Capítulo 8 listo... este capítulo me gustó en particular... creo que les gustará también a ustedes, si es así, sería genial que me lo hicieran saber con un comentario... si no, ¡también! En fin, siento que este capítulo hablará por sí mismo, así que los dejo con él. ¡Disfrútenlo! Por cierto, hago otro pequeño disclaimer: "piel de serpiente" es un término propiedad de J. J. Benítez de la serie de libros "Caballo De Troya".
Capítulo 8.
El tiempo nunca caminó tan desfasado como hoy para mí… aún no puedo entender… no puedo siquiera coordinar los pensamientos que trato de expresar, haré mi mejor esfuerzo para describir mi situación… demonios, estoy tan confundido… no sé cuánto tiempo ha pasado desde que terminó la pesadilla de hoy, pero debió ser un lapso considerable… lo sé porque varias patrullas y ambulancias hacen sonar sus sirenas a la distancia… tardarán unos minutos más en llegar… puedo ver un vehículo negro muy conocido acercándose a nosotros… aún está haciendo un giro para frenar y Koizumi ya está bajando del lado del copiloto… corre hacia nosotros como en cámara lenta, su rostro lleva una combinación entre susto y culpa. A unos metros de nosotros, a mi derecha están los muros de cristal de una sucursal bancaria, en los cuales puedo ver nuestros reflejos… Haruhi y yo caminamos, también con ese extraño efecto de cámara lenta, yo la estoy ayudando a andar… ambos estamos cubiertos de polvo, sin duda de los escombros de la calle destrozada y parcialmente incendiada detrás nuestro… parte de nuestros rostros y ropa van cubiertos de sangre, aún tibia… por cierto… ¿Cuánta gente habrá resultado herida…? Jesús, Mahoma, Buda o como te llames… te lo suplico… que nadie más haya muerto hoy… ¿Nadie más…? ¿Cómo fue que esto pasó…? Debo concentrarme… hacer un recuento…
—¡Despierta, holgazán!— La escucho, pero estoy cansado y tengo sueño. No haré caso. —¡Deja de ignorarme!— Esta vez siento el impacto de algo suave sobre el rostro, seguramente una almohada… creo que no puedo fingir más.
—¿Qué quieres…?— Pregunté sin abrir los ojos.
—Quiero preguntarte algo.
—¿Y no puedes esperar hasta mañana?
—No… así que mejor despierta o juro que te arrojaré agua.
Abrí sólo mi ojo derecho. La luz nocturna que se colaba por el inmenso ventanal del muro contrario de la habitación me permitió ver a Haruhi, sentada y envuelta en una sábana, con esa eterna cara de molestia en el rostro. De alguna manera me alegro de que sea lo primero que veo al despertar. Sé que no hay nada entre esa ligera sabana y su piel y es curioso verla sin su banda amarilla en el cabello. Un vistazo al buró de su lado me indica que faltan apenas unos minutos para la media noche… le tomó menos de hora y media de sueño a esta chica recuperar toda la energía que tiene usualmente… con seguridad se despertó hace un par de minutos y al no poder conciliar nuevamente el sueño, decidió echar mano de su única víctima disponible: yo.
Me di un par de palmadas en la cara para espabilarme por completo y me senté también. Nunca he hecho alarde de mi físico, de hecho, considero que soy más delgado de lo que debería, sin embargo, algo de mi usual afición por el soccer y todas las idioteces deportivas en las que Haruhi me ha hecho participar me han dado cierta condición… mis hombros se han marcado de forma muy favorable últimamente, al igual que mi abdomen. Traigo esto a colación porque pude ver que ella lo notó cuando me senté, pues no cubrí mi tórax. Y sí, me hizo sentir orgulloso el repentino y fugaz rubor que cubrió su rostro al darse cuenta que noté como me miraba.
—¿Y bien…? ¿Qué querías preguntarme?— Dije para relajar su tensión.
—Quiero que me cuentes todo.
—¿Todo acerca de qué?
—Acerca de todo… desde que nos conocimos y lo que has hecho con los otros chicos de la brigada.
—¿Es necesario?— Pregunté rascándome la nuca.
—Mucho.
—Bien… pero necesitaré algo de café…
—¡Qué te lo sirva tu abuela! ¡Empieza a hablar, con un demonio!
Me reí sonoramente ante esa afirmación… claro, Haruhi volviéndose dócil y dándome café a deshoras… fue una estupidez de mi parte siquiera sugerirlo.
Así que como un mal escritor, comencé a contarle acerca de cómo se fundó la brigada y como me fue revelada la identidad de todos sus miembros. No di mayor énfasis a cómo descubrí el modo de volver, cuando su melancolía casi nos arrastra a un nuevo mundo, aunque pude notar como casi sonríe al recordar nuestro primer beso. Le hablé sobre la forma fraudulenta en la cual ganamos aquel partido de béisbol contra ese equipo universitario cuyo nombre no recuerdo. Me miró con ojos de halcón al contarle sobre mi primera presentación como John Smith al viajar atrás en el tiempo, y no tanto por lo realmente importante del viaje, sino por el hecho de que tuve que pasar tres años en la misma habitación que Asahina… tuve que dejarle muy en claro que el tiempo estuvo congelado. Le conté sobre el plan de Koizumi en la isla desierta… en esta parte hice especial mención en como lucía en traje de baño y nuestra charla dentro de la cueva al desbarrancarnos… recuerdo bien que al estar dentro de la pequeña caverna, mientras hacíamos la reconstrucción de la escena del crimen, no podía dejar de ver sus piernas… y se lo hice saber porque sé que le gusta que halague esa parte de su cuerpo, y también sé que le encanta presumirlas, al fin, sabe que son bellísimas.
En esta parte tuvimos que hacer una pequeña pausa, porque la conversación cambió de rumbo y subió de tono y terminamos… bueno, repitiendo las acciones de unas horas atrás. Cuarenta y cinco minutos, dos docenas de suspiros y medio litro de sudor después, retomamos la charla. Me miró con incredulidad cuando le conté sobre las más quince mil veces que se repitieron las vacaciones de verano el año antepasado, la filmación de nuestra espantosa película serie Z y como cambió el mundo gracias a sus ridículas ideas. El enloquecedor episodio de su desaparición, cuando viajé varias veces en el tiempo y tantas cosas me pasaron, entre ellas, ser apuñalado por la Asakura defectuosa.
