Hola a todos! Espero que estén bien. Ya casi llegamos al final de esta bonita historia entre Winry y Edward, que mal no?
Quiero agradecer a todos y a cada uno de ustedes por leer mi fic, de verdad no sé cómo expresar mi gratitud ^^ Todos me han apoyado tanto. También quiero agradecer a todos su infinita paciencia, sé que he demorado bastante entre capitulo y capitulo jajaja Pero les cuento, puedo demorar pero nunca pienso abandonar mis fics.
Este capítulo tiene un leve RoyxRiza.
Espero de todo corazón que disfruten el capitulo
CAPITULO 10
Ya todos se habían ido a dormir, después de haber acabado con todo el té y pastel tan delicioso que había preparado Pinako con ayuda de Alphonse.
Mustang y sus hombres, se encontraban descansando plácidamente en un hotel de los alrededores.
— Coronel… No creo muy adecuado lo de compartir habitación. — Musitó nerviosa Riza Hawkeye mientras de sus maletas sacaba un camisón para dormir, demasiado bonito y escotado.
"Porque habré traído solo esto… Me maldigo a mi misma por distraída" Pensó la hermosa rubia, mientras examinaba con extrañeza su pieza de pijama.
— Dime Roy… Después de todo estamos fuera del trabajo. — Dijo con tranquilidad el pelinegro mientras salía del pequeño baño con el cabello mojado, un pantalón gris y el torso desnudo.
— No creo que sea posible… — Riza se hacia la indiferente mientras miraba de reojo a su coronel.
— Oh vamos, Teniente debes relajarte más. Y con lo que respecta a compartir habitación, solo quedaban estas habitaciones y todas eran pares… Era esto o dormir con Havoc, o el Mayor Armstrong en una cama matrimonial…
No era una habitación muy grande, pero era bastante agradable, tenía un bonito empapelado beige, con bonitas rosas rojas pintadas en el. El suelo estaba completamente alfombrado de un oscuro color azul, dos camas separadas por una pequeña mesita de noche color caoba ocupaban casi todo el espacio de esa acogedora habitación. En la pared del frente había un gran armario, que ahora contenía las maletas de estos viajantes, y a su lado la puerta del pequeño baño.
— Supongo que no tengo otra opción… — Riza tomo su cabeza entre las manos con aires de resignación.
— No, no la tienes subordinada. — Expreso animadamente el alquimista de fuego mientras una extraña sonrisa provocativa se formaba en sus labios.
— Debería dormir coronel, tiene que madrugar — Ignorando su comentario mientras se dirigía al baño para darse una ducha.
— Debería… — Dijo para el mismo mientras se acostaba bruscamente en su cama y comenzaba a mirar el cielo por la ventana.
Riza le dirigió una última mirada y entro al baño…
Roy se sentía inquieto, estar tan a solas con su subordinada le revolvía el estomago de nervios, muchas veces habían estados solos ya, pero en este tipo de situaciones todo era diferente, estaban fuera del trabajo y en el brotaban esos extraños sentimientos indefinidos, ese acuciante anhelo de tenerla siempre con él, ese miedo a perderla, ese sentimiento tan parecido al amor que se negaba a reconocer.
El alquimista cerró sus oscuros ojos, intentando aplacar esos sentimientos que brotaban sin compasión alguna de su corazón o presión arterial, porque su corazón estaba comenzando a latir muy fuerte.
De pronto una viva imagen asalto sus pensamientos y a su vano esfuerzo por calmarse. Un recuerdo de aquella noche… La noche en que el Coronel Roy Mustang llevo a cabo el pedido de su agonizante subordinada, tras terminal la guerra de Ishbal.
"— No estoy seguro de esto…
— Por favor… — Su susurro me debilitaba por dentro, sentía que no podía negarle nada, incluso algo como eso…
Porque he de recordar tan claramente algo tan doloroso? Lo recuerdo tan bien… El calor, en mis manos y en su espalda, el dolor… el hedor de la piel quemada, sus delicadas manos convertidas en puños contra la pared y su casi silencioso llanto…
— Lo siento… — Susurré con impotencia.
— Descuida, fui yo quien te pidió que quemaras la investigación de mi padre…
No quiero volver a escuchar esa temblorosa voz…" Un ruido de picaporte interrumpió el recuerdo de Mustang.
Al abrir los ojos encontró a Riza, indiscutiblemente hermosa, su camisón era rosa perlado, con un gran escote en el torso y la espalda, con bonitos dibujos en el, resaltando su femenina figura.
