Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Gracias por adelantado por los reviews.
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Tranquilidad se respiraba en el aire actualmente tras las largas horas de intensa tensión hace una semana con la llegada de Lee al barco y, por fortuna, su marche en el mismo atardecer de su venida.
Kankuro ahora reposaba su cuerpo adolorido por la repentina paliza para escapar de él que le propinó Hinata hasta sin querer el desmayo y por lo cual se había disculpado por ello una y otra vez estuvieron las cosas resueltas; sentado con la espalda recargada en el mástil disfrutando de la suave brisa nocturna.
En otro momento, y con momento quería decir pasado, dormiría junto a la puerta de su hermano tanto para sentirse tranquilo porque de haber un ataque podría avisarle enseguida como tener en claro también que nadie lo iba a molestar por temor a perturbar al capitán, Pero no era posible poder dormir por las noches ahí porque Gaara era ahora quien agitaba la calma entorno al cerrado camarote.
Gaara y Hinata, porque ella también estaba implicada.
Ya era sabido por todos que rara era la noche donde demonio sanguinario no yacía junto a la heredera de los Hyûga en su lecho. Puede que no emitieran demasiado ruido de cama porque el pelirrojo no era escandaloso y, por observación, se veía bien cuando el capitán se quitaba la camisa para refrescarse del calor de las aguas cálidas, la señal de los rectos dientes de la peliazul en sus hombros y cuello o las marcas de sus uñas en su amplia espalda.
Empero, a pesar de que todos sabían que eso debería de doler, nunca, desde el primer día, Gaara salía con un rostro diferente que no fuera de estúpida satisfacción y gozo en sus fracciones.
Si al final resultaba ser que era algo masoquista.
Ahora mismo sabía que seguramente, lo había visto llevarla casi a hombros al interior del camarote cuan bárbaro por quien sabrá qué cosa le hubiera dicho ella y por ese brillo malicioso en la mirada, que ahora mismo Gaara estaría haciendo crujir la madera de la cama a base de bien. Por favor, si hasta el cristal del camarote estaba empañado cuando el resto del galeón estaban intactos.
Su hermano estaba recuperando al máximo el tiempo perdido sin mujer a su lado. No pudo evitar reírse al verlo tan alterado como un chiquillo lleno de hormonas, era casi entrañable.
Y eso que eres el capitán del navío.
No supo cuánto tiempo pasó realmente estando constantemente entre la línea de mantenerse despierto o el sueño, pero no lo suficiente como para llegar a dormirse del todo. Por lo que pudo ver la puerta del camarote de su hermano abrirse y el pelirrojo salir calmado para no molestar a la dormida Hyûga de un sueño reparador como seguramente necesitaría teniendo en cuenta lo que habían hecho hace tal vez una media hora atrás.
El pelirrojo lo vio desde la puerta y se acercó a él descamisado con unos sencillos pantalones de algodón negro y con una botella medio vacía de ron en mano. Dejándose caer sentado al tiempo que emitía un profundo suspiro de deleite y regocijo.
-¿Buena noche?- Como si no lo supiera al ver a Gaara tan suave y sereno.
-Sí-. Tomó un trago de la botella y apontocó la cabeza en el duro mástil contemplando el cielo con una imperceptible sonrisa-. Muy buena noche.
-Se nota por la cara de idiota enamorado que tienes ahora mismo-. Sonrió ampliamente, sin hacer ruido para no despertar al resto de tripulantes, cuando a pesar de haberle llamado idiota no obtuvo amenaza alguna del pelirrojo salvo un encogimiento de hombros-. Eso, y la nueva marca de dientes en tu cuello.
Se acarició a sí mismo la zona que su hermano le señaló y soltó una inesperada y baja carcajada. Le era tan divertido el pensar que ante todos Hinata era tan tímida, femenina y de aspecto frágil y, luego, en la intimidad con él se volvía tan apasionada y malditamente deliciosa por sus inseguros movimientos hacía él.
El mero recuerdo de hace unos momentos con ella le hacía alterarle la respiración y el poco vello que tenía erizarse.
-De no morderme, gritaría. Y no quiero que se entere todo el barco.
Kankuro negó con la cabeza para guardar la carcajada que estaba a punto de escapar de su boca.
