Disclaimer: Los personajes de Sakura Card Captor pertenecen a CLAMP
Hitsuzen
Capitulo decimo
Aclarando sentimientos.
(Sakura)
El sábado por la tarde, después del instituto, me decidí a pasar un tiempo de calidad con Tomoyo en casa de ella, la misma que siempre me había parecido similar a un palacio de aquellos que sólo puedes ver en las películas extranjeras y que contaba con tantos corredores, jardines y habitaciones, que era muy fácil perderse si no llevabas la dirección adecuada.
Lo que más me tenía apesadumbrada, sin embargo, no era el hecho de extraviarme en el interior de la enorme mansión, porque no planeaba separarme de mi mejor amiga en lo que restaba del día, ni un poco. Más bien, lo que me tenía así de histérica, además de triste, era la horrible discusión que había tenido con Shaoran la noche anterior, cuando me decidí a notificarle sobre mis planes respecto a Yukito y los pormenores que incluía su asistencia al evento de esa noche, en el templo Tsukimine.
Nunca pensé, y lo digo enserio, que el asunto respecto a lo que planeaba hacer pudiera poner a mi amigo tan molesto, sobretodo porque me había hablado de una forma que no era nada característica en él y que solía guardarse, más bien, para todas aquellas personas que parecían fastidiarlo y con las que él no se llevaba en lo absoluto.
Y tal vez la culpable de todo eso habría sido yo, de cierta forma, porque hasta ese punto jamás me detuve a pensar en lo egoísta que podía haber estado actuando, sin considerar los sentimientos ajenos o la disponibilidad de tiempo de mis amigos, todo para cumplir mi capricho de salir con Yukito a cualquier lado que me pareciera hermoso, pues al final siempre creí que estar con él era lo más maravilloso que podría pasarme nunca y cualquier cosa que viniera ajena a eso estaba demás.
Sí, digo que lo creía, porque hasta apenas ayer pude percatarme de un sinfín de cosas de las cuales no tomé conciencia hasta que pude leerlas en un pequeño libro, colocado estratégicamente en uno de los estantes de la tienda que a Shaoran tanto le gustaba frecuentar y en el cual venían incluidos un montón de señales, signos y pruebas para darte cuenta de si la persona que te gusta es la indicada para ti o no.
No había leído los dos primeros capítulos, cuando un sentimiento de incertidumbre asaltó mi corazón y fue eso mismo lo que me orilló a pensar en que la mejor opción para mí, si quería saciar todas mis dudas respecto a lo que realmente sentía por Yukito, era enfrentar de una buena vez el asunto, tomar al toro por las astas y declarar lo que sentía desde hacía mucho tiempo, aunque ahora yo lo viera de otra forma distinta y no precisamente como un amor real, de esos que nacen entre un par de personas que conviven demasiado y comparten gustos en común, complementándose.
Pero es que estaba tan confundida, tan acongojada y dolida, que cualquier pensamiento al respecto se nublaba y era remplazado, casi al instante, por las palabras duras y llenas de enojo que Shaoran había dirigido hacia mí la noche anterior, producto de algo que no estaba comprendiendo demasiado, pero que me provocaba un sentimiento horrible de que había algo, dentro de todo eso, que yo había estado haciendo mal desde hacía mucho y ni en cuenta.
—No sé qué hacer, Tomoyo— me quejé, agachando la mirada hasta posarla sobre la mesita de café en la que descansaban un par de tazas con algo de té caliente y algunos bocadillos en un platito al centro —. Es decir, Shaoran nunca me había hablado así y siento que es mi culpa que lo haya hecho, aunque no sepa porque.
—No es culpa tuya que las cosas hayan terminado de esa forma— comentó, al tiempo que tomaba una de mis manos por encima de la mesa, en señal de apoyo —. Shaoran es un muchacho muy impulsivo a veces, probablemente haya dicho todo eso por la presión del momento, no creo que sienta realmente que eres una egoísta.
—Es que no lo entiendo— me sinceré —. No sé qué es lo que pasa con nosotros últimamente, porque, aunque lo intento, hay algo que me impide acercarme a Shaoran como antes y es ese mismo algo lo que me hace pensar cosas y no sé ni cómo tomarlas porque son pensamientos extraños.
—¿Qué clase de pensamientos, exactamente?— Tomoyo retomó su sitio, apenas unos centímetros delante de mí y yo sentí que me sonrojaba, incontrolablemente.
—Pues…— dudé —. Desde hace días estoy preguntándome como sería Shaoran si tuviera novia, porque, bueno, conmigo se comporta como amigo pero, hasta hace unos días, cuando le pregunté cómo actuaria si hubiera una chica que le gustase, pude ver en él una faceta de un chico totalmente diferente, extraño, no sé si lo entiendas.