—¿Y por qué decidiste volver a este mundo?— Me interrumpió en este punto.
—Porque soy un imbécil irremediable.
No insistió, ella se da una idea de la verdadera respuesta a esa pregunta, pero el sólo pensarla hace que la cursilería me empalague.
Terminaba de contarle lo que (en realidad) pasó en nuestro viaje a las montañas cuando el amanecer nos sorprendió y decidimos posponer el resto de la historia para otro momento. El cielo se pintaba de violeta siendo cerca de las seis de la mañana y decidimos tomar un par de horas para dormir y estar listos al menos una hora antes de que el batallón llegara.
—Tengo una última pregunta—. Dijo ella, recostada a mi lado, dándome la espalda.
—¿Y qué es…? Espero no requiera de una larga explicación…
—¿Qué pasa entre nosotros dos?
Esa es una pregunta a la que a mí también me gustaría dar respuesta. Es decir, no puedo afirmar que somos novios (vaya definición más rara)… o amantes… honestamente no podría decir siquiera que somos amigos, ella es importante para mí, claro, pero no podría definir en qué términos lo es… ¿han tenido alguna vez la sensación de que algo sumamente importante pasa de largo de ustedes sin que se den cuenta? Eso es más o menos lo que experimentaba en ese instante… mi instinto me decía que la respuesta a esta pregunta sería determinante en algún momento… debía formularla adecuadamente, o sin duda alguna terminaría haciendo alguna estupidez de la cual me arrepentiría. Esta reflexión llevó un tiempo considerable. Cuando intenté contársela a Haruhi, ligeros ronquidos escapaban de su pecho. Eso me dio un tiempo más para pensar en esa pregunta… sabía que trabajaría en ello, pero no esa mañana… abracé por la cintura a mi acompañante, dejando que su calor corporal me arrullara el poco tiempo de sueño que nos quedaba.
Siendo alrededor del mediodía, todo mundo se dedicaba a la faena que le correspondía: Haruhi llevaba un par de horas en sesión a puerta cerrada con Arakawa, Mori junto con otros dos hombres que tenían la apariencia de chefs profesionales se encargaban del catering y otra gente se encargaba de cosas que ignoro. En mi caso particular, me encontraba en una espaciosa habitación de la planta baja, el suelo de duela y la ausencia de muebles salvo por un Daisho al fondo de dicha estancia me decía que era un Dojo. Conmigo estaban Asahina, Fujiwara y Asahina (adulta) en su papel de la comandante Michiru. Habíamos echado suertes y me correspondía el entrenamiento vespertino. Ninguno mostró renuencia a que estuviera presente mientras Asahina era capacitada, así que me dediqué a verlos mientras mi hora llegaba. Por cierto, esta mañana, Asahina llegó con una actitud completamente diferente a la de ayer… había recuperado esa chispa que la hacía el ángel de la guardia del antiguo cuarto del club, incluso considero que llegó con más alegría de la usual, pues fue capaz de contagiar con ese espíritu a todos los que estamos en este momento en casa, también preparó un té que conquistaba con el sólo aroma.
—Eh… ¿Qué es esto?— Preguntó Asahina una vez que le fuera indicado que se pusiera un par de guantes… no creo que no existan los guantes en el futuro, ¿verdad?
—Son potenciadores—. Respondió Fujiwara sin molestarse en verla a la cara. —Son utilizados sólo en misiones de infiltración, pero su uso contra otras personas está prohibido, salvo en situaciones de emergencia como esta. ¡Tú! ¡Dame eso!— Ordenó dirigiéndose a mí y señalando unas tablas a mi derecha.
Tomé una en forma de cuadro de unas diez pulgadas por lado y una pulgada de grosor y se la lancé. Se alejó un paso de Asahina la colocó a la altura de su rostro. No pretenderá que la rompa de un golpe, ¿o sí? No creo que pueda romperla… no creo que nadie de los presentes pueda romperla.
—Rompe la tabla—. Ordenó.
Asahina miró la tabla con desconcierto, y luego con algo de temor… si usaba toda su fuerza, no sólo no lograría partir dicha tabla, sino que seguramente se lesionaría la mano.
—¿No crees que eso es un poco rápido? Hoy es el primer día de entrenamiento—. Dije ante la indecisión de Asahina. Fujiwara puso cara de irritación. No me importó.
—¿Te callas o te largas?— Respondió el bastardo burlón fiel a su costumbre de no verte mientras te habla. —¡Golpea la tabla de una vez!— Dijo aumentando su tono de voz. Asahina (adulta) sólo observaba en silencio.
Asahina (pequeña) se decidió por fin y lanzó un golpe contra la tabla. La posición de sus pies era mala, ni hablar del puño que formó con el pulgar metido entre los otros dedos, y la fuerza seguramente serviría como un empujón apenas perceptible. Para la sorpresa mía y de Asahina, la tabla no se partió… estalló en astillas apenas su mano hizo contacto con ella. Fujiwara no cambió su expresión irritada, Asahina (adulta) sonreía abiertamente mientras Asahina se miraba las manos confundida.
—También se te darán potenciadores para los pies, te permitirán correr algo más rápido, saltar más alto y tendrás el mismo efecto al golpear—. Agregó Asahina (adulta). Así que ese era el truco. Cuando encontré a Asahina-Ni no me pareció que su físico fuera tan diferente al de nuestra Asahina, ya me parecía que un cuerpecito tan pequeño no podía tener tan monstruosa fuerza. A eso se debió la golpiza tan brutal que me propinó en nuestro último encuentro. —También terminé de configurar tu TPDD para hacer saltos discrecionales en el espacio tiempo—. Se acercó a ella y Fujiwara salió del cuadro, quedándose cerca del acceso al dojo. —La técnica que voy a enseñarte es complicada en un principio, pero te será de gran ayuda a la hora de enfrentarte a otro agente que tenga tecnología semejante a la nuestra. Para usarla debes tener un TPDD modificado como el que tienes ahora.
