El mejor amigo de mi hermano

Nota hp'sworld: Bueno, espero que guste este nuevo capitulo... Dejad reviews aunque digan que soy la peor escritora de la historia... Porque sino asumiré que nadie sigue esta historia.

Este símbolo […] significa que no voy a explicar lo que pasa a continuación, porque sino, sería muy repetitivo y me cansaría de escribirlo y vosotras de leerlo…

Disclaimer: Todos los sustantivos que veáis (además de algún verbo como trasladarse) son de J.K. Rowling... Casi todo lo demás es mío (aunque no tenga la propiedad, al menos puedo fantasear).

Capítulo 10- La elección

Después de aquel incidente sin importancia, Vicky se fue a su habitación a meditar ya que tanta información en un día, para ella, era suficiente. Vicky había desconfiado de Cedric sin concederle el beneficio de la duda y todo lo que Cedric le había explicado de él, se asemejaba más a lo que en verdad habría pasado. Pero lo mejor de saber la verdad había sido que Cedric la consideraba su amiga y que no quería que pensara mal de él. Y la parte negativa de aquello era que Vicky se había creído todo aquello que le habían dicho las gemelas.

– ¿Estás de vuelta tan pronto? – Vicky no se había dado cuenta que las Gryffindors habían entrado en la habitación.

– ¿Quién ha ganado? – preguntó Vicky.

– ¡En primer lugar a quedado Cho y en segundo Cedric! – dijo sin entusiasmo Katie, Vicky miró a Angelina que se veía frustrada, seguramente por no haber ganado.

– Tú has cantado mucho mejor que ellos – intentó animar Vicky pero Angelina le echó una mirada furibunda.

– ¿Cabe alguien más en esta habitación? – preguntó divertido Fred.

Los tres chicos entraron y se sentaron mientras se reían a carcajadas.

– ¿Qué es tan gracioso? – preguntó Alicia cabreada.

– Nada que…, bueno, vosotras os habéis ido antes de que le dieran el premio a Cho, ¿no?

– Sí – dijo Angelina mordaz.

– Pues… os habéis perdido la mejor entrega de premios de la historia.

– No quería ver como una destroza canciones recoge su premio.

– George, el maestro de las bromas ha encerado el suelo con un hechizo y bum… hemos visto la caída de una estrella.

Todos se rieron imaginando la situación y cómo la abría salvado.

– ¡Estoy tan emocionada que me tiemblan las piernas! – dijo George imitándola.

– La imitas muy bien, por eso yo en el tren… – se paró en seco, todos la miraron, Vicky no les había contado por que los había "espiado".

– ¡No nos contaste lo del tren! – dijo Katie.

– Bueno, sé que sonara difícil de creer… pero me pensé que era la voz de Cho y por eso os "espié"… Os juro que no le dije nada a Cho – añadió cuando vio la cara de los otros.

– ¡Te creemos! – exclamó Lee y se ganó una mirada furibunda de Angelina.

– ¡Os tengo que contar las últimas! – Vicky les mantenía informado de todo.

Les explicó todo lo que le había contado Cedric y después la entrada de Cho y lo de su fiesta.

– ¿Cómo se nos ha escapado ese detalle? – dijo en voz alta Fred.

– ¿Estás pensando lo mismo que yo, Fred?

– Sí.

– ¿Podéis decirnos vuestra idea?

– ¿Estáis seguros de qué queréis saberla? – preguntó George con voz malvada.

– Sí, corta el rollo – cortó Angelina.

– ¡El regalo es importante!

– Cedric confía en ti… tú solo tienes que decirle que lo compraras tú y que después se lo darás…

– No, creo que es una mala idea – Vicky no quería hacerle eso a Cedric, pero… «Cedric te quiere traicionar, se lo ha dicho a tu hermano» le dijo su cerebro.

– Es tu elección, si no quieres – susurró Lee.

– Me lo he pensado mejor… Será todo un placer.

Hablaron durante dos horas pero cuando tuvieron sueño, cada una se metió en su cama. Apagaron las luces pero seguían hablando y riendo.

– ¡Callad un momento! ¿No escucháis ese sonido? – habló Alicia.

TAC, TAC. Algo estaba repiqueteando el vidrio cercano a Vicky.

– ¡Sí, yo también lo oigo! – exclamó Vicky y antes de que nadie más dijera nada, se levantó y abrió la ventana.

Una lechuza estaba posada en la ventana y era la que producía el ruido.

– ¡Es una lechuza! ¡Lumos! – de la varita de Vicky salió un halo de luz que iluminó a la lechuza la cual tenía levantada una pata hacia ella. Le desenroscó el mensaje y ésta voló hacia la torre de las lechuzas.

Desenrolló el pergamino y empezó a leer.

