Borracho de Amor
1… 2… 3… 4…5… ¿O eran? 16… 17… 28… 40…
Ya no importaba, pues, esos dos habían olvidado cuantas copas habían tomado esa noche, no había ningún motivo, sólo una divertida salida de amigos; los dos complemente borrachos y ya en la madrugada cuando aquel bar en el que estaban los echaron, prácticamente a patadas, cada a uno a un lado tambaleándose y desvariando cosas de borrachos, que realmente no importaba.
– La, la, larai, la… – canturreaban Adrien y Nino mientras se sostuvieron uno al otro y a la vez tambaleándose por lo borrachos que estaban.
En ese momento, el Lahiffe se detuvo en seco junto a su amigo; cuando el moreno pensó en dos ciertas chicas de cabellos azabaches y rojizos.
– Oye, Adrien… y shi le compramosh a las chicash un ramo de floresh o chocolatesh…
Pensó por unos segundos el pelirrubio.
– No… muy ridículo… – dijo pensando en lo cursi y cliché que parecía.
Y además, eran las 3 de la mañana y no había ningún local abierto donde venderían eso.
Y como todas las ideas que ambos tenían una apareció repentinamente en la cabeza de ambos.
– Ya che… un mariachi… lesh chevaremosh una cherenata. – dijeron ambos mientras soltaban una tremenda carcajada borracha.
Al recordar que gracias a una ex-compañera suya de intercambio, les había contado cuál había sido la cosa más romántica que su abuelo le había hecho a su abuela de allá en su país. Ella les había contado al par de amigos que su abuelo le había llevado una serenata a su abuela por su aniversario y que además habían cantado unas cuantas baladas clásicas mientras que la afortunada mujer lo observaba desde la ventana de su balcón de su recamara matrimonial. Los superhéroes de París se habían emocionado tanto que decidieron hacer lo mismo, pero sin suerte, en París no había mariachis… pero cabe destacar que en aquel momento no estaban borrachos, y la determinación de un borracho es palabra…
Y vaya que las tuvo pues los dos buscaron hasta por debajo de las piedras, y cuando los dos amigos estuvieron a punto de rendirse, allá, en un callejón conocido por mezclar varias culturas, comida, ropa, etc… encontraron a 7 integrantes de negro con detalles dorados, en una esquina platicando alegremente.
– ¡Buenash! – gritaron animadamente el par de borrachos hacia los músicos.
– Buenas. – exclamaron los mariachis al mismo tiempo al ver al par de héroes, suerte para el que hablaba bien el idioma de los dos.
– *Hic*… queremosh una cherenatapara nuestrash… *hic* chicash…
– Mira compadre hasta en París hay borrachos que en su arranque hacen este tipo de locuras… – dijo uno de los mariachis en su lengua madre mientras que sus compañeros soltaban una carcajada divertida. – Güey, ¿Estás seguro de que las chicas lo aceptarán bien? – preguntó el muchacho, pues había recordado varias experiencias en su país natal; de chicos iguales a ellos bien borrachos que llevaban serenatas y sólo terminaban con un floretazo en la cabeza, otros con un simple grito de "¡Te has equivocado de casa yo no soy Juanita, me llamo Carolina. Imbécil!"
El rubio y el moreno lo meditaron por unos segundos para luego decir…
– Seee… – los mariachis simplemente suspiraron.
– Bueno… llévenos con las afortunadas. – dijeron alegres los chicos mientras se subían a una furgoneta blanca.
Adrien y Nino entraron alegremente mientras los llevaron a la dirección, se perdieron varias veces ya que estaban tan pedos que confundían la derecha con la izquierda y viceversa.
– *Hic* Girar en la chegunda eshtrella a la deresha, colando hashta el amacer, ahí che encontrará *hic* el paísh de Nunca Jamásh… *hic*.
– Jajaja, que divertido, jajaja…
Los mariachis sólo vieron como esos tipos se desmayaron como un saco de papas, al principio pensaron que estaban muertos… pero unos minutos después esos dos despertaron como si nada.
