Capitulo 9

-¿Como esta Isabelle?

Roberson estaba delante de Shamal a la espera de noticias de su mujer, con la necesidad apretando su garganta y la sensación de deja vu clavandose en sus entrañas.

Otra vez, la estaba perdiendo.

No dios, otra vez no.

Shamal lo miro atentamente mientras los informes de Isabelle le llegaban rápidamente, informes que no decían...

Nada.

-No lo se.-concluyo la doctora.

Roberson la miro entonces, incredulidad creciendo en su cara mientras Hayate y Kaito seguían preguntando porque era imposible que su a su esposa no le pasara nada.

¡Estaba sangrando!

-Los analisis no dicen nada, ni las radiografías, ni si quiera el TAC, sea lo que sea no es algo que un médico pueda determinar.-dijo Shamal.

-Ella estaba tranquila y de repente, estaba temblando.-dijo Kaito.

-No lo entiendo.-susurro Hayate.

Shamal tampoco, al parecer, y Roberson la verdad es que ni siquiera quería entenderlo, solo quería ver a su esposa en buenas condiciones y a su lado, no quería nada más.

-Roberson, puedes ir a verla.-le dijo Shamal.

Y así lo hizo, con la firme intención de conocer cual era el problema de su esposa y salvarla, porque si la volvía a perder...

Él estaría acabado.


Isabelle abrió los ojos sintiendo los famosos pinchazos de dolor en su cabeza que la hacian marearse mientras miraba a su alrededor para saber donde estaba.

La sala médica.

-Genial...-susurro.

Vio a Roberson entrar y sentarse a su lado con una forzada sonrisa en sus facciones, sabía que odiaba verla así y que seguramente estaría pensando en la última vez que ella había estado con médicos.

Aquella vez, ella había muerto.

-¿Rober?-preguntó.

-Estoy aqui, mi amor.-susurro él.

Le cogió la mano y ella sonrió, por un momento olvidando todo el dolor y su malestar, solo con un roce de su mano, por eso lo amaba, porque con él, no había dolor.

No hasta que recordo porque se había desmayado.

Fate...Scaglietti.

-Rober...estan aqui...-susurro ella entonces.

-¿Que? ¿De que hablas?-preguntó él preocupado.

-Fate...ella esta aqui y Scaglietti también.-le dijo ella.

Roberson la miraba como si estuviera loca y ella misma lo pensaba pero podía verlos, podía sentirlos, estaban allí.

Vivos.

-Cariño, eso no es...

-Roberson, estan aqui en Mid-Childa, puedo sentirlo.


Clyde se levanto lentamente del suelo donde él y Fate habían aterrizado después del viaje por el portal con la sombra de Scaglietti que los arrastraba sin darles oportunidad de liberarse hasta que Fate había conseguido cortar la mágia que los rodeaba y habían aterrizado en aquel lugar lleno de árboles y cesped.

-Fate...vamos mujer, despierta.-susurro él.

Ella se movió poco a poco agarrando el cesped y notando en seguida que ya no estaba en Al-Hazard.

-¿Donde estamos?-preguntó Fate.

-No lo se, parece un bosque.-dijo Clyde mirando a su alrededor.

-Ah...Clyde...-susurro Fate de repente.

-¿Si?-preguntó él.

-No veo, he recuperado mi ceguera.-le dijo la rubia.

Clyde la miro con una ceja levantada antes de acercarse a ella y ver sus ojos borgoña sin ninguna vida y suspiro, tenía razón, había perdido su visión.

-Tienes razón.-le dijo él.

Fate suspiro antes de tocar el terreno que la rodeaba, los árboles, podía sentirlos soplando sus hojas alrededor de ellos mientras el cesped siempre fresco los invitaba a quedarse en aquel lugar.

Y entonces supo donde estaban.

-Ya se donde estamos.-susurro ella.

-¿Donde?-preguntó Clyde.

-Estamos en un bosque cercano a Mid-Childa.-susurro ella.

Había vuelto a casa.


Jail despertó en un valle rodeado por una suave brisa, se sentía otra vez él mismo, era él mismo y sonrió.

