Canción propuesta para el capitulo: El Verdadero Amor Perdona (Mana)
"Si amas a esa persona, su felicidad es la tuya"
Desliz de Amor
En un mundo donde todo es perfecto, imaginas tu vida de mil formas maravillosas y sin duda te encuentras con la difícil decisión, de cual elegir sin que tenga que doler una parte de ti. Pero lo que ese mundo perfecto no te muestra, es que existe un lado oscuro detrás de todos los colores brillantes, y es justo en ese momento que tu corazón late desbocado y que el lado tenebroso te envuelve hasta exprimir hasta la última gota de alegría y esperanza.
Así me sentía, sin esperanza y viendo solo el lado tétrico de ese maravilloso y perfecto mundo, en el que me sumergí cuando la conocí. Quien iba a pensar que todo se desmoronaría en un abrir y cerrar de ojos, y me ataría de pies y manos viendo como ella me odiaba, para matar la última pieza de mi corazón, ella estaba con otro y sosteniendo un hijo de ella y de él.
― ¡Hey, Edward! ¿De verdad eres tú? ―. Mis ojos enfocaron la persona que me hablaba y aunque traté de recordar que me había dicho, mi mente no podía hilar nada de aquella vaga conversación, pero lo intenté.
―Sí, lo siento, es que estaba pensando―. Su mirada me decía que sabía en qué pensaba o eso creía.
―Y supongo que es una mujer la que te tiene de esta manera ¿cierto? ―. Desvié mi vista aclarando silenciosamente mi respuesta.
―Y ¿puedo saber qué pasó?
Suspiré largamente y mis ojos encontraron un par de transeúntes vagando por las frías calles de Londres, muchos tomados de la mano, otros corriendo y unos cuantos en los establecimientos resguardándose del frío. Heidi y yo nos encontrábamos en un café cercano al hotel en el que se hospedaba, habíamos pedido unos cafés y panecillos, hablábamos de todo un poco y al principio ella evadió el tema del porque me encontraba en ese estado tan perdido, como dijo ella, y del que no estaba seguro poder salir. Pero a medida que el tiempo pasaba y los cafés se enfriaban, ella fue directa al grano como siempre lo hizo en nuestra adolescencia, le dije lo más básico. Había venido a Londres a buscar a alguien que no veía hacia un tiempo y esperaba darle una sorpresa cuando el sorprendido fui yo, nada más hondo, nada de nombres ni sentimientos.
Ahora quería saber más y no estaba seguro de querer abrirme con ella, con quien compartí un pasado intrincado del que no es bueno recordar. Ella no era la indicada para saber las penas de mi corazón, pero ciertamente era la única que podía escucharme en este momento. Fruncí el ceño y aunque sentía que esto estaba mal, abrí la boca para dejar salir mi verborrea.
―Ella se fue luego de que yo destruyera todo lo que sentía por mí, y ahora eso se volvió contra mí―. Ella me veía atenta y un poco preocupada.
―Edward si quieres…
―Yo vine para verla a ella y pedirle perdón, suplicarle que volviera a mi lado y demostrarle que todo había sido para protegerla, sin embargo, había una voz en mi mente que decía constantemente que ella ya me había olvidado, pero como un idiota esperanzado seguí adelante y…
―Tranquilo, si no puedes decírmelo esperaré―. Justo en aquel instante un clic resonó en mi mente y todo frente a mis ojos pareció borroso, una capa cubría mis sentidos y sentí la ira bullir en mi interior.
― ¿Quieres saber que mierda pasó Heidi? Pues bien, llegue a su edificio, ilusionado y con un plan trazado para que me escuchara y entendiera por qué hice lo que hice, pero ella apareció junto a otro y un bebé en brazos, un hijo de ella y ese malnacido. ¿Entiendes que ella hizo su vida, mientras yo moría lentamente preguntándome que sería de ella?