DE LAS RAVENCLAWS

VICKY TENDRÁS EL PLACER DE COMPRAR CON NOSOTRAS. ESTATE PREPARADA. MAÑANA A LAS 8 EN LA PUERTA PRINCIPAL, NO FALTES. AH, LLEVA ROPA MUGGLE.

– ¡Genial! – murmuró Vicky para sí pero las otras la escucharon.

– ¿Qué pasa?

– Creo que mañana no podré ir con vosotras. Las ravenclaws – dijo con un deje de desprecio en la voz – quieren que vaya de compras – Vicky odiaba ir de compras –. Decirles a Fred y a George que lo siento, pero que no podré ir a ver Zonko's el palacio del Bromista.

Vicky se estiró en su cama y las demás no comentaron nada más durante la noche cosa que provocó que durmieran enseguida. Vicky se despertó repentinamente empapada en sudor pero esta vez sin chillar ni llorar. Había vuelto a tener la misma pesadilla con Cedric. Él volvía a ser Jack, el Destripador, y todo volvía a suceder igual que en su anterior sueño pero el final no era el mismo. Cedric la descubría y él le explicaba todo con tranquilidad. «¿Qué está intentando decir mi mente?» pensó Vicky, «¿Está diciéndome que no hay escusas que valgan?». Vicky no sabía que pensar, «¿por qué no podré soñar con cosas normales como la gente normal».

Alejó ciertos pensamientos de su cabeza y miró el reloj, temerosa de qué se hubiera dormido, pero no era así. Las 6:57. «Perfecto, tengo tiempo para arreglarme y hacer todo lo que quiera». Se arregló en un santiamén y sin hacer ruido para que no se despertaran las chicas se largó. Bajó hasta el Gran Comedor pero éste aun no había abierto sus puertas así que decidió ir a dar un paseo a orillas del Lago donde residía el Calamar Gigante. Por allí, se encontró a Angelina. Su primer impulso fue ir a saludarla pero se dio cuenta que ella no lo querría. Dio marcha atrás cuando unas ramitas se partieron (a causa de su peso).

– ¿Me estás espiando? – dijo Angelina, que seguía a malas, cuando se giró.

– Mira, sé qué no te caigo bien y qué piensas que os voy a traicionar o algo por el estilo pero…

– ¿Pero qué?

– ¡Pero déjame en paz! Te he intentado caer bien y tú… – Vicky se estaba dirigiendo hacia donde estaba Angelina.

– ¡Tú me dices eso! Eres tú la que estás con mis amigos.

– Yo soy la nueva, no tengo amigos y ni siquiera me has ayudado – mientras Vicky avanzaba Angelina retrocedía.

– ¿Y me tiene que dar pena?

– Sí.

CHOF, CHOF. Angelina cayó al lago mientras retrocedía. A Vicky se le dibujó una sonrisa en los labios intentando no reírse pero ver que Angelina chillaba de furia e irritación, eso sí que la hizo carcajearse hasta el aburrimiento.

– ¡No te rías! – Angelina chillaba con rabia cosa que hizo que Vicky se riera fuerte.

– ¿Qué pasa aquí? – esa era la voz de Matt lo que hizo que Vicky cerrara los ojos inconscientemente.

– ¡Nada!

– ¿Qué has hecho? – preguntó Matt mirando a Angelina –. ¡Lo siento por lo que pueda haber hecho mi hermana! – Angelina lo miraba con cara de bobalicona asintiendo con la cabeza.

– ¿Por qué la has tirado al agua? – preguntó Cedric en la oreja a Vicky.

– ¡Yo no la he tirado! ¿Por qué pensáis qué la he tirado?

– ¡No creo que se haya tirado porque hacía precisamente calor!

– Para tu información ha resbalado…

– ¿Ahora se le llama resbalarse? – dijo Cedric con sarcasmo.

– ¿Estás bien Angelina? – preguntó Vicky haciendo caso omiso de Cedric.

Angelina dejó su cara de bobalicona para mirar con una cara de odio a Vicky.

– ¡Sí, gracias! – el tono era seco, pero cuando miró a Matt le cambió otra vez la cara.

– Tendremos que llevarte a Madame Pomfrey…

– No ha sido nada – dijo Angelina.

– ¡Más vale prevenir que curar! – Angelina asintió y se dejó llevar por Matt.

Matt y Angelina iban adelante, riendo y hablando. En cambio, Cedric y Vicky iban sumidos en un silencio incómodo detrás de los otros.

– Gracias por lo de anoche… ¡Cho es un poco celosa!

– ¿Un poco? – Vicky levantó una ceja.

– Un poco demasiado.

– ¡No me había dado cuenta! Y menos cuenta me había dado cuando me miró con ojos asesinos cuando nos pilló… – Vicky derrochaba sarcasmo puro.

Volvieron al silencio absoluto.

– ¿Me crees? – Cedric la miraba expectante.

– ¡Te creo, pero eso no te exime de tus culpas!