Duraron casi más de una hora y media para llegar al lugar donde se encontraban las afortunadas, al llegar allí, los mariachis fueron los primeros en bajarse mientras esperaban a que Adrien y Nino se bajaran de la furgoneta, y vaya que lo hicieron, pero a su manera, ya que los dos aún estaban además de borrachos también mareados que hicieron que ambos tropezarán torpemente uno con el otro; haciendo que los mariachis les resbalarán una gota de sudor detrás de sus nucas.
– Ahora shi… ¡Éntrenle!... – gritó alegremente Nino mientras reía como loco por los efectos del alcohol.
– 1… 2… 3… – gritó Adrien contando emocionado.
En ese breve instante, los músicos empezaron a tocar sus instrumentos, haciendo que el sonido de las trompetas, seguido por las guitarras, los violines, etc., empezarán a escucharse estruendosamente, para después una voz grave y vocerrona los acompañará.
"Si nos dejan…
Nos vamos a querer toda la vida…
Si nos dejan…
Vamos a vivir a un mundo nuevo…"
Habían comenzado primero con una clásica.
En aquel momento, en una de las habitaciones se encontraban cuatro chicas junto a sus respectivos kwamis platicando, o más bien discutiendo, gustosamente; dos de ellas eran las afortunadas; Marinette y Alya mientras que las otras dos eran sólo las coladas del momento; Luciana y Chloe. Si así como lo leyeron Chloe. (Si se preguntan cómo es que ella termino ahí esa es otra historia que les contaré otro día). Al momento en que los mariachis comenzaron a tocar sus estruendosos instrumentos, las cuatro chicas se sobresaltaron junto a sus kwamis, en especial el nuevo que poseía Luciana.
– ¿Pero qué…? ¿Qué chingados es eso? – gritó sobresaltada Luciana.
– No lo sé, pero tengo curiosidad por descubrirlo. – dijo Alya. – Vamos.
Las cuatro chicas corrieron hacia el traga luz para luego ir corriendo en el balcón hasta asomarse por el barandal. Alya vestía una blusa de tirantes anaranjados y unos shorts que le llegaban a la rodilla con cuadros medianos entre blancos y anaranjados. Marinette vestía una blusa de tirantes blancas con puntos rosas y unos pantalones blancos con diseños negros. Chloe vestía un pijama de dos piezas de la seda más fina y cara color amarilla. Y Luciana una blusa larga y de manga corta que le llegaba por encima de las rodillas y que a la vez decía un chistoso comentario "la playera de mi ex-novio". Al salir las cuatro féminas en el balcón fue ahí cuando vieron a los 7 hombres junto con el Agreste y el Lahiffe abrazados y cantando felizmente borrachos, ante la vergüenza de la Dupain-Cheng y la Cesaire comenzaron a gritarles a sus respectivos novios.
– ¿Pero qué demonios les pasan a ustedes dos? – gritaron tan fuerte, pues, la música del mariachi era tan alta que apenas si se podían escuchar sus voces.
– ¡Lesh trajimosh cherenata! – dijeron al unisonó los dos amigos mientras soltaban una fuerte y borrachina carcajada.
– ¿S-Serenata? – un tic apareció en el ojo de la Portadora del Zorro.
– ¡Pero qué disparates dices Adrien! – gritó entre molesta y avergonzada la Portadora de la Mariquita al ver el estado tan borracho de su novio.
– ¿Quién diablos son ellos?, ¿Y de dónde son? – volvió a gritar Alya a su novio.
– Qué interesante. – dijo Chloe esbozando una sonrisa divertida.
"Si nos dejan…
De todo lo demás lo olvidamos…
Si nos dejan…"
– ¿No pueden cantar algo en francés? – gritó la Cesaire a los músicos una vez que ellos terminaron la canción.
– ¡Nah! ¡No lo creo! – rió como loco Adrien mientras que las cuatro féminas junto a sus kwamis le cayeron una gruesa gota detrás de sus nucas.
– Pero sea lo que sea que estén cantando ha de ser bonito. – comentó Nino a su compañero.
– ¡Shigánle muchachos! – vociferaron a todo pulmón los dos borrachos amigos haciendo que los músicos tocarán otra rola.
– Idiotas. – mascullaron Marinette y Alya.
