En la oficina de Roy Mustang, los últimos minutos habían sido realmente terribles, parecieron años los que pasó enfrentándose a esa… esa… podríamos decir que era como estar luchando contra un fantasma, pero era aun peor considerando que era muy real, sin mencionar que le dolía tener que atacarlo cuando lograba esquivar los cuchillos que éste le lanzaba. Pensándolo mejor, ni siquiera sabía de dónde los estaba sacando, la pared y el gran estante de libros detrás de él estaban llenos de esas afiladas armas y él continuaba lanzándolas, lo único que podía hacer para protegerse a él y a todos los que estuvieran en el edificio era disparar, pero cuando su arma y la de repuesto que guardaba en su escritorio quedaron sin balas, debió utilizar el fuego que lograba crear gracias a su guante, pero tras haber pensado en esa idea, fue que dejó de pelear de pronto.

Maes (sonriendo): ¿Qué te pasa? ¿Te vas a rendir tan pronto?

Roy (serio): -lo mira- ¿Por qué estás haciendo esto? No actúas como el Hughes que conocí, es más, yo mismo presencié tu funeral, aún no entiendo cómo es posible que estés vivo

Maes: Veo que sigues sin entenderlo, quizá deba comenzar a ponerme aún más rudo contigo

Maes entonces alzó su mano vacía, de la cual surgió un cuchillo más, pero esta vez de mayor tamaño que todos los otros, el cual lanzó en dirección al Führer para así acabar con él de una buena vez, por suerte él fue más rápido y pudo crear una flama lo bastante caliente como para derretir la hoja metálica, haciendo que cayera al suelo un mango inútil y humeante. Roy quedó casi sin aire después de hacer algo como eso. Mirando a quien fuera su amigo, pudo ver que su mano continuaba alzada, pero no parecía que fuera a hacer nada más, solo miró su palma, y ahí fue que se quedó blanco, quizá aún más que cuando lo viera llegar.

Roy (en shock): Esa marca… debí haberlo sabido…

La marca de Uroboros era muy clara y se podía ver que cubría toda la palma de la mano de Maes, casi llegando a su muñeca, y tras pensarlo mejor, ahí pudo darse cuenta de dónde era que esos cuchillos aparecían, era él mismo, que los creaba de la nada haciéndolos surgir desde esa marca maldita. Roy no podía creerlo, pero no tenía tiempo para eso, así que decidió continuar peleando con lo que ahora sabía era un homúnculo, no importándole nada, sólo el evitar que llegara con el resto de sus hombres o quizá con la gente del pueblo, así que se encargaría de distraerlo lo más posible.

Afuera, el carruaje que llevaba a ambos hermanos finalmente se detuvo en la entrada de los cuarteles de la milicia. Todo parecía muy, muy tranquilo, y eso realmente los asustaba, pero no tenían tiempo de acobardarse, debían entrar, buscar al homúnculo y sacarlo de allí antes de que causara más daño. No bien le dieron algunos billetes al cochero fueron por las escaleras hacia el interior del enorme edificio. Todos los que por allí pasaban los miraron un poco extrañados, ya que no esperaban ver llegar al alquimista de acero y a su hermano ese día, y menos luciendo tan preocupados y agitados por algo.

La teniente Ross, quien pasaba por allí camino a su oficina los vio a ambos. Con el paso de los años había aprendido a reconocer cuando algo realmente los inquietaba, en especial al mayor de ambos, así que decidió ir y ayudarlos en lo que fuera que estuvieran buscando, pero nunca olvidando su lado profesional.

Teniente Ross: -hace un saludo militar- Alquimista de acero Edward Elric

Alphonse: Teniente, que bueno que la encontramos. Es muy importante que nos ayude con algo

Edward: Pero no podemos hablar aquí, necesitamos hacerlo en privado, no queremos que nadie se alerte ¿de acuerdo?

