¡YAHOI! Sí, lo sé, queréis matarme, asesinarme, arrancarme las entrañas y dárselas de comer a los lobos, lo entiendo, pero (Inner: ¿es que hay un pero?), siempre hay un pero. Como siempre (Inner: explicaciones abajo).

Disclaimer: Los juegos del hambre y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Suzanne Collins, yo solo los uso con el fin de alimentar a mi glotona e insaciable imaginación.

Chapter 9

POV Peeta

El bullicio llena las enormes estancias de la gran mansión del Presidente Snow. Todas las personas importantes de Panem y el Capitolio están aquí, todos cuchicheando emocionados sobre mi boda con Katniss. Llevamos toda la noche estrechando manos y agradeciendo felicitaciones. Se nos han acercado ya con varias propuestas para hacer diversos reportajes sobre nosotros. A cada paso, a cada saludo, Katniss me aprieta un poco más la mano, conteniendo las más que probables ganas que tiene de partirles la cara.

Suspiro. Lo único positivo es que parece que Snow está más interesado en atender a sus invitados que en darnos la vara a nosotros—. ¿Qué tal, tortolitos?—pregunta Cinna en tono alegre llegando junto a nosotros con Portia. Katniss lo fulmina con la mirada.

—Tranquila, Kat—le digo. Ella respira hondo y recuesta la cabeza en mi hombro.

—Ánimo, cariño—le dice Portia con voz suave, poniéndole una mano en el brazo.

—Eso, preciosa, ánimo, se supone que ahora estás prometida y tienes que estar tan feliz como una lombriz. —Lo que faltaba, Haymitch y sus comentarios.

—Ya lo sé—contesta Katniss en tono cortante. Suspiro de nuevo.

—¡Peeta, Katniss!—Un grupo de señoras regordetas cubiertas de purpurina se acercan sonrientes a nosotros. Otra tanda de gracias y de alegría fingida, qué bien. Me obligo a sonreír y Haymitch le sube a Katniss la comisura de los labios para que haga lo mismo, pero ella se limita a apartarle las manos de un manotazo y a fulminarlo con la mirada.

—Buenas noches—saludamos casi a coro.

—¡Ha sido precioso! ¿Verdad que ha sido precioso?—dice una de ellas, dirigiéndose a las demás, que asienten.

—¡Conmovedor! ¡Me has hecho llorar, Peeta! ¡Katniss tiene tanta suerte…

—¡Y qué lo digas, Alana! ¡Ojalá te pudiese presentar a mi hija…

—¡Antes le presentaba yo a la mía!—ríen como si hubieran contado algún chiste gracioso.

—¡Ah por cierto! ¿Qué anillo tienes pensado regalarle?—¡¿Y a ellas qué les importa?!

—¡Dicen que en unos días sale un nuevo modelo de esmeralda!

—¡Yo también lo he oído! Se rumorea que del material más puro de esa piedra—dice otra en un tono confidencial. Miro de reojo para Katniss; está con los dientes apretados y completamente rígida, señal de que está deseando librarse de estas gallinas. Además, está extremadamente pálida.

—Cariño, no tienes buen aspecto—digo yo volviéndome hacia ella y acariciándole la mejilla. Ella me mira confusa y yo esbozo una sonrisa—. ¿Por qué no vas a refrescarte un poco?—La comprensión se hace presente en su rostro.

—Pero… —rueda los ojos hacia las señoras, que se han puesto a conversar con Haymitch. Vaya, parece que sí sabe ser sociable de vez en cuando.

—No te preocupes por nosotras, querida, normal que estés algo abrumada.

—Sí, demasiadas emociones. Una mujer necesita tiempo para digerir esta clase de noticias. —Se acerca a mi oído, susurrando un "gracias", y luego se pierde entre la maraña de invitados. Yo me vuelvo hacia esas mujeres, para mostrarme lo más encantador que pueda. Haymitch me da un golpecito en el antebrazo, como diciéndome "buen chico". Yo me encojo de hombros, sé que ha sido un día muy duro para Katniss, necesita tiempo para estar sola y pensar.

Fin POV Peeta

POV Katniss

Me encamino al baño, esquivando a tantos invitados como puedo, y a los que no, les dirijo sonrisas rápidas y encantadoras. Le pregunto a uno de los camareros (que curiosamente no son avox) donde está el aseo. Me señala el pasillo. Le doy las gracias y voy hacia allí, encerrándome a cal y canto en el interior. No me importa si alguien toca a la puerta diciendo que necesita entrar, esta casa es lo suficientemente grande como para tener diez baños, por lo tanto que se busquen otro.

