NdA: Saludos! Estoy de vuelta un poco antes de lo habitual. (Dos días, tampoco es para tanto) El capítulo de hoy me ha quedado un poco raro. Creo que se sale de la línea general del fic, sobre todo por la actitud de Tom. En el próximo retomaremos la línea general (espero).
Como siempre gracias a todos por leer y a TsukihimePrincess, susan-black7, VictoryReed, Lity, YUKINICKY1, Nekita667 y EliJ-NB por sus reviews.

- VictoryReed: Siempre pasa algo de trasfondo, muajajajaja. Ok, no. Aunque sus cosillas hay, me gusta ir entrelazando la historia. Me alegro de que te gustase el ejercicio de runas. Tendrías que haberme visto inventando palabras y mirando cosas de griego XD Espero que te hayan salido bien tus exámenes! Ánimo! 3

- Lity: Te entiendo, si superas la de veces que me empiezo a reír estando con el portátil el en salón... Hasta que mi padre me pregunta que de qué me río y paro. Yo también me imaginé siempre a Tom como alguien muy personal con sus cosas, ya que nunca ha tenido muchas. Y me parece una gran diferencia con Harry, que a pesar de no haber tenido muchas cosas de pequeño, parece bastante dispuesto a compartir lo que tiene ahora. Opino que Ron no es Ron si no está paranoico de vez en cuando XD

- YUKINICKY1: Gracias por lo del PoV de Ron 3 Quedé bastante satisfecha con el y me alegra saber que mi opinión es compartida. Menos mal que te gusta el toque infantil de Tom, temía que fuese tan OOC que quedara fatal. Muchísimas gracias por tu apoyo! (Bueno, eso último en realdiad va para todos los lectores)

- Nekita667: Ya habrá tiempo para Draco y Umbridge, tranquila XD Muchas gracias por leer.

- EliJ-NB: He hecho que te caiga bien Voldy, muajajajajaaaaaaa. Me siento poderosa (?) En serio, no sabes como me ha llegado que digas que no hay ni rastro de Mary Sues ;/; Cada vez que me pongo a escribir ese es uno de mis mayores temores. Lo que has dicho de Ron también me ha llegado a la patata. Nunca pensé que pudiera hacer que alguien cambiara de opinión con respecto a un personaje (aunque sea un poquito)


Tom

El resto del viaje de regreso se le hizo mucho más ameno que el de ida. Ninguno de los dos volvió a abrir la boca, cierto, pero no era un silencio incómodo. Mientras le daba un nuevo bocado al muffin robado, como seguro que lo llamaría Granger, pensó en lo acontecido en las cocinas pocos minutos antes. Ese tal Dobby se le hacía bastante extraño. ¿Un elfo doméstico libre? ¿Dónde se había visto eso? Porque, a juzgar por su vestimenta y actitud, eso es lo que era. Semejante personaje era, sin duda, digno de ser uno de los amiguitos del héroe de gafas.

Por otro lado, recordó mientras saltaba un escalón falso, se habían enterado de la existencia de la Sala de los Menesteres. ¡Con lo que le había costado encontrarla a él! Lo cierto es que la había descubierto por accidente mientras buscaba la Cámara de los Secretos... Pero lo importante es que acababa de quedarse sin un escondite perfecto que usar en caso de querer desaparecer por un tiempo. ¡Todo por culpa del estúpido elfo! —Tú tampoco me gustas a mí, orejón sin gusto para vestir— dijo para sí recordando lo que el elfo había dicho sobre él. Casi quiso llevarse la palma de la mano al rostro al pensar eso, admitía que no había sido su mejor insulto. Por suerte no lo había dicho en voz alta.

—¿Y a qué se debe el festín? —preguntó al fin cuando ya estaban cerca del corredor que daba a la Torre de Gryffindor. Que poco le gustaba la Torre de Gryffindor, y su Sala Común, y su dormitorio, y sus colores. En resumen, que poco le gustaba todo.

—Es para animar a Harry y a Ron, por lo de esta mañana —le dijo la castaña tras soltar un leve suspiro.

—¿Esta mañana? ¿Qué me he perdido? —¿Conseguía librarse de ellos un día y justo les pasaba algo malo? ¿Por qué no les pasaban esas cosas cuando estaba él? Así al menos se distraería y sacaría algo positivo de tener que aguantarlos.

—¿No has ido al partido? —preguntó Granger mientras lo miraba sorprendida.

—Tengo cosas más importantes que hacer que ver a catorce idiotas volar detrás de una pelota.

—Tienes razón en que el Quidittch en sí no es lo más interesante del mundo, pero jugaban Harry y Ron —le reprochó.

—Que son tus amigos. Yo ahí no pinto nada. ¿Me vas a explicar de una vez lo que ha pasado? —Empezaba a impacientarse. Granger soltó un bufido y procedió a contárselo todo.

Le explicó lo mal que había jugado el pecoso y las burlas de los Slytherin al respecto. También lo puso al tanto de como Malfoy había provocado a Harry y a los gemelos, haciendo que Umbridge los suspendiera de por vida. Para cuando hubo terminado el relato ya estaban en la Sala Común.

—... Ron incluso quería renunciar. ¿En serio no habías oído nada? —concluyó Granger extrañada mientras se dirigían a las escaleras.

—He estado todo el día en la biblioteca. Acababa de volver cuando te vi salir —aclaró él con desgana.

—¿Vas a entrar? —dijo la castaña sorprendida cuando llegaron frente al dormitorio—. Una cosa es que me sigas e intentes molestarme cuando estamos a solas, pero.. ¿tú, buscando la compañía de Harry y de Ron? ¿Qué estás tramando?

—También es mi habitación. ¿Por qué iba a tener que tramar algo para querer entrar? Igual sólo quiero echarme un rato, o cambiarme de ropa, o...

—O reírte de ellos —concluyó ella.

—O eso.

—Por favor, compórtate —resopló mientras se giraba para abrir la puerta.

—Lo intentaré —respondió mientras entraba en la habitación tras ella. Cerró la puerta y se volvió hacia sus compañeros de habitación. Ambos estaban cabizbajos, sentados en lados opuestos de la cama de Weasley; el pecoso en el cabecero, recostándose contra la pared. Mientras que Potter estaba a los pies, dejando caer parte de su peso en uno de los postes que sujetaban las cortinas.

—¡Mirad lo que os he traído! —dijo Granger con una sonrisa bastante falsa mientras dejaba la bolsa entra sus dos amigos y se sentaba en la cama de Tom, contigua a la de Weasley.

—Oye, ¿quién te ha dicho que puedes sentarte ahí? —le reprochó de mala gana.

