Disclaimer: Los personajes son obra de Jane Austen, yo sólo los pido prestados por un rato.

Este es el capítulo que dije que subiría el domingo. Lamentablemente, no pude subirlo ayer porque el internet en la casa de mis padres falló y cuando volvió a funcionar, ya era hora de irme a tomar el bus para volver a Santiago (mi familia vive en otra ciudad y yo viajo a verlos cuando puedo, que nunca es tan seguido como me gustaría). Mil disculpas por eso.

Pero, aparte de las disculpas, quiero pedirles a ustedes, lectores, otra cosa. No es nada muy complicado, sólo un poco de comprensión si alguna vez me atraso en subir un capítulo. Soy una persona, no una máquina de escribir y a veces puede ser que algo me impida subir un capítulo. Esos reviews de "sigo esperando" o pidiéndome que actualice sólo me ponen de malas. Especialmente porque muchas veces sólo postean reviews para pedir más capítulos, sin siquiera comentar la historia. No quiero ser borde, ni nada, pero en general me gusta tener diálogo con quienes me leen, no sentirme como una máquina.

Otro punto (el último, I swear): a todos los que me han dejado reviews, les debo respuestas. Trataré de hacerlo en las próximas semanas, pero quería que supieran que leo y adoro cada uno de sus reviews y que tengo muy presente que debo responderles.

Canción recomendada: "Hey Jude" de The Beatles.

Chocolate y café amargo

Capítulo 10

Como andar en bicicleta

—Charles, ¿puedo hacerte una pregunta? —Claudia se asomó por la puerta del espacio que compartían los colaboradores de Netherfield. El aludido estaba ahí, terminando la tira cómica para el número de esa semana y unas ilustraciones para otros artículos.

—Adelante, dispara.

—¿Has ilustrado alguna vez un libro? —preguntó ella—.Lo que pasa es que uno de mis amigos escribió un libro infantil y estaba buscando a alguien que lo ayudara a ilustrarlo. Ya sabes, algo en plan Roald Dahl y Quentin Blake (1).

—En la universidad hice un taller de ilustración, pero aparte de eso, no he hecho nada con el tema.

—¿Y estarías dispuesto? Mi amigo es muy simpático y seguro que te gustará trabajar con él.

Charles se mordió el labio. Le gustaba su trabajo, pero no quería quedarse eternamente dibujando tiras cómicas y otras cosas en la revista. Y siempre había querido trabajar en algo así. Su habitación en el departamento que compartía con Darcy estaba llena de libros infantiles. Anthony Browne, Maurice Sendak, Doctor Seuss, Judith Biorst (2).

—Sí, claro. Sería genial.

—Perfecto. Le daré tu número y le diré que te llame para que se junten pronto. Vive aquí cerca, no creo que se les haga difícil verse. Se llama Peter Bloom, por cierto. Su novio era uno de mis mejores amigos en el colegio.

La secretaria lo saludó y volvió a su puesto de trabajo. Charles volvió al mesón. La tira cómica mostraba a una chica atendiendo una mesa en un café, mientras uno de sus personajes habituales leía con una taza de algún líquido enfriándose frente él. Se había basado en Darcy, que siempre había tenido la tenencia de trabajar en lugares así, cuando aún escribía música. Más de una vez lo habían expulsado de algún café por ocupar una mesa durante horas y sólo comprar un café simple.

Durante los últimos días, cada vez que Charles volvía a casa, se encontraba con hojas llenas de anotaciones, palabras y notas musicales. Todo parecía indicar que su viejo amigo se estaba volviendo a reencontrar con la musa, lo que lo alegraba bastante. Sabía que lo sucedido con Verónica lo había dejado destrozado. Charles estaba convencido de que la música era lo único que podía ayudarlo a sanar tarde o temprano.

Esa noche estaban invitados a Carter's. Una banda de amigos del hermano de Charlotte iban a tocar ahí. Jane se había asegurado de invitarlo, con la sonrisa encantadora que siempre lucía. Desde su cita, cada vez que la veía, sentía que el estómago empezaba a bailar algún baile escocés. Esperaba que ella y su hermana se llevaran bien.

-o-

—Joder, maldita sea la puta madre que lo parió… —Tras escuchar semejante sarta de palabrotas por parte de su jefe, Darcy no pudo evitar asomarse a la pequeña oficina que Carter ocupaba tras el bar. Un muchacho salió de ahí, disculpándose rápidamente por algo que Fitzwilliam no alcanzó a comprender.

—¿Pasa algo, Carter? —preguntó.

—Aparentemente, el guitarrista de la banda que se suponía que iba a tocar esta noche es un niñato, se ha peleado con sus compañeros y ha decidido que dejará la banda. Hace dos horas. En serio, ese mocoso podría haberse buscado un mejor momento para hacerlo, después de todo lo que gastamos en publicidad.

—Vaya. ¿No hay nada que se pueda hacer ahora?

—No creo. A menos que conozcas a un guitarrista que pueda ponerse al día con estos chicos en menos de… —Carter miró su reloj de pulsera y soltó un suspiro—. Tres horas.

