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El Amor de un Ángel Inmortal

Por Ladygon

Capítulo 10: La confesión de un sospechoso.

Los días de vacaciones, no pudo desaparecer como solía hacer, pero tampoco podía estar todo el tiempo en casa. Por eso salía al market, compraba mucho pan y también cosas no perecibles, porque comprar solo pan, hacía que las personas lo miraran extraño cuando pagaba en la caja un montón de pan sin ninguna otra cosa de acompañamiento, como mantequilla o algo. De ahí iba derecho al parque a darles las migas a los patos y a las palomas. Después, se ponía a leer en una banca frente a la laguna artificial de los patos. Pasaba toda la tarde ahí y luego volvía al departamento, donde guardaba las cosas no perecibles que no comería. Como todo eso le quedaba cerca de su casa, no usaba el transporte público, pero debería usarlo cuando comenzaran las clases, para que no pareciera sospechoso al desaparecer de improviso con su teletransportación.

Pasaron ocho días con la misma rutina. Un día de estos, cuando estaba dando de comer a los patos, sintió la presencia del detective de policía. Castiel lo sintió a bastante distancia, pero mantuvo su posición como siempre y se puso a leer. Hace días el tipo lo seguía y tenía curiosidad de saber qué quería de él.

El oficial llegó hasta atrás del banco y luego se sentó a su lado en silencio. Un minuto después, habló, ya que Castiel seguía con su actitud concentrada, leyendo ese libro de enfermería de siempre.

—Bonito día para leer al aire libre —dijo el oficial, llamando la atención de Castiel.

Castiel desvió su vista del libro para verlo a los ojos. Leyó su mente en el acto y no le gustó nada lo que vio. Volvió la vista al libro.

—Está lindo. —Castiel miró los patos en la laguna y otra vez se maravilló de la creación de su padre—, y esto es hermoso ¿No parece de esos cuadros que gustan colgar en la pared de su casa?

El detective abrió los ojos y eso lo puso en alerta, porque tenía un cuadro, efectivamente, en la pared de su casa. Las mismas características, salvo de que no eran patos, sino cisnes de cuello negro.

—Cierto, ¿sabe? Hice lo que me dijo y vi las grabaciones —dijo, cambiando rápidamente el perturbador tema—. No hay nada, también fui a la casa del chico y hablé con su madre. Una señora muy agradable y de carácter fuerte. Me sorprendió ver cómo lo defendió a usted. Me refirió una historia interesante de hace dos años.

Silencio.

—Ella le pidió que dejara de ver a su hijo —continuó el agente—, y usted lo hizo de forma inmediata.

—Por supuesto, era el pedido de su madre, no podía negarlo.

—A mí me parece extraño eso, ¿no se supone que él era su amigo?, ¿tan fácil deja a un amigo?

Castiel pensó un momento. Eso era una trampa para caer redondito. Prefirió no responder, porque si decía algo caería. Como guardó silencio, el oficial sacó su carta sobre la mesa. Castiel sabía lo que venía, pero no tenía salvación. Trató de mantener mucho tiempo el engaño y eso es casi imposible. Unos días sí, pero cuatro años es demasiado.

—Investigué su identidad. Resulta que es falsa. No existe ningún enfermero llamado Castiel Novak. Dígame una cosa, ¿quién es usted?

—Si se lo dijera, no me creería

—Me lo dirá en la estación de policía, entonces.

—No iré a la estación de policía —dijo de forma tajante Castiel.

El policía se enojó y sacó las esposas.

—Me acompañará, lo quiera o no —dijo el detective, tomando el brazo de Castiel para esposarlo.

—Soy un ángel —confesó Castiel con simpleza.

El policía lo quedó mirando con extrañeza.

—Usted está loco. Ahora iremos a la estación y veremos sus huellas…

El ruido de un aleteo, y ambos aparecieron en la casa del ángel. El oficial se asustó, soltó el brazo de su sospechoso y profirió una grosería mientras se alejaba hacia la puerta para escapar. Sacó su arma de servicio con nerviosismo para apuntarle, pero el otro desapareció ante sus ojos y apareció detrás de él. Castiel estaba frente a la puerta. El hombre pegó un salto hacia atrás.

—¿Qui…quién es usted? ¿Qué cosa es? —dijo el pobre oficial, retrocediendo hacia el otro extremo de la habitación.,

—Ya se lo dije, pero veo que no es hombre de fe.

