Skip Beat!
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Experiencias, vivencias y rarezas.
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Skip Beat! no me pertenece.
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Capítulo 10.
Cuando tenía diecisiete años, un idiota robo su primer beso el día de San Valentín. A esas alturas ya no era una niña confundida y soñadora para no aceptar que si, Shotaro robo su primer beso, aunque ella actualmente lo desestimara por el dulce beso robado de "Corn". Por un lado entendía (ahora) aquella postura del chico inmaduro que no sabía definir los sentimientos hacía ella, creía que llegando con un enorme arreglo, chocolates finos y robar su primer beso sería la forma en la cual se mantendría en su pensamiento, por desgracia, para el rubio teñido, para aquel entonces ella ya había caído en el hechizo de otro hombre que la perturbaba en cuerpo y alma.
Dicho hombre, su actual esposo, tenía ciertas costumbres diferentes a las japonesas y con el tiempo ella finalmente se había acostumbrado a ello, él no esperaba su chocolate, al contrario siempre era él quien llegaba primero con su galantería y es que a Kuon le hacían falta fechas para agasajar a su mujer, San Valentín, el día blanco, el día de las madres, el día de la mujer, el día de navidad, su cumpleaños, el cumpleaños de él, ¡Halloween!, para el actor no había día en el cual su mujer no debía ser adorada.
Al principio, durante su cortejo y noviazgo, solo fueron flores y chocolates, después agrego un pequeño presente y el almuerzo o una cena. Una vez casados llegaron las joyas, la ropa y los viajes.
—¿Estas lista querida? —llamó Kuon, desde el marco de la puerta, donde observaba con devoción como su esposa amada llevaba el vestido que había comprado para ella—. Te ves radiante.
Kyoko sonrió y a pesar del tiempo que tenían juntos un sonrojo adorno sus mejillas. Entonces él se acercaba sigilosamente para ayudarla a ponerse la bellísima gargantilla que era su regalo de este año. Al terminar él coloco un sensual beso entre su oreja y su cuello, mientras sus manos pasaban a su cintura para guiarla a la salida.
Una vez la actriz se preguntó por que su marido era así, porque envolverla en ropa y joyas para salir a cenar. Equivocadamente creyó que era para cumplir algún tipo de protocolo de la gente de la farándula. Por fortuna entendió que solo era una razón egoísta; su esposo disfrutaba presumirla, llevarla del su brazo cual reía. Y con tan bellos gestos, aquel beso robado quedaba sepultado bajo los gestos más románticos y egoístas de un hombre completa y perdidamente enamorado.
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Gracias por leer.
