RATONCITO
CAPÍTULO 8
Los años pasaban y mi vida con María era tranquila y más que satisfactoria.
En ese tiempo ambos habíamos crecido y madurado. Nuestra vida en pareja tenía desde luego altibajos, pero nos amábamos y así íbamos superando las dificultades.
Tal vez la forma en la que habíamos comenzado nuestra relación no hubiera sido del todo acertada pero a medida que había ido pasando el tiempo nuestros sentimientos se habían vuelto más fuertes, más reales y había aprendido a amarla con su tranquila forma de ser.
María era una chica sencilla y sin complicaciones.
Le gustaba que pasáramos tiempo juntos, le gustaba que nos fuéramos de vacaciones sin más equipaje que una mochila. Le gustaba que nos quedáramos los domingos retozando en la cama hasta el mediodía.
Y adoraba pasar el fin de semana encerrados en casa sin más obligación que hacer el amor en cualquier lugar y en cualquier momento.
Era lo que cualquier hombre desearía en una mujer, y yo no era la excepción.
Como siempre me recordaba Emmett tenía que aprovechar esta situación antes de que llegaran los niños y el sexo se viera obligatoriamente recluido a la habitación y la oscuridad de la noche.
Yo sabía que Emmett tenía razón y no perdía oportunidad de complacerme y complacer a mi mujer.
Por otra parte cada vez que el tema de los hijos había sido traído a colación, María insistía en que disfrutáramos de nuestros sobrinos que nos daban la oportunidad de tener todo lo bueno de ser padres sin tener que cargar con las responsabilidades.
Y si había algo que parecía que tendríamos en abundancia eran sobrinos.
Además de contar a Bella, quien siempre había sido para mí mi primera y preferida sobrina, mis hermanas ambas ya casadas no negaban su intención de tener hijos pronto y darme sobrinos. Y desde luego que también estaba Jasper, el hermano de María, que había embarazado por tercera vez a Alice, por lo que pronto sumaríamos un retoño más a nuestra colección de sobrinos para malcriar.
No obstante lo mucho que yo disfrutara de mis sobrinos, a mis treinta ya estaba preparado para ser padre.
Aunque cada vez que tocaba el tema con María, ella se mostraba evasiva y titubeante.
Mi trabajo como analista financiero en Northern Woods cada vez tenía más responsabilidades lo que me llevaba a tener cada vez mejores salarios que me permitían tener un buen respaldo para mantener una familia.
María tenía su plaza fija en el instituto de Forks lo que nos convertía en una pareja más que solvente para mantener y educar un hijo.
Aunque de cualquier forma, María siempre se mostraba esquiva.
Finalmente el nuevo niño de Alice y Jasper nació una mañana a comienzos del verano.
Alice y Jasper llevaban ya seis años de matrimonio, los mismos que María y yo llevábamos conviviendo.
Ese día Alice había dado a luz a su tercer hijo y yo estaba comenzando a sentirme un poco envidioso.
Era feliz con mi vida y estaba completamente satisfecho con mi pareja y la relación que teníamos pero pasaba de los treinta y no podía negar que cada vez que había un nuevo nacimiento en la familia, los colegas o los amigos yo solo podía pensar en lo preparado que me sentía para tener hijos. Pero María siempre seguía mostrándose reacia a hablar del tema.
—Es increíble que tengan ya su tercer hijo —comentó María cuando detuve el coche en la entrada de nuestra casa a la vuelta del hospital —Nunca pensé que mi hermano tuviese tanto instinto paternal.
—¿Y cuándo crees tú que se despierte tu instinto maternal? —pregunté intentando ocultar tras una sonrisa burlona la desazón que me provocaba su constante negativa a formar conmigo una familia de más de dos personas.
María sonrió y se volteó a verme condescendiente.
—Ya hemos hablado de esto, Edward. Sabes que no quiero tener hijos.
—¿Qué quieres decir con eso? —inquirí nervioso —¿No quieres tener hijos nunca?
