SUMARY: Los Uchiha somos orgullosos y arrogantes, pero también seguimos un destino que transcurre de generación en generación. Tú Sasuke también has caído, aunque te empeñes en negar lo evidente. Esas fueron las palabras de Uchiha Madara.

Aviso: Si no sigues el manga de Naruto, ojo que puede contener spoilers.

Aviso 2: Lemon/Lime. Muy ligero

Dato: El título significa Destino: Uchiha y Haruno.

Parejas: en este capítulo Itachi x Celinda

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sino a su creador Masashi Kishimoto.


-…enfoqué mis esperanzas en Celinda para que ella fuera el intermediario que ayudaría a que vuestra relación renaciese. Ella lo habría conseguido si el blanco no se convirtiera en escarlata. –cerrando los ojos- tu hermano la recordó llorando lágrimas de sangre.

-

DESTINO 3: LÁGRIMAS DE SANGRE

~ Tercera Parte: Blanco escarlata~

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'Escarlata necesitada de pureza'

Con la sensación de sentir la espalda dolorida, Celinda abría los ojos donde no solo sintió un terrible dolor en esa zona al haber permanecido acostada sobre el frío suelo, sino que su cabeza le dolía a mares. Con una mueca se llevó una mano a la frente, al mismo tiempo que buscaba una lógica para no estar en su mullida cama. El frío fue otro factor que la envolvió por lo que se abrigó con las manos mientras echaba una mirada a su alrededor.

Distinguiendo la silla y encima el símbolo del clan Uchiha, para la joven todo cobró sentido.

-

-terminamos.

-

Sus ojos se abrieron como platos, su piel de gallina pudiendo escuchar todavía esa palabra de labios del Uchiha.

-

-…Ya no me haces falta. Te usé para que Konoha no sospechase de mis planes…

-

Una lágrima fría rozó sus mejillas, una de las tantas que estaban a la espera para seguir sollozando ante la verdad de los sentimientos de Uchiha Itachi.

-

-…Nunca te he querido. ¿Crees acaso que puedo querer a alguien horrible con una cicatriz espantosa, débil y patética?...

-

Él nunca la quiso. Él nunca la había amado. Todo en él había sido mentira. Sus sonrisas, sus abrazos, sus palabras amables…

Desesperada se tapó el rostro con ambas manos, llorando amargamente, llorando de vergüenza, llorando de desolación…

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Madara/Tobi observaba a su descendiente con atención. Tras haber permanecido en la distancia para mirar el teatro que Itachi había hecho para Sasuke, no podía dejar de pensar cuánto había exagerado las cosas para que el pequeño lo odiara. Y ahora, he ahí lo culpable que se sentía al esconder su cabeza, tratando de hacerse a la idea de lo que había pasado. Sasuke inconsciente estaba a tan solo dos pasos del joven de trece años, donde de vez en cuando la levantaba con un río de lágrimas para observarle y volver a ocultarla.

-Itachi ya es suficiente. Tenemos que irnos. –apresuró Madara. Sabía que si su descendiente seguía manteniendo esa postura quién se traumaría por el resto de su vida sería el mayor y no el pequeño.

-solo hasta que amanezca… -pidió con una voz que no parecía la suya.

-… -cerró los ojos con pesadez. Comprendía que para él, más duro era dejar de contemplar a su hermano, ya que sería la última vez que lo veía tan calmado. La próxima vez, el pequeño le miraría con odio.

El viento se hizo presente como si quisiera llamar la atención de Madara/Tobi. Éste miró al cielo distinguiendo esas hojas de arce tan características de su mujer. Cerrando los ojos, notó algo turbio en ese viento, como si le mandara un mensaje urgente donde le pedía que la visitara.

Sin avisar a Itachi de su partida, se esfumó misteriosamente para dirigirse en un movimiento instantáneo hacia aquel sitio tan lúgubre donde reposaba el sueño eterno de su amada Kaede.

Con aquel maldito cristal que los separaba, advirtió como el fuego de las dos antorchas parecían estar intranquilas, deseando apagarse donde alguien imaginario se lo impedía. Luego se enfocó en su mujer donde se encontró con una sorpresa al advertir lágrimas.

-¿cómo…? –sin dar crédito a lo que veía. Kaede llevaba muerte décadas y aunque para él seguía viva en espíritu, era completamente imposible que llorara en cuerpo- Kaede… -susurró débilmente.

Levantando sus dedos para limpiarle aquellas lágrimas.

Desde que había descubierto hace tantos años que la amaba con toda su alma, las lágrimas era algo que nunca quería ver en su persona. Aún recordaba aquella noche de tormentas y su miedo hacia ese fenómeno natural, complejo hereditario en sus descendientes Ayame, Celinda y Sakura.

El cristal le recordó que ya no la tenía a su alcance como antes, y por lo tanto no podría limpiarle aquellas sorprendentes lágrimas.

Frustrado, se quedó un rato más allí mirándola, recordando su tiempo pasado con ella, su promesa…

-…

Su promesa…

-…

Si seguía la decisión de Itachi, todos acabarían sufriendo.

El propio Itachi acabaría ya amargado y desolado. Celinda cerraría su corazón para siempre. Sasuke solo tendría en mente una venganza sin sentido. Y Sakura por mucho que lo intentara, jamás podría llegar al corazón del pequeño Uchiha.

Solo él sabía la verdad de todo aquello. Sabía que aquello conduciría a un destino fatal para los Uchihas y para las Harunos la de un destino equivocado.

Por su promesa, por los dos miembros de su clan que quedaban que estaba dispuesto a cambiarlo para realizar por lo que tantos años había esperado.

---

No sabía que horas eran de la noche. Muy tarde, seguramente. Pero, ¿qué más daba ahora?

La cabeza todavía la sentía como un bombo. Las palabras de Itachi aún redundaban en sus oídos. Y aquellos ojos a veces rojos mostrando seriedad y arrogancia la hacían llorar de nuevo.

Con la vista clavada en su casa, ya podía imaginar lo que le soltaría su madre cuando se enterara del asunto.

-

-mira lo que ese Uchiha era y tú erre que erre. Te está bien empleado.

-

O algo así. Por no hablar lo que le dirían los de la villa conocedores de su relación.

Dios.

Se sentía tan avergonzada, tan estúpida…

¿Cómo iba a tener valor de enfrentarse a la vida? ¿Cómo?

Un ruido de algo al caer y romperse, hizo que observara la casa contigua donde su tía y su prima vivían, apreciando que la luz de la habitación de Sakura estaba encendida.

Preocupada y extrañada, dio unos pasos hacia aquella casa, pudiendo escuchar la voz de su tía Yuri donde sonaba alterada y enfadada, como aquel día cuando la había pegado. Asustada de que en ese estado pudiera hacerle lo mismo a Sakura, corrió hacia la casa.

-

-¡QUIERES DEJAR DE LLORAR DE UNA VEZ! –le amenazaba Yuri a Sakura quién estaba asustada por la actitud de su madre. De soslayo observaba aquella mano grande, temerosa de que la golpease como lo había hecho con su prima.

No queriendo que la pegaran, Sakura trató por todos los medios de detener su llanto. De hecho, no entendía porque lloraba sino había razón. Solo recordaba estar haciendo las tareas de la academia tranquilamente cuando de pronto una lágrima mojó el pergamino seguida de otras tantas.

-¡DEJA DE LLORAR! –volvió a repetir Yuri arrastrando las palabras en un siseo.

Sakura tembló como gelatina y esta vez tuvo una razón de peso para llorar. Retrocedió un paso donde sentía aquellas frías lágrimas acariciando sus mejillas. La mano de su madre alzada dispuesta a pegarla.