-No es por nada pero todos sabemos que pasa una vez que la puerta de tu camarote se cierra al anochecer.
Cómo no saberlo si al día siguiente, cuando la puerta se volvía a abrir para que Hinata hiciera el desayuno y Gaara los despertara a todos para ponerse en marcha, éste tenía impreso corporalmente un aura de paz absoluta. Sí hasta incluso les dio los buenos días ayer.
Increíble lo que conseguía una sola mujer en alguien como el capitán del Shukaku.
Por supuesto, también era cierto que alguien que siempre careció de cariño y afecto como el pelirrojo, era normal que estuviera encantado ahora que tenía a la princesa consigo colmándole de todo lo que en un pasado no había podido tener y disfrutar. Así que por eso también comprendían lo furioso y fuera de sí que había estado cuando Lee llegó hace unos días con la intención de llevarse de vuelta a la peliazul.
Tanta furia y odio reunidos en un mismo ser humano era terrorífico. Pero toda esa mezcla mortal había sido detenida por el tibio toque de ella y unas pocas palabras.
Ponían sus manos al fuego al creer que si jamás encontraban el pergamino, a Gaara le daría igual los años perdidos de búsqueda porque ésta misma busca logró que obtuviera un tesoro vivo a su lado.
Incluso el propio pelirrojo estaba de acuerdo a ese pensamiento colectivo de sus marineros.
-Bueno, de saberlo todos es entonces más fácil saber que no deben tocarla.
-Créeme, nadie lo hará, quieren seguir con vida o con alguna parte de su cuerpo aún unida a ellos.
-Más les vale que así sea.
Aceptó la botella que le tendía su hermano y dio un pequeño trago para entrar un poco en calor mientras seguían conversando tranquilamente en la cubierta hasta que Gaara decidiera que ya era hora de dormir y el castaño fuera en busca de alguna manta para poder dormir sin riesgo de pillar frío.
-¿Puedo preguntar el motivo de por qué te has excitado tanto antes como para llevarla colgando en tus brazos al interior? Porque antes de que ella llegara a ti emocionada y feliz estabas muy tranquilo revisando los mapas.
-Hinata vino tan feliz a mí y, yo me emocioné tanto enseguida tras ella hablarme, porque ya ha terminado de traducir el libro antiguo para poder llegar al pergamino de la arena.
-¡¿Enserio?! Eso significa que…
-Sí,- no le dejó concluir su frase porque a pesar de no mostrarlo, estaba jubiloso- mañana nos pondremos rumbo a la isla donde está escondido mi futuro y el de nuestra tierra.
Que estuviera ahora mismo hablando con su hermano y no durmiendo plácidamente junto al desnudo cuerpo cálido y acogedor de Hinata como cada noche era porque estaba demasiado ansioso para poder dormir. Lo nervios lo estaban consumiendo, llenándolo de unas emociones arrasadoras entre: felicidad, esperanza y miedo.
No iba a pegar ojo hasta bien entrada la madrugada, así que no queriendo perturbar el sueño de su mujer, sí, porque ella era su mujer aunque no estuvieran casados, se fue de la habitación al exterior donde ahora estaba con Kankuro.
-¿Y después que pasará? Sabes que nadie va a despojar a nuestro padre del poder absoluto sin más.
-Lucharé contra él si es necesario, además, los consejeros son muy tradicionales, estarán del lado de quien tenga el pergamino. Y tal vez, si hay suerte, nuestro padre ya esté muerto. Por otro lado, cuento con el incentivo de querer ser lo necesariamente bueno en fortuna y prestigio para que Hiashi ceda en dejarme a su hija.
-¿Qué más da si ya la tienes? Ella ha dejado claro que no le importa lo que diga su padre, te quiere a ti.
Dejó la vacía botella a su lado y cruzó los brazos sobre el pecho cuando una fría brisa procedente del desierto cercano a ellos los abrazó unos instantes.
-Lo sé, pero no es lo mismo Sabaku Hinata, casada con un pirata mundialmente conocido como un monstruo que Sabaku Hinata, casada con el gobernador y señor de los reinos del desierto.
-Espera, espera, ¿te quieres casar? No lleváis ni un mes juntos.