Las dos Asahina tuvieron una pequeña conversación en voz baja en el centro del dojo, en la cual Asahina adulta daba indicaciones mientras su "yo" más joven escuchaba con el rostro rebosante de concentración. Terminadas las instrucciones, llegó la hora de la demostración.
Asahina (adulta) no cambió ni siquiera de posición, sólo se desvaneció en el aire… reapareció en diferentes partes del dojo a la velocidad de un parpadeo. Por último, se volvió a materializar al lado de Asahina (pequeña); en su mano derecha había un contenedor con cuatro vasos desechables recién comprados de una famosa firma de café, los cuales repartiría luego entre los presentes. Asahina (pequeña) estaba tan impresionada, que siento que poco le faltó para aplaudir.
—¡Asombroso!— Dijo al final. De verdad lo fue.
—Ahora inténtalo tú—. Indicó Asahina (adulta).
Asahina (pequeña) volvió a poner ese curioso gesto de concentración que hace que de ternura, repasó con la mirada la habitación e inspiró profundamente. Desapareció entonces de nuestra vista para aparecer cerca del daisho al fondo, se repitió la acción, pero ahora apareció a un lado de la puerta, desapareció una tercera vez resurgiendo al centro de la estancia… esta vez, sin embargo, lucía pálida y no pudo hacer el siguiente salto… perdió lentamente el equilibrio y dio varios pasitos hacia su izquierda antes de caer irremediablemente.
—Olvide mencionar que quizás sientas algo de mareo las primeras veces…— Indicó Asahina (adulta). Sé a qué se refiere, no entiendo cómo es que no vomitan cada vez que usan ese aparato infernal.
Asahina (pequeña) tardó unos segundos más en ubicarse de vuelta y ponerse de pie. Fujiwara reía sonoramente ante su fracaso inicial. Ambas versiones de Asahina lo ignoraron. Repitió el experimento varias veces más, pero el resultado no cambiaba.
—¿Qué está haciendo?— Preguntó Haruhi, sentada a mi lado mientras comía una rebanada de pizza casera… ¿A qué hora llegó? —Puedes comer un poco—. Dijo extendiéndome su comida.
Agradecí y acepté al mismo tiempo que ofrecía el café que recién me había sido obsequiado y que no había probado aún. Mientras ella bebía, le expliqué lo que Asahina (pequeña) trataba de lograr.
—¡Mikuru!— Llamó Haruhi, aún con la boca llena, levantándose y acercándose a nuestra viajera del tiempo. —¿Por qué no intentas concentrarte en esto?
Haruhi mostró mi vaso de café y lo puso al centro de la habitación, luego volvió a sentarse a mi lado. Asahina (pequeña) miró dubitativa el vaso y buscó aprobación de Asahina (adulta). Ella sonrió y asintió de conformidad. Asahina (pequeña) se concentró de nueva cuenta, pero esta vez no apartó la mirada del café… y desapareció… se hizo visible una… dos… tres… ¡cuatro veces! Dejó de hacerlo a la décima vez, se veía un poco confundida, tambaleante y con la respiración agitada, pero no cayó más, de hecho, su rostro estaba adornado con un gesto lleno de satisfacción, sólo Fujiwara no devolvió la sonrisa de dientes blancos y brillantes que nos obsequió. Tomó triunfante el vaso de café e hizo un último salto espacio-temporal, quedando de pie frente a nosotros.
—Gracias—. Dijo radiante devolviéndole el vaso a Haruhi.
—Sabía que podías hacerlo. ¡Eres la mascota del batallón después de todo!— Respondió Haruhi, luego se volvió hacia Asahina (adulta). —Sólo recluto a gente que sé que tiene el potencial.
Pasadas las dos de la tarde, caminaba junto con Haruhi por los pasillos de la casa sin hablar de nada importante en realidad, así llegamos al balcón y una vez más se puso seria.
—¿Cómo te lastimaste la semana pasada?
—Ya te lo dije, tuve una pelea.
—¿Con quién?
—Asahina-Ni…
Se quedó reflexionando unos momentos.
—¿Con qué arma te atacó?
—Me machacó con sus solas manos.
—¿Le diste batalla?
—No pude ni meter las manos para defenderme.
—Bueno… no importa… Mikuru puede hacerse cargo de ella, ¿verdad?
No respondí. Darle la razón sería mentirle. No demeritaba las capacidades de Asahina, pero esta vez no sólo se enfrentaba a alguien más experimentada, diestra y fuerte… hablamos de alguien que no conoce de remordimientos y no durará en lastimar o incluso matar a Asahina o a cualquiera de nosotros.
—No dudo que podremos contra ellos—, resolví, —pero no quiero que los subestimes.
—¡Todo estará bien!— Me respondió con una sonrisa tan brillante como las Pléyades vistas a través del Hubble mientras formaba la "V" de "victoria" con la mano derecha. Me encantaría tener aunque fuera un poco de esa confianza. —Debo volver con el Sr. Arakawa, aún tenemos mucho de qué hablar.
—¿De qué tanto han hablado toda la mañana?— Pregunté viéndola volver adentro de la casa.
—Saca tu propia cita, ¡entrometido!
Luego de la comida, digna de un restaurante gourmet, regresé al dojo siendo casi las tres de la tarde. Fujiwara había llegado unos minutos antes y revisaba su maletín.
—¿Estás listo?— Preguntó el viajero del tiempo con indiferencia.
Luego de que asentí, escuché la voz de Asahina (adulta) diciendo:
—Mikuru, acompáñame a la cocina, me encantaría probar algo de ese té que preparas, todo mundo me ha hablado maravillas de él.
Asahina (pequeña) aceptó gustosa y ambas mujeres abandonaron la estancia.
—Quítate la ropa—. Ordenó Fujiwara mientras agitaba un aerosol.
—¿Perdón?
—¿De verdad debo repetírtelo?— Ante mi cara de estúpida incredulidad, en efecto tuvo que repetir: —Quítate la ropa.
Obedecí al fin. Sí, era sumamente incómodo desvestirme frente a alguien de mi mismo sexo, aunque creo que sentiría una vergüenza mayor si alguna de las chicas estuviera presente. Una vez desnudo (sí, totalmente), Fujiwara se acercó a mí con el aerosol en mano.
