Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama es una mezcla de mis propias ideas y de una película.
Muchas gracias por apoyar en el transcurso de la historia de nuevo jaja, espero disfruten el final.
Capítulo 10
"Solo tú y yo"
Edward POV
—te dije que te arrepentirías, Edward…—
Estaba totalmente desconcertado, mientras ella hacía el intento de irse, cuando salí de mi trance la tomé por los hombros teniendo precaución en controlarme y no lastimarla
— ¿A qué te refieres? —Estaba exasperado y ella solo lo empeoraba con sus risillas irónicas— ¡Dímelo! — mi paciencia se encontraba al límite y al parecer lo notó
—Si me sueltas, te lo diré…quizá— la dejé y con los dedos pulgar e índice apreté el puente de mi nariz, tratando de serenarme. Sonrió y se cruzó de brazos— Te lo diré si…—se acercó a mí y susurró muy cerca de mi oído— si me besas— la alejé de inmediato
—Si crees que lo haré estás loca, jamás te volveré a besar, no caeré en la típica trampa—la miré con ironía.
—Okey, no te diré nada entonces—volvió a cruzar los brazos sobre el pecho y sonrió con malicia
—No importa, sé quién puede ayudarme. No soy tan idiota, además ¿qué ganas con ocultar lo que es obvio? — le resté importancia
—Si eres un idiota, Edward, te lo diré solo para gozarme en verte mal porque perdiste a tu "princesa" por una trampa, por una bromita—seguía en su postura de niña malcriada con la estúpida sonrisita en el rostro y ahora me sentía como la peor basura sobre la faz de la tierra. Ella me lo había dicho pero yo como tonto no le creí ¡demonios! Mi furia ya estaba en su pleno apogeo
— ¿Por qué lo hiciste? ¿Quién te ayudó? — interrogué en un tono de lo más hostil, retrocedió y su cara se tornó de pronto seria.
Rió irónica, aunque ya no estaba con la misma actitud
— Solo por diversión, te lo dije, te dije que te ibas a arrepentir— soltó así nada más.
Apreté los dientes
—La verdad, fue de lo más simple. Una de sus queridas hermanas le robó unos correos a esa tonta y me los dieron a mí, y pues la idea simplemente fluyó— había lastimado mucho a Bella. Ella confió en mí e intentó explicarme pero me bloqueé y no le quise creer, deseaba que me golpearan, que me gritaran que era un completo imbécil.
— ¿Sabes Tanya? —Dejó de reír y me miró expectante— eres mala, por esa simple razón nadie se fija realmente en ti, en tu ser todo está podrido. Por fuera eres una verdadera Barbie, pero no eres nada, estás hueca. — y sin esperar respuestas corrí de regreso al área de práctica. Le entregué el balón a Mike, él siempre quiso ser mariscal.
Fui a los vestidores, me cambié lo más rápido que pude y salí con rumbo a casa de Bella. Tenía que pedirle perdón, golpeé inconscientemente el volante de pura frustración. No existían palabras para describir lo que sentía, mucha tristeza, temor de que no me perdonara, también algo de alivio, de saber que todo no era más que una mentira y que tenía la posibilidad de remediarlo todo. Conduje con el acelerador a fondo y en menos de diez minutos ya estaba en la casa de la chica.
Una vez que me estacioné toqué el timbre.
Salió una de sus "hermanas" con una sonrisa enorme
—Oh, Edward— dijo a punto de gritar, tras de ella salió la más alta y delgada arreglándose el cabello
— ¿Está Bella? — no me interesaba ser cortés con ellas. Se pusieron rígidas y serias, ya no tenían las sonrisas de antes
—No, ella se mudó— dijo la más alta
—No vive aquí— agregó la más baja con un deje de alegría en la voz, me molestó.
Sin pensarlo más me devolví al coche y fui a la cafetería.
Cuando llegué hasta allá me percaté de que estaba cerrada, y un cartelito rosa decía que estaba cerrada temporalmente por falta de personal y por trámites legales.
No entendí nada más que ella ya no estaba aquí, en ese momento la desesperación hizo mella en mí. Ahora si la había perdido, pues el año había prácticamente terminado. Hundiéndome en mi propia basura me hallaba cuando sonó mi móvil
—Ven inmediatamente aquí, ¿dónde estás? Te juro que si no llegas…—era Carlisle
— ¡Ya! Estaré ahí, déjame en paz— sin más le colgué y al rato recapacité que eso no fue apropiado, pero ¿qué más da? Cumpliría mi sueño, sería un profesional en el fútbol americano, mi tiempo ya se había terminado….la había perdido para siempre y solo por mi orgullo.
Sin mucha disposición me dirigí a la preparatoria, estaba llena de coches, por lo que me costó un mundo encontrar un lugar disponible. Cuando por fin lo logré entré y me cambié de lo más rápido, era apenas consciente de todo lo que sucedía a mi alrededor, era como si estuviera en piloto automático… todo está listo, menos yo.
Mi papá me presentó con el enviado de la universidad, creo que su nombre era Riley era un tipo alto, de cabello rubio y ojos azules profundo y tenía un rostro entre hostil y simpático pero la verdad no estaba pendiente, lo saludé y me porté amable, luego de eso me dirigí a la cancha donde se encontraban las porristas practicando algo.
Llegué con el resto del equipo y no sé porque razón miré hacia las gradas y allí estaba ella, venía tras del mismo chico de la otra vez. Preferí obviar ese detalle y fijarme en la chica de sweater fucsia que caminaba con suma concentración y precaución. Entonces una pequeña luz comenzó a iluminar mi ser, ésta era mi última oportunidad y estaba dispuesto a ocuparla bien.
Luego de que se sentó junto al chico, me miró con la duda clara en su sonrojado rostro, a pesar de la distancia podía distinguir perfectamente cada uno de sus rasgos. La miraba fijamente intentando guardar en mi memoria su rostro por si algo llegaba a salir mal, quedarme con ella para siempre aunque solo fuera en mi mente.
El partido comenzó y solo el pitazo fue capaz de despertarme de mi trance, algunos de mis compañeros me miraban con desaprobación. Creo que íbamos ganando y en un momento miré hacia tras y perdí el balón y me costó recuperarlo pero finalmente lo hice.
Ella se veía bastante a gusto así es que me preocupé por el juego. Estábamos casi en la etapa final y se hallaba muy reñido, los del otro equipo eran buenos, bastante buenos para ser sincero y tenían mucha fuerza, varias veces terminé de bruces en el piso. Nos alcanzaron con mucha velocidad en lo referente a los puntos y solo quedaba la última jugada la cual definía todo— incluyendo mi futuro—. Solo era capaz de escuchar los frenéticos latidos de mi corazón fui consciente otra vez de la realidad cuando escuché mi nombre entre gritos, involuntariamente me volteé hacia la multitud y lo que vi me puso en alerta, la gente gritaba mi nombre, y ella se abría paso entre las personas para abandonar el lugar. Eso produjo un temor incontrolable, pero debía escoger: la chica que se iba dejándome sin esperanzas o mi futuro… detuve el juego con una señal, y el cielo gruñó en respuesta, todos los del equipo me miraron con preocupación. Entonces sin perder el tiempo me quité el casco y se lo di a Mike
—Es tu turno de brillar… suerte— él me miró con extrañeza y al instante sus ojos se iluminaron
—Gracias, suerte para ti también—salí corriendo del área, ente comentarios de la gente y gritos por parte de Tanya y de mi padre, que se iban acercando cada vez más.
— ¡¿Qué tontería haces?! Vuelve allí ¡ahora! —Estaba sonrojado a causa de la molestia y repentinamente su ceño se suavizó— no abandones tu sueño, hijo… no lo hagas— tomó mi hombro y yo quité su mano, negando con la cabeza
—No lo hago— me miró sorprendido—abandono tu sueño… el mío está en otro lugar— y sin más atravesé de un salto la barandilla de metal que separaba a los espectadores de los jugadores.
No sabía nada de mi alrededor solo sentía el rítmico golpeteo de mi corazón que latía con temor, estaba a un solo paso de ella, podía sentir su cabello rosar mi mano y el calor que emanaba su delicado cuerpo, el viento arremetía en dirección contraria y por ello su aroma me golpeaba directamente.