-Eso también lo sé, pero de no estarlo su padre puede tener aún vía libre en quererla de vuelta para controlar cada instante de su vida. Y me niego. Y sabes que en nuestras tierras la poligamia está prohibida y que él no puede mover un solo dedo porque no pertenece allí. Hinata sería libre.
Muy buen punto si uno lo veía de ese modo y si se sabía la vida asquerosamente enjaulada que había pasado la Hyûga; que a él le contaron tras volver de la inconsciencia a manos de su ahora cuñada precisamente. Y sin olvidar la de su propio hermano, la inmensa soledad, desdén y desprecio de su padre desde su nacimiento hasta el punto de huir de la familia para tener paz.
Viéndolo de ese modo, la idea del matrimonio no era tan descabellada como al principio sonaba.
Se dio el lujo de actuar como hermano mayor al ver ese candor sincero y soñador en los ojos aguamarina de Gaara cuando estos siempre fueron tristes en su soledad y tan duros y gélidos como como el hielo. Revolvió el ya de por si alborotado y rebelde cabello del pelirrojo con una risa baja. Entreviendo con asombro que fue devuelta, en menor medida siendo el capitán como era.
-Entiendo que los nervios por al fin poseer lo textos traducidos te tengan más inquieto de lo normal para dormir,- No vio preciso decirle a Kankuro que ahora dormía mejor por cierta cosa que involucraba tener a Hinata bajo él durante largos y placenteros minutos. Así que decidió guardar silencio y dejar esas vivencias para su mente, cosa que le era un deleite el poder recordar cada instante con ella en la intimidad de su alcoba- pero, deberías intentar pegar ojo aunque sea un par de horas.
Le golpeó juguetonamente con el codo en el brazo y movió sugestivamente las cejas de forma picara. Haciéndole bufar al prever qué le iba a decir y sobre quién.
-Kankuro, no empieces.
-Tú tienes la compañía femenina y caliente en tu cama con la que disfrutar abrazado bajo las sábanas en las frescas noches del mar.
Pensaba replicarle pero, ¿cómo hacerlo si decía la verdad? Nuevamente optó por el silencio, era lo más práctico.
El débil sonido de las bisagras llamó la atención de los dos, que a la vez, vieron la puerta del camarote entre abrirse para ver a una desaliñada pero igualmente tierna e, irresistible para el pelirrojo, Hinata asomada al marco con la camisa que usaba de dormir de Gaara cada noche mal puesta, dejando su lechoso hombro descubierto.
-¿Gaara?- Lo llamó bajito para no despertar a nadie que estuviera dormido. Siendo palpable en su voz la preocupación.
-Te buscan-. Le dijo alegremente lo obvio al ver la figura de la peliazul mirarles desde la puerta con timidez al ser consciente del aspecto que tenía ante el castaño.
-Lo sé, hablamos mañana-. Se levantó estirando su espalda y lo miró de reojo un momento-. Que descanses.
Le hizo un movimiento con la cabeza para verlo enseguida ir hacía la peliazul y besarla mansamente, conduciéndola al interior del camarote con un brazo alrededor de sus pequeños hombros para preguntarle qué hacía despierta a esas horas y tras eso intentar dormir junto a ella en la cama luego de cerrar con el pie la puerta.
Esperó unos segundos sentado viendo la madera por la que desapareció su hermano y se levantó negando con la cabeza con una risa contenida al ver el comportamiento de quien era el mandamás de aquel galeón. Tomó de lo alto de una de las estantería de la cocina una de las muchas sábanas que tenían para cubrirse por si a alguno de daba frío en la noche pensando en lo mucho que estaban cambiando las cosas.
Siempre se había dicho que después de la tormenta llegaba la calma, y así parecía ser, después de todo el revuelo y estrés causado por el robo de la heredera de su casa, los problemas de Gaara por ella y lo que le hacía sentir y la aparición del cejudo de la marina con la intención de llevarse a Hinata de vuelta, todo estaba en calma. Paz absoluta que siempre era bienvenida tras el torbellino de emociones cada cual más intensa a la anterior.
Les hacía a todos mucha falta aquella tranquila el tiempo que durara.