Aquel hombre que yacía en la cama estaba completamente anonadado, observándola como nunca antes lo había hecho. Sus ojos se paseaban desde su lacio cabello y mojado, hasta sus delgados pies descalzos.
— Linda ropa teniente… — Entonó Mustang apreciativamente, mientras se deleitaba con el panorama.
— Gracias… Lo compré por catalogo — Nerviosa.
Riza intentaba ocultar su repentino nerviosismo, tras la mirada de aquel hombre por quien daría la vida. Se acercó a una de las ventanas dándole la espalda para no tener que enfrentarse a aquellos profundos ojos.
Como si el destino estuviera ensañado en ayudar a Roy a recordar esas dolorosas experiencias, en la espalda descubierta de la mujer que tenía en frente, se podía notar con claridad aquel tatuaje y aquellas marcas permanentes de quemaduras en su piel.
Un punzante dolor atravesó el alma del alquimista de fuego, dejándolo sin aliento.
— ¿Qué piensas de Edward? No se tomó tan mal la orden de partir mañana al mediodía. — Comento Hawkeye intentando distraerse.
— Es un joven predecible… Piensa que mientras más rápido parta de este lugar, más rápido podrá volver, para quedarse. — Contesto intentando ocultar aquellos sentimientos.
— Es muy cercano a Winry, aunque se peleen todo el tiempo parecen quererse. No me extrañaría que terminasen juntos en unos años.
— Acero es un joven fuerte. Me recuerda a mi mismo a su edad, luchando por sus propios ideales. Creo que se ha ganado mi estima.
— Tal vez por eso este aquí ahora.
— Si, tal vez — Contestó Mustang inexpresivo.
Lentamente fue reincorporándose hasta quedar sentado en la cama.
— Oh… Ha comenzado a llover. — Murmura Riza, que estaba comenzando a sentir la pesadumbre del ambiente.
Mustang se paró y lentamente se fue acercando a Riza sin que ella lo notara.
Un explicito escalofrío recorrió el cuerpo de la mujer cuando sintió las manos de su coronel pasearse por su espalda, palpando aquel tatuaje… sus quemaduras. Creando extrañas sensaciones en su interior, haciendo que su corazón se acelerase.
— Lo siento… — Susurró y oculto en el tono de su voz había desconsuelo.
— No debe disculparse… — Contestó comprendiendo a que se refería.
Sumido por el dolor y anhelo de estar con aquella persona que había permanecido siempre a su lado. Mustang inconscientemente tomo de los hombros a la rubia de oscuros ojos y poco a poco fue acercando su rostro a aquellas cicatrices.
Riza estaba notoriamente nerviosa, pero aun así estaba lista para cualquier reacción de su coronel, pero lo que nunca se hubiera imaginado, ni en el lugar más recóndito de sus pensamientos era que Roy posaría suavemente sus labios en su espalda para besarla levemente pero en abundancia, un beso seguido de otro, recorriendo toda esa suave superficie, dejando fuego a su paso.
Poco a poco entre beso y beso, fue subiendo hasta llegar a su nuca, para continuar por el resto de su cuello.
— Lo siento… — Susurro nuevamente desconsolado.
— Ya le dije que deje de disculparse… Por favor. — El tono de su voz se quebró en la última palabra.
El cuerpo de Riza había comenzado a temblar por un sin número de emociones. De nervios, de tristeza y de manera involuntaria por esas maravillosas sensaciones que causaban sus caricias. Se sentía confundida no tenía idea de que era lo que le podía llegar a pasar por la cabeza a aquel hombre, la había sorprendido, este hecho la frustró y así fue como decidió voltearse para mirarlo a los ojos, dando la espalda a aquella ventana ahora mojada por las pequeñas gotas de lluvia.
Una traicionera e indiscreta lágrima rodaba por la mejilla de Mustang, parecía desbastado, aquella mujer que se encontraba frente a él no pudo evitar el impulso de abrazarlo.
— Disculpe teniente. Parece que lo que cae del cielo no es lluvia…
— Tampoco son lagrimas señor…
Luego de eso ambos se besaron como nunca antes lo habían hecho, no era momento para orgullos, los dos se querían y por un momento solo eso importaba.
*.*.*.*
Winry se encontraba en su habitación trabajando en el automail de Edward mientras todos dormían, menos estos dos individuos.
Ed se encontraba en la cama de Winry leyendo un libro de alquimia, esperando a que esta terminase su trabajo.