No tenía nada planeado para este momento porque jamás se me pasó por la cabeza esta oportunidad, sin saber bien lo que hacía la tomé por un brazo algo brusco, pero al instante se volteó y me encontré con su cara sorprendida, las mejillas algo ruborizadas, sus hermosos espejos reflejaban muchas cosas que ahora era incapaz de descifrar y sus labios…sus hermosos labios rojos estaban entre abiertos. Llevé una de mis manos a su mejilla y parte de su cuello, moviendo el pulgar para acariciar su sedosa piel.
Ni ella ni yo esperábamos lo que ocurrió a continuación.
Con una suavidad increíble para la situación junté sus labios cálidos con los míos nerviosos, aferré su cintura y comencé una danza tierna pero necesitada sobre su suave boca. Mis esperanzas se fueron más allá del infierno cuando no obtuve respuesta a cambio y pensé que se separaría y que me golpearía por mi atrevimiento…pero entonces sentí sus manos trémulas dirigirse a mi cuello y corresponder mi suplica silenciosa. Sus dedos delgados se adentraron en mi cabello enredándose en él.
Me sentía el ser más feliz del mundo ¿del mundo? ¡Del universo entero!
Nuestros labios se amoldaron a la perfección como si fueran dos piezas de un rompecabezas que por fin se unieran encajando perfectamente, era un baile sincronizado, dulce, tierno, único, especial… era simplemente amor y no podía creer que ella jamás había dado un beso, pues sus acciones eran precisas, seguras pero inocentes. Eso era lo que me volvía loco de ella, reflexioné, esa mezcla tan explosiva.
Ahora me encontraba feliz, sereno y en paz, por fin todo estaba bien. Nos separamos cuando el aire nos hizo falta, nuestras respiraciones eran irregulares.
Ella mantenía sus ojos cerrados y entonces la triste realidad cayó sobre mi cabeza, aún estaba enojada conmigo, abrió sus ojos y los focalizó en mí. Había desconcierto pero mayormente amor, aunque podría estar equivocado
—Yo…yo…lo...sien…—no pude terminar de tartamudear patéticamente la frase de disculpa porque me vi interrumpido por sus labios. Me sorprendió aunque correspondí gustoso atrayéndola más hacia mí. Jugueteó tiernamente pero con un deje de pasión en mi cabello y eso solo me hacía sentir mejor si es que era posible.
Cuando nuestras bocas estaban en contacto nos trasladábamos a una dimensión desconocida, una en donde nada importaba…solo nosotros. Una gota de agua cayó entre mi cabello despertándome del sueño, rompiendo y aumentado a la misma vez el encanto. Nos separamos y miré su rostro que ahora apuntaba hacia el cielo, sus labios estaban más rojos de lo normal, sus mejillas estaban encendidas y en general su rostro se encontraba dulce y sereno, llevaba tanto tiempo esperando por esto que aún no podía creerlo.
Pero cuando vi sus ojos, eso cambió un poco, ya que estaban molestos y muy confundidos, la lluvia ya comenzaba a empaparnos y la gente a nuestro alrededor correspondía el momento con exclamaciones de amor.
—Bella…yo…vamos adentro ¿sí? — me encontraba más que nervioso porque ahora me tocaba disculparme y no tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo. Asintió con los brazos cruzados sobre el pecho, su barbilla sobresalía un poco y su labio inferior se veía más…
— ¿Vendrás o te quedarás ahí parado? —su voz me sacó de las cavilaciones.
No intenté acercarme demasiado a ella pues quizá me golpeará y la verdad no quería arruinar los hermosos momentos vividos hace apenas unos instantes. Así en completo silencio y con los nervios a flor de piel llegamos al gimnasio totalmente vacío, se adelantó y la verdad lo agradecí pues su pura cercanía me hacía sentir deseos de besarla otra vez.
Se sentó en una de las gradas y me dediqué a observarla, llevaba un sweater fucsia que hacía resaltar sus delicadas y finas curvas, unos jeans ajustados y botas negras, agregando el detalle de su cabello mojado que se le pegaba grácilmente al rostro, se veía hermosa. Ejem… ¿Edward? Debes disculparte, ¿recuerdas? Con eso volví a la realidad, ella no me miraba, pero sabía que esperaba que hablara pronto.
Con paso vacilante me fui a sentar a su lado, volvió su mirada y era bastante fría pero dispuesta a escucharme
—Bien yo…eeh— pasé una mano por mi cabello y nunca me había sentido tan nervioso por ello no sabía qué decir— sé que te lastimé, incluso te ofendí, tú…tú intentaste decírmelo pero yo fui un imbécil y no te creí—sentía la voz temblorosa y escondí el rostro entre mis manos— Bella…lo siento— ¡demonios! Esas palabras eran tan insuficientes para disculparme por todo lo que hice por haber negado ese amor que ella me ofrecía sin importarle nada. Quería que me disculpara y tenía tantas palabras para hacerlo, pero no salió más que este…"lo siento", mil veces tonto.
No podía imaginar un mundo donde ella no estuviera…simplemente no podía. Guardó silencio, solo escuchaba su acompasada respiración y el vaivén de sus pies y mis esperanzas se desmoronaron una por una provocando solo dolor en mi pecho.
Sentía que me caía dentro de un agujero sin salida, donde todo era oscuro y donde ella no estaba, podía sentir que mis ojos ardían. Cuando iba a perder la última de mis esperanzas percibí una leve caricia en mi cabello y oí un suspiro de su parte con su aliento rebotando en la piel sensible de mi coronilla.
Elevé el rostro y la miré desconcertado, solo rió con ternura
—Hey, tranquilo, ya todo acabó ¿vale? —retiró mechones de cabello que ocultaban mi ojos y noté que en los suyos solo había sinceridad y alegría— yo…yo también lamento el haberte hablado así el otro día en la enfermería, es solo que... — guardó silencio y dejó mi cabello para llevar la mano a su regazo y mirarla
— ¿Qué? — la apremié y coloqué un mechón rebelde que cubría su hermosa cara tras de la oreja, volvió a mirarme y mordió su labio inferior
—Es que cada vez que te veía o que hablabas, recordaba lo que dijiste cuando supiste la verdad y sinceramente…dolía y también me daban ganas de pegarte—me miró y eso caló profundo en mí
-Bella, en verdad lo lamento mucho y créeme— me contempló— luego de que te lo dije me arrepentí pero mi estúpido orgullo no me permitió hablarte ni aclarar nada, además me sentía dolido aunque más que nada estaba desconcertado, lo siento—Bajé la cabeza
—Pero bien, eso ya no importa, dejemos que el pasado se quedé ahí—me sonreía genuinamente
—Eso quiere decir que…—
—Sí, te perdono— le di un abrazo porque simplemente no pude evitarlo y ella me correspondió enseguida— tengo una pregunta, ¿tú cómo lo supiste? — solo había curiosidad en su tono de voz
—Tanya me lo dijo, recién hoy cuando practicábamos. No podía creer que tus hermanas hayan participado en esto— nos separamos
—Pues ya ves— sonrió y me le quedé viendo, sus labios estaban curvados en una sonrisa tierna y sus dientes blancos relucían, sus ojos brillaban — ¿Qué? —interrogó cuando se percató de mi mirada, sonreí y negué con la cabeza
—Es solo que eres muy hermosa, tierna, bondadosa… eres perfecta, tanto que siento como si no te mereciera, y que cualquiera podría venir y arrebatarte de mi lado— se ruborizó y bajó la cabeza
—Si serás mentiroso— sonrió pero el rubor aún no abandonaba su cara
—No miento Bella, te digo lo que creo en verdad— jugué con mis dedos y decidí cambiar el tema, ya que ella quería de seguro desmentir lo dicho— a propósito ¿quién era el chico con el que estabas en el cine? — recordarlo provocó que un calor desconocido se apoderara de mí, lo disimulé patéticamente con una sonrisa
—Ah, él era Jacob—de sus labios salió con una devoción increíble. Apreté los dientes y me tensé— es mi mejor amigo— miró el piso y sonrió sin motivo aparente y recién ahí me relajé pues podía ver en sus ojos que era la verdad. Me dio una sonrisa deslumbrante
—Entonces, señorita ¿se encuentra usted disponible? —fue lo que se me ocurrió, tenía que pedírselo no quería que me dejara. Sus ojos centellearon cuando me miró y su sonrisa se agrando aún más, asintió suavemente— ¿Qué le parecería ser mi novia y así mismo finalizar su disponibilidad, solo para este simple admirador suyo? — mi tono era serio pero con un deje de juego
—A esta señorita, le parece que podrían conversar lo de su disponibilidad—ella se puso de pie y yo también. Estaba siguiéndome el juego y eso me agradaba.