Sakura vio como iba descendiendo con rapidez, vio como iba dirigida hacia su mejilla, sorpresivamente vio un obstáculo y un sonido seco donde aquella mano se había estampado sobre algo…

-¡itoko-san! –exclamó asustada al verla delante suya protegiéndola de aquel golpe. Dando un paso para saber si su madre la había vuelto a golpear, se alivió al comprobar que aquella mano había sido parada con la de la peliblanca, al mismo tiempo que se asombraba al ver en los ojos de su prima furia y amenaza.

-¡ibas a pegarla a ella también! ¡¿Verdad?! –apartando su mano con brusquedad, haciendo que la mujer retrocediera unos cuantos pasos- ¡no te bastó con lo que me hiciste, que hasta a tu propia hija piensas hacerla desgraciada! ¡¿Eh?!

Jamás en su vida, Celinda había estado tan enfadada como ahora. Pero recordar que su novio la había estado usando para sus oscuros propósitos, que su tía pensaba pegar a Sakura por una tontería, le hervía la sangre.

-¡te lo advierto tía, si intentas pegarla, le contaré a toda Konoha la clase de mujer que eres y créeme que serás la comidilla de todos! –cogiendo la mano de su prima- ¡hoy se quedará a dormir en mi casa, por si te interesa! –añadió con desdén.

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En la casa contigua, en la habitación de la adolescente Haruno, Celinda intentaba calmar a su pequeña prima que misteriosamente continuaba llorando sobre su regazo, donde la joven no dejaba de acariciarla el corto cabello de la pequeña.

-neh Sakura, pero, ¿qué te pasa? –empezaba a preocuparse y al mismo tiempo a desesperarse de no poder tranquilizarla para que así pudiera dormir. En su interior aún sufría por el desprecio de Itachi y ella también quería llorar, seguir llorando, llorar toda la noche hasta quedarse sin lágrimas.

-no… no lo sé… -confesó- no puedo… no puedo dejar de llorar… me duele mucho el pecho… me duele mucho…

-¿te duele el pecho? –separándola para observarla con gravedad- Sakura, ¿dónde te duele exactamente?

-a… aquí… -señalando su corazón.

Preocupada de que la salud de su prima corriese peligro, puso su propia mano dónde le había señalado para después cerrar los ojos y concentrarse.

-

-¡terminamos!

-

¡Basta! No debía pensar ahora en él, sino centrarse en lo que su prima tenía.

-

-…actuar como un joven que tiene una novia y finge estar feliz es una perfecta tapadera para que nadie sospeche que en realidad mataré a mi clan…

-

¡BASTA!

-

-Había pensado en matarte a ti también, pero nunca has significado nada para mí.

-

Por favor… no era el momento.

Negó con la cabeza repetidas veces para tratar de concentrarse en lo que tenía que centrarse.

Ignorando lo sucedido hace unas horas, pudo sentir como su corazón bombardeaba con normalidad, así como el fluir de la sangre sin anomalías. Sus pulmones como si fueran sacos de aire se inflaban y desinflaban.

Todo marchaba bien, no sentía nada fuera de lugar. Pero entonces, ¿por qué su prima lloraba tanto y afirmaba que le dolía el pecho?

-

-…como eres patética y débil, te dejaré viva para que te amargues por el resto de tu vida y me aborrezcas.

-

¡Maldición!

¡Otra vez de nuevo!

Sin embargo, recordar eso era lo más doloroso, lo que hacía que su corazón se hiciera trizas.

Ese sentimiento hizo que abriera repentinamente los ojos para enfocarse en la pequeña Sakura que la miraba con los ojos brillantes de lágrimas y confusa.

Ahora lo entendía, lo comprendía.

A su prima no le dolía el pecho por alguna enfermedad, sino que se trataba de algo emocional…

-

-…seguirás siendo un esperpento…

-

…como lo suyo.

-itoko-san… ¿estás bien…?

Celinda vio a Sakura borrosa por lo que se dio cuenta de que no había podido aguantar en que esas malditas lágrimas reaparecieran.

Desconsolada, abrazó el cuerpo de Sakura contra sí, donde ahora fue el turno de la mayor para que llorara abiertamente, soltando toda la amargura que llevaba dentro. Recordando los buenos momentos pasados con Itachi y que solo habían sido una mera farsa.

O.o.O.o.O.o.O

Varias horas habían pasado y el frío se había metido como intruso a través de la ventana de la adolescente Haruno.

Despertando por el cambio de clima tan brusco, Celinda se talló los ojos donde tenía lágrimas secas. Había llorado durante mucho tiempo, y para mal, Sakura había seguido con su llanto sin descontrol.

Vaya un consuelo que le había dado, pensó con amargura.

Al final, ambas habían caído rendidas sin abrigarse. Preocupada por ello, se encargó de meter a Sakura en su cama y abrigarla. En el rostro de la pequeña aún estaba la pena y las lágrimas que no tardó en secárselas.

El viento azotó la ventana abierta, por lo que no tardó en cerrarla cuanto antes. Justo cuando iba a poner la cerradura para que no volvieran a abrirse, distinguió una figura en el horizonte con la luna haciéndole sombra.

Con el corazón palpitante, sintió el dejhávù de cuando Itachi hacía semanas estaba en esa misma posición.

-Itachi-kun… -con una mano en su pecho, no pudo evitar temblar. ¿Era él de verdad o solo un ninja de paso?

Fue entonces cuando su mano tocó el frío metal circunferencial que rodeaba su cuello. Palpándolo, con los ojos como desorbitados, pudo reconocer aquel colgante que tanto le había gustado, negándose a creer que él…

-

-neh Itachi-kun, ¿cuándo vas a traerme un regalo?

-¿un regalo?

-vas de misiones constantemente, y aunque lo consideres una tontería, me gustaría que me trajeras un recuerdo. Tu hermano –cambiándole el tono a uno envidioso- ya le ha hecho dos regalos a mi prima.

El Uchiha la había observado asombrado viendo ese interés de niña caprichosa. Inevitablemente no pudo evitar reír divertido y hacerle lo mismo que a su hermano, darle un capón en la frente.

-¡ay! –sobándose la frente molesta.

-esta bien te traeré algo.

-

Pero al final nunca le había traído nada, alegando que no había tenido tiempo de buscarle algo apropiado.

¡NO!

¡No podía ser!

Itachi no podía ser el que le regalara el dichoso colgante. ¿Cómo iba a hacerlo después de haberla tratado cruelmente?

Pero también, ¿por qué estaba en el edificio de frente?

¿Acaso el Itachi con el que había estado era un impostor? Podría ser… vivían en una sociedad de ninjas donde pasarse por otra persona era un juego de niños hasta para los gennins.

Emocionada, alegre, creyente de esa teoría, saltó de la ventana, sin importar que ésta siguiera abierta y el frío se vinculara en el interior.

Cuando Celinda tuvo la visibilidad de aquella figura clara, se llevó una completa decepción.

No era Itachi, pero sus ropas oscuras y una máscara naranja hicieron que actuara como shinobi leal a Konoha, por aquel individuo claramente sospechoso.

-¿quién eres tú?

-eres la chica que ha estado con Itachi, antes de matar a su clan, ¿cierto? –preguntó Madara directamente. Desconocía por completo lo que su estúpido descendiente le había dicho a la chica, por lo que era mejor ir tanteando el terreno.

-… –entonces, todo había sido verdad… él realmente la había despreciado… la había usado… apretó los puños, hasta que llena de lágrimas le soltó- ¡Y ESO A TI QUE TE IMPORTA! ¡¿VIENES A HUMILLARME TAMBIÉN?!

