Capitulo 10

John PDV


-John

Suspire aun en sueños. Oía a esa voz, esa perfecta voz llamándome, pero no quería despertarme. Sería muy duro descubrir que todo lo de anoche había sido solo un sueño.

-John…-ahora la voz estaba más cerca de mi oreja, me estremecí y me agarre mas a él – John despierta, te aseguro que no ha sido un sueño.

Resople riéndome ligeramente, claro, seguía siendo ese maldito genio brillante.

Abrí poco a poco los ojos para ir acostumbrándome un poco a la luz, lo primero que vi fueron sus ojos mirándome. Volví a sonreír, en mi opinión, como un idiota.

-¿Has dormido bien? –me pregunto con una sonrisa.

-De maravilla, aunque sigo cansado –dije bostezando - ¿Qué hora es?

-Las ocho, Alex llegara dentro de media hora.

Me queje en silencio. Sherlock se rio y planto un beso en mi frente.

-Me siento halagado de que prefieras mi compañía antes que la de tu hijo –dijo burlándose de mí – pero creo que aun es algo pequeño para que sepa lo que estuvimos haciendo anoche.

-¿Desde cuándo eres tan considerado? –le pregunte sorprendido e ignorando lo primero que había dicho.

Sherlock se encogió de hombros y no me contesto.

-Nos ponemos el pijama y volvemos a la cama – dijo bostezando.

-¿Has dormido algo? –le pregunte.

-No. Hubiera sido una pérdida de tiempo, es mejor contemplarte –dijo sonrojándome - ¿Sabes que mueves la nariz cada cierto tiempo? Creo que es muy dulce.

Le mire aun más sonrojado, esperaba poder acostumbrarme a esto. A que él me dijera cosas como aquellas y que no acabara sonrojado como una adolescente.

-Yo también voy a tener que acostumbrarme a esto John –me dijo acariciándome el pelo – nunca había tenido la necesidad de decirte cosas como estas. Es una suerte que ahora pueda decírtelas sin que parezca raro. Ahora vallamos a vestirnos.

Asentí aun pensando en lo que me había dicho, me levante y subí a la que había sido mi habitación a por uno de mis pijamas. En esas semanas aun no me había atrevido a dejar una sola cosas mía en el cuarto de Sherlock, pues hasta donde yo sabía esto era temporal.

Baje rápidamente ya vestido sintiendo esa enorme necesidad de volver a estar con Sherlock, me había costado admitirlo, pero amaba a ese genio idiota.

Cuando llegue a la habitación Sherlock volvía a estar tumbado boca arriba en la cama, al verme entrar abrió sus brazos invitándome. No me lo pensé dos veces y me tumbe junto a él posando mi cabeza en su pecho.

-¿Sabes que tenemos que hablar, no? –le pregunte con miedo.

-Sí, pero esperaba que se pudiera aplazar unas cuantas horas más, o incluso días.

-No seas estúpido, tenemos que aclarar esto – le dije apoyándome en un codo para mirarle mejor.

-¿Aclarar el que? –Pregunto confundido – Creo John, que esto está bastante claro, tú me quieres y yo te quiero. Es simple aunque nos haya costado años decirlo.

-Lo sé –dije volviéndome a apoyar en él – pero lo que a nosotros nos parece tan simple y sencillo como decir que nos queremos, para los demás no será tan sencillo.

-Te refieres a tu hijo.

-Entre otros. Pero si, Alex es pequeño y no entenderá. –Dije aunque sabía que me estaba yendo de lo que de verdad quería decir – Lo que quiero decir, es que necesitaremos usar etiquetas sociales para no confundir al niño.

Sherlock empezó a reírse ofendiéndome, no esperaba una respuesta como aquella.

-¿Me está pidiendo salir, querido doctor?- Sherlock volvió a sonreírme y planto un beso en mi nuca – No necesitas ni que preguntarlo John, quiero estar contigo. Y si tenemos que usar la palabra novio, que así sea.

Reí divertido, feliz como una perdiz.

-¿Puedo llamarte también por nombres cariñosos? –le pregunte, aunque solo fue para burlarme de él y de la cara que puso a continuación.

-¿Te refieres a cielo, cariño, pichoncito… y cosas así? –pregunto frunciendo el ceño.

-Sí, amor.

Sherlock gruño.

-Cielo, no pongas esa cara – seguí burlándome de él- Eres demasiado atractivo para poner esa cara.

-Ignorando tu estúpido intento de burlarte de mí – sentía su respiración en la nuca - ¿Enserio lo piensas?

-¿Qué eres atractivo? –le pregunte sin volverme hacia él, pero sentí como asentía – Pues claro que lo pienso, y lo pienso porque lo eres.

