El calor de pasión
ESTA HISTORIA ES UNA ADAPTACION
LOS PERSONAJES SON DE LA GRANDIOSA STEPHENIE MEYER.
Chikas este es el penúltimo cap. Espero k les guste.
Capítulo 9
EDWARD observó durante diez fulminantes segundos el furioso brillo que despedían los ojos de Bella.
- No sé a qué diablos crees que estás jugando, pero la boda seguirá adelante mañana. ¡Aunque tenga que arrastrarte por los pelos para llevarte!
- ¡Ni hablar! ¡Tanya me ha dicho por qué tienes que casarte conmigo! - dijo Bella, sin ocultar su rabia -. ¡Y me niego a tomar parte en una manipulación tan miserable!
- ¿Por qué tengo que casarme? - preguntó Edward con suavidad -. Me gustaría saberlo.
- Me mentiste. Todo lo que me has dicho es mentira. Te has dedicado a provocar mi compasión para poder utilizarme...
- ¿Cuándo piensas llegar al meollo de la cuestión?
- ¡Necesitas casarte para poder heredar la fortuna de tu padre! - espetó Isabella.
Tras una sorprendida pausa, Edward echó atrás la cabeza y rompió a reír.
Bella se quedó boquiabierta. Aquella no era precisamente la reacción que esperaba.
- ¿No se le ha ocurrido nada mejor? - murmuró Edward, observando a Bella con ojos entrecerrados -. Y la has creído, ¿no?
De pronto, Bella perdió toda su agresiva seguridad.
- Yo...
- He sido el heredero de mi padre desde el día que nací porque su sangre corre por mis venas - interrumpió Edward -. Y por amargo que fuera el resentimiento que había entre nosotros, eso nunca ha cambiado. ¿Por qué iba a exigirme que me casara?
- Porque quiere que sientes la cabeza - sugirió Bella, trémula.
- ¿Carlisle Masen quiere que yo haga lo que él nunca hizo? - dijo Edward, alzando una irónica ceja -. ¿Sentar la cabeza? Él no lo hizo durante cuatro matrimonios e incontables amantes... ¿por qué iba a querer entrometerse en mi vida privada?
Bella no estaba dispuesta a ceder sin luchar.
- Entonces explícame por qué tu padre y tu hermana están tan exageradamente alegres porque te cases - dijo, utilizando el último argumento que le quedaba.
Los duros rasgos de Edward se endurecieron visiblemente. Miró a Edward con frialdad.
- De acuerdo, te lo diré. Hace diez años, mi padre se acostó con la mujer que iba a casarse conmigo.
- ¿Qué? - murmuró Bella, asombrada, pensando que no había oído bien.
- A eso se deben los diez años de silencio entre nosotros.
- ¿Pero cómo ... ? Quiero decir.. ¿por qué?
- Carlisle me invitó a visitarlo. Llevé a mi prometida conmigo - murmuró Edward en un tono carente de emoción -. En la actualidad, Carlisle es una mera sombra del hombre que era entonces. En esa época, seguía resultando viril y atractivo para las mujeres. Quería que yo trabajara para él. Mi hermanastro era inútil para los negocios. Carlisle quería que volviera para ocupar su lugar. Me negué. Sabía que no funcionaría. Mi padre se puso furioso, y Rosalie también. Adoraba la clase de vida que nos ofrecía... las constantes fiestas, el dinero... En aquella época, yo no era tan rico como he llegado a serlo ahora.
- Pero... - Bella seguía sin poder creer lo que Edward le estaba contando.
- Carlisle hizo toda una representación para Rosalie y ella se dejó conquistar. Se la llevó a la cama...
Bella estaba anonadada. ¡Edward tenía veintitrés años entonces! ¿Cómo era posible que un padre pudiera hacerle algo así a su hijo y que una mujer llegara a caer tan bajo?
- Los encontré juntos - continuó Edward -. Me quedé destrozado. Sabía que uno no se podía fiar de mi padre en lo referentes las mujeres, pero yo había supuesto que sí podía fiarme de Rosalie...
- ¿Cómo pudieron hacerte algo así? - Bella se sentía físicamente enferma.
