Resumen: Nadie amaba tanto la música como lo hacía Ariel, excepto quizá su madre. Era una conexión única que existía entre ambas, pero cuando una gran tragedia golpea a la familia real la música dejo de ser alegría para la familia convirtiéndose únicamente en dolor. Años después, cuando Ariel siente que la música que tanto ama se le escapa de las manos y no hay nada más allá del agujero negro, será su familia la que deberá encontrar la manera de escapar del dolor para devolverle la sonrisa a la joven.
~ Disclaimer: The Little Mermaid es una obra escrita por Hans Christian Andersen y una adaptación al cine y a la televisión basada en el libro.
~ Melodía del corazón ~
10
Y dejó de sonar
Ya habían pasado dos meses desde el accidente que Ariel había tenido y las cosas no podían estar más raras desde entonces. Había sido difícil para la pelirroja acostumbrarse a usar una mano que no era su dominante y pese a que tenía buena coordinación en el piano con ambas manos, eso no significaba que influyera en todo lo demás. La gente solía decir que de ensayo y error se aprende, pero ella más bien se sentía como una muñeca autómata cada vez que miraba su mano derecha casi inmóvil y cuando tenía problemas para usar su mano izquierda.
La primera vez que notó que iba a tener más problemas de lo que pensó había sido cuando tuvo problemas para vestirse, prácticamente estuvo peleando al menos durante diez minutos con una camiseta para poder colocársela y negó toda ayuda que sus hermanas pudieran darle.
Vestirse: listo.
No fue sencillo.
Lavarse: listo.
Fue aún más difícil cepillarse los dientes con la mano izquierda dado que no era su dominante. Sus encías la culpaban del dolor (y Alana, por el… rojo resultado)
Desayuno: listo.
Sin problemas, no estuvo nada mal.
Almuerzo: listo.
De alguna manera había sobrevivido al almuerzo, pero no fue fácil. Primero comenzó como todos los días, ella estaba en el salón familiar viendo alguna película (algo que había comenzado a hacer mucho) cuando escuchó que la llamaban para almorzar. Cuando miraba atrás, ella recordaba que aquel había sido apenas el tercer día desde su accidente y debido a la bota en su pierna, recorrer el camino hacia el comedor le había tomado el doble de tiempo entre el cojeo y entre las paradas para descanso, aun así con terquedad y orgullo se negó a usar la silla de ruedas y se forzó a sí misma a llegar al comedor.
Y llegó…
Nadie podía negarlo.
El problema no fue ahí sino fue en la comida.
La conversación de ese día durante la mesa no tuvo relación en nada a su accidente, gracias a dios. Por el contrario, la conversación había comenzado con asuntos políticos entre su padre y dos de sus hermanas mayores: Alana y Attina. Ella tuvo que aguantarse gran parte de la conversación encogiéndose en la silla.
Ni siquiera entendía de qué estaban hablando.
Y fue poco antes de que trajeran su plato de comida cuando algo golpeó su mejilla y al mirar hacia el frente vio a Alana sonriendo divertida con pequeños papeles enrollados de servilleta, olvidado la conversación que tenía anteriormente. La pelirroja la miró con una sonrisa desafiante antes de usar la mano izquierda para empujar el trozo que le había lanzado esperando que cayera en su rostro, pero en su lugar golpeó a Attina quien la miro molesta.
Nuevamente se encogió en el asiento musitando unas disculpas mientras sus hermanas aguantaban la risa.
Entonces llegó el problema más grande. La comida. Ella sinceramente no había pensado en ningún momento que pudiera tener problemas para comer. Está bien, no era capaz de mover en su totalidad sus dedos, pero aun podía usarlos, dolía hacerlo, sí, pero era capaz y eso importaba.
Bien, cuando tomó el tenedor en su mano derecha sintió un dolor bastante fuerte y pesaba más de lo que ella recordaba. La platería de la casa no era pesada, o eso creía recordar ella. Soltó el tenedor antes de tomarlo con la izquierda y luego el cuchillo con la derecha. Mala idea porque el dolor persistió y en un intento de cortar un trozo de la carne que había en su plato parte de la ensalada salió disparada hacia los lados.
Ella se quedó mirando sorprendida la comida en la mesa mientras sus hermanas no sabían si aguantar la risa o mirarla preocupada. Soltó rápidamente los cubiertos y miró hacia la mujer que estaba repartiendo la comida.
– Creo que hoy comeré sopa, Carlotta – Dijo con una sonrisa tensa.
La mujer miró con sorpresa el desastre que había en la mesa con la comida mientras empujaba el plato hacia el frente y se disculpaba por lo que había sucedido.