-Es bueno saberlo –susurro contra mi oreja con voz profunda, un escalofrió me cubrió de pies a cabeza, esa voz era más que un afrodisiaco.

Volví a apoyarme con el codo para dejar nuestras caras al mismo nivel, Sherlock no dijo nada más pero sus ojos me estaban retando en silencio, supiere antes de posar mis labios en los suyos y besarle.

Me olvide de que me estaba apoyando en el codo y sin soltarme del beso deje caer todo mi peso sobre él, gemí cuando mordió mi labio inferior, mentalmente me felicite por haber sido un buen maestro, porque lo que Sherlock me estaba haciendo con la lengua era impresionante.

Sus manos llegaron a las mías para entrelazar nuestros dedos y mientras que yo intentaba ganar esa lucha con su lengua, deslizo nuestras manos a su culo dejando allí las mías para subir las suyas al mío.

Apretó las manos de repente haciéndome gemir, a causa de eso me separe un poco de sus labios.

-¿Uno rapidito? –me pregunto con una sonrisa traviesa.

Me eche a reír sin apartarme de él.

-Alex va a llegar en cualquier momento –susurre contra sus labios- además apuesto lo que quieras a que te duele el culo, no intentes negarlo porque te he visto antes, cuando te levantabas.

-¿Ni un día juntos y ya pones excusas para el sexo? –pregunto fingiendo indignación- y lo del culo es culpa tuya, supongo que no tengo que recordarte el porqué ando como ando.

-Te compensare, te lo prometo –le aseguro pensando en lo que le haría – Pero ahora no quiero que volvamos a montar la que montamos ayer.

-¿Qué quieres decir? –pregunto distraídamente pasando sus manos por mi espalda.

-Creo que ayer fuimos muy escandalosos –le dije detenidamente.

-Sí, estoy seguro de ello. Tengo que hacer un estudio sobre esto, John. Las maneras en la que gritamos y sobre todo las cosas que dijimos –dijo con ese tono científico, pero sonrojándose al recordarlo – Creo que la señora Hudson ya no nos va a mirar igual.

-¿Nos oyó? –pregunte alarmado, no había pensado en ella en absoluto.

-Obviamente John, tú mismo has dicho que hicimos mucho ruido, pero tranquilo que estará encantada –respondió con una sonrisa.

Suspire más avergonzado que aliviado y volví a dejarme caer en su pecho. Aunque no moví las manos de su culo, había que admitir que tenía un culo delicioso.

Al sentir esa comodidad y tranquilidad, que bien podría definirse como felicidad en estado puro, una nueva duda surgió en mí. Todo era muy sencillo y a la vez complicado con Sherlock, ahora éramos oficialmente pareja, pero no éramos una convencional y él no era ni mucho menos una persona normal. Me removí inquieto y sintiéndome algo estúpido porque algo así como el hecho de preguntarle sobre la habitación me inquietara.

-Suéltalo.

-¿Qué? –pregunte confundido aun en mis pensamientos.

-Lo que estas pensando, es molesto –se quejo.

-Oh, vale –responde sonrojándome y sintiéndome aun más estúpido – me estaba preguntando sobre lo de compartir habitación.

Sherlock se levanto un poco, volviendo mi cabeza hacia él para que pudiéramos mirarnos. Frunció el ceño pensando y acaricio una de mis mejillas.

-¿No duermes aquí ya? –pregunto desconcertado.

-Sí, pero a lo que me refiero es a trasladarme definitivamente, quiero decir, a sacar mis cosas de la habitación de arriba y dejarlas aquí.

Sherlock sonrió y me beso fuertemente la frente.

-¡Eso sería fantástico John! –Respondió efusivamente – no lo había pensado. Eres brillante querido doctor.

-Sera porque se más de relaciones –le respondí con cariño – y era obvio algo así, cielo.

Sherlock volvió a gruñir y se volvió a tumbar.

-Además, así Alex tendrá su propia habitación – le comente ya planeando todo – tendremos que amueblársela para que sea más cómoda e idónea para un niño de cinco años.

Sentí que Sherlock se tensaba debajo de mi cuerpo.

-¿Qué ocurre? –le pregunte preocupado.

-¿Tendremos?

Traque saliva al oír su tono y al caer en la cuenta de que tenia de verdad un hijo y de que también tenía una pareja. No había pensado como se sentiría Sherlock con respecto al niño. Pues una cosa era tener al hijo de tu compañero de piso en casa y otra era tener al hijo de tu pareja.

-Sí, si tu quieres. –le respondí sin apartar mis ojos de él – no vas a tener más obligación con él que la que ya tenias. Vuestra relación no cambiara.