— Deberías dormir, me faltan un poco todavía. — Comentó Winry mientras alzaba a la luz un escalimetro con extrañas medidas.
— Dije que te esperaría, no tengo problema en esperar. — Contesto, cambiando la página de su libro despreocupadamente.
En ese instante una verdad cruzo por los pensamientos de Edward… Todavía no le había dicho a Winry que iba a partir a central la mañana siguiente. Había sido una decisión tan repentina que solamente había podido tratarlo con su hermano Alphonse, habiendo quedado ambos de acuerdo.
"Me va a golpear en la cabeza con su llave… Maldición, que mala situación" Pensó Ed. tras hacerse una imagen mental de la escena.
Un dulce bostezo proveniente de la rubia mujer que estaba sentada trabajando, interrumpió los pensamientos del joven alquimista.
— No te esfuerces tanto ven a descansar, ya es muy tarde. — Le aconsejó Ed al verla cansada.
— Descuida, va más rápido de lo que pensaba, estaré terminando en una hora aproximadamente. Mañana podrás checar bien los movimientos.
— Winry… — "Ahora o nunca"— Me voy mañana.
Los ojos de la aludida se abrieron como platos, y dejo caer el destornillador que tenía en la mano para voltearse a ver a su interlocutor.
— ¿Qué? — Murmuró con desconcierto la joven mecánica — ¿Cuando lo decidiste?
— Hace unas horas con Mustang y Al…
— Ah, Ya veo…
El tono de voz de Winry era demasiado desconcertante como para que Edward pudiera ignorarlo o quedarse tranquilo. Sin pensarlo dos veces, dejo su libro de alquimia a un lado y se reincorporo para acercarse a ella.
Ed. abrazo por la espalda a Winry que seguía sentada, dándole un pequeño beso en la mejilla, con unas disculpas ocultas en el.
— ¿Estas enfadada? — Pregunto Ed. Al no saber que pensaba su amada.
— No, no lo estoy.
— No te creo… Mírame a los ojos. — Ed la tomó del brazo y con suavidad, casi la obligo a pararse, poniéndola frente a él.
No importa con que intensidad Winry intentaba ocultar su angustia, su esfuerzo fue en vano porque en sus ojos azules, ese sentimiento estaba más claro que el agua.
— Ey, no pongas esa cara… Piénsalo así: Si me voy antes, regreso antes.
Los ojos de Winry comenzaron a ser tapados por una fina capa cristalina, que Edward supo interpretar como lagrimas. Y al notar esto la desesperación invadió su corazón.
— Te amo… — Susurro Winry con la voz quebrada.
Al escucharla así el corazón de Edward se termino de fragmentar en diminutos pedazos, quedando unidos por un fino hilo de esperanza. Sentía unas ganas infinitas de abandonar todo aquello, de quedarse a su lado y hacerla feliz, pero no, no ahora, su hermano lo necesitaba y tenía que cumplir su objetivo de vida.
— Por favor no llores… Si en este momento te pones a llorar yo no sé qué haría. Prometí que nunca volverías a llorar de tristeza, y no quiero romper esa promesa… Por favor. — La voz de Edward se volvió débil y temblorosa en la última petición. Estaba al borde del colapso.
Bien sabía Winry que si decía algo mas, sus sentimientos la traicionarían y las lágrimas cómplices de estos, se derramarían por sus ojos. Debía darle una respuesta a su amado pero primero tendría que sacar valor de algún lado. Se acercó a él y lo abrazo con ímpetu, apegándose a ese fuerte cuerpo, como si su vida dependiera de ello.
Edward no pudo evitar corresponder a tal abrazo, apretándola y atrayéndola más a él, como si quisiera fusionar sus cuerpos en uno solo. Ambos se miraron a los ojos, la angustia y necesidad brillaban en ellos, en el mar de las orbes de ella, en el sol de los de el…
El muchacho besó dulcemente la frente de la fémina, para luego enterrar su rostro en aquellos rubios cabellos, aspirando su esencia… su dulce aroma.
— Ven, vamos a descansar. — Dijo Edward mientras tomaba a Winry de la mano y la guiaba junto con el hacia la cama.
Ambos se recostaron, primero Edward y seguido Winry quien se amoldó a su costado izquierdo abrazándolo cariñosamente.
— Júrame que van a tener cuidado… — Musito la joven ocultando su rostro en el masculino cuerpo.
— No tienes por qué preocuparte, te llamare regularmente si?
