Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.

Notas:

IMPORTANTE. Leed la nota, por favor.

Al parecer algunas personas han pensado que en 10º capítulo este Fanfic terminaría. No terminará. Solo puntualice que el 10º capítulo iba a tener un momento importante, pero en ningún momento terminará el Fic ahora. Aun hay Un puente hacia ti para rato, concretamente y según estimaciones, puede que llegue a necesitar cerca de 30 capítulos más para terminarlo. Además, queos voy a regalar en este 10º capitulo el capítulo más extenso de todos y con diferencia, ¡más de 7500 palabras solamente el capítulo!. Ahora, zanjado el asunto. Por favor, leed, y disfrutad.

ESTE FIC CONTINUA

Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar una review o postear un MP:

Zaruko Hatsune (Tales son sus heridas que terminó pensando locuras. Eso me recuerda a tu drable – se escribe así?-) , Obini (ME alegro de que te gustase la idea de la música. La verdad conozco el genero de Opera Rock aunque no soy muy conocedor de ello. A invertigar), LadyKorrasami (Bienvenida de nuevo, te extrañaba. Espero que el retorno al hogar haya sido bueno y que ahora estés en pijama descansando de tanto ajetreo), Devil-In-My-Shoes (Acertar Guns n' Roses y Warcry ha hecho que tu nivel de cool supere los 9000!), LupitaAzucena (Me alegra que te guste esos capítulos, aunque este es algo parado), A18mx (adoro tu avatar, ¡me encanta!) ,giginee (ahora solo queda 1 capítulo), MaryVessalius-Kurosaki (una maravilla tener a alguien tan animada como tu de lectora. Que estés siempre animándome hace que no desista nunca ) , Sexy-Tomboy (Por fin aparecer Mako!) ,giginee (casi me matas del susto. No termina. Hazte cuenta o algo que quería haberte mandado un MP explicándotelo xD), tasiakrood (Superar sus problemas y sus miedos solo puede provocar que su amor sea fuerte como una roca) , Annimo (Gracias por tu review. Asami estaba perdida en esa charla xD y me alegra seguir siendo parte de tu descanso), Rea-07 (Gracias por comentar, espero que este capítulo te sea entretenido), Love is a wild animal Danirock(Te agradezco que añadas más review y que siendo nueva revises mis actualizaciones. De verdad, es un gesto muy hermoso. Espero que sigas leyéndome más tiempo), TheRealOtaku8 ( Me alegro de leerte y gracias por tu review).

Capitulo 10

Asami puso los ojos como dos platos y sus verdosos iris se convirtieron en vidrieras que mostraban su incredulidad. Ella ya suponía y sabía que iba a tener que acompañar a la joven de piel morena a su apartamento, y que con ello terminasen encontrándose con el famoso chico en torno a quien giro toda la conversación, pero el semblante de Korra se había transformado al pronunciar esas palabras. Puede que ya se hubiera estado mentalizando, puede que la charla acalorada y el vino le arengasen, o puede que tener su bajo alrededor de ella le diese confianza; pero los ojos que mostraban eran de odio e ira.

-Se avecinan problemas – dijo Suki con un tono nervioso en la voz.

-Calla, Kabuki – espetó la joven de ojos cerúleos – No os gusta que haga una cosa, no os gusta que haga otra. Mirad, él me ha hecho daño y si le veo y le pateo su bien perfilado culo, será solo culpa suya.

-No hay que ser adivino para saber que va a pasar algo, pies ligeros – de nuevo, Toph enunció calmadamente una obviedad – Pero haznos un favor, no hagas tonterías. Ya sabes a lo que me refiero.

Korra puso los ojos en blanco y dejó escapar un resoplido de agotamiento. Sin duda estaba harta de ahondar siempre en lo mismo, pero sabía que no la iban a dejar tranquila fácilmente.

-Esta bien, relajaos chicas – extendía los brazos como si la estuvieran atracando, en señal de completa y absoluta rendición – Como mucho le golpearé.

-Bien dicho – la joven castaña arengó la idea de agredirlo ante la mirada estupefacta de Asami.

-Ponle un ojo morado de mi parte – reía la chica ciega a carcajadas – O mejor, porque dudo de mi puntería.

Entre el despliegue de risotadas despertado ante la ocurrencia de Toph y que aparentemente no veían mal la violencia física, la joven heredera empezó a pensar que en ese barrio, verdaderamente, la hubieran atracado de no ir con Korra.

"¿Pero qué demonios hablan?, ¡No ven que puede meterse en problemas!", la mente de la empresaria hacia preguntas que desconocía, "Podría terminar en comisaria o algo peor."

-Oye Asami – Suki se había acercado a ella y le sonreía ampliamente – Si quieres puedes quedarte aquí. Sería mejor que ver una masacre en directo.

Ella no sabía que decir, pero entonces decidió observar a su acompañante, la cual tranquilamente volvía a guardar su instrumento en la funda para que volviese a dormir hasta que fuera necesario.

-A mi me da igual, fresón – la joven de melena corta ni siquiera había apartado la mirada de la funda mientras la dejaba en su lugar – pero entonces el trato se ha cumplido.

"¿Cumplido?, ¿ya esta?", pensó la joven de labios rojizos a la vez que fruncía levemente el ceño, "No te vas a librar de mi. Un día es un día."

-Te lo agradezco, pero prefiero ir con Korra.

-Mejor así – no se sabía si por su ceguera o por familiaridad, pero Toph se estaba estirando cual gato perezoso mientras hablaba – Puede evitará que pies ligeros mate a alguien.

-Visto así – añadía la joven de cabello castaño a la par que los ojos de la joven heredera luchaban por no salirse de sus órbitas – Buena suerte Asami.

Su mente vagabundeaba por su imaginación, donde en primera plana del periódico se podía ver el titular: "Heredera implicada en un homicidio". Antes de que la congoja hiciera mella en su animo, la empresaria pudo ver como su acompañante se ponía la chaqueta, aunque en su rostro ya llevaba puesto un casco de guerra en forma de pétrea e inexpresiva faz.

Luchando contra sus nervios, Asami comenzó a prepararse a la vez que se despedía de sus anfitrionas.

-Ha sido un placer conocerlas.