- Carlisle no puede evitar competir, y no siempre piensa lo que hace. Estaba demostrándole a su joven cachorro que aún se guardaba un par de trucos bajo la manga. ¿Y Rosalie? - la boca de Edward se comprimió -. Uno de los hombres más ricos del mundo le dijo que la quería y no fue capaz de resistirse. Se quedó lo suficientemente aturdida como para creer que se casaría con ella, pero Carlisle la dejó un par de semanas después. Sabía que había ido demasiado lejos...
- ¿Pero cómo has podido perdonarlo?
- Porque no sabe lo que hace. Como un toro en una tienda de cerámica, lo destroza todo y luego deja que otro pague los destrozos, pero, en último extremo, sigue siendo mi padre - Edward contempló el preocupado y pálido rostro de Bella -. Ahora ya sabes por qué se alegran tanto mi padre y mi hermana de que me case - dijo con aspereza -. Así quedará enterrado para siempre ese delicado episodio con Rosalie.
Bella seguía asombrada. Edward era muy orgulloso, y en aquella época debía de ser mucho más vulnerable. Debió de sufrir indeciblemente.
- Has sido muy rápida aceptando la palabra de un testigo poco fiable... increíblemente rápida - dijo Edward en tono de condena - Tanya está celosa y haría cualquier cosa por crear problemas entre nosotros. ¿No se te ha ocurrido pensarlo?
Bella no se había tomado tiempo para pensar. Había actuado impulsivamente. Ahora, su pérdida de fe en él le parecía odiosa. Se ruborizó.
- Lo siento...
- Creía sinceramente que estaba llegando a algún lugar contigo - dijo Edward secamente -. Pero estaba equivocado. Te abro mi corazón y tú me golpeas en los dientes. No tienes fe ni confianza que ofrecer. Para ti sigo siendo el miserable que decidiste que era hace seis años, ¡y creo que más me valdría serlo a partir de ahora!
Angustiada, Bella percibió un dolor que no había visto nunca en los rasgos de Edward.
- ¡He dicho que lo siento! Es esta situación...
Edward giró sobre sus talones, sin mostrarse afectado por la evidente inquietud de Bella.
- Tu padre te está esperando abajo.
- ¿Mi padre? - repitió ella débilmente.
- Lo he recogido de camino. Pensaba que querrías verlo.
Bella tragó con esfuerzo.
- Yo...
- Será mejor que te prepares para la comida - dijo Edward mientras salía.
¿Por qué había escuchado a Tanya? Había sido una tontería dar crédito a sus palabras. Tanya no era de fiar. Estaba celosa. Bella se cubrió el rostro con las manos. Y ella también estaba celosa de Tanya.
Y Edward tenía razón. Tampoco se fiaba de él. No tenía fe ni confianza en él. ¿Era Jacobb también el responsable de eso? Confió en él desde su infancia y la decepcionó terriblemente, utilizándola, sin preocuparse por el daño que pudiera hacerle. Fue demasiado débil como para preocuparse y explotó su orgullo y su lealtad hacia él para seguir adelante con la farsa de su matrimonio. De pronto, Bella supo que le debía a Edward aquella verdad, por mucho que le costara compartirla.
Más tarde, en el dormitorio, mientras Edward se vestía para la comida, Bella dijo:
- Edward, hay algo que quiero contarte sobre mi matrimonio.
- Por mí puedes guardarte a Black en tu corazón como un icono sagrado - dijo Edward con gesto impasible -. No pienso competir con un fantasma.
- No estarías compitiendo...
- Jacob es el pasado - interrumpió Edward con frialdad -, y para mí resulta tan irrelevante como el periódico de ayer. Lo que importa es la confianza, y tú no tienes ninguna que dar. ¡Tampoco la tenías hace seis años!
- No me eches ahora eso en cara. Cuando veníamos hacia aquí dijiste que no me perdonarías nunca - le recordó Bella, temblorosa. Eso no propicia precisamente un ambiente de confianza.
- Nos vemos abajo - dijo Edward, poniéndose la chaqueta -. Será mejor que te laves la cara. Se te está corriendo el maquillaje.
Bella apretó los puños de rabia mientras la puerta se cerraba. A veces, Edward se mostraba tan odiosamente superior que deseaba golpearlo. Y encima había tenido la ocurrencia de traer a su padre, como si aquella fuera a ser una boda normal.
