Hey! ¿Cómo están todos? Vengo a dejar un regalo de fin de año (?) Quería publicar un capítulo para Navidad y otro en año nuevo, pero me fue imposible. Hace escasos minutos terminé con este capítulo y al siguiente todavía le falta bastante. Pero como nada sucede por azar, me ha sercido para incorporar un par de personajes que han aparecido en la tenporada 10 y que pueden llegar a generar buenos hilos argumentales para las siguientes historia. Le estoy dando forma a eso. Quizá es la razón por la que no avanzo en la historia actual. Tengo mi cabeza puesta en la temporada 10 y no he podido consentrarme lo suficiente en la 8 :3

Les agradezco sus visitas y espero que la historia sea de su agrado :D

Vi: una vez más te doy las gracias por tu cariño. Cuando termino un capítulo y me parece horroroso y alguien comenta que le gustó... me hace muy feliz.

Bien, creo que eso era todo lo que tenía que comentar por hoy. Espero que este 2014 los haya tratado mejor que a mí. Y les deseo un 2015 lleno de todo aquello que los haga felices. (Mírenme. Toda sentimetal en fin de año. Algo definitivamente está mal conmigo je)

XXX


La casa impía.

– ¿DÓNDE ESTÁN? ¡CAMINA! ¡SI TENGO QUE VOLVER A ADVERTIRTE DE ALGO ASÍ TE VAS A ARREPENTIR EL RESTO DE LA ETERNIDAD!

Una voz muy similar a la de Erika gritaba desde el otro lado de la puerta. Crowley y su acompañante fijaron su atención en la entrada del despacho, la que se abrió bruscamente. Erika, armada con su espada, arrastraba a un aterrado demonio tomado del cuello de su traje, quién no cesaba de suplicar:

–Por favor… por favor… señor –le dijo Crowley –No pude evitar que entrase. Estaba hecha una furia…. quítemela de encima, señor… se lo suplico. No deje que me haga daño…

Crowley contempló, poniéndose de pie, con incredulidad, cómo ella lanzaba por el suelo al sujeto, quien permanecía hecho un ovillo contra la pared. Erika dedicó una furiosa mirada a la joven que estaba sentada ocupando el lugar frente al escritorio.

– ¿Qué está pasando aquí? –preguntó el demonio con serena seriedad.

– ¡Eso es lo que me gustaría saber! La próxima vez que uno de tus... "hombres" – enfatizó – ... me niegue el libre acceso volaré todo el maldito lugar. ¿Está claro? – amenazó.

–¡Tú! – le gritó Crowley al demonio – ¡Lárgate de mi vista! Y tú... – ahora se dirigía a Erika – Guarda tu arma –le advirtió en un tono de voz más apropiado para tranquilizarla –Estoy haciendo negocios, cielo.

– ¿Negocios? –preguntó enfundando la espada – ¿Es que ahora eres proxeneta? Quiero decir... no creo en los estereotipos... pero tú, querida... –observó sarcásticamente, dedicándole otra furiosa mirada a la chica que no se movía de su sitio.

Crowley debió hacer un doble esfuerzo. El primero fue disimular la carcajada que la observación de la joven le provocó. El segundo fue contener las ganas de hacerle mucho daño.

Ella acercó una silla al escritorio y se sentó cerca de Crowley sin solicitar ni esperar ningún tipo de autorización. Él guardó silencio y volvió a su sitio.

–Ponme al día. –dijo Erika.

–Verás, cielo. Ella es Delta. –dijo señalando a la joven

– Oh... si. Ahórratelo. Sé quien es...

Crowley continuó su discurso con semblante confuso, el que se reflejaba en su ceño fruncido. Sabía que ella traía algo entre manos, pero por alguna razón, no lograba descifrar de qué se trataba. En verdad le molestaba cuando eso sucedía. Odiaba cuando ella ganaba el juego mental.