Descargué parte de esa llama ardiente que quemaba mi alma, y no dejaba rastro de lógica en mi cerebro. Heidi solo acaricio mi mano en círculos, y lo que debió tranquilizarme hizo que una necesidad de venganza opacara todo pensamiento.
― ¿Cuándo debes irte? ―. Ella me vio extrañada pero finalmente una sonrisa apareció en su rostro.
―Mañana en la tarde.
Observé sus ojos azules, baje hasta sus labios rojos y carnosos, sus mejillas desprendían un delicioso rubor y su cabello era dorado cayendo en hondas suaves sobre sus hombros. La bufanda y el sweater se amoldaban a su curvilínea figura, mientras que su aroma llego a mí en una ráfaga de viento, que me hizo sentir necesidad y venganza.
Pura y necesitada venganza.
Mi corazón estaba batallando contra aquellos pensamientos, estaban mal pero nada parecía aplacarlos, nada excepto saciar aquella necesidad de una vez por todas.
―Edward ¿te encuentras bien? ―. Enfoque su mirada, sus ojos, y el deseo exploto en mi interior.
―Sí. ¿Podemos ir a tu habitación?
Lo que en un principio se reflejó como sorpresa en su rostro, ahora era una clara aceptación y aunque detecté cierto miedo en su pupila, cerré los ojos evitando cualquier rasgo que pudiera hacer florecer la culpa en mí. Era lo correcto en aquel momento.
Sentí su tacto en mi mano y una sensación de confort, pensando que aquellas manos podrían darme lo que otras nunca volverían a hacer. Abrí los ojos nuevamente y ese mar azul me dejó claro lo que ahora mi mente anhelaba.
―Vamos―. Estaba claro en su voz que no se esperaba esa pregunta de mi parte.
La seguí hacia las afueras de la cafetería tomado de su mano, mientras el frió de las calles londinenses hacia mella en mis huesos, y deseaba más que nunca estar en un lugar cálido, dentro de unos brazos confortantes. Estaba seguro de que unos brazos estarían a mí alrededor muy pronto, lo que no sabía era lo mucho que anhelaba que fueran otros hasta ese momento.
Una vez llegamos a su hotel, subimos los cuatro pisos hasta su habitación. Todo estaba oscuro, excepto por una pequeña luz que provenía de la sala, y al adivinar sus intenciones de dar más claridad a la habitación, la detuve.
―No, es mejor así―. El silencio reino y creí que ella diría que no, finalmente.
―Está bien―. Por su tono de voz pude detectar el dolor y la resignación. Y si era así ¿Por qué no me detenía? ―Vamos―. Y la seguí a lo que supuse su habitación.
Aquella voz en mi cabeza seguía recordándome que esto estaba mal y aún era tiempo de pararlo, pero por otro lado mis más oscuros sentimientos nublaban cualquier razonamiento y nada parecía poder aplacarlos. Presentía que en este juego muchos saldrían heridos, entre ellos yo mismo.
Una vez en la habitación se separó de mí y abrió las cortinas dejando que la sobria noche iluminara la habitación. Con aquella poca luz podía ver su rostro.
Sentí sus manos en mi pecho desabotonando la camisa, las mías en su cintura y su cálido aliento en mi cuello. Sentía sus besos en el lóbulo de mi oreja, lo que me insto a ascender por sus costados subiendo el sweater, y lentamente besando sus hombros desnudos. Desabroche el sostén liberando sus pechos, tomé un pezón en mi boca succionándolo ligeramente notando como se endurecía, luego le di la misma atención al otro, escuchando como gemía sonoramente.
―Edward.
Ahogue sus palabras con un beso voraz, no quería palabras. Hoy solo quería saciarme físicamente. El amor y la ternura no tenían cabida en aquella habitación.
―No quiero que digas nada, por favor solo…
―Solo disfruta Edward, olvida por un momento―. Asentí, eso pretendía.