Sherlock bajo la cabeza para evitar mirarme. Espere hasta que dijera algo.

-No, no si yo quiero –susurro tan bajo que me costó entenderle – el crio no es tan malo.

Sonreí agradecido y esta vez fui yo quien planto un beso en su frente.

-¿Entonces ya te llegas bien con él?-le pregunte.

Sherlock subió la cabeza y me miro antes de responderme.

-Se podría decir que ahora tengo dos corazones – sonreí ampliamente medio sorprendido medio aliviado.

Justo cuando le iba a volver a besar oímos como llamaban a la puerta. Suspire resignado pero le bese de todas formas. Esta vez el beso fue más suave y dulce. Quién diría que Sherlock Holmes era capaz de besar así.

Las voces que se oían de la escalera se hicieron más claras y con mucha resignación me separe de él.

-¿Esta mi papi en la habitación? –pregunto la voz de mi hijo desde afuera.

-Si querido –le respondió la voz dulce de nuestra casera, se oyeron pasos hasta la que ahora era nuestra habitación – uoh, uoh, uoh – canto, como siempre, llamando a la puerta -¿Estáis presentables chicos?

Me sonroje, oyendo como Alex se reía.

-Pasar –invito Sherlock.

La puerta se abrió y por ella paso corriendo Alex seguida de la señora Hudson.

-Oh chicos, cuanto me alegro por vosotros –dijo con ese tono de madre que a mí especialmente me encantaba – pero la próxima vez no hagáis tanto ruido, estoy muy mayor para esos sustos –no regaño divertida antes de ir.

Riéndome un poco me fije en Alex, que nos miraba con una sonrisa encantada en el rostro pero sin decir una palabra.

-Ven aquí cariño.

Alex sonrió y salto a la cama dándome un abrazo. Sherlock rio un poco, sin decir aun una palabra.

-¿Ves papi? –Dijo riéndose – te lo dije.

-Al contrario que tu Alex, tu padre puede llegar a ser un poco estúpido –respondió Sherlock acariciando el pelo de Alex.

-Oye –gruñí fingiendo indignación.

-¿Entonces el plan funciono? –Pregunto mi hijo entusiasmado, para luego taparse la boca corriendo –Ups.

Sherlock rio ahora más fuerte, parpadee confundido.

-¿Plan? ¿Qué plan?-pregunte mirándolos a los dos.

-Lo siento tío Sherly.

-No pasa nada –le tranquilizo Sherlock, le mire con una ceja alzada en signo de interrogación –La verdad John, es que tu hijo y yo estábamos compinchados.

Alex volvió a reír más tranquilo. Me levante un poco sentándome en la cama fijándome en los dos, sin saber que pensar de esa unión tan jodidamente extraña.

-Si, tío Sherly me pidió que le ayudara.

-No, fue así exactamente –interrumpió con mala cara, sonreí divertido, a Sherlock no le gustaba nada que alguien le recalcara que había pedido ayuda – podía haberlo hecho solo, pero el crio descubrió mis planes.

-¿Y qué planes son esos? –pregunte.

Sherlock bajo la cabeza, si no lo conociera diría que avergonzado pero no, Sherlock Holmes no estaría nunca avergonzado por algo que hubiera hecho.

-Conquistarte –respondió ganándose una mirada de asombro de mi parte – Aunque según Alex solo necesitabas un pequeño empujón.

-Sí, le dije a tío Sherly que tú también le querías pero que no lo admitías.

-Esperar, esperar –pedí mareado - ¿Me estáis diciendo que os unisteis para que, tu y yo –dije señalando a los dos – acabáramos juntos?

Alex y Sherlock se miraron antes de volverse hacia mí y asentir expectantes. Trague saliva entendiéndolo todo, la cena en el McDonald, la cita, todo planeado.

-¿Entonces la cena en el McDonald era un anzuelo para que aceptara tener una cita contigo? –pregunte asegurándome.

-Brillante ¿verdad? –Asentí sin saber que decir –sabía que si Alex te pedía ir a cenar no te negarías, es más lo llevarías encantado, pero el niño había dicho de ir los tres, tu sabias que yo me negaría rotundamente. Por lo que fácilmente podrías pedirme algo a cambio de que fuera, como no lo hiciste tu yo te lo pregunte. Fácil y brillante.

Lejos de sentirme utilizado, como la mayoría de las veces me sentía después de que Sherlock me utilizase para un experimento, me sentí feliz y solo atine a corroborar sus palabras.

-No te lleves todo el merito tío Sherly – le regaño Alex – Papi, ¡que sepas que al día siguiente me dijo que había estado fantástico!