-Lo mismo digo, fresón – decía Suki mientras agitaba la mano.

-Si necesitáis algo, pasaos por aquí – la preocupación de Toph era entrañable – No os preocupéis en petar a la puerta, tengo muy buen oído.

Aunque preocupada, amable y vivaracha, las bromas de la chica ciega descolocaban a heredera, a la cual le habían enseñado que los defectos eran algo inadmisible. Seguramente, de haber nacido en la familia Sato, la joven invidente hubiera sido casi recluida, evitando las habladurías y los comentarios inapropiados, a la espera de encontrarle un marido que quisiese hacerse cargo de una esposa ciega. Alguien con tal confianza, a pesar de no poseer sus cinco sentidos, descolocaba completamente a la empresaria. Para bien.

Habiéndose despedido de ese extraño dúo, la aventurera Asami y la salvaje Korra, se adentraron más en la selva de asfalto roto que era el barrio de Jang Hui. Aquel no era un lugar feo y sin vida, pero demostraba que había pasado por mejores momentos. Los parques no estaban cuidados y los niños jugaban alrededor de maderos podridos que algún día fueron columpios. Después de cruzar debajo de un puente, donde los ruidos del tráfico retumbaban con el eco, la empresaria pudo ver un oasis colorido entre tanto ladrillo. Era un pequeño edificio de color azul y naranja, rodeado por muros pintados a brochazos de al menos una docena de colores. Una verja dejaba ver que el interior estaba mejor cuidado que los parques.

-Que lugar más lindo – la sonrisa que se dibujo en esos labios rojizos fue de autentica ternura.

-¿Te gusta?. Es la escuela del barrio. Tiene también una guardería – Korra sonaba despreocupada, pues para ella, ese edificio era algo normal – Además, al fondo de la calle está el hogar del jubilado. Como no nos hacían caso, los vecinos terminaron haciéndolo ello.

-¿Como¿ – Asami intentaba asimilar que la alcaldía ignoraba el barrio.

-Este es un barrio humilde, fresón. Casi todos trabajan en las fabricas y como el barrio esta muy lejos del centro, los vecinos decidieron que antes que ir en bus a todas partes, construirían lo que quisieran – era un buen método para evitar tranvías abarrotados, aunque no semejaba una buena forma de atajar el problema, sino que simplemente se dilataba en el tiempo.

Al doblar una esquina, se pudo ver un edificio pequeño, de tan solo siete plantas, con la fachada de color gris y tres enormes escalinatas de granito que dejaban con su color oscuro y apagado, testimonio sigiloso del tiempo que este edificio había permanecido en pie. Esas mismas escalinatas, ahora observaban como una joven con ojos celestes se detenía en seco y clavaba su mirada en el portal. La empresaria estaba detrás de Korra, pero no sabía que decir o que hacer para solventar la situación, una parte de ella quería animarla a entrar, la otra quería llevársela lejos de allí. Pasaron varios segundos hasta que la joven de tez morena extrajo de su chaqueta las llaves del apartamento, con las cuales jugaba haciéndolas sonar como un sonajero. Sus labios se habían convertido en una linea apenas visible y la heredera empezaba a pensar que si seguía clavando sus ojos en ese portal más rato, este empezaría a derretirse.

Armándose de valor, la joven Sato posó una mano en el hombro derecho de la chica de ojos cerúleos, intentando transmitirle confianza. En ese momento, la joven de piel morena se giro hacia ella y el azul y el verde se encontraron por primera vez. Sus miradas se cruzaron como si no hiciera falta decir nada, ambas sabían que no podían postergar esta espera eternamente.

-¡Korra! – un hombre de mediana con cabello grisáceo y perilla se encargó de sacar a ambas chicas de su estado inerte, casi ensimismado. El caballero se acercó a ambas mujeres con paso tranquilo, portaba una carpeta de cuero y vestía un pantalón marrón oscuro y un chaleco hecho de punto.

-Hola señor Piandao – respondió la chica al llamado – Señor Piandao, ella Asami, una amiga. Asami, el señor Piandao.

A pesar de algunas vulgaridades, la joven de ojos cerúleos demostró una preocupación más que recelosa en guardar las formas ante aquel hombre.

-Que bueno que te he encontrado en el portal – comentaba el hombre a la vez que abría el portón y accedía al interior del edificio – no he podido encontrarte y debes firmar la renovación del alquiler.

La heredera por fin entendió quien era aquel hombre y porque su acompañante intentaba ser lo más educada posible. Aquel caballero era su casero, o más bien futuro ex-casero.

-Vera señor Piandao, quería decirle que no voy a seguir viviendo en el apartamento – expuso Korra mientras se frotaba el cuello con cierto ademán de preocupación – He venido a por algunas cosas y en esta semana dejaré libre la habitación que ocupaba.

-Oh – el hombre dejó escapar un tono de decepción en su voz – Lamento escuchar eso. Siempre fuiste muy responsable con los pagos. Pensaba que con vuestra amiga os apañabais , aunque si es por el dinero creo que podría haceros una pequeña rebaja por la antigüedad.

-No, gracias pero no – la melena corta se zarandeaba mientras su dueña negaba con la cabeza en amplios y nerviosos giros – Solamente me voy yo. Mako y Ginger...No sé que harán. Creo que debería hablar con ellos luego.

-Bueno – la intuición del hombre le hizo entender que no valía la pena indagar en los motivos. Eran demasiado obvios – Pues eso haré. No te preocupes por tus cosas, tómate tu tiempo para empacarlas.

-Si, eso haré – le agradeció con una sonrisa forzada.

-Aunque pensándolo mejor – el hombre no pudo evitar entender que ella estaba pasando por una ruptura – Creo que ahora estarás algo ocupada buscando donde dormir. Le diré a Mako que baje las cajas y las guardaré en el cuarto de mantenimiento.

-Gracias señor Piandao – esta vez la sonrisa fue sincera de alivio, como si le hubiera quitado una losa de su espalda magullada.

-Tranquila. Yo también sé lo que es una ruptura – aquellas palabras afables fueron acompañadas por una mirada llena de comprensión. Sin duda, el casero había comprendido la situación en la que se encontraba la joven y el motivo por el cual había decidido irse del piso y sin su novio, recientemente convertido en ex-novio.

