Perdonad la tardanza, he estado de exámenes (curiosamente los momentos de mayor inspiración, así que a saber cómo saldrían jaja).

Bien, bien... Éste es un capítulo que me llevo guardando desde hace tres o cuatro meses. Antes que nada, repito lo que pongo en la descripción del fanfic: Quiero saber qué pasó hasta esa "gota que colmó el vaso". Estoy describiendo el día a día de Ron y Hermione paralelamente al desarrollo de la historia que todos conocemos, la que ve Harry. Pero Harry pudo no ver otras cosas, simplemente porque no estaba presente. Un arrebato lo tiene hasta Hermione, pero su relación hasta ese momento no tuvo que ser forzosamente cuestión de arrebatos, sería un progreso, que Harry no vio.

Con esto quiero decir que si hay cosas con las que no estáis de acuerdo, cada uno tiene su opinión. Pero pensadlo: ¿así, de repente, empezó la relación? ¿De esa forma tan brusca? ¿Y si, como es mucho más probable, sólo fue una entre otras situaciones que ya habían vivido antes? Aunque Harry, repito, no las viera (también era un poco torpe, el chaval).

Por último, éste capítulo es de la opción 1, Capítulo 10 para los que hayan escogido la opción 1 (que ya sé que lo vais a leer igualmente, pero mejor seguir un orden). Me salto la mansión Malfoy porque todo está en el libro, no hay posibilidad de escenas aparte de Harry, con lo cual, leeros el capítulo en el libro tranquilamente y seguidito este capítulo del fanfic.

Creo que está clarísimo cuál es mi predilección (jejejeee), y que ésta historia, la 1, la principal, es la que yo me he imaginado siempre, desde que leí el libro por primera vez.

Que lo disfrutéis ;)


Capítulo 10, opción 1(Casa de Bill y Fleur).

En cuanto se aparecieron en la playa, Ron cogió a Hermione en brazos y la llevó hacia la casa.

-¡Ayuda! ¡Bill, Fleur! ¡Ayudadme!- comenzó a gritar antes de llegar a la casa.

Bill y Fleur aparecieron enseguida por la puerta.

- Harry… En la playa, Bill…

- Pog aquí, Gon, gápido. Vamos a llevadla a una habitación.

Hablaba con su característico acento mientras subía aceleradamente las escaleras ante él, que luchaba por ir más rápido sin golpear a Hermione.

La recostó en la cama y se sentó en una silla junto a ella, enterrando la cara en las manos.

- Tganquilo, despegtará pgonto- Ron no dijo nada, Hermione respiraba despacio, como quien dormía profundamente-. Gon… ¿Qué ha pasado? ¿Qué le han hecho?- Él negó con la cabeza, no podía decir nada-. Tiene todo el cuegpo amogatado, está inconscien…- Argumentó analizando palmo a palmo el cuerpo de Hermione, ocultándola de la vista de Ron. De repente, se detuvo, mirando el antebrazo de Hermione, donde Bellatrix había escrito "Sangre sucia" con el afilado puñal- ¿Qué es esto?- La miraba, de piedra, y dirigió sus ojos desorbitados hacia Ron, quien empezó a sollozar silenciosamente-. Debegías igte un momento, paga que pueda lavagla y cugagla bien.

Ron salió y esperó en el pasillo, hasta que Fleur terminó con Hermione. De nuevo, se sentó junto a la cama, esperando que despertase pronto; pero no fue hasta un par de horas más tarde cuando por fin abrió los ojos.

Oía ruidos de fondo, mientras abría poco a poco los ojos y permitía que entrase un rayito de luz. Me dolía todo el cuerpo, desde los dedos del pie hasta la raíz del pelo. Era un dolor intenso y generalizado, y sabía perfectamente cuál era la causa. El antebrazo me escocía, justo donde Bellatrix había dejado su marca, y me estaba abrasando al rozar con las sábanas.

Me removí en la cama y empecé a gemir a causa del dolor; fue entonces cuando percibí movimiento en la habitación. Abrí los ojos totalmente, despacio, y me encontré junto a la cama a Ron, que se había levantado de una mecedora que aún se movía y estaba arrodillado a mi lado. Estaba llorando.