Me acerqué a ella y la tomé por la cintura con una mano, la otra la llevé a su mejilla y la acaricié con mis dedos, atrayéndola más hacía mi cuerpo teniendo así su rostro a escasos centímetros del mío.
Rocé tenuemente sus labios
— ¿Quieres seguir conversando? — susurré contra sus labios cálidos
—Hm…creo que sí— dijo mientras colocaba sus brazos alrededor de mi cuello. Esta vez moví un poco más insistente mi boca sobre la suya.
— ¿Y ahora? — suspiró y su aliento cálido se mezcló con el mío, apreté aún más mi agarre en su cintura
—Hm— volví a besarla y ella jugueteó tiernamente con mi cabello. Jamás me cansaría de probar sus labios, eran sin duda perfectos y de repente nos vimos interrumpidos por una serie de gritos que provenían del exterior por lo que supuse habíamos ganado.
Ambos miramos hacia la puerta y luego a nosotros, sonreímos y le quité un mechón de cabello mojado de sus lindos ojos.
— ¿Y qué ha decidido mi bella dama? —volví a nuestro juego
—Bueno, yo…—esta vez ella fue la que me besó, ¿en serio jamás había dado un beso antes? — Creo…—despegó nuestros labios— que…aceptaré su propuesta, señor-—me miró y sonrió de la forma más encantadora que haya visto. Apretó aún más el agarre en mi cuello y sus ojos brillaron de forma preciosa; me sentía más que feliz y esas extrañas mariposas en el estómago hacían acto de presencia y así mismo unas ganas de llorar, no podría describir la magnitud de sentimientos que me embargan ahora mismo.
La cargué como a una novia y comencé a girar con ella entre mis brazos mientras se apretaba firmemente contra mi cuello y podía oler su cabello. Tenía una esencia de fresas mezclada con lluvia, era realmente exquisito.
Cuando la dejé nuevamente en el piso la besé tiernamente en una danza realmente perfecta.
—Creo que debo ir a cambiarme—susurró ella aún con los ojos cerrados y sus labios cerca de los míos. La besé castamente una vez más y la solté porque de lo contrario no me separaría de ella jamás.
Bella POV
Era sin duda la chica más feliz sobre la faz de este mundo, al levantarme esta mañana nunca se me hubiera ocurrido que esto terminaría así, que él y yo seríamos novios, ¡novios! Y menos que nos besaríamos Dios, no sé cómo decir con palabras lo feliz que me siento. Salimos del gimnasio tomados de la mano y al hacerlo sentí millones de corrientes eléctricas acompañadas de un torrente de emociones.
A lo mejor me comporté muy fácil de convencer, yo creí o trataba de hacerme creer que ya lo había superado, pero no, cuando lo vi ahí tan vulnerable…tan arrepentido no pude evitarlo, simplemente me dejé llevar por lo que había callado todo este tiempo, mi corazón.
Sin querer una sonrisa se pintó en mi rostro.
— ¿Por qué sonríes? ¿Qué es lo que piensas? —su voz aterciopelada me hizo voltear al instante.
—Uhm… no, en nada—me sonrojé y él se detuvo a mitad de camino solo para elevar mi rostro con sus cálidos dedos.
—Vamos, dímelo ¿sí? — sus ojos eran tan tiernos y me traspasaron al instante, deslumbrándome.
—Es…es solo que….pensaba en todo, en lo feliz que soy ahora, junto a ti— si antes parecía una lucecita roja, ahora era un verdadero tomatito. Su risa musical se grabó en mi memoria
—Adoro cuando te ruborizas, te ves adorable— susurró en mi oído, y me estremecí cuando dejó un beso justo ahí, sentí un cosquilleo cuando sus labios dejaron mi piel. Él solo rió ante mi reacción.
Caminamos igual hasta que llegamos a los vestidores y esta demás decir que era increíble todo el bullicio y lo vacío que estaba todo, en los pasillos no había ni una sola alma.
—Espérame mientras me cambio el traje ¿de acuerdo? —Me dio un beso tierno en los labios—para el camino— sonrió y entró.
Me quedé ahí sonriendo como boba y luego de unos minutos salió el chico más hermoso del mundo, y solo pude mirarlo con una sonrisa pintada en los labios Dios Bella, pareces una pervertida con esa cara Mordí mi labio inferior y me sonrojé pero aún así lo miraba. Llevaba puesto un jeans azul, una camiseta negra que se le ceñía increíblemente bien al torso y una chaqueta beige, su cabello estaba revuelto y rebelde como siempre y entonces recordé la textura suave. Sus mejillas estaban levemente sonrosadas.
—Vamos, novia mía—me ofreció uno de sus brazos y encantada lo acepté, riendo del tono que empleó pero adoré como sonó eso en sus labios Bella si no quieres parecer una tonta, te recomiendo que no te comportes así, ¡pareces una niñita pegote! Mi conciencia tenía razón intentaría componer un poco mi postura, no podía parecer tan boba.
Caminamos juntos hacia al estacionamiento, donde se encontraba su flamante Volvo. Me abrió la puerta y luego de que yo subí, él lo hizo también. Encendió la calefacción, y recién ahí me percaté de que estaba muerta del frío, me estremecí un poco
—Oh, espero no te vayas a resfriar, ten— se quitó su chaqueta y me la pasó
—No…no es necesario—dije tarde, pues ya la había colocado en torno a mi espalda. No pude evitar el olisquearla y…. su olor era realmente exquisito, tal como lo recordaba.
Me abroché el cinturón mientras él encendía la radio, U2 era lo que sonaba, creo que la canción era with or without you.
—Y bien, ¿a dónde te llevo? — dijo una vez que encendió el auto con un suave ronroneo, su pregunta me tomó por sorpresa.
— ¿Cómo…?— me vi interrumpida por él
— ¿Cómo sé que te mudaste? —sonrió y le asentí—pues…antes del partido, Tanya me lo dijo todo— tensó un poco su recta mandíbula— y fui a buscarte, cuando me dijeron que ya no vivías ahí, juro que casi muero y más aún cuando fui a la cafetería, y ésta estaba cerrada—me sonrió
—Oh, ya veo, ellas no son mis hermanas… Charlie se casó con Sue cuando yo tenía diez y ella tenía dos hijas: Rachel y Rebecca—sus nombres me salieron con cierto recelo y me miró con tristeza
—Que mal, ellas no se portaron bien contigo ¿verdad? — miró al frente. El tema ya no me dolía tanto como antes
—Nop, pero pasado pisado ¿no?, esas son cosas que prefiero olvidar o simplemente ignorar—le sonreí pero sé que notó el pesar oculto tras mis palabras
— ¿Y por qué te mudaste? —cambió el tema y se lo agradecí
—Bueno, es que nos llevábamos muy mal, mi relación con ellas no era de lo mejor, y luego de lo que hicieron…pues simplemente se volvió peor. Me mudé con una amiga, compartimos departamento y ahí sí que soy feliz— le di las indicaciones y en poco estuvimos frente a mi hogar.
Lo invité a pasar y por suerte Alice no estaba porque sus miraditas e indirectas me hubieran vuelto loca.
—Es lindo—susurró una vez que entramos
—Toda la decoración es un auspicio de Alice, mi mejor amiga después de Jake—tomé su mano y lo guié hasta mi habitación. Cuando entramos se entretuvo un rato con las chucherías sobre mi mueble, mientras yo que dejaba la chaqueta que me prestó sobre la cama. Luego se sentó en ella y comencé a dar vueltas por la habitación buscando ropa.
Él solo me miraba atento y la verdad es que… me cohibí, intenté ignorarlo, pero fallé
— ¿Qué? —dije mientras me detenía al lado del armario.
Rió – Nada, y ya vete a cambiar, mira que te vas a resfriar y ese sweater… Ve— lo último fue más una orden que cualquier otra cosa y rápidamente tomé mi ropa y una toalla.
Entré en el baño y ¡Wow! Eso parecía más bien un nido de golondrinas que cabello, luego de enfrentarme a eso miré mi cuerpo. Ahora comprendía a qué se refería con el sweater, al haber estado mojado se pegó… demasiado a mi cuerpo, casi dejando ver mi ropa interior. Me sonrojé furiosamente.