—¡Alto!— Dije con firmeza y con la palma derecha levantada a la altura del rostro. —¿Qué es esa cosa?
—No te daré una cátedra sobre tecnología, sólo te diré que es un blindaje.
Con esa respuesta, lo dejé proceder. Fue vergonzosamente meticuloso a la hora de rociarme con el dichoso blindaje. Ese ha sido quizás el cuarto de hora más largo de toda mi vida.
—¿Qué tipo de blindaje es este?— Pregunté ciertamente intrigado.
—Se le conoce como "piel de serpiente"—. Comenzó a explicarme. Creo que esta es la primera conversación que tengo con él. —Puede resistir un disparo de una 9 mm parabellum a quemarropa, también es buena para repeler punzocortantes. Básicamente no hay arma en esta época que pueda atravesarla. Además, permite que tu cuerpo transpire naturalmente, es inodora, biodegradable e hipoalergénica.
—Vaya que en el futuro tienen cosas interesantes…
—¿Futuro? ¡Esta cosa existe desde mediados del siglo pasado! Sin embargo, tiene una debilidad… no te ayudará contra golpes. Puede salvarte la vida si alguien te dispara o intenta acuchillarte, pero los golpes los recibirás con una intensidad apenas menor a cómo serían regularmente… ¡Estúpido!
—No es para que me ofendas…
—No te digo a ti, sino a mí… olvidé la protección sanguínea… vístete, traeré a quien debe darte esa protección.
Hice como me indicó y unos minutos después regresó junto con Asakura. He notado algunas cosas diferentes entre esta Asakura y la nuestra… comenzando por el hecho de que esta no quiere matarme, claro, pero tiene que ver con su personalidad. Es algo así como una combinación entre las dos versiones de ella que he visto previamente, tan agradable como la primera, pero con un toque de coquetería que me recuerda a la segunda. También es muy efusiva y constantemente está animando a Nagato a que intente nuevas cosas o que sea más expresiva en su interacción con los demás. Llámenme loco, pero creo que es una buena influencia para ella.
—Alguien olvido la protección sanguínea, por lo que veo—. Dijo sonriente acercándose a mí.
—Ni siquiera sé que es eso—. Respondí esperando una explicación.
—Para evitar que cualquier sustancia extraña o enfermedad te ataque, debemos inyectarte nano máquinas que prevengan esos problemas. Yo me encargaré de eso, conozco los vicios de Nagato-Ni y sé qué tipo de venenos le gusta dejar en sus víctimas—. Si tenía la intención de tranquilizarme, fracasó rotundamente. —Pero tendremos un pequeño problema… Fujiwara me comentó que ya te había rociado con la "piel de serpiente", quiere decir que tengo que buscar otra forma de suministrarte las nano máquinas, porque mis inyectores no pueden atravesar el blindaje.
—¿Tus inyectores?— Pregunté. Su respuesta fue señalarse los dientes incisivos superiores. —¿Y cómo lo harás entonces?
—Debo inyectarlos en algún lugar de tu cuerpo que no esté protegido. Mi sugerencia sería depositarlos directamente en tu lengua.
—Eh… no será posible que sea en otro lugar… tú sabes… para evitar malas interpretaciones—. Y no es que la idea resultara tan atemorizante… pero no quiero ni imaginar las consecuencias de que Haruhi entre aquí mientras el proceso se está llevando a cabo o que Fujiwara vaya y cuente lo que pasó. Por fortuna, Asakura parecía ser más consciente de las implicaciones que su propuesta llevaba.
—Entonces… ¡ya lo tengo! Correré un diagnóstico para saber si hay algún punto con baja protección en tu piel y ahí inyectaré las nano máquinas… mataríamos dos pájaros de un tiro, porque veríamos si hay puntos débiles en tu defensa, ¿te parece bien?
—Sí, está mucho mejor.
Asakura me pidió que respirara profundamente mientras tomaba mis manos, tal como hizo con Asahina cuando fuimos atacados. Me miró directo a los ojos por unos segundos. Ni siquiera respiró en ese tiempo.
—Hay un par de brechas de seguridad en el blindaje. La más adecuada para la inyección de la protección sanguínea sería la que está aquí—. Dijo señalando el lóbulo de mi oreja derecha.
—Oh… quizás deberíamos optar por la segunda… soy terriblemente cosquilludo en esa zona…— Si no me creen, pregúntenle a la loca que está en terapia ahora mismo…
—¿Seguro? La segunda brecha de seguridad está en la ingle izquierda—. Dijo arqueando las cejas y ladeando el rostro sin dejar de verme mientras se mordía el labio inferior… ¿cómo es que esta chica tiene la facultad de crear tensión sexual de algo tan serio…?
—Que sea la oreja entonces—. Respondí inclinándome ligeramente y poniendo el lóbulo seleccionado cerca de su rostro. Tomó sólo unos segundos y tengo que admitir que fue una sensación agradable, a reserva del pequeño dolor que me produjo al clavar sus colmillos en mi piel.
—Está hecho—. Dijo con esa sonrisa única apenas terminó. Se dirigió a Fujiwara. —Dejo el resto en tus manos.
Ambos vimos a la alien salir del dojo.
—Quítate los pantalones, terminemos con esto—. Me ordenó él apenas estuvimos solos… demonios.
Los días siguientes pasaron sin muchos cambios. Las noches las pasé en vela charlando con Haruhi sobre mis aventuras y desventuras. En casi todas ellas existía cierto elemento que la hacía pensar que tenía algún tipo de preferencia por ella. Quizás tenga razón.
—¡Admítelo! No puedes estar sin mí—. Me espetó arrogante la madrugada del jueves… recuerdo con especial cariño esa charla. Estábamos en la alcoba a eso de las cinco de la mañana y aún no había rastros del sol. Las luces del cuarto estaban apagadas y la luna, en su fase llena, parecía más grande y luminosa que nunca. Ella estaba sentada en mi regazo y sus brazos descansaban sobre mis hombros, rodeando mi cuello. Sólo distinguía parcialmente sus facciones dada la poca luz, pero podía apreciar perfectamente el sobrenatural fulgor de sus ojos ámbar. Jamás lució tan hermosa para mí.