- Ron… - Intenté incorporarme y sólo conseguí hacerme más daño. Ron pasó su brazo por mi espalda y me abrazó. Me pegaba a él como si fuese a escapar. Dolía, pero de otra forma; no se sentía tan mal.

Había dejado de llorar y sorbía con la nariz mientras me daba besos en la sien; yo le acariciaba el pelo, aún sin creerme del todo la situación. Me sentía bien, pero al mismo tiempo tan mal… Por fin lograba ver la magnitud de todo lo que acababa de suceder.

- Por Merlín, Hermione… No despertabas, llegué a pensar que no lo harías nunca…

- Ay, Ron, por Dios…- Mi voz era débil, apenas un gemido. Lo abracé fuerte, sintiéndome más protegida de lo que me había sentido los últimos meses. Y feliz. Aunque pareciera una tontería, me sentía feliz por poder disfrutar un poco más de mi vida, sobre todo cuando había creído que se acababa. Ron me soltó y me cogió de la mano, volviendo a arrodillarse junto a la cama.

Tenía los ojos tan rojos… Estaba pálido y despeinado, y unas enormes ojeras rodeaban sus ojos.

- ¿Cómo estás?- me preguntó.

- Buff… Cansada. Me duele todo el cuerpo, y nada en concreto, ¿sabes?

- ¿Te duele mucho?

- Bastante- hice una mueca-. ¿Y los demás? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

- Gracias a Dobby, nos ayudó a escapar de la celda y luego nos trajo hasta aquí a todos.

- Oh, Dios mío… La próxima vez que lo vea le daré las gracias…

- Hermione…- Me miró con lástima-. Dobby ha muerto, Bellatrix le lanzó un puñal…

De repente, una sensación de tristeza me llenó el pecho y me costaba respirar; empecé a llorar a mares, y el pobre Ron no sabía qué hacer. Me abrazó y seguí llorando como una niña. ¿Hasta cuándo iba a durar todo aquello? A base de lágrimas había perdido en varios meses más agua que en toda mi vida.

Al amanecer fuimos al entierro de Dobby, el dolor en cada fibra de mis músculos me hacía llorar sin que pudiera evitarlo. Ron me bajó en brazos por las escaleras y tuvo que ayudarme a caminar. Yo no hacía más que imaginarme a Dobby con su ropa horriblemente combinada, siempre alegre, siempre ayudándonos. Me pasé todo el día siguiente en la cama. Ron se sentaba en la mecedora y me daba conversación, me traía la comida y me obligaba a tomar las pociones que Fleur preparaba para mí.

- Mis padres me habrían dado un relajante muscular, mucho más sencillo, y menos asqueroso que estos potingues- dije mientras ponía cara de asco.

- Lo siento, pero nosotros no tenemos de eso- era ya de noche y Ron me acababa de traer la cena-. Si te encuentras mejor, puedes bajar a comer con nosotros mañana.

Sonreí. De verdad me apetecía salir de aquella cama y de esa habitación. Esa misma tarde había estado caminando por el piso de arriba, pero me había cansado enseguida.

- Ron…

- Dime- cacharreaba con los vasos de poción y los platos de la cena para ponerme las cosas al alcance.

- Cuando desperté…- Tenía que pensar la forma de preguntarle eso sin que se sintiese incómodo-. ¿Por qué llorabas?- No había elegido la mejor pregunta, desde luego.

Ni me miró, sino que siguió moviendo los platos a un lado y otro aunque ya estuvieran colocados. Parecía que en lugar de orejas tenía dos rábanos.

- Creí… Cuando te vi en el suelo, pensé que habías… Bueno, ya sabes- carraspeó-, creí que habías muerto. Estaba muy asustado y cuando llegamos y te trajimos a la habitación ni siquiera moviste un dedo. Estabas tan pálida… Sólo estabas inconsciente, pero yo llegué a pensar que morirías.

De pronto sentí la imperiosa necesidad de sincerarme por completo, quería que lo supiera, que no se sintiese tan mal. Ron se sentía demasiado insignificante en ese momento como para no pensar que podía ayudarle:

- Yo te oía, Ron. Te escuchaba gritar mi nombre, y eso me hacía seguir consciente. Cuando la vista comenzaba a nublarse te oía, era como si me llamases para despertarme por la mañana- sonreí pensándolo-, aunque normalmente es al revés-. Empecé a reír y él me sonrió también, pero con una mirada inmensamente triste-. Tú me salvaste, Ron; deberías estar contento, no triste.