La joven de piel morena solo pudo devolver el gesto y despedirse con un vaivén de la mano, a la vez que comenzaba a andar pesadamente las escaleras. La madera vieja y desgastada de los escalones las llevó hasta la tercera planta, puerta izquierda, donde Korra había pasado más de dos años de su vida. Al abrir la puerta, Asami pudo ver un amplio salón de paredes blancas y suelos de nogal, con un viejo sofá azul dividiendo el espacio. En las paredes, posters de pro-bending, de varios grupos que la heredera desconocía, y dos largos estantes donde descansaban varios libros y media docena de fotografías de paisajes. Mientras Korra inspeccionaba el apartamento para cerciorarse de que estaban solas, la joven empresaria había posado su atención en una instantánea donde se podía ver varias hojas cayendo de un roble, suspendidas en el aire y atrapadas en ese momento por la cámara.

-Bonitas fotografías – expresó curiosa la heredera - ¿Quién las ha hecho?.

-Yo – respondió Korra mientras encendía la luz de un cuarto y abría de par en par un armario – Es una afición. Tuve una etapa muy artística pero no ganaba dinero y no te puedes comer los pasteles que fotografías.

-Pues tienes talento. Se necesita buen ojo para esto – comentaba Asami mientras se adentraba en la habitación.

-Perdón. Se me había olvidado que los ricos entendéis de arte – contestó con un tono pomposo, haciendo evidente la parodia.

El cuarto donde estaban era un dormitorio; el dormitorio. Una gran cama deshecha gobernaba unos aposentos austeros, de paredes verdes y cortinas a juego.

-Ayúdame – pidió la joven de mirada celeste mientras abría de par en par el armario de madera oscura del dormitorio; solo para quedarse quieta, helada, ante lo que se topaba en su interior.

-Hay cosas suyas – su voz sonaba cómo el gemido de un animal herido – Ya ha puesto algunas cosa suyas en el armario.

La heredera ni siquiera necesitó preguntar quién o qué había provocado ese alarido que había huido entre los dientes de la otra joven. La famosa Ginger había ocupado un leve espacio en el armario, y aunque solo eran unas prendas, dejaba bien claro el mensaje de que Korra ya no era considerada en los asuntos del apartamento, y mucho menos en lo referente a Mako.

Sin decir nada más, queriendo salir de allí cuanto antes, la joven de piel morena agarró unas maletas de debajo de la cama y las abrió, solo para hundir después sus brazos en lo más profundo del armario y empezar a rebuscar entre las prendas. Cuando encontró algunas prendas de su propiedad, las colocó en las maletas.

-Fresón ve ordenando un poco la ropa, yo voy a buscar algunas a otra habitación.

-¿Estas bien?.

-Solo...solo quiero irme de aquí, fresón.

Aquella había sido la pregunta más estúpida que Asami pudo haber dicho. Unicamente bastaba con mirar a esos ojos azules, ahora oscurecidos como si fueran simas oceánicas, para darse cuenta de que le dolía permanecer en aquel lugar. La joven de melena corta volvió con algunos objetos: libros, un álbum de fotografías, las instantáneas un peluche, una cámara fotográfica , un teléfono.

-Así que tenías teléfono después de todo, pies ligeros.

-No te voy a dar mi numero. Además, no te pega llamarme pies ligeros – le regaló una sonrisa.

La broma había distendido un poco la tensión latente en el ambiente, pero el ruido de una cerradura abriéndose provocó que los ojos de Korra se abriesen como platos y que las piernas de la heredera temblasen ante el temor de observar un homicidio de primera mano. Cuando ambas salieron del dormitorio, encontraron a un hombre alto, delgado, de oscuro cabello encrespado y ojos ambarinos. Vestía una camiseta negra y unos vaqueros rotos, siendo una bufanda escarlata lo único que destacaba de una indumentaria bastante desaliñada. El joven mostraba un faz descolocada y sus ojos se movían nerviosos por cada una de las facciones del rostro de la joven de piel morena.

-Korra, ¿donde has estado?. Me tenías muy preocupado.

-Tanto como para que Ginger duerma contigo, ¿no? - sin duda, aquel chico era Mako. Las dudas que Asami pudiese haber tenido se desvanecieron cuando esos ojos azules se tornaron fríos como dos pedazos de hielo inexplorado.

-Eso no es cierto – intentó defenderse el chico con bufanda, aunque sin éxito.

-Una mujer solo deja ropa en un armario si va a dormir más veces en ese dormitorio – como si fuera aquel famoso detective que fumaba en pipa, Korra desmoronaba la excusa barata del joven usando solo las evidencias encontradas.

-Bueno – dijo ni molestándose en seguir con su mentira – Ha dormido conmigo, pero eso no significa nada. Yo estaba confundido, te habías ido, no te llevaste nada, nadie sabía nada de ti. Desapareciste. Mira, sé que te he fallado pero quiero arreglarlo.

-¿Quieres solventarlo? - el tono de la morena era una incrédula burla a lo que acababa de escuchar - ¿Cómo?, ¿hay alguna tabla que permita convalidar infidelidades reiteradas por soluciones desesperadas?. Mako, no solo me has sido infiel sino que en estas semanas ha dormido contigo.

-Pero ya te he explicado que...

-¡Ha dormido en mi cama!, ¡en nuestra cama! – las manos de la joven de melena corta hacían aspavientos exagerados a cada silaba – Ya se puede notar lo mal que lo has pasado mientras yo estaba durmiendo entre cartones.

Aquello transportó a la empresaria a la primera noche en donde pudo ver esos ojos azules. La noche donde una descalza Korra planeaba arrojarse desde lo alto de un puente porque aquel chico, le contando que habían dormido en su cama, casi buscando un poco de desahogo entre tanta tristeza y rabia, mezcladas con alcohol.

-Cariño, por favor.

-Nada de cariño.

-¿Si? – los ojos de Mako se posaron en ese momento en Asami, quien se había ocultado tras Korra, intentando pesar desapercibida – ¿La has conocido en los cartones?.

-Perdóname, ¿tienes algún problema con mi amiga? – los labios de la joven de piel morena se agudizaron hasta formar una fina linea en su rostro. Con un paso al frente, la joven de piel morena se interpuso entre el joven y la empresaria – ¿O te la piensas tirar también?.

