Muchas gracias por el apoyo. El fic ha tenido 92 comentarios hasta el momento así que he decidido ser optimista e ir a por los 100. ¿Me ayudáis? ;)
Algunas os habéis dado cuenta de qué se ha olvidado Brennan, otras os habéis dado cuenta y luego habéis pensado que no puede ser eso y otras directamente no tenéis ni idea. Más adelante se sabrá, lo prometo.
Como siempre, aprovecho para agradecer a quienes me escribís sin cuenta. Saharaes: me has matado cuando al volver a leerlo has caído en la cuenta de qué se olvidó. GAES: probablemente aciertes pero no lo sé.
Por cierto, The Doctor in the Photo promete, no puedo esperar a verlo :P
No he estado muy inspirada pero me ha salido esto. Espero que os guste y ya me diréis.
Disclaimer: "Puedo escribir los versos…" es un fanfic basado en la serie Bones. Booth, Brennan y el resto de los personajes mencionados son propiedad intelectual de su creador, Hart Hanson, de la antropóloga forense Kathy Reichs y de la cadena Fox. Yo no intento violar las leyes de copyright, ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto. Sólo escribo para divertirme y con la idea de compartirlo para que más gente lo disfrute.
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Capítulo 10: Mantener las manos alejadas
A pesar de que Booth condujo lo más rápido posible a casa de la antropóloga, Brennan se cambió de ropa lo más deprisa que pudo, y ambos tomaron un café rápido como único desayuno, no fue hasta las 9 cuando llegaron a la puerta del Jeffersonian.
Booth paró el coche y Brennan abrió la puerta para bajarse.
-Adiós, Booth.
-¿No vas siquiera a darme un beso? -dijo Booth, poniendo cara de niño pequeño.
-Booth, si te beso llegaremos aún más tarde... -No pudo terminar la frase porque los labios del agente capturaron los suyos en un beso dulce. Brennan enredó los dedos en los mechones de cabello de su compañero y lo profundizó más. La pasión los estaba poseyendo pero no era el momento. Se separaron con la respiración entrecortada.
-¿Ves? -dijo Brennan, mirando el reloj y sonriendo.
-Ya te dejo marchar -dijo Booth, soltando su abrazo-. ¿A la hora de la comida paso a por ti?
-Más te vale -sonrió la antropóloga, bajando del coche y subiendo las escaleras del instituto.
Booth se la quedó mirando mientras subía las escaleras con paso firme. ¿Qué he hecho para merecerla? En ese momento se dio cuenta de que tal vez la mejor respuesta a eso fuera, simplemente, "Gracias".
Brennan cruzó las puertas de cristal del instituto con un cálido sentimiento en su pecho. No entendía por qué había tardado tanto en abrirse a Booth cuando la sensación de estar con él era tan placentera. Y dentro de cuatro horas estaría comiendo con él. Sonrió de oreja a oreja y en ese momento apareció Angela por la puerta.
-Brennan, al fin llegas... -Se fijó en la cara de su amiga-. ¿Y esa sonrisa?
-¿Eh? ¿Qué? -Brennan aún seguía aturdida-. Nada.
Angela abrió la boca para replicar pero fue interrumpida por la voz de Cam.
-Doctora Brennan, ¿cómo es que ha llegado tan tarde? -Aquella pregunta se le hacía familiar a Brennan-. No se habrá vuelto a quedar parada en medio de la autopista... -Angela se rió ante el comentario, sospechaba que aunque no hubiera una furgoneta por medio por ahí iban los tiros.
-Por supuesto que no, Cam, simplemente me he quedado dormida y al llamarme Angela me he despertado. Ahora me pongo con los restos -dijo Brennan, esquivando rápidamente a la artista para entrar en su despacho.
La mañana transcurrió entre huesos y análisis del cadáver y Angela decidió dejarle a su amiga un poco de espacio. La intuición le decía que si había pasado algo con Booth, cosa de la que Angela estaba segura al 99%, el agente iría a por su amiga a comer y ella podría ver qué se traían entre manos. Además, Brennan era insoportable cuando no quería contar algo.
Las mejillas de Brennan enrojecieron al escuchar la voz de su amante gritar un "hola" feliz al cruzar las puertas del laboratorio. Se giró, apartando los ojos del cadáver para clavarlos en la mirada marrón de su compañero. No lo pudo evitar y una sonrisa de oreja a oreja inundó su cara.
-Huesos, vengo a por ti para comer –dijo el agente, soñando con comerla a ella.
-Recojo la chaqueta del despacho y voy contigo –dijo, bajando de la plataforma prácticamente de un salto.
-Te acompaño –dijo Booth mientras Brennan sonreía por encima de su hombro.
Angela lo vio todo con los ojos como platos, viendo cómo se miraban y sonreían. Miró a Cam y se encontró a la patóloga con la boca abierta.
-¿Estos dos…? –comenzó Cam.
-Eso parece –sonrió Angela-. Aunque bueno, siempre lo parece.
