CAPÍTULO 10

Medía casi diez metros de largo, sus mandíbulas estaban repletas de poderosas fauces provistas de fuerte dentadura con la cual era capaz de destrozar un árbol de tronco grueso sin molestarse.

Lo mantenían en un foso profundo con una sola abertura por encima la cual servía como la única vía de acceso de entrada y salida para dar con tal infame bestia; con el fin de hacer esto mucho más lento y doloroso, unas cadenas pasaban alrededor de sus extremidades dejándole a pocos metros en el aire mientras la bestia daba brincos para poder "desayunarlo". En cada salto y posterior caída se podía sentir como el suelo de aquella mazmorra retumbaba produciendo ecos de baja frecuencia. –Puedes evitarte todo esto gatito, mejor habla- Apolomon aquella criatura de aspecto nada intimidante y mas bien con forma de peluche celeste se acercó hasta donde las cadenas le permitiesen para tratar de persuadir a ese testarudo ser.

-Alguien como yo no puede morir-

-¿Estás seguro?, bueno podríamos averiguarlo, de todos modos serás el alimento de un sagrado-

-Cómo es posible que se hagan llamar sagrados cuando buscan codicia, su fin será inevitable-dicho eso las cadenas fueron cortadas por un movimiento rápido de Apolomon haciendo caer hacia el vacío de esa fosa donde los gritos de dolor no se hicieron esperar, la bestia estaba satisfecha por su aperitivo, pero incluso alguien tan poderoso como esa cosa quien fue capaz de vencer a uno de los más poderosos seres (Imperialdramon) sin mucho esfuerzo, sentía algo de pánico el estar cerca de aquella bestia pues sabía que solamente le era fiel a su amo, por ello decidió salir de inmediato.

Sus pies cortos hacían que le tomase más tiempo de lo normal para acceder a esa puerta principal, tras unos pasos sintió una mano sobre su cabeza rascándole su cabellera. –No debes temer amigo mío, no debes temer-

Cayó en tierra para arrodillarse usando sus minúsculas piernas para hacer una reverencia mientras su amo saltaba hacia ese vacío, lleno de curiosidad se acercó hasta el límite de aquel pozo para poder visualizar mejor; en las profundidades estaba su señor mirando fijamente a esa poderosa bestia. –Ya cálmate, pronto saborearas sangre ancestral-

…..

-Maldición a veces me pregunto cómo haces para ser tan listo- Joe alagó a su menor amigo pr haber hecho un importante descubrimiento ni bien se despertó temprano. Izzy había logrado descifrar la forma de buscar los objetos sagrados, todo se lo debió a esas inscripciones impresas en un pedazo de papel, razonó muy velozmente hasta poder ordenar todas sus ideas y tenerlas claras y lo mejor de todo, listas para poder ser explicadas de una manera accesible para todos.

Sus digivice nunca estuvieron tratando de alarmarlos antes que se enteraran de todo este embrollo, fue el mismo Genai quien les dejó este mensaje antes de morir misteriosamente, era un código binario confuso para la persona quien desease leerlo, pero no había necesidad de hacerlo, sino simplemente juntar los símbolos como en un rompecabezas para formar un diagrama completo. Encriptado en ellas, se dibujaban varios instrumentos poco usuales, cada uno fue llegado al dispositivo de su portador, eran los objetos sagrados.

-Ahora solo debemos ir a buscarlos, es más, Genai hasta nos dio sus ubicaciones- no estaba mintiendo ese chico de pelo rojo oscuro, cada mensaje desencriptado revelaba una ubicación, trece en total y de las cuales dos se hallaban ya en sus dominios. Decidieron marcharse temprano, ninguno de tales preciados objetos estaba demasiado lejos de su ubicación actual, sospecharon que el mismo Genai las hubo escondido a los alrededores para despistar a los enemigos; caminaban con mucha confianza todos excepto la recientemente integrada Mizuki, pues por alguna razón se sentía un poco deprimida. -¿te sucede algo?, si te sientes mal solo dímelo- su amigo más cercano se percató de su estado pero ella tuvo que admitir sentirse de esa manera sin explicación alguna, hizo un gesto moviendo sus labios pegados uno sobre el otro hacia adentro y hacia afuera en señal de restarle importancia.