Bien, había aprendido que no podía levantar por mucho tiempo algunos objetos, lo que la hacía sentirse inútil. El dolor que sentía cuando lo hacía no era otro que el simple dolor de no tener fuerza en sus dedos para sostener algo, lo que en realidad era insoportable, no solo por la idea de no ser capaz de hacer algo tan sencillo sino porque la punzada que recorría todo su brazo no se comparaba a ninguna especie de dolor que alguna vez haya sentido.
El día siguiente, al subsiguiente y los que vinieron después fueron horrorosos… sopa durante casi dos semanas.
Ella quería morir. En la cocina los empleados intentaron prepararle platos especiales que pudieran comerse únicamente con una mano, sin necesidad de levantar un tenedor y un cuchillo. En su mayoría eran diferentes tipos de sopa.
Y así había pasado el tiempo entre el dolor y la desgracia. Después de dos semanas, Sebastián llegó a ella con un objeto extraño en sus manos. Era una especie de banda elástica con cinco agujeros, él le dijo que metiera los dedos en los agujeros y abriera y cerrara la mano. Por lo visto, la banda era bastante dura e hizo que las lágrimas corrieran por sus mejillas la primera vez que la uso.
– Sirve para aflojar los dedos, de esta manera se volverán menos rígidos – Él explicó con calma mientras ella lo miraba molesta a causa del dolor.
Parte de sus ejercicios de recuperación eran tener que usar esa banda dos veces al día durante treinta minutos.
Está haciendo efecto, eso era cierto y ya podía mover la mano como antes, pero aún se sentía rígida en comparación a como la tenía antes del accidente. Sebastián le había asegurado que iba a tomar más tiempo para que se recuperara.
Sus esperanzas habían muerto hacía mucho tiempo y cuando Alicap, el médico familiar, le había echado una mirada y le había hecho algunas pruebas y radiografías, ella supo en su mirada que no volvería a tocar el piano de nuevo.
– No al mismo nivel de antes, eso es seguro. La lesión es permanente, puedes usar tu mano, puedes tocar, pero a la velocidad que tocabas antes o siquiera las canciones más complicadas que hacías no pueden ser tocadas o empeoraras las cosas para ti.
¿El consejo?
Tocar como un novato.
Es decir, una melodía de cincuenta notas en lugar de una de trescientas o más.
Eso fue un golpe duro.
– ¿Otra vez viendo esa película? – La voz de Aquata había resonado detrás de ella. Se encontraba sentada en el sofá, con las rodillas pegadas a su pecho y abriendo y cerrando la mano con aquella cinta elástica en sus dedos para soltarlos un poco.
Ella miro hacia arriba viendo a la muchacha de cabeza.
– Oye – Dijo de pronto mientras colocaba pausa en la televisión y luego se volteaba arrodillándose en el sofá y apoyando los codos en el respaldo mirando a la chica – ¿Tengo que reservar algún asiento en primera fila para tu competencia o simplemente tengo que ir y ya está?
– ¿Qué? – Aquata parpadeó confundida.
– Ya sabes, en el teatro para los recitales hay que reservar asientos y ya que nunca he ido sola a una competencia acuática no sé si debo reservar asiento también.
– Son las preliminares, no tienes que ir. Solo es una competencia corta.
– Ya lo sé, pero he visto está película tres veces está semana y estoy aburrida.
– ¿Qué hay de Flounder?
– Nah, dijo que estaba estudiando para un examen.
– ¿No deberías hacerlo tú también?
Ella arrugó la nariz sacudiendo la cabeza – ¿Entonces…?
– Puedes sentarte donde quieras – Ella hizo una mueca un momento antes de desviar su mirada hacia la esquina de la habitación. Ariel no le tomó importancia a lo que ella estaba mirando y se puso en pie con una sonrisa.
– Estupendo, ¿hay algo más que debo saber? ¿Debo guardar silencio o tengo que gritar?
– Ya has ido a varias competencias antes, ¿no?
La pelirroja parpadeó mientras intentaba recordar las competencias de sus hermanas. Estaba segura de que las competencias de Aquata eran bastante bulliciosas en comparación a las de Attina cuando jugaba ajedrez o las suya propia cuando tocaba el piano.
– Oh, cierto. Tiburones – Ella asintió sonriendo – ¿Cómo es la barra? Oh, sí ¡Vamos Tiburones!
– Hoy no es la competencia en equipo sino los individuales.
– Aun así sigues siendo un tiburón. Preparare mi garganta para mañana.
– Ariel, ¿estás segura de qué quieres ir a ver las preliminares? – Aquata la miró preocupada – ¿No te gustaría hacer algo más?
– ¿Cómo qué? – Parpadeó.