–Tal parece que la señora Tran y su hijo intentan... fabricar cierto tipo de... preparación la cual es capaz de eliminar demonios, la misma que Kevin utilizó aquel día. Justamente ese que por el bien de tu integridad yo prefiero no recordar… sin embargo, los ingredientes requeridos no son exactamente comunes dentro del mercado. Decidí poner una alerta luego del incidente. Los chicos de inteligencia detectaron los pedidos y es así como llegamos hasta Delta. Le ofrecimos un precio excelente a cambio de la información de sus paraderos.

– ¿Y cuál es el precio que ella pide por el paradero de Kevin? –indagó Erika extrayendo el pequeño puñal que siempre llevaba en su bota y jugueteando con él.

–Es un precio razonable para mí. –respondió el rey del infierno evitando mirar a Erika.

–Pues más le vale que cumpla…. –amenazó –o yo me encargaré personalmente de ella… –dijo aún con el puñal en la mano.

– ¿Cuál es tu problema? –preguntó Delta, desafiante.

–No me hables así mocosa –advirtió Erika poniéndose de pie y apuntándole con la daga – ¿Tienes alguna idea de quién soy?

Crowley se puso de pie tratando de contenerla.

–Cariño, cariño…. En verdad te vez muy sexy cuando juegas con cosas filosas… Pero ¿Por qué no te calmas? Te pondré al tanto cuando todo termine, te doy mi palabra…

– ¿Qué me calme dices? ¡Creo que he sido suficientemente paciente respecto a toda esta situación!

–Bien… ¡se acabó! Has pasado un límite –le dijo. –Acompáñame.

La tomó del brazo bruscamente y la arrastró hacia la puerta. Una vez en el pasillo, cerró tras de sí y la arrinconó contra la pared.

– ¿Qué ha sido eso? ¿¡Eh!?

Ella resopló, resignada a confesar lo que ocurría.

– Da la casualidad – comentó, abochornada – que haces negocios con la bruja que nos estafó cuando buscábamos la manera de traer a Dean y a Castiel de vuelta...

– Nos... estafó... – observó Crowley, interrumpiéndola. – A ti y a tu alce... no a mí... – dejó escapar una serena carcajada – de haberlo sabido le habría ofrecido más dinero...me pregunto por qué no lo mencionó – reflexionó.

– Porque ella nunca me vio... Crowley. Y deduzco que tampoco a Sam. Evita exponerse más de la cuenta. Sin mencionar que tratamos de ser lo más discretos posibles. Era bien sabido que ya no trabajaba para ti y andaba por ahí con Sam. Supusimos que eso implicaría un riesgo para nosotros. – explicó – La investigué luego de aquel incidente. Delta es una estafadora. Es bien conocida por eso, nadie le ha cortado la cabeza porque cambia sus alias. Si alguien le propone algo más interesante de lo que tú le estás ofreciendo...

– ¿Crees que se atreverá a jugar así conmigo? – la pregunta fue casi una afirmación.

– ...y no es como si no hubieras sabido que puse precio a su cabeza... ¿no?

– Oh ohohohoh... – exclamó jugueteándole seductoramente – tal vez si... tal vez no... el punto es – se apartó de ella bruscamente – ¿Por qué te interesa? ¿Es que acaso estás preocupada por mí?

– ¡Claro que no…! Tengo motivos... personales.

–Motivos... – comentó esperando algún otro detalle.

– Privados. – aclaró ella con actitud evasiva.

– Como quieras – se rindió finalmente – ¿Por qué no vas al salón principal? Tengo un nuevo grupo esperando... tal vez halles alguno que valga la pena...

–¡Como si eso fuera posible...! –protestó.

–Anda. Al menos compruébalo. –comentó alejándose hacia el escritorio.

Ingresó al despacho con gesto de satisfacción.

– ¿Todo bien, su majestad? –preguntó Delta.