Darcy se mordió el labio. Podía recordar vivamente la primera vez que se subió a un escenario con su vieja banda —¿qué habría sido de ellos?—. La adrenalina invadiendo su sangre, el ritmo de la batería acompasándose con los latidos de su corazón. Los chicos se habían pasado toda la semana ensayando en el pub en las horas en que estaba cerrado y eran muy buenos. Era una pena que no pudieran presentarse por una pelea entre ellos.

—¿Los demás siguen aquí? —preguntó súbitamente. Su jefe lo miró con una ceja alzada.

—Sí, creo que se están llevando las cosas. Alguien debería avisar que no se van a presentar en nuestra página de Facebook.

—Yo toco la guitarra —dijo Darcy, provocando una nueva mirada sorprendida de Carter. Ciertamente, el dueño del pub no se imaginaba a su taciturno empleado en plan estrella de rock.

—¿Eléctrica? —inquirió.

—Sí, y acústica también.

—¿Eres bueno?

—Lo era —musitó Darcy, pero levantó la vista—. Pero ya sabes, estas cosas son como andar en bicicleta. No se olvidan tan fácilmente.

—Eso espero. ¿Por qué no vas corriendo a hablar con los chicos? Seguro que ellos tienen tantas ganas de cancelar como yo. Si puedes aprenderte las canciones en tan poco rato, no tendremos que hacerlo.

Darcy asintió y se dirigió al pub, que aún estaba cerrado. Él y Navraj habían llegado antes de lo normal para dejar todo listo antes de la tocata. Su compañero estaba limpiando vasos en la barra, con los audífonos puestos y silbando una tonadilla. Los muchachos estaban recogiendo sus instrumentos y otros implementos del estrado que se usaba para las bandas que iban a tocar. Tenían un aire derrotado y deprimido que hubiera conmovido a una piedra.

—Oigan, Carter tiene una sugerencia para que no tengamos que cancelar su presentación.

—¿Qué? ¿Nos va a traer a Michael de una oreja? —replicó con sorna Jason, el líder de la banda—. Porque, francamente, por el momento esa es la única respuesta que se me ocurre.

—No exactamente. Voy a tocar yo en su lugar.

Los tres chicos lo miraron de hito en hito.

—¿Estás bromeando? No podemos cambiar de guitarrista así como así —dijo Chase, que tocaba la batería—. Ni siquiera hemos tenido tiempo de ensayar ni nada.

—Aún faltan cuatro horas para que abramos —apuntó Rose, la única chica de la banda, mientras se acomodaba las trenzas que le caían a ambos lados de la cara—. Hemos hecho cosas así con menos tiempo encima.

—Es un riesgo —dijo Chase.

—Sí, pero tampoco es como que podamos votar esta oportunidad así como así. Además, imagínense la cara del idiota de Michael cuando sepa que podemos tocar sin él —dijo Jason mirando a sus compañeros—. Por suerte, ese imbécil no se llevó la guitarra.

—Menos mal. Ésa es mía —masculló Rose por lo bajo.

—¿Te importa? —le preguntó Darcy antes de acercarse a tomarla. La chica asintió con la cabeza, intrigada—. ¿Tienen por ahí alguna de sus partituras? ¿O tienen algún cover que les guste hacer en esas ocasiones?

—¿Te sabes "Hit Me With Your Best Shot"?

—¿Pat Brennan? Con los ojos cerrados —Darcy no pudo evitar una sonrisa orgullosa al decir eso. Por supuesto que la conocía, había sido una de las primeras canciones que había aprendido de adolescente.

Sin dudarlo un segundo, tomó la guitarra y tocó los primeros acordes sin titubear. Lo que le había dicho a Carter era verdad: para él, tocar era como andar en bicicleta. Sólo era cosa de animarse. Además, en las últimas semanas había recuperado la práctica que había perdido en sus años en Oxford. La guitarra se sentía natural en sus manos, como si nunca la hubiera dejado de lado. Nunca sería como la suya, que había abandonado en Londres tantos años atrás, pero era algo.

Cuando terminó, levantó la cabeza para mirar a los chicos que lo miraban sorprendidos.

—Guau —dejó escapar Rose—. ¿Crees que puedas aprenderte nuestras canciones en este rato?

—¿Qué importa? Si puede tocar, que toque con las partituras delante —decidió Jason y se acercó a darle una palmada en la espalda a Darcy—. Estás dentro. Al menos, por esta noche.

-o-

—¿Te falta mucho? —reclamó Lizzie dirigiéndose al muchacho que estaba absorto en el bloc para dibujar que tenía entre las manos.

—Un momento. Tu espalda no me está saliendo como quiero —masculló él levantando ligeramente la mirada.