La heredera había estado a la espalda de su acompañante, convertida casi en mobiliario de salón, a la espera de dejar de ser la espectadora de excepción de la riña que acaecía. Riña que no tenía ni telón ni escenario, que era tan desgarradora como real. Allí, ante ella, la señalaba con especial inquina el joven de la bufanda. Puede que el comentario airado de su ex-novia o el hecho de encontrarse a una extraña en su cuarto le incomodase, pero la joven Sato podía sentir como esos ojos ambarinos la escudriñaban hasta el alma.

-Buenas tardes. Me llamo Asami – vacilaba, casi como una alumna que se presenta ante su nueva clase – Un placer.

El cuello de Korra se giro rápidamente hacia su compañera. Su rostro evidenciaba lo molesta que estaba ante la educación que mostraba la chica de labios rojizos hacia Mako, casi maldiciéndola.

"¿Tu de qué lado estas fresón?. Tendrías que estar del mio, del mio. ¡Somo chicas, debemos apoyarnos!. Seguro que Kuv le hubiera pateado el culo a este imbécil".

Evidentemente molesta, la joven de mirada celeste giró sobre sus talones y se dirigió hacia el dormitorio, casi llevándose por delante de un empujón a la chica que había intentado ocultarse de todo tras sus espaldas, que terminó caminando hacia atras hasta toparse con la pared . El joven de pelo desgreñado se aproximó al dintel del dormitorio, solo para ver como una chica con llamas en los ojos cerraba con fuerza un par de maletas repletas de ropa y otros enseres.

-Korra. Hablemos. podemos solucionarlo – rogó.

-No hay nada que solucionar, Mako. He estado contigo por más de tres malditos años y no te ha importado – su voz se volvió igual de tenue que las llamas de una vela cerca de apagarse, dejando ver como intentaba contener su tristeza y su rabia.

-Hemos estado bien y volveremos a estarlo, nena – el chico se envalentonó a cruzar el quicio de la puerta y entrar en el dormitorio para intentar aproximarse a la joven que miraba a esa cama donde habían compartida mil momentos, sueños, orgasmos – Olvidemos todo. No importa lo que hemos hecho. Solo el futuro.

-¿Lo qué hemos hecho? – de nuevo un tono severo volvió a la voz de Korra mientras pedía explicaciones.

-Vamos, te conozco y seguramente yo haría lo mismo.

"¿Qué haría lo mismo?, ¿A qué se refiere?", pensó la joven Sato detrás de la pared, aun en el salón, a la espera de que nadie volviese a notar su presencia, confundiéndola con un ficus.

-Espera – la mente de la chica de piel oscura empezó a vagar rápidamente ante la estúpida idea que había dejado caer el chico con el que había compartido su vida los últimos años. Sus ojos mostraban que él de verdad pensaba que había sucedido algo – ¿Piensas que me he acostado con ella?.

"No estoy aquí, no estoy aquí, no estoy aquí" , gritaba en su mente la heredera como un mantra, a la espera de que surtiera efecto y no la inmiscuyesen aun más. Su faz se tintó enrojecida de vergüenza ante la idea que había tenido el joven. Era cierto que Korra era atractiva, pero ahora mismo lo único que podía pensar era que no quería estar allí y que sus piernas le empezaban a fallar victima de la tensión de ese momento.

Por otra parte, la joven de piel morena no podía dar crédito a lo que había escuchado. Su ex-novio dejaba ver claramente que no confiaba en su fidelidad, aunque jamás pensó en engañarle en tres años pese a que tuvo muchas y muy deliciosas oportunidades. Había rechazado secretamente más de una invitación apasionada a la espera de demostrar así mismo su amor por tu pareja, algo que él no hizo que se lo pensase dos veces a la hora de acostarse con otra.

-Si – bramó molesta la joven de ojos cerúleos – Me he acostado con ella y además, ¿sabes una cosa?, lo he disfrutado tanto que me ha hecho pensar porqué demonios dejé de estar con chicas para fijarme en alguien como tu.

En ese mismo momento, el rubor de que se adueñó del la heredera fue tal, que si hubiera estado en una carretera, los automóviles se detendrían al confundirla con la luz roja de un semáforo. Su otra duda era cuanta sangre podía circular por su rostro hasta que sus otras extremidades empezasen a notar la falta de riego sanguíneo. Para empeorar la situación, el joven de cabello encrespado volvió a salir del dormitorio, perforando el pecho de la joven de labios rojizos con la vista. Detrás de él, Korra arrastraba las dos maletas, apartando las manos auxiliadoras del joven que deseaba ayudarla a cargarlas.

-Déjame en paz.

-Si tu lo dices – la voz dulce del joven dejaba entrever un tono hosco al final – Pero piensa que ahora tu me has hecho daño.

-Pues gracias a ella me planteo abandonar a los hombres para siempre – una sonrisa afilada se dibujo en su rostro, denotando lo mucho que disfrutaba con la incomodidad del que fuera su novio – La verdad, un par de caricias suyas me han hecho gozar más que ese pedazo de carne tuyo.

El desdén con el que señaló la entrepierna de Mako fue incluso hilarante, provocando que a la heredera se le escapase una leve risita ante tal descaro.

-¿De qué te ríes? – le preguntó Mako a la vez que alzaba una ceja.

-Perdón – se disculpó ella.

-No te disculpes, fresón – la defendió la joven de melena corta frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos – No debes de molestarte por lo que te diga este tipo.

El fuego refulgió de los ojos de aquel joven, como si de una fragua se tratase, convirtiendo el amarillo de sus iris en el fulgor de las llamas de una herrería.

-Estuve con Ginger, lo admito – bramó él – Pero fue porque no podía aguantarlo. Un día solo piensas en el futuro y al otro día te acuerdas de tu mierda de pasado y me arrastras en tu fango. En vez de rió de la vida, tu tienes un maldito lodazal. ¿Sabes lo difícil que es ayudarte a remar en ese pantano?, pues yo si y no puedo más. He aguantado eso tres años, queriendo que ignores el pasado y vivas en el presente pero no puedes, tu nunca puedes.

Los brazos del joven se alzaban al cielo, rogando por un mensaje divino que no llegaba, al tiempo que volvía de nuevo su atención hacia su ex-novia.

