Pues no, no tengo perdón. PERO YO SIGO ACTUALIZANDO X_DDD AUNQUE NADIE ME LEA YA PORQUE NO LO MEREZCO.
Disclaimer: Ya pa' qué. Si aquí todo se sabe.
Regla #10: Jamás practicar deporte de riesgo.
Antonio
El sonido del timbre había interrumpido la situación, y prefiero no pensar cómo hubiera acabado de no ser así. Lo que pasó en aquel momento fue tan sumamente rápido que, antes de darme cuenta, Lovino ya estaba pegando gritos totalmente histérico. Seguí el mismo camino hacia el recibidor, movido por la curiosidad y, en parte, por el deseo de poner al desquiciado italiano en off.
—¡Pero desgraciado! ¡¿Qué me estás contando?! —Preguntaba Lovino a grito pelao'. —¡Que tú en mi casa no te quedas, subnormal!
Enfrente de él encontré a un chico más o menos de mi edad de apariencia bastante seria que miraba a Lovino como si de un momento a otro fuera a atravesarlo con lo primero que pillara. Pero, sin duda, lo que más llamaba la atención de él era una pequeña cicatriz que resaltaba en su frente, dándole un aspecto todavía más amenazador y el, más que singular, peinado que llevaba. ¿Cuánto dinero se dejará en gomina para levantar semejante melena? Ahí hay, por lo menos, diez centímetros de pelo.
Pero bueno, será buen chaval.
—Eh, tú —el extraño me señaló con la cabeza, —guarda al perro.
—¡Lo mato! —Tras la tajante respuesta, Lovino terminó de entrar en furia y estuvo a punto de lanzarse a por el rubio. Rápidamente, corrí hasta situarme tras el italiano y lo retuve con fuerza por los brazos, teniendo cuidado de que tampoco se le viera nada, porque apenas seguía cubriéndole la toalla con la que había salido de la ducha. —¡No te metas, tú también fuera, los dos!
Mientras seguía despotricando por esa boquita que tiene, nuestro visitante entró en la casa dedicándole una mirada de vergüenza ajena al italiano. Algo me dice que estos dos no se llevan precisamente bien.
—Govert —lo tomaré como una presentación. —Y vístete, niño indecente —volvió a dirigirse a Lovino mientras pegaba una calada a su cigarro indiferentemente.
Su nombre me sonaba de algo, alguien había estado hablando últimamente de un tal Govert, pero no conseguía recordar quién. En cualquier caso, decidí no quedarme más tiempo allí parado sin decir palabra, solté al italiano que ya había dejado de pegar coces y le tendí la mano al nuevo conocido.
—¡Siempre es un placer conocer a los amigos de Lovi! —Una mirada asesina que conocía bien se clavó en mi nuca. —Yo soy Antonio, ¿puedo llamarte Gov? —me presenté con mi sonrisa de hacer amigos. ¡Es infalible!
Pero, contra mis planes, Govert se limitó a mirarme mientras alzaba una ceja y ponía cara de pocos amigos, luego bajó la mirada hasta mi mano y, prácticamente, se mofó de mí en toda mi cara. Fruncí el ceño ante sus pocas ganas de socializar. Dio otra calada a su cigarro y puso rumbo al salón; al parecer se conoce la casa, por tanto ha estado aquí antes. Me pregunto de qué conocerá a Lovino y por qué ha venido aquí.
—¿A qué vienen esas caras? —Preguntó con indiferencia, sin ni siquiera darse la vuelta para mirarnos y dejando su llenísima bolsa en la puerta de mi habitación. —Ya le he explicado al renacuajo que voy a quedarme unos días aquí. He venido a ver a Emma.
—Es su estúpido y gigantesco hermano —explicó Lovino de brazos cruzados mientras sus pupilas rezumaban odio hacia el nuevo "invitado". Comenzó a caminar hacia su habitación mientras murmuraba palabras que no sonaban nada agradables en italiano, abrió la puerta con rabia y dirigió la mirada hacia mí una vez más. —Antonio, cuando salga no quiero que siga aquí —prácticamente ordenó, con el ceño totalmente fruncido.
