APRENDIENDO A AMARTE

Por Inuhanya

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES DE LA ESPECTACULAR RUMIKO TAKAHASHI NO ME PERTENECEN NI LA HISTORIA EN LA CUAL ESTÁ BASADO ESTE FIC…

DEDICATORIA ESPECIAL: LadyJ07, porque gracias a esta historia nos conocimos, quiero dedicarte muy especialmente este capítulo y qué mejor forma de recordar esa fecha tal especial que con una merecida actualización… je je… Gracias por todo tu apoyo, espero que te guste y que lo disfrutes en otra fecha igualmente especial para ti como lo es tu cumpleaños…

------

Un amor en tiempos de guerra…

------

------

Capítulo 10

------

------

La joven continuaba en shock por la vacía expresión que transmitía su rostro e Inuyasha tampoco estaba lejano de igualar su expresión pero por razones completamente diferentes.

Sin embargo, él fue más rápido en recuperarse y en seguida levantó su mano con la intención de secar aquellas lágrimas que seguían bajando por esas enrojecidas mejillas. Pero no sólo quería hacerlo por ese motivo… para su sorpresa y sin la mínima intención de parecer atrevido, ansiaba tocarla desde lo más profundo de su ser. Necesitaba comprobar algo…

Su blanca piel se sentiría igual de tersa al tacto?

Desafortunadamente para él, ese inocente gesto de su parte hizo reaccionar de golpe a Kagome al hacerla revivir la repugnante sensación que aquel hombre le había hecho sentir unos segundos atrás.

"No me toque!" gritó ella mientras se echaba hacia atrás para esquivar su mano. Sus ojos finalmente rompieron contacto visual con la dorada mirada de Inuyasha. "Se lo advierto… si se atreve a tocarme otra vez lo va a lamentar." El joven no pudo evitar sonreír. Tan sólo unos momentos atrás estaba temblando indefensa como una chiquilla y ahora parecía una fiera a punto de mandar el primer zarpazo?

Eso sí que no se lo esperaba.

Definitivamente no iba con su apariencia angelical y eso captó mucho más su interés.

"Oye, tranquila." Dijo Inuyasha levemente divertido intentando un nuevo acercamiento. "Sólo quiero ayudar-" Sin embargo el joven no tuvo ninguna oportunidad de terminar su explicación. Un puño certero hizo contacto con su mejilla obligándolo a separarse de Kagome.

Eso, por supuesto lo había atrapado completamente fuera de guardia.

"Se lo advertí!" Exclamó la joven Higurashi mientras se ponía de pie nuevamente y comenzaba a limpiar su humedecido rostro.

Inuyasha también se levantó imitando a la joven mientras llevaba su mano hacia su golpeada mejilla. No era que le hubiera dolido, un golpe como ese no podría causarle daño alguno. Lo que realmente le molestaba era la forma como le estaba agradeciendo por haberla ayudado.

Si él no se hubiera aparecido a tiempo…

"Así es como agradece mi ayuda?" Preguntó Inuyasha con falsa molestia. Realmente estaba fascinado con el carácter y el coraje de la jovencita.

"Ayuda?" Repitió Kagome mientras desviaba sus brillantes ojos hacia el hombre tirado en el suelo a unos pocos centímetros. "Pues sepa que no necesitaba su ayuda… Seré una mujer pero sé como defenderme."

Sí me di cuenta… linda y orgullosa… pensó Inuyasha mientras sonreía interiormente dándole una mirada de reojo al agresor. "Sí… eso me quedó muy claro." Respondió él en voz alta frotando levemente su resentida mejilla. "Y déjeme decirle que hizo un buen trabajo con ese sujeto, sabe?" Comentó Inuyasha con claro sarcasmo en su voz. "Es más… no sé ni para qué me metí. Dígame algo… Ya estaba a punto de darle su merecido o… estaba disfrutándolo demasiado como para hacerlo?"

Por supuesto Kagome fue bien consciente de su burla.

"Pero cómo se atreve a faltarme el respeto!" Exclamó la joven Higurashi regresando su fruncida mirada al hombre frente a ella. "Usted no me conoce y diría que tampoco es lo que yo llamaría un caballero." Kagome le dio un rápido vistazo antes de continuar. "A leguas se nota que no sabe tratar a una dama." Ella desvió su mirada nuevamente para evitar su intensa contemplación con la excusa de alisar su falda para deshacerse de la tierra que pudiera haberse adherido a la fina tela.