Ed tomo a su amada por la cintura con su brazo izquierdo, y con el de metal, acaricio aquel suave cabello, aunque con esa extremidad no podía notarlo, y beso su cabeza dulcemente.
Todo se encontraba muy tranquilo, y ambos estaban cayendo en un dulce letargo, hasta que Winry noto que Edward estaba durmiéndose con el ombligo descubierto.
— Nunca cambiaras. — Susurro para sus adentros.
Y estirando su mano de manera instintiva Winry acaricio a Edward, paseando su mano por debajo de su camiseta, palpando todo su abdomen y pecho dejando fuego a su paso, memorizando su belleza, mientras cerraba los ojos.
El joven alquimista suspiró de puro gusto, con los ojos cerrados, deleitándose con esas maravillosas sensaciones, tan nuevas que iban surgiendo en su interior, sintiendo el calor que dejaba el tacto de Winry.
— Me llevare esto conmigo… Gracias. — Contestó el joven consternado de felicidad por aquellas caricias.
Ed cerraba sus ojos y sonreía para sus adentros, aquellas cosquillas que le provocaba, se le antojaban hermosas.
Winry se acomodo en su lugar y se las arregló para alcanzar los labios de Edward, sorprendiéndolo un poco, ya que este seguía con los ojos cerrados.
— Te amo… — Susurraba la joven enamorada entre beso y beso.
— No te acostumbres a tenerme a tu disposición, solo lo hago por mí a…. — Susurraba el muchacho sin fuerza, hasta que poco a poco, se fue quedando sin voz, concentrando aquel poco aliento que le quedaba en los besos que le daba Winry.
Edward tomó a Winry por la cintura, y sin despegar sus labios, la movió de su costado hacia arriba, de tal manera que esta quedo recostada sobre su cuerpo.
Finalmente se separaron en busca de aire.
— Solo lo hago por mi automail…— Edward dio paso a su voz para terminar la frase que había dejado inconclusa.
— Ahh ¿sí? — Susurro Winry aun entrecerrando sus ojos y escondiendo su rostro en el cuello de aquel hombre que la tenia loca.
Placenteros escalofríos recorrieron el cuerpo de Edward, haciendo que este se enamorara mas a cada segundo que pasaba.
Winry estaba en su cuello, completamente embriagada, con su esencia su aroma tan particular y característico de él. Sin poder evitarlo más comenzó a depositar suaves besos en aquella suave piel que tanto anhelaba, volviendo loco por completo a Edward. Él dejándose llevar también, por su deseo de palpar aquella suave piel, fue introduciendo sus manos suavemente por debajo de aquella camisa a cuadros, que llevaba sobre su rutinario top negro, con algo de temor de que el frio metal le desagradara a su compañera.
Al primer contacto del acero con su piel Winry se estremeció y una aguda risita brotó de su garganta. Los músculos de Ed se relajaron al saber que no lo desaprobaba y siguió con sus caricias a lo largo de toda la espalda de Winry, desviándose un poco a los costados para apreciar con el contacto aquellas hermosas caderas.
Todo esto estaba volviendo loca a Winry disminuyendo a cada segundo su poder de voluntad, el frio metal recorriendo su piel, la calidez de aquella mano que la hacía estremecer, era como una dulce fusión entre fuego y hielo. No, una dulce fusión entre fuego, hielo y agua… porque así se sentía ella ante sus fuertes brazos, frágil como el agua y con sus sentimientos tan inestables como ella.
De la garganta de aquella mujer que ahora estaba en sus brazos, surgieron dulces ronroneos involuntarios, haciendo suspirar a Edward deseoso de más de esa bella melodía.
— Si, solo lo hago por mi automail. — Logró formular el joven, mientras apretaba más a Winry contra su cuerpo.
—Eso es algo muy descortés. — Susurro pícaramente en respuesta.
Winry mordió el cuello del alquimista Elric en venganza por aquellas crueles palabras, haciendo gemir a Edward de inescrutables sensaciones.
De pronto Winry se reincorporo rápidamente en la cama, sin dar tiempo a Edward de volver a ubicarse en donde estaba.
— Bueno… Si es así tendré que retirarme a trabajar, para que te alejes lo más pronto posible de mí — Musito Winry divertida, mientras se paraba para dirigirse a su trabajo.
La expresión de desconcierto en el rostro de Edward era tan clara, que Winry se rió divertida de su maldad. Edward suspiró resignado y se tapo los ojos con un brazo.