-Es que lo estuviste enano –le confirmo Sherlock.

Alex volvió a sonreír encantado, no pude evitar reír, parecía tan orgulloso y feliz de tener una muestra de aprecio de Sherlock.

-¿Qué va a ser de mi? –me queje con dramatismo – ¡Rodeado de dos genios!

-De momento hacerme el desayuno –sugirió Alex saltando de la cama con una sonrisa picara en los labios antes de salir corriendo de la habitación.

-¿Lestrade no te lo ha hecho?- le pregunte en voz alta con tono ofendido volviéndome hacia la puerta.

-Sigo teniendo hambre –contesto.

Bufe, aunque era agradable que alguien tuviera hambre en esta casa que no fuera yo. Más valía que ese rasgo de no comer no se le pegara de Sherlock.

-¿Tú tienes hambre?-le pregunte aun de espaldas a él – y no me digas que no porque antes he oído como rugían, ayer te debiste agotar –bromee.

Sherlock se movió atreves de la cama para quedar detrás mío, lo sentí cálido en mi espalda y suspire feliz cuando me abrazo rodeándome por la cintura. Apoyo su cabeza en mi hombro bueno y la inclino para dejar un beso en mi cuello, haciéndome suspirar de nuevo.

-Si ya sabes que tengo hambre –dijo contra mi cuello -¿para qué me lo preguntas?

-Me gusta oírte decirlo, no es algo que pase a menudo –le respondo volviendo la cabeza hacia él.

-Aun me debes algo –ronroneo antes de darme un pequeño beso – no pienses que lo he olvidado.

-Ya te he dicho que te recompensare – reí volviéndole a besar – pero Alex está en la sala de estar esperando el desayuno.

Sherlock arrugo la nariz y se separo de mí con fastidio.

-Maldito crio –gruño.


-Perdone, ¿pero cuánto cuesta esto? –pregunte sin fijarme realmente en la persona que me atendía, toda mi atención estaba puesta en ese bonito peluche.

-Tan solo 20 libras señor –me respondió dulcemente la voz de la empleada -¿Desea comprarlo?

Subí la mirada hacia ella agarrando el peluche con las manos antes de dárselo con una sonrisa. Asentí con entusiasmo y ella me devolvió la sonrisa acompañado de un pestañeo seductor.

Trague saliva algo incomodo, y me entretuve sacando mi cartera para evitar mirarla. Dentro de poco iba a hacer un mes desde que estaba con Sherlock, y era increíble como desde entonces parecía atraer más al sexo opuesto. Era de locos.

-¿Es para alguien en especial? –me pregunto mirándome de reojo con una sonrisa.

-¿Eh?...oh si –le respondí –para mi hijo.

Eso pareció chafarla un poco, pero no dejo de sonreír.

-Mañana es su cumpleaños, y le gustan los leones –agregue sintiéndome tonto.

-¿Se lo envuelvo entonces? –Me pregunto, yo asentí avergonzado por no habérselo pedido antes, ya que ya había metido el peluche en una bolsa, pero ella no se quejo y siguió sonriendo sacando el papel de regalo - ¿Y a su mujer también le gustan los leones?

Parpadee confundido sin saber que responder en ese momento, esa mujer era lista, y su pregunta una manera muy inusual de preguntarme si tenía mujer.

-No, no tengo mujer –le respondí con una sonrisa extendiéndole el dinero, ella sonrió encantada mientras guardaba el peluche ya envuelto en la bolsa –pero a mi novio le gustan las abejas.

Me sentí mal por divertirme de la cara que puso ante mis palabras, durante ese mes había encontrado un nuevo hobby, el de decirle a la gente que Sherlock era mi pareja, era realmente divertido ver la cara de pasmados que la gente ponía.

La mujer me tendió la bolsa sonriéndome débilmente casi como de disculpa. Tome la bolsa y salí de la tienda arrastrando las demás bolsas, ya era hora de ir a casa.

Había estado toda la mañana buscando regalos para Alex, Sherlock me había dejado su tarjeta y me había dicho que le comprara lo que quisiera, trate de negarme pero empezó a burlarse de mí, alegando que todo lo mío era suyo y viceversa. Algún día de estos le quitaría el portátil para que dejase de buscar cosas sobre las parejas.

Porque Sherlock lejos de asustarse o ahogarse en una relación, lo que todos pensaban, había decidido saber todo sobre las parejas para no ser una mal novio, como él decía. Y aunque había usado montones de tópicos seguía siendo el mismo gruñón y antipático detective que deja dedos en la nevera y guarda ojos en el microondas. Cosa que agradecía de sobremanera.

-Hola cielo –me saludo la señora Hudson nada más entrar por la puerta – ¿quieres que te ayude? –se ofreció.