De verdad lo pensaba, yo luché contra el dolor, pero no era lo suficientemente fuerte; el hecho de que cuando me iba durmiendo lentamente, aún tuviera fuerzas para abrir los ojos al oír mi nombre, les dio más tiempo, y me dio más tiempo a mí. Todavía recordaba lo que Bellatrix le dijo a Greyback antes de que todo se volviera oscuro…

- Casi te matan. Una vez, sólo una, que he estado contigo en una situación de peligro, y has estado a punto de morir. No quiero imaginar lo que os pasó cuando yo no estaba. Ya he fallado… A ti, te he fallado… Demasiadas veces. No aprendo, lo estropeo una y otra vez… Y lo siento, lo siento mucho- ¿en serio? No podía ser verdad. Una lágrima minúscula se le escurrió por la cara. ¿Era posible que estuviese llorando otra vez? ¿Ron? Cómo cambiaban las cosas. Rápidamente la limpié con el dorso de la mano.

- No tienes nada que sentir. Por cierto, perdona por haberte dicho un día que tenías menos sensibilidad que una cucharilla de té, está claro que me equivocaba- me reí; intentaba quitarle hierro al asunto, pero él sólo sonrió-. Eh… Ron… - Me miró y yo vacilé, no sabía si quería que me prestase tanta atención-. Jamás me he sentido más protegida que contigo, ni tan desprotegida como cuando te fuiste. Todo el mundo se equivoca y comete errores, no pasa nada. Yo también…

- No intentes consolarme- se sentó sobre la cama y se giró hacia mí-. A veces cierro los ojos y aparecen imágenes en mi cabeza, y oigo tus gritos… Imagínate cuando me duermo, tengo pesadillas-. Me puso el pelo detrás de la oreja y pasó el pulgar por mi mejilla-. Todos los días me siento culpable por haberte abandonado. Ni siquiera me paré a pensar lo que estaba haciendo.

No dije nada, estaba procesando la información y mi cerebro iba a mil por hora. ¿Haberme abandonado? Hasta ahora se había cuidado mucho de decir haberos abandonado. "Espera, ¿me está acariciando?", pensé mientras mi cerebro se embotaba del todo. Todo estaba formando un lío tremendo en mi cabeza, y yo estaba poniéndome de los nervios. Intenté ordenar lógicamente mis pensamientos, como de costumbre.

- Bueno, últimamente nos estábamos llevando demasiado bien, ¿no te parece? Era cuestión de tiempo que alguno de los dos hiciera una tontería…

- Qué casualidad que siempre sea yo el que hace las tonterías.

Pensé que tendría que tirar un poco más de la cuerda; esos arrebatos cariñosos de Ron se estaban dando mucho más a menudo, pero era Ron.

- Te estabas aficionando a darme abrazos por todo… Bueno, sé que me he pasado varios meses llorando por cualquier cosa, pero…- Sus orejas se pusieron del mismo color que su pelo, ya lo estaba echando en falta. Asintió-. Es lo que más he echado de menos…

Entonces me abrazó, pero de una forma distinta. Quizá tenía que ver que no era porque yo estaba llorando, o porque había estado a punto de morir, pero era muy diferente. Un abrazo suave pero fuerte, que me abarcaba entera; no apretaba, acariciaba, y enterré la cara en su cuello.

- ¿Te duele algo ahora?- Me preguntó en voz baja y yo negué con la cabeza despacio.

Entonces me cogió por la cintura y me sentó sobre sus rodillas, de lado. A decir verdad me hizo daño, pero no abrí la boca. Fue Ron quien escondió su cara en mi cuello y nos quedamos así no sé cuánto tiempo. Yo le acariciaba el pelo y sentía su respiración cálida en mi clavícula.

Pensé que podía hacer lo que me apeteciese, que ya me había frenado suficientemente, siempre mirando por los demás, siempre controlándome en todo para no salirme de lo que estaba bien, lo que era lógico, y sin poder quedarme en lo que era cómodo para mí y lo que quería hacer, sin pensar en qué me dirían. Lo besé en la sien, porque me dio la gana. Mi dedo descendió por su oreja y viajó por su cuello, y noté su respiración subir por el mío. Me mantenía cogida por la cintura, pero soltó su agarre para acariciarme el pelo, y posó la otra mano en mi rodilla; de vez en cuando su dedo se movía por mi pierna, paseándose.