-Cuando no vives en el pasado, lo haces en un maldito futuro planeando donde estaremos en diez años. Solo quería el presente, pero tu nunca me lo has dado. Para ti el hoy no existe.

Después de enunciar tal retahíla de reproches guardados tiempo atrás, el hombre se detuvo a recuperar el aliento, a la espera de una bofetada, un insulto o una replica; pero solo obtuvo silencio. Su ahora ex-novia agachaba la cabeza, fijando la mirada en sus propias botas, sin emitir sonido alguno. Durante más de un minuto no se escuchó nada más que el sonido proveniente del exterior y el goteo de un grifo que perdía agua. La heredera hubiera deseado salir corriendo ante la visión del inminente estallido de ira, que cual volcán cubriría a todos de ceniza, pero no fue así. En vez de eso, la voz de Korra sonó lenta, pausada y con una penumbra que envolvía cada silaba.

-¿Eso piensas?. Muy bien – resopló ella – Es cierto, no tengo presente, pero era porque quería esforzarme por ti. Vivía tu sueño de hacerte profesional y quería demostrártelo. Por ti aguante durante dos años a un jefe asqueroso que me devoraba con los ojos, porque el salario era bueno y teníamos que pagar factura. Por ti me he hecho cargo del alquiler yo sola, para que pudieses entrenar. Por ti he doblado turnos dos veces por semana, para poder estar contigo los fines de semana e ir a verte jugar. Por ti, por ese sueño donde los ojeadores te verían en el campeonato amateur y se cumplirían nuestros sueños. Por ti, lo único que he podido hacer estos tres años es tocar con las chicas, porque solo te acordabas de lo que costaban las cosas cuando eran para mi.

Esos dos mares que la joven tenía en el rostro, comenzaron a desbordarse, suicidando las ilusiones rotas de esos años en cada lagrima. Asami hubiera querido acercarse a ella y abrazarla, pero sabía que ello podría generar aun más problemas.

-¿Sabes como me ha dolido que me dieran dinero por mi cumpleaños en vez de un regalo?, aceptaron porque saben que no llegábamos a fin de mes, pero no pude mirarlas a la cara en dos semanas – enunciaba mientras pasaba una mano por su corta melena, como queriendo calmar sus ideas a la vez que se arreglaba el peinado – Es triste pensar cuantos tickets de "vale por" me has dado en los momentos especiales. Llevas casi dos años sin regalarme nada decente.

Un fuerte resoplido salió de su ser mientras sus ojos se ponían blancos y se aferraba más a las maletas que aun portaba y no había soltado, como si fueran los lastres de un preso.

-¿El ultimo regalo?, ¡Ah si!. Una camiseta de los Wolfbats, pues te diré una cosa ¡cásate con el maldito Tahno!. ¡Ya!, es culpa mía, por creer en un aprovechado como tu. Vivías del esfuerzo de tu hermano, convenciéndolo de que sería tu representante, y de mi, convencida de que me querías.

-Mira, Korra...

-Estoy harta de excusas, Mako. Me voy del apartamento, ahora tu y tu querida Ginger tendréis que apañaros sin una tonta que os mantenga. Dudo que la "señorita modelo" vaya a pagarte hasta los calcetines-

No hizo falta nada más. Ella rozaba su hombro contra él para exigir paso, él alzaba la bandera blanca sabiéndose derrotado. Mako había intentado capitanear un navío hecho de clichés románticos en la búsqueda de Korra, pero había terminado zozobrando en un mar formado por las lagrimas de la sirena. ¿Qué más podía hacer?, ni disculpas, ni reprimendas, ni excusas; nada tenía valor alguno. La joven Sato tuvo que luchar con sus propias y petrificadas piernas para volver a recordar como se caminaba y así salir de ese apartamento junto con su acompañante. El ambiente era tenso pero pasar ante el joven fue una prueba de sangre fría. Aunque rendido ante quien bajaba las escaleras, el joven de cabello encrespado aun tuvo orgullo e ira suficientes para clavar dos dardos envenenados en forma de mirada a la empresaria. Esta ultima tuvo en claro que él si se había creído que se habían acostado y que la tomaba como culpable y participe de tal ruptura. Ni siquiera se despidieron el uno de la otra, simplemente ella bajo para encontrarse con la joven de tez morena y él cerró de un portazo.

Cuando bajo, se topó con una chica con los ojos cerrados, respirando hondo e intentando calmar su atribulado corazón.

-Korra, ¿estas bien?.

-Si, fresón. Solamente ha sido un mal trago. Supongo que ha sido mucha acción para un solo día – dijo mientras esbozaba una sonrisa.

-Sí, al menos para mi – la empresaria se pasaba la mano por la nuca, intentando llenarse de valor – ¿Sabes donde vas a dormir?.

-Hay una pensión encima de un bar al que suelo ir con mis amigas. Es barato.

-¿Puedo acompañarte? – su voz casi sonaba a ruego – Es que no me gustaría que nos despidiéramos aquí, después de lo que ha sucedido.

Durante unos segundos, la joven Sato contuvo el aliento a la espera de la respuesta.

-Tiene sentido – y al escuchar eso, la heredera tuvo que esforzarse en ocultar una enorme y tonta sonrisa – Además, como has sobrevivido al día de hoy, te invito a un trago muy especial.

-Miedo me da ese trago.

-Y haces bien en temerlo.

Korra comenzó a caminar despreocupadamente, a la vez que la empresaria hizo ademán de agarrar una de las maletas que portaba la otra muchacha. La joven melena corta le cedió una de las maletas, sabiendo que sería más rápido, más cómodo y menos agotador, recibir un poco de ayuda. Cómo pago a tal acto, la joven de tez morena le regalo una sonrisa agradecida enmarcada en dos pómulos humedecidos por los surcos que tomaron las lagrimas. La heredera recibió con cierta alegría y mucha felicidad el recordatorio de que su compañera de paseo tenía todavía sonrisa. El caminar de aquella joven que había sido vilipendiada se torno en pequeños saltitos que, queriendo expulsar las malas sensaciones que le quedaban, a la empresaria le recordaban a los primeros compases de la Primavera de Vivaldi.