Charlie Swan estaba charlando animadamente con Jane cuando Bella bajó al salón. Apenas tuvo tiempo de besarlo en la mejilla, pues enseguida llegó Carlisle y acaparó la atención de su padre. Durante la comida, Carlisle no paró de hacerle preguntas a Charlie, pidiéndole su opinión sobre ciertas prácticas en los negocios y censurándolas frecuentemente. Charlie salió bastante bien parado del interrogatorio.
- De todas formas, no te emplearía - gruñó el padre de Edward mientras tomaban el café -. No creo en eso de tratar con mano suave a los trabajadores...
- Las normas de la Comunidad Económica Europea no te darían muchas opciones - se atrevió a replicar Charlie.
Después de la comida, Bella se quedó a solas con su padre.
- Nunca pensé que llegaría a ver el día en que hicieras algo impulsivamente, y aquí estás, a punto de casarte pocos días después de haber vuelto a encontrarte con Edward.
Bella se puso tensa.
- ¿Qué te ha dicho él?
- Oh, ha sido muy persuasivo - dijo Charlie, riendo -. ¡No ha parado de hablarme ti durante todo el vuelo!
- ¿De verdad?
- Me dijo que se enamoró de ti a primera vista hace seis años, y que nunca se recuperó. Muy impresionante - recordó Charlie con una sonrisa satisfecha -. Me contó que la situación de su padre os presionaba para casaros con cierta precipitación, ¡pero que se habría casado igualmente feliz contigo hace dos semanas!
Al parecer, Edward estaba dispuesto a llevar la representación hasta el final, pensó Bella, impresionada.
- Edward tiene un carácter más complejo de lo que imaginaba - admitió Charlie -. Siempre lo consideré frío y controlado. Y en los negocios lo es. Pero en el amor es apasionado. Y ahora cuéntame cómo te sientes tú.
Bella suspiró.
- Estoy loca por él.
- Y eres mucho más reservada que él. A veces pienso que tu madre y yo tuvimos la culpa de ello - dijo Charlie con pesar.
Bella fue a acostarse a las once. Edward no apareció en toda la noche, y eso le dolió. ¿Por qué cuándo decidía abrirle finalmente su corazón Edward la apartaba de sí? Era imposible creer que al día siguiente fueran a casarse. Pero tampoco iba a ser un verdadero día de boda, se recordó Bella con tristeza.
A la mañana siguiente le sirvieron el desayuno en la cama. Había un ambiente de gran excitación en toda la casa y no dejaba de oírse el sonido de las hélices de los helicópteros según iban llegando los invitados.
Jane había dicho que sólo asistirían a la boda algunos parientes, además de los socios y amigos de Carlisle y Edward.
Bella se dejó llevar, traer y vestir como si estuviera en un sueño. Sólo estaba interpretando un papel, se repetía una y otra vez.
- Ya es la hora - dijo Jane desde la puerta con una sonrisa ilusionada.
- Su idea de una ceremonia íntima no es precisamente como la nuestra - susurró Charlie mientras bajaba junto a su hija la gran escalera principal.
Un minuto después, mientras la música empezaba sonar, Bella comprendió a qué se refería su padre al ver a cientos de personas abarrotando el salón de baile. Todas las cabezas se volvieron hacia ella mientras pasaba entre los invitados. Al final del pasillo, Edward se volvió impacientemente para verla acercarse. No sonrió. ¡Parecía un condenado a punto de ser ejecutado!, pensó Bella, furiosa.
La ceremonia pareció interminable y se desarrolló tanto en griego como en inglés. Edward le puso el anillo con mano firme. Y todo acabó. No le sugirieron que besara a la novia, y aunque tuvo la oportunidad de hacerlo, no se aprovechó de ello. Estaba terriblemente serio.
Con la garganta tensa, Bella apartó la mirada y captó una visión mucho más animada de Carlisle deslumbrante de satisfacción y Tanya junto a él, con una forzada sonrisa en su bello rostro.
- Me alegra que la farsa haya terminado - susurró mientras salían.
Edward la giró como si fuera una muñeca y se vengó besándola, sujetándola con fuerza contra sí. Bella supo que estaba furioso, pero no pudo evitar sentir que se derretía entre sus brazos.
- Nada de farsa - murmuró Edward con suavidad, mientras alzaba la cabeza y sonreía para la audiencia -. Ahora eres mi esposa, legal, moralmente y en todos los sentidos.