Desabotoné su pantalón bajándolo muy lentamente por sus piernas junto a su ropa interior, besaba y mordía a medida que ascendía por todo su cuerpo. Finalmente llegue a sus labios y estos me recibieron gustosos, mientras saboreaba lo que me daba, no podía evitar compararlos con otros labios dulces y suaves. Que se ajustaban perfectamente a los míos.
Sus manos se incrustaron en los cabellos de mi nuca acercándome más a su boca, instándome a que jugueteara con su lengua en un delicioso compás. Tome su cadera con una mano alzándola un poco, haciendo que instintivamente nuestros sexos se tocaran y gemimos ante aquella fricción, con la otra mano tome su cabello y la bese desesperado. Quería más y más, no podía obtener lo suficiente de ella y esta necesidad parecía imposible de saciar, así que debía utilizar todo a mi disposición. Su cuerpo, mis ansias y el desprecio que sentía por mí mismo.
En aquel segundo, vi su rostro, surcado por el deseo y fue como un dejavu. El placer en sus ojos, el sudor perlando su frente y los gritos después de un desgarrador orgasmo, que nos arrastraba a los dos en una vorágine de placer infinito. Vi su cabello marrón, sus labios hinchados por los besos. Y de repente la imagen cambio, entre mis manos tenia mechones de cabello dorado, y frente a mí se encontraban unos ojos de un azul profundo. Me beso rompiendo aquel recuerdo de mi mente y enviando olas de placer por cada terminación nerviosa, sus labios pronunciados y brillantes besaban mi mandíbula, mi cuello. Inesperadamente se subió a horcajadas sobre mi, y besando mi pecho bajo lentamente para detenerse sobre mi miembro erguido, listo para ser engullido por su boca. Levanto el rostro buscando mi aprobación, le di una sonrisa ladeada y sin detenerse en juegos previos me envolvió rápidamente, subiendo y bajando. Mordía muy ligeramente hasta casi hacerme rodar los ojos, finalmente llegue al tan ansiado orgasmo, dejándome exhausto y sudoroso.
Después de aquello, solo buscaba una única cosa, la que en un principio estaba en mi mente, estar enterrado en su interior, tan profundamente que olvidaría todo y nada más seria importante. Una vez que estuve donde quería, me balancee dentro y fuera de ella, sin mira sus ojos o besarla, sentí la opresión de sus paredes entorno a mi miembro, exprimiendo hasta la última gota que guardaba en mi interior. Caí a su lado, rendido, no había culpa ni otro sentimiento, solo una llanura en blanco.
Ninguno decía una palabra, solo se escuchaban sonidos de satisfacción y placer en toda la habitación, no necesitábamos más, porque no sentíamos nada. No era una noche romántica, ni un polvo cualquiera, era solo un polvo entre dos viejos amigos, uno en el que podíamos expiar nuestros miedos y olvidar por unos minutos todo aquello que dolía. Por lo menos por mi parte así era, por la suya solo sabía que no era feliz en su matrimonio, aunque la verdad no me interesaba.
Después de lo que parecieron unos pocos minutos, aunque creo que fue mucho más tiempo, los dos nos levantamos y nos vestimos sin decir palabra alguna, sin el mayor sonido que el de el roce de las prendas sobre la piel. La habitación estaba oscura y olía a sexo, y ni en aquel momento sentí algo más allá del lugar en el que estaba, nada parecía importante o algún sentimiento que bullera en mí. Absolutamente nada.
― ¿Que significa ser amado?
Aquellas palabras tampoco surtieron efecto en mí, no imaginaba lo que eso significaría en un futuro cercano.
―Espero la encuentres.
Nada.
―Adiós.
El golpe de la puerta, fue el único sonido que escuche por el resto de la noche. Nada paso por mi mente en todo este tiempo, intentaba descifrar que sentía, pero tampoco parecía tener alguno. En algún momento supongo que me quede dormido, porque recuerdo una molesta dar de lleno en mi cara. Abrí los párpados que pesaban toneladas y en efecto la luz del sol, se colaba por la persiana entreabierta.