Castiel concentró su poder. Sus alas se proyectaron en la pared y en la puerta cerrada. El ruido de relámpago, también lo iluminó como siempre era lo acostumbrado en tal muestra. El policía miraba al ángel con estupefacción mientras que su arma temblaba en su mano.

—Puede disparar si quiere, las balas no me dañan.

—Está bien, está bien… —dijo el asustado hombre—. Digamos que le creo. Eres un ángel, entonces, ¿por qué estás aquí?

Levantó el arma con cuidado e hizo el movimiento de guardarla en su funda dentro su traje, pero cambió de idea y la dejó en su mano al escuchar las siguientes palabras del ángel.

—Por Dean, soy el ángel de Dean.

Un pequeño silencio para sopesar la situación y finalmente, aceptar los hechos como reales.

—Bien, Ángel de la Guarda, ¿y por qué estás…? , digo, ¿visible?

—Porque Dean me necesitaba y fue necesario. No fue mi intención.

—¡Dios mío! ¡No puedo creerlo! —decía el tipo, paseando por la pequeña sala como animal enjaulado y agarrando su cabeza con la pistola todavía en su mano.

—¿Por qué no se sienta? Le explicaré con calma.

—Está bien, está bien… —dijo el hombre, sentándose en la única silla—. No lo puedo creer.

Ahora sí, guardó su arma y dio un largo suspiro.

—Eso ya lo dijo. Sé que es difícil de creer, a Dean también le costó la primera vez que me vio —dijo tomando asiento en el cajón—. Dean me fue asignado para cuidarlo desde bebé…

Castiel omitió olímpicamente, la historia de la otra vida pasada, porque ese conocimiento no debía estar en poder de los hombres, salvo en el afectado. Además, no quiso alargar la historia, de forma innecesaria. También evitó hablar de Sam. Solo dijo todo lo relacionado con su custodia al bebé y su paso de convertirse en su amigo imaginario a ángel guardián invisible, silencioso. El oficial lo escuchaba expectante.

—Mi idea desde el principio, era quedar de forma invisible por el resto de la vida de Dean, pero… él cambió. Sus padres estaban muy preocupado por él y lo iban a internar en un hospital siquiátrico por recomendación médica —dijo con tristeza.

—Fue cuando usted intervino —completó el oficial.

Castiel asintió con la cabeza.

—Sabía que corría un gran riesgo, pero me atreví a falsificar mi identidad. Moví los currículums del antiguo enfermero para que consiguiera el puesto que deseaba y después moví el mío para conseguir convertirme en el enfermero del colegio. En ese tiempo, Dean estaba siempre con moretones por peleas, es natural que fuera a la consulta el primer día de mi instalación.

—Entonces, él lo conoció a usted.

—Yo creo que me reconoció. Dean tiene buenos instintos y pudo sentir mi esencia, pero él no lo sabía. Fue algo intuitivo de su parte. Nos hicimos amigos de inmediato. De esta manera, podía conversar con él y sacarlo del mal camino, cuestión que logré… con un costo: Dean se enamoró de mí.

—Entiendo…

—No, no entiende. Ese chico es especial, posee la capacidad de lograr lo que quiera en la vida. No existe lo imposible para él y él me quiere a mí. Nada, ni nadie, ni siquiera yo, puede evitarlo. Dean me tendrá tarde o temprano y yo no puedo detenerlo.

—¿No estará exagerando?

—No —la respuesta fue tajante—. Lo he retrasado todo lo que pude, haciendo promesas para el futuro. Traté, incluso, que se consiguiera novia o novio, amigos. Una vida normal, pero su meta soy yo. Todo ese estudio y beca, pretende crear una vida de éxito, solo para que yo me quede a su lado. Fue capaz de esperarme cuatro años. Cuatro años es mucho para un niño humano, para mí no es nada, ¿pero se imagina todo lo que sufrió durante ese tiempo? Dean es capaz de sufrir eso y más, yo lo sé, su resistencia es fuerte.

—Habla de él como un ser excepcional.

—Lo es, por eso es tan importante. Yo pude darle a Dean lo que quería mucho antes, pero no lo hice, porque sabía de las leyes humanas sobre los menores de edad. A mí no me afecta, no soy humano, no pueden encerrarme, ni aplicarme ningún castigo, pero Dean es diferente.

—¿Quiere decir que no tocó al chico solo para mantener la reputación de él?

—La de él y la de su familia. Mi misión siempre ha sido que tuviera una vida feliz, ideal y normal. No puede ser normal si lo involucran en un caso de violación.