– No lo sé, ¿piano? – La chica se mordió el labio antes de recoger su bolso. Una imagen fugaz apareció en las memorias de la pelirroja haciéndola estremecer visiblemente – Hace mucho que no te oigo tocar el piano, deberías tocarlo ahora
– No tengo ganas – Ella rodeó el sofá con una sonrisa mientras miraba hacia la mayor, no había rastro alguno de que algo estuviera perturbándola y aun si existía algo así Aquata tampoco iba a mencionarlo en voz alta – ¡Vamos a la competencia!
Aquata hizo una mueca mientras Ariel la tomaba del brazo para salir del castillo. La mayor vio a la muchacha dar zancadas hacia la salida, no la hacía caminar más rápido ni menos torpe, pero de alguna manera, la pelirroja se había acostumbrado a hacerlo al caminar. Su pierna, todavía envuelta en la bota ortopédica, había ganado la suficiente fuerza como para mantener el peso de la muchacha sin necesidad de recurrir a la silla de ruedas o a las muletas, lo que para la menor había sido todo un logro. Sin embargo, eso no cambiaba el hecho de que aún no podía caminar distancias tan largas sin tener un descanso.
– Nunca he ido a una competencia acuática sola – Ariel parpadeó mientras bajaba los escalones de la entrada del castillo – ¿Debería pintarme la cara?
– No es necesario, solo son preliminares. Tú sabes de eso, no significan nada – Aquata sonrió torcido mientras seguía a la energética pelirroja.
– Aun así son importantes. Esa emoción de saber si la práctica que tuviste dará resultado o si fracasaras enormemente – Ella apretó los puños mientras sonreía – o encontrarse con alguien mejor que tú, un verdadero rival que se siente igual de apasionado. Eso es lo que hace que las preliminares sean emocionantes, saber que solo los mejores pasaran
Aquata murmuró algo que la pelirroja no llegó a escuchar. Se dirigían hacia la piscina municipal donde las preliminares de la competencia de natación en la cual la muchacha mayor se había inscrito. Si tenía que ser sincera consigo misma, Ariel realmente no le interesaba tanto ir a unas preliminares, ella daba por hecho que Aquata calificaría sin problemas. Siempre lo hacía. Pero bueno, ir era mejor que nada y nada era realmente aburrido cuando estaba en casa.
– Ariel…
– ¿Qué sucede?
La muchacha se posicionó al lado de la pelirroja mirándola con curiosidad – ¿Volverás a tocar el piano algún día?
Ariel hizo una mueca mirando a su hermana mayor. Se estremeció visiblemente al sentir un cosquilleó en su mano derecha. Sus dedos hormiguearon y deseando volver a tocar las teclas del instrumento que tanto amaba. Sus oídos zumbaron ante la ausencia de las melodías a las que estaba acostumbrada.
– Pensé que estarías más feliz – Ella dijo con calma intentando cambiar el tema – Ya sabes, no hay más sonido que moleste o incomode
– Es verdad, pero… – Ella se removió incomoda sin saber qué decir.
– Entonces no veo por qué te preocupa – Ella se encogió de hombros despreocupada mientras se adelantaba sin preocuparse por mirar nuevamente a su hermana.
Habían pasado dos largos meses desde la última vez que había tocado el piano y sencillamente sus dedos comenzaban a extrañar la delicadeza con la que solían moverse sobre las teclas mientras sus oídos se maravillaban con el sonido que emitían.
Personalmente, si tenía que decirlo en voz alta –que no lo haría– ella no sabía si quería seguir tocando el piano. Había estado teniendo pesadillas frecuentes con el piano y con el accidente, repitiéndolo todo una y otra vez en su cabeza como si fuese una película. Cada día que pasaba en el salón mirando alguna película o leyendo algún comic podía escuchar la melodía del piano que se encontraba cubierto por la manta deseando a que su nueva dueña lo tocara. Ella una vez dijo que los instrumentos eran para tocarse no para ser olvidados y en ese momento ella estaba haciendo justo lo que no debía: olvidarlo.
– Yo tengo que ir a los camerinos – Aquata le dijo una vez que habían llegado a la piscina municipal.
El corazón de Ariel aun latía acelerado por haber cruzado las calles de la ciudad y haberse mantenido con una cara de póker era digna de alabar cuando por dentro se estaba muriendo de miedo. No demostrar temor era su meta en la vida desde que había tenido ese accidente y ella estaba cumpliéndolo al pie de la letra.
– Oh, yo iré… a algún lugar de aquí – Alzó la mirada por el interior de la piscina con sorpresa en sus ojos. No era la primera vez que iba ahí, pero sin duda sí era la primera vez que iba sola ahí. Oh dios, ella había ido a una competencia de su hermana sin que la invitará y por alguna razón se sentía genial. Así que esto era lo que sentían los adolescentes cuando iban a animar competencias agitadas de improviso, ¿verdad?