Teniente Ross: No hay problema. Pasen a mi oficina, allí podremos hablar

Ya en un ambiente más privado, los dos hermanos trataron de explicar la situación en la cual estaban metidos, que por cierto era muy seria, un homúnculo suelto no era una cosa menor y debían tratar el tema con cuidado. No delatarían a Elicia, no después de lo que debió sufrir tras la transmutación, así que Edward finalmente decidió cargar con la culpa, incluso a pesar de que eso podría traerle serias consecuencias.

Teniente Ross: -se sienta en su escritorio- Muy bien, soy toda oídos, díganme qué ocurre, y les pido que sean breves

Edward: -respira hondo- Se trata de un asunto muy serio… se trata, de un homúnculo infiltrado aquí en el cuartel, no sabemos dónde fue a parar, pero lo más seguro es que se encuentre muy cerca, y no sabemos de qué es capaz

Teniente Ross (sorprendido): ¿Un… un homúnculo dices? ¿Pero cómo puede ser? Todos fueron asesinados hace muchos años y no se han reportado más transmutaciones humanas desde entonces ¿Cómo pudo pasar eso?

Alphonse: La verdad teniente es que…

Edward: Fui yo

Teniente Ross: ¿Cómo dices?

Edward: Fui yo, yo lo hice ¿está bien? Sé que estuvo mal y fue muy tonto, debí haber aprendido de lo que ocurrió cuando quise traer de regreso a mi madre, pero no lo hice -desvía la mirada-. Hagan lo que deban hacer conmigo, lo merezco por mi estupidez

La teniente no dijo nada, sólo se quedó mirando al joven por unos momentos antes de levantarse e ir con él. Lo conocía desde que era casi un niño y había pasado por muchas cosas con él junto con el resto de los militares, y era precisamente porque lo conocía que sabía que no estaba siendo completamente sincero con ella.

Teniente Ross: Edward, hay algo que no estás diciendo ¿o me equivoco?

Edward: -la mira- ¿Qué necesita saber? Cometí una enorme estupidez… de nuevo. Fue tonto, aberrante e irresponsable de mi parte y merezco un castigo. Solo vayan por ese homúnculo y luego quítenme el grado de alquimista estatal

Teniente Ross: -sonríe- ¿Cree que no sé nada de alquimia señor Elric?

Edward: ¿De qué habla?

La teniente no dijo nada, simplemente levantó al mayor de los Elric de su silla y sin previo aviso comenzó a quitarle la ropa, primero su chaqueta, luego su camisa y luego sus pantalones. Edward obviamente protestó por todo eso pero ella no se detuvo hasta dejarlo en ropa interior, quedándose con un Edward molesto, sonrojado y un Alphonse en medio de una súplica porque se detuviera. Cuando ella lo tuvo en frente suyo simplemente se cruzó de brazos y retomó su expresión seria. El mayor de los Elric esperaba porque le dijera algo y poder vestirse de nuevo por fin.

Teniente Ross: Si de verdad practicaste una transmutación humana, entonces explícame cómo es que no te falta ninguna parte de tu cuerpo, y no me digas que te falta un órgano interno porque no luces como alguien que ha perdido uno

El pobre alquimista se quedó sin poder decir nada, era obvio que lo habían descubierto, así que simplemente comenzó a vestirse otra vez y volvió a sentarse con la cabeza muy gacha y ya sin saber qué hacer para proteger a Elicia. Echarse la culpa no sirvió, y no pensaba dejar que otra persona lo hiciera por él.

Teniente Ross: -suspira y vuelve a su escritorio- ¿A quién proteges Edward? Las transmutaciones humanas son un serio crimen, y si ese homúnculo está aquí como dices podría incluso matar a alguien

Edward: -la mira de nuevo- Entonces debemos salir a buscarlo, vinimos aquí a pedir ayuda

Teniente Ross: Y eso es lo que tendrán, pero necesito que ambos sean honestos conmigo, cuando lo atrapemos tenemos que hacer lo mismo con el responsable, y me imagino que deben saber quién es para haber mentido de esa forma

Ninguno de los hermanos dijo nada, incluso evitaron mirarla a la cara. La teniente simplemente se puso de pie y le pidió a uno de los oficiales que inspeccionaran todo el edificio en busca de un intruso peligroso, sin especificar que se trataba realmente de un homúnculo, así evitaría causar demasiado revuelo. El oficial fue a pedir refuerzos para comenzar la búsqueda, pero la teniente debía ayudar así que fue con él. Miró por última vez a los hermanos Elric sentados en el mismo lugar y cerró la puerta. Pensó que necesitaban tiempo a solas para pensar un poco.