–Oh… ¡Claro que si…! ¡Mejor que nunca! Esa era mi ex esposa… –dijo sin ironía alguna –con quién todavía tengo negocios en común y en ocasiones su temperamento la desborda. ¿Volvemos a lo muestro? –dijo sonriendo amablemente.


– ¿Has visto a Milton? – Erika indagó al primer demonio que encontró en su camino.

– Creo haberlo visto en los fosos.

– ¿En los fosos? – recalcó ella con incredulidad.

Continuó su camino hacia ese sitio.

– ¿¡Qué rayos puede estar haciendo Milton ahí?! – se dijo a si misma, casi indignada – Es lo más lejos que pueda existir de su hábitat natural...


Finalmente terminó de bajar las extensas escaleras. Todo el sitio estaba bastante obscuro. Varios demonios intentaban en vano "domesticar" algunos cerberos. Ella no supo cuántos hasta que enfocó correctamente su vista para poder verlos. Eran cuatro. Bastante creciditos para el tipo de adiestramiento que intentaban darles, sin duda.

– ¿Qué pasa aquí? – preguntó.

Milton, que supervisaba la escena, se volvió hacia ella.

– Se escaparon y estaban fuera de control.

– Un perro bien entrenado no escapa, Milton.. – lo regañó con seriedad – ni se sale de control.

– ¿Y crees que no lo sé? Estamos intentando solucionarlo. No queremos ponerlos a dormir.

– Tal vez podamos dejarlos como guardianes en lo más profundo del infierno. Ya sabes. Ahí donde nadie se quiere quedar. Lo peor que puede pasar es que destrozen a algún condenado que nadie recuerda.

– Seh... pero ya conoces a Crowley. Es como un niño malcriado a veces. No juega con sus juguetes, pero tampoco los obsequia o te deja tirarlos a la basura – comentó con su vista fija en los animales. Contempló la reacción de Erika de reojo al notar que se le había ido un poco la lengua con la insolencia de ese comentario. – Un incidente así... sin supervisión... podría darle la chance a alguien de escapar. Si descubre que hemos perdido a un prisionero, tan sólo a uno del que ni siquiera se acuerda...

– Si... no me lo digas – ella avaló tácitamente el comentario. – Y haré de cuenta que no escuché eso... – le advirtió. – Y cuando te pregunté ¿qué pasa aquí? Me refería a ¿qué estás haciendo TÚ aquí?

– Es último supervisor... sufrió un... accidente... y tuve que reemplazarlo porque nadie quería tomar el puesto vacante. Y requería cierta... jerarquía.

Un griterío los sacó de su amena charla. Uno de los perros había atacado a un demonio. Tanto ella como Milton esbozaron sendos gestos de ligera empatía hacia el dolor del agredido.

Erika avanzó hacia él.

– ¡No! ¡Espera! – le aconsejó el demonio.

– ¡Quieto ahí! – le ordenó al cerbero con voz dominante pero sin alzarla exageradamente.

Lamentablemente, o quizá no tanto, ya era demasiado tarde para el pobre infeliz. El tipo yacía destrozado en el suelo en medio de un charco de sangre.

El perro se detuvo ante la orden.

– Ven aquí. Buen chico... – le dijo cuando éste le obedeció – ¿Qué ocurre? ¿Eh? – dijo acariciándolo animadamente – No te agradaba el hombre malo... ¿verdad, bonito?

– Es asombrosa... ¿cómo lo hace? – murmuró Milton con admiración en su voz.

– ¿Lo ven? Ellos solo necesitan un poco de amor... Un poco más de esfuerzo para la próxima. – les advirtió a los hombres restantes.

– Muy bien, es todo por ahora – ordenó Milton con una voz poco apta para el mando – La dama me necesita para asistirle. Guarden a los perros.


–No me puedo creer que esté haciendo este disgustante trabajo de nuevo... –protestó Erika.