Dejo caer la espalda contra la puerta y respiro pesadamente, con los ojos cerrados. Las sienes me palpitan y siento unas horribles ganas de vomitar. Llevo aguantándolas toda la noche, casi desde que entramos en la casa de Snow. Me inclino sobre el váter y dejo que la bilis salga. Es horrible, parece como si mi cuerpo de pronto se hubiese vuelto de plomo. Me sudan las manos y de lo único de lo que tengo ganas es de tirarme en una cama y dormir, dormir y dormir…

No sé cuánto tiempo paso allí, devolviendo lo poco que me he llevado al estómago, más bien, lo poco que Peeta me ha obligado a llevarme al estómago. Cree que no me estoy alimentando bien, y según Portia ha hecho una lista interminable de los bollos y los pasteles que me piensa hacer al llegar a casa. No puedo evitar sonreír, mi chico del pan es de lo más dulce ¿qué más puede pedir una chica de un chico?

Parece que mi barriga ha decidido que ya no tiene nada más que le moleste, así que me siento a un lado del váter, apoyando la espalda en la helada pared. El frío me refresca la piel y en cierta manera me reconforta. Respiro hondo un par de veces, tratando de relajarme lo más que pueda—. Puedes hacerlo Katniss—me digo a mí misma—, puedes hacerlo. Un par de horas más y mañana estarás de camino a casa. Hazlo por Peeta, por Haymitch, por Effie y los demás. —Con renovadas fuerzas me pongo en pie, me enjuago la boca un par de veces con agua, para intentar disimular el olor a vómito que debe tener ahora mismo mi aliento, y salgo del baño, llevándome el mayor susto de toda mi corta vida.

Allí, en medio del pasillo, con una copa de un líquido burbujeante y dorado en su blanca mano, mirándome fijamente, está el presidente Snow. Mi determinación se va al garete en cuánto lo veo. Aprieto el bolso cuadrado que Cinna me ha dado a juego con el vestido y trago saliva. En un intento por disimular los nervios alzo la barbilla orgullosamente y camino hacia delante. Quiero pasar a su lado y rezo para que me deje ir sin mayor ceremonia.

Ilusa de mí. Me intercepta y no tengo más remedio que levantar la cabeza para mirar a sus fríos ojos—. Bonito vestido. —Siento escalofríos al oír su voz carente de expresión.

—Gracias. —Consigo decir tras unos largos segundos de silencio. Vuelvo a tragar duro—. Si me disculpa… —Hago ademán de pasar por su lado, pero me vuelve a cortar el paso.

—¿Sabes? Unos cuantos caballeros me han pedido conocerte. —No sé por qué, pero no me está gustando nada el rumbo de la conversación.

—Me presentaré—contesto automáticamente. Solo quiero que me deje en paz. Quiero volver a pasar y, de nuevo, me lo impide. Me enfado ¡¿a qué demonios está jugando?! ¡¿Qué es lo que quiere?!

—Creo que será mejor que te acompañe. —Lo miro, algo enfadada, pero no puedo contradecirlo. Dejo que su asquerosa mano se pose en mi espalda y me guía hacia un grupo de hombres, casi todos rondan los cuarenta, salvo alguno que debe andar por los veinte y muchos—. Por cierto, enhorabuena por tu compromiso—me dice al oído. Vuelvo a sentir escalofríos, pero me obligo a seguir caminando y a no apartar la mirada del frente. No puedo flaquear enfrente de Snow, eso sería prácticamente como condenarnos a Peeta y a mí a una muerte segura.

Los hombres me reciben entusiasmados (demasiado, en mi opinión), y yo hago grandes esfuerzos por ser amable y no arrancarles la cabeza. Creo que nunca en mi vida había tenido que tener tanto autocontrol. En un momento dado, ellos se enfrascan en una conversación sumamente entretenida y, disculpándome, intento zafarme del agarre de Snow e ir en busca de Peeta, seguro que está preocupado. Pero, lejos de soltarme, me guía hacia el centro del salón, donde unas cuantas parejas se mueven al ritmo de una música lenta y suave ¡ay no! ¡¿Quiere que baile con él?! ¡Tierra trágame!

—¡Katniss!—Doy gracias al cielo por oír esa voz que tanto me gusta.

—¡Peeta!

Fin POV Katniss

POV Peeta

Estoy preocupado, ya hace rato que Katniss desapareció, y no la encuentro por ningún sitio. No creo que le haya pasado nada, pero aún así… Haymitch se está encargando de las pocas personas que todavía no se habían acercado a saludar, Cinna y Portia charlan con algunos estilistas que ayudaron en la edición pasada de los Juegos y Effie anda por ahí presumiendo, está en su elemento.