Esos ojos tan extrañamente deslumbrantes brillaban como el mismísimo oro reflejando los rayos del sol que comenzaba su descenso en el horizonte. Eran impactantes, eso no podía negarlo pero al mismo tiempo estaba despertando en ella una ligera sensación de intranquilidad que la incomodaba de cierta manera. Y no era sólo sus ojos… Era todo... No sabía por qué pero ese hombre la inquietaba sobremanera.

"Pero por supuesto que sé cómo tratar a una dama." Inuyasha comenzó a acercarse a la joven y habló con la voz más gentil y gallarda que pudo lograr. "Sólo dígame dónde hay una… y se lo demuestro."

Como lo esperaba, la reacción de la jovencita fue inmediata e Inuyasha no pudo ocultar la leve sonrisa de triunfo en sus labios al ver aquellos mismos ojos llenos de pánico destellar de repente con apasionada furia.

Esta señorita sí que tenía espíritu.

"Patán!" Gritó ella al tiempo que levantaba de nuevo su mano para abofetearlo por segunda vez por cometer semejante atrevimiento hacia ella.

Afortunadamente, esta vez Inuyasha ya estaba preparado y sin ninguna dificultad atrapó la enguantada mano de Kagome antes de que hiciera contacto por segunda vez en su rostro. "Bastante ruda para ser una… Señorita." Susurró él cerca a su rostro.

Sus hermosos ojos castaños se abrieron sorprendidos. Él bajó su mano suavemente, llevándola hacia su boca mientras esbozaba una pequeña sonrisa. Como todo un caballero, el joven Takano depositó, a la altura de sus nudillos, un gentil y galante beso a pesar de la atónita mirada de la joven.

El suave contacto duró sólo unos segundos pero fueron los suficientes para regresar a Kagome a la realidad. Parpadeando rápidamente, ella retiró su mano con hosquedad y con una última mirada llena de antipatía, levantó del suelo su abandonada sombrilla, recogió levemente su ancha falda y sin más palabras de su parte, emprendió el camino de regreso hacia la calle principal.

"Al menos hubiera podido darme las gracias… Señorita." Dijo Inuyasha para sí mientras la veía alejarse por el callejón sin desvanecer en ningún momento su sonrisa.

Sonreír de esa forma no era algo que hiciera o se le diera con mucha frecuencia y facilidad pero esta vez no pudo evitarlo. Lo ameritaba. Ella había provocado eso en él.

Sencillamente había quedado encantado y embelesado con la belleza y la candidez de su joven rostro pero además de eso… estaba su carácter y su bravura. Eso sí que lo fascinó. Tanto así que no pudo contener las ganas de recibir más de su brío. Por eso su interés y dedicación en provocarla a la mínima oportunidad que se le presentara.

Inuyasha llevó de nuevo su mano para posarla sobre su enrojecida mejilla mientras tomaba su propio camino de regreso pasando junto al inconsciente hombre. Esta vez su sonrisa se amplió aún más.

Y vaya que había valido la pena…

------

"Díos mío… Niña Ome! Dónde-?"

"Zarinna!" Exclamó Kagome interrumpiendo el monólogo de su criada. Finalmente y después de buscarla como una desesperada la había encontrado y de inmediato se precipitó a alcanzarla. La joven criada le dio gracias a Dios de ver a salvo a su niña y en seguida fue a su encuentro.

"Niña Ome, gracias a Dios! Qué bueno que-"

"Vamos Zarinna!" La interrumpió por segunda vez la joven mientras la tomaba del brazo para llevarla con ella.

"Qué… pero qué… Le pasó algo niña?"

Kagome enseguida se detuvo pero en vez de responderle a la preocupada india giró rápidamente su cabeza para cerciorarse de que aquel impertinente no hubiera decidido seguirla. "Nada Zarinna. Vamos… salgamos de aquí." Fueron las palabras de la joven antes de retomar la dirección hacia su casa y seguida, esta vez, de su acompañante.

Lo único que quería en ese momento era llegar pronto para refugiarse de nuevo en la tranquilidad de su habitación.

Todo ese incidente de minutos atrás la había dejado muy alterada y perturbada.