Me levante como si hubiera bebido toda la noche, abrí las cortinas y la luz casi me cegó, el cuarto estaba hecho un caos. Distinguí en el suelo lo que parecía un pedazo de papel, una vez lo vi de cerca, descubrí que era un condón, y justo en aquel momento todo lo que sucedió la noche anterior llego a mi mente como un boom de recuerdos. Caí de lleno en la cama, y todos aquellos sentimientos que sientes después de que sabes que has hecho algo terrible, llegaron con más potencia.
Pero aunque quisiera negarlo, sabía exactamente porque lo había hecho y cuál era el motivo de haber llegado a este punto sin retorno, mi mente era un caos de pensamientos. El único culpable era yo, ni Bella o Heidi tenían la culpa de lo que yo mismo había ocasionado, llegue a un punto en el que me di cuenta, de que por más que pensara en cada mala decisión que había tomado hasta el momento, no cambiaría el hecho de que había dañado lo único verdadero en mi vida, a la mujer que más amaba.
Luego de que finalmente decidí que debía irme, me duche y baje a recepción donde me dijeron que Heidi había cancelado todos los servicios e incluso pago un desayuno para mí. Desistí de aquello, no estaba seguro de poder probar algo en aquel momento.
Esa misma mañana compre un vuelo de vuelta a New York, no tenía caso seguir en Londres, por lo menos Bella era feliz, en aquel momento me cegó el dolor y la rabia, pero viéndolo desde otro ángulo, me siento bien de haber contribuido a su felicidad.
°°0°°
―Una vez que te fuiste, encontré esto en el antiguo departamento de Bella.
Era una hoja de papel doblada e iba dirigida a mí. La cogí entre mis manos y no pude reprimir las lágrimas, en cuanto leí la primera línea.
―Cuando el portero me entrego las llaves y la carta, yo simplemente no pude...
Escuche un sollozo fuerte y desgarrador, supongo que mi pequeña hermana se sentiría dolida y traicionada. Sumamente sola y culpable, por no haber sido lo que ella necesitada en aquel momento, por no haber estado allí, justamente era así como yo me sentía, no sabía si los sollozos eran míos o de mi hermana. Tenía la cabeza entre las manos y las lágrimas eran casi dolorosas.
―En aquel momento me sentí traicionada, ella no confío en mí, pero no soy quien para culparla, no estuve cuando ella estaba dispuesta a escucharme. Siento que el daño que le causamos sea imposible...
―No.
― ¿Qué?
―No es imposible, ella es feliz ahora y tiene personas que la aman profundamente.
― ¿De verdad?
Asentí, su rostro mostraba un brillo especial, y sus ojos estaban llenos de lágrimas y contenían una felicidad contagiosa. A pesar de lo mucho que dolía, ella era feliz y eso era lo más importante, tenía un hijo y un hombre que estaba para besar su frente y acompañarla cada día. A pesar de lo contento que eso me hacía sentir, no hacia menos doloroso el hueco dentro de mi pecho. Sin embargo, ella era la mujer que más amaba en el mundo y si era así, como debía ser feliz, entonces lo aceptaría.
―Ha pasado casi un año, desde que Bella se fue, y solo me siento más culpable.
Conocía bien ese sentimiento, la amaba tanto, que era imposible olvidar todo el daño que le hice, lo mucho que le hice sufrir y los mares de lágrimas que derramo. Era una culpa que estaría sobre mis hombros por siempre y que afrontaría.
―Te dije una vez, que te diría toda la verdad ¿Recuerdas? No omitiré nada Edward.
En aquel momento nada de lo que dijera mi hermana menor, me sorprendería o dolería más de lo que ya sabía. No tenía nada que perder ahora.