—Y esa faceta, ¿Te gusta?— cuestionó, haciendo uso de una sonrisita que me hizo sonrojar aún más, de ser eso posible.
—N-no lo sé Tomoyo, ¿Qué clase de pregunta es esa?
—No quieras evadirme Sakura, porque sabes bien a lo que me estoy refiriendo— señaló, a la par que bebía un sorbo de la humeante taza de té y me miraba, acusadoramente —. Lo que pasa es que en ese momento dejaste de ver a tu amigo de años y pudiste darte cuenta de que hay un hombre en él al que aún no conoces del todo, porque incluso Shaoran puede tomar facetas de alguien distinto, con una persona que le parezca lo suficientemente especial como para hacerlo.
—Es sólo que jamás lo había visto de esa manera— concedí —. Además de que me sorprendió mucho y me hizo pensar en tantas cosas.
—¿Cómo cuáles?
—Bueno…— me detuve un poco, el calor de mis mejillas aun no desaparecía —. Shaoran tiene muchas cualidades y, cuando lo vi hablarme así, de una forma tan suave, tan tranquila, como si yo fuera lo más preciado en su vida, me dio la impresión de que no lo había estado viendo como realmente es y comencé a pensar en él de otra forma, como si…
—¿Cómo sí… qué?
—Como si me gustara— Tomoyo sonrió ampliamente una vez confesé lo que había estado oprimiendo mi corazón desde hacía mucho y yo no atiné a hacer otra cosa más que agachar la cabeza, con tanta vergüenza como me era posible —. S-sé que es muy raro, pero de pronto sólo pensaba en Shaoran e inclusive rechacé a Yukito para poder volver a casa con él ayer, es por eso que estoy tan confundida, porque por un lado aun siento que debo confesar mis sentimientos hacia el chico que me gusta y por el otro está lo que siento por Shaoran y el hecho de que no me gusta estar lejos de él, bajo ningún motivo.
—¿Y qué es lo que piensas hacer, entonces?— preguntó, luego de un par de segundos en los que pareció estar analizando el sentido que tenían mis palabras —. Porque hasta donde sé, tu plan es confesarte hoy por la noche, pero sigo sin entender cuál es el verdadero motivo detrás de esa declaración, porque al escucharte, parece que lo estás viendo más como una obligación que como un sentimiento genuino, ¿De verdad es lo que quieres hacer?
—Tal vez suena tonto pero, siento que si me confieso, todo en mi cabeza finalmente tomará lugar y ya no tendré dudas de nada.
—¿Y si te estás confesando a la persona equivocada?— cuestionó y yo sentí que el aire que había estado conteniendo en mis pulmones escapaba, como huyendo —. ¿No lo has pensado?, en el caso que tu confesión llegue hasta el corazón del joven Yukito y él corresponda a eso, ¿Vas a estar feliz con él?, ¿De verdad es la persona con la que quieres compartir todo?
—Bueno… yo…
—Una relación entre dos personas es algo más que simple atracción Sakura, es sentimiento, compromiso y entrega— dijo finalmente, interrumpiéndome en el acto —. Sólo tú puedes saber qué es lo que en realidad sientes por el joven Yukito, pero si de verdad quieres aclararte, te sugiero que cierres los ojos por un momento y analices lo que está sucediendo.
—Y lo he intentado pero no funciona— me quejé, con el mismo tono de voz desesperado que había estado utilizando desde hacía rato, mientras soltaba todo aquel montón de confesiones —. Sólo me confundo más.
—Tal vez sea porque no lo estás haciendo de la forma correcta— señaló, levantando uno de sus dedos sabiamente —. Compara las cosas, pon en una balanza mental lo que sientes cuando estás con el joven Yukito y lo que sientes cuando es Shaoran quien te acompaña.
Agaché la cabeza levemente cuando escuché la indicación dada por Tomoyo y casi al instante me vi cerrando los ojos, concentrándome lo más que podía, tratando de traer a mi mente memorias y sensaciones, sentimientos, todo lo que pudiera ayudarme.
Si lo analizábamos de esa forma, tal vez todo tuviera un poco más de sentido, porque cuando estaba con Yukito, me embargaba un sentimiento de nerviosismo y emoción, algo muy parecido a lo que me sucedía cada vez que veía a mi padre cruzar el umbral de la puerta, cuando volvía a casa luego de pasar días enteros en una de sus expediciones y yo había dejado de verlo por varios días.
Sin embargo, por otro lado, al concentrarme en Shaoran, cada vez que estaba con él sentía que no me hacía falta nada más, porque su compañía llenaba todos los vacíos que pudieran existir en mi mente y mi alma, además de que cada día con él era una aventura nueva que contar y me gustaban todas aquellas reacciones que a veces tenía sólo conmigo, que iban desde una sonrisa sincera hasta un sonrojo provocado por situaciones que pudieran parecerle vergonzosas.