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Enojado, airado, furioso, encolerizado, muchas palabras diferentes para explicar todas igualmente el estado temperamental del actual líder de los aristocráticos Hyûga en aquel instante. Recorriendo una y otra vez su despacho con impaciencia. Farfullando maldiciones incoherentes.
Ahora mismo Hiashi era como un barril lleno de pólvora al lado de un pequeño fosforo.
¿El motivo? Pues no es otro que ver el galeón que mandó traer de vuelta a su hija de manos de Demonio sanguinario entrar a puerto y no escuchar por ningún lado que su hija viniera con ellos salvo que Rock Lee estaba bastante malherido.
Todo el que pasaba cerca de su despacho no hacía más que comentar lo difícil y peligroso que habría sido el enfrentamiento para que un hombre como lo era el mejor pupilo del luchador cuerpo a cuerpo del general Gai había llegado con en aquel estado. Pero de su hija no se hablaba nada.
Se sentó en su silla buscando calmarse con papeleo amontonado en una esquina del escritorio a la espera de que algún mensajero fuera a él para contarle lo sucedido y no dejarse llevar por lo que decía la gente. Después de todo una cosa contada se distorsionaba de persona a persona y llegaba a oídos ajenos diferente a la realidad.
No pasó demasiado tiempo cuando un par de golpes se escucharon en su puerta.
-Adelante.
-Mi señor-. Kô, el antiguo cuidador de su hija mayor, entró en su despacho con una reverencia hacía él-. Lee-san me pide que le entregue esto con máxima urgencia y pide disculpas por no poder presentarse él mismo en persona por su estado de salud.
-Bien, ordena a los cocheros que preparen los caballos, quiero ir a hablar personalmente con él cuando La doctora Tsunade termine de curarlo.
-Lo que usted ordene, Hiashi-sama.
Dejó sobre su mesa un inmaculado sobre de color crema, justo frente a él. Se inclinó de nuevo temeroso y vacilante y salió del despacho con prisa sabiendo que pasaría a continuación cuando Hiashi le diera la vuelta al sobre y viera en sello en la cera.
Tomó el endeble mensaje para darle la vuelta, apretando inconscientemente el frágil papel al ver el sello que cerraba la carta. Un demonio.
Demonio sanguinario, el raptor de su hija, le había escrito un mensaje.
Saludos, Hiashi.
Te estarás preguntando el motivo de mi carta, también el hecho de que el hombre que enviaste a mí para recuperar a tu hija haya regresado al puerto con este sobre en sus manos en su lugar. La respuesta es clara.
Vencí, derroté las esperanzas que pusiste en robar aquello que yo te quité.
Se dicen muchas cosas de mí, historias de mi vida en el mar que como usted bien sabe gracias a su gran amiga la Marina, son más que ciertas y, como tal, sabrá por supuesto que si digo que su hija no volverá a su jaula de oro que es su hogar, no lo hará nunca.
Puede enviar un barco más, dos, incluso una flota entera, lo reto a intentarlo. Lo único que obtendrá a cambio es sangre derramada, no habrá hombre en el mundo que me arrebate a su hija de mi galeón. No ahora por lo menos que es completamente mía. Mi mujer.
Sí, Hiashi, ¿qué se siente al saber que su hija se ha entregado en cuerpo y alma a un buscado y sanguinario pirata? ¿A mí? No me complace decirlo, pero ahora compartimos un lazo que relativamente nos hace familia, querido suegro. Y como tal, de familia a familia, comprenderá que es su obligación decirle a ese noble con el que pensaba comprometer a mi mujer que no hay trato, al fin y al cabo, ¿aceptaría a una no virgen como esposa? En el caso de que ella ya no estuviera en mi posesión quiero decir, por supuesto.
Si lo que buscaba era prestigio y honra para el apellido que tanta miseria posee a su sombra desde la huida de su hija menor, le complacerá saber que lo tendrá de nuevo pronto. Sabrá antes de lo esperado sobre mí con el nuevo título y poder que voy a obtener.
Tal cual quería tu orgullo y ambición, Hinata, al final ha terminado con alguien de prestigio y poder. Todos salimos beneficiados.
Puede, con el tiempo, si yo lo veo conveniente para la seguridad de mi familia y sí ella quiere y te acepta de nuevo, te permita venir a casa para que veas y conozcas a nuestros hijos. Hasta entonces no quiero saber nada de ti ni que te acerques a ella o, te mataré.