-Sí, gracias señora Hudson –le sonreí - ¿puede guardar las bolsas en su casa? Son los regalos de Alex y no quiero que los encuentre.

-Claro cielo –me respondió quitándome las bolsas de la mano – yo las guardo, no es ningún problema.

-Gracias señora Hudson –le agradecí besándola en la mejilla – y acuérdese de que mañana es la fiesta de Alex.

-No lo olvido querido.

Asentí y subí las escaleras.

-Ya estoy en casa –anuncie al aire, nadie respondió – menuda bienvenida.

-Estoy en la concina –anuncio la voz de Sherlock.

-Hola cariño, ¿Cómo te han ido las compras? –dije imitando la voz de Sherlock mientras entraba en la cocina. Sherlock estaba mirando por su microscopio, seguramente otro experimento ya que no teníamos ningún caso.

Sherlock bufo.

-Haz el favor de dejar de imitarme. Y si vas a hacerlo por lo menos hazlo bien. –Dijo sin apartar la vista del microscopio – yo no tengo esa voz, y sabes que no te llamo cariño. Y menos soy de los que te pregunta sobre algo tan obvio. Solo necesito mirarte para saber esa pregunta, ¿Por qué te iba a preguntar?

Alce las cejas y le mire con cara de pocos amigos.

-Me bastaba con un simple hola, pero soñar es gratis –le respondí dándole la espalda para coger las tazas y hacer el té -¿Y Alex?

-En su habitación jugando.

-Bien –le respondí -¿Querrás una taza?

-Dos de azúcar –respondió mientras anotaba en ese cuaderno suyo de experimentos.

-Sí, ya lo sé. No resaltes lo obvio – dije sarcásticamente.

Lo oí suspirar pesadamente antes de oírle levantase. Sus manos me rodearon por la cintura abrazándome por la espalda como tanto la gustaba depositando un beso en mi cuello.

-Creo que hoy no te he besado con propiedad –susurro a mi oído.

-Me gustaría saber qué significa eso para ti –dije volviendo la cabeza hacia él.

Sherlock rio entre dientes y se inclino a mis labios para morder mi labio inferíos y tirar de él.

-Si te besara con propiedad –dijo volviendo a repetir su última acción pero acompañándolo con un pequeño beso – y entrara Alex, se traumatizaría de tal manera que no podría volver a mirarnos a los ojos.

Me volví completamente hacia él rodeando su cuello con mis brazos.

-Es una suerte que Alex este en su habitación –le respondí dándole un pequeño beso de vuelta – y que este tan ensimismado jugando que ni siquiera haya bajado a saludarme como siempre hace.

-Brillante –murmuro Sherlock.


-¡Alex! –Llame por las escaleras – date prisa hijo, tus tíos llegaran enseguida.

Me di la vuelta para volver a la sala, esta estaba decorada con globos, y una tarta de chocolate estaba colocada en la mesa con seis velas en ella. Todos los regalos que le había comprado estaban encima del sofá, Sherlock me había dicho que me había pasado comprándole, ¡pero qué demonios! Era su primer cumpleaños conmigo y me había perdido los cinco anteriores.

-Quedan diez minutos para que el primero llegue –informo Sherlock desde su portátil –déjale que siga jugando antes de que empiece este infierno.

-Es una fiesta de cumpleaños Sherlock –les respondí sentándome en mi sillón – se supone que no son un infierno, son divertidas.

Sherlock resoplo.

-Si tu lo dices…-murmuró por lo bajo tecleando en su portátil.

-Ignorare eso –le respondí, él solo se encogió de hombros y siguió tecleando – Es su primera fiesta de cumpleaños con nosotros Sherlock, quiero que vaya bien.

-Le gustara cualquier fiesta que le hagas –respondió distraídamente – nunca ha tenido una fiesta de cumpleaños.

-Me lo imaginaba –dije arrugando la nariz –pero me siento un poco mal de todas formas. Esta no es una fiesta de cumpleaños que tendría un niño de seis años, quiero decir, solo van a venir personas mayores. Lo normal es que tenga alguien de su edad.

-Mis fiestas eran así. –comento Sherlock, hice un sonido sarcástico dándole a entender que eso no me aliviaba, ni mucho menos – Ya sabes tú no tienes la culpa de que esa mujer no haya querido que Marc viniera –Marc era el único amigo que Alex había hecho en el parque, pero su madre desde hace unas semana casi no les dejaba jugar juntos – La gente con la mente tan cerrada como la de esa mujer no merece ni tu tiempo ni el mío.

Suspire resignado, la homofobia había sido una parte de mi vida a causa Harry, pero nunca la había sentido directamente.