Ésa era la primera vez que María aseguraba no querer tener hijos. Hasta entonces, durante seis años siempre había hablado de postergar o retrasar la paternidad, nunca de que ésta nunca fuera a suceder. Pero ese día parecía especialmente tajante.
—No —respondió mirándome incrédula —Ya lo hemos hablado. Muchas veces te he dicho que no quiero tener hijos.
—Ya, sí, lo sé. Lo has dicho, pero siempre entendí que era por el momento. No que nunca querrías tenerlos.
—No quiero tener hijos, nunca. No quiero ser madre. Adoro mi vida y mi libertad tal cual es y no quiero dejarla por un hijo. Tengo tres sobrinos para mimar y consentir sabiendo que no es mi responsabilidad educarlos y convertirlos en personas responsables y honestas.
—Los hijos no son solo eso —retruqué sintiéndome por primera vez nervioso ante las palabras de María.
Yo sí quería tener hijos. Lo había querido siempre. Desde que había tenido entre mis brazos a Isabella, la niña más hermosa que había pisado este mundo, había sabido que yo quería tener un hijo igual en algún momento.
Desde luego que no era lo que había deseado a los dieciséis, ni siquiera a los veinte o veinticinco, pero ahora a los treinta era un buen momento para ponerme en serio a buscarlo.
Y ahora, la mujer con quien había imaginado que lo haría realidad me aseguraba que no estaba en sus planes.
Era una locura, pero era una locura que yo no estaba dispuesto a consentir.
—No lo entiendo, María. Yo sí quiero tener hijos. No tiene que ser hoy ni mañana pero quiero tener hijos algún día. Lo quiero y no estoy dispuesto a resignarme a lo contrario. Tú siempre lo has sabido.
—Pues no será conmigo con quien los tengas —aseguró María petulante —Yo nunca tendré hijos. Y creía que tú siempre lo habías tenido claro.
—Eso es una tontería. Claro que los tendrás. ¿Qué coño hacemos juntos si nunca vamos a formar una familia?
—Lo que dices, Edward, es absolutamente retrógrado y anticuado. Podemos ser una familia. Una familia de dos. Hay cientos de parejas así.
—¡Pero no es lo que yo quiero para mí! —rugí iracundo.
—Pero es lo que yo quiero para mí —aseguró María antes de bajar del coche con un portazo y entrar en la casa.
Molesto y colérico conduje mi coche hasta la casa de Emmett.
Emmett estaba pintando la cerca del patio trasero cuando me vio adentrarme en su jardín con gesto molesto.
—¡Ei, Edward! ¿Qué ha pasado? —inquirió mi amigo preocupado al ver mi rostro transido.
—¿Estás solo?
—Sí. Rose y Bella han ido a conocer al pequeño de Alice. Creía que tú y María estaríais allí.
—Estuvimos allí hasta hace una hora o algo así.
—¿Y qué haces aquí con esa cara? ¿Habéis discutido con María?
—María no quiere tener hijos —solté dejándome caer en una tumbona después de coger un botellín de cerveza del pack que Emmett tenía junto a él.
Emmett dio un respingo, cogió otra cerveza y se sentó en la tumbona junto a la mía.
—¿Qué quieres decir?
—Me lo ha soltado hoy al volver del hospital. Que ella nunca tendrá hijos.
—No lo comprendo. ¿En todos estos años nunca habéis hablado de ello?
—Sí, pero yo siempre pensé que ella se refería a que no quería tener hijos todavía, pero no que nunca los querría tener.
—Nunca es mucho tiempo. ¿No crees que podría cambiar de opinión?
—No lo sé. Parecía muy segura de sí misma.
—¿Y tú qué piensas?
—Yo sí quiero tener hijos —espeté molesto —Yo sí quiero ser padre y quiero tener hijos con María. Estoy seguro de que sería una buena madre a pesar de sus palabras de hoy pero no estoy seguro de que pudiera convencerla de lo contrario.
—¿Cuáles son sus razones para ser tan contundente?