Alphonse: Hermano ¿Qué crees que ocurra ahora? No podemos dejar que los militares sepan que Elicia creó a ese homúnculo, no sabemos lo que podrían hacerle

Edward: No lo sabrán, yo me encargaré de eso, no dejaré que la arresten o la obliguen a ser parte de los militares como a mí. Ayudaremos con la búsqueda, haremos lo que haga falta, pero no dejaremos que sepan quién creo a ese homúnculo, lo prometo

Mientras los militares hacían todo lo que podían por encontrar a ese intruso, sin saber la sorpresa que más de alguno se terminaría llevando al verlo, la verdadera responsable de su creación continuaba su recuperación en el hospital. La pobre chica no había querido comer nada a pesar de que ya podía, y de hecho necesitaba, hacerlo, sólo daba vueltas en su cama, pensando en lo que había ocasionado después de haber cometido un acto tan pecaminoso por el solo hecho de no poder con su tristeza. Pensaba en su madre y en lo que diría una vez que regresara a casa, seguramente se espantaría y la regañaría como nunca antes, seguramente nunca más volvería a confiar en ella y quizá hasta le prohibiría volver a practicar la alquimia otra vez. Eran muchas las cosas que podrían pasar en ese momento, pero luego pensó en qué estarían haciendo sus maestros, seguramente Edward se sentía tan decepcionado de ella que ya no querría volver a verla o hablarle, aunque ella en todo caso lo entendería, estaba muy arrepentida de sus acciones, y de hecho deseaba poder revertirlas, pero sabía que eso no era posible.

Elicia: -se mete más a fondo en la cama- ¿Qué puedo hacer? Tengo que reparar de algún modo el daño que hice, pero… no, ¿matar al homúnculo que creé? no sería capaz de hacer algo así, sin mencionar que sería algo aún peor que la forma en que papá murió realmente -cierra fuertemente los ojos- ¿Qué haré?

Mientras Elicia estaba inmersa en sus pensamientos y en su propia incertidumbre, un ruido muy fuerte, como el de una explosión, pudo oírse a lo lejos, escuchándose por todo el hospital y resonando en todas las habitaciones, sobre todo en la de ella. A pesar de que debía guardar reposo, la chica saltó de su cama y como pudo fue hacia la ventana. Por ella podía ver buena parte del pueblo y la parte trasera del edificio de los militares, por el cual ahora salía mucho humo y hasta creía poder oír gente gritando. Pudo distinguir a varios hombres y mujeres vestidos en el uniforme azul distintivo de la milicia corriendo con armas cargadas para enfrentar lo que fuera que estuviera pasando. La chica no tenía cómo saberlo, pero algo le decía que lo que pasaba tenía que ver con ella, sobre todo considerando que su padre había trabajado con los militares hasta el día en que murió.

Elicia: No puedo quedarme aquí, debo ir y arreglar ese desastre -se aleja de la ventana-

Pasada la conmoción en el hospital y tras haber calmado a los pacientes los doctores y las enfermeras pasaron por todas las habitaciones para asegurarse de que los más enfermos y heridos no hubieran quedado demasiado asustados, en especial aquellos con enfermedades al corazón. Luego de eso era la hora del día en que debían ir a revisar a los pacientes en el ala de lesionados. Una enfermera, llevando un carrito con medicina y vendajes nuevos, se detuvo fuera del cuarto de Elicia para ver cómo se encontraba. A pesar de la situación trató de sonreír.