– Vaya esto no se ve con frecuencia. – dijo con burla Chloe.
– Y a todo esto… ¿Qué es eso de serenata? – preguntaron los kwamis a sus respectivas portadoras.
– ¿Enserio no lo saben? – preguntó Luciana a las criaturas mágicas quienes sólo negaron con la cabeza. – Enserio que se han perdido toda una vida.
– La serenata son baladas que los enamorados cantan frente a las ventanas de la amada al amanecer. – explicó Plagg, quien junto a Wayzz habían escapado afortunadamente de sus portadores, causando impresión a sus compañeras y las portadoras de éstas.
– ¿Y tú como sabes todo eso Plagg? – preguntó curiosa Tikki.
– Antes de que se armara todo este escándalo, Luciana les dijo al zopenco de Adrien y a su amigo la aburrida anécdota de serenata de sus abuelos. – explicó el gato negro, cosa que en ese momento la chica lo miro de mala gana.
– Retracta lo que dijiste maldito gato del demonio. – lanzó chispas la latina y el kwami de Adrien.
– ¡Ya cállense los dos que no nos dejan ori! – calló en ese momento Pollen y Chloe a Luciana y Plagg queriendo disfrutar el espectáculo ajeno de las afortunadas.
– Bola de pelos.
– Amargada.
Mientras que esos dos discutían. Marinette y Alya se les había olvidado su enojo después de enfocarse más a fondo en las bellas canciones que aquellos mariachis les dedicaban gracias a los borrachos de sus novios.
Todo ese espectáculo había llegado a su fin antes de que los primeros rayos sol de la mañana tocarán el cielo, por cortesía de tan hermosa velada; los padres de Marinette les ofrecieron gratuitamente a los mariachis pan dulce y por supuesto la paga de sus servicios.
Entre tanto Nino y Adrien recibieron esa mañana una fuerte y dolorosa resaca que esto les había ocasionado por beber tanto aquella noche.
Marinette y Alya no sabían si darles a sus novios una fuerte reprimenda por el comportamiento de aquella madrugada, pero, al ver tan hermoso y romántico gesto decidieron por no hacerlo.
Ellas dos se acercaron a sus novios mientras le daban a cada uno de ellos una buena taza de café recién cargado.
– Deberás que fueron unos tontos en qué cabeza se les ocurrió por competir quien bebía más tequila de lo normal. – dijo Alya a Nino.
– Alya, te amo mi vida. Pero. Por favor podrías bajar un poco tu voz, me duele la cabeza. – se quejó el moreno.
– Pero Nino estoy susurrando lo más bajo que puedo. – confesó la Cesaire.
– Perdóname por ser irresponsable y tonto Mari, prometo, prometo ya no volver a hacerlo. – lloró Adrien, pero no por lo triste sino porque ya no toleraba más los martillazos en sus cabeza.
– Lo sé, lo sé. Y espero que así lo sea Adrien Agreste. – dijo la Dupain-Cheng.
– Marinette… ¿Puedes hacernos un favor? – preguntó el rubio y el moreno.
– Depende.
– Puedes usar tu Lucky Charm y hacer que este dolor de cabeza desaparezca, por favor. – suplicaron ambos chicos con resaca.
Las dos amigas se miraron entre sí compartiendo la misma complicidad que ambas compartían en ese momento para luego enfocarse en sus dos novios.
– No. – sentenció la Portadora de la Mariquita.
– ¿Por qué no? ¡Auch! ¡Mi cabeza! – se quejaron los dos amigos. – ¡Denos unas aspirinas para este dolor!
– Eso si podemos darles. – rieron las dos féminas afortunadas de la serenata mientras le daban un paquete de aspirinas a sus dos novios.
– Son unos tontos. – dijeron ambas a sus novios. – Pero son nuestros tontos, gracias por la serenata. Y feliz día de San Valentín.
Marinette y Alya besaron a sus novios sin importarles el mal olor de sus bocas combinadas con el café y el tequila.
Sin duda alguna había sido la velada perfecta para ambas.
Sólo esperaban que para el siguiente año sus novios la sorprendieran sobrios y no borrachos para su próximo regalo de San Valentín.