-Eran buenos amigos, cuando sean más mayores el niño moreno se relevara contra su madre para ver a nue… -paró en seco y se aclaro la garganta – para ver a Alex. Con un poco de suerte tendrán lo que tú y yo tenemos.

-¿Quieres decir que uno de ellos utilizara al otro para hacer sus experimentos? –bromee intentando suavizar la tensión que había aparecidos con las palabras que no había dicho.

-Hace mucho que no pruebo un experimento contigo –dijo herido – y no te utilizo.

-Oh sí que lo haces, cielo –Sherlock gruño y yo sonreí – Ahora me utilizas para el sexo.

-No veo que te quejes mucho –dijo Sherlock con tono acusador.

-Y nunca lo haría, como te digo siempre, es fantástico que hayas abierto tanto las puertas al sexo y que quieras recuperar el tiempo perdido –dije con un sonrisa – pero, y no me estoy quejando, es agotados y ya no estoy para estos trotes.

-No eres tan viejo.

-No, ya sé que no lo soy, pero si me despiertas a las cuatro de la mañana para hacerlo no puedes pretender que luego a las ocho volvamos a hacerlo y que no esté cansado.

Sherlock dejo de lado el portátil y me miro pensativo.

-¿Sabes que voy a seguir haciéndolo, no? –pregunto, yo asentí – si un día no quieres me paras, nunca te forzaría.

Me reí sabiendo que eso era imposible, como para poder negarme a él. Esa noche misma me había despertado haciéndome un trabajito y habíamos acabado mordiendo la almohada para no despertar a Alex.

-Lestrade y Mycroft ya llegan –anuncio Sherlock volviendo a su portátil.

-¿Cómo lo sabes?-pregunte curioso.

El timbre sonó segundos después y me levante del sillón para empezar a preparar las bebidas.

-He oído uno de los coches de Mycroft aparcar en la puerta -me explico Sherlock – y teniendo encuentra que ayer Lestrade durmió con mi hermano en su casa lo más seguro es que lleguen juntos.

-¿Cómo sabes que durmieron juntos? –le pregunte susurrando, oyendo como esos dos subían por las escaleras.

Sherlock rio pero no contesto.

-Querido hermano, Dr. Watson –nos saludo Mycroft entrando por la puerta.

Me acerque a él y Lestrade, les estreche la mano a los dos y les agradecí que vinieran. Ambos traían un regalo para Alex.

-No os teníais que haber molestado –les dije.

-No es ninguna molestia John –me contesto Lestrade dándome una palmadita en la espalda - ¿Está en su habitación? –Asentí con la cabeza – Voy a felicitarle.

-Y haz que baje –le pedí.

Mycroft dejo su regalo encima de la chimenea antes de sentarse con elegancia en mi sillón, Sherlock le gruño pero siguió a lo suyo.

-Mycroft, ¿quieres una copa? –le pregunte.

-Oh si, gracias doctor –agradeció a largando la mano para tomar la copa - ¿Qué tal todo hermanito? –le pregunto.

-Como si tu no lo supieras ya –le escupió cerrando ya su portátil - ¿Comerás también tarta? –le pregunto con esa sonrisa que solo usaba para chinchar a su hermano.

-¡Qué remedio! todo sea por mi sobrino –le respondió, a mi parecer, retándole.

Sherlock entrecerró los ojos dispuesto a seguirle el juego, di gracias a que el timbre sonó en ese momento y a que Greg bajara las escaleras con Alex en los brazos.

-Hoy no chicos –les advirtió Greg, le di una mirada agradecida y él me sonrió. Desde que esos dos estaban juntos, él y yo nos turnábamos para pedirles que se comportaran. Parecíamos más los padres que los novios.

-¡Hola tío My! –Le saludo Alex bajándose de los brazos de Greg y llegando a Mycroft - ¿Me has traído un regalo? –pregunto con todo el descaro.

Mycroft rio un poco, con una risa muy elegante, y revolvió los pequeños rizos de la cabeza de Alex. Sí, mi hijo tenía el pelo rizado, como Sherlock, pero seguía siendo rubio como yo. Cualquiera podía decir que parecía realmente de los dos.

-¡Hola a todos! –saludo una voz cantarina entrando por la puerta.

-¡Molly! Hola –salude acercándome para darle un beso en la mejilla.

-¿Dónde está el cumpleañero? –Pregunto después de saludar a todos con la mano – Felicidades campeón –le felicito cuando Alex llego hasta ella con una sonrisa.

-Gracias tía Molly – le agradeció dándole un abrazo.