No hubo discursos durante el banquete. Al parecer, a Carlisle no le gustaban. Se hicieron innumerables brindis. Bella empezó a notar que Edward dirigía su atención frecuentemente hacia Tanya. Lo hacía con disimulo, pero lo hacía.
Con un vestido dorado y plateado, Tanya estaba arrebatadoramente bella. Una hora antes, parecía un témpano de hielo, pero ahora estaba efervescente y brillaba como una antorcha.
Después de la comida, Edward bailó con Bella el primer baile mientras los invitados los contemplaban. Bella nunca había bailado antes con él y se sintió repentinamente dolida por la carencia de aquella clase de pequeñas experiencias en su relación. No había habido cortejo, ni sé habían citado nunca, y sin embargo lo amaba con una pasión que parecía crecer a cada momento.
- ¿Cuándo vas a empezar a hablarme otra vez? - susurró.
- ¿He dejado de hacerlo? ¿Quieres decir que tal vez podría interesarte algo de lo que pudiera decir?
- Ya te dije que lo sentía... ¿Qué más quieres que haga? ¿Arrastrarme?
- Puede que disfrutara con eso - admitió Edward.
- ¡Pues ni lo sueñes!
Edward la estrechó con fuerza y la miró con ojos brillantes.
- Si me quieres en tú cama esta noche, tendrás que hacerlo mejor.
Bella se ruborizó intensamente, maldiciendo la debilidad que sentía por él. Sabía que Edward era consciente de ella.
- Puedo pasarme sin ti en mi cama.
Edward rió roncamente.
- ¡Eres tan esclava de la pasión como yo!
«Pero yo quiero más; lo quiero todo», gritó una vocecita dentro de la cabeza de Bella.
- Conté las horas que estuve separado de ti - murmuró repentinamente Edward encima de su cabeza -. Y cuando llegué, te encontré haciendo el equipaje...
Bella podía sentir la evidencia de la excitación de Edward contra su pubis, y notó cómo se le debilitaban las piernas. Sus pezones eran dos pequeñas y tensas protuberancias que luchaban contra su corpiño.
- Lo siento ...
- Con cada segundo que pasa me siento más dispuesto a perdonarte - dijo Edward, estrechándola aún más contra sí.
Cuando terminaron de bailar, Bella estaba radiante, aunque también temblorosa. Carlisle le hizo una indicación para que se acercara.
- ¿Qué opinarías si te dijera que no le he dejado ni un dracma?
Bella rió, aún radiante.
- Diría que no necesita tu dinero.
- Lo quieres. Hazle feliz. Eso es todo lo que deseo - gruñó Carlisle.
En el otro extremo del salón, Tanya era el centro de atención de un grupo de hombres embobados. Bella vio a Edward a varios metros de distancia con los ojos clavados en Tanya. Apartó la mirada, sintiéndose enferma. Carlisle ya se había alejado, pero entonces Jane apareció a su lado.
- A los hombres Tanya les parece irresistible, ¿verdad? - comentó Bella.
- A los hombres como mi padre - concedió Jane secamente -. Es un adorno muy caro que los demás hombres envidian. Por eso se casó Carlisle con ella cuando empezó a fallarle la salud. Él la muestra por ahí y ella se gasta el dinero. Y he de admitir que últimamente me tiene bastante sorprendida.
- ¿Por qué?
- Aquí se ve obligada a llevar una vida social muy restringida, y la verdad es que se lo toma mejor de lo que esperaba - concedió Jane -. También es cierto que sabe que le falta poco para ser libre, y Tanya no es la clase de mujer a la que le gusta estar sola mucho tiempo. Es probable que ahora mismo esté buscando su próxima pareja, y no puedo culparla. Carlisle la obligó a firmar un contrato prenupcial. Tanya no heredará nada cuando él muera.
Era evidente que Jane no tenía idea de que Tanya ya había buscado el sustituto para Carlisle, y que la cosa quedaba en familia, por decirlo así. Pero Bella se había interpuesto en su camino.
La hermana de Edward suspiró, mirando a Tanya.
- Me pregunto por qué está disgustada hoy.
- ¿Disgustada? - a ojos de Bella, Tanya parecía todo menos disgustada. De hecho, la pelirroja parecía estar disfrutando intensamente de toda la atención que le prestaban sus admiradores.