Ella siempre había planeado sus competencias, asistir a recitales o cualquier cosa en general que tuviera que ver con animar a alguien. Jamás había hecho algo como esto de improvisto. Solía meterse en problema siempre, también solía salir de casa cuando estaba aburrida, pero nuevamente… esa era la primera vez que asistía a una competencia de improvisto.
Y aun mejor, preliminares. Ella sabía que Aquata iba a calificar, siempre lo hacía y por tanto su familia no solía asistir a las preliminares a animarla. Durante las competencias en las que Ariel no competía, ella a veces solía asistir a las preliminares, evidentemente lo planeaba de ante mano, razón por la cual ahora sentía esa irracional emoción al estar ahí.
Había mucha gente. La piscina estaba en el centro de todo el local. Era enorme y ancha. Tenía especies de boyas pequeñas de color amarillas que separaban la piscina en varias partes. A un lado de la piscina habían varios asientos y al otro lado también. Tanta gente para ser incluso las preliminares hizo que ella sonriera.
– Quédate de este lado, ¿sí? – Aquata señaló las bancas – y si es en primera fila mejor
– Desde la última fila se ve mejor – Ella gimió. Claro, cuando había pensado en ir a la competencia había planeado sentarse en primera fila por la costumbre, pero pensándolo bien, desde la última fila tenía una mejor vista de la piscina completa y de las demás competidoras.
– Ya sé, pero no creo que sea buena idea – Ella hizo una mueca echando un rápido vistazo hacia la pierna de la joven – Da igual si puedes caminar sin muletas, aun veo que tienes problemas para subir o bajar escaleras y además, viniste caminando todo el camino, debes estar cansada
– Por eso quiero ir a sentarme ahora – Ella sonrió guiñándole el ojo. Hubiera corrido antes de que Aquata le dijera algo si no fuera porque no podía hacerlo, de tal modo en que la castaña la tomó del brazo y la miró con seriedad.
– Primera fila, Ariel, donde mis ojos te vean.
Como si de fuego se tratase, Ariel arranco su brazo derecho del agarre de Aquata y lo sostuvo contra su pecho mientras cerraba los ojos. Instintivamente la muchacha dio un paso enfrente mirándola con temor por haberla agarrado así. Costumbre, seguramente, si tenía que clasificar ese movimiento de alguna manera.
– Lo-lo siento – Se veía arrepentida. La pelirroja bajó el brazo lentamente antes de sonreír despreocupada mientras señalaba la primera fila.
– Primera fila, lo entiendo – Ella dijo con calma antes de marcharse.
Aquata no dijo nada mientras ella se iba. De espaldas a la castaña, apretó los dientes con fuerza negándose a derramar una sola lágrima a causa del dolor que sintió debido al agarre.
Ella vio la primera fila casi vacía. Dejó escapar aire de entre sus labios y chocándolo contra su flequillo mientras se sentaba ahí. Sola. Aburrida. Quiso ir hacia atrás, tenía una mejor vista y habían más personas con las cuales conversar, pero no… Aquata mandaba. Es una desgracia ser el menor en la familia.
La tranquilidad que ella sentía no le había durado mucho. La gente que la rodeaba comenzaba a hablar sobre ella, apuntándola discretamente –tal vez no tanto– y susurrarse entre ellos. Ella se encogió de hombros. Todo el mundo estaba al tanto del accidente y eso había sido molesto.
Ella no había asistido a clases durante un mes, de hecho actualmente no asistía todos los días. No podía tomar notas correspondían o realizar exámenes, así que constantemente estaba faltando a clases últimamente y luego recibía lecciones de sus amigos y de Sebastián. Era agotador y molesto.
Públicamente no había podido asistir a muchos lugares. De vez en cuando si su pierna lo permitía salía con sus amigos a comer algo o tomar un helado, pero no podía salir a pasear o jugar con ellos. Era molesto y el tiempo que salía apenas duraba unos veinte minutos contando el trayecto de ida y vuelta a casa. Aunque su pierna hubiera sido liberada de su prisión, su cuerpo no estaba acostumbrado a caminar tantas distancias como antes y según el médico ella debía tomarlo todo con calma. Del accidente su pierna no tuvo gran daño realmente así que ella estaba a salvo, pero su mano aun estaba encarcelada por las cadenas del auto que la había arrollado y era más doloroso usarla que caminar.
Si las personas la veían, la señalaban. No estaba acostumbrada ya que pasaba gran parte del tiempo en su casa, así que estar en un evento público como ahora era bastante incómodo.
– Comienzo a pensar que esto ya no es coincidencia – Una voz la hizo voltear la mirada hacia un lado. Ella sonrió torcido al encontrarse a Eric de pie a su lado antes de sentarse – es el destino
– Yo creo que en realidad me estás acosando – Ella se burló – ¿Qué haces aquí?
– Evento público. ¿Qué haces tú aquí?
– Evento público.
Ambos se rieron.