Era una situación extraña, todo había empezado con un simple abrazo, pero ahora pasaba algo diferente. Le acaricié la cara y luego le hice mirarme.

Alguien llamó tímidamente a la puerta, acto seguido la abrió, y Fleur apareció en el umbral con una poción para dormir.

Ron me volvió a sentar en la cama, despacio, con la cara roja hasta la raíz del pelo y se levantó.

- Yo se la doy-. Fleur continuaba en la puerta, más incómoda que ninguno de nosotros, y no se había atrevido a pasar.

- No quiero más pociones. Además, duermo perfectamente-. Acababa de reaparecer la Hermione gruñona.

- Anoche dormiste bien porque te has tomado ésta, así que no nos arriesgamos- dijo Ron-. Un par de días más…

Asentí por no discutir.

- Chicos, lo siento… No debeguía entgag de esa manega.

Nos pusimos del color de los tomates.

- ¡No, no, no! No hacíamos nada…

- No pasa nada, Fleur…

Se fue sonriendo, y Ron me hizo tragar aquella porquería por la fuerza, sabía asquerosamente mal.

- Voy a darme una ducha, ¿vale? Volveré luego.

- Vale. Ron…

- Dime.

- No quiero seguir más tiempo aquí encerrada.

- Me parece estupendo- sonrió-. Entonces mañana comerás con nosotros.

Al día siguiente bajé a comer con todos, incluido el duende. Ron me ayudó a bajar la escalera, pero el dolor no tenía ya nada que ver con el primer día. Harry estaba serio y distante, pensativo; supuse que era normal, después de la muerte de Dobby. Además, llevaba sobre sus hombros una gran responsabilidad. Ron y yo hablábamos de ello todos los días.

No subí a la habitación en toda la tarde. Me quedé en el sofá leyendo un libro, mientras Ron a mi lado ojeaba las revistas de quidditch de Bill. Yo me dormía de vez en cuando, estaba cansada, acostumbrada a pasarme las horas en la cama. A media tarde nos reunimos todos en el salón, y estuvimos charlando mientras tomábamos cerveza de mantequilla y zumo de calabaza. Me recordaba un poco a las cenas en casa de los Weasley. Las echaba de menos. Ron rodeaba mis hombros con el brazo, mientras yo seguía leyendo; me eché contra él y aproveché para subir los pies al sofá.

Tras la cena, me convenció para jugar una partida de ajedrez, que ganó él, por descontado. Pero me encantaba verlo a gusto, sonriente, tranquilo… A pesar de que normalmente no lo estaba en absoluto. Me gustaba poder ayudarlo a distraerse y disfrutar del poco tiempo de paz que todos sabíamos que nos quedaba.

Por fin, me ayudó a subir las escaleras para ir a dormir, y él se sentó en la mecedora. Estaba muy cansada, aunque no hubiese hecho nada en todo el día, y enseguida me quedé dormida.

Me desperté en medio de la noche, en medio de un agitado sueño del que participaban Bellatrix Lestrange y Fenrir Greyback. Miré hacia mi derecha y vi que Ron no estaba en la silla. Pensé en bajar a por un vaso de leche, e intenté hacerlo sin que las escaleras crujiesen demasiado; iba a despertar a toda la casa. De repente, oí voces provenientes de la cocina, y me detuve antes de llegar al final de la escalera.

- ¡Recapacita, por Merlín! Nos tienes a todos preocupados por ti, cuando deberíamos estar buscando la forma de protegernos…- Era Bill, hablando en voz muy baja, parecía enfadado.

- Y vosotros a mí. ¿Qué piensas? ¿Que lo hago porque me gusta ir de excursión?- Discutía con Ron, que parecía más enfadado aún-. Todo esto tiene que terminar, y la solución es Harry, él puede salvarnos, y es mi amigo, así que lo ayudaré en cuanto necesite.

- Pues que pida ayuda a la Orden, que está para eso. Y si no quiere, ya va Hermione con él. Tu familia te necesita, Ron…

Hubo una pausa en la que sólo podía oír respiraciones fuertes y los pasos de alguien que caminaba de un lado a otro de la cocina.