- Algo le preocupa. Está bebiendo demasiado - dijo Jane -. Sabe lo que mi padre piensa al respecto. Normalmente tiene más cuidado.
Edward se acercó a ellas con una sonrisa que llegó al fondo del corazón de Bella.
- ¿Qué haces aquí? Vamos, quiero presentarte a unos amigos.
La tarde pasó y la fiesta se volvió más caótica. Bella no sabía qué hora era cuando oyó que Jane le decía algo a Edward en griego. Captó el nombre de Tanya y vio que Edward se ponía repentinamente tenso.
¿Dónde estaba Tanya? Hacía un buen rato que Bella no la veía. Un segundo después, Edward se alejó a grandes zancadas.
- ¿A dónde va? - le preguntó Bella a Jane. - Le he dicho que busque a Tanya. Está bebida, y cuando está bebida puede ser indiscreta.
Bella dudó un momento antes de salir tras Edward. Lo vio en lo alto de las escaleras y fue tras él. Era evidente que sabía exactamente dónde iba y estuvo a punto de perderlo en un pasillo, pero giró justo a tiempo de verle abrir una puerta de par en par.
Antes de ver por sí misma la escena con la que se encontró Edward, le oyó exclamar algo en griego. Tanya estaba medio desnuda sobre una cama y un joven intensamente avergonzado murmuraba fervientes disculpas mientras trataba de ponerse la chaqueta junto a la cama. Edward permaneció en pie con los puños cerrados, echando chispas por los ojos.
- Tú no me quieres - dijo Tanya, estirando su vestido patosamente -. ¿Por qué iba a importarte?
El joven aprovechó la quietud de Edward para desaparecer, y estuvo a punto de tirar al suelo a Bella al hacerlo. El gritito que dejó escapar ella mientras se sujetaba al pomo de la puerta hizo que Edward y Tanya volvieran sus cabezas.
- Pero si es la vergonzosa novia... - dijo Tanya, riendo ebriamente -. Adelante, adelante...
Edward se puso rígido.
- Vuelve abajo, Bella.
- No es tan delicada - Tanya volvió a reír -. Lo sé todo sobre ella, Edwrad. Encontré el informe en el escritorio de Carlisle. Su madre era una ninfómana y su padre un ladrón. No seleccionaste demasiado bien, ¿no?
- ¡Cállate! - gritó Edward furioso, mientras Bella se ponía pálida.
- Y su primer marido era gay - continuó Tanya, despreocupada -. ¡Debe de ser increíble tener una experiencia así!
Edward se quedó muy quieto.
- ¿Gay? - repitió, incrédulo.
Bella se volvió y salió corriendo de la habitación. Se sentía ultrajada y devastada a la vez. Carlisle Masen debía haber hecho que la investigaran. ¿De dónde podía haber obtenido Tanya aquella información si no? Carlisle había estado todo el tiempo al tanto de sus antecedentes. Se sintió invadida y violada, horrorizada de que tal información hubiera caído en manos de Tanya.
Edward la alcanzó en el descansillo, antes de que pudiera refugiarse en el santuario de su habitación.
- ¡Contrólate! - dijo, sujetándola con fuerza por el brazo.
Parecía furioso. Bella se sintió desgarrada por dentro. La noche anterior había querido contarle a Edward lo sucedido en su matrimonio y él le negó la oportunidad. Ahora se sentía humillada por la forma en que Tanya la había privado de aquel derecho.
La mano de Edward se curvó poderosamente sobre su hombro.
- ¿Es cierto? - preguntó, tenso.
- ¡No es asunto tuyo! - protestó Bella -. ¿Por qué no vas a pedirle a Tanya el informe y lo lees por ti mismo?
- Puede que lo haga - Edward la soltó de mala gana y añadió con rabia: - Si es cierto... ¡temo que no seré responsable de mis actos!
A continuación, hizo que Bella volviera a la fiesta, apoyando una férrea mano en su espalda.
- Sonríe - ordenó con aspereza.
Más tarde, Bella no lograba recordar nada sobre las dos últimas horas de la boda. No comprendía por qué estaba tan enfadado Edward. ¿Acaso no era ella la que tenía verdadero derecho a estar enfadada? Era su intimidad la que había sido cruelmente invadida. Tanya había calificado a su madre de ninfómana. Aquello, más que nada, era lo que la hacía sentirse físicamente enferma de humillación.