Y allí me dejó, enfrente de aquel hombre que no hacía más que fumar cual carretero. Le examiné con la mirada; lo que se dice expresión de tener ganas de hacer amigos… no, pero no podía ser tan horrible, y menos siendo el hermano mayor de Emma. Ahora por fin recordaba de qué me sonaba, la belga nos había estado diciendo que su hermano vendría unos días de visita. Ahora la cuestión era saber por qué estaba en casa de Lovino y no en la de la rubia.
—Oye, ¿qué te crees que estás mirando?
Y ese pelo. Cómo lo hará. Debe llevarle horas dejárselo así por la mañana. ¿Utilizará algún tipo de producto especial? Porque eso no puede ser natural. Seguro que para sujetarse el pelo de esa manera utiliza algo como… como mantequilla, de esa holandesa que compra Lovino y es imposible de extender en el pan. Más compacto que eso no hay nada.
—Eh, chaval.
Pero menudos brazacos de portero de discoteca que tiene, este te pega un guantazo y te deja tonto.
—Deja de mirarme o te la ganas —dijo en tono amenazante mientras apagaba su cigarro, a Lovino no iba a gustarle nada que le llenara el piso de colillas.
—Perdona, es que me estaba preguntando qué haces aquí —comenté intentando sonar amigable, aunque con el efecto contrario.
—¿Insinúas que no soy bien recibido? — "Obviamente, ¿no has visto a Lovi?".
—¡Qué va! ¡Para nada! Simplemente es curiosidad —comenzaba a ver totalmente frustrados mis esfuerzos por establecer cierta amistad con él. —Me refería a que es extraño que decidas quedarte aquí y no en casa de tu hermana, ha estado todos estos días sin parar de hablar de ti y seguro que ambos tenéis ganas de estar juntos —a lo mejor así se enternece un poco.
Bufó. —¿Es que hay que darte explicaciones de todo? Te lo diré, y luego vas y se lo explicas al histérico de tu chico porque… —se arrancó a hablar de una vez, mientras tomaba asiento en la cercana mesa de la cocina.
—Nononono, él no es mi chico ni nada de eso, ¿eh? —Prácticamente le interrumpí, vacilante, mientras le seguía y tomaba asiento justo enfrente de él. —Solo somos compañeros de piso.
Me dedicó una mirada de incredulidad. —Ya, bueno, que no me interrumpas —tragué saliva, esperaba que no hubiera notado nada. —Dentro de pocos días será el cumpleaños de Emma, y quiero darle una sorpresa, por eso no le he dicho que estoy aquí y necesito un lugar donde quedarme —se explicó claro y conciso, por lo menos ahora sé que el gigante de hierro que tengo ante mí tiene un corazoncito escondido por ahí que quiere a su hermana pequeña. ¡Ya decía yo que no podía ser tan malo!
—¡Me parece una idea genial! —Se me iluminaron los ojos imaginando lo contenta que se pondría la belga al recibir la sorpresa. —Podemos aprovechar y prepararle una fiesta sorpresa, o algo entre todos —me sentía como un auténtico niño a la hora de planear ese tipo de cosas, y me moría por participar.
Govert me miró con su característica indiferencia, y chasqueó la lengua antes de empezar a hablar. —Ya veremos, de momento no te hagas muchas ilusiones —dicho esto, se levantó de la silla y anduvo hacia la que era mi habitación.
—Oye, que ahí duermo yo… —señalé sin moverme de mi sitio.
Govert dejó escapar una sonora –y terriblemente falsa y forzada- carcajada. —¿Y qué? ¿Esperas que duerma con tu amiguito y le dé besitos de buenas noches? No me hagas reír —dicho esto, entró en la habitación y comenzó a sacar sus cosas de la bolsa con, casi enfermizo, orden. Esta gente del norte…
Le seguí hasta el umbral de la puerta, tenía que estar bromeando, yo no podía dormir con Lovi, y menos después de lo que acababa de pasar y lo que seguramente pensaría de mí.
Simplemente no podía dormir con Lovino.
—El sofá es muy cómodo —puntué casi con desesperación.
