Capítulo 10. La noche de la esgrima
No había dejado de llover desde que el trío más famoso de todo Hogwarts se hubiera distanciado. La gente cuchicheaba a sus espaldas, y los mensajes con los últimos acontecimientos volaban, literalmente, por todo el castillo. Cualquier gesto, mirada o paso servía de base para una nueva teoría acerca de lo que había pasado aquella ya conocida como "La tarde de la esgrima". No había un solo alumno que no supiera del enfrentamiento que había provocado Malfoy y todo hay que decirlo, tampoco había un solo alumno cuyo rostro no se tornara en sorpresa cuando se enteraba de que el terrible y odioso Malfoy no había participado en la disputa más dolorosa. Hasta los profesores conocían la noticia y en consecuencia, las clases de esgrima habían sido suspendidas. ¿Una medida exagerada? No, una medida necesaria, al menos desde que se supo que Jack Capeller había aparecido muerto. Más confusión que sumar al ambiente.
Lo cierto era que Harry, Ron y Hermione no se habían vuelto a ver, y sus intenciones no los llevaban por otros derroteros. En una ocasión Harry se había topado con Ron de frente y la tensión había crecido tanto que medio Hogwarts guardó silencio y se hinchó a dar codazos. Pero peores batallas había sufrido el colegio, ¿o no?
Hermione no atendería a razones, y es que era lógico suponer que era la parte más afectada. ¿Su delito? Adoraba la esgrima. Jamás reconocería ser la causa y origen del problema, y a parecer de muchos; hacía bien. Tan obstinada era su posición que no sorprendió que desapareciese del colegio tal y como había hecho antes de la pelea. Se rumoreaba que salía y entraba del despacho de McGonagall pero no hubo quien confirmase el hecho. Solo los novatos, ilusos e inocentes alumnos de primero sabían la verdad, pero a ellos nadie les preguntaría.
Ron estaba fuera de sus casillas, algunos alumnos lo apoyaban en su enemistad con Malfoy y comprendían perfectamente que lo que el pelirrojo quería era proteger a Hermione. Achacaban las duras palabras que el Gryffindor había dedicado a su amiga al fragor de la batalla. Se creía tan en razón que continuó con su vida normal: iba a clase, a comer y a los entrenamientos de quiddicth. Los fines de semana se escapaba a Hogsmeade y burlaba el tiempo. Aquí paz y después gloria.
Y en cuanto a Harry, se había encontrado de repente solo, en medio de un mar de sinsaberes. ¿A quién apoyar? No tenía la respuesta. Sabía los porqués de sus amigos y también los errores de ambos. Y ahora, estaba terriblemente confuso, y, para su sorpresa, aliviadamente libre. Así que como pudo, también continuó con su normal vida adolescente, su normal novia también adolescente, y sus preocupaciones normales adolescentes, ése grano le hacía competencia a la cicatriz en forma de rayo.
Otro que no daba señales de vida era Draco Malfoy. Pero su caso era casi tan raro como el de Hermione. Si a la chica no se la había visto salvo un par de veces en la biblioteca, el rubio Slytherin no se había dejado mostrar ni una milésima de segundo, ni siquiera sus compañeros de profesorado podían responder sobre su paradero. Las más románticas afirmaban que en la soledad de la noche se podían oír sus sollozos cerca de los baños del quinto piso, estaban convencidas de que el guapo heredero Malfoy estaba arrepentido de su comportamiento y se martirizaba a golpe de recuerdos cada noche. Las menos románticas arremetían contra esta teoría diciendo que era Myrtle, la llorona que había cambiado de domicilio, la que sollozaba.
Si la disputa del año se vivía con tanta intensidad en Hogwarts, la muerte de Capeller triplicaba la tensión en la Comunidad Mágica y no digamos la explosión en el Ministerio de Magia. Y aunque muy bajito las primeras voces exigiendo respuestas hicieron su aparición. Voldemort había muerto, en eso estaban todos de acuerdo. Pero ¿y los mortífagos? La mayoría encarcelados, pero ¿cuántos eran realmente?, ¿alguien lo sabía?, ¿existía un censo de ellos? Lo más importante ¿porqué desaparecían?, ¿acaso se estaban reorganizando? Si así era, ¿qué significaba la muerte de Capeller? Todo un misterio que los más ilusos ignoraban y los más cobardes temían. El Ministerio de Magia debía encontrarse entre los primeros de la lista, y al calificativo de iluso debía añadir el de indeciso porque ¿cuándo se daría el primer Beso de Dementor a un mortífago? Otra brecha más.
Y así habían transcurrido dos meses, sonrisas por delante y temblores por detrás. La neblina de falsedad era cada vez más espesa y el café más amargo. Todo hubiera seguido igual de no ser porque aquel viernes noche ocurrió algo asombroso.
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Hermione corría a través del Bosque Prohibido. Parecía que la llevaban los diablos, su ritmo era frenético. Varita en mano, hechizo luminoso convocado y cara desencajada la chica volaba intentando desesperadamente salir de entre tanto árbol. Y justo antes de caerse, y un segundo antes de que la luz se apagara vislumbró un rostro.
¿Granger? – una voz que arrastraba las palabras sonó no muy lejos de ella.
¿Malfoy? – Hermione temblaba.
Lumus – susurró - ¿Qué narices haces tú aquí? – pero las palabras se le atragantaron en la boca y cambió de cuestión. - ¿Qué ha pasado?
La chica tenía la tez pálida como la nieve, unas marcadas ojeras y unos arañazos horrendos en la mejilla izquierda. Su pelo más que rebelde podría calificarse como delincuente. Estaba empapada. Malfoy la examinó sin rozarla con cuidado, sumo cuidado.