- ¡Y pensar que consideraba una lástima que no pudiéramos irnos de viaje de novios! - murmuró Edward mientras se quitaba la chaqueta -. ¡En estas circunstancias habría sido grotesco!
Bella estaba junto a la ventana, de espaldas a él.
- Eres como la caja de Pandora - continuó Edward -. ¿Qué más me falta por saber?
- Yo no soy la única que guardaba secretos - le recordó ella, tensa -. ¿Cuándo pensabas decirme tú que Tanya iba detrás de ti?
- Eso es distinto.
- Y cómo se atreve tu padre a hacer que me investiguen? - continuó Bella, rabiosa.
Edward soltó el aliento en un siseo.
- Debería haberlo imaginado
- ¿Es eso todo lo que tienes que decir al respecto? - preguntó ella con ardor.
- Ya está hecho - dijo Edward -. Y ojalá lo hubiera hecho yo mismo...
Bella se volvió y lo miró con gesto incrédulo.
- ¿Cómo has dicho?
- Le pediré que lo destruya. Su equipo de seguridad debe estar muy relajado para permitir que Tanya pueda husmear en sus papeles privados - Edward miró a Bella con gesto retador -. Y ahora empieza por el principio y cuéntamelo todo.
Bella se puso rígida, sintiendo un intenso antagonismo hacia él.
- La noche pasada no estabas interesado.
- Anoche no tenía idea de lo que ocultabas.
- No ocultaba nada. Mi matrimonio era asunto mío.
Edward le lanzó una furiosa mirada.
- Hace seis años lo hiciste mío.
Bella mantuvo la cabeza alta.
- Cuando le conté a Jacob lo que había sucedido entre nosotros me dijo que no le importaba...
- ¿Que dijo qué? - interrumpió Edward, incrédulo.
Bella sintió que la garganta se le cerraba.
- Yo quise cancelar la boda. Él me rogó que no lo hiciera. Me dijo que me necesitaba, que no podía imaginar su vida sin mí. Dijo que me perdonaba todo y que no había motivo para arruinar nuestro futuro por un simple error..
- Y tú te lo tragaste... ¡Dios mío! - Edward se llevó las manos a la cabeza.
Los ojos de Bella se humedecieron.
- Pensé que me amaba lo suficiente como para perdonarme y no quise decepcionarlo...
- ¡Te casaste porque sentiste lástima por él! - dijo Edward, sin piedad.
- Me sentía segura con él. Pensé que se preocupaba por mí. ¡Creí sinceramente que podíamos ser felices! - replicó Bella enfáticamente -. Nuestra relación nunca había estado basada en el sexo. Lo que sucedió contigo... me asustó, y la forma en que reaccionaste después...
- ¡Adelante, échame la culpa! - dijo Edward ferozmente.
Bella se volvió de nuevo hacia la ventana para poder contener las lágrimas.
- Lo... lo que hice contigo fue la clase de cosa que habría hecho mi madre, sobre todo en el Deangate Hotel, que era el lugar que más frecuentaba. Fue mi peor pesadilla hecha realidad. Me comporté como ella y eso me aterrorizó...
- ¡Apenas te toqué! - dijo Edward con aspereza.
- Eso no cambió lo que sentí. Lo que me asustó fue el perder el control, el hecho de que deseé que me hicieras el amor - admitió Bella.
- Háblame de tu matrimonio.
Bella suspiró temblorosamente.
- Jacob se emborrachó en nuestra noche de bodas. Y todas las noches que se sucedieron. Pensé que era por mi culpa, que no podía tocarme debido a lo que me había sucedido contigo. Y me dejó creerlo... ¡me dejó creer eso mucho tiempo! Fue un infierno. Ni siquiera compartimos la habitación cuando volvimos y si yo trataba de hablar sobre ello se iba.
Edward soltó una imprecación y Bella se estremeció.
- No quería ir a un consejero matrimonial ni nada parecido - continuó -. Se negaba a admitir que tenía un problema..
- ¿Por qué no lo dejaste? - gruñó Edward.