Al fin, la veo. El alivio que siento al comprobar que está bien se convierte en terror al ver quién la acompaña: ¡Snow! ¡Oh, mierda! Parece que quiere bailar con ella, y Katniss parece al borde de un colapso nervioso. Me acerco a paso rápido, intentando resultar lo más natural posible—. ¡Katniss!—la llamo. Ella vuelve la cabeza, me ha oído. En cuánto sus ojos grises topan con los míos su cara se ilumina.

—¡Peeta!—Voy hacia ellos.

—Presidente Snow—le tiendo la mano, no puedo ser descortés, y él me la estrecha. Con un movimiento que intento que parezca casual y de lo más natural rodeo la cintura de Katniss, acercándola a mi lado.

—Enhorabuena por el compromiso, Peeta—sonríe y siento escalofríos—, ya puedes cuidarla bien y no soltarla, es una chica excelente—dice dándole palmaditas en la cabeza.

—Eso tengo pensado—digo fingiendo una sonrisa. Por suerte para nosotros, un grupito de mujeres cuarentonas se aproximan para hablar con Snow. Despidiéndome lo más educadamente que puedo aprieto el agarre en torno a Katniss y nos alejamos de la improvisada pista de baile lo más que podemos.

Cuando estamos lo suficientemente lejos de los ojos inquisidores y fríos de Snow, Katniss se abraza a mí, escondiendo la cabeza en mi pecho. Le correspondo sin pensar—. Gracias—me dice en un susurro—, no sabía si podría aguantar mucho más.

—De nada, preciosa. —Me fijo en que está temblando ligeramente y que está sudando. La alejo un poco, lo suficiente para observarla—. Kat ¿estás bien?—pregunta estúpida, porque se nota a leguas que no.

—Sólo estoy cansada, eso es todo—dice volviendo a recostar su cabeza en mi pecho. La abrazo más fuerte y consulto un gran reloj que está colgado en la pared: las once y cuarto ¿podremos irnos ya? Busco a Haymitch con la mirada, que nos está observando. Le señalo con la cabeza el reloj; me hace un gesto como diciéndome que espere. Asiento y desparece entre la multitud.

A los pocos minutos vuelve, acompañado de una angustiada Effie—. ¿Qué ocurre, Katniss? ¿Estás bien?

—Sí… —No, pienso yo. Effie suspira y la observa con algo de reproche, pero finalmente sacude la cabeza.

—Se nota que no, chiquilla. Peeta ¿por qué no la acompañas hasta el Centro de Entrenamiento? Yo os disculparé con el señor Presidente, estoy segura de que lo entenderá. —Lo dudo mucho, pero Snow es mi menor preocupación ahora mismo. Empujo a Katniss hacia las grandes puertas de entrada de la mansión. Un avox impecablemente uniformado toma un teléfono y marca una tecla. Debe ser una especie de código, porque al minuto aparece un coche para llevarnos de vuelta a nuestro alojamiento.

—¿Estás bien?—Vuelvo a preguntarle, acariciándole el cabello castaño. Ella asiente débilmente—. Katniss…

—Solo es cansancio ¿vale? No te preocupes, en cuanto duerma un poco se me pasará, ya lo verás—asiento, no muy convencido por sus palabras. Lleva un par de días pálida como la leche, parece enferma y casi no come. Esperemos que en cuanto volvamos a casa mejore, seguro que solo son nervios por estar bajo presión o el estrés. Le diré a su madre que le prepare alguna de sus famosas infusiones, hacen verdaderos milagros.

Llegamos al Centro de Entrenamiento. La ayudo a bajar del coche, traspasamos las enormes puertas de cristal y nos metemos en el ascensor. Le doy al botón que pone doce y empezamos a subir. Nada más llegar a nuestra planta la tengo que llevar casi a rastras hasta su cuarto y hago que se tumbe sobre la cama. Parece realmente agotada—. Kat…

—Estoy bien—vuelve a decirme. Hago una mueca pero no digo nada—. Solo… abrázame. —No puedo evitar sonreír. Me deshago de la chaqueta y los zapatos y me tumbo a su lado, abrazándola por la espalda fuertemente.

—Te amo, preciosa—le susurro al oído, intentando así tranquilizarla. La oigo sonreír.

—Lo sé—me susurra de vuelta—, y yo te quiero—murmura antes de cerrar los ojos y caer dormida.

Odio el estado en el que está. Espero que cuando estemos de vuelta en el Distrito doce, mejore. No me gusta nada verla tan decaída.