Sonreí feliz y me di la vuelta para mirar a Sherlock. Estaba mirando también la escena con una pequeña, casi invisible, sonrisa, suspire aliviado de que no estuviera de morros ni fastidiado.

-Bueno ahora que estamos todos, ¿Qué te parece si vamos a soplar las velas? –Le pregunte a Alex agachándome a su altura – y luego nos comemos la tarta y abrimos los regalos, ¿De acuerdo?

El asintió entusiasmado y todos reímos. Alex se acerco a la mesa, se subió a la silla frente a la tarta y espero a que Sherlock le encendiera todas las velas. Todos nos agrupamos alrededor de él para poder verle, la señora Hudson saco una veja cámara y se preparo para hacer fotos.

-Se supones que tenéis que cantarme el cumpleaños feliz –nos dijo Alex mirándonos.

Nos miramos todos esperando a que alguien empezara.

-Oh, diablos, no seáis ridículos –se quejo Sherlock – empezar ya a cantar.

Y así lo hicimos, Greg fue el que empezó y Molly, la señora Hudson y yo le seguimos, incluso Mycroft canto una pequeña estrofa, Sherlock solo nos miraba divertido y de vez en cuando sonreía a Alex.

Cuando la canción llegaba a su fin, le pedí a Alex que pidiera un deseo antes de soplar las velas. El nos miro a todos sonriendo y antes de soplar miro a Sherlock primero y después me miro a mí. Soplo en medio de los aplausos y de unos cuantos flases de la cámara.

-¡Y ahora los regalos! –grito Alex feliz.

-Pero mientras comemos la tarta, que tu tío My –se burlo Sherlock – no puede esperar.

-Tú también vas a comer, ya sabes –le amenace señalándolo con un dedo. Sherlock me miro sorprendido, con una expresión claramente fingida, he hizo una mueca de disgusto.

-Y comerás el trozo más grande –le dijo Alex imitándome.

-Lo tienes claro Sherlock –rio Lestrade.

Todos reímos y nos burlamos del pobre de mi novio. La señora Hudson dejo la cámara de fotos en la repisa de la chimenea y fue a buscar un cuchillo para poder cortar la tarta. Yo fui a por los platos y las cucharas para servirla.

Corte la tarta en trozos y repartí uno a cada uno, estos la cogieron encantada, Sherlock cogió el plato ante la mirada de todos, parecía realmente resignado, sabía que no le hacía gracia ni tenía hambre ya que ayer también había cenado.

-Has engordado hermanito –comento Mycroft sentándose en mi sillón –te viene bien estar en una relación.

-Lo mismo te digo hermano –le respondió Sherlock dejando el plato en la mesa ya por la mitad, se dio la vuelta y se agacho para coger su violín.

-¿Vas a tocarme algo, papa? –pregunto Alex con toda la cara llena de chocolate.

Me volvió algo incomodo hacia Sherlock, esperando un sinfín de reacciones, todos hicieron lo mismo que yo menos la señora Hudson que llego con una servilleta para limpiar la cara de Alex. Pero nada malo paso, el rostro de Sherlock pareció impasible cuando asintió con la cabeza y empezó a tocar una nueva melodía.

Era la primera vez que Alex llamaba así a Sherlock, sabía que tarde o temprano lo haría, pues me lo había dicho hace un tiempo. Supongo que me daba miedo como Sherlock pudiera reaccionar.

-Bien, mientras que Sherlock toca vamos abriendo los regalos –propuse, y mi voz pareció sacar a todos de su estupor.

-¿Cuál quieres abrir primero?- le pregunto Lestrade.

-¡El de tía Molly! –Contesto Alex terminándose la tarta – es el más grande.

Todos volvimos a reír, y Molly le paso su regalo a Alex dejando un suave beso en su mejilla, le agradecí con la mirada y con una inclinación de cabeza, ella me miro con una tímida sonrisa y sacudió la cabeza quitándole importancia.

La señora Hudson volvió a coger la cámara e hizo una foto cuando Alex abrió el primer regalo, que resulto ser un barco pirata, me volví a Sherlock divertido y él me respondió arrugando la nariz, Alex estuvo encantado pero enseguida pidió el siguiente.

Lestrade le regalo unos walkie talkies para que pudiera hablar con quien quisiera, era de largo alcance por lo que podría hablar con alguien que estuviera lejos. Alex se lo agradeció con un beso en la mejilla como había hecho con Molly y fue a por el siguiente.

Abrió dos míos y de Sherlock, ya que le había incluido en la compra, seguidos. De nuevo pareció feliz al ver los coches y el gran camión, le esplique que eran transformables y que eran de una película donde los coches y ese camión luchaban contra los malos. El asintió sin darme mucha atención pendiente solo de sus juguetes, suspire divertido y contento de que por fin tuviera regalos.