– Pensé que ya habías vuelto a tu país, últimamente no te he visto.
– Íbamos a volver, pero hubieron algunos retrasos – Se encogió de hombros – ¿Cómo te sientes?
– Pues si ignoró las voces de las personas que me rodean, creo que me siento bien – Ella rió levemente – ¿Estás seguro de que no estás comprando una casa por aquí? Porque a mí me parece que ya te quedaste a vivir
– Sí, más de dos meses en el mismo lugar. Ese no es mi estilo – Eric sonrió guiñándole el ojo – supongo que por fin encontré una razón para permanecer en el mismo lugar tanto tiempo
– Oh eso es tan dulce – Ella se sonrojo levemente mientas desviaba la mirada hacia la piscina donde varias concursantes comenzaban a salir de los camerinos que se encontraban a un lado. Ella las vio haciendo ejercicios de calentamientos.
– Entonces, a quién viniste a animar.
– ¿Quién dice que vine a animar a alguien?
– Por favor, eres bastante energética pero no tienes madera de deportista.
– Yo podría ser deportista si quisiera – Ariel torció los labios – tengo la pasión para serlo
– ¿De verdad?
– No – Ella sacudió la cabeza – Habría que entrenar mucho. Mis respetos hacia todos los deportistas
Eric se rió – ¿No se supone que también practicas mucho el piano?
La muchacha se tensó durante un momento antes de volver a mirar la piscina – Eso fue hace tiempo atrás.
– Ya sabes, cuando un deportista no puede volver al juego descansa y luego se prepara. Siempre se pone en pie…
– Yo no tengo miedo si es lo que insinúas.
– Yo no he dicho nada sobre el miedo – Eric la miro preocupado. Ariel parpadeó varias veces antes hacer un gesto rápido con los ojos.
– Por cierto – Ella dijo rápidamente – a papá le gustaría que cenaras con nosotros algún día. Dijo que quería conocerte y darte las gracias apropiadamente por haberme llevado al hospital cuando tuve el accidente
– ¿Tu papá? – Eric parpadeó sorprendido.
– Estaba algo molesto porque cuando fuiste a verme una semana después de que salí del hospital no pudo hablar contigo ni verte y luego cada vez que ibas siempre estaba en reuniones… ¿lo hiciste a propósito?
– No – Se rió el muchacho – Debo decir que tener una reunión con el rey da miedo
– ¿Quieres mi consejo?
– Sí.
– No te niegues – Ella sacudió la cabeza con una expresión seria en su rostro – o sin que te des cuenta alguien va a lanzarte de la cama al levantar tu colchón. Eso me dolió mucho…
– ¿Qué? – Él la miró aturdido antes de que ella riera.
– Era broma, pero hablando en serio, yo aceptaría la oferta si fuera tú. A pesar de todo, de quién es y cuánto poder tiene, él simplemente es un padre asustado que quiere agradecer al chico que le salvó la vida a su hija – Ella sonrió dulcemente – Si no hubiera sido por ti…
– Hice lo que cualquier otra persona hubiera hecho – Él sonrió.
Una voz se escuchó entre los altavoces del lugar haciendo que Ariel diese un salto sorprendida. Ella aplaudió torpemente antes de fijar su vista en las concursantes que se subían a una plataforma. Ella quiso dar un salto, pero su pierna no iba a resistirlo, ella lo sabía incluso sin necesidad de ponerse en pie.
– ¡Wo!
– Entonces, ¿a quién vienes a animar?
– ¿Ves a esa chica? Es Aquata, es mi hermana mayor – Ariel sonrió señalando a la muchacha que estaba en la tercera plataforma – y lo creas o no, llegará en primer lugar
– Ni siquiera ha empezado la competencia.
– Lo hará, siempre lo hace – Ella alzó el pulgar con confianza – ¡Vamos Aquata!
– Eso es tener confianza – El muchacho sonrió aplaudiendo cuando sonó el silbato para que los participantes saltaran al agua.
La pelirroja se puso en pie entre la emoción que las personas le contagiaban al gritar por su nadadora favorita. Ella alzó las manos mientras miraba hacia los lados preguntándose si lo estaba haciendo bien. ¡Vamos! No era la primera vez que iba a animar a su hermana así que no debería tener problemas para hacerlo, ¿verdad?
– ¡Vamos Aquata! – Ariel gritó aplaudiendo – Wow, es la primera vez que alzó tanto la voz durante una competencia
– ¿En serio? – Eric se rió mientras aplaudía a los competidores.
– ¿Tan raro es?
– Algo…
– ¡Oh! Va a ganar, lo sabía. Esa es mi hermana – Sonrió con orgullo la muchacha.
– ¿Por qué eres tú la que presume? – El muchacho sonrió dándole un leve empujón con su hombro.