------

Nakayama

"Así que el hacendado viajó a Ciudad Izu…" Dijo el alcalde del pueblo mientras frotaba sus dedos en su mentón.

"Así es, señ-"

"Y puedes decirme… por qué demonios no fui informado!" El puño cerrado del hombre hizo fuerte contacto con la superficie de su escritorio callando al capataz frente a él. Onigumo guardó silencio unos segundos antes de responderle.

"Pues… es que no pude, señor."

"Y se puede saber por qué NO!"

El hombre apretó un poco el sombrero en sus manos. "Sé que esto no le va a gustar pero… el administrador como que me tiene el ojo encima desde el último robo." Dijo Onigumo frunciendo el entrecejo. "Por eso no pude venir a avisarle. Me tuvo bien vigilado todo el tiempo."

"Sospecha de ti?"

"Eso no puedo asegurarlo."

"Demonios…" Musitó por lo bajo el Alcalde Fujita con rabia. "Y Takano?"

"El patrón está enterado de todo pero aún no se ha manifestado directamente. Aunque es posible que el administrador esté actuado siguiendo sus órdenes."

"MALDITA SEA!" Un segundo puñetazo resonó en la pequeña oficina. "Eso nos complica mucho las cosas. Era más fácil cuando el viejo estaba en su lecho de muerte! Toda la atención estaba puesta en él. Era la distracción perfecta!"

Onigumo asintió. "Nos salió más astuto de lo que esperábamos y con el administrador asesorándolo pues…" Onigumo dejó abierta la frase. "Yo diría que no va a ser nada fácil." El hombre se rascó su mentón.

El Alcalde Fujita salió detrás del escritorio de madera y comenzó a pasearse por la oficina justo a espaldas del capataz. "Los de arriba me están presionando. En el norte estalló una gran revuelta y las reservas se están acabando… demonios…" Terminó él exhalando fuertemente. "Si tan sólo ese bastardo no existiera… todo estaría a nuestro favor."

"Qué sugiere entonces, señor?" Onigumo frunció su entrecejo. "Quiere que…" Él hizo una dramática pausa antes de continuar. "… lo mate…?" Preguntó finalmente el desaliñado capataz esbozando una sonrisa cómplice.

El funcionario se detuvo al escuchar esas palabras antes de acercarse más al hombre y bajar considerablemente el tono de su voz. "Esa es una excelente idea pero también, una muy arriesgada. Si hacemos eso ahora, en este preciso momento, seria muy obvio que hubo intereses políticos de por medio. Y quién sería el primer sospechoso?"

"Usted?"

"Exacto!" Exclamó el hombre con una palmada en el hombro de Onigumo. "Si vamos a atentar contra su vida debe haber algo que nos permita desviar cualquier sospecha lejos de nosotros. Otro móvil y otro idiota a quien culpar. Entiendes?"

El capataz asintió.

"Además hay otro detalle… es un demonio, por lo tanto, es un poco más resistente que nosotros pero… creo que algo puede hacerse… tampoco es inmortal."

Onigumo asintió con certeza. "Y… un accidente?"

"Podría ser pero de todas formas habría una investigación por ser alguien importante y si se deja el mínimo rastro correríamos el mismo riesgo. No… esto debe ser planeado muy bien." Entre ellos hubo unos segundos de silencio mientras consideraban sus opciones, el Alcalde se alejó de nuevo del hombre, su mano fue a su bolsillo delantero y sacó un blanco pañuelo para secar su humedecida frente.

"Tendremos que esperar otra oportunidad y mientras tanto quiero que también pensemos en cómo deshacernos del Señor Ishihara. Debemos ver la forma de sacarlo del medio." Los ojos del funcionario se posaron en el hombre. "Las cosechas de San Konoe y Gojo Shima están a punto de recogerse para su comercialización. Takano tendrá que viajar nuevamente a Ciudad Izu y…" Una perversa sonrisa se formó en los labios de Fujita. "Se me ocurre que tal vez en Gojo Shima soliciten la presencia de Ishihara para solucionar algún problema pero los caminos están tan llenos de forajidos en estos tiempos tan violentos y son tan peligrosos que cualquier cosa podría ocurrir…"

Onigumo imitó su malévola sonrisa.