—¡Qué sé yo! Dice que le gusta su libertad, no le gusta tener la responsabilidad de cuidar, criar y educar niños. Entiendo que el ser una pareja sin hijos nos da muchas libertades y es cómodo y divertido, desde luego, pero yo estaría dispuesto a resignar parte de esa libertad solo por sentir el amor incondicional de mi propio hijo así como por tener alguien a quien amar de esa misma forma —expliqué —Sabes a qué me refiero.
—Lo sé —reconoció Emmett mirándome compasivo —Y te entiendo, de verdad. Creo de todas formas que deberíais sentaros con calma a discutir el tema. Ser padres es algo demasiado importante y definitivo como para no tratar el tema con calma y profundidad.
—Lo sé —acepté —Es solo que me tomó tan de sorpresa… ya sabes… acabábamos de conocer al bebé de Alice, se había despertado mi instinto paternal… y solo pensar que nunca sabré lo que es ser padre por mí mismo…
Emmett me observaba pensativo y compasivo.
De pronto clavó su mirada en mí con un rictus solemne.
—Tal vez éste no sea el mejor momento para decirte que Rosalie está embarazada —dijo Emmett sorprendiéndome, pero alegrándome infinitamente por él.
—Vaya, Em, felicidades, hermano. Me alegro mucho por ti aunque me entristezca no tener lo que tú tienes. ¿Y cuánto tiempo tiene Rose? ¿Y qué ha dicho Bella?
—Todavía es reciente, apenas siete semanas. Y aún no se lo hemos dicho a Bella. Últimamente se ha vuelto una adolescente rebelde y contestataria así que no hemos encontrado el momento. Rose está un poco sensible y teme que la reacción de Bella sea exagerada y diga algo que le haga daño.
—¿No creéis que Bella se alegre ante la idea de tener un hermano?
—No particularmente. Últimamente Bella no parece alegrarse de nada que tenga que ver con la familia. No recuerdo el último día que llegara del colegio de buen humor y sin discutir.
—Si crees que hay algo en lo que pueda ayudar… Sabes que Bella y yo tenemos feeling.
—Lo sé —reconoció Emmett recostándose en su asiento —Amo a mi hija más que a nada en el mundo, pero puedes estar seguro de que si hubiera una forma de darla en acogida hasta que acabase la adolescencia y las hormonas volvieran a su sitio, lo haría sin pensarlo.
—No me lo creo —reí —Estoy seguro de que no cambiarías ni una sola de las hormonas de esa niña.
—No estés tan seguro. Es adorable pero estoy seguro de que no quisieras ser su padre.
—Prefiero ser su tío favorito —reconocí —Aunque ahora mismo daría lo que fuera por ser el padre de alguien.
Emmett me miró con pena.
—Recapacitará, Edward —prometió —Ten paciencia y verás que María recapacitará.
Emmett tenía razón y después de varias semanas de conversaciones María aceptó al menos reconsiderar su posición.
No dijo que sí pero tampoco dijo que no y finalmente parecía que algún día ella y yo aumentaríamos la familia.
Su casi claudicación coincidió con mi ascenso en el trabajo y ya que mi nueva posición me llevaba a viajar un par de veces al mes entre las diferentes delegaciones, ello llevó a María a plantearme que esperásemos un poco hasta tanto yo volviera a asentarme en el trabajo.
Decidí que tenía razón y volví a aparcar, una vez más, el tema de los hijos.
No lo sospechaba entonces, pero esta decisión coincidió con el diagnóstico de Esme de cáncer de mama y ello llevó a mi familia a no pensar en nada más que en mi madre.
Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos, y sobre todo gracias por leer.
Les espero también en mi grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Besitos y nos seguimos leyendo.
Les recuerdo también que en Wattpad estoy subiendo la misma historia pero con personajes originales, por si alguien quiere conocer protagonistas diferentes.
Guest (María): Una pena que la historia te haya decepcionado y todo te parezca absurdo. Dudo por ello que leas este mensaje, pero si lo haces solo quería pedirte que juzgues la historia por lo que está escrito y no por lo que tú crees que voy a escribir.