No pasaron más de una hora para que pudieran encontrar uno de ellos, estaban en medio de un desierto curiosamente iniciado justo donde terminaba un bosque frondoso. Un dato extra fue hallar una especie de oasis en medio cuando grandes árboles se hallaban tan cerca. –Bueno, este lugar no deja de sorprendernos- Mimi se sintió bastante cómoda de verse en esta nueva misión sin la necesidad de pasar hambre, frío, dolores, etc, todas las cuales las hubo experimentado antes. Se acercó con una delicadeza bastante característica en ella hacia la fuente de agua para refrescarse un poco, pues de una manera u otra caminar bajo el sol aunque mucho menos tiempo que antes, producía una sensación de sed la cual estaba dispuesta a satisfacer.

Tocó esa cristalina agua fría y refrescante con sus manos, luego se llevó un poco a su boca mientras el resto del grupo llenaba unas cuantas botellas y como no todos cargaban una deberían estar completamente llenas para ser compartidas más adelante. Algo brillaba en la base de esa fuente como un reflejo de algún objeto brillante que llamó su atención, le dio curiosidad así que se desató sus zapatillas para poder sumergir sus pies pues dicho objeto no se hallaba tan cerca como para ser sacado tan fácilmente con un simple estirón de brazos; por poco y tropieza, hubiera sido una verdadera lástima pues no traía ropa de repuesto y en segundo lugar, la vestimenta para esa chica valían tanto como el agua. No era tan pequeño como supuso, al sacarlo del agua su boca se entreabrió dejando salir un grito de felicidad el cual hizo alertar a todos quienes le miraban buscando signos de algún peligro cercano. –Miren estos brazaletes,¿ podré quedármelos?, no me parece injusto si me los pruebo- Izzy fue el primero en entenderlo, luego Yolei y más tarde el resto, cabe mencionar a Davis como el último lo cual produjo más risas. –Mimi, eso es un objeto sagrado- Matt no mentía, para comprobar sus sospechas tuvo que darle un vistazo a su digivice el cual mostraba la ubicación de un instrumento sagrado bastante cerca y el cual coincidía con la posición de la jovencita, para hacerlo más fehaciente, el punto en su aparato se movía a la dirección de la chica. –No creo eso, hay otros objetos cerca- señaló con su dedo índice hacia donde la fuente dejaba notar unos cuantos reflejos brillantes bajo sus superficie. Se acercaron a ver más de cerca tales objetos brillantes, se percataron que ninguna señal provenía de esas cosas pero debían admitir su peculiar encanto.

-Mimi, esos braceletes no son los objetos sagrados- Nuevamente aquel niño genio volvía a asombrar con su intelecto, pero esta vez fue más confuso tratar de adivinar sus pensamientos.

-¿Entonces por qué los digivices así lo interpretan?- Mimi quien seguía mojando sus pies en esa reconfortante agua no entendía a su amigo, ella misma hubo visto las señales en su propio dispositivo pero cada vez que ese sujeto intervenía era admirable ver la casi probabilidad mínima de error, por ende decidió seguirle la corriente.

-Me refiero a que todas esas cosas son objetos sagrados- su cara tenía una expresión bastante peculiar, con un par de cejas levantadas y ojos graciosos daban un nuevo aire al rostro de aquel muchacho; no estaba asombrado, sino confundido de que existieran tantas cosas como esta pertenecientes en sí a uno solo. –No entiendo nada- mentía, sus ojos se concentraron viendo esa gran cantidad de objetos brillando en medio de las cristalinas aguas; con el fin de mantener un estado de mayor conveniencia, el rubio se acercó para recoger alguno pero le fue totalmente inútil hacerlo, al pedirle a Mimi realizar dicha tarea las cosas se comprobaron.

-Debe haber un mínimo de diez brazaletes, cómo pueden pertenecer todos a uno- Ken ya se había anticipado en contar el número de reflejos vistos en el agua y no sería sencillo ponerse diez de esos objetos, trasladarse iba a ser un verdadero reto. Pero ya se les ocurriría algo.

Por alguna razón mientras bebían agua, Sora sentía una extraña percepción de las cosas, no dejaba de seguir con la vista a Tai, es más hubo momentos en que realmente deseaba no hacerlo pero algo la mantuvo siempre alerta; era como si deseara mantenerle vigilado, tal vez por su antecedente de haber hecho una locura anterior.