Me desvestí rápidamente e igualmente me duché. Me vestí con un típico jeans azul y un sweater negro, que era lo más normal que había dentro de toda mi ropa. Me lavé minuciosamente los dientes —creo que una o dos veces—luego cepillé mi cabello. De solo pensar que Edward aguardaba por mí afuera, mi corazón se aceleró.
—Vamos Bella, no seas cobarde—susurré cuando decidí abrir la puerta. Mi corazón era un caballo desbocado y ahí estaba él, mirando mis libros. Estoy segura de que jamás esta habitación se vio tan hermosa.
Cuando me vio casi se le cae lo que haya sido que sostenía en las manos y reí bajito
—Te veías mejor con el otro sweater— murmuró burlón, provocando que me sonrojara
—Ash, no seas pesado— estaba más que roja. Su rostro cambió, ahora su sonrisa torcida se encontraba acompañada de sus ojos que brillaban. — ¿Qué? ¿Otra vez se trasluce la camiseta? — miré mi cuerpo, no, eso no era.
—No, es que quería pedirte algo— sonrió más y yo caminé en dirección contraria, no sabía bien el por qué pero esto no iba a gustarme
—Tú dirás, ¿qué me quieres pedir?—
— ¿Me harías el enorme placer de ir conmigo al baile de graduación? — ¿Por qué tenía que ser justamente eso? Negué inmediatamente con la cabeza
—Lo siento, pero en verdad, te juro que detesto los bailes o demasiada gente— no sé cómo pero llegué junto al armario, y él me miró con los ojos encendidos. Luego con paso firme y elegante caminó en mi dirección.
Retrocedí unos cuantos pasos, los suficientes como para tocar la pared con mi espalda y de un momento a otro me encontraba con cada una de las manos níveas de Edward junto a mi cabeza y su cuerpo acorralándome contra la muralla. Me sonrió torcidamente y luego con sus labios trazó un recorrido desde mi mejilla hasta la base de mi garganta. Tragué con dificultad y él rió contra mi piel, su aliento se quedó ahí. Volvió a subir y besó mi frente con ternura.
— ¿Qué dices ahora? — susurró y busqué la voz, mis piernas parecían gelatina
—Eh… ¿no? — sonó como una pregunta. Volvió a reír y descendió cerca de mis labios pero sin siquiera tocarlos; como el batir de las alas de una mariposa apartó el cabello húmedo de mi hombro para seguir trazando un camino con su nariz, produciendo estragos en mi corazón que ahora sentía que saldría volando de mi pecho.
Llegó a mi cuello y dejó una serie de besos por toda su longitud e inconscientemente elevé un poco la cabeza para darle más acceso. Suspiró en la piel de esa zona haciéndome cosquillas, pero era totalmente incapaz de reír.
— ¿Aún no quieres ir? — su voz era un tanto más ronca sin embargo mantenía ese tono juguetón. No encontré la voz y estaba segura de que de haber hablado se me habría quebrado, por lo que negué con la cabeza, esperen… ¿de qué hablábamos? – si eres masoquista ¿eh? – Rió pero ahora subió hasta mi mejilla y la besó hasta llegar a la comisura izquierda de mi boca, besó mi mentón teniendo precaución de en ningún momento tocar mis labios pues sabía que esa sería mi perdición. Me contenía con todas mis fuerzas de de apoderarme de su rostro y devorarlo a besos. — ¿Quieres seguir? —reí quedito y él lo tomó como un sí besando detrás de mi oreja estremeciéndome. Ese era sin duda mi punto débil y supe que ya no quedaba ningún rescoldo de cordura en mí. Apreté aún más mis ojos — ¿Dices que sí? —él ya había ganado y lo sabía pues podía sentir su sonrisa en mi oído cuando murmuró con voz ronca esas palabras
—S-sí— fui capaz de tartamudear y se separó de mí con una sonrisa de victoria en el rostro, volví la cabeza al lugar correspondiente ruborizándome y noté como sus mejillas también se sonrosaron
—Ves que no era tan difícil— esta vez sacó sus manos de la muralla para ponerlas a cada lado de mi cabeza acercándome con algo de brusquedad a su rostro y unió sus labios a los míos y los movía insistentes pero sin perder esa ternura propia de él. Le correspondí colocando mis manos con algo de temor en su cuello consiguiendo que pegara cada parte de su cuerpo al mío enviando corrientes eléctricas a cada una de mis terminales nerviosas.
Lo único que oía era el golpeteo de mi corazón, la cadencia de nuestras respiraciones y el murmullo silencioso de nuestros labios que se movían en completa sincronía. Cuando iba a finalizar el beso, mordisqueó dulcemente mi labio inferior volviéndome completamente loca.
—Wow, eso fue….genial—dijo una vez que nuestras respiraciones se volvieron casi del todo normales, sentía mi cara arder
—Eso es quedarse corto— mordí mi labio inferior y podía sentir su sabor en él. Luego de besarnos fui a preparar chocolate caliente para ambos y nos sentamos a la mesa, uno en frente del otro conversando cosas triviales. Al rato después nos fuimos a sentar al sofá grande.
—Ven- dijo cuando iba a ocupar el lugar junto a él. Le miré extrañada y sonrió mientras palmeaba sus piernas. Me ruboricé e intenté negar con la cabeza, pero antes de que pudiera hacer algo me jaló dejando una parte de mi espalda pegada completamente a su pecho
—Edward existe algo llamado sofá, las piernas de una persona no son muy cómodas que digamos— me removí un poco en ellas y él sonrió de manera dulce
— ¿No te gusta? — hizo un tierno puchero, y le acaricié el cabello
—La verdad, es que debo admitir que es bastante… ¿cómodo? —reímos y me apretó aún más contra su amplio pecho, desde aquí podía oler su aroma.
Enterró la cabeza en mi cuello y aspiró, provocando que me estremeciera sutilmente, pero claro, estaba en sus piernas y él pudo notarlo.
—Hueles delicioso—susurró en mi oído produciéndome cosquillas— ¿Te había dicho ya, que ese es mi aroma preferido? — sacó el pelo de mi hombro y dejó un beso en la hondonada tras de mi oreja, suspiré
—No, pero ahora lo sé— sin querer pensé en lo que Emmett o Jake dirían de haberme visto sobre las piernas de mi novio —eso sonaba tan hermoso— de seguro algo como: '¿sabías que siempre él es quien más disfruta de la cercanía?' o 'jamás lo creí de ti' 'consíganse un cuarto'. Involuntariamente reí
— ¿Por qué ríes? —preguntó mientras recargaba suavemente su mentón en mi hombro.
—Eeh…tonterías— me volteé y rápidamente le di un fugaz y casto beso en los labios. Se descuidó y aproveché de ponerme de pie. No me gustaba demasiado la idea de estar sobre sus piernas, me ponía nerviosa.
—Eso es malo Bella, no se hace—sonrió travieso mientras se ponía de pie y caminaba amenazante hacia mi pobre persona. Me escondí tras de la mesa. Patético, lo sé.
—Es que… no…no me gusta sentarme sobre tus…tus piernas—me encontraba inquieta por su mirada y su pronta cercanía. Recordé lo de hace un rato atrás y me ruboricé, de eso estaba pendiente cuando sin que me diera cuenta me hallaba sobre uno de sus hombros— ¡Edward, bájame! — negó con la cabeza y me lanzó al sofá con cuidado y sin que tuviera tiempo de escabullirme me atacó con cosquillas— Ed…Edward…por…favor…ya…de…Ten...te— dije sin aire, pues no podía parar de reír. Él también reía divertido— ¡Voy a morir! —susurré apenas.
— ¿Ya aprendiste la lección? — preguntó aún torturándome con sus cosquillas. Le asentí y podía percibir que mis mejillas ardían de tanta risa ya que el estómago me dolía a causa de ella. Luego me dejó sentarme y respirar bien.
—Adoro tu cabello en estado salvaje—rió y yo me ruboricé mirándolo mal
—Jaja eres un amor ¿eh? —ambos reímos un rato más y luego él se fue.
Antes de marcharse me besó tiernamente y me quedé ahí en el umbral de la puerta con una sonrisa enorme. Después de cerrar grité de pura alegría. Necesitaba contárselo a Alice.