Fin POV Peeta

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

POV Katniss

—¡Peeta, para!—No puedo evitar reír al sentir las traviesas manos de mi prometido moverse sobre la piel de mi costado, buscándome las cosquillas. Él sonríe maliciosamente y mueve su otra mano hacia mi cuello—. ¡No!—Consigo deshacerme de su agarre y salgo corriendo por el pasillo del tren. Él me persigue y, lógicamente, consigue atraparme antes de que logre traspasar la puerta de una de las salitas. Río cuando sus manos vuelven a moverse en mi cintura—. ¡Déjalo ya!—Intento parecer enfadada, pero mis carcajadas no ayudan mucho.

Nunca pensé en que tendría tantas cosquillas, en serio. Desde que él lo descubrió esta mañana, no ha parado. Creo que quiere hacerme reír y pasar buenos ratos. No le ha gustado mi estado depresivo de esos días de atrás, pero mi humor y mi salud mejoraron considerablemente esa mañana, cuando por fin me vi en este tren de camino a casa—. Vamos preciosa, sé que te encantan mis caricias—me dice sensualmente al oído. Vuelvo a reír, es imposible no hacerlo con Peeta, creo que es la única persona aparte de Prim que puede hacerme reír de verdad.

—¡Hey, tortolitos! ¡La comida ya está servida!—Nos volvemos a mirar a Haymitch, que se ha asomado por la puerta del comedor y nos observa con una sonrisa pícara. De pronto, siento como me levantan del suelo y veo que Peeta me tiene sobre su hombro, como si fuera un saco de patatas, por supuesto, su otra mano sigue haciéndome cosquillas.

—¡Peeta, por dios!—Me carcajeo, retorciéndome de la risa mientras él avanza como si nada hacia el comedor, en el cual solo nos espera Effie. Cinna, Portia y los demás se han quedado en el Capitolio, a fin de cuentas, esa es su casa. Ella nos mira con algo de reprobación por nuestro comportamiento. Lo ignoramos y vuelvo a reír cuando al fin mi chico del pan me suelta sobre una silla y me besa en la mejilla.

—Veo que estáis contentos por volver a casa—nos sonreímos cómplices, claro que estamos contentos.

—Deseosos, más bien—dice Peeta, sirviéndose un poco de costilla asada.

—Ya veo, ya—dice Haymitch, sentándose frente a nosotros.

—¿Y qué tenéis pensado hacer ahora?—pregunta Effie.

—Oh, ya sabes, Effie, un poco de esto, un poco de aquello… —Vuelvo a estallar en risas al oír el tono misterioso de Peeta. Sé que deberé preocuparme de un montón de cosas al llegar, pero de momento solo quiero reír. Effie se medio ofende, pero no podría importarme menos ahora mismo.

Alargo la mano para coger un bollito de pan caramelizado. En cuanto me lo llevo a la boca para morderlo, el olor dulzón que desprende me hace arrugar la nariz y siento que el estómago se me revuelve—. ¡Ay, no! ¡Otra vez no!—Lo aparto todo lo que puedo de mí, dejándolo sobre el mantel, y me aferro al borde de la mesa, tratando de controlar las nauseas.

—¿Katniss?

—Estoy bien—digo yo. Poco a poco la sensación de mareo va despareciendo y relajo los músculos—. Ya está, solo fue un mareo sin importancia. Será por lo poco que he comido estos días, no te preocupes—me apresuro a decirle. Él hace una mueca.

—Llevas así una semana entera, Kat, voy a tener que pedirle a tu madre que te vigile cuando yo no pueda. —Lo miro, divertida.

—¿Ah si? ¿Me va a tener encerrada, señor Mellark?

—Mmm… No es mala idea, así me aseguro de que solo yo pueda verte—me dice acercándome a su cuerpo. Río mientras él me da repetidos besos en las mejillas. Algo debe andar mal conmigo, nunca me he mostrado tan abierta delante de los demás.

—Chicos, chicos, por favor, un poco de decoro—dice Effie, intentando parecer severa, pero la sonrisa que asoma en la comisura de sus labios dice lo contrario. Haymitch se dedica a observarnos minuciosamente durante el resto de la comida. Sé que quiere tener una charla conmigo, a solas, así que tan pronto terminamos la comida le susurro a Peeta que me deje a solas con nuestro mentor. Él asiente sin necesidad de más explicaciones, pero me exige con sus ojos que después le tengo que contar lo que pasa.

Esperamos a que Effie salga del comedor y entonces habla—. ¿Qué quería Snow de ti durante la fiesta?—Directo al grano, como siempre.

—Solo me presentó a unos cuantos "amigos" suyos—digo haciendo el signo de las comillas con las manos, con algo de repugnancia.

—¿Nada más?—asiento—. Ya… Oye ¿y qué te preguntaron?—Me encojo de hombros.