Enfermera: -toma una bandeja con analgésicos y abre la puerta- De acuerdo señorita Hughes, es momento de… -de pronto tira la bandeja-

Dentro de la habitación no había nadie, todo lo que se podía ver era la cama desordenada y la ventana abierta. La enfermera se dio cuenta de que la ropa de la chica, la cual habían dejado dentro de un pequeño armario, tampoco estaba en su lugar. Tuvo que correr para alertar al doctor lo antes posible, ya que la chica ya estaba estable, pero aún no estaba lo bastante bien como para salir del hospital, así que deberían salir a buscarla.

Elicia ya estaba a un par de calles del hospital, pero no podía moverse muy rápido debido a que aún estaba muy adolorida, así que debió esconderse una vez que vio a doctores y enfermeras salir y comenzar a llamarla. Agarrándose un costado debido al dolor fue que comenzó a caminar. Debía encontrar un carruaje, un auto o lo que fuera para llegar al edificio de los militares y ver qué pasaba. Sabía que era algo peligroso considerando lo que estaba pasando allí, en especial en su estado, pero no le importó, simplemente continuó moviéndose hasta que pudo encontrar a un cochero estacionado en la calle que estaba dispuesto a llevarla. No llevaba nada de dinero, así que debería irse sin pagar, pero en un momento así no podía preocuparse por eso.

En la oficina de Roy, él se encontraba peleando con todas sus fuerzas contra su mejor amigo, o al menos contra el homúnculo que alguien creó para traerlo de vuelta a la vida. El sitio era un desastre, todo estaba roto y quemado, sin mencionar la pared que acababa de explotar debido a las llamas, y Roy no se veía mucho mejor, estaba cansado, su uniforme estaba roto y uno de los cuchillos le había cortado el brazo, pero en tanto no se mojara todo estaría bien, todo lo que le importaba era que pudiera seguir lanzando flamas de su guante para así defenderse. El homúnculo mientras tanto lucía muy bien, no tenía un solo rasguño y ni siquiera parecía estar cansado, aunque no era extraño, después de todo no era humano.

Roy (exhausto): -cae al suelo y queda sentado- Ni creas que he terminado contigo

Maes: ¿Y qué más piensas hacer? Te conozco muy bien Roy, se todo lo que harás antes de que lo hagas, no en vano fuimos amigos por tantos años

Roy: ¿Vas a seguir con eso? Ahora que se que eres un homúnculo me doy cuenta de que tú no eres Maes Hughes, solo eres un ser sin alma que quiere parecérsele, así que ya deja de fingir y mátame si quieres, pero no te acerques a mis hombres

Maes: Tengo una mejor idea -hace aparecer otro cuchillo-, te mataré y luego iré por el resto de los militares

El homúnculo preparó el cuchillo para lanzárselo al Führer frente a él, quien ya sin fuerzas para moverse al parecer había aceptado que ese era su destino y simplemente cerró muy fuerte los ojos y apretó los dientes, como esperando por el golpe final, pero nada de eso pasó, ya que de la nada, Hayate Negro se lanzó sobre el homúnculo e hincó fuertemente sus colmillos en su brazo, haciendo imposible que pudiera herir a Roy. El perro prácticamente le destrozó el brazo luego de obligarlo a soltar su arma, y cuando el ser sin alma trató de golpearlo entonces recibió un segundo ataque en su cuello. Hayate lo tiró al piso y quedó encima de él, destrozándole la tráquea y dejándolo inmóvil. La oscura sangre cubrió el piso y ensució buena parte del pelo del perro, el cual se tranquilizó y fue con Roy para ver que estuviera bien.

Roy: -le acaricia la cabeza- Buen chico, pero no creo que con eso baste, aunque lo detendrá por un rato, vámonos de aquí -se levanta y sale-

Hayate Negro y Roy salieron corriendo de la destruida oficina, pero ni siquiera diez segundos después el homúnculo abrió los ojos y sus heridas se regeneraron, dejando como única evidencia la sangre del suelo. Tras ponerse de pie otra vez siguió los pasos del Führer y del perro, los cuales no tuvieron otra opción más que huir y buscar refuerzos, sin saber que ya todos en el edificio de hecho sabían del intruso.