—Pues que te vaya bien en él —concluyó tajantemente, y tampoco quería pelearme con el hermano de Emma por una habitación, solo serían un par de días. —Coge lo que necesites y pírate.
Y no sé cómo acabé siendo invadido de la peor forma y durmiendo en el sofá, tras ser casi expulsado de la casa por un Lovino cuya furia aún no se había calmado.
Con el paso de los días el poco tiempo que iba a estar Govert con nosotros se me estaba haciendo más largo de lo normal. La atmósfera en casa era casi insoportable, con las abundantes miradas de odio y discusiones entre el italiano y el holandés –al poco tiempo de estar aquí me enteré de que era de Holanda, me esperaba otra cosa de un país donde los porrillos son legales.
—Y, ¿le das mucho a los porros?
—Y, ¿tu retraso es contagioso?
Y aunque el estado natural de Lovi era aquella aura de enfado y desacuerdo con el mundo entero, llevaba el suficiente tiempo a su lado como para saber que no estaba bien con aquello, y que necesitaba despejarse. Por lo tanto, me dediqué las horas que tuve esa mañana de clase a pensar un plan con el que distraer a Lovi, llevarlo a algún lugar para que se divirtiera un rato. Era lo mínimo que podía hacer. Incluso había pedido el día libre en el trabajo.
Aquella tarde era solo para Lovino.
Aprovechando que salía de clase media hora antes que el italiano, me apresuré a buscar el aula donde estaría él y, una vez la había encontrado, me apoyé cerca del marco de la puerta, a la espera de que la clase terminara. Solo faltaba pillar por banda al italiano, proponerle mi fantástica idea, y que él accediera a pasar la tarde conmigo. Era un plan perfecto que además me serviría para "arreglar" mi relación con Lovi, pues desde el incidente de aquel DVD no habíamos hablado demasiado, y lo notaba algo distante.
Puede que incluso eche de menos los continuos insultos, estaré volviéndome loco.
Miré la hora en el móvil, inminentemente la masa de alumnos de turismo saldría del aula y debía estar atento para localizar al italiano. Esperé y seguí esperando hasta que, por fin, parecían haber dado por terminada la clase. Después de unos segundos comenzaron a salir los alumnos en grandes grupos de amigos, charlando animadamente y comentando ciertos aspectos de la asignatura, por lo que parecía. Intenté mirar entre ellos, pero Lovino no estaba por ninguna parte.
Y, de repente, ahí estaba, dejando el aula solo y totalmente inmiscuido en un juego del móvil al que llevaba enganchado desde hacía días, con el ceño fruncido sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor, prácticamente ni alzaba la mirada de la pantalla. Me acerqué a él, dispuesto a llamar su atención.
—¿Tienes planes para esta tarde? —Pregunté, directo al grano, con un intento de voz sensual que, desde luego, no era intencionado.
—Pasarme esta mierda de nivel —respondió casi de manera automática, como si tuviera preparada la contestación. —¡Me cago en todo, he vuelto a perder!
—Hazme un poco de caso, ¡quiero proponerte que vayamos a un sitio! —Exclamé animadamente, pasándole un brazo por encima de los hombros, a lo que respondió con un leve gruñido.
—Sorpréndeme —parecía que por fin había logrado atraer su atención, aunque rápidamente me obligara a retirar mi brazo de él.
—¡Vamos a patinar sobre hielo! —Yo mismo me emocioné al decirlo en voz alta. —Será divertido, hace mucho que no voy, ¿tú has ido alguna vez?
—Antonio, estamos a finales de marzo, ¿de dónde mierda vas a sacarte una pista de patinaje sobre hielo? —Preguntó con el típico tono que utilizaba cuando quería sacar a relucir que mis ideas son, bajo su punto de vista, estúpidas.
—¡A una pista cubierta, tonto!
Rápidamente, se le iluminó la mirada, parecía que al fin y al cabo mi idea no era del todo mala. —¡Nunca he ido a patinar! —Me miró casi con admiración, como un niño pequeño con un juguete nuevo. Totalmente adorable. —Pero no me fio de que tú me vayas a enseñar, que seguro que no tienes ni idea.