-Cooooorrrraaaaan niños elegidos- una voz proveniente de aquel manantial puso los pelos de punta en esos muchachos, trataron de formar un círculo entre ellos para darse un mejor soporte visual, pero no había señales de enemigos cerca. Nuevamente volvieron a oír esa voz advirtiéndoles de un peligro inminente acercarse, -miren el agua- Tai fue quien se dio cuenta, en medio de las diáfanas ondas liquidas, un rostro medio desfigurado se podía visualizar. –Soy lo que queda de un antiguo emisario, por favor detecto la presencia de un guardián, sálvense, él está muy cerca-

En clases le enseñaron a mantener la calma ante cualquier situación presente, a no descuidar su recurso más preciado frente a una emergencia en donde todos gritan o están completamente alarmados y son inútiles en ese estado, pero en su corta experiencia ya le había tocado vivir ello justo cuando vio a su amigo recibir tres balas, tal vez se sentía algo impactado pero no era pretexto pues toda su formación académica se basaba en ello,un médico debe ser siempre sereno, vaya clase la recordaría por siempre, no por lo buena que pudo haber sido, sino por tener que verse en prácticas tan pronto cuando apenas cursaba su segundo año de medicina.

Las cálidas arenas comenzaron a levantarse a lo lejos, un enrome montículo se superponía mientras la cara no dejaba de repetir lo mismo una y otra vez.

-Matt, hagámoslo amigo- mostrándole su emblema brillar, Tai le estaba pidiendo a su compañero hacer eso, algo serio se avecinaba y huir sería prácticamente imposible, además no podían regresar pues le darían al enemigo la posición exacta de su única guarida. Tanto Agumon como Gabumon se pusieron enfrente, ambos estaban listos; cada quien hizo posible una evolución mega exitosa dejando a la vista a ese guerrero-dinosaurio con armadura plateada y a un lobo cubierto de partes metálicas luciendo bastante futurista. –Ahooooraaaa- gritaron al unísono. Una luz cegadora se hizo presente, polvo y arena fueron levantados como indicios de una evolución exitosa, podía sentirse un poder admirable, habían pasado muchos años desde la primera vez que ambos se fusionaron para dar origen a uno de los más emblemáticos protectores del mundo digital. A pesar de ser Mizuki la primera en ver tremenda trasformación, los demás también se encontraban fascinados frente a tan majestuosa identidad. Todo pasó justo a tiempo pues el montículo de arena había sido descubierto para dejar verse a un enorme monstruo de cuatro patas de casi diez metros de largo, su color era dorado y la luz del sol aumentaba más su peculiar característica, pero lo más llamativo fue ver a dos sujetos parados encima de su gigantesca cabeza; uno era tierno y celeste. Le reconocieron de inmediato -es Apolomon- gritó Davis mostrando un puño cerrado en señal de querer venganza por la última vez, el otro sujeto llevaba una gran bata negra que camuflaba completamente su identidad pero una corazonada les advirtió que era él quien daba las órdenes y posiblemente el responsable de todo esto, incluidas la muerte de Genai y los deseos de asesinar al portador del valor. Mientras se acercaban con desición la tierra iba dando retumbos ante las pisadas de la bestia cuadrúpeda.

-Vaya, vaya, el mismo guardián en persona, pensé que sería algo más maduro- dijo el sujeto cubierto por ese manto negro.

-Cómo un ser subdesarrollado como tú pudo ganarle a Eberomon, ahora pagarás por tu insolencia- la figura infantil de esa criaturita celeste amenazó directamente al castaño; dejando en claro que les importaba muy poco el resto pues tenían un solo objetivo; habían desarrollado una estrategia ya antes de luchar, sabían que el guardían no sería vencido de manera sencilla incluso si este desconocía sus habilidades y por ello crearon un plan perfecto.

-Tú, niña, fuiste muy amable en decirnos la ubicación de este mocoso, sin ti nada de esto hubiera sido posible- Apolomon señaló a una chica de mediana estatura, cabello negro, quien ahora miraba con ojos llenos de asombro ante tal acusación y ante la mirada desconcertada del resto del grupo, era imposible creerse eso, pero nadie salvo Tai le conocía por ende desconfiar en ella luego de tales palabras no sonaba muy demente. –No, es mentira, nunca…..-

-Es cierto eso, es una coincidencia muy grande que hayas llegado y nos descubran- Kari sentía una rabia inmensa, habló sin saber, pero la idea de ver a su hermano siendo capturado por esos sujetos le hizo perder los papeles.

