Hola a todos. Me alegra que la historia siga gustando a todo el mundo. Un agradecimiento especial a , , , Psyque y a Louis Talbot por agregar esta historia ya sea a sus Alerts o Favorites. Me siento muy contento.
10. El cuento sobre el Señor de las Tinieblas
Harry observó atentamente a sus compañeros, preguntándose qué es lo que debía contar y qué no. Decidió contarles lo mismo que le había contado hacía unos meses al Departamento de Misterios, aprovechando que John Sigfrid se encontraba presente. Sin embargo, le hacían falta dos objetos.
—Para eso necesito de algo que tengo en mi cubículo. Si pueden permitirme un momento… —dijo Harry.
—Ve —le respondió su jefa—, pero no tardes.
—No lo haré —contestó Harry.
La habitación era tremendamente oscura. Los cuatro individuos presentes en ella llevaban capuchas negras.
—¿Dónde se encuentra Lamius, señor? —inquirió una voz de mujer.
—Lo he mandado a ver los alrededores, mi querida Agatha —respondió el que evidentemente era el líder—. Necesitamos saber cuántos magos viven en los alrededores. No queremos tomarlos por sorpresa. Supongo que desconfiarán de cinco magos que han aparecido de la nada.
—¿Cuál es el plan para buscarlo señor? —preguntó en esta ocasión un hombre.
—Haremos lo mismo que hemos hecho a través de los años, infiltrarnos en posiciones desde las cuales podamos obtener información clave, a parte de realizar sondeos en aquellas viviendas mágicas que nos topemos —respondió el jefe.
—Por eso mandó a Lamius, para saber que viviendas mágicas se encuentran en los alrededores —dijo otro de los presentes.
—Así es —respondió el líder—. Mientras tanto, nosotros tendremos que averiguar como encontrar puestos dentro de la prensa mágica y el Ministerio de Magia.
—Tendremos que registrarnos —comentó como quien no quiere la cosa el último de los personajes.
—No hay porqué preocuparse Salomón —expresó el cabecilla—. No somos una banda de delincuentes buscada. Si por algo se ha caracterizado la orden es por su absoluto secretismo. Dudo que ni siquiera a Dan Brown se le ocurriera hacer una novela sobre nosotros.
Los demás se soltaron a reír. Tenían razón. Nadie ajeno a la Orden conocía su existencia. O al menos es lo que ellos creían.
Harry regresó al despacho de su jefa rápidamente, llevando entre los brazos una carta y un libro.
—¿Qué es eso? —preguntó Anne Camil señalando el libro.
—Es el primero de dos libros en los que pude hallar documentada la existencia del Espejo Maldito —explicó Harry—. En realidad, el nombre creo que proviene posteriormente, pero este libro relata como fue creado.
—¿En serio? —inquirió John Sigfrid.
—De verdad —contestó Harry—. Sin embargo, quiero advertirles una cosa. El libro está escrito como un cuento infantil. Sin embargo, si se considera el contenido y se tiene en cuenta que el espejo mencionado se encuentra en estos momentos dentro del Departamento de Misterios se verá que no es un inocente cuento, sino probablemente una manera de que el Señor de las Tinieblas reclute más gente.
—¿El Señor de las Tinieblas? ¿Quién es él? —inquirió Kay Spears.
—En un momento lo verás —le respondió Harry.
Y dicho eso se puso a leer lo siguiente.
Hace mucho tiempo, en algún remoto lugar de Escocia un extraño individuo apareció en un pueblecito cuyo nombre no mencionaré. El individuo entró en una taberna donde se encontraba un buen número de magos, muchos de ellos observando a un individuo que se jactaba de ser el mejor duelista de su época. Llevaba diez años en aquello, y no había sido derrotado ni una sola vez.
El extraño individuo de inmediato lo retó a un duelo. Muchos de los presentes se rieron. ¿Qué iba a hacer aquel desconocido en contra del mejor duelista del mundo?
Ambos hombres salieron fuera, y el conocido mago sacó su varita, pidiéndole a su retador que hiciera lo mismo.
—Un demonio como yo no necesita de un tonto palito de madera —dijo el retador.
Un escalofrío recorrió el grupo. La verdad es que ninguno de los presentes podía ver la cara, pero aquella afirmación con la voz que poseía el individuo (una voz gruesa y con un deje algo gutural) bastaba para amedrentar al más valiente.
—¿Un demonio? —le preguntó el mago duelista—. ¿Qué quieres decir con eso?
—Soy una criatura venida directamente desde el infierno con el fin de sembrar la desesperanza, la destrucción, el silencio y la muerte sobre la Tierra —contestó el retador.
El duelista se burló, y levantó su varita. Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar un hechizo, cayó muerto cuando el extraño individuo levantó la mano.
Todos los presentes se echaron a correr, y de aquellos que no lo hicieron nunca se volvió a saber. Seguramente el extraño ser los exterminó para apoderarse de sus néfesch, las piedras mágicas que dotan de poder a quien las tenga.