-¿humillada eh? –murmuró en un suspiro de fastidio. Su descendiente había actuado igual que el imbécil de su padre. ¡Demonios! ¿Qué le pasaban a los Uchihas de hoy en día? Desde luego, para hacer daño a las personas que amaban eran unos verdaderos prodigios- ¿así que te ha humillado? ¿No te parece extraño que lo hiciera? ¿No te has parado a pensar que hubo una razón de peso para su comportamiento?

-¡¿UNA RAZÓN?! –repitió más molesta- ¡ES UNA BUENA RAZÓN EL QUE ME USARA PARA QUE PUDIERA MATAR A SU CLAN SIN LEVANTAR SOSPECHAS!

-¿eso te ha dicho? –aunque era una pregunta tonta viendo como sollozaba de disgusto, por lo que soltó un hondo suspiro- es cierto que Itachi tenía que aniquilar a su clan… … … como misión para Konoha.

Sorprendida, con sus lágrimas detenidas, se enfocó en el enmascarado incrédula. ¿Qué había sido una misión para Konoha? ¿Qué significaba eso?

Repentinamente un calor la invadió, así como un sentimiento extraño pero familiar. Asombrada, vio como a su alrededor, aparecían hojas verdes combinadas con pétalos azules que caían como un aguacero.

-

En la habitación de la peliblanca, Sakura despertaba por el sonido de las ventanas azotando. Con un ligero dolor de cabeza, se levantó buscando con sus ojos a su prima.

-itoko-san… -yendo hacia la ventana para cerrarla.

-

-¿quieres saber la verdad? –había preguntado Madara a la joven que parecía estar embobada en ese paisaje.

Los segundos fueron pasando, y Celinda seguía sin dar una respuesta, solo se fijaba en aquel bello espectáculo donde parecía el inicio de una primavera oscura. Uno de los pétalos azules fue descendiendo, donde ella alzó la mano para que tuviera lugar de aterrizaje. Observándolo fijamente, a su mente le llegó la imagen de la madre de Itachi, por lo que asustada se percató de algo.

-Ayame-san… no está muerta, ¿verdad? –dirigiéndose a aquel enmascarado desesperada- por favor dime, que Itachi-kun no la ha matado… -eso sí que no quería escucharlo, eso no.

-… -virando la cabeza dando una clara respuesta.

-no… por favor… -como sino tuvieran descanso, aquellas lágrimas resurgieron en los ojos jade de la chica.

-pero no ha sido Itachi, sino el propio clan. –en el rostro femenino se dibujó el alivio, así como confusión y desolación- ven conmigo, quiero que veas algo. –estirando la mano.

Celinda la vio, luego a él. Su cabeza era un caos y sentía como le martilleaban la cabeza con continuas malas noticias. No podía confiar en él, así sin más. Pero le hablaba con tanta sinceridad, con tanto pesar, tan melancólico…

-

-¿itoko? –desde la ventana, Sakura veía a su prima en el edificio de frente parada frente a un desconocido que tenía el brazo estirado.

Lo siguiente que vio fue que ella alzaba su mano hasta hacer contacto, desapareciendo enigmáticamente quedando únicamente el fondo de hojas verdes y pétalos azules.

-¡¿ITOKO?! –gritó asustada con un mal presentimiento.

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El cambio instantáneo que aquel sujeto le había hecho, hizo que Celinda retirara su mano de inmediato al sentir un frío descomunal que la obligaba a abrigarse los brazos con sus manos. El paisaje había cambiado por completo donde solo se veía oscuridad con antorchas tenuemente iluminadas. A su espalda habían unas escaleras que iban hacia arriba, por lo que dedujo que debían estar en algún tipo de subterráneo.

-¿qué es esto?

Con la luz del fuego, sobre su máscara, a través del único agujero, pudo ver su ojo y como se cerraba. La cabeza de aquel enmascarado se giró como si la guiara en esa dirección. Siguiendo aquel sendero, se encontró con una especie de altar y a una mujer en aquel ataúd. Caminando hasta que solo el cristal la separaba, Celinda se quedó boquiabierta por la hermosura de aquella mujer de cabellos verdes, así como la semejanza con su prima Sakura.

-¿quién es? –preguntó, mientras que buscaba alguna inscripción que la llevasen a conocer su identidad, hasta que lo encontró sobre su cuerpo, grabado en letras plateadas.

"Haruno Kaede"

-era mi mujer. –contestó el enmascarado- la persona que murió a manos del Primer Hokage… por salvarme…

Y entonces Celinda ya tuvo identidad para aquel enmascarado, mirándola con los ojos como platos.

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-tía, tía, ¡¡TÍA!! ¡DESPIERTA! –sacudía Sakura desesperada las mantas que cubrían a su pariente dormida.

-¡que tu prima te aguante! –espetó la mujer de mal humor dándole la espalda.

-¡es ella! ¡Ella… ella… no está! –comenzando a sollozar- se… se ha ido… con… con alguien extraño…

-¡lo has soñado Sakura! –volteándose a verla furiosa- ¡ahora vete a dormir! ¡Dios! –llevándose una mano en la cabeza exasperada- esa jovencita te invita a dormir y solo nos causas problemas.

Eso dolió a Sakura, y aunque ahora quería llorar por las palabras crueles de su tía, la posibilidad de que su prima estuviera en peligro era primero.

-tía…

-¡QUÉ TE DUERMAS DE UNA CONDENADA VEZ! –exclamó de manera tan impaciente que su mano fue en dirección a la mejilla de la pequeña, provocándole una sonora bofetada que la dejó roja e inflamada.

La desesperación por saber de su prima, fue sustituido por el terror y el recuerdo de la cicatriz de Celinda provocado por su madre. Temiendo que volviera a pegarla, y que esta vez fuese más fuerte, corrió como alma que lleva el diablo hacia la habitación donde dormitaba, echarse en la cama, cubrirse con las mantas de pies a cabeza y sollozar desconsolada.

-itoko… itoko… -deseando más que nunca que estuviera allí para abrazarla.

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-…y eso fue lo que sucedió en realidad. –había finalizado Madara de relatar todo lo ocurrido, desde lo suyo con Kaede hasta llegar a la falsa representación que había hecho a Sasuke. Durante toda la historia, habían estado caminando desde aquel cementerio hasta las tierras Uchiha- sino me crees, ¿piensas que Itachi estaría en ese estado? –deteniéndose donde ambos veían al adolescente Uchiha con la cabeza enterrada como avestruz, lamentándose todavía la muerte de sus padres y las pérdidas de lo que más quería en el mundo.

Celinda no podía creer aquella historia tan inverosímil que aquel extraño le había contado. ¿Cómo iba a creerle? Pero también, ver a Itachi como nunca lo había visto, hacía que se palpara el colgante que portaba.

Si Itachi la odiara y la consideraba basura como le había dicho en su último encuentro, entonces, ¿por qué le había colocado el colgante que tanto le había gustado cuando habían ido a la feria? ¿Por qué se había tomado la molestia de comprarle aquella costosa baratija si la estaba usando?

Si analizaba bien sus preguntas, no tendría sentido el comportamiento del Uchiha frente a ella. Pero si creía las palabras del enmascarado podría asociarlo con muchas posibilidades.

-y ahora, ¿qué pasará con Itachi-kun? ¿Irá a esa organización igualmente?

-… -suspirando para ver con determinación a su descendiente- Itachi es una persona de palabra. Solo hasta que cumpla lo que me debe, se enfrentará a Sasuke para que le derrote.

Un escalofrío le recorrió la columna vertical, así como imaginar lo duro que lo estaría pasando.

Era testigo de cuánto apreciaba a Sasuke, de cuánto lo ayudaba y lo compensaba con su presencia cuando el cabeza de familia se jactaba del mayor e ignoraba al pequeño. Podía saber cuanto era su sufrimiento al ver que de ahora en adelante, Sasuke le repudiaría, siendo el responsable de su muerte.