Porque era con él con quien siempre lograba sentirme segura, el único que me protegía de todo y todos, el único que lograba ayudarme en momentos difíciles, él mismo con el que había reído y llorado tantas veces y el mismo a quien quería profundamente…
Mucho más de lo que quería a Yukito.
—No puede ser— susurré, apenas me di cuenta de mi descubrimiento y desde su sitio Tomoyo lanzó una risita cómplice, como si hubiera leído mis pensamientos —. ¿Y ahora, que voy a hacer?
—¿Ya te diste cuenta?— preguntó, haciendo uso de su mismo tono de voz pícaro y yo simplemente asentí, avergonzada —. Pues si las cosas están así, entonces debes decírselo a Shaoran cuanto antes.
—¿D-decírselo?, pero, es que…
—Hoy es una ocasión perfecta, además de que servirá como punto de reconciliación entre ustedes.
—¿Pero y sí me rechaza?— Tomoyo sonrió aún más ante la pregunta, pero yo no comprendí exactamente el porqué, pues en el instante siguiente, aun sin responder a mi duda existencial, mi amiga tomó su abrigo de un perchero cercano y me lanzó el mío con rapidez, incitándome a que me levantara para que saliéramos; seguramente en dirección al templo Tsukimine.
—Pues, no lo sabrás si no te confiesas, así que vamos, que seguro ya nos están esperando— no quise decir nada porque la situación tampoco se prestaba demasiado para que yo pudiera soltar algún otro comentario. Estaba de sobra decir que me sentía horriblemente nerviosa e intranquila, más ahora que había descubierto tantas cosas en cuestión de segundos y que por mi cabeza se pasaban ideas sobre lo que debía hacer o no.
No sé exactamente cuánto tiempo pasó, porque ni siquiera me había fijado mucho en el transcurso de los minutos mientras caminábamos al templo, lo único que supe es que de pronto las cosas sucedieron con más rapidez de la habitual y cuando menos vi ya estábamos en el lugar clave, observando las luces de colores que se extendían a lo largo del sitio y las pancartas que colgaban de algunos árboles, señalando la ocasión por la que se estaba llevando a cabo el festival.
Abrí los ojos desmesuradamente cuando observé como, unos metros más adelante, se encontraba Shaoran de pie al lado de un árbol frondoso, con una bufanda rodeándole el cuello y los ojos cerrados, como pensando.
Voltee mi vista hacia donde Tomoyo y ella me indicó, con un gesto de manos, que era el momento adecuado para acercarme, aunque en mi interior estaba que me moría de los nervios.
—P-pero ¿Qué pasara contigo y con Yukito?— pregunté, con pesadumbre, recordando de paso aquel detalle, el mismo que no podía quedarse a la deriva, por mucho que quisiera dejarlo atrás, sólo para concentrarme en lo que estaba por hacer.
—Por eso no te preocupes, yo lo esperare aquí y le explicaré todo, tal vez podamos caminar un rato y nos encontremos más tarde— respondió, al tiempo que reía y me guiñaba un ojo —. Tu encárgate de arreglar las cosas con él, ya sabes…— me sonrojé bastante cuando advertí el tono travieso de mi amiga y prontamente comencé a caminar hacia donde se encontraba él, todavía con los ojos cerrados, completamente ajeno al mundo que le rodeaba.
Fue en ese instante en el que comencé a preguntarme cómo iba a comenzar a revelar todos aquellos sentimientos que ya se habían apoderado de mi sin siquiera planearlo, no obstante, lejos de quedarme quieta o de acobardarme, un repentino impulso de valentía me hizo prácticamente correr y al instante siguiente lo tomé de la mano, guiándolo hacia algún lugar que quedara lejos de la gente y de los ojos curiosos de los demás.
—¿Sakura, qué haces?— preguntó él a mis espaldas, pero yo no me detuve a contestar o a decirle nada, contrario a eso seguía avanzando por en medio de las personas, internándome en el lugar, haciendo oídos sordos a cualquier replica o reclamo que él pudiera tener, por mucho que mi actitud le resultara extraña —. Sakura, oye, espera un momento— para cuando él quiso frenar mi avance, ya habíamos llegado hasta el puente que daba al lago del templo y que generalmente estaba solo, pues eran pocas las personas que solían pasar por ahí en fechas como esas, además de que la oscuridad no lo convertía en el sitio preferido durante la noche.
Contemplé por un segundo la luna que se encontraba en lo alto y seguidamente me di vuelta, encarándolo.
—Shaoran yo…
—Lo siento— mis ojos se abrieron en demasía cuando le vi desviar la mirada y mi corazón empezó a latir con una fuerza descomunal, amenazando con salirse de mi pecho —. Me comporté como un idiota contigo ayer, no debí hablarte de esa manera y no quiero que se arruine lo que has planeado para hoy, porque sé lo importante que es para ti este día y lo mucho que has estado esperándolo desde hace tiempo.