Dejé escapar una breve risa. —No soy un experto, pero algo te puedo enseñar, y lo pasaremos bien —le sonreí de nuevo con confianza.
—Como intentes hacerme las cositas esas que ves en tus vídeos porno te juro que…
—¡Pero Lovi, no pienses de mí de esa manera! —Prácticamente lloriqueé, cortando al italiano antes de que acabara la frase. Además, tras el incidente Lovino no hacía más que huir de cualquier tipo de contacto físico.
Tras luchar contra la indecisión del italiano, que todavía no había decidido al 100% si venir conmigo o no, por fin logré convencerle de que lo mejor era pasar la tarde haciendo algo nuevo. De esa manera, cogimos el transporte correspondiente y nos dirigimos hacia la pista de patinaje de la ciudad, un gran polideportivo cubierto donde se podían practicar toda clase de deportes y actividades de invierno cualquier día del año. Lovino miraba hacia todas partes sin parar desde el momento en el que entramos, sabía que normalmente no suele hacer este tipo de escapadas con sus pocos –casi nulos- amigos, y aunque había intentado poner cierta distancia entre nosotros disfrutaba de mi compañía.
—Vamos por aquí —le guié, —con un poco de suerte no habrá mucha gente y te podré enseñar a moverte sobre el hielo.
Me siguió sin rechistar, lo cual no estaba nada mal por una vez, y fuimos a ponernos las botas para patinar. Era como ir con un niño pequeño, mirando hacia su alrededor fascinado, observando a los escasos y ágiles patinadores que ya ocupaban la pista, y escondiéndose detrás de mí cuando debimos acercarnos al mostrador a pedir los patines.
—¡Date prisa, pedazo de inútil! —Gruñía un Lovino que apenas podía atinar a ponerse las botas de lo rápido que iba. —¡¿Qué clase de invento del demonio es este?!
—Pero relájate, que el hielo no va a salir corriendo —no pude evitar soltar una pequeña risa ante su actitud, —¡aunque quizá lo asustes con tanto grito! —sus mejillas rápidamente adquirieron un ligero tono sonrojado y chasqueó con la lengua en señal de disgusto mientras agachaba la cabeza para lograr ponerse las botas, esta vez de manera más tranquila.
Y el caos comenzó cuando se dispuso a levantarse.
Hoy el italiano se me mata. Ya puedo imaginar las amenazas por acabar con el heredero de la familia.
—¡La familia es lo más importante, Lovi! —Grité mientras agarraba rápidamente sus brazos para ayudarle a mantener el equilibrio.
—¿Qué cojones estás diciendo ahora? ¿Te has dado un golpe en la cabeza? —Alzó una ceja mirándome extrañado, aunque en su expresión se asomaba una pequeña sonrisa.
Adorable.
—¡Antonio, que me cago en la puta! —Chillaba un aterrorizado Lovino una vez comenzó a deslizarse por el hielo.
Lo cierto es que era gracioso observar al italiano, apenas acababa de ayudarle a entrar en la pista y ya había comenzado a agitar fuertemente los brazos en un vanísimo intento de mantenerse en pie, pues parecía que de un momento a otro iba a darse con el culo contra el frío hielo. Y, para empeorar la situación, el pobre en vez de dirigirse a los laterales iba directísimo al centro. A su perdición. El fin estaba tan cerca que podía palparse con las manos.
"Bueno, Antonio, tú ya me sueltas aquí que esto está chupado." Recordé las palabras de un quizá demasiado seguro de sí mismo Lovino. Y acto seguido me dirigí rápidamente hacia él. No es que fuera ningún experto en patinaje sobre hielo, pero por lo menos podía defenderme.
En pocos segundos llegué hasta el muy desorientado Lovino, que seguía su camino hacia quién sabe dónde y, colocando mis manos en su cintura, logré que dejara armar el espectáculo y pudiera mantenerse en pie sin perder el control.
—¡He venido a tu rescate, princesa! —Exclamé, aprovechando que el italiano estaba demasiado ocupado temblando y no sería capaz de pegarme por el comentario.
—N-no vuelvas a soltarme nunca, ¿me oyes? —Murmuró tartamudeando. —Que creía que no lo contaba.