-en esa organización… -tragando saliva, estaba decidida, sí. Indudablemente no podía dejar las cosas así- ¿hay alguna vacante libre?

Sonriendo satisfecho, Madara le dio la espalda para desaparecer, no sin antes agregar.

-seguid el camino hacia Amegakure. Habrá alguien esperándoos.

Instantes después, sintiéndose sola donde el frío de la noche erizaba los vellos de su piel, con el corazón a mil, empezó a caminar con parsimonia hacia el Uchiha abatido. A medida que se acercaba, lo escuchaba sollozar, haciendo que su alma se rompiera y correr para abrazarle con fuerza y derramar lágrimas en su lugar.

De hecho, éstas ya empezaban a asomarse por la pena que debía estar pasando al perder a sus padres, matar a su clan y provocar odio en el hermano que quería más que a sí mismo.

Frente a él, se arrodilló, donde aunque se diera cuenta de su presencia, no hizo el amago de alzar la cabeza, sino que permanecía tal cual estaba.

Tomando coraje, aspirando profundamente, le tomó una de las manos para apoyarla en su palma y con la otra acariciarla.

-neh Itachi-kun debemos irnos antes de que venga alguien. –eso sí consiguió sorprenderlo y que la observara, viendo lágrimas en su rostro por primera vez. Sonriendo con dulzura, con la mano que lo acariciaba le secó esas lágrimas- sé la verdad, alguien me lo contó todo. Lo que tu clan hizo, lo que hiciste… y lo que le hiciste ver a Sasuke-kun. También sé que lo que me dijiste era mentira, que lo hiciste por mi bien, ¿verdad?

-…

Itachi no dijo nada, estaba tan cansado del sufrimiento que padecía, que ni fuerzas tenía para seguir mintiéndole cuando ya era inútil. Mirando esa sonrisa que tanto le encantaba, el halo de pureza que desprendía, su dulzura acompañados de su consuelo hizo que se abrazara a aquel ángel caído del cielo, volviendo a esconder su rostro pero esta vez en su pecho.

-Itachi-kun… -sin poder evitarlo se puso colorada por ese acercamiento, así como pensar cosas raras. Sin embargo, esos pensamientos se esfumaron al notar como su camiseta se mojaba por las lágrimas del pelinegro- Ita…

-yo solo… yo solo quería que mis padres fueran felices… que mi madre volviera a ser la de antes… que mi padre no tuviera la obligación de apoyar al clan en el golpe de estado… que mi hermano tuviera la vida que se merece… me daba igual si los demás me despreciaban… que me llamasen cruel… asesino… me daba igual la imagen que dejaba… solo con verlos feliz… pero… pero… ¡¡ELLOS MATARON A MIS PADRES!! ¡¡LOS MATARON!! ¡¡Y SASUKE ME ODIA!! ¡¡HICE QUE ME ODIARA!!

Sin saber que decir, llorando como él, solo pudo corresponder a su abrazo con fuerza, recordándole que ella aún estaba ahí a su lado, que no lo odiaba pese a las palabras tan duras que le había dicho.

O.o.O.o.O.o.O

El sol apareciendo tras las montañas daba un tinte anaranjado al cielo. Itachi y Celinda seguían en la misma posición, pese a los intentos inútiles de la joven para que se marcharan, antes de que alguien les descubriera.

Itachi había dejado de llorar hace mucho, pero se sentía tan bien en esa calidez que nunca había sentido. Tanto tiempo pensando en los demás, entrenándose para ese día, siendo el consuelo de los otros, que sentirse en la inversa por su novia era reconfortante.

El sonido de voces en la lejanía alertaron a Celinda que más desesperada, movió el cuerpo del chico para emprender la huída.

-vamos Itachi-kun… no podemos seguir aquí… vamos… levántate… -tratando de despegarle de su pecho.

Inexpresivo, Itachi soltó su fuerte agarre. Como si fuera una marioneta, el Uchiha dejó que sus hilos invisibles fuesen movidos por la chica. Captaba palabras sueltas, así como su tacto en sus manos arrastrándolo, abandonando su villa natal donde de ahora en adelante lo verían como un criminal y un desvergonzado. Frustrado, entristecido por la imagen que ahora tendría, apretó la mano de la chica Haruno, impidiendo que ella le soltara en cualquier momento.

O.o.O.o.O.o.O

El sol en el cielo, la gente de Konoha alterada por la noticia referente al clan Uchiha, los ANBUS informadores a los todavía ignorantes del hecho.

Los líderes de los clanes, al recibir la noticia, no podían ocultar su tristeza. Algunos como Tsume Inuzuka derramaban lágrimas.

Todo eso era visto por Hiruzen Sarutobi que fumaba su pipa sin ganas. Un halo de tristeza y de dolor rodeaban al anciano por la inesperada noticia referente a los padres del chico culpable y al mismo tiempo no culpable.

Cerrando los ojos, aspiró el tabaco de su pipa para exhalar el humo que ocultó por unos instantes a su visitante que estaba tras suya, de pie, silencioso como él.

-pobre Itachi… con todo lo que se ha esforzado… -murmuró el Hokage con gran pesar.

-lo hecho, hecho está. –habló el otro con el mismo tono que el anciano- no podemos cambiar el pasado por mucho que lo deseemos.

-cierto. –girándose para verlo- entonces, el asunto Uchiha quedará archivado de esta manera. Itachi exterminó a su clan sin razón aparente, incluido a sus padres, dejando a un único superviviente a Uchiha Sasuke. No se mencionará que los Uchihas querían un golpe de estado contra Konoha, ni que el propio clan mató al líder y a su esposa, tampoco que el exterminio es misión para Konoha. ¿Es eso lo que quieres… Mizukage-sama?

-Sasuke ya cree que su hermano es el asesino de todos y un criminal sin escrúpulos. Bien pensado, es mejor así para que la gente de la villa no le margine, además de deseo de Itachi.

El anciano soltó un hondo suspiro.

Era lo mejor para el pequeño Sasuke, pero no para el joven Itachi.

-no se preocupe Hokage-sama. –agregó el hombre- Itachi comenzará una nueva vida en una organización en las sombras. Haruno Celinda lo acompaña.

Un nuevo suspiro por parte del Hokage.

-inventar una historia para que la familia Haruno no se vea afectada es lo más razonable. –dijo el Hokage- confío en usted Mizukage-sama, después de todo, fue usted el que años atrás me informó sobre lo que dicha familia hizo a la pequeña Celinda.

-es mi responsabilidad preocuparme por ellas. Si me disculpa, es hora de que regrese. Le confío la crianza del pequeño Sasuke.

-que tenga buen viaje Mizukage-sama… ¿o debería decir Madara-sama?

-hn… -girándose a verlo a través de su único ojo visible- agradezco que alguien como usted dirija Konoha y confíe en mí.

-el hecho de que ayude a preservar el destino de sus descendientes con las Haruno y me informe del estado de éstas, no hablan de usted como la persona que era en el pasado.

-… -mirando al frente, dándole por completo la espalda- perder a alguien muy importante me ha hecho cambiar.

Hiruzen no dijo nada, dejó que el Mizukage, Uchiha Madara, partiera tan misteriosamente como solo él lo era.

O.o.O.o.O.o.O

El cambio climático hizo notar a los dos viajeros que estaban llegando a su destino. Atrás quedaba el calor con sus típicas brisas dando un tiempo agradable. Ahora solo era niebla, humedad y lluvias que duraban escasos minutos.

Debido a las prendas veraniegas que la chica portaba, Celinda empezaba a sentir como sus brazos estaban congelados. Pero la paranoia de que gente de Konoha estuvieran siguiéndoles, imposibilitaba el hecho de pararse unos minutos para descansar.