Por fin me libre de esa cosa.

-¿Donde estoy?-se prenguntó a si mismo.

Se levanto del suelo y comenzó a caminar, perdido en aquel lugar donde solo los árboles lo acompañaban y la brisa le susurraba al oido.

-Que sitio más raro, debo salir de aqui rápido.-se dijo.

Entonces vio un claro y supuso que podría orientarse desde allí se que corrió hasta llegar allí topandose con algo familiar en unas rocas.

Demasiado familiar.

-La profecía...-susurro.

En aquellas rocas grabadas estaba la profecía que la oscuridad le había dicho, la que hablaba de Fate como heredera de Al-Hazard, la que él pensaba, solo era un sueño.

No era un sueño.

Se agarró la cabeza mientras la voz se presentaba dentro de él otra vez, la oscuridad no lo había dejado nunca y nunca lo dejaría.

Ahora eres mío y ni siquiera aqui, serás libre de mi.

Y sintiendo la derrota hacerse más fuerte dentro de él, Jail Scaglietti dejó, esta vez sin pelear, que la oscuridad se abriera paso a través de él.

Era hora de decir adios al loco cientifíco.

Y dar la bienvenida al apocalipsis del mundo.

El Oscuro, había llegado al mundo humano.


La ansiendad, la alegría y el miedo se hacían eco a traves de Nanoha mientras ella con Raising Heart y Bardiche buscaban los rastros de Fate a traves de Mid-Childa.

-In The Forest, Master.-dijo Bardiche.

Nanoha asintió y colocó el pequeño dispositivo delante de ella mientras cerraba los ojos y convocaba su propio poder.

-¡Axel Fin!-grito ella.

Y unas alas alargadas aparecieron en sus pies, dandole la rápideza que necesitaba porque si Fate estaba allí fuera, ella iba a encontrarla.


-Si solo tuviera a Bardiche o a Terri sería más fácil.-dijo Fate.

Ella y Clyde caminaban a traves del bosque sin ninguna dirección mientras intentaban buscar Mid-Childa y alguien que pudiera ayudarlos.

Solo esperaba que esa ayuda no viniera de Nanoha o de alguien conocido.

-Vaya...no sabia que había un bosque aqui.-susurro Clyde.

Fate sonrió mientras recordaba que Clyde llevaba mucho tiempo sin estar en su hogar y para él todo era distinto y entonces, se le ocurrió una idea.

-Cuando lleguemos a la ciudad, quiero presentarte a alguien.-dijo la rubia.

-¿Quien?-preguntó Clyde.

-Un amigo, es Admirante y seguro que te ayudará.-susurro ella.

-¡Genial!-le dijo él.

Sonrió en pensar en aquel Admirante cabezón y de buen corazón que había vivido con ella tantas aventuras y la había ayudado en su juicio por ayudar a Precia y esperaba que él mismo pudiera llevar a Clyde hacia Lindy.

-Mama...-susurro Fate.

Lindy Harlaow era una de las pocas mujeres, aparte de Nanoha, Hayate o Signum que Fate había admirado, pero después de todo, ella también se había cansado de llevar el peso de Fate Testarossa sobre ella.

No podía culparla, estaba cargada de problemas.

-Uhm...¿Fate?-dijo Clyde de repente.

-¿Si?-pregunto la rubia.

Entonces lo sintió, tan fuerte, tan voraz, que no supo si llorar o huir de aquella fuerza que venía directa hacia ellos.

Pero lo sabía, no podría escapar, no de ella.

Nunca de Nanoha.

Su corazón latía con fuerza, su sangre dejo de correr por sus venas y su respiración se cortó al notar la energía de Nanoha llegando a ella como el sol amaneciendo tras las montañas.

-¡Fate-chan!-grito la voz.

Y rezó para tener la fuerza de rechazar a Nanoha mientras las últimas palabras que ella le había dicho le quemarón el alma.

Te amo, Fate-chan, te juro que lo hago.

Pero por desgracia, ella no podría seguir amandola, ya no...