Ambas avanzaron por la calle, hasta torcer por una esquina y toparse con el letrero de neón de un bar de aspecto bastante pintoresco. "El Pantano Místico", rezaba el nombre escrito en luces tintineantes, que invitaba a entrar a los clientes con una enorme puerta acristalada y ventanas cubiertas por enredaderas que viajaban por toda la fachada del edificio. Al cruzar al interior, se podían ver unas paredes recubiertas de madera, así como el suelo y unos enormes travesaños que cruzaban por el techo y portaban macetas llenas de geranios, azaleas, o petunias, todas ellas cuidadas con esmero. Una barra de bar hecha de cristal, permitía que los que se sentasen pudiesen contemplar las plantas que crecían en ella. Todo el local parecía un vergel escondido del gris frío de la ciudad.

-Buenas tardes. Querría una habitación – pidió Korra al mesero que descansaba en la barra relajadamente.

-Claro señorita. A doce yuanes la noche – respondió el hombre de espesa barba castaña y enorme sonrisa. A la joven Sato le recordaba a una especie de Perro-oso de peluche – La habitación dos-cero-dos.

Después de abonar por adelantado el coste de la estadía, el mesero les indicó que para acceder a las habitaciones cruzar la escalera de madera que se adentraba hasta el segundo piso. Esta, tallada en una sola pieza y pintada de verde con margaritas dibujadas, le hacia pensar a la empresaria que se había llevado un golpe y estaba alucinando con un lugar sacado de un cuento imaginado por una niña pequeña. De esos cuentos que va narrando una tierna niñita mientras dibuja las escenas con ceras de colores y narra la historia a su peluche

Al llegar a la segunda planta, Korra abrió la puerta, para dejar ver una enorme cama con fundas verdes y enormes cojines con engarces dorados. Resultaba curioso pensar como habían podido introducir una cama tan grande en un cuarto tan diminuto, dado que el espacio que dejaba para maniobrar por el dormitorio era verdaderamente pequeño. Al menos se veía cómoda.

Sin preocuparse lo más mínimo por sus pertenencias, la joven dejó caer las maletas al suelo y giro sobre sus talones, rumbo al bar, mientras jugueteaba con las llaves de la habitación provocando una leve percusión de metal contra metal. Ambas jóvenes empezaron a bajar las escaleras, cuando la empresaria se detuvo en seco.

-Perdona, Korra – llamó la joven de labios rojizos – tengo ganas de ir al servicio. ¿Te importa que vaya en tu habitación?. Tu puedes ir sentándote, no quisiera que quedarme sin sitio. Me debes un trago.

-Claro, fresón – respondió mientras le daba la llave del cuarto – ¿Quieres algún sitio en particular?.

-No, cualquiera me va bien – y mientras comenzaba a ascender de nuevo a la dos-cero-dos.

Una vez ante la puerta, la joven Sato abrió lentamente la puerta, esperando que por alguna extraña razón Korra la estuviese siguiendo. Al cerciorarse de que no era así, rápidamente entró y cerró por dentro. Mientras intentaba aplacar el tamborileo de su corazón, la chica agarró una maleta y a duras penas logró alzarla hasta la cama para así poder abrirla. Una vez abierta, la tímida chica rebuscó hasta topar con el neceser de Korra.

"Cepillo de dientes, un peine, cremas... Quién diría que el gusta cuidar su tostadita piel", pensó Asami. Con preocupación en su rostro, la heredera se apresuró a rebuscar en todos los bolsillos del estuche, hasta toparse con un pequeño bolsillo lateral. Al abrirlo, pudo ver como dentro había un viejo y descolorido retrato. "¿Quién es esta mujer?", pensó la joven aunque pudo distinguir que se parecía mucho a Korra. Era como si fuera una visión de futuro, con una Korra con el cabello más largo y la cara más rellenita debido a que su voraz apetito le ha terminado pasando factura.

Volviendo a guardar el retrato en su lugar, la empresaria agarró su propia billetera y comenzó a contar el dinero que tenía; trescientos,cuatrocientos, quinientos, seiscientos... Seiscientos yuanes era todo lo que llevaba encima. Era raro para ella llevar dinero pero por suerte llevaba efectivo previendo cualquier incidente. Extrajo quinientos yuanes y una de sus tarjetas de visita, guardando todo ello en el neceser de Korra. Era cierto que la joven de ojos cerúleos se hubiera negado en rotundo a ello, pero Asami quería ayudarla en todo lo posible y, si ella no quería vivir con ella, al menos le facilitaría algo de dinero y su tarjeta, por si necesitaba ayuda. Después de guardar todo en el estuche, la empresaria guardó el neceser en la maleta lo más rápido que pudo y volvió a dejar la maleta donde su dueña la había colocado, segura de que aquel era el crimen perfecto.

Después de calmar los nervios, en verdad tuvo que orinar. Jamás hubiera pensado que los nervios ante algo tan reprochable como abrir una maleta sin permiso, le apretaran tanto la vejiga. Por suerte, el baño estaba impoluto y decorado con motivos florales, del mismo modo que el resto del lugar. Hasta las toallas tenían flores dibujadas. Resultaba hasta hilarante.

Al bajar al bar para reunirse con su acompañante, Asami pudo ver como Korra había elegido una mesa tranquila, al fondo del local. Para su sorpresa, la joven ya había vaciado media jarra de un extraño cóctel de color rojizo. La empresaria desconocía que llevaba ese cóctel, pero dada la cara sonriente de quien la esperaba en la mesa, sin duda llevaba alcohol.

-Mira que has tardado fresón – le reprochó la joven de mirada celeste de forma amigable – Tienes que probar la jarra de fuego de pasión.

Con cierta curiosidad, la joven Sato se sentó al lado de su compañera de mesa, mientras se preguntaba que llevaba el extraño cóctel del sugerente nombre.

"Pasión. Justo lo que necesito", refunfuñó la empresaria para sus adentros al pensar en la picardía con la que su compañera le hablaba con unas copas de más.

-Te va a encantar. Lleva granadina, ron, tequila, aguardiente y por supuesto, mucho licor de fuego – la sonrisa de la joven era divertida y su mirada, curiosa – Por cierto, si que has tardado ¿estas estreñida?.