Para distraerme un rato lavé las tazas que utilizamos y me senté "calmadamente" en el sofá. Y eso no me sirvió de mucho, las mariposas en el estómago y la felicidad absoluta que me embargaban me hacían sentir como un ataque de adrenalina.
Fui a mi cuarto y busqué mi ropa mojada y la puse en la lavadora. Más tarde de hacer eso y de calmar los frenéticos latidos de mi corazón salí al balcón de mi habitación y me dediqué a contemplar desde ahí las estrellas, si las estrellas que extrañamente hacían su aparición luego de una tarde de lluvia.
Tenía la extraña sensación de que esto no era más que un hermoso sueño un engaño de mi subconsciente y que mañana al amanecer todo volvería a la triste realidad, en esa cavilación melancólica me hallaba cuando los primeros acordes de Black Star me hicieron despertar.
Te mataré si lo mal piensas
Me quedaré con Jasper en su depa
Tenemos que hacer el último trabajo D:
Te quiere Alice
Pd: no lleves los vedettos* hoy, espérame ;)
Negué con la cabeza ante su chiste aprovechando de mirar la hora, eran las once y algo. Le envié un texto.
Si no estás aquí, perdiste
No, no es necesario un vedetto, tengo novio
Si! Novio!
Mañana hablamos
Pd: creo que tendrás que matarme, te quiere, Bella.
Apagué todo y me quedé viendo televisión un rato más. Quería ir a dormir pero este capítulo de Criminal Minds estaba muy bueno. Cuando acabó como siempre en el jet, me fui a dormir. Sobre mi cama estaba la chaqueta del chico y la acerqué a mi rostro. Estaba impregnada de su exquisito aroma.
Me acosté con ella pegada a mí y esa noche concilié el sueño casi al instante ¿y adivinen con quién soñé? Sip le acertaron con Edward Cullen, mi novio.
-o-
El domingo hubiera sido un día hermoso si es que mí "querida" amiga no me hubiese despertado apenas clareó el alba exagerada ok, pero solo un poco. Se lanzó a mi cama y me sobresalté de una manera ¡terminé de bruces en el piso!
—Oh Alice, por Dios, ¿sabes hace cuanto no dormía así de bien? Y tú vienes y me despiertas, no es justo—bostecé mientras volvía a la cama.
—Lo siento— juntaba sus dedos índices una y otra vez mientras con un puchero miraba al piso.
—Okey, está bien—le sonreí y arreglé un poco mi cabello. En la cama aún estaba la chaqueta cuando la vi sonreí. Ella se sentó bruscamente en la cama
— ¿Y? ¡Vamos, cuéntamelo todo! — susurró muy entusiasmada.
—Verás fui al partido y cuando comenzaron a decir su nombre, no fui capaz de soportarlo y decidí irme…y en el momento en que estaba a punto, un brazo me volteó y… ¡me besó! — su cara era impagable y así comencé a relatarle todo.
Luego de que terminé se puso a dar de saltitos por el ancho y largo de la habitación, parecía un simpático resorte. Después de eso me dejó para que me vistiera.
Con una sonrisa en el rostro fui a darme una ducha, me vestí con unos jeans, una camiseta celeste y mis zapatillas, luego de que cepillé mi cabello lo até en un moño (coleta) alto. Al estirar mi cama, tomé la chaqueta y la colgué en mi armario, no se la devolvería, decidí con una sonrisa traviesa. Y finalmente salí por algo de comer.
—Hey Alice, ¿tu noche estuvo muy agitada? —le sonreí pícara mientras le daba una mordida a una tostada, alcé las cejas. Ella frunció el ceño pero un rubor comenzó a teñir sus mejillas de muñeca.
—La verdad, es que en vez de "agitada" estuvo trabajada— sonrió y reí de su cara, pues se estaba ruborizando. — Además la gente, a veces puede estar solo estudiando— hizo un gesto de diva y reí aún más— ¡Ya! Respira mujer, te pondrás a llorar—
—Okey, okey, no me reiré más— me dediqué a tomar desayuno mientras le daba miradas furtivas a Alice, solo para fastidiarla
—Ash, todo esto lo haces porque te desperté ¿es eso verdad? —murmuró con voz aguda cuando su paciencia ya se había ido al olvido, la verdad creí que jamás la vería fastidiada.
—No, cómo se te ocurre, por favor— susurré con sarcasmo, hoy tenía muchas ganas de jugar, pero al parecer, ella no. —Lo siento, ¿alcanzaron a terminar? — pude notar que sus ojos estaban adormilados y que bostezaba varias veces.
—Si, por suerte— se le escapó un bostezo.
— ¿Por qué no vas a dormir? Te despierto cuando el almuerzo esté listo— propuse pues se le notaba muy cansada.
—Ok, tomaré tu oferta solo porque apenas y puedo mantenerme de pie, ¡parezco una borracha! —Se bebió su vaso de leche y se fue a la habitación—gracias, Bella— escuché antes de que cerrara la puerta.
Así comencé el día, aproveché de ordenar el departamento mientras escuchaba música con mis audífonos
-It's a liberty walk, it's a liberty walk It's a liberty, liberty, liberty…- ni siquiera sabía que conocía esa canción, pero en fin. Así terminé de limpiarlo todo y luego hice la comida, que fue arroz con pollo. Después que Alice despertara y comiéramos, me dediqué a leer sentada en el sofá mientras ella miraba con atención unas revistas. En eso estaba cuando sonó mi celular.
—Hola—contesté cuando logré sacarlo de mi bolsillo
—Hola Bella ¿cómo estás? — era la voz de mi gran amigo, sin el cual jamás hubiera ido al partido y no estaría ahora así de feliz
— ¡Oh Jake! —
—Parece que se me extraña, ¿verdad? — dejé el libro y reí del tono arrogante de mi amigo.
—La verdad es que quería darte las gracias, si no hubiera sido por ti, jamás habría ido al partido— sonreí
—Precisamente para eso llamaba, ¿en qué terminó todo? — se escuchaba ansioso
—Ah, pues, ¡tengo novio! —susurré sin querer con énfasis. Así hablando estuvimos un buen rato. Supe que Renesmee y él irían próximamente a Port Angels, que a mi gran amigo la habían aceptado en la universidad y que probablemente se iría junto a su novia a Chicago. Luego de que colgué a los pocos minutos después de que retomé mi lectura, sonó otra vez
— ¿Hola? — mi voz sonó algo fastidiada, a estas alturas Alice estaba en su habitación
—Pensé que me responderías mejor— fue como si el terciopelo de su voz me hubiera acariciado el oído
—Oh, Edward, lo siento ¿cómo estás? —definitivamente tiré el libro lejos y me concentré en la conversación. De ese modo se me pasó el domingo.
Luego de cenar con los grititos de expectación por parte de Alice, ya que le conté que iría al baile — lo que si no le conté cómo llegué a esa conclusión —amablemente se ofreció a ayudarme a escoger el vestido que usaría el próximo sábado ¡Dios! Era mi última semana como estudiante de preparatoria ¿cómo había pasado esto?
El lunes un Volvo plateado me esperaba para llevarme a la escuela y cuando le conté lo de mi camioneta reprimió la risa, pero finalmente le di permiso de reír abiertamente.
Cuando llegamos tomados de la mano, la gente nos miraba y no pude evitar el sonrojarme y él rió de buena gana a mi costa. Rachel y Rebecca me entregaron la carta que realmente envió la universidad.
Jake se hallaba muy a gusto con Renesmee por lo que se juntaba con ella en los recesos y yo con mi novio. La misma tarde del lunes fui a casa con Alice y aclaramos como serían las cosas de ahora hacia delante, Sue y sus hijas seguirían viviendo en la casa pero… deberían trabajar en la cafetería, les dejé solo un coche.
A lo largo de la semana le pregunté a mi amiga si podría dejar a su cargo la re-decoración de la cafetería, pues la verdad no pensaba en nadie más para ese trabajo y estaba segura de que todo quedaría perfecto. Cuando se lo pedí se puso muy feliz debido a que se lo pidiera.
Todas las mañanas pasaba por mí, el chico más dulce y hermoso del mundo, mi novio, y las sesiones de anti-estrés pre universidad eran... simplemente maravillosas, así es como les había denominado Edward a los besos y a mí me daba igual si él y sus labios estaban incluidos.