—Iba a sentarme en la de Harry, pero supuse que tú te sentarías aquí y no quise dejarte aislado a un lado —comentó la joven como quien no quiere la cosa

—Que consideraba. Pero quita de ahí, me arrugas las sábanas —dijo fulminándola con la mirada, aunque notaba que estaba a punto de escapársele una leve sonrisa.

—No, lo siento —contestó Granger con un pequeño mohín. Tras lo que, para dejar claro que no pensaba moverse, se quitó los zapatos y se sentó a lo indio.

Fue hasta donde estaba la castaña y comenzó a tirar de su brazo para que se levantara y, medio en broma, le dijo. —¡Vamos, levanta!

—¿Qué más te da?, si tú también te vas a sentar. Las sábanas se arrugarán de todas formas —protestó ella mientras se negaba a levantarse y luchaba contra los tirones que él le daba

—¡No es lo mismo! —soltó bruscamente brazo de la castaña para dar la vuelta y situarse tras ella. Puso las manos en su espalda y procedió a empujarla hacia el borde la cama—. Vamos, quita...

—¡No! —contestó Granger soltándose los pies y agarrándose en su lugar a las sábanas. Lo cierto es que podría haberla quitado de ahí de habérselo propuesto, pero para ello tendría que usar demasiada fuerza. Y aunque le costase admitirlo, en el fondo no quería hacerle daño. Sólo quería que se quitara de ahí para poder tumbarse. En ese instante escucharon una risa y ambos levantaron la vista simultáneamente. Frente a ellos, Weasley había empezado a reírse de lo cómico de la situación.

—Os parecéis a Ginny y a mí cuando peleamos por algo —confesó el pelirrojo. Oh, genial, sin proponérselo había animado al pecoso.

—¿Soléis comportaros así cuando estáis los dos solos? —le preguntó Potter con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Y, oh bravo, también sonreía. No mucho, pero sonreía. Adiós a sus expectativas de verlos deprimidos y lloriqueando. Ya que no había marcha atrás decidió contestarle.

—A veces también nos enzarzamos en peleas de comida —les aclaró a los dos jóvenes que tenía enfrente. Los cuales se quedaron estupefactos ante tal revelación.

—No mientas, Ryddle —dijo la castaña girándose un poco para poder mirarlo.

—¿Estoy mintiendo? Entonces dime quién me tiró albóndigas a la cabeza este verano.

—¿Le tiraste albóndigas a la cabeza a... a... —comenzó el pelirrojo entre sorprendido y horrorizado. Por como había callado Tom supo lo que iba a decir.

—A Voldemort, si —dijo terminando la frase él mismo e ignorando como Weasley se estremeció al oírlo. Se dejó caer hacia el lado, dando con su cabeza en la almohada. Granger estaba sentada a los pies de la cama, tenía espacio suficiente.

—Shhhhh, no puedes decir ese nombre tan a la ligera. ¿Y si te escucha alguien? —le regañó Granger llevándose un dedo a los labios y frunciendo el ceño.

—Que sí, que ya lo sé. Le tiraste albóndigas en la cabeza a Quien-tú-sabes. Y una le dio. ¿Contenta? —se corrigió con desgana al tiempo que hacía rodar los ojos.

—Tampoco puedes referirte a ti mismo de esa manera —intervino Potter cruzándose de brazos.

—Dígame usted pues, oh todopoderoso Niño que Vivió, ¿cómo se supone que debo llamarme? —Le dedicó una sonrisa maliciosa desde su posición.

—Creo que tienes bastantes nombres para elegir —le contestó el otro moreno frunciendo todavía más el ceño.

—¡Es cierto! Aún no te hemos puesto un apodo —exclamó Weasley de repente. Como si acabara de acordarse de ese detalle.

—Ahora no, Pecas —lo silenció Tom haciendo un gesto apaciguador con la mano.

—Tú me sigues llamando "Pecas" ¡Exijo que también tengas un mote! —El pelirrojo cogió un brownie de la, hasta ahora, olvidada bolsa y le dio un enorme bocado.

—De verdad que prefería cuando me teníais miedo —concluyó girándose para quedar tumbado boca arriba.

—Eso no es cierto y lo sabes —intervino Granger dedicándole una sonrisa comprensiva y ¿dulce? Tom dirigió la vista hacia ella. Al estar ella sentada y él tumbado tenía que mirarla desde abajo, aquello se le hacía raro. Estaba acostumbrado a mirarla desde arriba, a ver la parte superior de su cabeza. Pero en esa posición era ella la que inclinaba la cabeza hacia él y vista así desprendía un aire diferente. No sabría describirlo, pero le inspiraba una sensación tranquilizadora. Recordó la última, y única vez, que habían estado así; cuando ella lo tomó de la mano. Enseguida desechó esos pensamientos y le contestó.

—¿Tú que sabes? Dudo que sepas cómo entrar en la mente de la gente.

En lugar de volver a responderle, la castaña se volvió para mirar a Potter, al igual que el pelirrojo. El moreno, sin embargo, estaba cortándose un trozo de tarta de zanahoria como si nada.

—¿Harry, crees que es eso lo que ocurre? —le preguntó Granger.

—No estoy seguro... Ya os dije que yo no puedo leérsela, pero no sé si él a mi... —respondió antes de dar un ligero bocado a la tarta y volverse hacia Tom—. Ryddle, ¿tú puedes leerle la mente a la gente?

—¿A qué viene eso? —Tom se había sorprendido bastante por la pregunta. Normalmente pensaría que lo estaban interrogando, pero se veían genuinamente preocupados.

—¿Puedes o no? —reguntó esta vez el pelirrojo. Tom dio suspiro de resignación antes de responder.

—Eso a lo que vosotros llamáis "leer la mente" se llama legilimancia. Y no, aún no la domino del todo.

—¿Del todo? —preguntó nuevamente Weasley.

—Bueno, tengo mis nociones. Pero sólo tengo dieciséis años, no me ha dado tiempo a convertirme en un experto.

—¿Y crees que... tu... tu otro yo... sí que lo es? —Intervino la castaña sin saber muy bien como formular la pregunta.

—Posiblemente —dijo mientras se encogía de hombros. Posiblemente no, era casi seguro que su "yo presente" dominaba esa y muchas otras ramas de la magia.

—Con esa legilimancia... ¿se puede saber el estado de ánimo de una persona? ¿Esté dónde esté? —preguntó nuevamente Potter.

—¿Sin tenerla delante? No que yo sepa —confesó extrañado. Le daba la impresión de que los otros tres sabían algo que él ignoraba—. Vale, ya he contestado suficiente, ahora me toca a mi preguntar. ¿Qué está pasando?

