Los personajes no me pertenecen, son de Stephanie Meyer. Solo los tomo prestados.

Capitulo 10

Había pasado tres semanas desde que Bella "terminó" con Jacob.

En esas tres semanas Bella y yo andábamos juntos todo el tiempo. Los chicos siempre nos reprochaban el hecho de que, aunque Bella ya no estaba bajo el yugo de Jacob, ahora no compartía con ellos porque estaba conmigo.

Con cada día que pasaba con ella más me daba cuenta de lo especial que era. Era perfecta.

Bella pasaba buscándome por las mañanas por lo que mi tía ya no debía salir a llevarme. De regreso pasaba lo mismo.

También me estaba enseñando a conducir. Lo bueno con su obsoleta camioneta era que más fea no podía estar y no pasaba de ochenta kilómetros por hora.

Pero seguía sin entenderla, Jacob la insultaba, la trataba como a un muñeco y ella seguía adorándolo, babeándose por él.

¡Ay, Edward Cullen! ¡Te van a volver loco!

Después de dejar mi hamburguesa a un lado, asqueado por la cantidad que ya había comido y por la que aún quedaba. ¿Es que aquí pensaban que todos comían como Emmett?

Miré a Bella que tenía su vista fija en una de las mesas de la esquina mas apartada. Donde estaba Jacob. Puse los ojos en blanco.

¿crees que si salgo con Jacob a escondidas, mi padre se enterara? —susurró Bella sin apartar la mirada del perro sarnoso.

Golpeé mi cabeza con la mesa haciendo que Bella diera un respingo y me mirara avergonzada.

Ya te he dicho suficiente así que no responderé —dije levantando nuevamente mi cabeza y cruzando mis brazos.

Bella y yo comíamos solos, los chicos se ponían muy melosos cuando estaban juntos así que lo mejor era no estar de lamparitas.

Fijé mi vista en Jacob quien, a mi parecer, parecía muy feliz con sus amigos y hasta con una de sus compañeras, Leah, creo.

Ni siquiera miraba a Bella de reojo y tampoco parecía darse cuenta que ella lo estaba mirando.

Fue entonces cuando volteó hacia nosotros y después de ver fijamente a Bella, agarró a Leah para besarla.

Bella volteó lentamente mientras se secaba una lágrima que se le había escapado. Puse los ojos en blanco y le pasé un pañuelo a Bella para que se secara las lágrimas.

¡Demonios!

Instintivamente me protegí la cabeza antes de caer pegando la espalda al suelo engramado.

Llevaba media hora tratando de hacer una estúpida pirueta en la patineta y solo conseguía caer al suelo como un saco de papas.

Ya estaba tan cansado de caer que simplemente me levanté, tomé la patineta y me metí a la casa directo a mi habitación.

Mis tíos y mis primos estaban en Port Angeles en un almuerzo familiar ya que unos amigos de mi tío los invitó. Preferí quedarme, no quería salir de casa. No estaba de ánimos.

Sabía que Sonia no estaba bien, la conocía lo suficiente. Su voz se quebraba con frecuencia y siempre que le preguntaba donde estaba o que había hecho se salía por la tangente.

Después de ducharme me dejé caer en la cama y enterré la cabeza entre las almohadas.

No podía dejar de pensar en Bella. Mis pensamientos giraban en torno a ella. Me distraía, me desconcentraba.

¿Por qué demonios me ocurría?

Salí de la cama en un intento de buscar algo que hacer y fui hasta la computadora.

No tenía ganas de ver animes, no tenía ganas de jugar, no quería ponerme en contacto con nadie…

Paseé por mis páginas de siempre hasta que "mis favoritos" me llevó a la página del pago de electricidad. Jugué con el touchpad mientas pensaba.

No sería mala idea pagar las cuentas de la casa, al fin y al cabo, la factura (por lo menos la de electricidad) debió haber aumentado desde que estaba aquí, con todas mis cosas enchufadas y en uso. Aunque en realidad no había nada que consumiera mucha energía. Todos mis equipos eran ecológicos.

Después de buscar un par de claves, ingresé a la cuenta de mis tíos y pagué las cuentas: electricidad, agua, servicio urbano.

Como tenía que equilibrar mis acciones decidí jugarle una pequeña broma a mi padre que ya debía estar en la oficina. La red la compañía estaba muy mal diseñada, el estúpido cabeza de chorlito que la diseñó había dejado varias lagunas. Por allí entraba yo a la red, desde donde estuviera, por lo que me encontré con la computadora más desprotegida de toda la amplia red. La de mi padre.

No estaba haciendo nada interesante por lo que mandé a la computadora a hibernar.

Cinco…

Cuatro…

Tres…

Dos…

Uno…

Mi teléfono repicó con el tonó de mi padre. Reí entre dientes.