Pero no nos adelantemos a los hechos.
A partir del lunes, por las mañanas se presentó un tutor privado, que por órdenes de la Agencia nos mantendría al corriente a Haruhi y a mí de las clases que perdíamos por no ir a la escuela. Asahina, Koizumi y Nagato seguían teniendo clases regulares y por consenso se decidió que seguirían asistiendo para evitar suspicacias.
Fujiwara y Asahina (adulta) se concentraron en darme algo de entrenamiento en artes marciales. Mi cabeza es un poco dura, así que no pude avanzar más allá de lo básico. Con Asahina (pequeña) el asunto fue diferente. El martes entró junto con Fujiwara y Asahina (adulta) al dojo y tuvieron una pequeñísima sesión a puerta cerrada. Cinco minutos después pude entrar y vi con asombro que nuestra viajera del tiempo, consagrada en el arte de preparar té, ahora era experta en Ving Tsun y podría ser digna oponente del mismísimo Yip Man. Fujiwara se encargaba de las prácticas de combate y era particularmente rudo con Asahina (pequeña). Aunque eso me molestaba sobremanera, sabía que esa era la mejor forma de que ella se volviera fuerte.
El miércoles por la tarde, luego de terminada la cena y las actividades del batallón, Asakura charlaba alegremente con Mori en la cocina. Ambas le insistían a Nagato para que eligiera el menú de la cena del día siguiente, jueves. Fue un alegre y largo periodo de vítores al cual toda la brigada se unió poco después, motivando a nuestra alienígena favorita a decidir. Expectantes, sólo tuvimos que esperar tres parpadeos para escuchar sus inexpresivas palabras:
—Sopa de cebolla, arroz salvaje y Beef Bourguignon con puré de patata y verduras a la mantequilla.
La celebración se hizo aún mayor al escuchar un menú tan francés. Asakura, evidentemente feliz, tomó las manos de Nagato.
—Mañana después de la escuela iremos tú y yo al distrito comercial a buscar los ingredientes, ¿de acuerdo?
—Iremos los cuatro—. Intervino Haruhi igual de radiante. Entiendo que por "los cuatro" quedo yo incluido… no me importa acompañar a este trío, la verdad es que me hace falta distraerme un poco… a todos nos hace falta.
Así llegamos al jueves…
—Nos llevaremos esto por la noche al ir a casa—. Dijo Asakura al llegar de la escuela a nuestra casa. Era una bolsa de papel.
—¿Qué es eso?— Preguntó Haruhi intrigada. Asakura le susurró algo al oído y ella sonrió con complicidad. Luego se volvió hacia mí. —Que Nagato no se acerque a esta bolsa hasta la noche.
Asentí sin cuestionar… cosas de chicas, supongo.
Tal como pueden esperar de una salida con tres chicas, la supuesta vuelta en busca de ingredientes para cocinar degeneró pronto en una larga visita a todas las tiendas de la plaza comercial donde estábamos. Pasamos por tiendas de ropa, electrónicos, cosméticos y un spa donde recibieron sendos masajes relajantes…
—Deberías dejar de cargar el mundo sobre tus hombros—. Dijo la joven que daba un violento masaje en los hombros a Haruhi.
—No tienes ni idea…— Respondió ella.
Luego de eso, hubo una comida en una conocida cadena de fast food y charlas muy diversas y alegres sobre trivialidades… creo que es la primera vez que veo a Haruhi tan contenta sin estar haciendo alguna locura… es decir, por fin está cumpliendo uno de los propósitos que tenía cuando la conocí, antes de fundar la Brigada SOS… ¿lo recuerdan? "buscar aliens, viajeros en el tiempo, ésperes y deslizadores y pasar un buen rato con ellos…" pues bueno, estábamos con un par de aliens ahora mismo y la verdad es que la estábamos pasando muy bien. Incluso Nagato, sin decir o hacer nada más que sólo acompañarnos parecía comer con especial entusiasmo.
Haruhi dirigía la comitiva y Asakura solía tomar a Nagato de la mano para arrastrarla a la siguiente actividad. Era en verdad uno de esos momentos que no quisieras que terminaran… pero debía terminar…
Estábamos en la planta alta de la pequeña plaza y nos dirigíamos a las escaleras eléctricas para ir a la tienda de mascotas del nivel inferior. El sol atravesaba los tragaluces del techo indicándonos que eran alrededor de las cuatro de la tarde. Justo a medio camino a dichas escaleras, Asakura se detuvo en seco y tomó la mano de Haruhi con fuerza, obligándola a ponerse detrás de ella, junto a Nagato y a mí. Algo anda mal… la gente parece algo alborotada y caminan confundidos a las puertas de salida de la plaza… lo curioso es que así como salen, vuelven a entrar…
—Es una banda de moebius… nadie puede salir o entrar… estamos atrapados adentro…— Dijo Asakura, sonaba como si le hubieran drenado toda la felicidad que experimentaba apenas unos segundos atrás…
—Pero… ¿Cómo…?— Preguntó Haruhi un poco asustada…
—Nagato-Ni…— Respondió nuestra deslizadora sacando de entre sus ropas su emblemático cuchillo de combate. Miraba hacia las escaleras eléctricas ascendentes al lado de nuestro destino original.
El mecanismo fue haciendo aparecer poco a poco los ojos vacíos de toda emoción y la exigua y menuda figura de Nagato-Ni.
La gente a nuestro alrededor miró sorprendida a Asakura empuñando su cuchillo y dada la palidez de nuestros rostros, asumieron que estaban en peligro. En un abrir y cerrar de ojos estábamos solos en el pabellón. Nagato-Ni caminó un par de pasos lejos de la escalera eléctrica. Sus labios se movieron vertiginosamente, fue lo único que alcancé a ver. Haruhi y yo salimos proyectados varios metros atrás, un movimiento defensivo de nuestra propia Nagato que evitó que cayéramos al vacío al partirse el piso bajo nosotros. Hubo gritos de confusión y mucho polvo bloqueando nuestra visión.