"El hombre muere en un desafortunado asalto y nosotros quedamos limpios… quién va a investigar la muerte de un pobre diablo…!" Exclamó Fujita antes de soltar una fuerte carcajada.

"Y la Señorita Ishihara?"

"Esa mujer no representa ningún peligro para nosotros, al menos por ahora. Lo lamento por ella porque quedará huérfana y sin protector en muy poco tiempo pero eso no es problema nuestro." Onigumo asintió. "Ahora vete, lo mejor es evitar que sigan alimentando sus sospechas en la hacienda. Te quiero con los ojos muy abiertos y cualquier cosa que veas y que consideres deba saber me lo haces llegar de alguna forma. Entiendes?"

"Sí, señor."

"Bien." El Alcalde Fujita despidió al capataz con un leve movimiento de su mano antes de regresar a su asiento. Onigumo obedeció y en seguida dejó sólo al hombre con sus pensamientos.

"Sí… no son inmortales… algún punto débil debe tener ese bastardo y uno muy bien escondido. Pero cuál…?"

------

"La pasa algo, Amo? Lo veo muy pensativo…" Preguntó el anciano Myouga desde un extremo del escritorio donde Inuyasha permanecía sentado con la mirada perdida en el pequeño estudio. "Algún problema en la oficina del banquero?"

La preocupada voz del mayordomo hizo parpadear repetidamente a Inuyasha, regresándolo de nuevo a la realidad.

"Algo así…"

"Si gusta puede decírmelo… tal vez lo pueda ayudar." Inuyasha desvió su inexpresiva mirada dorada hacia su acompañante. "Bueno, no sé mucho de esas cosas pero tal vez pueda serle útil en algo. Llevo muchos años viviendo aquí." El joven Takano consideró algo por unos segundos.

"Anciano Myouga… sabías algo de un préstamo que le hizo mi padre a un tal Jiro… Higurashi?"

"Préstamo?" El hombrecillo frunció el entrecejo mientras pensaba duro. "Un préstamo?... No, la verdad no… pero me extraña. Su padre siempre fue un hombre muy tacaño en cuestiones de dinero, me sorprende que haya hecho algo así."

"Sí…" Respondió Inuyasha con inapetencia en su voz. "A mí también." Terminó él mientras se recostaba en la cómoda silla del estudio. Su mirada se desvió hacia el techo y ahí la mantuvo fija. Los dos ocupantes del lugar permanecieron en silencio, al parecer cada uno metido en su propio pequeño mundo.

Aquella habitación era muy similar a la que tenía en San Konoe, contaba con muchos adornos muy finos y costosos como era de suponerse, las elegantes puertas dobles exhibían dos piezas de vidrio hermosamente tallado que daban hacia el patio central de la casa y la única iluminación con la que contaba la habitación era provista por diversos velones distribuidos por todo el espacio.

Hacía un par de horas que todo el personal se había retirado a descansar pero Inuyasha había decido permanecer un rato más encerrado en el estudio. A pesar de llevar una noche entera sin dormir del día anterior, sintió que no podría conciliar el sueño aún si quisiera. Diversas ideas pasaban por su cabeza en ese momento, impidiéndoselo. Su intención desde un comienzo había sido quedarse solo, era la primera vez en muchos meses que tenía la tranquilidad para hacerlo… pero aún así el anciano Myouga había insistido y decidido acompañarlo en el estudio por si algo se le llegara a ofrecer.

El joven suspiró mentalmente. Las cosas ya no eran como cuando vivía en la capital. Allá sus únicas preocupaciones se reducían a concentrarse en sus estudios y terminar su carrera para luego trabajar en algún hospital como cualquier otro médico. Hasta ahí todo iba perfecto.

Hasta que su padrino lo había mandado llamar con tanta insistencia.

Ahora, gracias a los designios de su padre, todo había cambiado radicalmente en su vida.

Desde que tomó posesión de la herencia, todo no era más que puros problemas. Parecía que a su padre no le bastó con todo lo que le hizo de niño. Después de muerto, también consiguió la mejor manera de hacer su vida de adulto todo un mar de contrariedades. Y aún sabiéndolo, él había decidido aceptarlo.

Por qué?... Una de las razones se la había comentado a su viejo padrino.

Las demás…? Tal vez era un reto que se había impuesto a sí mismo.

Quería demostrarse muchas cosas y esta había sido la oportunidad perfecta para eso.