— ¿sucede algo? Es inusual que llames —dije haciendo que mi voz sonara como su acabara de despertar.

—no te hagas el tonto, se que fuiste tú quien apagó mi computadora —gruñó mi padre—. Solo tú sabes el problema con la red. Mi técnico y yo seguimos la pista hasta tu computadora la última vez.

—Me acabo de levantar —dije bostezando.

— ¿crees que no te conozco lo suficiente para saber que estas mintiendo? Por favor Edward, tengo de tonto lo que tú tienes de bruto —dijo mi padre.

— ¿conocerme? ¡Ja! —Me reí con amargura— a veces me sorprende que sepas mi fecha de cumpleaños.

—tienes una nueva amiga llamada Isabella Swan, es muy bonita y comparte dos de tus clases. Te tiene frustrado porque es terca como una mula e idolatra a su estúpido novio sonrisa de perro. El hecho que no hable contigo no quiere decir que no sepa lo que haces y que no esté pendiente de ti, no soy el ogro que crees que soy —dijo con un extraño tono que nunca había escuchado en mi padre. Y sus palabras…

Recosté de la silla y deje escapar todo el aire que tenía en los pulmones.

—es más, ahorita estas sentado, pálido, la boca abierta haciendo una "O" y completamente asombrado —rió mi padre—. Veo que acomodaste el escritorio de modo que no ves hacia la ventana. Es irónico que le tengas aversión a las alturas si toda tu vida has vivido en un apartamento en el piso ocho. Para ser un experto en informática, tienes tu red muy desprotegida.

Corté la llamada y arrojé el teléfono sobre el escritorio.

¡Mierda! ¿Qué fue eso?

Sin pensarlo mucho, desconecté la webcam y me dejé caer en la silla nuevamente subiendo mis pies a esta y abrazando mis rodillas.

Vuelvo. ¡Mierda! ¿Qué fue eso?

Estaba en shock. Todo era un completo caos en mi mente.

Que mi padre, que Edward Cullen, estuviera pendiente de mis acciones y de todo lo que hago era… insólito, extraño, poco común.

¡Mierda!

¿Desde cuándo? ¿Por qué? ¡Y mi padre! La persona que menos se fijaba en mí, la persona que casi nunca hablaba conmigo.

¿Qué demonios pasaba aquí?

Lo único agradable que hizo mi padre fue regalarme la patineta hacía casi un año.

Algo malo debía estar pasando para que estuviera así. Podía ser. Tal vez su empresa estaba en banca rota…

No, no lo estaba. Había verificado la bolsa de valores en la mañana, su empresa estaba en su mejor momento.

Cuando mi cabeza dejó de parecer un nido de hormigas desesperadas, bajé a la cocina en busca de un poco de agua.

Estaba por volver a subir cuando alguien llamó a la puerta. Extrañado por eso, ya que no esperaba a nadie, abrí la puerta solo para que una ráfaga castaña se me lanzara y me abrazara como si su vida dependiera de eso. Me estaba asfixiando.

— ¿Bella? ¿Qué sucede? —le pregunté preocupado.

Ella solo lloraba descontroladamente.

Cerré la puerta y como pude la llevé hasta la sala. Luego de sentarnos en uno de los sofás comencé a acariciar sus cabellos en un intento de reconfortarla. Cuando su llanto se hizo apenas un leve sollozo levanté su rostro y la miré fijamente.

Sus hermosos ojos chocolate estaban rojos y opacos, desolados. Su nariz estaba roja y sus labios formaban un puchero que ni Alice le ganaría en perfección. Su piel estaba pálida pero no sabía si era por el contrate con su nariz de Rodolfo el reno.

— ¿me vas a decir que sucede? —le pregunté no dejando que apartara su mirada de mí.

Ella había estado extraña en los últimos días, como si escondiera algo. Cada vez que le preguntaba ella desviaba la mirada y se salía por la tangente.

—hoy fui con papá a La Push y… y ahí estaba Jacob con sus amigos. Entonces en un momento que me quedé sola, él… él llegó, ebrio y me besó con fiereza; me rompió el labio —sollozó—, me llevó a su casa y… y bueno… —su rostro se puso como un tomate a medida que el mío se volvía banco, captando su comentario no completado.

—Bella…

—Luego me dijo que era… que era una puta y que todos los regalos que me había dado eran para pagar mis servicios —comenzó a llorar de nuevo. Mientras, trataba de controlarme para no explotar de rabia.

— ¿le dijiste a tu padre?

Ella negó con la cabeza mientras más lágrimas brotaban de sus ojos.

— ¿y no lo piensas hacer?

Negó otra vez con la cabeza.

— ¡dios bendito, mujer! —grité sin querer en realidad, levantándome de mi asiento. Ella se encogió en el asiento.

Me froté la cara frustrando. ¿Por qué ella era así?