El homúnculo conocía bien el lugar en el cual estaba gracias a los recuerdos de Maes, incluso a pesar de ser muy viejos. Atravesó varios pasillos y puertas hasta que dio con la entrada del cuartel, pero cuando intentó salir para ir a buscar más víctimas fue que se vio acorralado por decenas de militares y siendo apuntado por potentes armas completamente cargadas, bastaba con una simple orden y él estaría lleno de plomo. Como no podía morir aunque lo balearan, simplemente se quedó de pie sonriendo y puso las manos en alto, obviamente en señal más de burla que para rendirse. Vio las caras impactadas de los soldados y oficiales más antiguos, quienes habían conocido a Maes en vida y que no podían creer que estuvieran ahora apuntándole con intención de matarlo… aparentemente otra vez.

Roy, quien a pesar de sus heridas y cansancio había encontrado energía para ponerse de pie de nuevo, se abrió paso entre los soldados sosteniendo su brazo herido, mirando directo a los ojos vacíos del homúnculo con mucha rabia dentro de él.

Roy: Debí saber que no ibas a durar mucho en el piso, los homúnculos como tú sanan muy rápido

Maes: -sonríe- Te recomiendo que lleves a ese perro al veterinario, pude oler su aliento mientras lo tenía encima y era muy malo, no creo que eso sea normal

Roy: ¿Tus últimas palabras antes de que acabemos contigo?

Maes: ¿Olvidas que no puedo morir? Hagan lo que quieran, de todos modos me volveré a levantar y entonces… los mataré

Todo mundo se quedó en silencio por unos momentos, pero los soldados no bajaron nunca la guardia, tampoco el homúnculo, quien tras una larga espera hizo un rápido movimiento con una mano y lanzó un cuchillo directo hacia el brazo de uno de los oficiales, quien no alcanzó ni a reaccionar y tiró su arma al suelo por el dolor, los demás respondieron con una ola de balas hacia el intruso, las cuales lo atravesaron y lo hicieron sangrar abundantemente. No se detuvieron hasta dejarlo completamente inmóvil y en el suelo. Roy hizo que los disparos pararan y fue a verlo. No podía mentir, era una escena muy fuerte el ver a su amigo, o al menos a algo que se le parecía, tirado en el piso y aparentemente muerto, los recuerdos de su funeral llegaron de pronto a su mente y hasta parecía que iba a llorar como lo había hecho ese día, pero el homúnculo simplemente aprovechó eso para levantarse otra vez y tirar al Führer al suelo. Usando luego una velocidad completamente inhumana fue que pudo escapar del edificio antes de que le llegaran más balas. Los militares quisieron ir tras él, pero no pudieron encontrarlo una vez afuera, era como si se hubiera esfumado.

Roy: -sale y va con los soldados- ¡Rodeen el edificio y busquen por todos lados, no dejen que escape!

Los soldados obedecieron y tras recargar sus armas fueron a inspeccionar cada rincón del cuartel, tanto por dentro como por fuera, otros fueron hacia el pueblo, ya que podría estar allá y era peligroso para cualquiera que se lo topara. El homúnculo pudo ingeniárselas para evadir a los hombres uniformados y poder salir de su vista. Comenzó a caminar, pensando en lo que haría después, sin saber que muy cerca de él, una chica caminaba en sentido contrario, esforzándose por llegar a su destino.

Elicia caminaba más lento que nunca, apenas y había podido perder al cochero luego de que hubiera salido tras ella cuando vio que no iba a pagarle el viaje, todo eso la había hecho perder mucha energía, pero valió la pena, ya estaba muy cerca del cuartel. No estaba segura de qué diría o lo que haría al llegar, pero lo pensaría entonces. Mientras se esforzaba por continuar moviéndose, debió hacer un esfuerzo adicional para enfocar bien la vista, ya que no estaba segura de lo que estaba viendo. Al ver bien otra vez, pudo distinguir a un hombre joven caminando a varios metros de ella, al parecer sin haber notado que ella estaba ahí. No podía creerlo una vez que vio su cara, pero no había duda de que era él, tampoco creyó lo que dijo después, fue casi algo involuntario.

Elicia: ¡Papá!

CONTINUARÁ…