Solo me queda por decir una cosa antes de concluir este mensaje.
Yo he ganado.
Apretó con furia el papel, doblándolo en su mano por la excesiva fuerza empleada y por el bochorno que lo recorría en aquel momento por la información leída.
Se sentía tan ridiculizado tras leer todo aquello. Esa carta no era más que una burda burla hacía él por parte de ese malnacido y asqueroso pirata, ¿Por qué si no se habría dignado a decirle todo aquello por tinta? Hablarle sobre su victoria, invitándole a intentar detenerlo de nuevo y señor, decirle que había tomado la virginidad sin ninguna oposición de parte de su hija.
No sabía que era peor para su orgullo, sí que Sabaku no Gaara, mundialmente conocido y buscado cuya cabeza valía más que su mansión le restregara en las narices lo que había ocurrido con su hija en su lecho o, saber que su propia sangre había estado dispuesta y había permitido que ocurriera tal cosa con semejante hombre.
La idea de pensar en su hija retozando con un pirata de semejante talante lo ponía tanto enfermo como furioso.
¿Cómo se atrevieron ambos? No habían hecho más que aumentar la deshonra de los Hyûga.
Nada más pensar en lo que la gente de la cuidad y todo el que conociera la grandeza de su familia diría si supieran todo lo que la carta contaba, cada burla, cada acción y osadía lo enervaban. Sería terrible.
Gruñó de nuevo viendo el panel de notas de su despacho, concretamente ese cartel de busca y captura del pelirrojo donde hizo la promesa de destruirle con sus propias manos.
Arrancó el papel de la pizarra de notas con ira y al igual que la arrugada carta en su mano, lanzó ambos papeles al fuego tenue de la chimenea, viendo la imagen inexpresiva de Demonio sanguinario consumirse por las brasas hasta volverse cenizas.
Maldiciéndole una y otra vez con los puños apretados, tomó asiento de nuevo en su silla e intentó, sin éxito, tranquilizarse e intentar conservar algo de dignidad. Porque casi toda se la arrebató Gaara minutos antes.
Para colmo, y peor de toda la situación, es que como bien le había dicho él, había ganado en todas la de la ley. Si su hija ya no era virgen poco servía para casarla y obtener beneficio, por el mismo motivo tal cual le confesó Sabaku, no iba a dejar marchar a su ahora mujer. Mandar a más marines tras su cabeza no serviría de nada porque era un experto en aquellos mares, inatrapable. Y mandaría a su sobrino Neji a por ellos pues era quien más oportunidad tenía de lograr una victoria, pero ¿para qué? Hinata ya no era pura para casarla.
Todos sus planes se los destrozó por completo, en un instante.
Lo odiaba, lo detestaba, no, corrección, los odiaba, a los dos, a Demonio sanguinario y a Perro-lobo, dos malditos piratas que le habían destrozado la vida al llevarse consigo los dos a sus dos hijas, a las que les correspondía tomar sobre sus hombros el legado de poder y riqueza que eran los Hyûga.
¿Qué era ahora su prestigio más que una familia cuyas herederas se habían ido sin pensárselo a los brazos de dos fugitivos de la ley?
No podía hacer nada, no tenía ideas que intentar para solucionar el enredo en el que estaba metido, no sabía cómo enmendar lo que sus hijas habían hecho por dejarse llevar por el estúpido corazón y no por el deber.
Gaara había ganado y él había perdido.
Era un duro golpe a su orgullo, que no era poco precisamente. Pero por ello, ahora mismo, no quería saber absolutamente nada de sus hijas. Suficiente agravio habían provocado ella para merecerse su preocupación.
¿Conocer en un futuro a sus hijos si lo veía conveniente? Ni hablar, el orgullo no le permitía aceptar aquello como su familia. Jamás. Era una aberración para él saberse teniendo nietos con un pirata.
No lo aceptaba. Estaba siendo demasiado orgulloso, lo sabía, pero no admitía su inminente derrota así sin más. Ni hablar, aunque eso le costara a sus hijas, su propia sangre. Alejarlas completamente de él en todos los sentidos de la palabra.