– Porque es mi hermana – Sonrió ampliamente la muchacha devolviéndole el empujón – ¡Ella es increíble!
El agua salpicaba a los de la primera fila cada vez que las nadadoras de los bordes pasaban cerca de los espectadores. Al menos dos veces Ariel sintió gotas de agua caer sobre su rostro mientras inconscientemente presionaba el peso de sus pequeños rebotes sobre su pierna apenas en estado de curación. Aquata nadaba cada vez más rápido, cabeza a cabeza contra otra chica, probablemente alguna rival que ya conocía de antes porque fugazmente la pelirroja creía que las había visto conversar. Por breves momentos Aquata lograba sobrepasar a la chica y posicionarse en primer lugar, pero eso no le duraba demasiado ya que la muchacha volvía a retoma el duelo del primer lugar.
Fueron unos minutos de competencia, pero a la pelirroja le parecieron horas. Había bastante gente, muchas competidoras. Según Ariel comprendía, las preliminares que se estaban realizando era de individuales y el día siguiente iban a ser las de equipo. Su hermana estaba inscrita en ambas. Por supuesto, echando un vistazo a todas las competidoras, ella apenas podía creer que hubiera tantas nadadoras en Atlantica. Es cierto que era una ciudad marinera, pero aun así…
Aquata no solo estaba compitiendo con nadadoras que no conocía sino con nadadoras que conocía muy bien como sus propias compañeras de equipo. Era impresionante en ese aspecto. Competir contra aquellos que al día siguiente iban a ser un pilar en el equipo, el apoyo y darían todo su esfuerzo para que juntos pudieran pasar las preliminares parecía bastante impresionante. Ariel jamás había tenido compañeras de equipo ya que las competencias eran individuales, al menos a las que había entrado siempre y por tanto no tenía ese conocimiento de compañerismo que su hermana tenía. Lo mejor aún era que desde su punto de vista competir en los individuales sería algo incómodo para luego hacerlo en equipo, pero por lo que ella estaba viendo no lo parecía así.
Cuando la competencia había terminado la muchacha no dejo de parpadear aturdida. ¡Eso había durado menos de lo que esperaba! Odiaba los individuales, al menos en las competencias por equipo tenía el placer y las energías para apoyar al equipo completo de Aquata y a sus cinco integrantes, incluyendo a su hermana. Resopló molesta. Eso no era justo. ¡La caminata hasta la piscina había durado más!
Se cruzó de brazos insatisfecha por lo que había sucedido mientras refunfuñaba molesta por lo que había sucedido. Eric se rió a su lado antes de señalarle un puesto de bebidas y preguntarle si quería algo. Ella resopló de mala gana viendo a otros competidores posicionarse en la línea de salida.
– Esto es realmente decepcionante – Ella declaró con una mueca.
– Por eso te dije que no debías venir hoy – Una voz hizo que ambos se voltearan hacia la muchacha castaña que se acercaba a ellos mientras sostenía en sus manos un gorro de hule y los lentes que usaba para proteger sus ojos. Ariel la miró molesta por un momento.
– Estaba aburrida en casa – Se defendió la muchacha mientras veía a la chica colocarse una chaqueta deportiva de color celeste con mangas blancas.
– ¿Quién es él? – Aquata miró hacia el pelinegro con interés por un momento.
– Él es Eric, me parece que no se conocían desde antes, ¿verdad?
– No, no he tenido el placer de conocerla hasta ahora – El muchacho amablemente le extendió la mano a la muchacha para estrecharla con ella. Aquata asintió.
– Oh, pero por desgracia conociste a Adella, Attina y Alana – Ella resopló con una mueca – Si te soy sincera hubiera esperado que no conocieras a ninguna de ellas
Aquata la miró con una mueca – No seas grosera.
– Es la verdad – Ella desvió la mirada.
Eric rió por lo bajo mientras miraba a la pelirroja con una sonrisa. Volteó la mirada hacia la mayor.
– De todos modos, ¿qué harás ahora? – Preguntó Aquata con curiosidad.
– Cómo que qué – Ella alzó la ceja – ¿No volveremos a casa?
– Yo me quedaré un rato más – Ella miró por su hombro – Quiero saber quiénes más van a clasificar para la competencia
– Ya, entonces me quedaré contigo – Sonrió la chica.
La muchacha se movió algo incomoda mientras desviaba la mirada brevemente. Aquello no pasó desapercibido para Eric como sucedió con Ariel, aunque si la chica tenía que ser sincera ella en realidad lo estaba ignorando. No quería ver esas expresiones en los rostros de sus hermanas, sobre todo cuando se trataba de sus propias heridas. Ella sabía que todas estaban esperando el momento en que dejara de evitar el piano de la habitación y comenzara a tocar, pero Ariel simplemente lo estaba retrasando cada vez más hasta que se volvió obvio para todas: ella no volvería a tocarlo.