- Dime, Bill…- Ron hablaba despacio, como pensando bien lo que iba a decir-. Si fuera Fleur la que estuviese por ahí, a saber dónde, con un tipo que resulta que es el objetivo de Quien- Tú- Sabes y toda su tropa, ¿te quedarías con Mamá? ¿Eh? ¿Te quedarías con tu familia? ¡Con la nuestra, precisamente, que no sólo es enorme sino que tiene la mayor protección posible!

- Fleur es mi esposa…

- ¡Antes no lo era!

- Antes era mi novia. ¿Es Hermione tu novia? Creo que es muy diferente, aunque no te dé la gana de verlo. Ella va donde Harry vaya. ¿No te parece sospechoso? Y tú detrás de ellos, llevándole la comida y las pociones, durmiendo en una silla por si ella necesita algo, y Harry en la cama, sin molestarse…

- Cállate, Bill, ella y Harry no tienen nada…

- ¡No me da la gana! No seas idiota, ella no te quiere y estás dejando a tu familia por nada, ¡para morir!

- ¡Cállate!- oí un golpe y pensé que se estaban pegando.

De repente oí una tercera voz, era Fleur.

- ¡Basta! Dejad de compogtagos como niños. Bill, vamos a "dogmi", ya es "sufisiant".

- Buenas noches, Fleur-. Dijo Ron.

Cuando llegaron a la escalera, Bill y Fleur me miraron asustados, pero yo fingí estar bajando todavía y sonreí como si no me hubiera enterado de nada. Los saludé, Bill tenía un moratón junto al ojo.

- Hola…- Susurré-. Vengo a por un vaso de leche, no me acordé de tomar la poción para dormir y he tenido una pesadilla.

- No te pgeocupes, coge lo que quiegas…- Fleur me devolvió la sonrisa y me lanzó una mirada cargada de significado. Parecía que me pedía disculpas.

- Gracias, buenas noches.

En la cocina, encontré a Ron mirando por la ventana, de espaldas a la puerta.

- Hola…- Se volvió deprisa para mirarme, momentáneamente asustado.

- Lo has escuchado todo, ¿verdad?

- Un poco- reconocí.

Me dirigí hacia él, pensando en todo lo que quería decirle. Esa conversación había sido lo peor y lo mejor que había escuchado en mucho tiempo. Lo peor porque me había dado cuenta de que Ron lo pasaba mal, tanto como ella, quizá más porque se sentía culpable. Lo mejor, porque había sido la conversación más aclaradora que había tenido el gusto de escuchar. Ron fue hacia el armario y sacó un vaso, me preguntó qué quería, me sirvió la leche y me la tendió.

- Perdona que no estuviera arriba, tenía sed. Te hubiera llevado yo el vaso de leche- se había vuelto a apoyar en la encimera, mirando hacia afuera. Esa casa tenía unas preciosas vistas al mar.

- No te preocupes. Estoy mucho mejor. Me viene bien moverme- me acerqué a la ventana y posé el vaso. Ron me miró con tristeza cuando apoyé mi mano en su espalda.

- Cree que no me preocupa lo que les pueda pasar. Llevo desde el primer momento en que salimos de La Madriguera preocupado por ellos, tengo pesadillas todas las noches y me paso el día pensando en Ginny y en mi madre…

- Ya lo sé- él la miró-, te he oído muchas veces hablar en sueños-. Me armé de valor. Tenía que aprovechar el tiempo, ser feliz, hacer lo que quería hacer de verdad, y no sólo lo que debía. Durante los últimos siete meses me había pasado los días preocupada por mis seres queridos, ideando planes para escapar de nuestros enemigos, buscando la forma de comer todos los días, buscando los malditos horrocruxes… Y lo único que me había hecho feliz era tener a Ron junto a mí. Ese Ron que se había descubierto tan cariñoso y entregado, por una razón que antes sólo podía imaginarme e ilusionarme con ella, y ahora la había confirmado. Me tocaba a mí, siempre estaba esperando por él, cuando él hacía tiempo que había descubierto sus cartas sobre la mesa, por mucho que yo no las quisiera mirar. Rodeé su cintura con los brazos, y él pasó el suyo por mis hombros, atrayéndome hacia sí. Sólo necesitaba un empujoncito, pero yo también. "Dios mío", pensé, jamás había estado tan nerviosa, ni siquiera para los TIMOS-. Ron…- Él me miró-. Entre Harry y yo no hay nada. Me crees, ¿verdad?