Los tres amigos se miraron entre sí, preguntándose en silencio si debían contárselo. Después de todo, seguía siendo Voldemort.

—Bueno, ya que no podemos hablar con nadie de la Orden. Quizás debamos decírselo... —sugirió Weasley mirando a sus dos amigos.

—Estoy de acuerdo —lo secundó la castaña pasando la vista de él a Potter.

—¿Por qué tenemos qué contárselo? Él no pinta nada en ésto.

—Harry, piénsalo, podría saber algo que nos sirva de ayuda. Ya se que no confías del todo en él, pero...

—Las cosas no van a ir a peor, ¿no? —suspiró por último el moreno desviando su atención de Granger—. A ver como te lo explicamos Ryddle... Existe algún tipo de conexión entre Voldemort y yo. Mmmm Hermione, a ti se te dan mejor estas cosas, ¿podrías ponerlo en situación?

—Claro, hasta donde yo sé... —comenzó la castaña tras asentir y volverse hacia Tom—. La noche en la que Quien-tú-sabes (no comentes nada respecto al nombre) intentó matar a Harry ocurrió algo extraño. El hechizo rebotó y se volvió contra él, destruyéndolo. O eso creíamos. Harry, por el contrario, salió ileso a excepción de esa cicatriz. —dijo mientras señalaba al moreno, que se apartó el flequillo para que se pudiera ver con mayor claridad la mencionada cicatriz—. Y a través de ella, no sólo le transmitió algunos poderes, sino que se creó una especie de vínculo entre ellos.

—¿Qué clase de vínculo? —preguntó Tom con desconfianza. No le gustaba nada como sonaba aquello.

—Ese es el problema, que no lo sabemos. Pero la cuestión es que cada vez que Quien-tú-sabes está cerca o hace algo... a Harry le duele la cicatriz. Es bastante raro.

—El verano pasado, cuando regresó, usó mi sangre para una especie de ritual. Y desde entonces la cosa va a peor. Ahora puedo notar cuando está muy contento o cuando está muy enfadado.

—¿Se lo has contado al viejo?

—Si te refieres a Dumbledore, sí. Se lo he contado y no me hace caso. Y no puedo hablar con nadie de la Orden porque Umbridge vigila el correo. Por eso te lo pregunto a ti —confesó Potter mirando hacia otro lado.

—En lugar de comentar lo halagado que me encuentro por ser tu tercera opción —soltó con todo el sarcasmo que pudo reunir, ignorando las miradas de reproche de los otros tres—. Me centraré en lo que me has contado. Por cierto, me lo tendrías que haber dicho antes.

—¿Y por qué te lo iba a decir? No somos amigos. Y no confío en ti.

—No confías en mí y sin embargo aquí estas. Pidiéndome ayuda —dijo incorporándose hasta quedar sentado y mirando a Potter con una ceja levantada.

—Ryddle, por favor, ahora no. Luego podrás reírte y hacer todos los comentarios sarcásticos que quieras. Pero ésto es serio, ¿No puedes hablarnos con sinceridad por una vez? —La castaña lo miraba con ojos suplicantes—. Ya sé que no nos consideras tus amigos y lo entiendo. Pero creía que estabas empezando a abrirte un poco.

Tom bufó mientras miraba fijamente las cortinas de su cama. ¿De verdad se estaba abriendo con ellos? Bueno, a veces les hablaba, sobre todo a ella. Y no es que confiara ciegamente en esos tres, pero cada vez más a menudo se encontraba mostrándoles su lado más... ¿humano? Mientras seguía sumido en sus pensamientos sacó distraidamente su varita y cambió el color de las cortinas de forma casi automática. ¿Desde cuándo tenía un lado más humano? Siempre había sido cruel con los otros niños del orfanato y solitario en su época anterior en Hogwarts. Hace unos meses no se habría comportado como había hecho hace un rato. Hace unos meses no habría intentado echar a Granger de su cama de esa manera. Simplemente la habría hecho volar de golpe con un hechizo, sin importarle el daño que podría haberle causado el chocar contra una pared. ¿Y lo de la comida en verano? No hace mucho habría hecho algo mucho peor que verterle el plato por la espalda. Le habría hecho comerse su propia lengua o algo así. ¡Por no mencionar cuando dejó que la castaña lo tomara de la mano!

¿Qué es lo que había cambiado? Se preguntó mientras observaba el verde de las cortinas. Él no se notaba diferente, pero sí había algo que lo hacía actuar diferente. Y ese algo era cada vez más patente, lo notaba. ¿Qué había pasado exactamente? ¿Le habrían hecho algo cuando llego a esa época? No recordaba mucho de sus primeros días allí. Sólo un enorme dolor en todo el cuerpo y enormes intervalos de inconsciencia. Por otro lado, tampoco recordaba nada fuera de lo normal de sus últimos momentos en el pasado. Estaba junto a la entrada de la Cámara, apareció esa chica... y nada más. ¿Había mirado él también al basilisco? No, eso era imposible; de ser así habría muerto. Lo que había hecho él era aparecer en otro tiempo de repente. En otro tiempo y en un lugar totalmente diferente, según le habían contado. Un momento...

—¿Qué has dicho antes sobre un ritual? —preguntó girándose bruscamente hacia Potter. Éste, que estaba mirando el nuevo color de la cortinas con desaprobación, le devolvió la mirada desconcertado.

—¿Cómo dices?

—¿Qué. has. dicho. sobre. un. ritual? —repitió con voz suave y pausada. Ese tono de furia contenida asustaba más que otra cosa.

—Eso no tiene nada que ver con...

—¡Si quieres que responda a tus preguntas responde tú antes a las mías! —Apenas podía controlar la ira que comenzaba a envolverlo. Ni siquiera se percató de que, a su lado, Granger también había sacado su varita, para detenerlo si perdía el control.

—Harry, yo creo que es justo. Él te ha respondido antes y parece que luego lo hará también. No pierdes nada por contarle un poco más —Animó el pelirrojo a su amigo acercándose y poniéndole una mano en el hombro. El moreno lo meditó durante unos instantes antes de ceder.