- Porque me sentía culpable. Creía que todo era culpa mía. Hasta que se puso enfermo, Jacob no admitió que era impotente y que nunca había deseado físicamente a una mujer - Bella tuvo que contener un sollozo antes de seguir hablando -. Algunas personas carecen de impulso sexual y creo que Jacob era una de ellas. No creo que fuera gay, pero, al parecer, antes de que se casara conmigo hubo ciertos rumores. Le aterrorizaba que su familia o amigos supieran que era gay... por eso se casó conmigo. Me utilizó para esconderse.
- ¿Y ese es el miserable al que considerabas tu mejor amigo? - murmuró Edward, incrédulo.
- Lo fue hasta que nos casamos - contestó Bella sin ocultar su amargura.
- ¿Pensaste en abandonarlo?
- No desde que se puso enfermo - susurró Bella -. Me sentí estafada, pero también pensaba que me merecía lo que me había pasado...
- No le debías nada. Él supo lo que te había sucedido conmigo antes de casarse. Le diste la posibilidad de elegir. ¿Qué oportunidad te dio él a ti?
- Ninguna - concedió Bella, pasándose una manga por los ojos para secar las lágrimas.
- Mintió por omisión. Te engañó. - ¿Por qué tratas aún de defenderlo? - Bella se sorprendió al sentir que Edward la rodeaba por detrás con sus brazos. Se puso momentáneamente rígida -. No llores... no puedo soportar verte llorar - dijo con voz ronca.
- Creía que lo amaba - murmuró ella -. Crecí pensando que lo amaba y le habría confiado mi vida. Supongo que no puede decirse que sepa juzgar a la gente, ¿no?
- Tú eras muy joven y yo muy arrogante - dijo Edward -. No supe darme cuenta de cómo debiste sentirte aquel día. No podía creer que aún quisieras casarte con él. Dijiste que nunca pensé en el daño que estaba causando.. y tenías razón. Sólo me preocupaba ganar.
- ¿Por qué estás siendo tan comprensivo?
Edward la hizo volverse y la miró intensamente con sus ojos verdes.
- Hace cuatro días me mentiste después de que te hiciera el amor - murmuró -. ¿Por qué lo hiciste?
Bella se ruborizó intensamente al recordar que había negado su falta de experiencia en la cama.
- Eras virgen - continuó Edward -. ¿Por qué quisiste simular lo contrario?
- Pensé que se lo debía a la memoria de Jacob - susurró ella, aún mortificada.
- Y tal vez no querías darme el placer de saber que había sido el primero - completó Edward, sonriendo.
Bella se preguntó por qué había llegado a pensar que Edward se habría reído de ella si le hubiera dicho que su matrimonio no fue consumado.
Pero era evidente que la alegría de la conquista, de saber que había sido el primero, acababa de multiplicar su placer. A ese nivel, Edwad era muy primitivo. Y ella lo entendía perfectamente. En el sentido físico, nunca había pertenecido a otro hombre. Para Edward, eso significaba que le pertenecía aún más. Sus celos desaparecieron como por ensalmo. Después de todo, Jacob no le había quitado lo que él ya consideraba suyo hacía seis años.
- Vamos a la playa - sugirió Edward con suavidad.
- ¿A la playa? - repitió Bella, parpadeando.
- Esta casa me ahoga.
Una traviesa sonrisa curvó lentamente los labios de Bella.
- ¿Quieres que vaya a la playa así?
Edward le hizo darse la vuelta y le bajó sugerentemente la cremallera del vestido.
Sin aliento, Bella sacó un ligero vestido rosa del armario y se puso unas zapatillas. Se sentía extraordinariamente despreocupada mientras salía a la terraza para encontrarse con Edward. Él se había puesto unos vaqueros y una camiseta y llevaba en una mano la botella de champán que tenían preparada en la habitación.
- Vamos - dijo, pasando un brazo por los hombros desnudos de Bella.
- ¿Qué hiciste con el zapato que me dejé atrás hace seis años? - quiso saber ella.
- Está por ahí, en algún lugar.
- Oh.
- ¿Creías que lo había bañado en oro y lo había colocado en una urna de cristal? - bromeó Edward.
- Era uno de mis zapatos favoritos.
- ¿Qué hiciste tú con el otro?
- Lo tiré.
- ¿Lo ves? - dijo Edward en tono burlón -. Yo fui mucho más sentimental que tú.
Bajaron las escaleras que llevaban a la playa y caminaron por la arena tomados de la mano.