—Cosas típicas, ya sabes: mi color favorito, mi comida favorita, comentar lo afortunada que soy y lo guapa y divina que me encuentran… —Un escalofrío me recorre al recordar alguna que otra mirada lasciva dirigida a mi persona.

—Ya… —Haymitch parece pensativo—. Bueno, mientras solo sea eso, mejor—asiento, algo extrañada por el corte de la conversación.

—¿Pasa algo?—pregunto.

—No… Bueno, sí. Esos síntomas que tienes…

—Será un mal del estómago, no te preocupes. Fijo que comí algo que no me sentó muy bien y lo estoy pagando ahora o tal vez el estrés y los nervios, a mucha gente le pasa—digo quitándole importancia al asunto. Él me mira durante unos segundos, murmurando algo que no llego a entender—. Oye Haymitch ¿qué…

—Cosas mías, preciosa, cosas mías. Tú preocúpate de tu salud—dicho esto sale del comedor, dejándome con más interrogantes que antes.

Salgo yo también y dirijo mis pasos al compartimento de Peeta, dándole vueltas a la extraña charla ¿qué le pasará a Haymitch? Sé que hay algo que no me está contando, pero no quiero enfadarme con él, no hoy que estoy de tan buen humor, así que aparco por el momento las dudas y entro en el compartimento.

Peeta está de espaldas a mí, con la camisa arremangada hasta los codos, fuera de los pantalones y pintando. Cierro la puerta despacio y ando hasta la cama, lo más sigilosamente que puedo. Me siento en el borde de esta y lo observo pasar el pincel una y otra vez por el lienzo. Parece concentrado y no quiero interrumpirlo.

Fin POV Katniss

POV Peeta

La he sentido entrar y sentarse en el borde de mi cama. No dice nada. No quiere interrumpirme y sonrío. Dejo caer el pincel sobre la repisa del caballete y cojo un trapo para limpiarme las manos de la pintura. Me vuelvo y le sonrío. Ella frunce el ceño y señala el dibujo—. Puedes seguir—niego y me acerco, sentándome a su lado. Le cojo la mano y me la llevo a los labios, besándole la palma. Ella se sonroja un poco y vuelvo a sonreír, es increíble que aún se muestre tímida.

—Effie me ha dado unas revistas para ti.

—¿Para mí?—asiento y alargo la mano a la mesilla, cogiendo un par de ellas.

—Dice que son catálogos. —Katniss las coge, con algo de recelo, y observa las portadas.

—Oh—suelta.

—Le dije que no hacía falta, pero ella insiste en que tienes que escoger un anillo de compromiso o una pulsera de pedida, algo que corrobore…

—Sí, ya, lo pillo—me corta. Le tiemblan las manos y la rodeo con mis brazos, estrechándola fuertemente contra mí.

—No es necesario, Kat, de verdad, ya todo el mundo sabe que estamos comprometidos.

—Pero supongo que querrán ver la prueba ¿no?—dice con sarcasmo. Suspiro y la miro a los ojos. Sé que esto es difícil de aceptar para ella, tanto como para mí. Katniss nunca ha pensado en boda, en casarse, es algo contra lo que siempre ha luchado.

—No hace falta, a mí me basta con que tú y yo lo sepamos. —Levanta la cabeza y me mira. Los labios le tiemblan y esconde la cara en mi hombro.

—Lo siento—la abrazo de nuevo, negando.

—Tranquila, preciosa—le susurro. Cuando se separa de mí parece más tranquila.

—Me los llevaré a casa y les pediré a Prim y a Madge que me ayuden a escoger. —Yo río.

—Seguro que les hace muchísima ilusión—digo, imaginándome la carita emocionada de la pequeña Prim y los ojos brillantes de Madge. Ella esboza una pequeña sonrisa y asiente.

—Sí, ya me imagino a mi pequeña hermanita y a mi mejor amiga enzarzadas en una discusión sobre el vestido, la tarta y la lista de invitados—reímos, sin poder evitarlo.

—Ya falta poco para llegar, así que dentro de nada eso se hará realidad. —Katniss suspira y se acurruca en mi pecho.

—No sabes las ganas que tengo de estar ya allí.

—Lo sé preciosa, lo sé. —La oigo bostezar. Bajo la vista hacia su rostro, encontrándomelo adormilado. Alzo una ceja—. ¿Tienes sueño?—Asiente—. Pues duerme. —La obligo a tumbarse en la cama y yo hago lo propio a su lado, me encanta verla dormir.

Fin POV Peeta

POV Katniss

Siento como alguien me zarandea suavemente a la vez que me acarician el pelo. Sonrío, ese tacto cálido es inconfundible para mí. Abro los ojos y me giro, encontrándome con los claros y profundos ojos azules de Peeta—. Buenos días—saludo. Él me sonríe de vuelta.