—¡Vaya!

—Como ve, no puedo permitir eso. Planeaba estar en ese colegio hasta que Dean cumpliera dieciocho años y después irme de ahí, desaparecer. Si él está ahora en la universidad, pensaba que podría conseguir una novia, incluso tener hijos, pero sino sucede... Decidí borrarle la memoria apenas cumpla la mayoría de edad.

—¿Puede usted hacer eso?

—Es una de mis habilidades. Borraré solo los recuerdos de mí. Será como si nunca me hubiera conocido.

—Pero… ¿No dijo usted que el chico es especial? ¿No cree que sabrá del engaño?

—¿Cómo? —Castiel ahora estaba confundido.

—Si el chico tiene buenos instintos, leerá su presencia. Usted dijo que la leía. Él sabe cuándo está cerca ¿O no? No sé mucho cómo funciona esto.

—Por eso me mantendré lejos.

—¿Y cuándo usted tenga que salvarlo? ¿No lo reconocerá?

Castiel guardó silencio. Eso no lo había pensado bien. Es cierto, si por algún motivo debía intervenir para salvarlo de algo, como cuando lo salvó de ser atropellado, Dean sentiría su presencia. Peor aún, estaba la posibilidad de que no llegara a tiempo si estaba tan alejado de él. Por ejemplo, si lo asaltaban en la calle, si le disparaban, si…

—No lo había tomado en cuenta —respondió Castiel, confundido.

—Si lo reconoce, ¿le borrará la memoria al chico?

—Puedo, pero… no podré protegerlo de cerca.

—Bueno, eso es complicado en el mundo policial, no sé cómo será para un ángel.

—También es complicado.

—¿Entonces qué hará?

Silencio. En realidad no tenía ni idea. Estaba atrapado. Pensando mejor, siempre estuvo atrapado, desde que acompañó a Dean a esta vida. Si hacía algo en contra de los deseos del chico, este lo sabrá. No se imaginaba cómo Dean podría enterarse, pero conociendo al ex cazador y lo que era capaz de hacer, no debía subestimarlo.

—Será lo que Dean decida.

Ya está, en el fondo estaba feliz con su conclusión.

—¿No quería que el chico tuviera una vida normal?

—Todavía Dean puede enamorarse de una chica, aunque yo soy un ser celestial, y no sé nada sobre "vida normal".

—Eso tiene sentido ¿Ahora qué hará conmigo?

—No lo había pensado. Sí, debo hacer algo con usted.

—Espero que nada malo —dijo con temor el hombre.

—Le borraré la memoria sobre mí. Usted es el único quien se resistía a dejar la investigación, pese a que el caso lo cerraron.

—Sí, bueno, no se encontraron pruebas en su contra, pero usted es muy sospechoso y por eso decidí corroborar su identidad.

—Quería hacerme confesar en la estación de policía. Ya tiene mi confesión, aunque no podrá usarla.

—¡Nadie me creería! Terminaría derecho en el siquiátrico —dijo el detective medio divertido con la situación.

—No es un lugar muy bonito.

—¿Duele eso que me hará? —preguntó curioso el hombre.

—¿Qué cosa?

—Eso de la memoria.

—No, no duele.

—Solo quiero saber si hubo estupro. Ya sé, ya sé, que eso no importa a esta altura, pero me gustaría saber para satisfacer mi curiosidad.

—Nunca he copulado con Dean, si es eso lo que quiere saber. Tampoco podría violarlo, en realidad, nadie podría violarlo. Él es muy fuerte, además, me tiene a mí para cuidarlo.

El agente de policía rio divertido.

—Debo confesar que no lamentaré el no recordarlos a ustedes dos, pero me asalta una duda ¿Por qué no me borró la memoria antes, en vez de contarme todo esto?

Castiel lo miró con curiosidad y procedió a borrarle la memoria al oficial. Lo dejó, desmayado en su auto estacionado cerca del parque.

Pensó en la pregunta del policía ¿Por qué lo hizo? Quizás, porque necesitaba hablar con alguien. Fue buena decisión, porque pudo ver que borrarle la memoria a Dean no era una opción, sino podría protegerlo en caso de problemas, no servía. Ser su ángel guardián era la principal misión de Castiel.

Fin capítulo 10

Hola a todos, aquí un nuevo capítulo de este fic. Gracias por leer y por sus comentarios. Pobrecito Cas se sentía solo y necesitó a alguien para contar sus penas.