Booth cruzó la puerta del despacho de la antropóloga y la cerró tras de sí. La acorraló contra la pared para besarla con pasión.
-Llevo todo el día pensando en ti… soñando con estar así contigo… -susurró Booth contra su oído.
-Lo sé… yo también… -dijo Brennan volviendo a besarlo. La mano de Booth comenzó a bajar por el cuerpo de Brennan más allá de su cintura, para llegar hasta su trasero y aplastarla contra él. Brennan gimió y se apretó más.
-Booth… no debemos… hay gente… van a sospechar… -dijo en un susurro sin aire.
-Tienes razón –suspiró-, siempre la tienes –apartó las manos de su cuerpo. Brennan sabía que habían hecho lo correcto, pero se sentía tan bien cuando él la tocaba… suspiró mientras cogía su abrigo.
Cuando salieron del despacho se encontraron con que todo el laboratorio los estaba mirando. En el momento en que les devolvieron la mirada, todos fingieron volver a su trabajo mientras los miraban de reojo. Se miraron, se encogieron de hombros y salieron del Jeffersonian.
-Han estado cinco minutos completos ahí dentro, ¿verdad? –preguntó Cam a Angela conteniendo una carcajada.
-Cinco minutos y treinta y tres segundos –aportó Hodgins con una sonrisa.
-Están juntos –dijeron los tres a la vez, para después echarse a reír y decir al unísono-. ¡Ya era hora!
La comida en el Diner se hizo muy corta. El "no deben sospechar de nosotros" hizo que se sentaran en la posición de siempre, uno frente al otro, pero sus piernas se rozaron durante toda la comida.
-Es el primer día en secreto y ya se me está haciendo eterno –confesó Booth.
-Siempre nos queda la noche –sonrió Brennan, mientras daba un trago a su agua, guiñándole un ojo según lo hacía.
Booth sintió cómo los pantalones le apretaban más.
-No sé si podré aguantar lo que queda de día.
-Yo tampoco pero… ya te he dicho que nos queda la noche –dijo, acariciando el muslo izquierdo del agente con su pie.
-Huesos… te digo que no sé si podré aguantar y me lo pones más difícil –suspiró.
-Es para que no te olvides de mí –dijo la antropóloga, dejando de acariciarlo mientras le robaba una patata frita del plato.
-No podría –dijo Booth. Brennan le sonrió y justo en ese momento apareció Sweets.
-¡Hola! ¿Qué tal va el caso? ¿Ocurre algo? –preguntó al ver las caras sonrojadas de los compañeros.
-Nada –dijeron al unísono.
Sweets los miró con cara de escepticismo pero no dijo nada.
-Esto… agente Booth, ¿podría llevarme al FBI? Tengo el coche arreglando y…
-Claro, dejo primero a Huesos en el laboratorio y luego vamos al FBI.
Salieron del Diner y llegaron al minicoche de dos plazas.
-Lo siento, Sweets, no me acordaba –dijo Booth-. Llevo primero a Huesos al laboratorio y luego paso a por ti, ¿vale?
Fueron corriendo al coche. Dejar a Brennan en el laboratorio y no ir con ella fue duro, pero las palabras de Brennan antes de irse "esta noche" aún resonaban en sus oídos mientras se dirigía al FBI. Aparcó y, nada más subir las escaleras, se encontró con Charlie.
-Booth, ¿has visto a Sweets?
-¡Mierda, Sweets! –dijo Booth, acordándose de repente del psicólogo.
Bajó corriendo a por su coche y llegó como una exhalación al Diner. Le dedicó una sonrisa de disculpa al enfadado Sweets.
-Booth, ¿por qué has tardado tanto?
-Es que he dejado a Huesos y… bueno, me he olvidado de que estabas aquí.
-Ya –dijo Sweets mirándolo con su mejor cara de loquero-. ¿Y tu distracción no tendrá que ver con la doctora Brennan?
-¿Qué? ¡No! –dijo Booth, intentando ocultar una sonrisa-. Ya te he dicho que se me ha ido el santo al cielo.
Sweets lo miró escéptico pero no dijo nada.
Parecía que las horas duraban el doble pero al fin terminó con el papeleo, pasó a por comida tailandesa y se dirigió a la máxima velocidad permitida al laboratorio. Estaba deseando ver a Brennan, tocarla, olerla, volver a sentirla…
Eran más de las 10 cuando llegó y se cruzó con Angela según salía.
-Sólo queda Brennan –dijo la artista, arqueando las cejas sugerentemente. Booth sólo sonrió y se dirigió al despacho de la antropóloga.
Abrió la puerta y sonrió al ver a Brennan enfrascada escribiendo en su ordenador.
-¿Qué haces? –sonrió desde el umbral.
-Ah, nada, es que me ha venido la inspiración para un capítulo de mi último libro –dijo, mirándolo con esos ojos inocentes que Booth sabía que significaban que había algo detrás de lo que decía.