—Y tan buenos. Ya casi estamos llegando a casa, preciosa. —Abro los ojos desmesuradamente y, apartando las mantas de un empujón, me levanto y corro a la ventana, asomándome. Efectivamente, a lo lejos se distingue la silueta recortada contra el cielo de nuestro distrito. Me vuelvo a Peeta, con el corazón latiéndome fuerte y él asiente—. Haymitch dice que en un par de horas estaremos ya allí. —Trago saliva y Peeta se levanta y me abraza por la espalda, besándome la sien. Ambos nos quedamos un buen rato así, abrazados y tranquilos, observando cómo cada vez más nos acercamos a casa.

Volvemos a casa. No puedo sentirme más aliviada y contenta. Y nerviosa. ¿Cómo habrán tomado allí lo de mi compromiso con Peeta? Sé que Prim estará emocionada, Madge me hará un interrogatorio completo antes de dar el visto bueno, mi madre será un hueso duro de roer, y Gale… Siento una punzada en el corazón, sé que a él no le habrá hecho gracia ninguna, probablemente esté enfadado conmigo.

En cuanto a la familia de Peeta… supongo que a sus padres les dará un poco igual y a sus hermanos no los conozco mucho, pero aún así… ¿me odiarán?—¿En qué piensas?—me pregunta mi prometido, dándome un beso en el cuello. Suspiro.

—En cómo se habrán tomado lo de nuestro compromiso en casa. ¿Crees que nos odien?—Peeta me mira, con una ceja alzada.

—¿A esas alturas te preocupas por lo que piensen los demás?

—No es que me preocupe, pero…

—Yo también estoy asustado, Katniss, pero si no les gusta, tendrán que aguantarse. Ahora no podemos dar marcha atrás. —Me recuesto en su pecho y él me abraza más fuerte.

—Lo sé—contesto al fin, dando un largo suspiro. Estamos unos minutos así, disfrutando de la compañía y la calidez del otro, hasta que me separo de él—. Tendremos que cambiarnos. —Él asiente y, con un pequeño beso en los labios, nos despedimos.

Me meto en mi habitación, me despojo de mi arrugado vestido azul y rebusco hasta encontrar algo sencillo que pegue más conmigo: al estar en casa, no necesito aparentar algo que no soy. Me pongo unos pantalones cortos de color negro y una blusa floja naranja atada al cuello, sin tiras. En los pies unas sandalias marrones con algo de plataforma y me dejo el pelo suelto.

Me miro en el espejo y sonrío, satisfecha. Salgo del compartimento, topándome con Haymitch en el pasillo. Me observa y luego asiente, de forma aprobatoria. Peeta aparece, vestido con unos pantalones negros sencillos, una camisa verde arremangada hasta los codos y unos zapatos, de esos que suelen usar en el Capitolio para hacer deporte, de color blanco—. Estás genial—le digo. Y es verdad. Él sonríe y me coge la mano.

—Tú también. —Effie se planta a nuestro lado (salida de quien sabe dónde) y, con un par de palmadas, nos insta a ponernos delante de la puerta. En un par de minutos llegaremos. Los nervios se apoderan de mí ¿cómo nos recibirán?

Fin POV Katniss

POV Peeta

Poco a poco, el tren va aminorando la marcha. Trago saliva. Estoy nervioso, y puedo notar que a mi lado Katniss también. Entrelazo mis dedos con los suyos y le aprieto la mano, fuerte, intentando decirle que, pase lo que pase, yo estaré siempre a su lado.

Tras unos minutos que parecen eternos, el tren (al fin) se detiene. Katniss y yo nos miramos una última vez, mientras las puertas se abren, luego, volvemos la vista al frente, con la cabeza bien alta.

La luz del exterior nos ciega durante unos segundos. Ella me aprieta la mano y yo le sonrío fugazmente, para darle ánimos. Haymitch nos da un empujoncito, para que reaccionemos y, con paso inseguro, salimos del tren. Lo primero que oímos es una masa ensordecedora de voces que nos reciben encantadas. La gente nos aplaude y nos silba, parecen orgullosos de nosotros. De entre la multitud salen la madre y la hermana de Katniss. Prim corre hacia su hermana, que me suelta y abraza a la niña. La señora Everdeen hace lo propio segundos después.

Veo a mis hermanos acercándose a mí. Paul y mi padre me abrazan, con palabras de ánimo. Mike se conforma con unas palmaditas en el hombro y mi madre… bueno, es mi madre, simplemente se encoge de hombros y asiente en mi dirección—. Tan amable como siempre. —No puedo evitar pensar.