– Como quieras – Aquata murmuró la muchacha señalando las bancas para volver a sentarse.
– Yo iré a comprar algo para tomar entonces, volveré enseguida – Eric sonrió antes de marcharse.
Ella asintió siguiendo a su hermana con una sonrisa preguntándose si ya podía sentarse en la banca de atrás, pero nuevamente Aquata se lo negó.
– A algunas nos preocupa que te lastimes la pierna más de lo que ya lo hiciste – Ella murmuró sentándose en la banca.
– Y con algunas te refieres a todas ustedes – Resopló la pelirroja dándolo por hecho.
– Nos preocupamos por ti – Sonrió la muchacha – Por cierto, ¿ese es tu novio?
– Que no lo es – Ella gimió desviando la mirada sonrojada – Solo es un amigo
– Un amigo que a menudo te encuentras y ha ido a visitarte a casa.
– Le había prometido que saldría con él pero con la bota en mi pierna no podía ni siquiera salir de la casa – Ella suspiró de mala gana.
– Oh, una cita…
– Supongo que podría decirse así.
Aquata sonrió mirando a la muchacha antes de acariciar su cabeza con una mano – Si Attina lo aprueba está bien para mí.
– ¿Por qué siempre tengo que pasar por esto?
– Porque eres la menor, deberías saberlo de ante mano.
– Aun así no me parece justo – Ella murmuró mirando a la chica. Pasó la mirada de pies a cabeza, su cabello mojado pese a que usaba un gorro de huelo. Aquata tenía la costumbre de que cada vez que terminaba una competencia, antes de salir de la piscina se quitaba el gorro de hule y las gafas y se sumergía en el agua. Para ella, terminar un entrenamiento o una carrera no estaba finalizado si su cabello no salía mojado del agua. – ¿Tienes rivales, Aquata?
– Uhm, esa es una pregunta interesante – Ella torció los labios pensando – Tal vez tenga uno que otro
La muchacha sonrió mirando a su hermana – ¿Clasificaron?
– Por supuesto que lo hicieron – Sonrió ella – No serían rivales si no lo hicieran
– Oh.
– Es divertido competir contra aquellos que te motivan a ser mejor, ¿verdad?
– Conozco la sensación – Ella asintió.
– Entonces sabes lo frustrante que es no entrar a una competencia, ¿verdad? No solo para ti sino para tus rivales.
– Supongo que tienes razón – Ella asintió mirando hacia los nadadores – Es frustrante…
Aquata guardo silencio durante momento antes de continuar hablando.
– Entonces deberías volver…
– ¿Volver?
– A tocar las competencias de música.
La pelirroja se tensó – Uhm, tal vez algún día – Era mentira, ella no tenía intenciones de hacerlo. Cada vez que pensaba en el piano todo su cuerpo temblaba. En un momento quería tocar y al siguiente no quería verlo nunca más en la vida.
– Lo prometes.
– ¿Por qué de pronto sacas este tema? – Ella le echó una mirada molesta – Creí que lo odiabas de todos modos
– ¿Por qué siempre respondes así cuando te pregunto?
– Esto es más frustrante que no volver a una competencia.
– Te das cuenta de qué no lo has tocado en dos meses y que estás evitando todo sonido que hace el piano. Películas, canciones, recitales… – Ella murmuró con la intención de no alzar la voz – Simplemente nos gustaría volver a escucharte. Se siente un poco solitario
– Si te molesta no escuchar el piano puedes descargar algunas canciones de internet.
– Ariel…
– No puedo tocar el piano aunque quisiera – Ella murmuró alzando la mano derecha – No puedo mover la mano, ¿recuerdas?
– Pensé que estabas haciendo ejercicios con aquello que Sebastián te dio.
Ariel se encogió de hombros – Dije que me lo puse, no que lo estaba usando.
– Deberías preocuparte más por tu recuperación – Ella dijo con calma.
– Uhm, tampoco puedo competir aunque lo intentará – Ella dijo con una mueca molesta – Se supone que no volveré a tocar el piano. ¿Podemos hablar de otra cosa?
– Podemos, pero no quiero – Aquata murmuró – Deberías dejar de guardártelo
– ¿Qué dices? – Ella frunció el ceño molesta.
– Sabes bien de qué hablo – Ella dijo con calma – Tuve un esguince el año pasado y no pude asistir a la competencia en la que tanto quería competir. La recuperación no fue sencilla ni menos dolorosa, así que sé cómo te sientes
– Mi caso es diferente – Ella dijo despreocupada – Nadie cree que vuelva a tocar
– Esa es una excusa, puedes tocar con un nivel básico verdad.
Ariel apretó los dientes molesta – Tienes razón, debí haberme quedado en casa en lugar de venir.