—¡Es una bomba!— Gritó alguien en la planta baja y el tumulto se formó. Para su desgracia, nadie podía abandonar la plaza y todos los que intentaban salir terminaban chocando con las personas que venían justo detrás de ellos. Sin embargo, ese panorama no era ni la mitad de lo que nosotros teníamos enfrente. Nagato y Asakura explotaban todo su potencial para confrontar a Nagato-Ni, que arremetía con todo su inmenso poder contra los cuatro sin parecer siquiera esforzarse.
—Tenemos que irnos—. Indiqué a Haruhi tomándola de la mano y tratando de hacer camino hacia las escaleras de emergencia.
—¿Y dejarlas solas con eso? ¡Ni loca!— Me respondió llena de determinación.
—¡No tenemos posibilidades contra ella! ¡Les estorbaríamos en lugar de ayudarlas!
Al escuchar mi voz, Nagato-Ni se volvió hacia nosotros. Bastó su sola mirada para que sus dos contrincantes salieran disparadas hacia las tiendas en los extremos del pabellón dejándonos a Haruhi y a mí a su merced, luego volvió esos ojos fríos como nitrógeno líquido hacia los tragaluces y estos reventaron exactamente sobre nosotros. Eran vidrios muy gruesos y las astillas eran mayores al medio metro de largo… dejaría que la gravedad hiciera el resto del trabajo. Instintivamente abracé a Haruhi poniendo su cuerpo bajo el mío… el dolor fue muy intenso, pero sorprendido noté que aunque mi camisa se desgarraba a jirones, ningún cristal atravesó mi piel… el blindaje funcionaba mejor de lo que pensaba. Cuando levanté la vista de nueva cuenta, muchas de las astillas de vidrio estaban clavadas al suelo alrededor de nosotros, la espalda me dolía a horrores, pero estaba bien. Haruhi tampoco salió herida.
Nagato-Ni comenzó a caminar hacia nosotros, con paso lento, pero decidido. Una explosión interrumpió su camino, Nagato salió del aparador de la tienda de regalos en la cual había aterrizado momentos antes y había corrido a la velocidad de un parpadeo hasta su contraparte haciendo reventar el piso delante de ella. La sacudida estremeció buena parte de la construcción arrancando más gritos de la multitud abajo. Nagato-Ni hizo un movimiento semejante a si se sacudiera suciedad de la mano izquierda, esta vez Nagato estaba preparada y recibió el ataque con una barrera de energía… la protegió, pero fue arrastrada varios metros atrás.
Aprovechando esa distracción tomé a Haruhi nuevamente de la mano y comencé a correr entre las hojas de vidrio hacia el lado contrario de Nagato-Ni buscando las escaleras de emergencia… aunque me preocupaba no poder salir del perímetro del centro comercial gracias a la distorsión que Nagato-Ni había creado y que evitaba que la gente saliera del lugar. Justo ese pensamiento cruzaba mi mente cuando del negocio de café y malteadas, del lado opuesto a donde aterrizó Nagato, salió de un salto Asakura tomando ventaja de la aparente distracción de Nagato-Ni, se lanzó como una saeta azul con el cuchillo frente a su rostro directamente contra su cuello a una velocidad espantosa… por un momento pensé que lo lograría… Nagato-Ni no tuvo siquiera que volverse hacia Asakura. Sólo levantó el brazo derecho, interceptándola en el aire y tomando su mano, haciendo en el proceso una llave que dobló de forma antinatural, y muy dolorosamente a mi criterio, el propio brazo derecho de Asakura y la lanzó sin mucho esfuerzo a unos metros de nosotros. Asakura dio varios tumbos en el suelo, levantando fragmentos del azulejo en cada uno, hasta que se detuvo haciendo una pequeña acrobacia y quedando nuevamente de pie.
—¡Ryoko!— Gritó Haruhi a nuestra ahora sucia y lastimada deslizadora notando algo en su mano, que aparentemente no estaba rota como pensé en un principio. —¡Hay algo en tu mano derecha…!
—¡Oh…! ¡Gracias…!— Asakura miró su mano… el dedo anular y el meñique de su derecha estaban cubiertos de una sustancia azul ligeramente luminosa. Con una tranquilidad que aún hoy me hiela la sangre, cambió el cuchillo a la zurda y de un solo tajo se cortó ambos dedos… ¡se cortó ambos dedos! —Era necesario… no se preocupen, estaré bien—. Supongo que a eso se refería cuando nos habló de "los venenos" que Nagato-Ni acostumbraba.
Me volví hacia donde las dos Nagato seguían intercambiando agresiones. La nuestra se protegía mientras lanzaba todo lo que el entorno le ofrecía como un arma potencial contra su adversaria, pero la segunda estaba resguardada de tal forma que cada objeto proyectado contra ella se estrellaba en una barrera invisible que lo pulverizaba todo, al final, su cuerpo únicamente era tocado por el fino polvo en el que los improvisados proyectiles eran convertidos.
—¡Nagato! ¡La banda de Moebius es vulnerable hacia el norte!— Gritó Asakura señalando el muro a nuestra derecha.
A su indicación, ambas alienígenas se movieron a velocidad supersónica hasta quedar a pocos metros de dicho muro, y coordinadas como si fueran un par de experimentadas maestras tierra, ejecutaron el mismo movimiento con las manos haciendo reventar dicho muro hacia afuera, hacia la calle. Tal como había pronosticado Asakura, la distorsión creada por Nagato-Ni se levantó y la gente pudo al fin comenzar a evacuar la plaza.
—Salten—. Nos ordenó Nagato con su usual e inexpresivo tono de voz. No lo dudé ni por un segundo, ya había visto la efectividad de la "piel de serpiente", así que tomé a Haruhi por la cintura y me lancé hacia los cerca de diez metros que nos separaban del suelo. Aterricé sobre mi espalda en el toldo de un auto compacto… una vez más, el dolor fue intenso, pero ambos llegamos sin mayores lesiones. Justo Asakura y Nagato nos imitaban cuando un nuevo y gigantesco ataque de Nagato-Ni redujo a polvo el costado entero del edificio, incluso alcanzando la construcción de la acera de enfrente.
Asakura y Nagato aterrizaron de pie al lado nuestro. Teníamos muy poco tiempo de ventaja.
—¿Qué hacemos?— De verdad necesitaba saberlo.