—Yo entiendo, pero, quiero decirte que…
—Y aunque dije que lo hacía por la invitación de Tomoyo, quiero que sepas que lo hago todo por ti, más que por nadie, porque siempre voy a estar contigo, apoyándote como… amigo.
—Shaoran, es que yo…
—Porque eso somos y eso seremos, siempre.
—¡Shaoran escucha!— harta de que estuviera interrumpiéndome y de sus incansables disculpas por un asunto que prefería dejar en el olvido, me decidí a levantar un poco la voz, para posteriormente acercarme un par de pasos hacia donde él estaba de pie, con las manos en los bolsillos y los ojos bien abiertos por la sorpresa —. Entiendo todo lo que dices, pero yo también quiero decirte muchas cosas y me gustaría que me escucharas, ¿Quieres?
—De acuerdo, lo sien…— no quería que siguiera disculpándose más de lo que ya lo había hecho, así que tomando un poco de osadía, me atreví a colocar mi dedo índice sobre sus labios, callando cualquier posible queja que tuviera o alguna otra cosa que quisiera soltar y lograra interrumpirme en mi declaración.
Me sonrojé un poco cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, pero, al ver que las mejillas de él también estaban coloreadas de un leve tono carmín, mi motivación fue en aumento y una risa se escapó de mis labios; muy ligera, casi inaudible.
—Yo, estuve hablando con Tomoyo hace rato y me di cuenta de algo— hablé, bajando las manos hasta colocarlas sobre mi pecho, a la par que desviaba la mirada y la llevaba hasta el suelo, sin atreverme a mirarlo —. Desde hace tiempo me siento muy extraña cuando estoy contigo y no sabía porque, así que me puse a analizar todo y me di cuenta de que…
—¿De qué?
—De que yo…— quise tomar valor, de verdad que quise hacer que las palabras salieran de mi boca, pero repentinamente se había formado un nudo en mi garganta, tan grande que me impedía soltar palabra, además de que el calor en mis mejillas no estaba ayudando para nada y el temblor de mis manos me estaba volviendo loca —. ¿S-sabes qué?, tal vez pueda decírtelo luego, e-el festival está por comenzar, a-así que vamos— estaba actuando terriblemente cobarde y lo sabía, pero pese a que en mi interior había una fuerte determinación por confesarme, no podía evitar que cierto temor me asaltara por arruinarlo todo o por hacer que nuestra amistad se fuera definitivamente a pique.
Así que evitando darle la cara comencé a caminar hasta pasar a un lado de él, con el firme propósito de dejar todo para otro momento, cuando las cosas estuvieran más tranquilas y la situación se prestara mejor…
Y lo habría hecho, de verdad que me habría alejado, de no ser porque Shaoran me detuvo sosteniendo mi brazo y luego de jalarme suavemente me pegó a su cuerpo, pasando su brazo alrededor de mi cintura y colocando una mano sobre mi rostro, obligándome a que le mirara.
—¿De qué, Sakura?— volvió a preguntar, como omitiendo todo lo que yo le había dicho posterior a eso, dejándolo en un olvido eterno que no sabía exactamente donde quedaba.
Le mire entonces, con el corazón desbocado, las mejillas ardiéndome, el cuerpo temblando y la respiración cortada.
Dios, si se acerca tanto… yo…
—De que…— contuve la respiración, un segundo, dos, hasta diez… —. De que yo...— Shaoran se acercó otro poco, podía sentir su rostro cerca del mío, su respiración chocando contra mis labios y sus ojos fijos en mi rostro, expectante, como si tratara de averiguar el secreto detrás de las palabras que aún no podía mencionar.
Y entonces, me di cuenta de todo…
Porque no iba a poder demostrarlo con palabras, más bien, necesitaba hacer que él lo sintiera, que supiera, lo más claramente posible, todos aquellos sentimientos que tenía hacia él.
Subí mis manos, que había mantenido pegadas sobre mi pecho y luego de sostener su rostro con ellas finalmente lo besé…
N/A:
Sé que dije que iba a actualizar hasta entrado el 2016 y eso, pero luego de hacer una encuesta en Facebook me di cuenta de que debía subir este capítulo antes de que el año terminara (mentira xD)
La verdad es que no pude resistirme a subirlo y menos porque ya lo tenía listo para publicar, así que aquí lo dejo, como un regalo de fin de año para todos ustedes, mis amados lectores que me han acompañado desde que empezó la historia hasta ahora.
Pues bien, ya saben que les deseo lo mejor para este año nuevo y que espero tengan un maravilloso día, como siempre.
Nos leemos prontito y que las musas los acompañen siempre.
Bye-Bye