—En junio... cuando Voldemort emm. A ver, me llevaron a un cementerio con un traslador. Allí estaba lo que quedaba de Voldemort con uno de sus esbirros, Colagusano. Éste empezó a preparar una especie de ritual para devolverle su cuerpo a su señor, que no era más que una sombra, o un espectro. Lo cierto es que parecía un bebé amorfo. Por lo que dijeron necesitaban tres ingredientes para la poción. ¡Ay, no lo he dicho! El ritual era con una poción. Bueno, pues necesitaban esos ingredientes, seguramente antes echaron más, pero faltaban esos tres últimos, que eran; Primero: Un hueso de su padre, supongo que de tu padre, que sacaron de una de las tumbas que había. Segundo: Carne de un vasallo. Para lo que Colagusano se cortó su propia mano. Y tercero: sangre de un enemigo. Osea, yo. Dijo que eran obtenidas sin saberlo, voluntariamente y por la fuerza, respectivamente. Después de añadir esas tres cosas dejó lo que quedaba de Voldemort en el caldero y de ahí surgió Voldemort tal y como era antes. Bueno supongo, no sé como era antes. No se parece en nada a ti.

Ryddle asintió levemente, ignorando el hecho de que Potter se explicaba como una mierda. Normal que tuviese las notas que tenía.

—¿Mencionó el por qué de esos ingredientes?

—No. Bueno, sí. Dijo por qué quería expresamente mi sangre: Por la protección de mi madre. Espera, eso no te lo hemos contado. Mi madre murió tratando de protegerme. Y ese sacrificio creó un escudo que me protegió de Voldemort. Pero ahora que mi sangre corre por sus venas esa protección ya no le afecta. Incluso pudo tocarme.

—¿Qué es lo que generó ese escudo? —preguntó con sincera curiosidad. No había oído hablar nunca de algo así.

—Amor. Según Dumbledore —se apresuró a añadir el moreno, seguramente pensando que había sonado muy cursi.

¿Amor? Menuda tontería. Aunque el resto de lo que había contado Potter le resultaba más interesante. Esa poción debería haber traído de vuelta a Voldemort, no a él. Pero no fue así. Si fue en ese cementerio donde lo encontraron a él, sin duda ese ritual tenía algo que ver. Algo tenía que haber pasado. ¿Pero qué? Se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación. ¿Y si realmente había mirado al basilisco a los ojos y había muerto? Ese ritual habría... No, eso no podía ser. Porque entonces su otro yo también habría muerto. Es más, ¡su otro yo ni siquiera habría existido! Se detuvo durante un segundo antes de reanudar su marcha. Pero si no había muerto, ¿qué otra cosa podría ser? Un momento... ¿y si no había mirado al basilisco directamente? ¿Y si sólo había visto su reflejo y había sido petrificado? Quizás una parte de la víctima moría al ser petrificada, no lo sabía. De ser así su otro yo se habría recuperado y seguido con su vida, convirtiéndose en Voldemort, y él sería la parte que había muerto. Sí... tenía sentido.

—¿Ryddle? —Escuchó una voz a su espalda.

Aquella noche no sólo habría vuelto Voldemort en sí, sino también la parte de él que murió al ser petrificada. ¡Claro! No había ningún otro caso de alguien petrificado que luego se sometiera a ese ritual, por lo que no había antecedentes. Tenía que ser eso, era la única explicación posible. Se detuvo cuando por fin tuvo las ideas claras. Tenía que preguntarle al basilisco si había llegado a petrificarlo a él por accidente. Tal vez pudiera contarle si realmente una parte de la persona muera al ser petrificada.. De ser así, acababa de resolver el gran misterio... Aunque le extrañaba que el basilisco no se lo hubiera mencionado nunca con lo que le gustaba hablar. Su hilo de pensamiento se detuvo cuando notó algo en el hombro.

—¿Ryddle, estás bien? —Era Granger, que lo miraba con preocupación. Por un instante sintió el impulso de abrazarla y ponerse a dar vueltas. ¡Acababa de descubrir cómo había viajado en el tiempo! En ese instante se dio cuenta de lo que acababa de pensar. Y no le gustó nada. Seguía sin tener ni idea de a qué se debía su cambio de actitud. ¿Sería por la sangre de Potter? ¡Ay no! ¿Y si se volvía estúpido como Potter? La castaña volvió a sacarlo de su ensimismamiento—. ¿Ryddle, estás bien? ¿Necesitas sentarte un rato?

—¡Estoy perfectamente! —exclamó alterado, pasando al lado de la castaña y volviendo a sentarse en su cama, no antes de coger aproximadamente una cuarta parte de lo que quedaba de tarta de zanahoria. Notaba como los tres lo miraban extrañados. Genial, ahora pensarían que estaba loco. ¿Qué diablos le estaba pasando? —Respira, Tom. Has tenido una gran revelación. Tú cálmate e ignóralos—.

—Oye, Ryddle, ¿podemos preguntarte ya? —Escuchó decir a Weasley. Tenía la boca tan llena de brownies que Tom no supo cómo fue capaz de entender lo que le había dicho. En lugar de contestar verbalmente se limitó a asentir.

—Sobre el vinculo con Voldemort, la legolomancia... —comenzó Potter

—Legilimancia —corrigió Ryddle con desgana entre bocado y bocado.

—Eso. Bueno, ¿crees que es eso lo que me pasa? ¿Si yo sé como se siente Voldemort, él también sabe como me siento yo?

—Sí, seguramente el vínculo es bidireccional. Así que yo en tu lugar sería lo más feliz posible, seguro que eso le jode bastante.

—¿Eres consciente de que estas hablando de ti mismo? —intervino Ron.

—¿Eres consciente de que tienes algo en la cara?

—¿Ehh? - Vocalizó el pelirrojo confuso justo antes de que Tom le tirara lo que le quedaba de tarta a la cara—.¡Oye!

—Como iba diciendo antes de que el pecoso me interrumpiera —prosiguió mientras fulminaba al susodicho con la mirada—. El vínculo probablemente es bidireccional, pero dudo que tenga que ver con la legilimancia. La legilimancia no es así exactamente, aunque supongo que ninguno se ofrecerá voluntario para que os enseñe como funciona—. Su macabra sonrisa se ensanchó al ver como los tres negaban efusivamente con la cabeza.

—Un momento... si no es eso. ¿Entonces qué es? —Se preguntó Granger en voz alta.

—No puedo daros una respuesta clara a esa pregunta —contestó con sinceridad, por mucho que le molestara admitir que no sabía algo—. Aunque, Potter, te aconsejo que tengas cuidado. Es posible que puedas entrar en la mente de Voldemort, pero eso significa que él también puede entrar en la tuya. Si notas cualquier cambio, avísame.

—Nunca pensé que diría ésto, pero me alegro de que Ryddle esté aquí —comentó Weasley que había terminado de limpiarse la cara con el borde de la túnica—. Aunque es un poco raro, ¿no? Pensadlo: tener a Quien-vosotros-sabéis de nuestro lado en la lucha contra Quien-vosotros-sabéis.