De hecho, desde la mañana, no habían parado ni siquiera para comer algo. Ella sabía que dado el estado del Uchiha tenían que parar y que comiera algo. Dios sabe desde cuando había estado con esa depresión.

Se giró a verlo de reojo comprobando cómo seguía inexpresivo. Su mano continuaba entrelazada con la suya, siendo ella la guía. Analizándolo mejor, observó los restos de sus lágrimas sobre sus mejillas, sus ojos rojos y no del sharingan y su cabello desaliñado, perdiendo aquel atractivo que gozaba y del que podría estar orgulloso.

Compasiva, sintiendo aquel dolor como suyo, se arrimó a él, comprobando como los brazos de él, estaban igual de fríos que los suyos. Preocupada de que pudiera coger un resfriado, se apegó más para darle algo de calor corporal.

Así siguieron caminando donde el frío se acentuaba más y más, y el cielo pasaba a ser oscuro.

Entre la espesa niebla, la Haruno distinguió a una figura con una capa oscura y roja.

Acercándose cada vez más, pudo ver que se trataba de una mujer de cabello azul ligeramente oscuro, recogido en un moño, ojos del mismo color fríos y serios. A pesar de que su capa que cubría desde las piernas hasta el cuello tapando todo su cuerpo, para Celinda le era una mujer hermosa.

Deteniéndose a una distancia prudente, aquella mujer de porte elegante, dio dos pasos hacia ellos.

-Uchiha-san y Haruno-san, ¿cierto? –verificó aquella mujer- mi nombre es Konan. Él ya me ha informado de lo sucedido. Por favor, síganme.

Aunque se hubiese dejado impresionar por aquella mujer, eso no indicaba que de pronto sintiese inseguridad. De reojo, volvió a mirar al pelinegro sin notar ningún cambio de su estado depresivo.

Vacilando por unos instantes, empezó a seguir a Konan, siendo ella ahora la que apretaba la mano del Uchiha en señal de protección. Algo que Itachi se percató por lo que se sorprendió ligeramente, para después mirarla a ella de manera inexpresiva.

---

Por fin habían llegado a su destino, encontrándose con un gigantesco portalón con un sello incrustado en el centro de "Prohibido". La noche también había llegado y las primeras gotas de lluvia no tardaron en caer, mojando a las tres personas que seguían paradas.

-les ruego que se relajen y no se asusten por lo que va a suceder. –dijo Konan enigmáticamente.

Antes de que pudieran darse cuenta, se vieron trasladados al interior de alguna cueva oscura de grandes proporciones que dejaba a la chica más asustada que a su novio.

Celinda echando un vistazo rápido a sus alrededores pudo distinguir en la otra parte a tres personas, con la misma capa que aquella mujer, que los miraban como bichos raros.

Aunque para bichos raros ellos. Era el pensamiento inevitable de la chica. Uno era alto de piel completamente azulada con su cabello en forma de cresta. El otro era más raro que el de piel azulada, una especie de planta mutante. Y el último… lo único raro era la cantidad de pearcings que tenía por todo su rostro.

-por favor, por aquí. –interrumpiendo el análisis de la chica.

Aquellos tres hombres, dos especialmente, observaban descarados como ambos jóvenes seguían los pasos de lo que hasta ahora era, la única mujer akatsuki.

-¿quiénes son esos? –preguntó el alto de piel azulada.

-hm… creía que en esta organización no se admitían niños… -decía una voz de la planta mutante- ¿cómo pueden ingresar esos chiquillos a una organización como esta? -dijo con otra voz distinta pero del mismo ser.

-el chico no es un joven normal y corriente. Es Uchiha Itachi, miembro del clan Uchiha de la villa de la Hoja.

-¿ehhh? ¿En serio ese niñato es un Uchiha? –decía el de piel azulada sin dejarse impresionar, aunque muy en el fondo lo estuviera- quién lo diría. Aunque, ¿qué demonios hace alguien como él, en esta turbia organización?

-es un miembro más, por orden de él.

-¿del Mizukage? –repitió el mismo tipo, quién aparentemente desconocía que el Mizukage era Uchiha Madara- hay que ser bien descarado en robarles a un Uchiha a esos de la Hoja. Ya debemos prepararnos para cuando el resto del clan Uchiha nos vengan encima por perder a uno de los suyos.

-eso nunca sucederá. –decretó el peli anaranjado de pearcings- Uchiha Itachi eliminó a todo su clan. Es un traidor para su villa.

Ahora sí que consiguió que ambos seres se quedaran con la palabra en la boca de la sorpresa.

Aquel Uchiha era un chaval de catorce… quince años como mucho, especulaban ambos. ¿Y había sido capaz de eliminar al poderoso clan Uchiha él solo? Era algo imposible de asimilar por el simple hecho de que si eso fuera cierto, entonces aquel Uchiha sería más fuerte que ellos juntos.

-quién lo iba a decir… -habló el piel azulada con la impresión aún encima- ¿y qué hay de la chica? ¿Quién es?

-Haruno Celinda de la villa de la Hoja, y su novia.

-¿su novia? –repitió el mismo decepcionado- si yo tuviera su físico me hubiera buscado una chica más atractiva.

-

Un ligero estornudo procedente de la chica donde intuía que alguien estaba hablando mal de ella. Aunque puede que fuera producto de su imaginación, atribuyéndolo a algo más lógico, el frío que desprendía aquella cueva o subterráneo o lo que fuera. Además que habían pasado del clima cálido de Konoha al frío y húmedo de Amegakure. Y ella tenía sus brazos desnudos. Aunque era más correcto decir, que uno de ellos estaba más congelado que el otro, ya que estando cogida de la mano de Itachi, se aprovechaba para apegarse a él y que le ofreciera algo de su calor corporal.

-ya hemos llegado. –avisó Konan.

Celinda levantó la cabeza, donde había una puerta que la mujer akatsuki se encargó de abrirla para luego hacer un gesto en señal de que pasaran. Mirando a Itachi de soslayo, advirtió que seguía igual.

-por favor pasen, espero que les sea de su agrado.

¿Qué les fuera de su agrado?

-"un momento, ¿cómo que les? ¡¿Es que acaso vamos a dormir en la misma habitación?! ¿Y qué es eso de tratarnos como si fuéramos los huéspedes de un hotel? Pero, ¿qué clase de organización es esta?" –entre escandalizaba por saber que compartiría cuarto con el Uchiha, y confusa de aquel trato, no se dio cuenta que Itachi caminaba hacia el interior, donde era ella ahora la marioneta que él manejaba.

Konan entró detrás de ellos, donde ninguno de los dos jóvenes hizo un comentario al respeto. Admitía que encontraba algo anormal que dos chicos como ellos en la edad del pavo compartieran cuarto cuando en esa base, que era la principal de Akatsuki, sobraban habitaciones. Pero había sido orden de él, de aquel hombre que había hecho de su amigo un Dios y de ella el Ángel de Dios.

Suspirando, desechó sus dudas para volver a enfocarse en los dos chicos y regresar al lado de Dios o más bien conocido como Pein.

-en esa mesita tenéis algo de comer. Siento que sea poca cosa, pero nuestra organización está empezando a formarse y no podemos llamar demasiado la atención. Procurad descansar hasta que el nombramiento oficial de los miembros en akatsuki se realice. Con permiso. –haciendo una leve reverencia para abandonar la instancia y cerrar la puerta.

Celinda despertó de sus perturbaciones al escuchar el sonido de la puerta al cerrarse. Definitivamente estaban solos, en una habitación que tenía una sola cama individual. Por lo que si compartían cama, estarían espalda con espalda, sino era espalda con pecho…

-"¡SHANNARO!"