Nos sentamos frente a frente, en la sala de mi pequeño departamento en NYC, el anterior era demasiado frío y contenía tantos recuerdos. Así que me mude a uno más cómodo y menos agobiante. Llevaba una semana exacta, desde que regrese de Londres, había sido el tiempo suficiente para aclarar mi mente, ahora entendía que el error que cometí, fue un acto impulsado por la culpa y la rabia. Y el hecho de haber utilizado a Heidi para apagar mi dolor, solo lo hizo más doloroso, ni ella o Bella tenían culpa alguna en cada decisión que tome, el hecho de saber que Bella era feliz, me hizo sentir traicionado pero comprendí que el daño que le hice no fue tan grande como para no amar otra vez.
Mis padres fueron a visitarme, y me contaron que mi madre sabía toda la verdad. Ahora entendía, los regalos, las salidas con demasiada frecuencia, y las miradas de mi padre hacia ella. Era como si intentara reconquistarla, aunque en su momento creí que sería mi padre por apagar sus culpas.
Fin Flashback
―Lo sé todo hijo. Tu padre me contó cada detalle, y lo único que ha hecho desde entonces ha sido enamorarme.
―El día que termine con Charlotte, tu madre me dijo.
―No importa con quien estés, si eres feliz yo también lo seré.
―Le conté todo a tu madre, ella lloro tanto que me dolió ser el causante de su dolor, ella no me crítico, no me grito o acuso, simplemente dijo aquellas palabras.
―Esperaba que tu padre me dejara, y decidiera irse con ella. Pero no lo hizo.
―Me dolía pensar, que tu madre ya no tenía un lugar en mi corazón, pero ella me vio directamente a los ojos y allí lo supe. Dedicaría cada día de mi vida para reconquistar su amor y confianza.
―Ahora solo somos nosotros, superando y amando. Eso significa ser amado hijo―. Mi madre beso mi mejilla y mi padre me dio una sonrisa cálida.
Fin Flashback
―Parece que has vuelto a ser tú mismo.
Alice toco mi hombro, haciendo que los recuerdos se desvanecieran rápidamente. Me gire y tenía una sonrisa triste y una solitaria lágrima caía por su rostro, la limpie y la abrace.
―Sin importar lo que digas, siempre serás mi hermana―. Ella asintió, pero presentía que no opinaba lo mismo.
―Unos días antes de que Bella se fuera, me entere de algo que ni siquiera ella misma sabe.
― ¿De qué hablas Alice? Me estas asustando.
―Había olvidado los bocetos de un cliente, así que me devolví por ellos y sin querer, escuche a mis padres hablar sobre Bella. No pude evitarlo y escuche todo.
―Y ¿qué es exactamente todo? Déjate de rodeos y dime de una vez que es lo que sabes Alice, estoy perdiendo mi paciencia.
―Mamá decía algo sobre adopciones y rehabilitación, papá les pedía que entendieran, que tuvieran miedo y que fueran demasiado jóvenes, para esa responsabilidad. Luego mamá estaba llorando y escuche un golpe, quise entrar pero luego papá dijo que era su hija.
Alice estaba derramando lágrimas, lágrimas de dolor, de tristeza pero ¿Porque? No entendía a donde quería llegar con esta historia.
―Dijo que Bella era...
No
No
No
Eso no era cierto, no podía, ella no podía ser. Era una mala broma, una cruel y dolorosa broma, tanto tiempo creyendo que mis padres tenían mínimos secretos con nosotros, cosas que normalmente no le cuentas a tus hijos, porque son parte de ti y tu pareja, de nadie más. Sin embargo, un secreto tan aberrante como ese , era simplemente imposible, era asqueroso y ruin.
Ellos no podían haber escondido algo tan importante, no pudieron haberme dejado creer en el amor, ser parte de su vida y de su cuerpo. Que era lo que buscaban con que yo me enamorara, acaso ¿sabían que le haría tato daño, que finalmente fueron meros espectadores de como arruinaba mi vida, para no hacerlo con ese secreto?
―Edward, por favor escúchame, debes dejarme terminar, eso no es todo. Por favor hermanito, hay más, mucho más.