-Nooo, ni siquiera sé nada de esto, vine porque Tai me empujó-

-Viniste gracias a que yo te dejé ingresar niña, ahora dame el emblema del valor que le robaste- nuevamente era atacada, por segunda vez las miradas se dibujaron en un trance de ira hacia ella, hasta….-qué están mirando ustedes, déjenla en paz, concéntrense nuestro enemigo está justo en frente.- Tai se interpuso para evitar nuevos ataques, ella le miraba con ojos queriendo explotar lágrimas y con su cabeza repetía una y otra vez que no era culpable de esto. –Omegamon, acábalos-su voz llena de rabia fue suficiente para que la fusión más poderosa nuca antes vista salga a por su presa, no tenía miedo incluso teniendo a un ser con dimensiones que tranquilamente cuadriplicaban las suyas. Primero atacó con puño cerrado produciendo un fuerte impacto en aquella bestia, esta salió volando por los aires para luego impactar contra la arena, pero los dos que viajaron en su cabeza simplemente saltaron y se dejaron caer sobre tierra firme sin mostrar preocupación. –Nada mal-

-Davis, es hora de la revancha- Ken sostuvo en alto su dispositivo, su compañero le siguió como por acto reflejo. Una luz azul y otra verde cayeron sobre Wormon y Veemon, tras un par de segundos un dragón de magnitudes enormes hizo sentir su presencia. –Mi señor, déjeme acabar con este insecto- -Diviértete Apolomon, recuerda que vinimos por uno, el resto puede morir-

La diminuta criatura se acercó a velocidad descomunal hacia su víctima, ni siquiera era posible verle, Imperialdramon tuvo que volar para evitar ser impactado como la vez anterior. –no huyas lagartija- quiso repetir su masacre pero algo salía mal, a pesar de haber recordado golpear el suelo para darse impulso eso nunca sucedió. Miró sus pequeñas piernas para percatarse que una gran bestia de color gris provisto de un mazo metálico enorme le impedía salir. –Excelente Zudomon.- Joe daba aliente a su compañero gigante sosteniendo su digivice brillando con un púrpura intenso. –pero vaya que son molestos- dijo eso al verse rodeado de Garudamon, una fénix de plumaje rojo como el fuego, alta y fornida; a su derecha un insecto de caparazón lila de tamaño similar al ave con seis brazos y un cuerno amenazante le cerraba el camino, su nombre era Megakabuterimon. Todos atacaron al unísono produciendo una gran explosión, tuvieron que salir a por sus amigos humanos para evitar que dicho ataque les terminara involucrando también, finalmente el dragón soltó su más poderoso misil; un poder impresionante. –Eso es trabajo en equipo muchachos- Sora gritó con aliento y felicitando a sus compañeros, pero no puedo evitar serenar sus emociones al ver a MIzuki siendo llevada en la otra garra de Garudamon, se sentía traicionada, le dirigió una mirada fulminante.

-Son demasiado aburridos- una silueta de menos de un metro podía verse en medio de la polvareda, como si ni hubiera sido suficiente esa mezcla de poderes, Apolomon miraba con desazón a sus rivales de turno, en su interior supo que hubiera sido mejor luchar contra ese otro ser poderoso pero su amo le había reservado a este a su bestia favorita. Solo tenía uno de sus cortos brazos dañado, luego al verse libre de cualquier opresión pegó un segundo golpe contra el suelo para salir disparado hacia los aires con éxito esta vez y dejando un gran cráter de arena justo donde hubo dado ese golpe; su velocidad no podía compararse con ninguna otra cosa vista antes, hirió de un solo golpe a las dos evoluciones ultra, dejándoles fuera de combate en tan solo dos segundos de su tiempo, dando un tercer golpe se dirigió hacia su presa favorita, aquel dragón quien tuvo que cambiar a su forma guerrera para poder evitar una segunda masacre.

Por su parte, Omegamon mantenía una brutal lucha contra esa bestia, quien a pesar de estar siendo dañada por la gloriosa espada trascendente y de los poderosos tiros del cañón supremo, parecía importarle poco recibir daños con tal de querer despedazar como sea a su víctima, en más de una ocasión había preferido recibir un disparo directo el cual le terminó por destrozar uno de sus ojos con tal de poder apresar con sus grandes fauces una pierna del guerrero blanco, este recurrió a su afilada espada para pentrar la piel de esta criatura y safarse justo antes de ser amputado.