Eso la avergonzaba, y colorada desvió la cabeza hacia otro de los muebles, la mesita con la bandeja de comida esperándole. Eso le hizo recordar que no había comido nada desde el día anterior. Por no hablar de Itachi que estaría en las mismas condiciones que ella. Además, no había dormido absolutamente nada, todo lo contrario a ella que pudo dormir un poco antes de enterarse de aquel asunto.

Estaba claro para Haruno Celinda que más prioridad era Itachi. Soltando una gran bocanada, cambiándole radicalmente el carácter a uno alegre, le habló al pelinegro.

-venga Itachi-kun. No puedes estar así siempre. Yo estoy aquí, y te ayudaré en lo que haga falta.

-…

-pero primero debes reponer fuerzas. Vamos. –guiándolo hasta la cama para que se sentara. Aquella mano que durante todo el camino había estado sujeta se deshizo por fin del agarre donde la chica la sintió caliente y sudorosa. Pero ahora no era momento de preocuparse por ella y lo que Itachi le producía.

Nerviosa, sacó un pañuelo del bolsillo, procediéndole a limpiarle el rostro de aquellas lágrimas que daban evidencia de cuánto había sufrido.

Sus ojos negros estaban ahora clavados en los verdes de ella, mostrando una ligera sorpresa.

-así está mejor. Ahora deberías comer algo.

-… -que bajara la cabeza con ligero enfado fue suficiente respuesta que indicaba que no tenía apetito.

-¡oh vamos! –le recriminó molesta colocándose en jarras- ¡tienes que comer algo! ¡No puedes pasar hambre por toda la vida!

Y vaya que esa chica era cabezota y apurada, porque en menos de lo esperado, Itachi tenía aquel plato de comida cerca de su rostro con la cuchara para que comiera su contenido.

-¿o la comes de tu propia mano, o te la doy a la fuerza?

¿Le amenazaba?

Pero, ¿es qué había olvidado que sus amenazas contra él no hacían efecto?

Sin embargo, estaba demasiado deprimido y frustrado para discutir por una tontería como esa. Así que con sumo pesar, cogió aquel plato de contenido pastoso y marrón. Sin duda tenía cierta semejanza a las primeras comidas que su madre preparaba y que tanto su padre como él, odiaban. Pero el que se convirtiera en una ama de casa, hizo que poco a poco mejorara sus platos.

Y ya nunca más los probaría…

Su madre estaba muerta… y con ella, su padre… y con su muerte, se había proclamado culpable de ello, donde Sasuke le estaría odiando esté donde estuviera…

Sintió algo que tapaba momentáneamente su vista, y al darse cuenta de lo que era, se encontró a la Haruno nuevamente limpiándole el rostro de nuevas lágrimas.

-come. –le dijo dulcemente- no llores más. Sé que es difícil de superar, pero no podemos dar vuelta atrás, solo cambiar el destino.

-…

-todavía tienes a tu hermano. Es verdad que te debe de odiar, pero no te preocupes. Yo me encargaré de hacerle ver la verdad. –decía animada- Seré tu intermediaria para que tu relación con él vuelva a ser la de antes.

Sonriendo confiada, inocente, así la veía Itachi donde su expresión era el absoluto asombro.

-aunque seguro que como es cabezota, costará en que me crea. Solo espero que mi prima llegue a su corazón para hablar con él adecuadamente. –hablaba, mientras él se decidía a probar aquella sustanciosa comida- ¿sabías que ella está enamorada de tu hermano? Como se nota que es prima mía, ¿eh? Aunque lo que me fastidia es el hecho de que tu hermano le regalara dos cosas, mientras que tú solo el colgante… es verdad, muchas gracias. No esperaba que me lo compraras. En serio, muchas gracias. Aunque… quizás a ti te quedaría mejor, ¿no crees? Pero…

Y así seguía con su monólogo, cambiando sus expresiones, de las alegres a las dudosas. Itachi entre bocado y bocado, solo podía sonreír con un suspiro. Conocía tan bien a su novia, que sabía que ese incesante parloteo era para subirle la moral, para que olvidase su tristeza.

Cuando hubo terminado de comer, ella también cesó de hablar para verle satisfecha.

-¿por qué no duermes un rato? –le propuso- sé que eres propenso a dormir pocas horas, pero no has dormido nada en toda la noche pasada y hemos estado caminando todo el día. –a medida que hablaba, procedía a sacarle aquella especie de armadura blanca de ANBU y la bandana de Konoha para que estuviera más cómodo- así que descansa por favor y procura olvidar por unos momentos lo sucedido.

Tras esas palabras le miraba suplicante a que acatara esa orden. Pues nadie mejor que ella, sabía cuanto necesitaba dormir el Uchiha.

-¿lo harás?

-… -asintiendo con la cabeza.

Complacida y tranquila, sobre todo al ver como se quitaba la camiseta, seguramente para dormir con más comodidad, se giró sobre sus talones colorada. Aprovechando que tenía la armadura y la bandana en su poder, lo usó como excusa para dirigirse al armario y guardarla, antes de verle medio desnudo.

Vale que era un chico y contemplar sus abdominales no eran nada del otro mundo. Pero es que era Uchiha Itachi, su novio, una persona sexy sin proponérselo, estaban en una habitación solos. Y ella era una embobada de su persona, desde su sonrisa contada hasta algo tan simple como sus brazos fuertes y protectores. Por lo que si lo viera con el pecho al aire, se quedaría admirándolo como una tonta, poniéndolo incómodo.

Aunque no podía negar que le gustaría girarse y ver solo un poquito.

Negó con la cabeza roja como un tomate.

¿Cómo podía pensar en perversiones en ese momento?

Intentando ignorarlo, se centró en la ventana donde a través de la oscura noche, el viento silbaba con fuerza y la lluvia empapaba todo cuanto encontraba.

-"así son las noches en Amegakure" –se dijo pensativa tocando el cristal, notándolo húmedo y frío que le ponía la piel de gallina.

Para librarse de esa sensación, se sacó el chaleco blanco para colocárselo sobre los hombros y abrazarse a sí misma, procurándose algo de calor.

Repentinamente sufrió un nuevo cambio climático, cuando su chaleco fue quitado de sus hombros; su piel volvió a estar de gallina, al sentir bruscamente el frío; su corazón se paró por unos segundos, cuando unos brazos la rodearon por la cintura; su respiración agitada y sonora, cuando se vio apegada al cuerpo grande y caliente de su novio; confusión que trataba de clamarlo en palabras a la vez que se giraba a verlo; escalofrío y temor cuando él le apartó su media melena en la parte lateral de su cuello, teniendo a la luz su cicatriz maldita.

-Ita…

Se calló abruptamente cuando algo suave y húmedo cubrió su cicatriz, provocándole un sinfín de escalofríos y sensaciones desconocidas.

-Itachi… -kun… pa… para… no ha… gas… eso…

Contrario a lo que pedía, Itachi sustituyó sus labios por la lengua dibujando el contorno de su cicatriz. Eso sacó un gemido en la chica y que perdiese todo autocontrol, localizando su parte más sensible en la parte que ella odiaba. Sonrió para sí mismo por semejante ironía. Y lo más curioso, es que le gustaba esa zona tan maldita para ella. Su sabor era raro, pero le encantaba; la sensación era áspera y seca, y eso lo incitaba a usar su lengua para humedecerla.

-pa… para…

A través del reflejo del cristal, Itachi vio como ella tenía las mejillas encendidas y su expresión era el del infinito deseo. Eso lo encendió más, y que besara y lamiera con más ímpetu esa zona, donde seguramente le dejaría una señora marca al día siguiente.

Era una pena que ella lo escondiera, porque de ese modo, todos sabrían que ella era solo suya y de nadie más.