—¿Néfesch? —interrumpió la lectura Spears—. ¡Jamás he oído hablar de algo semejante!
—A mí me suena la palabra, pero no sé de dónde —dijo Robert Snug.
—La verdad es que no estoy muy seguro de a qué se refiere —confesó Harry—, pero que les parece si terminó de leer antes de comentar lo que pensamos.
—De acuerdo —dijo Anne Camil—. Continúe, señor Potter.
A partir de aquel momento una nube de oscuridad cayó sobre el mundo. El misterioso ser que había salido de no se sabía donde continuó viajando, retando a cada uno de los duelistas con los que se encontraba. En cada batalla el resultado era el mismo: el mago que había sido retado acababa asesinado por el misterioso ser, y los espectadores igual. No quedaba ni rastro de los cuerpos. No había nada ni nadie a quien nuestro misterioso personaje no tuviera miedo. Incluso mató a los tres mejores magos de la época, dándole a cada uno un regalo mortal. Dale al hombre lo que quiere, y probablemente éste elegirá aquello que lo llevará a su propia perdición.
Con el tiempo los magos más cultos, sabios y poderosos del mundo entero vieron en aquella figura un líder, un líder que los guiaría hacia una nueva época de esplendor. Con él la magia volvería a brillar en el mundo, y sería quien llevaría la batuta del poder. Aquellos magos le juraron fidelidad eterna, y él les enseñó los más grandes hechizos mágicos jamás creados, hechizos que les permitirían controlar el mundo entero.
Ningún mago se atrevió a plantarle cara. Muchos preferían evitarlo, es cierto, pero a nuestro personaje no le molestaba lo que hicieran siempre y cuando no intentaran convencer a otros de oponerse. Además, todavía quedaban muchos duelistas fanfarrones que le podían proporcionar sus néfesch; y mientras más néfesch reuniera, más poderoso se hacía. Muchos de sus seguidores eran sacrificados para proporcionarle más néfesch. Sin embargo, ninguno se quejaba. Era todo un honor contribuir a que su señor fuera cada vez más poderoso, y sabían que de esa manera formaban parte de él por la eternidad.
El poder que poseía aquel individuo crecía cada vez más, y él mismo quería cada vez más. Ahora el aumentar solo una néfesch a su colección le parecía ridículo. Una sola néfesch ya no hacía una gran diferencia en el poder que poseía. Así que busco, y finalmente encontró un lugar donde se encontraba una gran reserva de néfesch. No obstante, no contaba con que sus guardianes serían tan poderosos. Jamás en su vida se había enfrentado con magos de tal nivel, y dado que había asistido al lugar completamente solo, sus cuatro enemigos lo redujeron y lo encerraron en un espejo por toda la eternidad.
Pero este no es el final de la historia. Aquellos magos ocultaron el espejo en el que se hallaba encerrado el misterioso personaje que había acumulado tanta grandeza, pero no pudieron acabar con sus seguidores. Y sus seguidores juraron que no descansarían hasta hallar nuevamente el espejo y liberar a su señor de su prisión. Y actualmente, muchos magos aún buscan el espejo que les permitirá liberar a su señor, quien los colmará de gloria y dicha cuando el mundo sea dominado por él.
Hubo un incómodo minuto de silencio cuando Harry terminó de leer el cuento.
—¡Escalofriante! —exclamó Robert.
—¿Nos está diciendo —inquirió John Sigfrid— que lo que tenemos en estos momentos en el Departamento de Misterios es un demonio encerrado que busca salir para controlar el mundo?
—La expresión demonio me parece muy… "increíble" —dijo Harry sutilmente—. No creo que realmente se tratara de un demonio. Más bien creo que se trata de un mago oscuro que decía ser un demonio con el fin de aterrorizar a su público. Además, hay que tener en cuenta que el cuento bien podría exagerar algunas de las cosas sobre las que habla.
—Potter tiene razón —coincidió Kay—. No existen cosas tales como los demonios. Aunque no entiendo entonces como sigue vivo ese… esa cosa.
—En una dimensión alterna el tiempo podría correr de manera muy diferente a como lo hace en la nuestra —opinó Sigfrid—. Creo que el espejo es una especie de puerta interdimensional, y podría ser que en la dimensión en la que se encuentra nuestro individuo hayan pasado solo unos días, mientras que en la nuestra han pasado siglos.
—O incluso hay manera de escapar de la muerte —dijo Snug—. El mago pudo haber creado un horrocrux que ahora mismo lo está salvando de la muerte.
—Aunque pueda proteger su alma no puede hacer lo mismo con su cuerpo —refutó Kay Spears—. Su cuerpo debe estar envejeciendo, y tarde o temprano se volverá inservible.
—A menos que logre renovarlo —contradijo Robert.