Me paré a mirarlo sin mediar palabra. Esta vez, el ligeramente sonrojado era yo, y mi mente prácticamente había quedado estática pensando en lo primero que había salido de la boca del italiano. Estúpido por mi parte. Y él, totalmente ajeno, seguía con su retahíla de insultos, quejas y reproches, pero me daba completamente igual.
—¡¿A qué clase de sitio me has traído?! —Parecía haberse recuperado del "susto". —¡Quieres matarm- —se disponía a girarse rápidamente para asestarme un golpe con el codo cuando, capricho del destino, volvió a resbalar.
Comencé a reírme fuertemente de nuevo, al ver como el italiano volvía a luchar por agarrarse a mí, esta vez cambiando de posición y haciendo que quedáramos cara a cara.
—¿A dónde vas, kamikaze? —Pregunté mientras no trataba de disimular la risa, provocando que en el rostro de Lovino apareciera una mueca de mal humor.
Entrecerró los ojos frunciendo ligeramente los labios, como solía hacer cada vez que se enfadaba e ideaba toda una serie de muertes dolorosas para mi persona, solo que esta vez estaba acercándose a mí progresivamente, como si estuviera concentrándose en que mi cabeza explotara. O quizá era porque al estar agarrado de mis hombros se sentía más seguro de esa manera. No se sabe.
Pero era un error por su parte. Un grandísimo error.
—¿Qué a dónde voy? Menudas ideas las tuyas, pedazo de mierda.
¿A dónde mirarle? ¿A sus ojos, llenos de vitalidad y, en mayor medida, mal humor? ¿A sus sonrojadas y ligeramente infladas mejillas?
—¡Que te estoy hablando, despojo humano!
¿O a sus labios, que no hacían más que tentarme a besarlos? Era difícil mantener la mirada fija en otro punto que no fuera ese.
Qué digo difícil. Era imposible.
—Y ahora pasas de mi cara, pero, ¿por qué tengo este imán especial para los gilipollas? —Continuaba casi con desesperación.
Tragué saliva, siendo consciente de lo que estaba a punto de hacer; y es que todos tenemos un límite.
—MIRA LO QUE TE DIG-
Con un movimiento rápido, me incliné hacia delante lo justo como para eliminar la distancia que nos separaba y atrapé sus labios entre los míos, cortando su monólogo por enésima vez. Aunque estaba seguro de que no sería eso precisamente lo que me llevaría a la muerte a manos italianas.
A pesar de ser un chico que pasa la mayor parte del día gritando, frunciendo la boca y poniendo muecas de desagrado, sus labios eran más suaves de lo que me esperaba, superando mis expectativas a pesar de no ser más que un simple beso casto. Lovino tardó unos segundos en reaccionar, quedándose estático por completo. Llevado por la situación relajé mi agarre sobre su cintura y, en lo que pareció una eternidad y daba la impresión de que incluso el italiano estaba dispuesto a corresponder al beso, perdió el equilibrio, pillándome completamente desprevenido.
En milésimas de segundos, ambos habíamos caído sobre el frío hielo, uno enfrente del otro.
—¡Aaaaay! —Me quejé mientras me sobaba el trasero, sobre el cual había aterrizado. —¿Te has hecho daño, Lovi?
Alcé la mirada para mirar al otro y me encontré con un más que sorprendido italiano que me miraba fijamente con los ojos abiertos como platos y la boca ligeramente entreabierta y balbuceante.
—Adiós —sin mediar más palabras Lovino salió a gatas y disparado hacia la salida. No me extrañaba para nada, ¿qué pretendía actuando de esa manera?
El camino de vuelta a casa fue horriblemente solitario, lo cual me dejaba mucho tiempo para pensar en lo que había pasado, y para darme cuenta de que para nada estaba arrepentido, de que ansiaba repetirlo.
Pero Lovino seguro que no. Ahí estaba la gran diferencia.
Un vez llegué al piso me topé de frente con el hermano de Emma, Govert, nuestro recién llegado invitado. Me dirigía una inquietante mirada de desprecio que no entendía para nada. ¿Cómo podían los hermanos ser tan sumamente diferentes? Al notar mi mirada desconcertada sobre él, se limitó a dirigirme un seco saludo con la cabeza, al que contesté con una amable sonrisa.