— Tengo hambre. — Comento indiferente, intentando regular sus pulsaciones a causa de los hechos recientes.
"Eso fue algo cruel… Pero supongo que fue lo mejor…" Pensó Ed mientras se reincorporaba para emprender su camino a la cocina.
— Vienes? — Se volteo a mirar a Winry.
— Si! — Contesto entusiastamente, mientras rápidamente se acercaba a él y lo tomaba por el brazo.
Ambos bajaron silenciosamente las escaleras hacia la cocina, para no despertar a nadie, y para no alarmar a Alphonse ya que los dos sabían que él no podía dormir.
En la cocina, los jóvenes se encontraban engullendo un par de trozos de pastel de cumpleaños que había quedado.
— Tienes chocolate en la nariz. — Comento el muchacho con expresión divertida a su compañera.
Winry se tapo la cara de vergüenza y comenzó a limpiarse la nariz con las manos mientras se reía de si misma, Ed se acerco a ella y la abrazo por la cintura, divertido y enternecido por las acciones de su…. Novia ¿Se le podría llamar novia? Edward no estaba seguro, pero si había algo seguro… La amaba con locura.
El joven besó levemente la nariz de Winry, para luego abrazarla con mucha ternura. Hasta que se le ocurrió una brillante idea ¿Qué cosa mejor que obsequiar algo a su amada para que lo lleve con ella durante su ausencia? Un signo físico de ese amor comprometido y fuerte que había entre ellos.
— Tengo algo para ti. — Dijo el muchacho de manera entusiasta.
— ¿Qué es? — Contesto curiosa.
— Tu, quédate aquí solo necesito unos segundos.
Edward se dirigió hacia un estantería con distintos tipos de copas de colección, del estante más alto tomó un par de copas de plata, pertenecían a un fino y delicado juego de ocho copas.
— ¿Qué haces?— Pregunto la mujer viendo que de pronto Edward le daba la espalda. — Y con las copas de la abuela…
— No puedo convertir el plomo en oro. Bueno y si pudiera no tengo el plomo suficiente a mano… En fin a lo que voy es que la plata sigue siendo plata— Contestó mientras juntaba sus manos en una palmada.
La luz de la transmutación encandiló a Winry y la hizo pestañar, no terminó de aclarar su vista y Edward ya estaba frente a ella con una leve sonrisa torcida y una de sus manos ocultas detrás de su espalda
— No sé qué pretendes… — Dijo Winry divertida.
— Cierra los ojos… — Dijo tomando la mano de Winry.
— Supongo que no me pondrás un insecto en la mano, como cuando éramos niños. — Replicó abriendo un ojo para poder espiar.
Pero Edward le volvió a cerrar su ojo con un dulce y delicado beso en el parpado.
Winry pudo sentir una fría sensación recorriendo su dedo anular y al acto supo lo que era...
— Perfecto — Dijo para sí mismo, con autosuficiencia.
Winry fue abriendo los ojos poco a poco para poder apreciar el bello anillo de plata que brillaba en su mano, con unas bonitas caladuras en el que formaban la palabra Te Amo.
— Es hermoso… — Susurró emocionada.
— ¿Si? Ahora… te molestaría si llevo uno igual? — L e preguntó el muchacho con dulzura mientras colocaba un anillo igual al de ella, en la palma de su mano.
Winry carcajeo de pura alegría y tomo con dulzura la mano izquierda de Edward para colocárselo.
— La abuela se enfadará por lo de sus copas, jaja.
— Se le pasará, veré de hacerle un regalo la próxima. — Se rió casi en un susurro y la tomó por la cintura y con delicadeza besó sus labios.
Ambos se sentían muy felices con su nueva insignia de amor mutuo.
Winry se sentía feliz y por otra parte angustiada al saber que su amor partiría solo en unas horas, pero ella había prometido no volver a llorar, por más que sus ganas inmensas le hicieran un nudo en la garganta.
— Te amo, muchas gracias — Susurro Winry una vez que se separaron. — Te voy a extrañar.
— No te preocupes, todo pasara muy rápido, pronto estaré de vuelta con Al… Solo prométeme que podrás ser paciente.
— Voy a estar esperándolos siempre. Por favor ven a visitarme de vez en cuando.
— Siempre que mi automail se rompa. — Contesto sonriendo divertido.
— Supongo que es buena excusa… Aun así esperare.
— Te extrañare Winry prometo regresar pronto…
CONTINUARA!