Concentrado en lo que le hacía, en lo que le haría, tuvo el descuido de no tenerla bien sujeta, para que ella emplease su súper fuerza para apartarse de él.

Ambos jadeantes, respirando con fuerza, ella con las mejillas encendidas le miraba en una mezcla de excitada y asustada.

-de… debes descansar…

Fue lo único que pudo decir, aunque fuera lo más estúpido después de lo que le había hecho.

-es lo que hago. –respondió escueto sin vacilaciones.

Celinda lo vio avanzar hacia ella, por lo que a cada paso que él daba, ella retrocedía.

Dios sabe que ella en el fondo deseaba que él siguiera, que continuara donde ella le interrumpió. Pero…

-me… me refería… a dormir… -chocando contra la pared.

Su vía de escape se vio bloqueada cuando Itachi posó las palmas sobre la pared, impidiéndole que huyera.

-¿crees que después de lo que he hecho, de enterarme que mis padres están muertos, puedo dormir tranquilo? –espetó molesto- cerrar los ojos hace que esa pesadilla se reproduzca.

-go… gomen… no lo pensé bien… -era cierto que había estado casi las veinticuatro horas con lo sucedido metido en la cabeza, y según un libro que había leído, cuando te obsesionas continuamente con algo, aparece en sueños, como un flash back en vivo. Su campo visual se vio ligeramente oscuro, y al alzar la cabeza encontró a Itachi descendiendo su rostro al de ella- eh… espera… -deteniéndole- aunque no duermas… al menos descansa…

-ya te he dicho que es lo que estoy haciendo.

-pero… pero…

¡SHANNARO!

¿De verdad que pretendía hacer lo que ella estaba pensando? Eso era un sueño hecho realidad… pero…

-pero Itachi-kun… tenemos trece años… no podemos hacer eso.

-con once años ya sentimos curiosidad hacia el sexo opuesto. –decretó con firmeza.

-pero… pero… -eso no era lo que le preocupaba realmente, y el que él estuviera más que dispuesto, la aterrorizaba. Sin embargo, quería.

¡SHANNARO!

Su cabeza iba a estallar.

-no te haré daño. –le susurró con un tono tan sensual que logró que sus sentidos se desbocaran- ya no más.

-Itachi-kun… -emocionada por esas palabras, donde estaba dispuesta a complacerle, a darle todo su cariño y calor, pero…- por favor… sé que no me harás daño… pero… por favor… te ruego que esperes… tres años… no, un año… solo un año…

-… -arrimándola a él donde comenzó a besar su melena- no puedo esperar…

-¡por favor entiéndelo! –exclamó desesperada- tenemos trece años… ¡no estoy desarrollada corporalmente! ¡Tú sin embargo aparentas más de lo que eres! ¡No quiero que te decepciones al ver mi cuerpo de niña! –con el rojo en sus mejillas al confesar lo que tanto le inquietaba.

A ella no le importaba que aunque tuvieran doce años, hicieran aquello. Pero temía que si la veía como si fuera una tabla de planchar quedase decepcionado de tener una novia como ella. Ya suficiente martirio tenía con su cicatriz, como para ser criticada por su poco pecho.

-¿crees que te hice mi novia por tu físico?

-querías estar un tiempo conmigo y luego dejarme. –le recordó. Fue entonces cuando se percató de que podría valerle cualquiera con tal de llenarle ese vacío- te valía cualquiera… -repitió en alto y desolada por esa teoría.

-… -Itachi sonrió por tal ocurrencia. En definitiva que su novia era única para alegrarle el momento- tonta. –dándole un capón en la frente.

-¡ay! ¿y ahora por qué me insultas? –replicó molesta, a medida que se sobaba la frente, hasta que él se lo impidió para besarle la zona dolorida. Roja y confusa lo observó donde él sonreía tan tiernamente que haría caer a un ejército de mujeres.

-se ve que aún no lo entiendes. Siempre estuviste metida en mi cabeza. Me molestaba que otros se metieran contigo. Me irritaba el que me hubieras ignorado. Me preocupaba tu seguridad. –peinándole la cabellera, admirándola donde ella quedaba conmocionada por semejante confesión- me encantas desde la primera vez que te conocí. Siempre he tenido que preocuparme por los demás, consolarles, animarles, velar por ellos… y cuando estaba contigo, tú eras la que me daba aquello que nadie me había dado. Además… -apegándola tanto, donde solo existía la distancia entre sus rostros- eres la única que me hace reír más de lo normal y que hable más de lo necesario.

-eso de que hables más… -repitió dudosa de sus palabras. Pues bien testigo era de sus extensos silencios, llevando siempre ella la voz cantante.

-… -volviendo a sonreír. En serio que esa chica lograba cosas que para otros eran de misión imposible.

-pero… si de verdad quieres y no te importa que tenga cuerpo de niña… -tornándose nerviosa, con sus manos sudorosas- estaría dispuesta… -mirándole con un rojo que para el Uchiha le parecía adorable, y combinados con esa mirar tan puro la hacía inocente.

Una inocencia que él le arrebataría por un capricho egoísta de querer su cariño y su calor. Una flor blanca y pura que sería manchada por el rojo sangre de un pecador llamado asesino.

Pero aún así no se iba a retractar de lo que quería.

Necesitaba tanto su amor y su calor, que pensar en lo que había sucedido, en lo que había hecho, le desgarraba por dentro.

Puede que en apariencia resultara un bloque de hielo, pero Dios… era un humano como otro cualquiera. Un chico que se había visto obligado a crecer deprisa para proteger a su familia de la avaricia de su clan.

Y ahora solo le quedaba ella.

-Itachi-kun… -habló ella confusa de su silencio demasiado prolongado, así como el hecho de que no moviera ningún músculo.

Su voz le hizo volver a la realidad donde el tiempo pasa sin esperar a nadie. Y para ellos no era una excepción.

La cogió de la mano, y la guió hacia la cama donde se sentaron acompasados, mirándose a los ojos, olvidándose de todo lo que existía a su alrededor. Ahora eran él y ella. Nadie más.

Daba igual que afuera el viento azotase la ventana como si esta fuera a romperse.

Daba igual que la lluvia fuera acompañada de truenos.

Daba igual que se hubiera ido la luz quedando el cuarto a oscuras, presentando una escena aterradora al ser iluminada por los rayos de la tormenta.

Todo daba igual.

La distancia de ambos rostros, poco a poco se iba haciendo inferior hasta que sus labios hicieron contacto.

Con el peso de su cuerpo, Itachi la acostó sobre la cama con suavidad, cuidando de que estuviera cómoda, acomodándose encima de ella. Sus manos, se ocuparon de dibujar su figura lentamente, como si tratase de memorizar cada rincón, descubrir qué partes le gustaba más.

La inexperiencia de Celinda donde solo se dejaba hacer, empezaba a rodearla. Sin embargo, eso a Itachi parecía no importarle. Se ocupaba de todo, como si esa no fuera su primera vez.

Y entonces, Celinda notó como una mano fría pero decidida se insertaba bajo su camiseta negra. Sin poder evitarlo, rompió el beso. Su miedo de no estar tan desarrollada como las demás, volvió a invadirla.

-tranquila… -le susurró cerca de su oído izquierdo.

Pero, ¿cómo estar tranquila? El hecho de que aquella mano continuara acariciándole su estómago en círculos le daba razones para que no quisiera ascender y encontrarse con su figura toda plana.

En medio de esos pensamientos, sintió nuevamente la lengua del Uchiha sobre su cicatriz produciéndole un cosquilleo interno.

