¡Yuuuy! Como no aguanto más y tengo a lot de cosas que hacer, mejor de una vez actualizo capítulo. Saludos y gracias por sus comentarios.
Capítulo 9
Peeta Mellark había llevado una vida bastante holgada. Sus padres fueron propietarios de una pequeña tienda de abarrotes, pero que les dio el sustento necesario para sacar adelante a sus tres hijos varones.
Dos de ellos ya estaban casados y entre ellos sacaron adelante el negocio familiar, por lo que ahora Mellark's era un supermercado respetado en la ciudad donde vivían; dedicado sobre todo a la venta de productos orgánicos, y bien reconocido por sus productos extranjeros de primera calidad.
Peeta en cambio, prefirió ir a la Universidad y hacer una carrera en Negocios Internacionales. Su deseo había sido viajar y conocer las grandes capitales del mundo. Y así lo logró, viajó por el mundo en búsqueda de productos que la gente se interesara en adquirir, muchos de ellos colocados en el mercado online por Mellark's.
Pero independientemente Peeta se posicionó y se hizo de clientes frecuentes, que le encargaban productos de Asia, Sudamérica y Europa. Había vivido bien los últimos años, pero llegó al punto inimaginable en el que se cansó de viajar tanto y entonces pensando en qué paso dar ahora en su vida, se le presentó la oportunidad que necesitaba.
Fue por un cliente y amigo que era dueño de unos almacenes de ropa en Texas y Arizona. Este fue el contacto para que el diseñador Cinna le ofreciera este trabajo en NYC. El plan del diseñador era abrir varias boutiques en los Estados Unidos, pero él no quería preocuparse del papeleo y el traslado de sus productos, ni los problemas aduanales.
Peeta consideró rechazar la oferta, pero en el último minuto decidió hablar con el diseñador en persona y tomó el primer vuelo a Europa que le reservaron desde las oficinas de Cinna's design. Si era el destino que le daba la oportunidad cuando la necesitaba, ¿quién era él para rechazarla?
Y entonces conoció a Katniss Everdeen.
Fue amor a primera vista. Nunca se había sentido así con alguna mujer y sentía en su palpitante corazón que ella era la correcta. No sabía cómo ni porque lo sabía, pero nada le haría cambiar de opinión.
Amaba a Katniss locamente. Ella era hermosa, inteligente, divertida y pasional, y él había sido muy afortunado de conocerla.
Pero ella lo había rechazado cuando supo su verdadero nombre.
Entonces la casualidad los volvió a topar gracias a Cinna.
Como Peeta no era inmune al dolor, no tuvo el arrojo suficiente de suplicar una vez más por otra oportunidad.
Y ahora Katniss se casaría dentro de algunas horas; eliminando toda oportunidad de estar juntos.
Sintiendo que a punto de perderla para siempre, al menos podía reclamar el derecho a verla una vez más, viajó a NYC muy temprano para poder despedirse de la joven que había conquistado su corazón.
Estando donde Cinna, cuando las jóvenes se fueron, Peeta le había contado la historia al amable diseñador, quien le ofreció romper por una vez con las políticas de la empresa y facilitarle la dirección de las tarjetas de crédito con que las chicas pagaron sus vestidos. Por eso sabía en dónde encontrar a Katniss. Y entonces cerraron el trato con una sencilla condición.
Llevando consigo únicamente una enorme caja de cartón, iba simplemente a dejarle un último recuerdo de su devoción.
Eran las siete de la mañana cuando el taxi se detuvo frente a la pequeña vivienda del discreto vecindario. Bajó con su caja y pagó la cuenta, decidiendo que ya buscaría un modo de volver al aeropuerto, porque tenía que seguir con sus planes de mudanza.
Cuando se paró frente a la puerta comprendió que estaba temblando.
No tendría el valor de verla a los ojos sabiendo que estaba a punto de ser la mujer de otro hombre.
Dejó la caja en el suelo. Tuvo que respirar varias veces antes de dar un par de fuertes golpes a la entrada blanca de madera. Entonces se dio la vuelta y comenzó a andar cuando escuchó que alguien abría la puerta.
Apresuró sus pasos hasta alcanzar la esquina, decidiendo entonces hacia donde continuar su rumbo. Tal vez hacia la izquierda…
Se congeló en su sitio cuando la escuchó decir su nombre.
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Un día antes.
¿Cómo iba a decirle a Gale que no podía casarse con él, a un día de la boda?
Drama. Es lo que esto era, algo así como una película de esas que adoraba ver con sus amigas en el cine o en su casa.
Precisamente las películas que Gale tanto detestaba.
Todo lo compartido con su amigo de la juventud había quedando al descubierto ante sus ojos. No había dormido bien dándole vuelta a los pros y a los contras sobre su relación con Gale. Terminó sentándose en su pequeño desayunador con pluma y papel anotando una lista.
Cuando comprendió que su lista de contras rebasaba la de los pros, suspiró pesadamente, pero al mismo tiempo aliviada de comprender que lo suyo con Gale estaba más basado en la comodidad que en el amor; y si su amigo era como ella en ese sentido, era probable que sintiera lo mismo.
¿Pero y si no?
Entonces ella tendría que pararse en la brecha por la felicidad de ambos; y aunque Gale le odiara al principio, en un futuro volverían a ser amigos y se reirían de esto juntos.
Esperaba.
Entonces llamó a Gale para hablar; y fue la urgencia en la voz de la chica por la que este le dijo que fuera a verlo a la oficina al medio día.
-¿Le ofrezco algo, señorita Everdeen? –peguntó la secretaria de Gale.
-No, gracias, al menos que tengas whiskey o algo más fuerte.
La secretaría rió pensando que era una broma, pero al ver la cara afligida de Katniss supo que no bromeaba –en seguida se lo traigo.
La siguiente persona que entró a la oficina fue Gale sosteniendo su vaso de whiskey – ¿bebiendo tan temprano, Catnip?
La joven sintió que de un momento a otro iba a ponerse a vomitar. –Créeme que lo necesito para lo que te voy a decir. –Dijo arrebatando el vaso de mano de su prometido.
Gale la miró con extrañeza empinarse el licor de golpe –presiento que esto no me va a gustar nada –dijo acercando una silla para sentarse frente a Katniss.
-No puedo hacer esto, Gale –soltó de pronto.
El ingeniero la miró por unos instantes antes de responder –entiendo que todos estos días han sido muy estresantes, pero mañana finalmente podremos respirar aliviados, babe.
-No –dijo Katniss sacudiendo la cabeza –no comprendes. No puedo… nosotros no… no podemos…
Gale frunció el ceño – ¿Qué quieres decir? Habla claro por favor.
La joven contadora pensó que para romper con Gale debió solicitar una botella de algo más fuerte –no quiero casarme contigo, Gale.
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