Poco a poco nos vemos arrastrados por todo el andén hacia la plaza del distrito, la gente no para de hacernos preguntas ni de sonreírnos. Una vez allí nos volvemos una última vez, antes de saludar a todos con la mano para meternos en la casa del alcalde. Madge se abalanza sobre Katniss y la abraza como si le fuera la vida en ello, siendo inmediatamente correspondida—. ¡Peeta, Peeta!—Prim me coge la mano, sonriendo ampliamente—. ¿Me dejarás ayudarte a escoger la tarta?—La miro un segundo, para luego estallar en carcajadas. Katniss nos mira, con una ceja alzada. Acto seguido, ella también ríe.

—Claro que sí, pequeña Primrose. —Ella chilla, emocionada.

—¡Genial! ¡Mamá, mamá! ¿Ves? ¡Me ha dicho que sí!—Katniss se acerca y me da un beso en la mejilla.

—Gracias, aunque ahora no parará de darme la lata. —La atraigo a mi costado y hundo la nariz en su espeso cabello castaño, besándolo con ternura. De reojo, puedo ver a Gale, que nos observa como si fuéramos los peores traidores del mundo. Suspiro y me aparto de Katniss, forzando una sonrisa.

—Estamos en casa, ve a disfrutar. —Katniss me sonríe una última vez, me da otro beso en la mejilla y luego va a juntarse con Madge, su madre, su hermana y sus pequeños "primos".

Gale sigue observándome como si le hubiera robado algo. Hastiado de su cara de "quiero romperte la nariz" me acerco a él. Mejor arreglar las cosas entre nosotros cuanto antes.

Llego a su altura y ambos nos quedamos mirando, azul contra gris. Finalmente, hablo—. Si tienes algo que decir, dilo.

—¿Cómo qué? ¿Cómo que la has obligado a algo que no quiere?—Crispo los dedos.

—¿Crees que es fácil para mí? No tienes ni idea.

—Oh, claro, solo has obtenido lo que siempre has querido.

—Para tu información, lo de casarse fue idea suya, no mía, fue ella la que me lo propuso a mí. —Por un segundo, disfruto de la imagen de la expresión de Gale descomponiéndose. No es que me caiga mal, pero siempre me ha parecido como si Gale quisiera a Katniss solo para él, como si fuera algo de su propiedad. Luego, suspiro—. Escucha, Gale, sé que no me ama. que solo lo hace por complacer a los del Capitolio—digo bajando la voz—. Katniss nos quiere a los dos. No sé tú, pero yo, con eso, me conformo, siempre lo he hecho.

—Pues yo no, y qué sepas que voy a luchar por ella, no me quedaré de brazos cruzados viendo como destroza su vida. —Aprieto los puños ¿me está diciendo que no voy a saber hacerla feliz? Eso me ha tocado el orgullo, sobre todo al recordar lo feliz que puedo llegar a hacerla cuando la tengo entre mis brazos (eso ha sonado demasiado mal hasta en mi mente).

Fin POV Peeta

POV Katniss

—¿Estás bien?—Asiento a Madge, que me coge la mano, entrelazando sus dedos con los mios, apretándola fuerte—. Tendrás que contármelo todo—me dice, con expresión preocupada. Le sonrío, de la forma más despreocupada que puedo. El padre de mi mejor amiga, Haymitch, mi madre y la madre de Gale conversan un poco más allá. Los padres de Peeta están en un rincón, callados y taciturnos, mientras sus hermanos mayores devoran a su paso todo lo que encuentran. No puedo evitar soltar una risita.

—¡Katniss, Katniss!—Prim llega corriendo junto a mí, cargando con un plato lleno a rebosar de dulces ¡Oh no!—. ¡Tienes que probarlos! ¡Están de vicio!—dice, metiéndose una magdalena casi entera en la boca. Madge y yo reímos, viendo las comisuras de su boca llenas de migas de chocolate.

Voy a buscar una servilleta y me agacho delante de mi hermanita, para limpiarle los restos del chocolate. Ella sonríe, cogiendo otro dulce y alargándome el plato. Inmediatamente, el olor dulzón me revuelve las tripas. Hago una mueca e, instintivamente, me echo para atrás. Prim se da cuenta y clava sus ojos en mí. Intento hacer como que no ha pasado nada, volviendo a limpiarle el rostro—. ¿Katniss? ¿Estás bien?

—¿Por qué no iba a estarlo?—Veo como rueda los ojos y vuelve a acercarme el plato con los pasteles. Repito el movimiento de antes, asqueada ¡mierda!

—¿Te sientes mal? Nunca te he visto rechazar dulces.