-para… eso no…

Sonriendo victorioso, Itachi tuvo vía libre para continuar con el ascenso de su mano al ver como su miedo se había suprimido, al estar concentrada en las sensaciones que su lengua le provocaba sobre su cicatriz. Sus manos encontraron el objeto de su deseo, cubiertos por una fina tela. Al simple contacto, sus pezones se endurecieron y la escuchó gemir de placer. Sin parar, prosiguió con su exploración sobre la anatomía femenina más a fondo.

Introdujo su mano por debajo de aquella tela y al tocarlo sin barreras, sintiéndolo suave, hizo que se encendiera y su otra mano trabajase en sus muslos y acariciárselos lentamente.

Envuelta en una oleada de placer, Celinda no era nada consciente de lo que la rodeaba, solo de sentir esas caricias tan deliciosas que la calentaban más.

Una vez que dejó tranquila su cicatriz, ella jadeaba con el carmín pintado en sus mejillas. Aquellos labios masculinos fueron descendiendo hasta su cuello, rozándolo con suavidad como una pluma acariciándola.

Él encima de ella se dedicó a contemplarla por unos momentos. Su mirada seria y madura contrarrestaba la suya inocente al verse reflejada en sus orbes oscuros.

Repentinamente, su mano fue en dirección hacia su mejilla, acariciándola con ternura y sus ojos azabaches pasaron a ser tristes y llenos de pena.

Ese rostro descompuesto solo pudo traducirlo como el hecho de que estuviera recordando que ya no le quedaba nadie, excepto ella. Irguiéndose hasta estar a su altura, con sus brazos le rodeó el cuello, besándolo con todo el amor que sentía.

-tranquilo… yo estoy aquí… jamás te abandonaré… -entre besos, pronunciaba aquellas palabras tan seguras como ella al quitarse su camiseta.

Siendo ella la que dominaba, con su cuerpo, lo obligó a que su espalda tocara la cama, sin despegar sus labios de los de él.

Abrazándola con fuerza, Itachi la arrimó tanto como podía, sintiendo el calor de su cuerpo, y el latir de su corazón sobre su pecho desnudo. Temía tanto que ella también se fuera, que fuera un espejismo, que la necesitaba desesperadamente.

Sus manos se ocuparon de acariciar su espalda, encontrando el cierre de su sujetador, por lo que lo desabrochó, para quitárselo y lanzarlo al suelo.

Rodando, Celinda volvió a quedar debajo. Sus labios no se habían despegado durante todo el proceso. Ella no estaba dispuesta a dejarlo ir. Iba a demostrarle que sus palabras eran verdaderas, sinceras, y con aquel acto de amor estarían más unidos.

Pese al frío que hacía dentro y fuera, eso no importaba a los dos muchachos donde las ropas ya no tapaban sus cuerpos. Explorarse, contemplarse era calor suficiente para ambos.

En ocasiones, el pudor rodeaba a la chica, pero los besos que el Uchiha le proporcionaba, hacía que se olvidara de la vergüenza y sintiera ese cosquilleo interno donde su cuerpo caliente pedía más de esas sensaciones.

Fue entonces, cuando se vieron preparados que Itachi se detuvo para verla, donde ella asintió, como si fuera la señal para que el contacto entre cuerpos se produjera, a pesar de que en un rincón de ella tenía miedo al dolor que le causaría.

Y eso era algo que Itachi sabía. Sonriendo para calmarla, se soltó la coleta donde su cabello cayó sobre sus hombros. Una imagen tan sexy, que acompañados de esa pequeña sonrisa hizo que Celinda se centrara en Itachi, admirando embobada la belleza que en esos momentos irradiaba. Los labios del Uchiha se posaron sobre su frente e instantes después sintió la intromisión en su interior.

Iba entrando lentamente, y a pesar de que le dolía y quería quejarse, no lo hizo. Él la necesitaba, necesitaba tenerla más cerca que nunca, necesitaba de su cariño y su calor en esos momentos tan difíciles para él.

Cerrando los ojos con fuerza y con las pequeñas lágrimas ya saliendo por el dolor, repentinamente, lo rodeó por el cuello, escondiendo su rostro en su pecho.

En respuesta a ese acto, Itachi la abrazó con fuerza, a medida que continuaba entrando en ella despacio y con suavidad, hasta que un obstáculo impidió que siguiera. Una parte de él, lo incitaba a hacer fuerza y hundirse en ella, y eso fue lo que hizo. La escuchó ahogar un quejido de dolor, como había apretado el abrazo, pero ahora podía decir que estaba unido a ella de manera completa.

Sentirse dentro de ella, hacía que su calor interno le quemara, y despertase instintos como aquella vez cuando la había besado por primera vez.

Teniéndola en sus brazos, hundiéndose una y otra vez en ella, fue cuando aprendió que el amor es el arma efectiva para debilitar hasta el peligroso de todos los criminales. Y si era sincero y puro como el que su novia le profesaba, más débil y sumiso acabas, hasta el punto de hacer barbaridades que nunca habrías imaginado.

Unidos, así habían continuado durante unos minutos más, donde el dolor había desaparecido en Celinda, y ahora encaraba al Uchiha que contemplaba cada expresión suya.

El final se iba acercando, los movimientos de Itachi eran ahora lentos pero precisos, hasta que sintió como las paredes lo apretaban y eso hizo que llegara a la cúspide del máximo placer.

O.o.O.o.O.o.O

La mañana amanecía más fría y húmeda si era posible. Los restos de la lluvia nocturna se presenciaban en la poca flora que representaba Amegakure. Eso provocaba que los que dormitaban en sus mullidas camas no tuvieran ganas de levantarse en todo el día. Itachi no era una excepción, aunque él tenía otras razones para no querer levantarse. A su lado, durmiendo serena y tranquila, estaba su novia Celinda, dándole la espalda, pero con sus hombros desnudos al aire, y la ropa por ahí ciscada, dejando la evidencia que estaba desnuda.

Él tampoco era una excepción, solo que debido a su costumbre de dormir horas escasas, se encontraba sentado, con el pecho al aire, sin importar que cogiera un resfriado, contemplando a la chica que estaba a su lado, con la cual había pasado una noche verdaderamente caliente.

Mostrando una de sus pocas sonrisas, se dedicó a acariciarle su blanco cabello, logrando que se moviera por el tacto repentino. Eso hizo que ensanchara más sus labios donde su sonrisa no se vio más tierna y dulce que en aquel momento. Agachando su rostro hasta su oído derecho, le susurró.

-arigato.

-de nada… -contestó soñolienta y con una sonrisa.

Después de que la chica se estirara, se volvió para abrazar el cuerpo de su amado con fuerza, como si fuera un osito de peluche.

-… -él solo podía sonreír por su actitud efusiva.

-¡no sabes lo feliz que estoy de estar a tu lado!

-… -y él también lo estaba.

-ahora que nuestra relación es más fuerte, me convertiré en una novia digna de ti. Haré lo que sea para protegerte, para que seas feliz. Te lo prometo.

Su mentón fue cogido por los dedos de Itachi, obligándola a que lo mirara y acercarla a su rostro despacio y lentamente. Con sus labios muy cerca, volvió a susurrarle un "gracias" cargado de sinceridad y ternura, que la dejó más enamorada de su persona y que él aprovechó su vulnerabilidad para unir sus labios.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Perdón por tardar en actualizar, pero me he visto con poca inspiración. Comunico que nuevamente por lo extenso que se estaba haciendo, lo he acortado donde el siguiente ya finalizaría estos flashs backs y sasuke tomará la decisión sobre qué hacer con Sakura. No adelanto hechos, pero sí informar que debido a que antes tenía pensado publicar todo el cap, pues el siguiente está ya casi terminado, por lo que dependerá de vuestros reviews para actualizar de inmediato. Si recibo diez antes de este viernes, lo actualizaré sin falta.

Espero que os haya gustado y el lemon, aunque no fuera la gran cosa.

'Atori'