—Eh, ¿Quién ha dicho que esté de vuestro lado? —preguntó Tom levemente molesto. Él no estaba del lado de nadie, sólo tenía curiosidad.

—Bueno, tú mismo acabas de ofrecerme tu ayuda —dijo Potter, mirándolo por primera vez sin fruncir lo más mínimo el ceño.

—No te equivoques, Potter. No te he ofrecido mi ayuda, sólo tengo curiosidad. Además, te recuerdo que es un tema que me concierne —corrigió al otro moreno con desgana. Y tenía razón, después de todo era de él de quien hablaban.

—Yo diría que es una paradoja. Pero dinos, Ryddle, cuando empiece la guerra ¿de qué lado estarás? —comentó la Granger. Pero en lugar de responder a la pregunta de la castaña, que no le interesaba en absoluto, les dijo:

—Vaya, vaya. Así que hay una guerra en ciernes... Ahora el Quidditch no os parece tan importante, ¿eh?

El pelirrojo volvió a agachar la cabeza y a sumirse en un aura de depresión. Potter, a su vez, apretó los puños y se dio la vuelta.

—¿Pero para qué les recuerdas eso? Agh, estarás contento —le reprochó Granger mientras se dirigía a abrir la ventana. Vete tú a saber para qué, porque hacía un frío de muerte, aunque Tom no pensaba quejarse—. Chicos... tengo una noticia que os animará.

Potter y Weasley la miraron con desconfianza mientras ella les sonreía de oreja a oreja. Tom por su parte se preguntaba cómo los iba a animar que hiciera frío.

—Hagrid ha vuelto —anunció la castaña con ojos brillantes.


Hermione

Al entrar en el vestíbulo se separó de Harry y de Ron. Necesitaba ir a la biblioteca a consultar un par de datos para su redacción sobre "Los Efectos de Determinadas Pociones en los Cinco Sentidos". Redacción que, de seguro, sus amigos dejarían para el último día. Acababan de tener su primera clase con Hagrid desde que éste volvió. La presencia del semigigante en el castillo la hacía sentir que las cosas volvían poco a poco a la normalidad, aunque en realidad no fuera así.

Recordaba la conversación que tuvieron con Hagrid en su cabaña. Si su misión de reclutar a los gigantes había fracasado y si estos se unían a Voldemort... Parecía que la guerra cada vez estaba más cerca. Pero mejor no pensar en eso por ahora. Lo que más la preocupaba en ese momento es que Umbridge quisiera expulsar a Hagrid. Ya le advirtió que siguiera el programa de la profesora Grubbly-Plank, pero él no quiso escucharla. Lo cierto es que la clase no había estado nada mal, los Thestrals le habían parecido muy interesantes. De no haber sido por esa maldita mujer supervisando la clase...

Le daba rabia pensar en Umbridge, de modo que se centró en lo que habían visto en clase. Los Thestrals... le gustaría poder verlos, seguro que eran mucho más impresionantes e lo que decían las descripciones. No... Si pensaba en lo que significaba el poder verlos... preferiría seguir así. Tener que ver morir a alguien le parecía un precio muy alto que pagar para poder verlos. Si alguien hacía una fotografía a uno... ¿se vería o no? O quizás sólo lo vería la gente que también los veía en persona y el resto sólo apreciarían el fondo... Tendría que preguntárselo a Hagrid en su siguiente clase. Por un instante se preguntó si Ryddle podría verlos. Seguro que sí.

—¡Hermione! —Escuchó gritar a una voz a sus espaldas.

—Hola, Fay —saludó al ver a una chica de cabello oscuro acercarse a toda prisa.

—¿Vas a la biblioteca? Te acompaño, tengo que devolver ésto —dijo la joven enseñándole un ejemplar de "Quidditch a Través de los Tiempos".

—Claro. ¿Y Sally-Anne? —preguntó la castaña extrañada de no veras juntas. Fay Dunbar y Sally-Anne Perks eran sus otras dos compañeras de habitación y, a pesar de ser casi polos opuestos, eran inseparables.

—Se ha quedado hablando con el Profesor Hagrid, ya la conoces. —No, lo cierto es que no la conocía mucho. Sólo sabía que le gustaba la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas y odiaba la de Pociones, poco más—. Ha sido una clase interesante, ¿verdad?

—Sí, aunque no sé si me gustaría mucho ver a los Thestrals —admitió Hermione.

—Eso mismo pensé yo. Además, me siento un poco tonta por no haberme dado cuenta de que los carruajes no se movían solos —añadió Fay con una risilla.

—A mí tampoco se me había ocurrido que tirara de ellos algo invisible. Voy a tener que leer al respecto, "El Libro invisible de la Invisibilidad" o algo así —dijo mencionando el único libro sobre el tema que recordaba.

—Pues buena suerte encontrándolo —Bromeo la otra joven al tiempo que entraban en la biblioteca y se dirigía al mostrador.

Hermione, por su parte, fue hacia la sección de Pociones pensando en que esas dos le caían bastante mejor que Parvati y Lavender. Lástima que siempre fuesen a su aire. Se detuvo ante una estantería cubierta por una fina polvo, parece que no a mucha gente le interesaban los efectos secundarios de las pociones. Tomó un voluminoso ejemplar titulado "Si lo sé, no bebo: Compendio de secuelas y efectos secundarios causados por una poción mal hecha" y lo abrió por la sección dedicada al olfato.

Tras un par de minutos se percató de que había bastante información que le podría ser útil. Demasiada como para memorizarla toda o apuntarla rápido, pero tampoco tenía tiempo de sentarse a completar la redacción en ese momento, casi era la hora de almorzar y sus amigos la esperaban en el Gran Comedor. Con un movimiento repentino se dio la vuelta y se dirigió al mostrador de Madame Pince para solicitar un préstamo.


Ginny

Seguro que si buscaba el término "tortura" en el diccionario encontraría la frase "Clase con Umbridge" como una de las acepciones, pensó Ginny mientras guardaba sus cosas en su mochila. Ojalá la echaran o le pasara algo. Igual se resbalaba y se caía al lago.

—¡Ay, no! ¡Me he dejado el libro de Herbología en el dormitorio! —exclamó una voz a su izquierda. Antes de que Ginny pudiera decir nada, su amiga Vicky le dijo a gritos mientras salía corriendo—. ¡Subo un momento a buscarlo! ¡Nos vemos en el Gran Comedor!

Ginny vio como le daba un empujón a Colin Creevey al salir por la puerta ante la mirada de reproche de Umbridge y dio un suspiro. Vicky no era mala chica, pero estaba metida en demasiados clubs y asociaciones. Y había pretendido unirse también al equipo de Quidditch ¡Como si tuviera tiempo! A ese paso iba a terminar necesitando un giratiempo, como Hermione.