- ¿En qué piensas? - preguntó Edward al ver que Bella permanecía en silencio
- Creí que al enterarte de lo sucedido te reirías de Jacob - susurró Bella
- ¿Por qué? Lo que me has contado no me ha parecido divertido. Te hizo sufrir mucho, y no te lo merecías. No soy ningún sádico. Aunque es cierto que hace dos semanas no podía soportar la idea de que hubieras sido feliz con él. Pero en dos semanas pueden cambiar muchas cosas.
- Sí - asintió Bella en un susurro. Edward se detuvo y la atrajo hacia sí.
- Quiero besarte - dijo con suavidad. Bella sonrió con ternura.
- Hasta ahora no me habías pedido permiso para hacerlo.
Edward apoyó las manos en las redondeadas curvas de las caderas de Bella, atrayéndola contra el calor de su fuerte cuerpo.
- Fue el destino lo que hizo que nos encontráramos hace seis años.
Bella tembló al percibir el aroma y el sabor de Edward. Y cuando el beso llegó, resultó devastador. Le robó el alma del cuerpo y la hizo estremecerse de pies a cabeza. Cuando se apartó, Edward la miró con ojos oscuramente brillantes, percibiendo con evidente agrado la arrebatada expresión de su rostro.
Sus bocas volvieron a encontrarse enseguida, y, en medio de aquel segundo beso, sin saber muy bien cómo, Bella acabó sin vestido y Edward sin camisa. Éste gruñó satisfecho al ver que Bella no llevaba sujetador y abarcó con las manos la carne de sus pesados y generosos senos, acariciando delicadamente con los pulgares las puntas de sus erectos pezones antes de estrecharla contra sí.
Cayeron sobre la arena en una maraña de miembros, incapaces de separarse por un segundo. Ayudado por Bella, Edward terminó de desnudarse. Después, con manos impacientes, él le quitó las braguitas y Bella entreabrió las piernas, anhelante, abriendo los brazos para recibirlo sobre ella y sentir toda la fuerza de su peso y de su ardiente deseo contra la piel.
- Enseguida, mientras Edward introducía la lengua en su boca en una dulcísima imitación de lo que estaba por venir, Bella empezó a mover las caderas en una expresión de necesidad tan antigua como el tiempo. Edward deslizó la punta de los dedos por la cálida y húmeda abertura de Bella y rió con suavidad al oírla gemir, haciéndole estremecerse de placer al introducirle uno de ellos con exquisita dulzura, decidido a conducirla al extremo del placer antes de disfrutar de su unión final. El tiempo no tenía significado. Bella se rindió a los instintos que la controlaban, perdida en una creciente fiebre de excitación.
Y cuando Edward la penetró, fue como morir y renacer en una repentina corriente de primitivas sensaciones. Todo era más extremo, más ardiente e intenso, y su cuerpo adquirió una extraordinaria sensibilidad. La agonía y el éxtasis se mezclaron, y cada glorioso momento fue sumándose hasta provocar un ardiente y explosivo clímax que culminó en un prolongado y maravillado gemido de placer.
Después, mientras sentía que descendía lentamente a tierra, abrió los ojos y vio que Edward le sonreía con indolente y masculina satisfacción. Cuando la besó en la mejilla, Bella sintió que los ojos se le humedecían. No recordaba haberse sentido tan inmensamente feliz en toda su vida.
Se quitaron la arena en el mar, bebieron el champán directamente de la botella, a grandes tragos, y un rato después volvieron a hacer el amor. Bella estaba más que un poco mareada cuando se encaminaron de vuelta hacia la casa.
Cuando empezaban a subir las escaleras de la terraza, vieron a Jane, que se dirigía precipitadamente hacia ellos, llamando a Edward a voces. Éste soltó de inmediato a Bella y corrió hacia su hermana. Cuando Bella los alcanzó, vio que Edward estaba intensamente pálido. Su hermana sollozaba desconsoladamente a su lado.
- Papá acaba de sufrir otro ataque... - dijo Edward, y, por la mirada que le dirigió, Bella supo que su mente y su cuerpo ya se hallaban a miles de kilómetros de ella.
La luna de miel había acabado.
ke les pareció? les gusto?
me regalan review?
las kiero se cuidan=D
hasta la próxima