Así sin darme ni cuenta, llegó el día del baile… eran exactamente las cuatro de la tarde, pues había estado mirando como autómata el reloj, como los pesados segundos avanzaban con lentitud. Me encontraba en una de las muchas tiendas de vestidos a las cuales Alice me hizo entrar. Ella parecía un niño en una juguetería, sacaba montones y montones de vestidos para que me probara, ya hasta me sentía como un maniquí, con la diferencia de que para mí esto era un verdadero suplicio. La verdad esperaba con ansias la hora del baile, si sé que suena contradictorio, pero en el baile estaría con Edward y no encerrada en una sofocante tienda. Lo peor —o lo mejor – era que hoy como nunca en Forks hacía un calor terrible, al parecer el calentamiento global si conoce la existencia de este pueblecillo.
—Alice, ya me aburrí ¿no podemos irnos ya? — le dije desde el probador. El vestido que traía puesto era negro y corto, demasiado corto y apenas cubría lo necesario, era extremadamente escotado. Definitivamente no era mi estilo, para nada y no saldría así a la calle aunque me pagaran diez millones de dólares.
—Ash solo apúrate—murmuró impaciente mientras hacía sonar su zapato de tacón en el piso
—No saldré con…esto— dije mientras tomaba el borde
—O sales tú o entro yo y te saco a punta de patadas—su voz sonaba amenazante, al parecer a la pelinegra no le gustaba esperar.
Salí derrotada y cuando lo hice la gente se volteó a verme, de seguro solo para molestar, me ruboricé y bajé la cabeza. De pronto una de las grietas del piso me pareció muy interesante.
—Wow… Bella, te ves… maravillosa—volvió a su normal tono de voz, vaya si que era bipolar.
— ¿Sabes qué, Alice? No iré al baile con este vestidito de Barbie, y si no hay otra opción…pues no iré y ya— crucé con obstinación los brazos sobre mi pecho
—Pero— colocó una cara como la del gatito con botas ¡demonios! Era muy persuasiva, aunque en esto no iba a ceder
—No Alice, no hay pero que valga— me dirigí al probador con la intención de vestirme y de evitar caer persuadida por mi amiga y su cara.
—Okey, tú ganas ¿de acuerdo? — Su voz sonó como nunca, derrotada. Salí del probador y antes de que pudiera ver su cara un vestido nubló mi visión. — Escogí este, de seguro te gustará – sonrió— y si no yo te obligaré— al parecer lo último no debí de haberlo oído e hice de cuenta que aquello no sucedió.
Me quité la miniatura y sin mucho ánimo me puse el otro. Este era azul con toques morados, era muy atrevido pero debía reconocer que era hermosísimo. Tenía dos trozos de tela que cumplían la función de cubrir el pecho, se unían mediante un pequeño broche dorado que parecía una cadenita. Bajo el busto se hallaba una gruesa cinta de un color más oscuro que el resto del vestido que se abrochaba en la espalda, que por cierto estaba descubierta.
Luego de la cinta el vestido era apegado al cuerpo, la tela que cubría el busto descendía hasta un poco más abajo de la cintura. La falda era en puntas con varios pedazos de tela y dejaba mis piernas bastante descubiertas pero no lo necesario para hacerme sentir incómoda. Como mi espalda estaba desnuda casi completamente solo la cinta y el listón de ésta acariciaban delicadamente esa parte de mi cuerpo. En realidad debía asumir que el vestido me quedaba bastante bien, me gustó y mucho. Pero aún me encontraba indecisa. Salí mordiendo mi labio inferior y la cara de Alice pasó del fastidio –por la espera supuse—a la del asombro, luego sonrió pícaramente
—Tu príncipe azul se va a caer de espaldas— la miré mal— okey, el vestido es perfecto ¿te lo llevarás, verdad? — me miró con un ojo entrecerrado
—Eh…—
—No, nada de "eh" vamos a pagar ese vestido ahora ya— comenzó a arrastrarme de un brazo
—Alice, primero creo que sería buena idea cambiarme ¿no te parece?—me soltó y sonrió traviesa. Asentí y me cambié rápidamente, fue reconfortante volver a usar mi ropa. Luego de que salimos de esa tienda, entramos en otra de accesorios y zapatos. Me hizo probarme unos de tacón tipo aguja y juró que casi me rompo una pierna, cuando miró hacia un lado me quité esa arma letal
—Bella ¡no te los quites! — los tomó fieramente cuando intenté lanzarlos tras el asiento.
—Alice ¡no! — los agarré también y la gente alrededor nos miró raro, la verdad no me importó
— ¡Suéltalos! — tiraba de ellos y entonces se los solté y por poco aterrizó en el piso. Su pelo corto se movía frenético
—No usaré esas cosas, mis converse o nada— hizo su puchero típico pero lo ignoré, me crucé de brazos con obstinación.
Estaba segura de que se encontraba parada con el zapato aún en la mano y su cara de gatito, también lo estaba que de no haber tanta gente fija en nosotras se hubiese tirado al piso solo a hacer una pataleta. Luego de unos segundos de silencio sepulcral, su voz cantarina se escuchó a regañadientes.
—Está bien, irás con tus…converse— soltó lo último como si es que fuera un insulto.
-o-
Ya eran las seis de la tarde y por fin estábamos subiéndonos al coche, Alice se encontraba con su habitual estado de ánimo, mientras feliz y con su sonrisa de victoria comenzó a conducir
—Bella, no te puedes quejar, la ropa era muy linda, de seguro a alguien le va a gustar…—me ruboricé por su comentario mal intencionado
—Alice, ¿quieres por favor callarte? Y si, me puedo quejar, odio comprar ropa y además tu medio de extorsión fue de lo más bajo y ruin, no puedo creer que lo hicieras— bajé la cabeza con falso pesar
—Lo siento no me dejaste más opción y tranquila, sé que lo encontrarás… algún día— susurró lo último mientras daba la vuelta. Así llegamos al departamento, sabía que estaba retrasada, y de no haber tenido a una amiga adicta a la moda y además hiper-quinética no alcanzaría a estar lista a la hora. En cuanto sacamos las bolsas y entramos me encerró en mi habitación para que me bañara, vistiera y ordenara un poco mi cabello. Después de que hice lo que me ordenó me dirigí a paso apresurado hacia su habitación.
— ¡Al fin! Ya creía que también debería bañarte y vestirte de tanto que tardabas, siéntate ahí, ¡ahora! — al parecer estaba un poco alterada y así me daba mucho miedo, debía reconocerlo. Hice lo que me indicó y justo en ese momento sonó el timbre. — ¡Excelente!- murmuró con fingido ánimo. Me quedé ahí sentada mirando mi reflejo en el espejo del tocador
—Oh wow, ¡qué hermoso vestido! ¿En qué te ayudo Alice? — me volteé con una sonrisa, era Rose, me puse de pie y le di un efusivo abrazo
—Hola Rose, tanto tiempo, ¿cómo estás? —
—Bella a la silla ahora— ahí estaba Alice con su tono mandón otra vez y preferí hacer caso
— ¿Desde cuándo Bells se volvió tan obediente? ¿Le debemos esto al pobre chico que cayó en tus redes? — la voz grave y burlona de Emmett me hizo dar vuelta atrás solo para encontrarme con sus grandes brazos que ahora me apretaban haciendo que el aire se volviera insuficiente.
— ¡Ya Emmett! No tenemos tiempo— reclamó la pelinegra mientras taconeaba el piso, Rose solo reía
—Es cierto Emmett, mira que en cualquier momento vendrá el chico— ¡Dios! Todos estaban aquí, el rubio le dio un beso en los labios a su novia y esta se relajó un poco
—Bien los dos machos recios hagan el favor de salir de la habitación—indicó Rose
—Hola Jasper, hola Emm. —Alcancé a saludar mientras la rubia los echaba casi a patadas de la habitación cerrando tras ella la puerta
—Rose, su cabello, yo me encargo de su rostro— Alice tenía en las manos un delineador y Rose un ondulador.
Así más rápido de lo que podría haber imaginado estaba lista, aunque no estuvo exento de problemas puesto que en una ocasión Alice intentaba delinear mi ojo derecho y Jasper la llamó, así terminé con una raya enorme desde mi mejilla hasta la frente. En otra, Rose trató de maquillar mis labios en un tono rojo, aún cuando me opuse lo intentó y sin querer estornudé y en vez de pintar mis labios terminé con la nariz de color carmesí, ahora si era Rodolfo el Reno.