–No te quejes... –comentó Milton tratando torpemente de seguirle la marcha por el corredor –nos conocimos en una de éstas... además, he hecho el trabajo más difícil por ti... este grupo es mucho más pequeño que el grupo del que me escogiste... ya hice la pre selección.

– Fácil de controlar, fácil de engañar. Corazones y mentes, ¿verdad? Cógelos jóvenes y son tuyos para siempre...

Erika abrió la puerta del salón y contempló al grupo de quince personas con extrema seriedad, tomando aire lenta y profundamente. Solo algunos de ellos advirtieron su presencia. El resto continuó con su charla despreocupada.

–Ok. ¿Alguien quiere escucharme? – preguntó sin que nadie la oyese. Carraspeó, pero nada... –¿ALGUO DE USTEDES, IMBÉCILES RATAS PONZOÑOZAS HA NOTADO MI PRESENCIA? –gritó finalmente.

Todos guardaron silencio y la contemplaron, algunos con duda, la mayoría con curiosidad.

–Ya habrán notado que no soy del club... me pregunto si han sido tan listos para saber quién soy...

Nadie se atrevió a responder.

–Ese silencio me indica que si... o al menos que son lo suficientemente inteligentes para disimularlo si es que no lo saben... ahora bien... – comentó paseándose por el salón – ¿qué es lo más importante que debemos tener en cuenta acerca de al interacción con seres humanos...

Uno de ellos, que se encontraba relajadamente sentado tomó la palabra sin permiso:

– Asustarlos hasta los cojones... – dijo en tono jocoso.

Erika fingió una sonrisa mientras se le acercaba a observarlo detenidamente. Milton tragó saliva, reconociendo esa mirada. Mirada previa a trifulca de ebrios, solía llamarla el demonio. Erika se dio la vuelta, calculando mentalmente la distancia.

– Asustarlo... hasta los cojones... – bromeó.

Se nolvió repentinamente, lanzando la daga de Salomón directamente a la cabeza del bromista, matándolo instantáneamente. Se volvió hacia Milton.

– Pre selección... – comentó con ironía – ¿es una broma?

–Lo lamento... – se disculpó éste – pasó las pruebas...

– Seguro... – se volvió hacia los demás – ¿Y bien? – nadie me ha respondido...y esto empieza a molestarme. – comentó retirando el cuchillo y limpiándolo en las ropas del demonio muerto para enfundarla nuevamente.

Un joven levantó la mano, tímidamente. Ella le cedió la palabra.

– Pasar... – carraspeó ligeramente mientras intentaba en vano buscar una posición más cómoda en su sillón – pasar desa...per..ci...bi...do.

Erika hizo un gesto, entrecerrando los ojos. Prácticamente no había oído nada después de pasar...

–Disculpa... no te oí.

– Pasar desapercibido. – dijo con algo más de seguridad al notar que ningún objeto mortalmente filoso volaba hacia él.

– ¿Cuál es tu nombre?

– Jake... – respondió mirando furtivamente a Milton y a otra joven a su lado.

– Jake... dime algo Jake... ¿cómo sigue tu odisea en el reino de los vivos...? Digo... hipotéticamente.

– Acercarme... ser amistoso... averiguar que desean... qué es lo que más aman...

–¡Qué es lo que más temen perder! – agregó la joven a la que Jake había mirado anteriormente.

– ¿Y tú quién se supones que eres?

– Soy Katia... – dijo la joven de cabellos rubios y maltratados y ojos café, sobre los que ostentaba demasiado delineador negro, con atuendo metalero y un flequillo cortado de la manera más irresponsable y desprolija jamás vista.

– Ok... bien... me gusta tu traje. – comentó amablemente ante la sonrisa de la joven – pero no vuelvas a hablar sin mi permiso.- finalizó con seriedad.

– ¿Y bien? – preguntó Milton con ansiedad, aunque algo más relajado al ver que la sesión se había cobrado un solo cadáver.

– Jake y Katia...

– Solo dos... en un grupo original de 200 que reduje a 15...Crowley va a estar furioso...