La pelirroja se dirigió ella sola al Gran Comedor, esperando encontrarse a alguien allí que le hiciera compañía. Al llegar al segundo piso giro a la derecha, en lugar de a la izquierda. Para cuando quiso darse cuenta se encontraba en un pasillo que le era muy familiar. —Ay, no—. Pensó mientras se disponía a darse la vuelta. Llevaba más de dos años evitando pasar por allí, mucho más cuando iba sola. Respiró hondo. —No, Ginny. No puedes seguir huyendo. No pasa nada, sólo es un pasillo, no seas cobarde—. Y, en lugar de volver por donde había venido, siguió avanzando con pasos lentos y firmes hasta que vio a alguien de lejos. Alguien muy familiar.

—¡Ryddle! —gritó mientras se acercaba a él a toda prisa—. ¿Qué haces aquí?

—Yo también me alegro de verte, Weasley. ¿Qué tal estás? —saludó con desdén e ignorando su pregunta.

—No me ignores. Te he preguntado que qué haces aquí. —repitió ella mientras señalaba la puerta que tenían en frente. Una puerta que los dos conocían muy bien—. Ambos sabemos que no estás aquí por casualidad, así que no disimules.

—Antes de ser tan negativa, quizás deberías plantarte si sólo quiero ir al baño.

—Ese es un baño de chicas —le dijo frunciendo el ceño.

—Igual tengo una crisis de identidad —dijo mientras se balanceaba hacia adelante y hacia atrás con los pies.

—Lo que no tienes, desde luego, es vergüenza. ¡Deja de mentirme a la cara!

—Mira Calabaza, lo que yo haga o deje de hacer no es asunto tuyo —contestó el moreno cruzándose de brazos.

—Es más asunto mío de lo que crees—. Ginny le respondió cruzándose de brazos también e irguiéndose lo más que podía.

—¿A sí? ¿De verdad lo es? ¿Dime que se supone que voy a hacer?

-—Vas a la Cámara de los Secretos. La entrada está ahí dentro—. Lo acusó situándose entre la puerta y él.

—Dime algo que no sepa—. El joven la con una mueca.

—¿Sabías que el fantasma de la chica que mataste sigue ahí? —le dijo fríamente. A juzgar por como abrió Ryddle los ojos, parece que ignoraba ese pequeño detalle—. ¿Qué le vas a decir? Algo así como, "Hola, ¿te acuerdas de mi? Soy el que te mató hace cincuenta años. Pero sin rencores, ¿eh?."

—Lo creas o no, necesito entrar ahí. Aparta —dijo avanzando y haciéndola a un lado con el brazo.

—¡De eso nada! —dijo la pelirroja volviendo a ponerse frente a él y apuntándole con la varita—. Vete y no vuelvas a acercarte aquí.

—Va a ser difícil acercarme si tengo que pasar por aquí todos los días para ir a clase —dijo el moreno dándose la vuelta y alejándose un par de metros. Se veía a la legua que se estaba enfadando.

—Hay otro camino más corto —le recordó Ginny sin moverse de donde estaba.

—No me digas que llevo más de cinco años yendo por el camino equivocado. Vaya descuido. —Se lamentó con transparente falsedad.

—Déjate de tonterías, Ryddle.

—Qué aburrida, empiezas a hablar como Granger. ¿Ahora también vas a dejar de peinarte para parecerte más a ella?

—¡No te metas con Hermione o... —Si algo no podía soportar Ginny es que tocaran a su familia o a sus amigos.

—¿O que? ¿Te vas a chivar o serás lo suficientemente insensata como para atacarme tu misma? —preguntó con una ceja levantada.

—¡Mucus vespertilio! —Ginny no aguantó más y le lanzo el maleficio Mocomurciélago, su preferido. Pero Tom Ryddle lo detuvo casi sin inmutarse. ¿Cuándo había sacado la varita?

—Ya veo que te decantas por la segunda opción. —Dedujo Ryddle antes de poner los ojos en blanco.

¡Desmaius! —Volvió a intentar ella para ser esquivada de nuevo.

—De modo que quieres batirte en duelo... Que así sea —dijo el moreno con malicia—. Expelliarmus.

En un segundo su varita estaba en la mano de Ryddle, que la hizo girar entre sus largos dedos antes de dar media vuelta y marcharse pasillo abajo.

—¿Dónde vas? ¡Devuélveme mi varita! —le gritó mientras corría tras él. Pero Ryddle no le hacía caso y siguió avanzando—. ¡¿Me estás escuchando?!

Apenas habían pasado otro corredor cuando Ryddle giró bruscamente, tomo a Ginny del brazo y se metió por la primera puerta que vio. La empujó al centro de lo que parecía un aula en desuso que servía como almacén y se volvió para cerrar la puerta.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó la menor de los Weasley al ver que Ryddle encantaba la puerta para que no se pudiera abrir. Pero el moreno la ignoró y comenzó a apuntar a las mesas y cajas que había esparcidas en la habitación, las cuales empezaron a apilarse contra las paredes. No fue hasta que hubo un espacio bastante amplio en el centro de la habitación que se volvió hacia ella y le lanzó su varita.

—¿Qué...? —articuló Ginny confusa de que le hubiera devuelto su varita.

—El pasillo no es el lugar adecuado para un duelo, ¿no crees? —Sus ojos destellaban malicia. No había ni un ápice de buenas intenciones en aquella mirada.

—¿Qué pretendes? —preguntó desconfiada.

—¿Qué pretendo? Eres tú quien ha empezado a atacarme. —Dio un paso hacia ella. Ginny, a su vez, dio un paso hacia atrás—. Vamos, ¿no quieres verme sufrir? ¿no me odias tanto? ¿A qué esperas?

—No vas a engañarme, es una trampa. —Le dolían los dientes de tanto apretarlos. Notó que iba a echarse a temblar, pero no le daría esa satisfacción a Ryddle—. Sólo estás jugando conmigo.

—Tienes razón, lo confieso: sólo estoy jugando. Al igual que un gato juega con un ratón antes de devorarlo —admitió el joven encogiéndose de hombros para después rectificar—. Más bien como una serpiente y un ratón.

—¡Mucus vespertilio! —gritó Ginny esperando pillarlo por sorpresa. Más no surtió efecto alguno.

—¿Otra vez el mismo maleficio? Me decepcionas. Diffindo —dijo levantando la varita con desgana en su dirección. Ginny fue capaz de distinguir el patrón de movimiento, incluso vio el maleficio dirigirse hacia ella.