- Sí, sí, ya lo sé, no le hagas caso… Además no tienes que darme explicaciones, Hermione.

Miré hacia arriba, seguía mirando hacia fuera, pensativo.

- Me volví loca cuando te fuiste, Harry te lo puede decir mejor que nadie, porque ni siquiera quisiste escucharme…

- Fue un pronto estúpido…

- Que costó caro.

- Lo siento.

- No te estoy diciendo esto para que te sientas mal, Ron-. Levantó ligeramente las cejas-. Perdimos mucho tiempo y… Creo que tenemos que aprovechar el que nos queda, que pueden ser meses, o incluso días…

Me acariciaba el pelo y parecía estar más tranquilo. Sin embargo mi estómago se retorcía con fuerza.

- Escucha, sé que he sido un idiota. Y que te he hecho daño muchas veces…

- No es cierto, no lo exageres…

- No estoy exagerando. El caso es que lo hacía sin querer, no lo pensaba y luego estaba pringado. Lavender, por ejemplo-. Hermione hizo una mueca-. Mi marcha… Y tú me has dejado acercarme otra vez, después de tantas decepciones, una tras otra.

- No son decepciones…

- Son decepciones, y sobre todo disgustos. Y yo lo último que quiero es verte disgustada, y si además es por mi culpa…- Se giró para ponerse frente a mí y colocó sus manos en mi cuello. Pero yo tenía aún una pregunta en la cabeza.

- ¿Qué te hace pensar que me puede gustar Harry?

- Bueno, él es…- se quedó pensando.

- No me digas que es el Elegido, por favor…- Puse los ojos en blanco.

- Lo es… Y además es un buen motivo.

- No para mí, Ron… ¿Crees de verdad que puede parecerme una razón de peso? Con todo lo que eso ha supuesto para los tres- reí.

- No, cierto. Bueno, él es más inteligente que yo. Ha hecho muchísimo por el mundo mágico, ha arriesgado su vida muchas veces. Además, pasas mucho tiempo con él…

- No es ni de lejos el tiempo que paso contigo- yo me reí por lo bajo-. Y dudo que sea más inteligente que tú, aún no ha conseguido ganarte al ajedrez.

- Tampoco tú y eso no…

- Yo soy más trabajadora y responsable, y pienso con mucha lógica, es cierto, pero no he conseguido ganarte al ajedrez; por lo tanto, algo tienes tú en la cabeza que no tienen los demás. En cuanto a responsabilidad, Harry y tú estáis iguales- solté de nuevo una risita-. Y por último, casi todas las veces que Harry ha salvado al mundo mágico, tú y yo hemos estado de por medio, y no puede decirse precisamente que no hayamos arriesgado nuestras vidas nunca…

Entre ellos se hizo el silencio y ninguno abrió la boca durante varios minutos.

- ¿Te parece guapo?- de nuevo las orejas rojas. Esa conversación le estaba haciendo mucha gracia.

- Sí…- Arrugó el ceño y me quedé esperando la pregunta que iba a continuación, pero no llegó-. No puedo con ese continuo sentimiento de inferioridad que tienes, Ron. No tienes nada que envidiar a nadie, ya te lo he dicho muchas veces. Pero tú siempre piensas que eres peor que cualquier persona a la que conozcas. Todo lo contrario, estás por encima-. Hice una pausa. Ron observaba atentamente la baldosa de la esquina de la cocina, no parecía querer mirarme-. Y como veo que no piensas preguntármelo, pienso que eres mucho más guapo que Harry, no tengo ninguna duda acerca de eso.

Levantó despacio los ojos hasta que se encontró con los míos. Yo hacía lo posible por disimular los nervios, que me estaban destrozando el estómago. Tenía una media sonrisa pintada en la cara.

- Me gustas más cuando no dices mentiras, Hermione…- Apoyó su frente contra la mía, yo seguía abrazada a él. Era más de lo que mis nervios podían soportar, pero no me iba a separar, no, no.

- Sé que soy egoísta al pedirte esto, pero… - dije con un hilo de voz-. No te vayas otra vez.