– No es mi culpa... los demás... servirán para algo supongo, pero no bajo mi responsabilidad... – le advirtió alejándose.

– ¡Espera! ¡No te vayas! Tengo algo más que mostrarte. – le dijo entusiasmado. – Te levantará el ánimo.

Milton la condujo hacia el patio de la propiedad. Varios demonios trabajaban en distintos sectores. Pero todos parecían estar forjando herramientas de hierro.

– ¿Tenemos una herrería? – preguntó Erika con incredulidad.

– Algo así. – le respondió él con entusiasmo – Salvo que no forjamos hierro precisamente... trabajamos otra clase de material.

Se acercó a una de las mesas y levantó un pequeño puñal. Brillante y plateado. Se lo alcanzó a ella, quien lo contempló seriamente unos largos segundos.

– ¿Esto es...?

– Acero angelical. – informó asintiendo con la cabeza. – también trabajamos en balas. Son difíciles de forjar... – reflexionó – se deforman bastante al dispararlas. Pero tengo algo especial para ti. Sé que te gusta ser discreta y silenciosa... así que le hice un pedido muy especial a los chicos...

Caminó hacia otra de las mesas. Tomó los pequeños objetos entre sus manos y se los mostró.

– Son puntas de flecha... son para ti. También esa pequeña navaja.

– Asombroso...

– No puedo dártelas todavía. No sabemos si funcionarán...

– ¿No pensarás...? – preguntó asustada.

– Oh... no no no no no... no te preocupes. – se apresuró a aclarar. – No las probaremos en Samandriel... Tienes mi palabra.

Eso estaba bien para Erika. La palabra de Milton valía tanto o más que la de Crowley para ella.

– ¿Poniéndote al día? – el melodioso acento británico la sacó de sus pensamientos.

– Si. Pero ya he terminado por hoy. ¿necesitabas algo, Crowley?

– No de ti, querida. De tu asistente, si no es mucho pedir.

– Oh, no. Los veo luego – dijo marchándose.

– Te veré en mi despacho. – le ordenó el de negro a su asistente. – Tenemos que hablar en privado.


– ¿Cómo estuvo todo? – indagó el rey del infierno.

– Oh... bastante bien – informó Milton algo dubitativo.

– No suenas muy convencido. – comentó Crowley. – De cualquier forma no te llamé por eso.

– ¿Y entonces?

– ¿Cómo es que nadie sabía que Delta era una estafadora?

Milton abrió su boca para responder, tan solo para descubrir que ningún sonido salió por ella. ¡No tenía una respuesta!

– No lo sé... – anticipó con nerviosismo. – Tal vez... No lo sé, señor. – confesó finalmente, con bastante temor. – Lo lamento. He tenido que repartir mi tiempo entre Erika y lo cerberos. Y ambos son demandantes por igual. Dijiste que debía estar más atento que nunca a sus necesidades. Tuve que delegarlo.

– ¿A quién?

– Aldo. – hizo una pausa para comprobar que tan mal le había caído la respuesta a Crowley – Aunque personalmente no me agrada, siempre has dicho que es un elemento de confianza... – se justificó – y lleva más tiempo aquí que yo...

– De acuerdo... de acuerdo. – lo interrumpió admitiendo tácitamente su propio error.

– Con todo respeto, ¿por qué piensas que es una estafadora?

– Porque Erika me lo dijo. No confía en ella. Y si Erika no confía en Delta. Nosotros tampoco.

– Como digas.

– ¡Que no lo sepa! – le advirtió – Ya sabes como es... le encanta decir "Te lo dije" Quiero que vigilen a Delta. Si ves UN solo signo de que nos va a traicionar, ya sabes que hacer.

– Si señor.

– ¡Ah! Y también quiero que vigiles a Aldo. Quiero saber si está haciendo su propio juego, o si solo es un idiota. Estoy harto de las decepciones.