¡Protego! —se defendió la pelirroja. Inmediatamente un escudo surgió ante ella absorbiendo la fuerza del ataque.—Eh, ¡lo he parado!— Pensó emocionada al darse cuenta de que seguía ilesa. Por lo que había visto hasta ahora, pensaba que Ryddle sería mucho más fuerte.

—Mmmm, no ha estado mal. ¿Sólo conoces ese escudo? —preguntó su oponente evaluándola con la ceja levantada. ¿Qué? ¿Ese ataque sólo había sido para ponerla a prueba? ¿De verdad pensaba que era tan inútil? Pues se iba a enterar. Se desplazó rápidamente hacia su izquierda para intentar atacar a Ryddle desde otro ángulo.

—¡Relaskio! —exclamó poniendo toda la voluntad que tenía en el hechizo. Noto como una enorme fuerza salía de su varita y se dirigía hacia el moreno. El escudo que éste había formado parpadeó durante un instante, pero aguanto. Eso hizo que el joven la mirara con una leve expresión de sorpresa.

—Hazlo otra vez —la apremió el moreno dando un paso a su derecha para volver a quedar frente a ella.

—¡Relaskio! —repitió Ginny enfadada. ¿Cómo se atrevía a tratarla como si fuera una debilucha? ¿Cómo se atrevía a subestimarla? El hechizó volvió a cargar contra Ryddle con toda sus fuerzas, pero esta vez su escudo de no flaqueó en absoluto. No sabía si era porque su hechizo había sido más débil o si por el contrario el escudo del moreno era más fuerte. Le daba la impresión de que era la segunda opción.

—Permíteme que te muestre cómo se hace. —Le ofreció Ryddle con educación mientras alzaba la varita. Casi no tuvo tiempo de pensar —¿Cómo?— antes de que Ryddle murmurara Relaskio.

Apenas le dio tiempo a parpadear cuando una descomunal fuerza la empujó hacia atrás, haciendo que chocara contra la pared. Tras el impacto le fallaron las piernas y se deslizó hacia el suelo. Vio como Ryddle se acercaba a ella e hizo un esfuerzo por levantarse. Le temblaba todo el cuerpo, pero lo consiguió y lo miró con odio. Acto seguido volvió a alzar la varita en dirección a Ryddle, que sonrió con superioridad.

—¡Everte Statum! —exclamó. Esta vez Ryddle ni siquiera se molestó en usar magia, simplemente se apartó a un lado. Ginny resopló al ver que de nuevo había fallado.

—Weasley, Weasley... —dijo Ryddle divertido—. Deberías saber cuando rendirte.

—¡Calla! ¿A qué ha venido eso?

—La cabezonería es una cualidad innata de los Gryffindor, ¿no? —suspiró Ryddle mientras le arrebataba la varita de la mano al ver que iba a lanzar una nueva ofensiva— Siéntate.

Ginny lo miró indignada y apretó los puños. Conteniendo las ganas que le estaban dando de pegarle un buen puñetazo.

—Que te sientes —repitió el moreno mientras el mismo se sentaba con la espalda apoyada en la pared. A ver que no le hacía casi la agarró de la muñeca y tiró de ella hacia abajo, haciendo que quedara sentada a su lado—. Estás sangrando.

¿Estaba sangrando? No se había dado cuenta. Aunque ahora que se le estaba calmando el subidón de adrenalina provocado por su breve duelo... lo cierto es que le dolía bastante la cabeza. Se llevó la mano a la parte posterior del cráneo y notó como se le humedecían los dedos. Efectivamente, estaba sangrando.

—Quita, déjame ver. —Se ofreció Ryddle.

—¿Por qué iba a confiar ahora en ti? ¡Me lo has hecho tú!

—Técnicamente fue la pared. Y antes de que insistas, no empecé yo. —El moreno empezó a buscar algo en el bolsillo interior de su túnica—. Toma, te la doy si te estás calladita.

El moreno le puso en la mano una pluma de azúcar. Ginny no se podía creer lo que veían sus ojos. ¿Tom Ryddle, el mismo Tom Ryddle que casi la mató hace unos años, acababa de darle una golosina? ¿Es que el mundo se había vuelto loco? De repente su dolor de cabeza se detuvo y se giró para ver al joven alejar su varita de ella.

—¿Acabas de tratarme como a una niña pequeña que tiene que ir al sanador? —Cuando era pequeña y la llevaban a San Mungo siempre le daban una piruleta para que no llorara.

—Déjame pensar... sí. —admitió él muy pagado de si mismo—. Y antes de que sueltes una chorrada como suele hacer Granger, déjame aclararte que sólo te he curado para que nadie pregunte qué te ha pasado.

—Pienso contarlo de todas maneras—. Le advirtió la pelirroja.

—¿De verdad? ¿No te da miedo lo que pueda hacer si te vas de la lengua? —la amenazó Ryddle abiertamente.

—No, no me da miedo porque no puedes hacerme nada. Dumbledore se encargaría que volvieran a encerrarte en el Cuartel General. Seguramente lo haga de todas formas en cuanto le cuente que me has atacado.

me has atacado a mí. Recuérdalo. Aunque dudo que a ese viejo le importe lo más mínimo —dijo eso último con un suspiro de resignación mientras se levantaba—. Te propongo un trato: Tú no dices nada y yo te cuento a qué ha venido nuestro pequeño... duelo.

—Y me tienes que contar que hacías en el pasillo —añadió llevándose finalmente la pluma de azúcar a la boca. No estaba mal, ella prefería el chocolate pero no se iba a quejar.

—Sólo si me consigues unas orejas extensibles de las que venden tus hermanos.

—¿Disculpa? —¿Para qué quería Ryddle unas orejas extensibles. ¿Y por qué no se las pedía directamente él a Fred y a George.

—¿Aceptas o no? —la apremió el joven cruzándose de brazos.

—De acuerdo, acepto —se resigno la pelirroja. De todas formas tenía la sensación de que ella salía ganando si se enteraba de lo que tramaba Ryddle—. Ahora habla.

—Digamos que mi intención era evaluar a Potter como profesor. Y debo añadir que deja mucho que desear.

—¿Cómo? —Osea, que sólo la había estado utilizando. Otra vez. Había sido utilizada por la misma persona otra vez. Rompió la pluma de un bocado y la masticó con rabia, tenía tanto azúcar que le empezaron a doler los dientes.

—Que deja mucho que desear como profesor. Admito que tienes mucho potencial, Calabaza. Potencial que Potter no sabe aprovechar. Si yo fuera tú abandonaría ese club vuestro y estudiaría por mi cuenta. Avanzarías más. —Terminó de explicar Ryddle encogiéndose de hombros—. Ahora si me disculpas...