"Sabes?" Habló Inuyasha finalmente luego de guardar silencio por prolongados minutos. Myouga le prestó toda su atención aún cuando su joven amo no le estuviera dirigiendo la mirada. "En ese entonces era muy chico, pero pensaba que conocía muy bien a mi padre." Las pequeñas llamas de las velas que iluminaban el lugar se reflejaban visiblemente en sus córneas doradas dándole brillo a su apagada mirada. "Pero ahora que lo pienso mejor… a medida que me meto más en sus asuntos… siento que menos lo conozco. Cada vez hay más secretos, más acertijos… no sé…"

"Sé a lo que se refiere, Amo. Don InuTaisho fue un hombre muy difícil de descifrar y de entender." Le respondió Myouga con sinceridad mientras bajaba su mirada hacia las manos sobre su regazo. Así pasó unos segundos hasta que algo lo golpeó. "A propósito… si de algo le sirve, amo… ese apellido me suena familiar." Eso en seguida captó la atención de Inuyasha. Sus sensibles orejas se irguieron atentas.

"Lo conoces?" Preguntó Inuyasha enderezándose en su silla.

"Higurashi…" Repitió el anciano intentando recordar. "Bueno, personalmente no conozco a ningún miembro de esa familia. Sólo de nombre."

"Y?" Preguntó Inuyasha con clara impaciencia en su voz.

"Tengo entendido que es una de las familias más acaudaladas de este pueblo. Ya sabe… una de esas familias burguesas." Explicó Myouga e Inuyasha resopló.

"Acaudalada y burguesa?" Repitió Inuyasha. "Y le piden semejante préstamo a mi padre… eso sí que no tiene sentido."

"Bueno, en este caso lo tiene." Inuyasha levantó una oscura ceja intrigado. "Esto no me consta, amo, pero hace un tiempo se corrió el rumor de que, al parecer, esta familia quedó arruinada a causa de la guerra."

"Y ese rumor… resultó ser cierto?"

"Pues… no sabría decirle con certeza… Parece que la doña es la que se ha encargado de negarlo y tapar todo pero… yo sigo teniendo mis dudas." Terminó el anciano con seguridad en su voz. "El préstamo que le hizo el difunto patrón en parte me da la razón y además, para nadie es un secreto aquí en Ciudad Izu, que ha hecho hasta lo imposible por casar a su hija con cuanto viudo millonario le pase por el frente."

"Hn." Respondió Inuyasha mientras se levantaba de su silla para desentumecer su cansado cuerpo. "Eso no es nada nuevo." El joven salió detrás del escritorio. "Así es como funcionan las cosas en esas familias." Dijo él seguidamente y de inmediato sus labios esbozaron una pequeña sonrisa cuando a su mente llegó la imagen del rostro de aquella jovencita. No estaba muy seguro de que lo que le dijo su padrino fuera de cierta forma lo que le estuviera pasando pero desde que se topó con aquella hermosa visión no había podido sacársela de la cabeza. Ella también formaba parte de sus pensamientos en ese momento.

Sin embargo, esa sonrisa no duró mucho. Así como apareció se desvaneció dando lugar a una sensación de disgusto. El sólo imaginarse a aquella joven en esa misma situación… Inuyasha sacudió mentalmente su cabeza para deshacerse de esa idea y rápidamente regresó a su anterior semblante. Después de todo, eso no era problema suyo. Además las probabilidades de encontrarse de nuevo con ella eran muy pocas y si así fuera… lo más seguro era que ya estuviera comprometida en matrimonio o hasta casada. Finalmente el joven decidió retomar el tema que estaba tratando con su mayordomo.

"Y ya que estás tan bien enterado de todo, vieja chismosa… sabes dónde puedo encontrar a este Sr. Higurashi? Sean como sean las cosas tengo un asunto que arreglar con él antes de regresar a San Konoe."

"Por supuesto que sí, Amo. Si quiere mañana lo llevo."

"Bien." Inuyasha se dirigió hacia la puerta del estudio con la intención de irse a buscar algo de merecido descanso.

"Ya se va a dormir, Amo?" preguntó Myouga levantándose del elegante sofá.

"Así es, Myouga. Que descanses."

"Buenas noches, Amo."