- No me voy a ir a ninguna parte.

- Es que…- Posé mis manos en su pecho-. Ron, te necesito conmigo.

- No creo que seas tú la que me necesita a mí, ¿sabes?

Le apartó el pelo de la cara y con un brazo rodeó su cintura y la acercó a él. Respiraba rápido, estaba nervioso, pero no más que yo, que directamente no respiraba. Nuestras frentes continuaban pegadas, y me miraba a los ojos, como pidiéndome algo. ¿Permiso?

De repente, se agachó, me sujetó por las piernas, y me sentó en la encimera, despacio. Tal vez pensase que era demasiado baja para él. Volvió a acercarse, tanto que sentía su aliento caliente bajo mi oreja; me sujetaba firmemente por la cintura, aunque no hacía falta. Me dio un beso en el cuello y un escalofrío recorrió mi cuerpo desde la cadera hasta los hombros. Volvió a mirarme y mi nariz chocó suavemente con la suya. Solté una risita tan nerviosa como estúpida, que dejó de oírse de repente.

Me estaba besando, muy despacio, como si tuviera miedo de que fuese a darle un empujón, pero nada más lejos de la realidad. Mi mano se enredó en su pelo, y la otra asía firmemente su camiseta. No se había afeitado, daba igual, pensé que incluso le pediría que no se afeitase más. Lo que empezó siendo un beso lento y lleno de miedo, terminó en el resultado de dos manojos de nervios, impacientes, que apenas se preocupaban de respirar. Besé su cuello y mordí el lóbulo de su oreja, mientras él depositaba suaves y pequeños besos en mi clavícula.

- Hermione…- No quería separarme, no necesitaba respirar, y lo abracé con las piernas para que no se le pasase por la cabeza. Después cuando pensase fríamente en ello, la vergüenza haría acto de presencia, no como ahora, que brillaba totalmente por su ausencia.

Nos pasamos así un buen rato, ni siquiera nos enteramos, y yo seguía sin querer irme. Pero llegó un momento en que sabíamos perfectamente que lo que tocaba era ir a dormir, porque ya era muy tarde; bueno, era casi de día.

- ¿No estás cansada?- susurró junto a mi oreja. Yo negué con la cabeza efusivamente, y lo abracé más fuerte por el cuello-. Así estás perfecta para subirte a la habitación.

- Llévame- le dije riendo, aunque no esperaba que se lo tomase en serio.

Me alzó en brazos y me llevó a la habitación. Me tapó con varias mantas "para que no tuviese frío" y me dio un beso. Había en mi cara una expresión estúpida, y cuando lo vi sentarse en la mecedora se me ocurrió una idea que hizo que me pusiera roja como un tomate sin apenas haber dicho nada.

- Ron…- Él me miró, somnoliento-. Si vas a dormir aquí, no tienes por qué hacerlo en la silla.

- Me miró sin entender y, de pronto, empezó a negar con la cabeza.

- No, no, no… ¿Y si te aplasto un brazo? No, no… Tú duerme tranquila, yo dormiré aquí.

- En serio, Ron, no me gusta que duermas ahí. Mira, ponte tú en la parte de la pared y así no me aplastas contra ella, es una medida de seguridad…

Estuvimos discutiendo otros cinco minutos, pero a mí no me gana nadie:

- Quiero que duermas conmigo, Ron…- Con mi sonrisa triunfal se metió en la cama-. Puedes hacer como que estás enfadado, pero ambos sabemos que no lo estás- sonreí.

- Anda, duérmete, que es muy tarde- intentaba disimular la sonrisa, pero no lo consiguió. Me abracé a él y empezó a quejarse.

- Hermione, si tengo una pesadilla te voy a hacer daño…

- Cállate ya, pesado.

Siguió un buen rato refunfuñando, pero como no le hice caso, calló y me rodeó con el brazo.

- A ver qué dice Fleur…- Dijo de repente.

- Nada, ¿qué va a decir? Si fuera Ginny se estaría metiendo con nosotros, pero no me parece que tengan mucho en común- me reí.

- Es cierto…- Me apretó contra él y me besó en la sien-. Buenas noches, Hermione.

- Buenas noches- me di la vuelta y le di un beso, porque sí, porque me daba la gana. Y con una sonrisa me dormí hasta casi la hora de comer.