—Espera. ¿Y lo otro? ¿Que tramabas? —Lo detuvo Ginny antes de que diera más de dos pasos.

—Cuando consigas lo que te he pedido, tendrás tu respuesta. Nos vemos Weasley—. Le guiñó un ojo mientras le sonreía de medio lado y volvía a arrojarle su varita. Ginny la atrapó al vuelo, cuando levantó la vista Ryddle ya se dirigía a la salida.

Una vez se hubo marchado Ginny dejó escapar un suspiro de alivio que no había notado que estaba conteniendo y se dejó caer contra la pared. ¿A qué había venido eso? ¿De verdad sólo quería... probar a Harry? No creía que Ryddle tuviera interés por saber qué hacían en el ED, pero al parecer se equivocaba. ¿Pero por qué a ella? ¿Por qué no había desafiado a Harry directamente? Aunque lo que acababa de pasar no se podía llamar duelo; Ryddle ni siquiera la había tomado en serio. Como el mismo había dicho era un juego entre una serpiente y un ratón.

Al darse cuenta de lo tarde que se habría hecho se levantó y se dirigió al Gran Comedor a toda prisa. Seguro que Vicky ya había llegado y estaría preguntándose dónde se había metido. Por el camino no pudo evitar preguntarse para qué narices quería Ryddle unas orejas extensibles. Y lo que es más importante, ¿Qué estaba tramando? Últimamente estaba muy raro y ella no era tonta, sabía que se traía algo entre manos. Sólo tenía que descubrir qué. Al llegar a la escalera de mármol se encontró con Hermione.

—Hola Ginny, ¿Qué tal va todo? —preguntó la castaña animada. Estuvo tentada de contarle lo que acaba de pasar, pero no estaba seguro de si el trato de no decírselo a nadie incluía a Hermione, Harry y Ron. Por el momento prefirió callarse y esperar a saber más.

—No me quejo. Aunque acabo de salir de una clase con Umbridge, así que imagínate. ¿Y tú? —respondió con una mezcla de suspiro y sonrisa mientras bajaban juntas la escalera.

—Feliz de que haya vuelto Hagrid al fin, nos empezaba a preocupar su ausencia. Acabamos de tener nuestra primera clase con él. —¿Clase con Hagrid? Pero si venía del interior del castillo y no de fuera. Al ver que Ginny miraba levemente el lugar del que había venido, la castaña se apresuró añadir—. Vengo de la biblioteca, necesitaba un libro para Pociones.

—Ahm —Se limitó a responder la pelirroja al tiempo que cruzaban las puertas del Gran Comedor.

Al llegar a la mesa de Gryffindor las dos jóvenes se separaron. Ginny se sentó al lado de Vicky, que lejos de preocuparse se estaba atiborrando a cerdo asado. Mientras que Hermione siguió avanzando unos pocos metros. La menor de los Weasley vio como su amiga se sentaba al lado de Rydde, quedando Harry y su hermano frente a ellos, y respondía a algo que éste le decía. En los más de dos meses que llevaban de curso había notado como esos cuatro se habían ido acercando. Al principio pensaba que sólo era para mantener a Ryddle a ralla, e incluso agradeció internamente a sus amigos que se sacrificaran y lo tuvieran cerca. Pero ahora le daba la sensación de que las cosas eran de otra manera. No sabía qué, pero algo estaba cambiando. Y eso no le gustaba ni un pelo.


NdA2: Tenía pensado avanzar hasta el ataque del señor Weasley y al final me he quedado muy atrás. ¡La culpa la tiene la escena de la habitación, que dura medio capítulo! La verdad es que iba a ser mucho más corta, pero me fui alargando y cuando me di cuenta... ya habéis visto.

Sobre esa escena en concreto. ¿Qué os ha parecido? ¿Qué os parece la teoría de Tom? ¿Os convence? ¿Habrá acertado? Hay demasiadas lagunas para que sea cierta del todo, ¿no os parece? Creo que ya lo dije una vez, pero el final está planteado desde mucho antes de decidiese empezar a escribir. Y con ese final la explicación a todo lo relacionado con Tom. Es posible que los personajes vayan descubriendo cosas a medida que avanza la trama, pero también es posible que se equivoquen; después de todo son humanos. Y mientras averiguan y no averiguan cosas, las relaciones entre ellos van evolucionando. El trío cada vez parece más cercano a Tom, creo que su relación actual se basa principalmente en la tolerancia. Por cierto, maldito seas Tom, no veas lo que cuesta escribirte...

Por otro lado... Ginny. Opinad sobre Ginny, porque yo no sé que hacer con ella. Quiero darle personalidad, que sea una chica fuerte y decidida. Pero al mismo tiempo quiero que tenga sus inseguridades y sus miedos, sobre todo en lo referente a Tom. Recordemos el trauma que sufrió por su culpa. Y no sé si lo estoy consiguiendo o si me está quedando algo muy raro. Ginny es lo bastante decidida como para intentar enfrentarse a Tom, como ya hemos visto (aunque él no se la tomara en serio). Gracias a ella hemos tenido el primer "duelo" del fic. Ha sido muy corto, lo sé. Y también soy consciente del potencial que tiene Ginny, pero aún no está preparada. En el futuro veremos más duelos, si no con Ginny con otros personajes.

Por último comentar sobre los personajes que han aparecido o se han mencionado. Aunque os sorprenda no son OCs: Rowling ha dicho que hay otras dos chicas compartiendo habitación con Hermione, Parvati y Lavender. Según harrypotterwikia, Fay Dunbar es una de ellas. La otra chica aparece en la wiki con el nombre de "Fay Dunbar's Friend" y como no iba a llamarla así a la pobre, use uno de los nombre que quedan libres en el curso de Harry. (Se dan varios nombres femeninos, pero no se especifica a que casa pertenece cada personaje. Simplemente elegí uno de esos nombres para la otra chica). Podeis buscar más información sobre ellas en wikipedia. No saldrán mucho, pero bueno, están ahí. Sobre la amiga de Ginny tres cuartos de los mismo: necesitaba ponerle nombre. Así que busque la lista de alumnos de esa época. Hay varios de los que no se especifica el año exacto al que asisten. Vicky Frobisher era uno de los nombres de esa lista, en la que especificaba que era de Gryffindor .Al buscarlo en la wiki apareció como una de las chicas que se presentó a las pruebas de guardián de Quidditch (aparte de estar involucrada en varias asociaciones más). Lo más probable es que en realidad no coincida en el curso de Ginny pero, a falta de otra opción, decidí aprovechar la información que había.