------

"Sra. Nodoka." Llamó una de las criadas al entrar al estar del jardín trasero.

"Qué sucede, Rania?" Respondió la elegante mujer deteniendo brevemente su bordado. Ella desvió sus maquillados ojos marrones hacia la criada de mediana edad.

"Señora, en el salón espera un hombre con su criado. Pregunta por el Señor." Explicó la mulata con sus manos sobrepuestas sobre su delantal blanco a la altura de su abdomen. "Y como Don Jiro no se encuentra pensé que tal vez usted quiera atenderlo."

"Te dijo quién lo busca?"

"N-no, Señora. Pero nunca lo había visto antes."

Nodoka se tomó unos segundos para considerarlo antes de responderle a la criada. "Debe ser uno de los clientes de Jiro que viene de algún pueblo cercano. De acuerdo, dile que enseguida voy y ofrécele algo de tomar." La Sra. Higurashi comenzó a doblar con cuidado la tela de su bordado nuevo para guardarla dentro de su canasta junto con el resto de implementos. Rania hizo una pequeña venia.

"Como diga, Señora. Con permiso." Le respondió ella antes de retirarse del estar.

"Ojala que sean buenas noticias lo que traiga ese hombre y no más problemas." Decía para sí la altiva madre de Kagome, su voz baja y lista para entrar de nuevo al salón para recibir a la visita.

Una vez solos en aquel amplio salón, el anciano Myouga no pudo evitar darle un vistazo a sus alrededores. "Ahora veo por qué esta familia pertenecía al selecto grupo de las más renombradas y acaudaladas." Comentó el hombrecillo utilizando un bajo y discreto tono de voz antes de volver sus pequeños ojos hacia Inuyasha. Su joven amo, se había retirado un poco de él para acercarse a una ventana con vista hacia el antejardín.

"Apariencias, Myouga." Respondió Inuyasha cruzándose de brazos y sin emoción alguna en su voz. "Ya nos dimos cuenta que a esta gente le gusta vivir de las apariencias."

El pequeño mayordomo asintió en acuerdo con la mirada fija en la espalda de su joven amo. "Y ha pensado cómo va a hacer que le devuelvan ese dinero, amo Inuyasha?" Inuyasha frunció levemente el entrecejo. "Si de verdad están arruinados va a ser muy difícil. Además, ya le dijeron que el señor está de viaje. Por qué molestarse en hablar con la doña? Posiblemente pueda que no esté enterada de lo que hace su marido."

"Tal vez." Inuyasha parecía distraído. "Ni yo mismo lo sé pero…" Myouga levantó una blanca ceja interrogante. "Sé que te parecerá extraño, anciano, pero quisiera saber qué clase de persona es..." El joven Takano hizo una breve pausa y una pequeña sonrisa se asomó en su rostro. "Mi padrino me dijo que sería bueno 'codearme' con ellos ahora que formo parte de este 'mundo'; pero lo hago más por saber con qué clase de gente estoy tratando realmente. Llámalo curiosidad malsana. Y en cuanto al pago… ya veremos."

Con paso agraciado, la Sra. Higurashi entró al salón finalmente moviendo levemente su elegante abanico negro.

"Disculpe la esper-" En seguida, Nodoka se detuvo en seco interrumpiendo lo que estaba por decir al segundo que sus ojos se posaron en aquella silueta. Su boca se abrió ligeramente y sintió que también había quedado sin aire por la impresión. Acaso lo que estaba viendo frente a ella era alguna especie de aparición?… Así de espaldas, era la misma silueta de…

"Inu… Taisho…?" La Sra. Higurashi no pudo evitar pronunciar con voz ahogada aquel nombre que se supone no debía salir de su mente. Pero fue inevitable no hacerlo… no se suponía que aquel hombre había muerto…?... El tono de voz empleado fue tan bajo que ningún oído normal podría haberlo captado. Tal vez un oído normal como el de Myouga no, pero sin importar lo bajo del tono… no lograría pasar desapercibido para el agudo oído de un híbrido como Inuyasha.

De inmediato, las sensibles orejas del joven presente reconocieron la presencia de aquella señora de cuyos labios salió el nombre de su padre con tanta familiaridad como si se tratara de alguien muy cercano. Acaso… se conocían?