—Lo mejor será huir, buscar ayuda de otras terminales o de la Agencia, Nagato-Ni es demasiado sólo para nosotras dos…— Respondió Asakura corriendo a una velocidad que nos permitía seguirle el paso.
—Enviando coordenadas…— Dijo Nagato a nuestro lado.
Algo salió proyectado de la planta alta de la plaza que acabábamos de dejar y aterrizó justo delante de nosotros haciendo un enorme cráter a mitad de la calle. Nagato-Ni se incorporó en dicho lugar con esa fantasmagórica y siniestra mirada y comenzó a atacarnos de nueva cuenta. Nuestra Nagato, habiendo aprendido parte del modus operandi de su contrincante, corrió directamente hacia ella sin lanzarle ningún objeto. Logró tomarla de las manos, cosa que desconcertó inicialmente a Nagato-Ni… segundos después, Asakura repetía su estocada con el cuchillo de combate… Nagato-Ni alcanzó a esquivarlo parcialmente, en lugar de recibir el ataque en el pecho como estaba previsto, la hoja perforó desde su clavícula hasta la articulación del hombro. Por la profundidad que alcanzó la hoja, juraría que tocó el hueso… apenas los pies de Asakura tocaron el piso, dio una potente patada en su estómago lanzándola hacia el edificio de la acera derecha, destrozando un auto aparcado en el proceso.
—¡De prisa! ¡No tenemos mucho tiempo!— Apremió Asakura y Nagato corrió hacia nosotros. Tenía razón… no tuvimos mucho tiempo… de hecho, no tuvimos tiempo en absoluto.
Un autobús de pasajeros salió volando hacia nuestras alienígenas. Nagato lo libró por milímetros. Asakura, sin embargo, recibió el impacto en directo, que la arrastró junto con el enorme vehículo hasta la acera contraria de donde Nagato-Ni estaba. La construcción entera colapsó dejando a Asakura atrapada entre varias toneladas de escombros.
Nagato-Ni reapareció en escena y de un salto llegó a la mitad de la calle… donde Nagato ya la esperaba… una Nagato que observaba con aprehensión la pila de escombros donde Asakura, seguramente muy lastimada, luchaba por salir a la superficie de vuelta… una Nagato iracunda y furiosa… Nagato-Ni no tuvo siquiera oportunidad de parpadear. Nuestra alien dio una palmada con ambas manos a unos milímetros del cuerpo de su contraparte… para ser sólo una palmada fue increíblemente sonora… nosotros, al estar detrás de ella, no conocimos la verdadera intensidad de dicho aplauso, aún así, ambos fuimos derribados por su fuerza. Sin embargo, frente a ella, donde estaba Nagato-Ni, las cosas fueron muy diferentes. La onda expansiva de dicho ataque había lanzados cada auto aparcado contra los edificios, había hecho reventar cada ventana de la calle, levantó el pavimento y sacudió violentamente el alambrado eléctrico. Es la primera vez que veo semejante muestra de poder en nuestra Nagato.
Aparentemente el ataque terminó con eso. Nagato-Ni no estaba, asumí que había resultado tan dañada en ese último ataque que optó por huir. Aún así, Nagato miró por algunos segundos los alrededores. Se encaminó hacia nosotros por fin.
—¡Ayuda a Ryoko!— Indicó Haruhi al verla caminar primero hacia nosotros.
—Descuida, puede salir por sus propios medios. Ustedes son priorita…
Lo siguiente sucedió en un abrir y cerrar de ojos…Nagato no terminó la frase… el piso se sacudió violentamente y en el mismo lugar donde había recibido el ataque apareció de nueva cuenta Nagato-Ni. El brazo izquierdo previamente herido había desaparecido, y en su lugar había un plasma (no sé de qué otra forma describirlo) de luz azul deslumbrante que chorreaba un líquido incandescente que perforaba el piso al caer… en un movimiento lo lanzó directamente a la espalda de Nagato…
La violencia del impacto arrojó a Nagato sobre nosotros mientras una pequeña marejada de sangre nos bañaba. Haruhi y yo la recibimos en nuestros brazos y por un momento pensé lo peor…
—¡Yuki!— Gritó Haruhi…
—Estoy bien…— Respondió ella… para sorpresa de los dos, no estaba siquiera herida…
Los tres nos volvimos hacia adelante… mierda… no…
Asakura estaba suspendida en el aire. Logró llegar en el momento justo para empujar a Nagato hacia nosotros recibiendo el impacto directamente en la espalda, el tentáculo de luz azul incandescente de Nagato-Ni la estaba atravesando de lado a lado. De su mano izquierda cayó el cuchillo de combate, rebotando una vez en el piso.
Nagato-Ni no logró eliminar a nuestra Nagato, pero al parecer se dio por bien servida al tener empalada a Asakura. El brazo de energía de difuminó y Nagato nos dedicó una última y fría mirada antes de desvanecerse igual que la primera vez que la vimos.
—¡Asakura!— Grité yo, tratando de incorporarme.
—¡Ryoko!— Esa fue Haruhi, imitándome.
Asakura comenzó a caer como un títere al que le cortaron las cuerdas. Como era de esperarse, Nagato fue más rápida y sin decir palabra alcanzó a recibir a Asakura en brazos. La deslizadora temblaba y por la magnitud de la herida y las quemaduras, puedo decir que estaba pasando por un increíble dolor… Nagato lucía consternada… ¿por qué no hace nada?
—¡Nagato, ayúdala! ¡Restáurala como la última vez!— Supliqué ante su inacción.
—No puedo—. Respondió ella. Me quedé helado.
—¿Cómo que no puedes?— Preguntó Haruhi desesperada.
—La variante dimensional de esta interfaz inyectó un programa de disolución de datos escrito en un código desconocido para nosotros… está haciendo un borrado de los datos contenidos en la interfaz de Asakura Ryoko… se necesita tiempo para correr un diagnóstico y crear un programa antídoto…
—¿Cuánto tiempo te llevará hacer ese diagnóstico?— Pregunté sintiendo que no era tan grave entonces…
—De ocho a veinticuatro horas…
—¿Cuánto tiempo tardará en hacer efecto el programa de disolución en Asakura?— Preguntó Haruhi… no se veía muy optimista. Nagato tardó en responder.