-Les presento a Tanhatomon, el sagrado muerto, no se detendrá hasta despedazarlo, mejor ríndete guardián, entrégate voluntariamente y ellos no sufrirán-

-No lo escuches Tai, quiere entrar en tu mente, saldremos de esta ya lo veras- Tai quiso creerlo pero no pudo evitar voltear su cabeza al escuchar varios impactos de algo chocando contra la arena. Eran sorprendentemente Imperialdramon, los dos dimon tipo angel en sus máximos niveles, Lilimon, y los otros dos de sus compañeros de la segunda aventura totalmente derrotados y sin oportunidades de salir vivos, mientras ese pequeño ser colocaba una de sus patas en el cuello del dragón, luego este le miro sonriente. Un segundo estruendo le hizo girar de nuevo al ver como Omegamon había sido capturado por esas fauces, los dientes de este habían logrado romperle parcialmente la armadura de su pecho, todo iba a acabar.

-Está bien, pero detente por favor- el sujeto les miró, ordenó a sus dos seguidores no culminar sus respectivas tareas, tuvo que usar una cadena la cual creo con su propio poder para detener a la bestia de nombre Tanhatomon. -Al fin razonas, entrégame tu emblema-

-Primero juraras que les dejaras vivir.-

-No puedo mentirle a un guardián- -No lo hagas Tai, aun puedo luchar- Omegamon se incorporaba lentamente tras haber sido embestido nuevamente con esas poderosas mandíbulas.

-No Tai por favor no vayas con ellos-su hermana gritaba desconsolada mientras sostenía con sus brazos el cuerpo agonizante de Gatomon, lloraba al sentirse impotente, su enemigo era demasiado fuerte esta vez, -Mizuki, confiamos en ti, dinos, ¿acaso mi hermano no era amigo tuyo?, cómo te atreves a traicionarle- sus ojos estallaron al ver como este caminaba en dirección a sus perseguidores con su emblema en mano, fue una ligera calma que Matt haya estado cerca para evitarlo, le miraba fijo pero con desesperación. –No lo hagas amigo, hermano- Este tuvo que hacer algo de fuerza para zafarse pero nuevamente el rubio se lo impedía.

Dos pares de flechas salieron rompiendo el viento, impactaron uno en el pecho de la bestia gigante produciéndole su salida inmediata hasta estrellarlo lejos, la otra cayó cerca del sujeto cubierto por esa manta negra produciendo un gran cráter justo donde aterrizó. Mizuki sostenía un arco entre manos, sus ojos llenos de lágrimas miraban ahora con determinación a esas criaturas. Un tercer ataque terminó por romper el silencio, era un gran resplandor plateado intenso que por poco corta a su objetivo. –No te atrevas- Sora mostraba su reducida espada con toda la intención de volver a lanzar un nuevo ataque.

-Me tienen impresionado, y yo que los había subestimado, no quiero una guerra ahora, es suficiente, nos retiramos- aquel ser hizo un movimiento con sus manos para hacer desaparecer a sus dos acompañantes; esta vez tuvieron una suerte única.

-Chicas les debemos una- Matt miraba a las dos jóvenes autoras de esta repentina salvación, estuvieron a punto de ser derrotados completamente, tan solo quedaba volver a la guarida, sanar a sus amigos e ir en búsqueda de más de esos objetos sagrados pues fueron testigos de cuan valiosos podían ser.

-Tenemos que regresar cuanto antes, necesitamos curarles.- TK preocupado aún por la salud de su amigo ahora blanco con naranja y de orejas peliagudas en su cabeza, dejaba en claro que una de sus preocupaciones era salvarles a sus valientes amigos. Miraron luego algo descnfiados a Mizuki, pues a pesar de haberles ayudado a salir de esta nada les aseguraba que las palabras de ese misterioso ser no fueran del todo patrañas. –No sé si pueda confiar en ti del todo, tú que opinas Tai- Izzy no obstante siendo un genio genuino iba a aceptar cualquier sugerencia antes de realizar un juicio y tal vez preguntarle al castaño sería lo más lógico, pero este demoraba en responder.

-¿Tai?, qué piensas- volvió a preguntar pero no hubo respuesta por segunda vez.

-Taaaaaiiiiii- Sora salió corriendo desde su posición, fue la primera en darse cuenta, su pecho había sido perforado por algún tipo de arma blanca, tuvo que haber sido ese digimon al momento de huir, sangre empezó a manar de él. En su mente se perguntaba qué rayos tenía ese chico para terminar siendo dañado tan gravemente con tanta frecuencia, Matt se apresuró para cargarlo sin importarle la cantidad de sangre que pudiera mancharle, su amigo valía demasiado.

-Tenían sorpresas bajo la manga después de todo-

-Mi señor perdone la pregunta, pero por qué le dejo al chico esa arma-

-Su sangre lleva odio, su logro corromperla, tal vez esto termine mucho mejor de lo planeado.