El agente dejó las bolsas con comida en el suelo, se acercó a ella y la levantó del asiento, colocándola contra la pared.
-No será una escena de sexo entre Andy y Kathy, ¿verdad? –susurró con voz ronca.
-¿Cómo lo has sabido? –preguntó sorprendida.
Booth la besó suavemente mientras acariciaba sus costados.
-Has tenido muuucho con lo que inspirarte este fin de semana. Además, te conozco y se te ve en la cara cuando te traes algo entre manos.
-¿Ah, sí? –dijo Brennan con su voz más seductora-. ¿Ahora se me nota? –dijo, colocando una mano en la entrepierna de su compañero. Booth contuvo el aliento y cerró los ojos, sorprendido.
El agente la arrinconó por completo contra la pared, sorprendiendo esta vez a Brennan.
-¿Cómo es que has llegado tan tarde? –se las arregló para susurrar.
-¿Tenías ganas de verme? –sonrió Booth contra su cuello para después besarlo.
-Mmmm… sabes que sí. ¿Y tú?
-Sabes que también, pero he tenido mucho papeleo que hacer y he andado con retraso –dijo mientras con una mano le acariciaba un pecho.
Brennan jadeó.
-¿Y eso?
-Me gusta acariciarte los pechos –sonrió Booth.
-No –sonrió Brennan-, me refiero a por qué has tenido mucho papeleo.
Booth se rió.
-Me olvidé de recoger a Sweets y tuve que volver a por él.
-Pobre –dijo Brennan mientras desabrochaba botón a botón la camisa de su compañero-. Pero ya estás aquí –dijo, mordiéndose el labio inferior-. Vámonos a casa antes de que la cosa vaya a más –susurró con pasión.
-No –negó él contra sus labios-. Siempre he deseado… aquí… contigo –susurró con voz entrecortada. Brennan sonrió a su vez.
-No eres tan puritano como pareces.
-Ya te lo dije –dijo Booth, bajando la cremallera del vestido de su compañera. Besó sus hombros y dejó que el vestido se deslizara por su cuerpo hasta el suelo. Booth la miró embelesado. Quería ir lentamente pero Brennan volvió a besarlo, bajando sus manos hasta el cinturón del agente, desabrochándolo rápidamente, la idea de hacerlo en su propio despacho la estaba poniendo a cien.
-Huesos, ¿no vas un poco rápido?
-No, Booth, quiero hacerlo contra la pared –le susurró al oído mientras le mordía la oreja.
Aquel comentario excitó más aún al agente, que la desnudó rápidamente mientras Brennan hacía lo propio con él. Los labios de Booth bajaron hasta los pechos de la antropóloga, mordisqueándolos mientras una mano bajaba a su entrepierna.
-Dios mío, estás…
-Booth, quiero…
-Sí, espera –dijo, arreglándoselas para sacar un condón. Se lo puso, Brennan enredó una pierna alrededor de la cintura de él y él entró en ella de una rápida embestida.
-¡Oh, Dios! –jadeó Brennan. Las manos de Booth la agarraron por las nalgas mientras la empalaba contra la pared. Sus labios bajaron hasta los pechos y volvieron otra vez a sus labios mientras deslizaba una mano entre sus cuerpos para acariciar su clítoris, sin dejar de embestirla.
Brennan sentía que el placer arrasaba cada parte de su cuerpo. Las manos de su compañero acariciaban cada uno de sus puntos erógenos y la fricción estaba a punto de acabar con ella. Nunca había mezclado lo personal y lo profesional y ahora entendía por qué a Angela le gustaba tanto el Jeffersonian. Era el sexo más caliente que nunca había tenido.
Booth no podía pensar. La tenía a ella, completamente abierta a él, en todos los sentidos. Era suya, siempre lo había sido. Y él era de ella, también desde siempre.
-Nunca pensé que esto sería tan… -jadeó Booth.
-Yo tampoco –reconoció ella también entre jadeos, sintiendo cómo aquello cada vez se le iba más de las manos-. Booth, estoy a punto de…
-Lo sé, yo también…
Brennan sintió cómo sus paredes vaginales se contraían ante el inminente orgasmo, llevando a su compañero más allá del abismo, ambos gritando el nombre del otro.
Cuando se separaron ambos sonrieron. Brennan tenía ganas de reírse a carcajadas. Se sentía tan feliz…
Booth la besó con pasión.
-Me haces tan feliz…
-Tú a mí también –le contestó mientras ambos se vestían-. ¡Oh! Si has traído la cena… -sonrió.
-Hemos hecho mucho ejercicio –dijo Booth, parafraseándola-. Tendremos que recuperar fuerzas.
Cenaron juntos en su sofá, como tantas otras veces. Había sido un primer día francamente duro.
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Es difícil escribir wall sex pero... en fin... ;) ¿Os ha gustado?
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Los reviews son extremadamente agradecidos y me hacen seguir escribiendo y actualizando con ilusión ;) Además de tener un efecto antidepresivo... en mí XD