—Treinta y cinco segundos—. Respondió con voz tambaleante Asakura…
Es una broma, ¿verdad…?
—No es para tanto… logré mi objetivo… protegerlos y proteger a Nagato…— Le dedicó una mirada llena de aprecio a nuestra inexpresiva alienígena. —Gracias por todo, Nagato… me divertí mucho con todos ustedes… y esto no será en vano, sé que encontrarán la manera de superar cada obstáculo y que saldrán victoriosos al final. Por favor, no descuides a ellos…— Indicó dirigiéndose a Haruhi y a mí. —En ellos está el potencial que puede salvar este mundo… te los encargo mucho… ¿Cuento con que los cuidarás?
Nagato asintió de inmediato… acarició el rostro de Asakura como no había hecho con nadie, nunca antes… sentí un nudo horrible en la garganta… Asakura había sido quizás la única persona a la que Nagato pudo considerar como su familia… debe ser espantoso lo que está sintiendo en este momento.
—Entonces todo está bien…— Continuó Asakura… —Disfruten el tiempo que tienen juntos… soy muy afortunada y me siento muy feliz por haber compartido parte de ese tiempo con ustedes…— Cerró los ojos y nos obsequió esa hermosa sonrisa de tulipán que nadie podía imitar. —Jaa ne!
Expiró en brazos de Nagato. Un par de segundos después, su cuerpo se convirtió en un finísimo polvo blanco que se coló entre sus dedos y fue arrastrado con el viento de enero. Nunca me sentí tan vacío… el shock fue tal que me quedé como idiota unos instantes y lo que acabábamos de pasar me parecía sumamente confuso, como si hubiera pasado hace muchos años.
El tiempo nunca caminó tan desfasado como ese día para mí… aún no podía entender… no podía siquiera coordinar los pensamientos que trataba de expresar, haré mi mejor esfuerzo para describir mi situación… demonios, estaba tan confundido… no supe cuánto tiempo había pasado desde que terminó la pesadilla de ese jueves, pero debió ser un lapso considerable… lo sé porque varias patrullas y ambulancias hacen sonar sus sirenas a la distancia… tardarían unos minutos más en llegar… pude ver un vehículo negro muy conocido acercándose a nosotros… aún estaba haciendo un giro para frenar y Koizumi ya estaba bajando del lado del copiloto… corrió hacia nosotros como en cámara lenta, su rostro llevaba una combinación entre susto y culpa. A unos metros de nosotros, a mi derecha estaban los muros de cristal de una sucursal bancaria, en los cuales pude ver nuestros reflejos… Haruhi y yo caminábamos, también con ese extraño efecto de cámara lenta, yo la ayudaba a andar… ambos estábamos cubiertos de polvo, sin duda de los escombros de la calle destrozada y parcialmente incendiada detrás nuestro… parte de nuestros rostros y ropa iban cubiertos de sangre, aún tibia… por cierto… ¿Cuánta gente habría resultado herida…? Jesús, Mahoma, Buda o como te llames… te lo suplico… que nadie más haya muerto ese jueves… ¿Nadie más…? No, no, no… ¡mierda! ¡NO! Al girar mi cabeza vi a Nagato caminando detrás de nosotros, por primera vez desde que la conozco, abatida.
Koizumi nos alcanzó y preguntó de inmediato por nuestra integridad. Fue Haruhi la que le respondió que estábamos bien.
—¡Lo lamento tanto!— Decía desesperado el ésper, sintiéndolo de verdad. Se acercó a Nagato y le preguntó si estaba bien. Ella asintió. —¿Dónde está Asakura?— Preguntó por último. Nagato dejó de caminar, pero no respondió.
Koizumi se volvió hacia mí buscando respuesta. Yo, sin saber que decir, me limité a negar con la cabeza. Esa fue la confirmación. Al verme, Nagato comenzó a caminar de nueva cuenta. Gruesas lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Haruhi y de inmediato se abalanzó abrazando a Nagato por el cuello mientras ambas caminaban hacia el taxi negro. Koizumi se quedó junto a mí unos momentos más, en silencio. Luego me hizo un gesto señalando con la cara algo en el suelo. Me volví hacia el objeto en cuestión… el cuchillo de combate de Asakura. Sin estar muy seguro de qué propósito obedecería para mí, lo tomé y lo guardé entre mi ropa para luego dirigirme hacia el vehículo que nos llevaría de vuelta a casa.
La noche había caído ya y Haruhi y yo habíamos tomado un baño y cambiado nuestra ropa. Aunque al principio renuente, Nagato nos imitó poco después. El batallón se había retirado ya, todos estaban al tanto de la baja que sufrimos y nadie cenó ese día en señal de luto.
Sólo estábamos ahora en el comedor los miembros originales de la brigada. Haruhi parecía ausente en la cabecera de la mesa. A su derecha estaba yo, sin ánimo de nada. La sonrisa de Koizumi parecía estar olvidada en otra camisa y aún tenía ese gesto de culpa en la cara. Asahina lloraba irremediablemente. Nagato no sólo estaba inexpresiva… distante.
Como era su costumbre, Nagato simplemente se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta. Todos nos levantamos al verla y sin duda Koizumi y Asahina se marcharían también.
—Nagato—. La llamé antes de que llegara a la puerta. —Asakura quería que tuvieras esto. —Le indiqué acercándole la bolsa de papel que había dejado por la tarde. Nagato la tomó y sacó su contenido.
Era una fotografía de ambas, según lo que me contó Haruhi, Asakura convenció a Nagato de que se sacaran un juego de fotografías instantáneas en una caseta… eligió la mejor y la mando a amplificar y enmarcar. Sería para darle un poco más de vida al apartamento de Nagato. Ella la miró y unos segundos después la devolvió a la bolsa. Dio media vuelta y abrió la puerta para irse.
—Nagato…— la llamé por última antes de que atravesara la puerta. Se detuvo sin encararme. —Lo que hizo Asakura es lo más valiente que he visto… debes estar muy orgullosa de ella.
Se quedó unos momentos sin decir nada.
—Lo estoy—. Respondió al fin y salió cerrando detrás de ella.
Capítulo 8.
Fin.
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