—¿Y de dónde se supone que saque el nuevo cuerpo cuando se haya encerrado en otra dimensión completamente solo? —cuestionó Spears.
—¿Y quién o dónde dice que ese individuo se haya solo en su dimensión alterna? —inquirió Robert.
Otro momento de silencio siguió a esa declaración.
—Robert tiene razón —opinó la jefa del Departamento de Aurores—. Nada nos asegura que ese individuo no pueda estar cambiando de cuerpo en estos momentos. ¿Hay algo más que deba decirnos, señor Potter?
—Solo que existe una leve mención al Señor de las Tinieblas en el libro Historia Desconocida de Hogwarts. Habla acerca de una profecía, indicando que al parecer fueron los cuatro fundadores del colegio los guardianes de la gran reserva de néfesch que se menciona en el cuento. Lo malo es que parece ser que esos datos no tienen ninguna base.
—Historia Desconocida de Hogwarts es de Marcus Faraday, ¿no? —inquirió Robert Snug.
—Así es —contestó Harry.
—¿Por qué preguntas eso Snug? —inquirió Kay.
—Marcus Faraday es famoso porque rara vez publica libros basados en fuentes escritas —dijo Robert—. Normalmente escribe sobre cosas que solo se han transmitido mediante la tradición oral.
—Pero eso significaría que… —comenzó Spears.
—… que la información proporcionada en el libro Historia Desconocida de Hogwarts fue sacada de alguna entrevista con alguien. En algún lugar del mundo aún se cuenta la leyenda como es, no disfrazada de cuento infantil.
—¿Qué dice la dichosa profecía, señor Potter? —inquirió Camil.
—Que el Señor de las Tinieblas renacería en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería —respondió Harry.
Todos se quedaron pensativos.
—Tal vez sería bueno si se pudiera localizar la fuente que utilizó el señor Faraday —expresó el director del Departamento de Misterios—. Seguramente esa persona tiene más información al respecto.
—Yo creo conocer a alguien que puede ayudarnos —dijo Potter.
"El problema sería convencerla para que hable" pensó Harry.
—¿De quién se trata? —inquirió su jefa.
—La testigo preferiría mantenerse en el anonimato —dijo Harry—. Sin embargo, la información que proporcione seguramente será confiable. Ella ya me había dicho que los seguidores del Señor de las Tinieblas conocen hechizos potentísimos, me habló del espejo que encierra al Señor de las Tinieblas y sobre la búsqueda que mantienen sus seguidores. Lamentablemente, en aquella ocasión no quiso contarme nada más.
—Tendrá que volverla a interrogar Potter, y espero que esta vez se muestre más cooperativa —dijo Anne Camil—. Sin embargo, no podemos basar nuestras expectativas en una sola persona. Ustedes tres tendrán la tarea de buscar a más magos que crean puedan conocer la leyenda del Señor de las Tinieblas.
—¿Y qué pasará con el Ministerio de Magia Suizo? —preguntó Robert.
—De momento no les diremos nada —respondió Camil—. En cuanto hayamos reunido suficiente información la compartiremos con ellos, pero bajo ningún motivo les diremos que el espejo verdadero se encuentra en el Departamento de Misterios Inglés. Ese es un asunto que seguirá siendo un secreto. Así que no lo comenten con nadie, ni siquiera con su familia.
—¿Qué es esa carta, señor Potter? —inquirió Spears señalando la carta que Harry aún sostenía entre sus manos.
—Es una carta escrita por el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que me antecedió —respondió Harry—. En ella da a entender que creía en la profecía acerca del Señor de las Tinieblas, y que sabía quien era el culpable de todo lo que estaba sucediendo en el colegio en aquellos momentos.
—Usted nos dijo que la muerte de Martin Alexo fue responsabilidad de Robustus Baster —dijo Anne Camil.
—Y así fue —dijo Harry—. Baster era quien poseía el Espejo Maldito.
Camil calló un momento, al parecer meditando lo que Potter acababa de decirle y ligándolo con lo que ella sabía que había sucedido el año pasado en Hogwarts.
—¡Lo había olvidado! —exclamó Camil de repente.
—¿Qué sucede señora? —inquirió Snug.
—Debe de escribirle de inmediato a la directora del colegio Hogwarts señor Potter —dijo Anne—. Me temo que con todo esto no podremos prescindir de usted en el Departamento. Hasta que este asunto no se solucione usted no podrá seguir impartiendo clases en el colegio.
Harry no pudo evitar hacer un gesto de desagrado. A decir verdad, había empezado a disfrutar de dar clases en Hogwarts. Pero el trabajo era el trabajo, y le gustara o no era un auror cuya principal responsabilidad estaba de parte del Ministerio.
—De acuerdo.
¿Aquí está el nuevo capítulo? ¿Qué peligros le esperan a Harry Potter? ¿Podrá desenmascarar a tiempo a la Orden? ¿O la Orden acabará primeramente con él?
