. Se quitó la camisa, quedando al desnudo aquél torso perfecto y duro como acero.
—Ven.—le tendió la mano, ella lo tomó y se adentró en la alberca.
—Esta agua está helada.
—Lo sé, pero se te pasará la embriaguez.
—No voy a sumergirme aquí.
—Vale, pero ten cuidado.
—¿Por qué?
—Porque te puedes caer.—dijo empujándola.
—¡Desgraciado! ¡Cretino!—le gritó ensopada mientras soportaba su estridente risa burlona.
Luego de un rato relativamente largo, Terry la sacó, envolviéndola en una gruesa manta y se ocupó de hacerle llegar la infusión.
—Lo que acaba de hacer es inhumano.—tiritaba de frío.
—Me lo agradecerás algún día. Toma.—le extendió la taza.
—¿Qué es?
—Si te digo no lo beberás.
—Pruébelo usted primero.
—Yo no soy el que está ebrio.
—Si no lo prueba primero, no lo beberé.
—Como digas.—él fingió bien haberlo probado, cuando llegó el turno de ella, lo escupió.
—¿Qué es esta porquería?
—Olvidé decirte que debías beberlo de un solo trago.—respondió muerto de risa.
Juntos eran perfectos, pero ellos parecía que no se daban cuenta. Solo bastaba con querer. Si él la deseaba con cada fibra de su ser y disfrutaba de sus ocurrencias y desaciertos, y ella se sentía segura en sus brazos, sobre todo, cuando él la cargaba en su regazo y la rodeaba en un abrazo fuerte y cálido.
—¿Crees que algún día pueda funcionar? Nosotros…—preguntó ella.
—Me gustaría. Creo que podemos intentarlo.—le besó el cuello.
—Todo sale siempre mal.
—Podemos intentar una vez más.
—Yo intenté seducirte. Terminé haciendo el ridículo como siempre.
—Tú estuviste perfecta, Candy. Todo hubiera sido perfecto si el idiota de Albert no hubiera tenido la brillante idea de desvirgar a Robert con Eliana.
—¡Qué! ¿A Robert con esa vulgar ramera? Pobrecito… ¿cómo pueden ser tan desgraciados ustedes dos?
—Reitero que la idea fue de Albert.
—Entonces… ¡ahora mismo esa mujer está con él!
—Eh… esperemos que sí…
—¿Cómo que esperemos que sí?
—Candy, va a casarse pronto, debe saber lo que le corresponde hacer en su noche de bodas.
—Pero a él le gustan los hombres…
—Pues si no cambia de gustos le irá muy mal, eso en Meadderlands está condenado a muerte, además papá jamás lo admitiría.
—Es injusto.
—Sí. Ahora, háblame de eso de que querías seducirme…—la acarició con lascivia.
—No.
—¿Por qué no?
—¡Porque no!
—Vamos, cuéntame…
—¡No!
Estuvieron retozando como dos niños, el amor dándose de forma natural, como es debido. Ambos siendo ellos mismos, sin influencias de nada ni nadie.
—Candy…
—¿Sí?
—¿Quieres que me quede?
Estaba a punto de quedarse dormida en sus brazos, el lugar más cómodo y perfecto del mundo. Decir un no sería una hazaña.
—Prometo no tocarte.
—Quiero que te quedes. Y que me toques.
Continuará…
Hola!
Niñas, yo aún estoy de vacaciones, me falta una semana más jejeje. Les dejé este capi debido a la alta de demanda de reviews en donde me acusan de haberlas abandonado jajajaja. No, chicas, mis muy merecidas vacaciones me han llevado a desconectarme de todo, porque no visitaba mi país en 11 años, por lo que toda mi atención ha sido dedicada a mi familia y viceversa... pero no se crean, de vez en cuando escribía un parrafito. Estoy también con mis hijos lo que hace que las vacaciones sean un poco agotadoras porque en todo tiempo soy mamá y no es lo mismo cuando venía en plena adolescencia libre de todo compromiso, pero la estoy pasando de lujo de todas formas.
Gracias por sus comentarios y seguimiento, eso vale mucho. El capi está cortito, pero se los dejo para que se hagan una idea de lo que vendrá próximamente.
Besos desde Santo Domingo!