Al final mi cabello caía en cascada por mi espalda y se encontraba peinado con una delgada trenza alrededor de mi coronilla, los rizos estaban más definidos, mis labios estaban apenas maquillados con un poco de gloss, mis ojos tenían leves toques en azul y morado y se encontraban tras las pestañas negras y más voluminosas. En general me gustó lo que vi aunque faltaba el peine que Alice me dio. Y según ella me hubiera visto más hermosa con los zapatos de tacón que quería que usara.
—Bien hemos terminado— Rose sopló sobre la punta del ondulador, como si fuera una pistola y luego chocó palmas con Alice. Les agradecí y salí al living, ahí estaban mis dos amigos, corrí a darles una abrazo
—Chicos, muchas gracias por haber venido, en serio ahora todo es perfecto—sonreí y podía sentir que mis ojos se estaban volviendo acuosos.
—No vayas a llorar, arruinarás el maquillaje—Alice sonrió mientras su novio le besaba el pelo. Negué con la cabeza
—Hey, ¿tú a quién le pediste permiso para iniciar una relación o para ir al baile? No lo conversaste conmigo, cuando vuelvas hablaremos de algunas cosas señorita— Emmett me apuntaba con un dedo y sonrió pícaro. Al parecer Rose encontraba las piernas de su novio más cómodas que un sofá. En eso pensaba cuando un bocinazo muy familiar llegó a mí.
Mi corazón latió desbocado
—Haber, debo hablar con él— Emmett se estaba poniendo de pie y sinceramente me asusté
— ¡¿Estás loco?! Lo asustarás— bromeó con espanto Jasper
—No Emmett no hace falta, es en serio, quédate— intenté mirarlo amenazante.
—Pero…pero Bells, soy el hombre de esta familia—se acomodó el pantalón e hizo un puchero
—Lo sé, pero ahora me tengo que ir, muchas, muchas gracias por estar aquí, los quiero— miré a todos los presentes y ellos me sonrieron con dulzura. Volvió a sonar un bocinazo
—No muy tarde señorita, y cuando vuelvas te daremos "La Charla" — enmarcó con sus manos lo dicho y solo pude sonrojarme y claro, el resto rió por ello.
Bajé apresuradamente con el bolso—aunque parecía un juguetito— y un chaleco blanco en la mano. Milagrosamente no caí y cuando estuve fuera, lo último que vi, fue a los chicos espiando por el ventanal. Reí y luego lo vi, tan hermoso como siempre.
Edward POV
Después del segundo bocinazo, apareció la cosa más hermosa sobre este mundo, la dueña de mis sueños y de mi corazón, mi novia —adoraba decirlo— usaba un hermoso y sexy vestido azul que hacía ver su cuerpo y sus sinuosas curvas irreales. Sus tiernos labios estaban curvados en una sonrisa, su mirada se veía más hipnótica por efecto del maquillaje que llevaba en ellos y estaba levemente sonrojada, simplemente se veía preciosa.
Su cabello color caoba caía grácilmente enmarcando su rostro. Me robó el aliento y no pude hacer más que quedarme estático apoyado en el capó de mi coche mirándola mientras caminaba a paso tímido hacia mí. Noté que sus zapatos eran las converse y eso le daba un toque solo perteneciente a ella. Era una belleza y era mía, mi Bella. Sonreí inconscientemente de lado, y a grandes zancadas acorté la distancia que nos separaba.
La tomé por la cintura y la estreché contra mi cuerpo, ella me correspondió el abrazo y sentí cada parte de su frágil anatomía contra mí.
—Hola— susurré a escasos centímetros de sus labios, la sentí sonreír
—Hola— su aliento fue todo lo que necesité para probar su dulce boca otra vez, jamás me cansaría. Luego de saludarnos nos subimos al coche. Me hallaba ansioso, estaba seguro de que ella no sabía nada. Conduje con una sonrisa pintada en el rostro aunque me encontraba muy nervioso
—Hey, ¿qué te sucede? No me digas que has matado a alguien y me utilizas como pantalla para que no te descubran— su cara fue de espanto—la verdad no me molestaría si fuera el caso, siempre y cuando estés junto a mí—se ruborizó y miró por la ventanilla. Reí de su ocurrencia
—No amor, no es eso, es solo que…— ella me miró— te tengo una sorpresa— le sonreí torcidamente
—Sabes que no me gustan las sorpresas—jugueteó con un rizo de su cabello brillante
—No te preocupes, lo he hecho yo mismo— le sonreí, sabía que ella haría esto. Asintió con la cabeza— ¿Me obligarás a usar mis técnicas persuasivas otra vez? — sonreí pícaro
—Depende, ¿cuál de las dos? Si son los besos, me negaré a la sorpresa, pero si son las cosquillas…—dejó la frase flotando
—Ok, usaré las cosquillas entonces— le sonreí y ella me correspondió
—De esa forma, acepto tu sorpresa, me rindo antes de la guerra, créeme es una buena estrategia— me guiñó un ojo. Y llegamos a la preparatoria, la decoración era bastante parecida, solo nosotros estábamos diferentes. Ella con un vestido hermoso y sin antifaz —lo más importante— y yo con un traje de etiqueta negro.
Nos bajamos y caminamos tomados de la mano, el sol aún no se ocultaba y extrañamente hacía mucho calor, por lo que los botones de mi camisa no estaban todos abotonados. Cuando ingresamos al gimnasio todos nos miraron, pero se fijaron más en Bella y eso me molestó demasiado ya que Tyler y Mike la miraban como lo que son, un par de idiotas. Ese calor conocido me inundó provocando como acto reflejo que mantuviera aún más férreo mi agarre en su cintura, bajó la cabeza y se sonrojó.
—Tranquila, estoy aquí— le susurré al oído y ella me sonrió. En eso apareció Tanya con un vestido excesivamente escotado y… corto, la verdad en vez de verse bien se veía vulgar. No había punto de comparación existente entre ella y mi novia.
— ¡Pero si es la feliz pareja! — Bella se tensó al oír su voz irónica— Edward, no puedo creer que te rebajaras a tanto, ¿salir con la camarera huérfana?, por favor—tensé la mandíbula hasta lo imposible, todo para no gritarle en la cara. La miré con odio y atraje más hacia mi cuerpo a la chica— así es que… por esto— miró de pies a cabeza a mi novia— me cambiaste, te juro que no puedo creerlo— finalizó con una sonrisilla irónica y no lo soporté más iba a gritarle cuando ella habló con voz dulce, pasiva pero segura
—Al parecer esto, tiene lo que tú no ¿no crees? Porque la verdad cariño tú no eres nada suficiente para ningún chico o dime ¿por qué estás sola o por qué usas ese vestidito barato para llamar la atención? —alrededor la multitud exclamó sorprendida—no hay nadie que te quiera, ni una sola persona se fija en ti, así es que acéptalo de una vez. Estás completamente sola— Tanya la miraba sin poder creérselo. Bella molesta no era para nada tierna—ahora si me disculpas, mi novio y yo tenemos que irnos, aquí el aire está muy denso—le sonrió sarcástica y me jaló de la camisa para que la siguiera.
La aglomeración de gente nos abrió paso mientras aún asimilaban lo que acababa de ocurrir. Salimos del establecimiento bajo las miradas de todos, la verdad no conocía esa faceta de Bella, pero me gustaba… y mucho. Una vez fuera me soltó y se alejó a paso apresurado
—Bella— no hizo nada— Bella, espera— no se detuvo. Le di alcance con facilidad y mantuve su paso.
Llevaba los brazos cruzados sobre el pecho que prácticamente estaba descubierto, si no fuera por ese mísero pedazo de tela no puedo creer que te fijes en eso ahora, ella no está bien ¡pedazo de idiota! Sí, lo era.
Sus ojos estaban cubiertos por su cabello y miraba hacia el piso, pero pude notar por sus labios fruncidos que no estaba serena. —Bella— susurré aún no se detenía aunque había aligerado el paso—Bells— no lo soporté más. La tomé por los hombros y la giré para ver su rostro.
De sus ojos se borró todo atisbo de furia, dejando solo tristeza. Mantenía el ceño fruncido y la arruguita que se formaba ahí me molestaba por lo que con uno de mis dedos la deshice.
