EL ROMEO Y JULIETA MÁGICOS
La chica que respondía al nombre de Rose se adelantó y se descubrió el rostro. La chica era una copia exacta de Hermione a excepción de los ojos, que eran azules, y su cabello pelirrojo.
—Buenas tardes a todos. Mi nombre es…
—¿Ya es por la tarde? ¿Pero si no hemos comido ni descansado nada? —dijo el Sirius del presente.
—Las horas y las líneas temporales se la sudan a la autora. Aquí el tiempo no corre o no importa si lo hace. Es bastante irónico teniendo en cuenta que parece gustarle jugar con el tiempo —dijo Dumbledore mientras se preparaba para tocar un redoble con el tambor en cuanto la chica dijera el nombre de sus padres.
—Bueno, me llamo Rose Julieta Weasley y mis padres son Ron Weasley y Hermione Granger.
Todo el mundo parecía haberlo deducido antes de que lo dijera, porque nadie se sorprendió. Nadie excepto Ron y Hermione, que estaban ciegos y no eran capaces de ver el parecido de esa chica con ellos. Ambos se miraron, en shock, sin ser capaces de abrir la boca.
—¿La petarda es nuestra hija? —preguntó Ron, confundido.
Hermione pareció salir de su shock y comenzó a hablar.
—Ron, llevo demasiado tiempo ocultando lo que siento por ti. Desde el primer momento en que te vi, supe que serías el amor de mi vida y el padre de mis hijos. Si llevo tanto tiempo sin decírtelo es porque no sabía si mis sentimientos serían correspondidos.
—Hermione, lo de que Ron bebe los vientos por ti es lo más obvio de este maldito mundo —le dijo Harry mientras Ginny y los gemelos asentían, dándole la razón.
Hermione los ignoró y prosiguió con su monólogo:
—Y si peleo tanto contigo es porque es el único modo que encuentro de descargar parte de esa tensión sexual que hay entre nosotros. Si tú sientes lo mismo por mí, me gustaría que lo intentaramos.
Ron, que no cabía en sí de alegría al saber que Hermione sentía lo mismo que él, se abalanzó sobre ella y la estrujó entre sus brazos mientras le daba un beso con el que parecía querer absorberla.
—¡POR FIN! —gritó todo el Gran Comedor, todo el Mundo Mágico, todo el fandom potterhead y todo muggle, animal, planta y ser unicelular que existe en esta galaxia.
A pesar de que el grito de alivio se había escuchado al otro lado del universo, Ron y Hermione no se separaron. Al contrario, su beso cada vez se volvía más intenso, caliente y lujurioso. Eso ya empezaba a adquirir un rate no apto para menores.
—¡Ronald Bilius Weasley! ¡Deja de exhibirte ante todos! ¡Eres un degenerado! —le gritó su madre.
—¡Idos a un hotel! ¡No quiero ver esto! ¡Ya tengo demasiados traumas, no quiero añadir otro más! —les gritó Harry.
—Oye, que aún tenéis mucho tiempo para crear a Rose. No hace falta que os pongáis a ello ahora —dijeron los gemelos.
Finalmente, Ron y Hermione se separaron, él con una sonrisa de felicidad absoluta y ella con el ceño fruncido.
—Ha sido maravilloso —dijo Ron.
—Ha sido el peor beso que me han dado en mi vida —dijo Hermione. Ron le miró, con su orgullo herido—. Incluso peor que el me dio Crookshanks. Viktor, Snape y Harry besan bastante mejor. Tú necesitas cursos intensivos.
—Uhm, que ricolino —dijo Harry mientras recordaba.
—¡¿Pero tú con cuánta gente te has besado?! —le preguntó furioso Ron.
—Con más que tú, Comadreja, eso seguro —le gritó Draco desde la mesa de Slytherin—. Ya verás, es una fiera en la cama.
—¿Desde cuándo Hermione es tan promiscua? —preguntó Fred.
—Desde que existen los fanfics, los ships out-cannon y los personajes OoC. No sé porque te extraña tanto, en esta historia hay de todo —le dijo Ginny.
—¿Me vais a dejar que me presente o nos vamos a tirar aquí todo el día? —preguntó Rose.
La gente que había congregada en el Gran Comedor, por alguna extraña razón, comenzó a prestarle atención. Satisfecha, Rose prosiguió con su presentación.
—Tengo quince años y soy Gryffindor. Odio el quidditch y amo leer. Todo el mundo me odia porque soy adivina y siempre estoy diciendo a la gente lo que tiene que hacer. Mi mejor amigo es Albus Potter y junto a él y mi novio Scorpius Malfoy componemos el nuevo trío dorado…
—¡¿SALES CON EL HIJO DEL HURÓN?! —preguntaron todos los Weasley, Harry y Hermione.
—¡¿SALES CON MI HIJO?! —preguntó Draco.
—Si, lo amo. Es el amor de mi vida —dijo mientras se acercaba a Scorpius y le daba un beso de película.
En el Gran Comedor se desató una batalla campal. Los Weasley y Draco Malfoy parecían indignados ante tal despropósito.
—¡Jamás te casarás con él! ¡Los Malfoy son nuestros enemigos mortales! ¡¿En qué demonios estabas pensando, Rose?! ¡Tu deber es casarte con Paris! —le gritó con furia Ron a su hija.
—¡Solo somos novios! Nadie ha dicho nada de boda, por Merlín ¡¿Y quién coño es Paris?!
Allí todo aquel que se apellidara Weasley o Malfoy gritaba insultos como si le fuera la vida en ello. Los del presente claro, los del futuro tenían ese drama ya muy visto.
—Rose, no puedes estar con él. ¡Scorpius mató a tu primo! —gritó Bill.
—¡¿Cómo?! ¿Pero a cuál de ellos? Tengo como cincuenta —dijo Rose.
—¡A tu primo Tebaldo! —gritó Hermione.
—¿Quién demonios es Tebaldo? Más Weasleys no, por favor. Que ya somos demasiados. Nos reproducimos como conejos, somos una auténtica plaga —dijo Rose, pero nadie la escuchó.
—Eso fue porque Tebaldo mató al amigo de Scorpius —gritó Draco.
—¡¿Tebaldo mató a Albus?! —preguntó Scorpius, asustado.
—No, yo estoy aquí —dijo Albus—. Y estoy vivo. Creo.
—No, al crío de Potter no, a Mercucio —le respondió Draco a su hijo.
—Yo no conozco a ningún Mercucio —dijo Scorpius, pero nadie le escuchó. Se dirigió a su novia—. Esto es un auténtico disparate. No entiendo qué está pasando.
—Esta historia ha sido un disparate desde el principio. No intentes encontrarle el sentido, no lo tiene —le respondió Rose.
Draco Malfoy y los Weasley se habían enzarzado en un duelo a muerte. Los gritos ya no bastaban. Viendo que nadie les hacía caso y con la presentación ya acabada, Scorpius y Rose se retiraron para dejarle paso al siguiente encapuchado.
—Madre mía, esto es como una telenovela —dijo Neville mientras comía palomitas de maíz y observaba el espectáculo.
—A mí me parece que la autora se está haciendo un lío y está mezclando Rowling con Shakespeare —le respondió Luna mientras cogía un puñado de palomitas y se unía a Neville.