Inuyasha frunció su entrecejo levemente antes de girar su cabeza para dirigirle la mirada a la señora. Claramente podía ver la leve expresión de sorpresa que mostró su rostro cuando sus miradas se cruzaron.

La Sra. Higurashi pasó saliva suavemente una vez que comprobó lo contrario. Sin duda, el parecido era asombroso, sus ojos eran del mismo dorado y el color de su cabello era igualmente plateado, pero definitivamente no era el viejo hacendado de Nakayama. El hombre en su casa era mucho más joven, se veía mucho más lleno de vida, más alto y acuerpado. Aún cuando sus rasgos lucían levemente endurecidos, el brillo en sus doradas córneas era muy intenso.

Tomando aire finalmente y dándole un rápido vistazo al anciano acompañante, la mujer se acercó hasta alcanzar una silla para poder apoyarse. Esa primera impresión la había dejado ligeramente aturdida.

"En qué puedo ayudarlo? Discúlpeme pero no recuerdo conocerlo de antes." Dijo la madre de Kagome encontrando la voz para hablar. "Me informaron que busca a mi esposo pero él no se encuentra en el momento. Puedo saber para qué lo busca?"

Inuyasha le dio una rápida mirada a Myouga antes de regresar su atención a la mujer. "Estoy enterado de eso y el asunto que vengo a tratar con su esposo es algo… personal." Le respondió Inuyasha empleando la mayor de las cautelas. La Sra. Higurashi intentó actuar con la mayor naturalidad posible. Tenía que averiguar de qué se trataba lo que fuera que quisiera hablar con el ausente general.

"Oh, pero que descortesía de mi parte… por favor tome asiento." Ofreció la mujer mientras le indicaba con su delicada mano el elegante sofá cercano a Inuyasha. El joven Takano aceptó con un movimiento de su cabeza. Había algo en esta mujer que no le inspiraba mucha confianza. Si lo había confundido con su padre era porque obviamente lo conocía, y por la familiaridad con la que dijo su nombre… se veía que mucho más allá del apellido. Una vez sentados los dos, la mujer continuó esbozando una discreta sonrisa. "Entiendo… pero lo que tenga que hablar con él puede hablarlo conmigo. Soy su esposa y entre nosotros no hay secretos. Estoy al tanto de todos sus negocios así que… lo escucho."

"De acuerdo." Le respondió Inuyasha con total seriedad. "El asunto que vengo a tratar con su esposo es referente a un préstamo que recibió hace casi un año…"

La mujer abrió ampliamente sus ojos y su mentón se tensó visiblemente al escucharlo. Inuyasha se detuvo un momento.

"Veo que ciertamente está al tanto de eso."

La Sra. Higurashi asintió su cabeza en forma afirmativa. Cómo no saberlo si fue ella quien le pidió ese maldito préstamo personalmente a InuTaisho Takano… el que no sabía nada era su esposo, el General, y así debía seguir siendo.

"Es cierto." Respondió la mujer altivamente. "Y usted cómo lo sabe? Viene de parte del Estado?"

Inuyasha se tomó unos segundos para pensar en la respuesta. "Se equivoca señora… no vengo de parte de nadie… vengo porque es mi obligación como hijo de InuTaisho Takano Lowe."

Un escalofrío recorrió toda la espalda de la Sra. Higurashi en el instante de que la palabra 'hijo' había dejado la boca del hombre frente a ella. Los tranquilos latidos de su corazón comenzaron a aumentar su ritmo normal. Ahora veía de dónde provenía el asombroso parecido con el viejo… pero por qué no lo asoció antes cuando lo vio la primera vez?… Tal vez porque sabía que el único hijo que conocía de InuTaisho había muerto unos años atrás… Nunca estuvo enterada de un segundo hijo…

Inuyasha sonrió interiormente. "Sé que le sorprende pero no estoy aquí para hablar de eso." La perturbada mujer abrió de inmediato su elegante abanico y comenzó a proveerse del necesario oxígeno que le pedían sus pulmones en ese momento. El frío escalofrío había dado paso a un creciente y sofocante calor que había iniciado el ascenso hacia su rostro.

Lo que más había temido por tanto tiempo finalmente estaba pasando y lo peor de todo era que no sabía qué hacer en ese preciso instante. Era la primera vez que se sentía acorralada y sin salida. La existencia y la visita de este hombre definitivamente la habían atrapado fuera de guardia.