-¡Korra! - automáticamente todos en el bar observaron curiosos a la joven que había gritado de tal manera.

-Si me confesaste que los que erais como tu hacíais caca- replicó la suicida divertida.

-Pues no hice nada de eso – musitó entre dientes la joven heredera – Por favor, no hables tan alto.

-Todos estos años viví la mentira de que vosotros no hacíais cosas tan pobres – expresó la joven de piel morena con fingida congoja en su voz.

-Muy graciosa. ¿Cuantas de has bebido? - señalando la jarra casi terminada y el vaso vacío de su acompañante.

-Solo una- repuso defendiéndose – pero el primer vaso fue de golpe, lo admito, así que para hacer tiempo y como empezó a sonar Portadores de Espadas, pedí una pinta de cerveza.

-¿Es otro grupo de rock?

-Folk – respondió a la vez que se agitaba en su asiento para buscar la postura más cómoda posible – tienen una canción llamada 'Una poción Mágica', en honor a la cerveza. ¿No es genial?.

-Si – obtuvo como respuesta, aunque la empresaria estaba pensando, "pero qué tontería más grande hacer una canción a la cerveza. ¿Lo siguiente?,¿ una balada de amor a los fideos con carne?." - Y solo he tardado diez minutos. Eres una exagerada, Korra.

La joven de melena corta puso los ojos en blanco y después se paso la mano por el cuello, intento aliviar ella misma sus propias tensiones.

-Vale, solo era una broma. Perdona.

-Disculpas aceptadas, aunque no creo que debieras beber tan rápido – replicó la heredera – No me extraña que termines siempre en semejante estado.

Recordar como la había encontrado hacia dos noches le provocaba cierta congoja que podía sentir claramente en el pecho y, a juzgar por la expresión que tenía la joven de melena corta, la reprimenda sentó peor de lo esperado.

-Es que suelo beber la primera copa como un rayo y después de hablar con Mako, necesitaba atontarme rápido – su mirada triste como un mar sin vida competía, con la sonrisa bobalicona que se había instalado en sus labios luchando por no ahogarse – En un principio no quería pasar el día contigo, pero te lo agradezco. De verdad, me has servido de apoyo moral. Al menos, no era la única mujer pasándolo mal.

Sin decir nada más, Korra lleno ambos vasos y brindaron por los nuevos comienzos, justo antes de que un camarero les entregase otra jarra llena del famoso y sugerente cóctel.

-¡Esta delicioso! – exclamó la empresaria sorprendida – Me pregunto si a Kuvira le gustaría.

-Kuv tiene experiencia con borrachos, pero no sé si tiene experiencia como borracha – carcajearon ambas ante la ocurrencia de la joven de ojos cerúleos.

-Por Kuvira – alzó la copa la heredera, queriendo llevar ese momento a cumbres más cálidas – Que haya disfrutado de su día libre tanto como yo.

-Por Kuv Kuv – enunció la otra joven intentando sonar como un perro, en mofa por el diminutivo de la escolta.

La heredera intentó beber con todas sus ganas, en un intento de impresionar a la joven que ante ella se había terminado la copa del brindis de un trago. El esfuerzo terminó siendo imposible para ella quien acabó buscando aire desesperadamente.

-No esta mal, fresón, seguro que es la primera vez que lo intentas.

-Pues tienes razón – contestó con una sonrisa.

La joven de mirada celeste comenzó a tararear la canción que sonaba de fondo, en una pequeña gramola cerca de la barra. Podía escucharse unos animados acordes de guitarra, junto con una voz desgarrada entre gritos.

-¿Quienes son? – preguntó la empresaria, a la vez que terminaba su copa y ella misma rellenaba ambos vasos.

-¿Cómo?, ¿Tampoco los conoces? – la respondía con otra pregunta – Son Canto Rodado, un grupo clásico. ¿Te suena al menos la canción?.

-No.

-En serio, soluciona eso. Equinos Salvajes es un tema clásico del rock – ante tal ignorancia musical, la joven prefirió preocuparse en su bebida.

-Yo soy más de clásica, música clásica – replicó con una sonrisa a la vez que apuntaba con un dedo a la gramola, creyéndose un agente secreto con licencia para matar.

-Mal chiste, fresón, mal chiste.

Asami empezó a notar que la falta de algo solido en su estomago empezaba a pasarle factura. Estaba empezando a notar un cosquilleo etílico por todo su cuerpo.

-Dime Korra, ¿qué decía Mako de tu pasado? - preguntó curiosa a la vez que dejaba que el licor se adueñase de su cuerpo.

-Pues que mi vida no siempre fue buena. No es que ahora sea genial, pero he estado en momentos jodidamente malos, fresón – argumentó mientras terminaba una nueva copa y así rellenar a la vez ambos vasos – Pero no quiero hablar de ello.

Resultaba algo frustrante que la joven misteriosa de mirada cristalina jamás quisiera contar más de su pasado pero dejaba ver que eso era algo que le costaba poder hacer. Asami no esperaba convertirse en sustituta de Toph y Suki, pero al menos le hubiera gustado saber un poco más.

-Has sido muy valiente. Yo estaba congelada en una esquina – la felicitó la empresaria.

-Gracias, fresón – resopló con fuerza ella – Me costó muchísimo, pero estabas tu y no quería golpearle delante de ti. Si hubieran estado Suki o Toph, en vez de ti, me hubieran arengado a que le patease la entrepierna.

-A mi no se me ocurrió.

-A mi tampoco.

Elevando sus copas al cielo, esta vez fue la heredera quien elevó el tono.

-Por haber conocido a Suki y Toph.

-Yo brindo por conocerlas. Son las mejores – declararon en aquella mesa con la más tierna de las sonrisas. Después de dos sendos tragos, Korra volvió a alzar la copa sin posarla en la mesa – Y por las valientes fresas.

-Eso, por mi – y con una tonta sonrisa, la empresaria volvió a beber, esta vez en su honor.

Después de un rato bebiendo y brindando por Toph, Suki, por ellas mismas, por el cóctel...La joven Sato empezaba a sentirse verdaderamente embriagada. Sus ojos divertidos no podían evitar mirar a Korra sin decir nada y pensar lo imbécil que había sido Mako.

-Tu ex es tonto. Tu vales mucho, y seguro que Ginger no es tan guapa como tu.