El peor pecado que portaba era su orgullo y vanidad. Y por esos mismos había perdido tanto.
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Estaba tumbado cómodamente en el colchón, tras haber despertado hace poco tras unas pocas horas de sueño esa noche. Y es que por mucho que ella lo calmara y relajara, los nervios por saber que irán a cumplir de una vez por todas su sueño estaban ahí.
Acariciaba de arriba abajo suavemente la tersa y blanca piel de la cintura y cadera de Hinata, que dormía plácidamente dándole la espalda y abrazando uno de los cojines de la cama.
Cuando se despertó al no sentirlo en la cama y salió en su busca encontrándolo hablando con su hermano, más que intentar dormir al volver con ella al interior del camarote solo consiguió que una caricia furtiva después de tumbarse a su lado pasara a un beso tierno y cariñoso, la caricia furtiva a un contacto más intenso al dirigirse su mano a la preciosa curva de sus glúteos para sentir sus generosos senos entrar en contacto con su duro pecho.
Por Neptuno, con solo eso se había olvidado por completo de dormir y se abandonó a las sensaciones que el perfume natural de la peliazul y delicadeza de su piel le producían.
Al final por supuesto que se había dormido pero de puro cansancio cuando se sació de nuevo con ella. Claro que, los nervios ahí seguían, por lo que no pudo dormir más que unas pocas horas.
Por eso ahora mismo se encontraba pasando los dedos por las sinuosas curvas lechosas del cuerpo con el que compartía su cama. Buscando la manera más mansa de despertarla al sentir movimiento de sus hombres en cubierta sin sentirse culpable al interrumpir su sueño.
Aunque no le hizo falta al verla moverse para ponerse en posición fetal y apretar los parpados un poco antes de relajar el cuerpo y parpadear varias veces adormilada.
Giró sobre sí misma, encontrando esos ojos del color del mar que tanto de gustaban mirándola a ella. No pudo evitar sonreír cuando lo vi pasar su brazo a su alrededor e inclinarse hacia ella con la intención de robarle un beso.
Beso que obviamente no le negó y devolvió con gusto.
-M-me encanta despertar así cada mañana.
-A mi irme a dormir como anoche.
Sonrió levemente de lado cuando Hinata le golpeó en el hombro sonrojada al saber a qué se refería con como anoche.
-Lujurioso…
-Me reconozco culpable. Pero no me arrepiento-. Rozó sus labios otra vez castamente y se levantó del colchón tras quitarse las sábanas de encima. Acercándose desnudo a su ropa para comenzar a vestirse-. Vamos, tras el desayuno nos pondremos en marcha para ir a buscar el pergamino.
Con la blanca tela cubriendo su desnudez, se acercó al gran barreño para darse una rápido y necesitado baño con agua dulce, Dios, se le tendría que haber ocurrido antes que con el calor y algo de tela podría eliminar la sal del agua y poder usarla para ducharse como tendría que ser.
Gaara lo haría luego, se lo dijo antes de salir del camarote para informar a la tripulación, pero ahora lo primordial para él era ponerse en marcha cuanto antes. Por lo que no demoró con su aseo para no hacerle esperar más.
Con la ropa que Gaara le había dado para ella al tener su vestido sucio, que gracias al extraño hecho de tener hilo, aguja y tijeras había podido remendar para que no le quedara como un saco porque era más que visible la diferencia física entre ellos, salió a cubierta para ir a la cocina y preparar un rápido desayuno.
Recibiendo para bienestar el saludo de los hombres al mando del capitán con los que se cruzaba hasta perderse en las puertas dobles de la cocina. Entrando en sus dominios del barco. Rió por ese pensamiento, porque todo coincidían en decir que la cocina era suya, no había quien le llevara la contraria allí porque era la única en aquel galeón que sabía distinguir un cuchillo para deshuesar de cortar.
Poco a poco todos los miembros de la tripulación fueron acercándose a ella cuando el olor de la comida empezaba a llamarlos a todos como un canto de sirena a un marinero. Cuando todos tenían su plato servido y el capitán estaba sentado presidiendo la mesa, comenzaron a comer mientras conversaban del libro traducido que Hinata tenía sobre la mesa leyendo, sentada en el regazo de Gaara.