—mira, eres una chica lista, bonita. Pero te vuelves tonta cuando estas frente a Jacob —dije volviéndome a sentar—. Lo tuyo no es enamoramiento, es obsesión.

— ¿y acaso tú si sabes lo que es estar enamorado? —preguntó un poco desdeñosa.

—no. Pero si lo que es estar obsesionado —dije suavemente—. Mira. Había una chica en el colegio, hermosa y ¿Por qué no? Sexi. Veía casi todas sus clases conmigo y poco a poco me fue atrayendo mas y mas, hasta que un día le dije para salir. Esa fue la primera de muchas veces y andábamos casi siempre juntos. Me volví su perro faldero siguiéndola a todas partes, le deba regalos costosos y siempre que salía le brindaba todo lo que quería. Era la luz de mis ojos y a pesar de las advertencias de mi nana, no hice caso. La muy zorra solo quería mi dinero y disfrutarlo con su novio. Se burló en mi cara de todo lo que le había dicho. Te juro que estaba como tú, en negación, no quería que se alejara y sentía el corazón machacado.

—Yo no estoy en negación —dijo mirándome con el ceño fruncido.

—Y yo te estoy contando un cuento para dormir —respondí irónico—. El caso es que después de mucho pensar me di cuenta que solo estaba obsesionado con sus curvas, pero ella no me quería y yo tampoco. Ni siquiera era inteligente, yo le hacia los trabajos que mandaban los profesores. Y al final me di cuenta que ni siquiera era como si disfrutaba de nuestras salidas.

— ¿Por qué haces todo esto por mí? — preguntó acongojada.

—Porque necesitas quien te abra los ojos —me encogí de hombros.

— ¿pero por qué lo haces? —insistió.

—Porque eres la primera amiga que tengo —dije sonriéndole con timidez.

Ella abrió mucho los ojos.

— ¿y con los que tú salías en Chicago?

—ellos solo querían mi dinero. Por lo que nunca los he considerado mis amigos —volví a encogerme de hombros.

Antes podía decirlo pero un extraño dolor se alojaba en mi pecho. Desde que conocí a Bella no sabía lo que era esa sensación.

Entonces se recostó de mis piernas tomándome por sorpresa.

—te quiero por cómo eres. No me interesa tu dinero —susurró acariciando mi rodilla a través de mi pantalón.

—Yo también te quiero —susurré acariciando sus cabellos.

Mi tía me había dejado comida como para Emmett por lo que podía compartirla con Bella. Comimos en silencio y una vez que lavamos todo. Tomé su mano con delicadeza e hice que me acompañara hasta mi habitación.

Una vez allí deje que se sentara en la silla de escritorio mientras yo me dirigía hacia el piano.

Deslicé uno de mis dedos por las teclas sin presionarlas. Amaba mi piano. Me senté en el banquillo y me acomodé como era debido.

Suavemente toqué las teclas haciendo que de la caja sonora saliera la melodía que estaba interpretando. Esa melodía había sido la última que había practicado el día anterior.

— ¿esa es Trees? —me preguntó con una sonrisa incrédula.

Mi mirada se posó en la ella. Tampoco podía creer que ella conociera esa melodía. Digo no todo el mundo conoce a Keiko Matsui, a menos que te guste el piano y que como yo, y muchos otros pianistas, estés aburrido de siempre tocar lo convencional.

—El sorprendido debería ser yo —le sonreí mirando la partitura.

—bueno, me gustan los doramas y el animé así que eso hizo que abriera los horizontes con respecto a los asiáticos. De hecho, tengo más música en japonés y coreano que ingles —sonrió sonrojada. Adorable.

Asentí haciéndole comprender que le había escuchado, concentrándome en las partituras y las teclas.

— ¡Sakura Card Captors! —exclamó Bella emocionada como una niña pequeña, cuando cambié la melodía con un pequeño arreglo.

—a nana le encanta ese animé —comenté. Me la sabia de memoria porque se la había tocado a nana para el día de su cumpleaños.

—Tu nana tiene buenos gustos —sonrió Bella.

Pasamos la tarde en el piano, al final, Bella terminó sentada a mi lado en el banquillo.

Cuando Bella se fue a su casa, mis tíos aun no habían llegado por lo que hice un emparedado y después de comerlo me aseguré que las puertas y ventanas del piso de abajo estuvieran cerradas antes de volver a mi habitación.

No sé en qué momento me quedé dormido frente al televisor. Solo sé que mi tía me despertó de un sobresalto y que el cuello me dolía por la posición en que estaba durmiendo. Luego de eso volví a quedarme dormido, esta vez en mi cama.

¿y? ¿que les parecio?

muchisimas gracias a Babi Cullen y gracias a las chicas que semana a semana me dejan saber que les parece este fic. :*

recuerden review = adelanto

esta semana si les cumplo :)

saludos

jnnfrmrz :)