Ron está en peligro, Harry también está en peligro y Malfoy, tú también estás en peligro…y McGonagall y … - Hermione miraba hacia todos lados, nerviosa, palpaba en el suelo buscando algo.
¿Eres sonámbula, Granger? – Malfoy se recuperó de la impresión y dibujó una sonrisa en su cara pero al ver que Hermione no contestaba y su mirada seguía tan perdida como antes desfiguró el gesto - ¡Granger!
Hermione pareció reaccionar y cerró los ojos un instante para reaparecer después junto con el sonrosado tono de su piel.
¿Malfoy? – esta vez la pregunta sonó más Hermione que antes - ¿Qué haces en mi habitación? – el Slytherin se sintió tremendamente aliviado y soltó una risotada.
Ya quisieras tú, Granger. Vaya, vaya…la brillante sabelotodo es sonámbula – Malfoy volvió a reír.
¿Qué estás diciendo? – pero Hermione miró a su alrededor y se percató de que su cuarto no tenía árboles tan grandes - ¿Estamos en el bosque prohibido? ¡Oh! No. ¡Estamos en el Bosque Prohibido! – la chica se puso de pie en un santiamén y miró a Malfoy con ojos desorbitados, no había rastro de miedo pero si una luz de indignación - ¿Por qué me has traído aquí? ¿Qué te pasa?
Echa el freno, morena. No te he traído a ninguna parte…- Malfoy también se puso de pie - Tú has violado mi intimidad por propia iniciativa
¿Violado tu intimidad? ¿Acaso estás viviendo en el Bosque Prohibido? – el chico no contestó – ¿Las camas de Hogwarts no son suficiente confortables para un Malfoy? – la risotada partió de Hermione.
Ya, Granger. Muy gracioso – el rubio le dio la espalda y empezó a caminar.
Eh, espera – Hemione emprendió la marcha tras Malfoy. Era increíble la zancada que tenía el rubio.
¿No sabes salir de aquí? – espetó él.
Sí sé, no seas idiota. – respondió ella.
¿Entonces? ¿Me echas de menos? – esperó él.
Malfoy, en serio, no seas idiota. – titubeó ella.
Pero la mirada del chico brillaba y antes de que Hermione pudiera decir "el musgo crece hacia el norte" Malfoy transformó su varita en espada y la empuñó contra la leona, desafiándola. Hermione no se amedrentó, lanzó un Incendio que dibujó un círculo de fuego alrededor de los dos chicos y su varita adquirió las características de las de su oponente. Posición de guardia. Ataque. Revés bajo. Las espadas brillaban al chocar, emitían un sonido eléctrico y dejaban volar chispas de colores. Giro. Salto. Otro revés más y posición de guardia. Había empezado. El baile se construía poco a poco bajo el lluvioso cielo del Bosque Prohibido. Sería la magia de las varitas la que daba ese efecto de luces a las espadas. Estoque. Y los bailarines no estaban dispuestos a dar treguar. Salto. Ataque. Derecha y estoque. Solo aumentaba la provocación Volvió a sonar la melodía. Tiritaban sus espadas con una pasión digna de tango. Vuelta al estoque. Y otra vez, y otra más, y una tercera y una vigésimo quinta…
…
En Hogwarts las luces se fueron encendiendo poco a poco. Una chispa brilló en el exterior. Procedía del Bosque Prohibido. Espera, ¿una chispa? ¡Eran cientos de ellas! Luces de colores que sobrevolaban aquel mar de árboles. Y alguien lo advirtió. Fuegos artificiales. Al principio había sido un alumno incapaz de conciliar el sueño, luego un par de sombras que bajaban a por un vaso de aguar. Más tarde se les unieron aquellos que querían hacer una consulta rápida a sus compañeros de habitación y tiempo después los que nerviosos por un examen, se levantaron a repasar. Al cabo de media hora todo el colegio, profesores incluídos, estaba despierto, asomado a las ventanas que, celosas, miraban al Bosque Prohibido. La vigilia se mantendría. Nadie en su sano juicio se perdería el espectáculo de colores que la naturaleza les brindaba.
Si. La naturaleza. La naturaleza salvaje de dos jóvenes reencontrados.
…
Sus cuerpos cayeron desfallecidos sobre el empapado terreno. ¿A quién le faltaba más el aliento? Era difícil saberlo. ¿Por qué les faltaba el aliento? También tenía una respuesta complicada.
¿Me echas de menos? – copió ella.
No seas idiota – jugó él.
…
Harry clavaba su mirada en el Bosque Prohibido. Era una mirada serena, calmada. Aquello era maravilloso, extraordinario y raro. Pero en medio de la confusión que arrasaba en la Comunidad Mágica solo podía significar una cosa. Esperanza. Esa noche no importaban ni Ron, ni Hermione, ni los mortífagos…solo la luz que salía del Bosque. Esa hermosa luz. Advirtió a Ginny que se deslizó hasta la ventana. Ella no le llamó, ni siquiera lo rozó pero no hacía falta, Harry sabía perfectamente que su novia, silenciosa, estaba detrás.
También sabía que las cosas no iban bien.
Estoy embarazada – susurró ella.
Pero volverían a ir bien.
…
Una cabeza pelirroja negaba delante de una jarra vacía. Le ardía la piel como tantas veces antes, como nunca.
Otra – masculló entre dientes
En "Las tres escobas" alguien sentado junto a la ventana lanzó un grito de sorpresa. La mayoría se volvió a ver qué pasaba y el angustiado descubridor señaló el Bosque Prohibido. Las exclamaciones inundaron el local. Solo una cabeza permaneció inmóvil.
Es la tercera esta noche – respondió un hombre barbudo tras la barra.
Ese rojo encendido.
Espera y verás la cuarta
…
Porque ese viernes noche ocurrió algo asombroso: dejó de llover.