-Asami, que Ginger ha posado como modelo.

-Eso no quita que Mako sea idiota – rieron ambas.

-Fresón, borracha estas hasta divertida.

-Es que es para partirse. Como cuando dijiste que nos habíamos acostado – un escalofrió recorrió la espalda de la empresaria al recordar esos ojos ambarinos perforándole el pecho – Fue gracioso, pero me hubiera matado con la mirada de haber podido.

-No le hubiera dejado – la calmó Korra a la vez que doblaba el brazo presumiendo de unos fuertes y marcados músculos.

-No lo dudo, pero la próxima vez no me metas en esas cosas, que casi me muero de la vergüenza – le reprochó la heredera.

-¿Te daría vergüenza que ocurriese? - la otra mujer alzó una ceja curiosa.

Durante unos instantes, Asami pensó en que debía decir. Ceder a sus más bajos instintos o guardar la compostura, aunque luego recordó que aquella podría ser la ultima vez que se vieran.

-No, para nada – respondió.

En ese momento, Korra había rodeado el asiento de la joven Sato con un brazo y había movido ligeramente su silla para que ambos cuerpos se notasen más próximos. Una de las manos de la joven de melena corta descansaba en el respaldo de la silla de Asami, y había comenzado a pasar su pulgar por la espalda de la empresaria, deseando notar alguna reacción. La encontró en el pequeño chillido de sorpresa que la joven de labios rojizos dejó escapar, unido después a unos ojos entrecerrados que disfrutaban del contacto físico.

Las esmeraldas se toparon inmersas en los profundos mares azules del rostro de la joven morena. Aquellos ojos brillantes como zafiros se habían oscurecido por el deseo, regalando una mirada seductora que viajaba del verde pasto de los ojos de la joven Sato, a sus encarnados y jugosos labios.

-¿Quieres que pase? – preguntó por fin Korra, mientras aproximaba su faz a la de su acompañante, quien no respondía.

-¿El qué? – Asami estaba petrificada. Una parte de ella quería detenerse, salir corriendo o rechazar aquella piel tostada que seguramente supiese a chocolate. Otra parte, catar esa piel como si fuera un postre, entre besos y caricias prohibidas, recordando una vez más lo que había sentido en el internado. Aquella bella joven se acercaba más y más, podía notar su aliento, el cosquilleo de su respiración contra la piel, su hambre por sentirse deseada.

-Esto – respondió Korra regalando un tierno y dulce beso en los labios de su acompañante.

Un trueno impactó contra el sistema nervioso de la joven Sato. Aquel ligero beso había provocado mil y un contracciones en su cuerpo y sabía que quería más, que necesitaba más, que deseaba más.

Los sabrosos labios de Asami, si sabían a fresa después de todo y ahora esos jugosos labios se encontraban aproximándose a Korra, buscando el chocolate escondido tras la piel de la joven. Korra jamás hubiera imaginado que Asami correspondería su beso con tanta ahínco, pero eso solo la hizo sonreír ante el placer de sentirse terriblemente deseada. Más aun, deseada por una mujer con la piel tan suave que semejase estar hecha porcelana y recubierta de seda.

La joven Sato pudo sentir como su acompañante se pegaba más a ella, reclamando eliminar cualquier espacio entre ellas. Los labios chocolateados de la joven de piel morena, eran dulces, cálidos, adictivos. Un oasis en un desierto lleno de desesperación. Un oasis cristalino y hermoso como lo eran sus ojos.

Ninguna quería ceder, ninguna quería apartarse, solamente querían besarse, amarse, devorarse, al amparo de una luna borracha. Esos besos fueron el principio del fin.

Continuará...

Una review anima a cualquier autor a seguir adelante.

Reflexiones:

SOBRE EL FIC

Como bien explique más arriba, ¡Esto aun no termina!. Creí haberme expresado bien, pero después de una review traumada por el pronto final y un Mp preguntado lo mismo, solo quiero aclarar a cualquier otro de nuevo que este FanFic va a seguir y aun le queda mucho. Entre 25 y 35 capítulos voy a necesitar para terminarlo, dependiendo de si extiendo subtramas o no. Así que, relajaos, aunque queda para rato.

LA TARDANZA

He tardado un poco más porque ha sido el día del padre y he aprovechado para estar con la familia. Esto se debe a que no vivo en la misma ciudad y para ver a mis familiares tengo que tomar un tren o conducir por unas horas.

OTROS TEMAS

Por otra parte, me ha encantado que me apoyéis en la idea del grupo musical, así como descubrir que hay varios rockeros entre los lectores. Además, adoro que a todos os haya gustado que Korra tocase el bajo. Lo cierto es que el bajo es que no veía a Korra con una guitarra eléctrica, le gusta que le hagan caso pero no ser la protagonista, el bajo pega más con ella. De Toph, nada que decir, la batería era su instrumento.

También me ha encantado el hecho de que no tardasen en descubrir los grupos de los que hablaba. Esta vez uno es muy sencillo y otro no, y es para arengar a la gente a encontrar el tema. Es aconsejar canciones y grupos, pero de forma indirecta y divertida.

Contestando una duda del capítulo 8: Cuando Asami dice: 'La señora Sato, supongo', no habla ni hace referencia a su madre en ningún momento. Es un guiño a la supuesta cita de Henry Stanley al encontrar al explorador David Livingstone. La famosa cita es "el señor Livingstone , supongo"; yo realice una variación para que fuese un curioso guiño histórico.

Quiero añadir dos cosas más: el próximo capítulo tendrá un final inesperado, y el 12 o el 13 será...¡Un especial protagonizado por Kuvira!. Después de varios capítulos sin aparecer he decidido darle un capítulo como protagonista y narradora. Luego volveré a la visión de Asami narradora onmisciente y , en ocasiones, Korra. Sin embargo, creo que debo empezar a darle a Kuvira más protagonismo de forma que participación en futuros eventos no se note forzada.

En The Legend of KorrAsami se ha abierto un tema para hablar de tus parejas chica/chica preferidas fuera del KorrAsami. Puede que hablando de ella encuentres a algún escritor interesado en hacer algo con esa pareja que tanto te gusta pero que casi no se explota. ¡Anímate!.