― ¿Que mierda quieres que escuche? ¿No ha sido suficiente, con terminar de matarme? Créeme que no necesito escuchar nada más Alice, estaba bien con el hecho de saber que es feliz y yo viviría lo más normal posible. Dime como lo hago ahora Alice, dime y lo haré.
―No puedo, pero nada es como lo piensas, todo tiene una explicación. Nuestra madre quedo embarazada en un momento que no esperaba, y mi padre era un estudiante con un trabajo muy barato, como para mantener a dos bocas. Si que decidieron darlo en adopción cuando naciera, no fue...
―Y ellos solo lo dieron a otra familia, y mucho tiempo después se encontraron con esa familia y su hija, pero como si disfrutaran de una morbosidad vulgar, ven con su hijo se enamora de ella, como mantienen una relación y como se casan. Esperaron que arruinara todo para que ellos no sintieran culpa ¿verdad?
―No es así Edward, nada es como lo dices. Ellos de verdad...
―Ellos son las personas más falsas, que conocido nunca. No son mis padres Alice y te agradecería que por favor te fueras, ahora mismo.
―Edward, porque no me dejas de una maldita vez decirte las cosas como las sé, ¿porque no me dejas expiar mis culpas de una vez?
―Porque al igual que ellos, cada palabra que dices, me hiere.
―Ed, de verdad lo lamento pero no sabes lo que dices, Bella no es tu hermana.
― ¿No? Entonces qué es lo que acabas de decir, es más que obvio, Bella tiene ahora veintinueve años y yo uno menos, cuadran las fechas.
―Si lo ves de ese modo sí, pero tú eres quien no pertenece a esas fechas, Edward tú no eres...
Nono un trueno, la luz se apagó y quedamos mudos y asustados por la repentina tormenta, así como si una fuerza divina estuviera impidiendo que Alice terminara esa oración, que poco me importaba escuchar realmente.
Mi vida estaba dando tantos giros, que era inevitable no sufrir las consecuencias del pasado. No sabía si el perdón, era una cualidad que aprendes o una palabra que no tiene significado, me inclinaba por la última opción, porque no la entendía, aquella palabra era extraña para mí.
Guau, decadas despues aparezco yop, pero bueno heme aqui y con lo mejor, un capitulo nuevo y jugoso, espero lo disfruten y lo sepan entender. Se que alguna o la mayoria de ustedes no desea leer a un Edward infiel, pero el Edward de esta historia es un hombre, con tormentos y malas decisiones, con culpas y secretos. Es hombre y aunque no lo intento disculpar comete errores y este ha sido uno de los peores, pero como todo tiene sus consecuencias. No pretendo mostrar al Edward de los libros, porque claramente es humano no un ser divino y los defectos que todos tenemos como seres humanos, incluso Bella que es la victima, tiene sus defectos y errores.
Espero hayan oido la cancion, la empece a escuchar y estaba curiosamente escribiendo el capitulo, no habia caido en cuenta de que calaba perfectamente con el capitulo, muy cierta su letra, si verdadero amor se perdona. Aunque no podamos confiar nuevamente. Y me dije, esto no es coincidencia, es cosa del destino supongo. Mi filosofia es, nada en la vida pasa porque si, todo tiene una razon de ser.
* Respecto a la chica que me comento sobre el tiempo espacio mal empleado por mi parte, en donde Alice dice haber conocido a Bella en la secundaria y en otro que apenas unos meses antes de la boda, supongo que no supe explicarlo bien, si esta bien empleado, lo que pasa es que mas adelante se develara otro secreto con respecto a eso y tiene mucho que ver con lo que acaba de enterarse Edward. Es como un laberinto y me pareces bien perspectiva y atenta a la lectura para que te dieras cuenta de ello. Espero ahora si me hayas entendido, aunque lo haras mejor cuando todo se sepa.
Miles de besos a todas y gracias por seguir esta historia, tan espaciosa en sus actualizaciones, pero pronto habra otra muy tierna, que tambien esta en proceso, espero les guste tanto como esta.
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