Sherlock seguía tocando cuando Mycroft carraspeo pidiendo atención y extendiéndole su regalo a Alex. Alex lo desenvolvió con entusiasmo para descubrir un gran libro.

Alex lo miro ladeando su cabeza aun sin mostrar ninguna reacción. Sherlock dejo de tocar en el momento que vio el libro y luego miro a Mycrotf, que lo estaba mirando, con una mirada de sorpresa bien disimulada.

-¿Es un libro de Piratas? –le pregunto sin subir la mirada del libro.

-Si querido, ¿supongo que sabes que son los piratas?- le pregunto dejando de mirar a Sherlock, Alex asintió y levanto la mirada a Mycroft mientras señalaba el barco que Molly le había comprado – Bien, ya verás cómo te gusta, es muy alentador. Tus padres pueden leertelo por las noches antes de dormir.

Alex asintió con la cabeza y dejo el libro con cuidado en la mesa dándole las gracias a Mycroft por el libro. Alex se volvió hacia mí y yo le sonreí y le alenté a que cogiera otro de los regalos. Entre los que le compre le gusto especialmente ese león que le había comprado, lo abrazo con gusto antes de abrir el de la señora Hudson.

Después de que recogiera todos los envoltorios para tirarlos cada una fue a lo suyo. Lestrade y Molly se sentaron en el suelo con Alex abriendo el barco pirata. Mycroft se mantuvo sentado en sillón esta vez hablando con Sherlock, que se había sentado enfrente. Mientras recogía pude coger frases sueltas de lo que esos dos hablaban, no fue mucho, pero si lo suficiente para saber que ese libro de piratas había pertenecido a Sherlock.

La señora Hudson se dedico a sacar fotos a diestro y siniestro alegando que era un día memorable, y yo me dedique a ponerle un par de pilas a los walkie talkies.

La tarde paso rápida y sin ningún problema causado por los dos hermanos, Lestrade y Mycroft se fueron de la mano hasta el coche negro que esperaba por ellos. Molly se despidió de todos con un beso en la mejilla y se fue pidiendo un taxi.

Sherlock se levanto del sillón del que había estado sentado toda la tarde y cuando la señora Hudson se despidió y bajo se acerco a mi dándome un pequeño beso en los labios. Me guiño el ojo y se inclino sobre el sofá para sacar algo de detrás.

Escondiendo el sombrero de pirata tras su espada se sentó frente a Alex en el suelo, que estaba demasiado ocupado jugando con su nuevo barco pirata.

Sherlock le coloco el sombrero de pirata en la cabeza sin que este se diera cuenta, Alex subió la mirada sorprendiéndose y alzo sus manos a la cabeza para haber que le había puesto.

-Es un sombrero pirata –le explico Sherlock sin mirarle.

Yo también me senté en suelo junto a ellos sin decir una palabra. Alex inspecciono el sombrero con minucia y con una sonrisa en la cara.

-Gracias papa, me gusta mucho –le agradeció con una sonrisa poniéndose de nuevo el sombrero.

Mi mirada estaba en Sherlock, volviendo a esperar alguna clase de reacción, pero solo tenía una mirada pensativa y una expresión serena, no sonreía pero no hacía falta.

-Gracias papi, por la fiesta de cumpleaños –me agradeció captando mi atención, le sonreí con sinceridad y le di un beso en la mejilla.

-Te lo mereces campeón.

Sherlock hizo un ruido muy raro consiguiendo que los dos le miráramos, arrugaba la nariz y fingía estar ofendido.

-Yo también quiero un beso –dijo claramente indignado.

Alex rio y salto a él dándole un beso en la mejilla.

-No te ofendas, pero me refería a uno de tu padre –le respondió con tono divertido, me miro con un reto en la mirada esperando a que yo hiciera el siguiente movimiento.

Negué con la cabeza resignado, me acerque a él y le di un beso, aunque solo fuera para callarle.


Como habéis visto el punto de vista seguía siendo él de John, se que lo cambio en cada capítulo pero este iba a formar parte del anterior y no me cuadraba cambiarlo. Este mismo capítulo aun iba a ser más largo, pero he decidido cortarlo ahí para que siga siendo un capitulo rosa, si porque es muy feliz y bonito, y el final (de este capitulo) no lo iba a ser muhahaha.

Empieza la cuenta atrás para el final, más o menos habrá unos tres capítulos más y el epilogo ;)

Gracias a todos por sus comentarios y críticas constructivas, tratare de arreglar los fallo en el futuro! A partir de este capítulo iré contestando a cada comentario personalmente :D

Espero que os haya gustado ;)