Lizzie bufó para sus adentros, pero no se levantó. Jonathan, el chico que la estaba dibujando era muy buen amigo suyo y necesitaba una modelo para un trabajo de la universidad. Por lo general, Lizzie no tenía problemas en posar, aunque no se le había hecho fácil aprender a hacerlo. La primera vez que lo había hecho, unos años atrás, se había sentido muy incómoda, pero ya había superado cualquier resto de incomodidad que sintiera alguna vez con su cuerpo. Jonathan la había contratado muchas veces para que modelara para él y jamás la había hecho sentir mal. Y aún así, nunca le pedía que hiciera un desnudo frontal. Él mismo decía que se sentía extraño dibujando a su amiga así.

En esos momentos, Lizzie estaba apoyada sobre una almohada, con una sábana cubriéndola hasta el final de la espalda, y dejando sus pantorrillas al aire. Para que estuviera cómoda, Jonathan había instalado una pequeña estufa eléctrica en una esquina de la habitación.

—Oye, ¿el barman nuevo de Carter's vive en tu edificio, no?

—Ajá —respondió Lizzie, mirando hacia otro lado—. Y su compañero de piso sale con Jane —añadió con desgano. Aunque Charles le caía bien, no podía evitar querer que su hermana no estuviese con él. Ahora que estaban saliendo, casi no podía hablar con ella. Siempre estaba visitando a Bingley en su piso, o saliendo con él a tomar un café, o lo que fuese. Era genial que estuviese en una relación que la hiciera feliz y todo eso, pero a veces Lizzie extrañaba a su hermana.

Además, todo el tema de la relación perfecta tenía un gran y enorme "pero". Un "pero" de nombre Darcy. Porque cada vez que Jane y Charles se sentían mal por dejar a Lizzie sola en el departamento y querían invitarla a ir con ellos, aprovechaban de invitar a Darcy. Como si ser la violinista de la pareja feliz no fuera lo suficientemente malo, tenía que aguantar a Darcy, que prefería hacer como si ella no existiese. Menos mal que los ataques de conciencia de Jane y Bingley no eran muy frecuentes, porque Lizzie estaba convencida de que si tenía que soportar a Darcy-cara-de-piedra una vez más, terminaría por romperle la nariz.

Aunque ahora estaba Caroline. La hermana de Bingley parecía amable, o al menos eso aparentaba a primera vista. A decir verdad, siempre actuaba muy simpática con todos, pero algo no terminaba de cerrar ahí. Lizzie no estaba segura de qué era, pero algo era extraño con respecto a ella.

Quizás era eso de que siempre que podía, la chica se iba junto a Darcy. Nadie que se acercara voluntariamente a ese amargado podía ser de fiar. Pero Jane le había dicho que le diera el beneficio de la duda a la muchacha, así que se mordería el labio antes de comentar nada al respecto.

—¿Qué vas a hacer esta noche? —preguntó Jonathan luego de unos momentos. Seguía con la mirada puesta en su cuaderno de dibujo, pero él siempre había sido capaz de hacer dos cosas al mismo tiempo.

—Voy a ir a Carter's. Unos amigos de Thomas Lucas van a tocar y Charlotte les dijo que iríamos. Thomas dijo que llevaría a gente de su revista, para que vieran si querían hacer un reportaje sobre ellos o algo. Ya sabes, es la mejor forma de llamar la atención de un productor.

—Pues sí. Quizás Matt y yo nos demos una vuelta por ahí, será divertido —contestó él dando los últimos toques al dibujo—. Mira lo guapa que quedaste —añadió mostrándole el dibujo a su amiga.

—Guau. Hombre, te superas todos los días —dijo ella mientras se estiraba para alcanzar su ropa. Su amigo se dio media vuelta, para darle algo de privacidad a la chica.

—Muchas gracias. Sólo espero que mis profesores piensen lo mismo.

—Descuida, seguro que lo harán —dijo Lizzie tomando su abrigo del respaldo de una silla y despidiéndose de su amigo con un beso en la mejilla—. Me quedaría a conversar un rato, pero quedé en pasar a buscar a Charlotte al café. Entonces, espero verte con Matt en el pub, ¿no?

—Seguramente. ¡Nos vemos, guapa! —dijo él mientras le abría la puerta y la chica salía a la calle ajustándose el abrigo.


(1) Roald Dahl es un autor de libros infantiles. Entre sus obras más famosas están Matilda y Charlie y la fábrica de chocolate (dos de mis libros favoritos de infancia). Quentin Blake fue un ilustrador que trabajó con Dahl en casi toda su obra. A mí me encantan los dos.

(2) Varios autores de libros infantiles. Where the Wild Things Are (Maurice Sendak) y Voices in the Park (Anthony Browne) son clásicos.


Voy a confesar que la escena de Lizzie posando desnuda me produjo algunas contradicciones personales. Por un lado, la Lizzie Bennet de Orgullo y Prejuicio quizás jamás haria algo así. Por otra parte, estoy tirando a Lizzie en un contexto muy diferente, asi que me atraía la idea de una chica un poco más deshinibida (con un amigo de confianza, no con cualquiera). Además, es para un dibujo, no para una porno, así que calza con una chica que puede ver su cuerpo como una obra de arte. En fin, igual me he quedado a gusto y espero que les haya gustado el capítulo.

¡Hasta la próxima!
Muselina