-¿Qué dice el libro? ¿Sabes donde tenemos que ir? –Preguntó Kankuro al terminar de tragar.
-Te di-dice paso a paso que direcciones tomar-. Ojeó masticando con las mejillas sonrosaras un trozo de melocotón que tomó del tenedor que le ofrecía el pelirrojo-. Dice que él pergamino lo escondió un tal Shamon*.
-¿Shamon? – Gaara enarcó una inexistente ceja al escuchar el nombre salido de labios de Hinata-. Fue el segundo líder de los desiertos tras la creación de todos los pueblos y ciudades de las tierras áridas. Gobernó con algo de dureza y mano dura, pero gracias a eso consiguió sacar adelante a la población con los pactos de mercancías exóticas al resto del mundo y sacarnos del anonimato.
Kankuro tomó la palabra al terminar su hermano.
-Ahora veo con lógica que esa marcha que constaba en los libros de registro del pesado que una marcha de un mes de él llevándose el pergamino, volviera sin él. Ya sabemos en qué momento lo ocultó para que no hubiera más intentos de asesinato por obtener el poder. Como él era el que gobernaba y no era posible recuperar el pergamino por desconocer su paradero, cuando abdicó de su puesto por motivos de salud por su edad, cedió su puesto al siguiente gobernante.
-¿Quién manda ahora?-. Quiso saber interesada en la información recibida, recordando haber escuchado algo en clases de historia del mundo en la política.
-¿Recuerdas que te dije que provenía de una familia acomodada?- Ella le asintió recordando una conversación de hace una semana-. Mi padre es el actual líder, Rasa.
-¿Ra-rasa?- Parpadeó perpleja al oír al pelirrojo. Recordando una noticia fresca de hace poco más de un año que llegó a la mansión y de la que tenía que saber para hacerse en un futuro heredera-. Te equivocas, ya no es el actual líder.
-¿Cómo?- La miró con duda, buscando que le resolviera la duda que ella acababa de originarle.
-Gaara, el año pasada llegó una noticia al parlamento de la cuidad diciendo que Sabaku no Rasa, líder de las tierras áridas, había sido asesinado por un golpe de estado contra su manera de gobernar injusta para el pueblo. Los consejeros llevan un año haciéndose cargo de gobernar hasta que aparezca alguien que de verdad sepa llevar las riendas correctamente para no caer en el mismo fallo que tuvieron con tu padre.
El pelirrojo, todo lo contrario de parecer afligido por saber que su padre estaba fallecido por un asesinato, estaba más sorprendido por el hecho de que si encontraba el pergamino no tendría siquiera que luchar para poder tener el lugar que quería. No tendría problemas de ningún tipo por lucha de poder y por saber que todos eran tradicionales en cuanto leyes antiguas.
Sonrió emocionado apretando el agarre entorno a ella y tomando de las delicadas manos de la Hyûga las traducciones para leer la primera hoja. El desayuno ya era historia.
-Bien, muchachos, pongámonos en marcha, según el libro debemos ir a ese lugar donde el viento siempre sopla-. Cerró el libro y lo guardó en el fajín-. Todos sabemos qué ese lugar es isla tormenta. A pocas horas de aquí por suerte.
El galeón hizo un giró sobre sí mismo que los inclinó a todos cuando ya estaban en sus puestos para tener el viento a su favor e ir directos al lugar indicado. El final de su aventura durante tantos años estaba acabando.
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Shamon: si buscáis información de Naruto, descubriréis que fue el segundo Kazekage de Sunagakure, por lo que decidí añadirlo para mi trama como necesitaba.
Bueno, otro capítulo más que nos acerca al final y que cumple la cuota de este mes con este fic.
Tengo que deciros que ya quedan dos capítulos si no se me alarga mucho la cosa escribiendo como me suele pasar cuando digo que ya quedan pocos capis por hacer para terminar la historia.
Y bueno, no me queda más que decir en este capitulo.
Especial gracias por reviews a:
RukiaNeeChan
Rose101226
Tsubaki2345
Gaahina-kokoro
Brissa Mayeli
Liz
Whisperwind-v
Karla-eli-chan
Camilex
Y
RuliMoon
Hasta el próximo capi. Cuídense.
Publicado el 18 de marzo del 2015.