—Amor, ¿qué sucede? — pregunté acariciando su mejilla, cerró los ojos y suspiró
— ¿En verdad no lo sabes? — preguntó a cambio, mientras retiraba su cara. Me sentí vacío— que… ¡maldita sea ella tiene razón! —
— ¿A qué te refieres? — estaba totalmente perdido
—Pues que…ella se ve perfecta a tu lado, ¡eran la pareja perfecta!, mientras tú la abrazabas, yo limpiaba pisos… jamás nos veremos bien juntos, no somos compatibles, yo…yo— la voz se le quebró y no pude hacer más que envolverla entre mis brazos, se estremecía casi imperceptiblemente. Ella por fuera era un bloque duro, pero por dentro era tan frágil como una burbuja de jabón.
—Bella, amor, tú eres lo que yo necesitaba, lo que soñaba, eres simplemente perfecta, fuerte, noble, hermosa, amable…podría estar eternamente describiéndote. Tú eres mi vida ahora, nunca, óyeme bien, nunca llegues a dudarlo, te amo…te amo—le dejé un beso en la coronilla. Levantó la cabeza de mi pecho y me miró con ojos vidriosos
—Pero…—
—No, nada de peros, me siento feliz de que decidieras estar conmigo y jamás nadie podrá cambiar lo que siento por ti— tomé con delicadeza su rostro entre mis manos y lo acerqué lentamente hasta que nuestros labios estuvieron unidos. — te amo— susurré contra ellos
—Te amo— murmuró y nos separamos
—Ven— tomé su mano
— ¿A dónde? No quiero volver…—
—Tranquila no iremos dentro, vamos a mi coche— me miró confundida pero asintió y dejó que la guiara. Una vez ahí conduje con destino a mi lugar preferido y que quería enseñarle a ella.
—Edward, ¿en serio esto es necesario? Sabes que voy a caerme— reclamó mientras anudaba tras de su nunca una tela de satén roja.
—No lo permitiré— le dejé un beso tras de la oreja, y Bella se estremeció. Tomé su mano y comencé a guiarla por el camino que conocía a la perfección, varias veces estuvo a punto de tocar el piso pero yo no dejé que eso sucediera.
—Bien espera unos segundos, ¿de acuerdo? — le besé la mano y comencé a encender cada una de las velas.
Rogaba por que la brisa que despeinaba mi cabello no soplara sobre ellas y quitara su luz, y esperaba con todo el corazón que mi sorpresa le agradara.
Bella POV
La sensación del ambiente era fresca pero no helada, si no que por el contrario, no tenía idea de donde estábamos ni de lo que Edward planeaba.
—Edward, ¿ya me puedo quitar la venda? —murmuré una vez que me aburrí de tenerla sobre los ojos impidiéndome ver.
—Solo un poco más— escuché su voz un poco más lejana, y luego oí sus pasos acercándose— ya está, pero prométeme que cerrarás los ojos y los abrirás cuando yo te lo indiqué— susurró con voz seductora a mi espalda y con su pecho pegado a ella, su aliento acariciaba mi oreja y no fui capaz de hablar por lo que solo asentí.
Percibí cuando retiró la venda, pero no abrí los ojos tal como me indicó. Tomó mi mano firmemente y me guió unos pasos más. —Ahora…puedes abrirlos— sentí sus labios en el lóbulo de mi oreja y me estremecí. Lentamente fui elevando mis pestañas y no podía dar crédito a lo que veía.
Era un hermoso prado de preciosas flores que, extrañamente se abrían de noche, dejando su aroma en el viento cálido que parecía acariciarme, la luz azulada que daba la luna llegaba de lleno en el centro, ósea, donde me encontraba. De los árboles que rodeaban el claro pendían cintas de diversos colores, en cuyos extremos se apreciaban frasquitos de vidrio y dentro de ellos la luz de velas, daba la impresión de ser algo de mentira, algo que solo puedes imaginar en un cuento de hadas. Donde yo me encontraba parada junto a Edward, tenía lugar un corazón formado con farolillos de color amarillento y la naturaleza hacía su parte, pues dentro de él no habían flores, pero en el borde habían montones de ellas: blancas, celestes, rosas, un sinfín de colores.
No podía creer que él lo hubiera hecho todo para mí, sentía en mis ojos lágrimas de felicidad
—Bella, ¿no te gusta? — su voz reflejaba pesar
—Yo…yo… ¡Edward, esto es…maravilloso! — me lancé a sus brazos y el rió encantado—te amo, ¡muchas gracias!— miré alrededor y todo tenía un esplendor mágico.
—Me alegra que te guste, pequeña—besó mi frente— ¿me concederías esta pieza? —le miré directo a los ojos que brillaban de una manera única y especial. Asentí y me apegué a su cuerpo. Él puso una de sus grandes manos en mi cintura y me estremecí al sentir su tacto en la piel desnuda, llevé mis brazos atrás de su cuello y acaricié su pelo.
—Te amo, te amo, te amo— repitió mientras con su nariz acariciaba la mía, le seguí el juego y acaricié su mejilla y luego sus labios.
—Yo también te amo— susurré a escasos centímetros de su boca— te amo como jamás llegué a imaginar que lo haría. — rozó imperceptiblemente mi labio inferior, como si es que pidiera mi consentimiento y besé el suyo. Inmediatamente respondió moviendo su boca insistente contra la mía.
Me dejé llevar mientras enredaba mis dedos en sus cabellos desordenados y cuando nos separamos por aire nos sentamos en el pasto.
Él con un brazo tras su nunca y su otra mano en mi hombro dibujando imperceptibles círculos. Mi oído estaba en su pecho, escuchando su respiración acompasada y el rítmico tamborileo de su corazón. Nunca las estrellas me habían parecido más hermosas, y la naturaleza se hizo presente una vez más, pues las luciérnagas comenzaron a salir de sus escondites, no sé la razón de por qué el pensamiento de una inminente separación se hizo espacio en mi mente
— ¿En qué piensas? — murmuró con voz suave, sus dedos subían y bajaban lentamente por la piel desnuda de mi brazo
—En que… no quiero separarme de ti—me aferré más a él.
— ¿Ya me quieres dejar? —su voz sonó triste pero divertida a la vez
—Estás loco, es que… la preparatoria terminó y… —no fui capaz de terminar, tenía ganas horribles de echarme a llorar
—Uhm… lamento informarle mi bella dama, que no pienso separarme de usted, nunca si es que me lo permite— escuché su risa musical y alcé la cabeza sin poder creerlo
— ¿Quieres decir que tú y yo iremos…? ¡Oh Edward! — sin saber que más hacer le abracé con todas mis fuerzas y él correspondió, no sé cómo pero terminé sentada en su regazo
—Tengo una pregunta— dijo al cabo de algunos besos
—Dime— tenía la cabeza pegada a su pecho
— ¿Sabes tú sí es que Cenicienta perdió algo? —su voz era divertida y levanté la cabeza para mirarle sorprendida
—Ella… ella… perdió un peine— dije sin salir de mi asombro. Hurgueteó en uno de sus bolsillos y sacó lo que nunca esperé que él tuviera— ¿Tú… lo encontraste? — asintió y con sumo cuidado tomó un mechón rebelde de mi pelo y lo acomodó con el peine que Alice me dio
—A nadie más podría vérsele de esa manera— llené su rostro de besos y él rió conmigo. Estaba segura de que éste era mi destino, estar a su lado y amarlo para siempre.
La noche la pasamos solo los dos, y la luna, que era la única testigo. Podría venir la muerte ahora mismo y no me importaría, siempre que estuviéramos juntos, tal como ahora, donde sus brazos me protegían de todo lo que algún día me hirió, y lo que me hizo perder la ilusión.
Así es como lo que comenzó por mensajes de texto y correos, terminó siendo mi mayor sueño, y que ahora viviría a cada momento,
Y puedo decir que a pesar de todo… mi cuento de hadas…. tuvo un felices por siempre….
…*- fin-*…
Hola!
*Vedettos: son bailarines que generalmente se llevaban a una despedida de solteras, ahí saquen conclusiones
Primero que nada muchas pero muchas gracias por ser tan rápidas para dejar sus comentarios, en serio.
Gracias a las personas que agregaron a favoritos y alertas, los que leyeron ahora y antes de que re-editara los capítulos, a las nuevas que dejaron sus reviews, muchas gracias de todo corazón y espero leerlas próximamente en otra de mis historias que espero publicar pronto c:
Un abrazote enorme y muchas bendiciones!
Chau chau