– Ariel…
– No sabes nada sobre el piano – Ella dijo bruscamente – así que no entenderías lo frustrante que es bajar de nivel y saber que no podrás volver a subir
– Creo que entiendo perfectamente cómo te sientes.
– Pues no te veo nadado cortas distancia para toda tu vida – Ella gruñó.
– Está bien, tienes razón, después de mi lesión pude seguir nadando como siempre – Ella resopló – pero eso no quiere decir que me haya detenido por un momento. También estuve asustada
– Yo no estoy asustada.
– Estoy segura de que sí – Aquata suspiró – Deja de guardártelo. Las dos sabemos que no estás bien. Ni siquiera haz llorado
– Porque no me quedo estancada en el pasado – Ella rodó los ojos.
– Escucha, no vine a pelear ni inicie está conversación con ese motivo – Ella dijo con calma – simplemente quise dejarte saber lo que pensaba
– Uhm…
– Me molesta el piano – Ella dijo de pronto – No lo entiendo. Igual que Arista pienso que es mejor que dejes de tocarlo cuando nosotras estamos presente. Odio escuchar la melodía cuando estoy en casa y sobre todo odio asistir a tus competencias o recitales
– Eso es muy alentador…
– Sin embargo, si hay algo que odio más que el piano, es ver que una de mis hermanas es infeliz. Si el piano te hace feliz, entonces me tragó mi orgullo y asisto a tus competencias simplemente por es lo que te gusta del mismo modo que asistes a mis competencias o cuando vamos a las de Attina.
La pelirroja guardo silencio sorprendida mientras miraba a su hermana. En su cabeza sus palabras hicieron eco una y otra vez mientras se preguntaba cómo debía responder. Tuvo la suerte de que en ese instante Eric volvió con tres botellas de soda en sus brazos. El muchacho le extendió una a ella y otra a su hermana recibiendo las gracias por parte de ambas.
Trago saliva sintiéndose incomoda de pronto. Intentó no pensar en ello, pero las palabras rondaron en su cabeza de nuevo. Conversó con Eric para intentar no pensar en ello, el muchacho había recibido con una sonrisa la atención y fue como poco a poco la conversación con Aquata desapareció. Eric realmente era un buen chico y de alguna manera que ella no entendía cómo, él era capaz de comprender sus pensamientos simplemente con mirarla.
Se sentía cálido estar junto a él, un aura delicada abrazándola con fuerza que le hacía sentir mejor cada vez que lo necesitaba.
Continuará…
N/A: ¡Que bien, capítulo nuevo! Las hermanas de Ariel sentían un dolor profundo por el piano debido a que su madre lo tocaba seguido para ellas, por lo tanto cuando ella murió ese dolor se centro en Ariel cuando lo tocaba. De lo que se sabe hasta el momento es que de pronto, mágicamente, ellas quieren escuchar el piano y como dijo Aquata es porque es lo que a nuestra pequeña Ariel le gusta, sin embargo esto no es algo mágico por completo. Voy a decir que muchas cosas que suceden actualmente están explicadas en otros capítulos, mucho más adelante, así que si alguien piensa que es lo normal ya sabe que hay una explicación adelante. Por cierto, en cuanto a la madre de Ariel, también es un tema que no lo he escrito aun, pero lo tengo considerado desde que escribí el capítulo uno.
Conforme avanza la historia indiscretamente Ariel va a aprendiendo cosas que no sabía que sentía como por ejemplo la primera vez que sintió temor hacia el piano, eso lo vimos en el capítulo del accidente y en el pasado, así como también esos sentimientos que tiene hacia Eric que no sabe si realmente son una profunda amistad o hay algo más ahí, esto no es todo lo que va a aprender hay mucho más que tiene por descubrir y una de ellas es el tema anteriormente mencionado: su madre.
Esto no es un spoiler, es más como una aclaración o una advertencia de lo que se viene de ahora en adelante. Tengo ya varios capítulos escritos y lo cierto es que este fics originalmente iba a contar con solo 7 capítulos y máximo 15, pero conforme iba escribiendo se me hizo difícil hacerlo ya que cada ciertos capítulos me dio la oportunidad de profundizar más los temas, pero les puedo decir que 15 capítulos no va a tener. Aun no estoy segura, pero tengo escrito más de 15 capítulos.
~ Comentarios:
- TsukihimePrincess: Si, es irónico, pero hay que decir que hubo un salto de tiempo de 2 meses en los cuales, como Aquata menciona: ni películas, mi melodías, ni siquiera interés por el piano había. Ariel prácticamente le huyo todo el tiempo y para ellas pasar de un día en que se escuchaba la música a no oír nada debió ser abrumador, de hecho eso también está escrito en varios capítulos adelante.
Dejen reviews.
Se despide Lira12.