El tercer ocupante de la sala se mantuvo en silencio todo el tiempo pero muy atento a todo lo que estaba pasando a su alrededor. El no era nadie para intervenir así fuera una persona de confianza para su joven Amo. Su obligación era callar y obedecer. Sin embargo, no fue ajeno a la sospechosa reacción de la dueña de casa. Nunca la había visto en persona como para decir que la conocía bien pero las habladurías del pueblo eran lo suficientemente verídicas como para saber que la mujer que tenían en frente no era ni la sombra de lo que era realmente.

Algo la estaba inquietando sobremanera.

Varios segundos de silencio comenzaron a extenderse en al amplio salón aumentando con el tenso ambiente.

Viendo que la señora no parecía estar en la mejor disposición para seguir conversando del asunto, Inuyasha decidió dejar las cosas así, al fin al cabo, este tema era algo que sólo debía concernirle a él y al señor Higurashi. Era obvio que la mujer no estaba emocionalmente capacitada para eso en el momento.

Sin esperar por más de parte de la elegante mujer, el joven Takano fue el primero en levantarse seguido de su fiel sirviente. "Créame que mi intención no era importunarla pero entienda que hay intereses de por medio y creo que lo mejor será tratar esto directamente con su esposo. A ambos nos conviene llegar a un acuerdo." Dijo Inuyasha con leve cortesía teniendo en mente que de por medio habían ciertas escrituras que hasta el momento lo hacían dueño de esa propiedad.

Además, el desencaje de la mujer fue suficiente motivo para ser un poco más condescendiente con ella. No había caso en mortificarla más.

Aún cuando no simpatizara mucho con esta clase de gente tampoco estaba en su naturaleza ser cruel y despiadado como su padre.

Sin embargo, nada salió de boca de la Sra. Higurashi. Su mente estaba buscando desenfrenadamente alguna solución rápida que pudiera hacerlo desistir de la idea de hablar con su esposo.

Inuyasha le dio una rápida mirada al anciano a su lado recibiendo un leve movimiento de cabeza de su parte.

"Si nos disculpa, nos retiramos. Debo viajar a la hacienda pero tendré que regresar en unas semanas. Dígale al señor que lo buscaré en cuanto pueda." Con eso dicho, Inuyasha salió del amplio salón con paso firme seguido de cerca por Myouga.

Segundos después y gracias al ruido de la puerta cerrándose, la Sra. Higurashi logró salir de su trance. De inmediato se puso de pie y rápidamente sus pies la llevaron por impulso hacia la ventana que daba a la calle. Con mucha discreción, ella se asomó parcialmente escudada por la pesada cortina color mostaza que la vestía para darle un último vistazo al hombre que acababa de salir.

Una sola idea se mantenía dando vueltas en su adolorida cabeza en ese momento.

Por nada del mundo podía permitir que se suscitara un futuro encuentro entre los dos hombres. Eso nunca!

No quería ni pensar en cómo podría reaccionar Jiro si se entera que a sus espaldas pidió ese préstamo cediendo nada menos que las escrituras de la mansión como garantía. Eso sería fatal y muy humillante ante los ojos de los demás.

La mujer cerró fuertemente sus ojos al tiempo que llevaba una manicurada mano hacia una de sus sienes para masajearla.

"Dios mío… y ahora qué voy a hacer? Esto no me lo esperaba tan pronto…" Se preguntó ella en una voz llena de angustia y mortificación. Sin embargo, esa misma angustia se transformó en completa rabia y frustración en cuestión de segundos. "Por qué tenías que darme una hija tan testaruda e insensata?" Continuó ella, dirigiendo su mirada y sus palabras al mismo ser supremo que acababa de invocar. "Si tan sólo ella hubiera aceptado casarse… nada de esto-"

Sus palabras murieron abruptamente en su boca cuando una nueva idea la golpeó. En seguida, su atención regresó de nuevo a la ventana logrando tener aún un leve vistazo de los hombres en la lejanía. Sus ojos se fijaron intensamente en la espalda de Inuyasha.

"Pero por supuesto…" se dijo ella esbozando una conspiradora sonrisa. "Cómo no se me ocurrió antes…"

------

Continuará…

------

Nota de Inu: Cuídense mucho y hasta una próxima oportunidad… Besos, besos y más besos!