Una vez dentro de casa eché un rápido vistazo, buscando al italiano, para finalmente encontrarlo en la cocina, preparando una ensalada de pasta para la cena. Govert estaba en el salón viendo la televisión, a juzgar por los repentinos diálogos de anuncio de cremas para la zona íntima que se oían.
Era mi oportunidad, me acerqué a Lovino, procurando quedar a una distancia prudente.
—Lovi.
—No estoy —la autodefensa del italiano estaba en su punto más fuerte, aunque la absurda respuesta hizo que no pudiera evitar sonreír.
—Solo quería decirte que echaba de menos estar a solas contigo —me acerqué por completo a él y le revolví el pelo con cariño, antes de darme la vuelta y alejarme hacia mi habitación. —Avísame cuando esté la cena ~ —canturreé de camino.
Lo que no sabía es que Lovino se había girado para mirarme mientras me marchaba, con un profundo rubor ocupando su cara y el ceño fruncido, aunque su mirada no denotaba para nada el mínimo odio o rencor.
HOLI HOLI ~
My fucking God, que voy a actualizar. AAAALELUYA.
Bueno, no tengo demasiadas cosas que comentar, el capítulo habla por sí solo, quiero darle un poco de ritmo porque :_D ya es hora y me siento mal, lo reconozco.
Muuuuchísimas gracias a los que leéis, seguís faveando y followeando el fic y os pasáis a dejar un bonito comentario, siempre os lo digo pero sabéis que sois lo más mejor del mundo ;_;
Y ahora como siempre contesto a los del pasado capítulo ~
BeautifulSora: -Si sigues entrando a leer esto te juro que me hago tu mayor fan xD- Muuuuchísimas gracias por el review que dejaste en su momento ;_; Eres un amorcete, ¡que siempre te veo por aquí! Y no merezco que ames mi fic, para nada ;; Lo de las pelis es que lo tenía planeado desde el principio, y no sabes lo que es esperar a que llegue ese momennnto xD yo es que pienso en el porno que esconde Antonio y en fin [¿]. Y Lovi se lo tomó también porque en el fondo le va la carne en barra e_e. En cuanto a Govert, a mí personalmente su relación con Lovino me encanta xDD Es que los veo tan… no sé, son los típicos amigos que parece que se odian pero luego están el uno para el otro y se me hacen adorables y muy graciosos. Muchas gracias por el review, me encantó ;_; Y espero que si lees este capi te guste tanto o más que los demás.
ALC-Neechan: Holi holi ~ Primero de nada, muchísimas gracias por leer y pasarte a dejar comentario, ¡que me ha encantado! Y claro que me acuerdo de tiiii (BUAH, SHIZAYA, NO SABES CON QUIEN ESTÁS HABLANDO, SOY ADICTA). Todos sabemos que verlos a ellos en una peli porno sería mucho mejor, pero imagina que Lovi pone la cinta y se ve a Antonio y él, ciertamente perturbador [¿?]. Espero que leas la continuación y te guuuuste, igual que espero volver a ver comentarios tuyos por aquí! Nos leemos, y un achuchón enooooorme ~
Guest: Muuuuchas gracias por el review, y aquí tienes la continuación (que me ha llevado mi tiempo, lo sé ;_;). Espero que te guste y volver a leerte por aquí ~
Desconocidoa: Muchas gracias por el review ~ ¡Aquí tienes la actualización! Espero no volver a ser cruel y dejarlo en lo interesante sdfasfasd. Y no, no he visto esa película, pero soy muy fan xDDDDDDDDDDDDDDDD Algún día la veré sin falta, porque es digna. Espero volver a leerte por aquí y que te guste el cap ~
ArcoirisAlcachofa: Muuuchas gracias por el review, y aquí tienes la conti! Espero que te guste y la disfrutesss, así como volver a leerte por aquí ;u;
Y adivinad, SON LAS 4 DE LA MADRUGADA. No aprendo a actualizar a horas decentes.