—Es solo que no me apetecen. —Arrugo la servilleta hasta hacerla una bolita. Prim no me cree, lo veo en sus ojos. De nuevo, me acerca el plato—. Prim… —aviso. El olor dulzón me inunda los sentidos, siento náuseas y, antes de poder prevenirlo, estoy arrodillada en el suelo, vomitando hasta las entrañas.

Prim chilla, llamando a mi madre. En menos que canta un gallo, mi progenitora está sujetándome el pelo mientras yo vomito. Sé que Peeta está a mi lado, mirándome angustiado, Madge está gritando algo que no logro entender. Cuando creo que ha parado, hago amago de levantarme y de sonreír, pero mi madre me lo impide y le pide a Peeta que lo haga él.

Siento como soy elevada en brazos y Madge corre a nuestro lado, indicándonos el camino al piso de arriba. Poco tiempo después noto un mullido colchón a mi espalda. Peeta se sienta a mi lado y me aparta el pelo de la cara, con cuidado, como si fuera a romperme. Madge se sienta al otro lado, cogiéndome la mano—. Enseguida viene el médico, mi padre ha ido a buscarlo. —Hago una mueca.

—Madge…

—No te preocupes por nada, Katniss, ahora puedes permitírtelo.

—Pero…

—Nada de peros. Llevas así una semana entera, Kat, esto no es normal. —Madge nos mira.

—¡¿Una semana?! ¿Y por qué no has dicho nada?

—Es una testaruda, ya la conoces.

—¡Oye!—exclamo, dándole un puñetazo en el brazo.

—Pero yo te amo igual. —Y me da un beso en la frente.

—Sí, claro, ahora intenta arreglarlo. —Me enfurruño. Madge nos mira, con las cejas arqueadas.

—Vaya, os lleváis genial, yo pensaba que ibais a venir hechos polvo. —No podemos evitar sonrojarnos levemente, ambos.

Gracias al cielo, el médico llega justo en ese momento. Echa a Peeta y a Madge de la habitación, quedándonos los dos a solas.

Fin POV Katniss

POV Peeta

No puedo evitar pasearme una y otra vez, delante de la habitación. Los nervios y la incertidumbre son exasperantes. Ya llevan ahí dentro una media hora y nada, aún no sé qué es lo que tiene a mi prometida tan enferma—. Oye, chico, vas a hacer un agujero en el suelo. —Miro a Haymitch. Está inusualmente preocupado, no ha parado de pasarse la mano por el pelo ni de dirigir miradas fugaces a la puerta del cuarto. Madge y Prim están abrazadas, la señora Everdeeen lleva un rato observándome, casi como si quisiera partirme en dos con un rayo y Gale… bueno, él solo desea que desaparezca, lo sé, lo leo en sus ojos.

Al fin, tras lo que parece una eternidad, el médico sale—. ¡¿Cómo está Katniss?! ¡¿Qué es lo que tiene?! ¡¿Se pondrá bien?!—El hombrecillo bajo y calvo se sacude mis manos de encima y me mira, con reproche. Luego, suspira.

—La señorita Everdeen está perfectamente, ahora duerme, he tenido que darle un calmante para que se tranquilice, en su estado no es bueno que se altere. —Los ojos se me abren.

—¡¿Es grave, doctor?!—Mi voz es pura desesperación y nerviosismo. El médico bufa.

—Solo si llega a haber complicaciones durante el embarazo o en el parto… —Ah, vale, solo si…

¡¿QUÉ?!

Retrocedo, boqueando, con los ojos abiertos como platos ¡¿había oído mal?!

Por favor, que haya oído mal, que todo sea una broma.

—Enhorabuena, señor Mellark, va a ser padre.

Tierra trágame.

Fin POV Peeta

Fin Capítulo 9

Bien, veamos, por donde empiezo... Básicamente, y para haceros un resumen que explique mi larga ausencia sin publicar: universidad y problemas personales varios. Pero, como ya os dije en su día, no voy a dejar esta historia a medias, no es mi estilo. Si publico algo, lo termino, es cuestión de principios. Eso sí, os recuerdo que soy humana y, como tal, no soy perfecta (Inner: ni por asomo).

Pido disculpas por tardar taaaaaanto. Aviso que no sé pa cuando el siguiente, pero en breves publicaré un oneshot de otra serie, pa que no me echéis tanto de menos *risa nerviosa*.

Vuelvo a pedir perdón. Gracias por todos vuestros reviews ¡os quiero! Los contestaré por PM ¿ok? Me he dado cuenta de que es más rápido.

Y repito, siento haber desaparecido, but I´m still alive, so don´t worry xD.

¡Nos leemos!

¡Ja ne!

bruxi.