– ¿Qué culpas?

– Tú te liaste con la hermana de Gabrielle…

– Yo no salía con Gabrielle…

– ¡Oh claro! El-señor-me-follo-a-todas-las-que-puedo-y-más les había dejado bien claro que no quería tener una relación.

– ¡No sabes de lo que hablas!

– ¿Cómo hizo Cho para tenerte atado a una relación?

– ¡No sabes de lo que hablas!

– ¡Eso ya lo has dicho!

– ¿Qué pasa ahí detrás? – Matt había escuchado los últimos gritos.

– ¡Nada! – dijeron los dos al unísono.

– Solo discutíamos sobre…

– ¿Sobre qué? – preguntó Matt interesado.

– Sobre… – Cedric no sabía que decir.

– Sobre qué equipo ganará este año – Vicky salió a su rescate.

– ¡Está más que claro que los Chudley Canons! – Matt habló y Angelina asintió sonriendo.

Entraron a la enfermería y Madame Pomfrey se asustó al ver a una de las alumnas mojada de pies a cabeza. Vicky miró el reloj de la enfermería. Las 8:01. Salió corriendo de la enfermería pero se dio cuenta de que no se había despedido y entró otra vez.

– ¡Espero que te mejores Angelina! Ya sabes, me tengo que ir, me espera… – dijo refiriéndose a Cho.

Volvió a salir corriendo y bajó todas las escaleras como pudo.

– ¡Llegas tarde! – Marietta dijo con voz desagradable mientras Vicky se recomponía.

– Lo siento… Ha habido una urgencia

– ¿Cuál? – se interesó Cho.

– Tiré a Angelina al Lago y Cedric y mi hermano me pillaron – mintió Vicky y todas sonrieron.

– Bueno, jaja – Cho rió y las otras se rieron a coro –. Por eso te lo vamos a dejar pasar.

– ¿Dónde vamos a ir? En Hogsmeade no hay muchas tiendas de ropa… lo sé porque leí un libro que…

– Calla, no nos interesan los libros… – Marietta era la que hablaba, «¡Merlín! Si la más inteligente de ellas dice eso, no sé qué dirán las otras…» pensó Vicky.

– ¡No vamos a Hogsmeade! – Cho había ignorado el comentario de Marietta –. Vamos de compras por el Londres muggle…

– Pero eso está prohibido… En el libro Hogwarts, la historia, en el apartado de reglas pone que está prohibido salir del área de Hogsmeade… – Vicky no se lo podía creer, aun no había acabado su castigo con McGonagall que ya tendría otro.

– ¡Por qué no dejas las reglas a un lado!

– Y ¿cómo vamos a ir? Nadie de aquí tiene el carnet para aparecerse y menos para aparecerse paralelamente…

– ¡Tenemos un traslador!

Cada vez estaba más liado. Vicky decidió seguir con el plan que era ir dónde fueran ellas. Caminaron dos kilómetros (todas menos Vicky iban con tacones) y descubrieron una bifurcación en el sendero, siguieron la senda tortuosa rodeada de árboles y en pocos minutos encontraron un descampado y en el medio de éste se encontraba una bota vieja y raída.

– ¡Allí está nuestro traslador! – Cho señaló la bota vieja.

– ¿No podrías haber cogido algo con más estilo? – preguntó Marie.

– Los asesores de mi padre me dijeron que eso pasaría desapercibido…

Caminaron hasta el centro del descampado. Todas tocaron la bota vieja que parecía que estaba en estado de putrefacción y sintieron esa asquerosa sensación, como un tubo les estirase del ombligo. Después de unas pequeñas nauseas, se recompusieron y se encontraron en una habitación decorada con un exquisito gusto.

– ¡Es la casa de verano del embajador! – Gabrielle le susurró en el oído a Vicky.

– ¿Qué embajador?

– ¡El padre de Cho es el embajador de Japón aquí!

Salieron del enorme piso y en la puerta les esperaba una limusina negra.

– Pedí la blanca (ya sabéis que la negra parece que esté de luto) pero no había más.

Vicky se quedó de piedra. Todo eso era nuevo para ella. Cuando se acomodaron en la limusina, Cho le explicó que su padre era muggle y era el embajador de Japón en Reino Unido. Después de todas las historias que le contaron, abrieron el techo y se dispusieron a salir y mirar el mundo. Era como una escena de unas ricas en Nueva York o algo por el estilo, Vicky sabía qué tendría que trabajar muy duro para poder conseguir ese nivel de vida.

Dejando de lado todo eso, la limusina se dirigía hacia Londres. Tardó unos veinte minutos. El chófer les abrió la puerta haciendo una reverencia al estilo japonés a la cual Cho correspondió.

Entraron en la primera tienda (de lujo) y más que comprar parecía que saquearan la tienda. Gabrielle le explicó que Cho siempre corría con todos los gastos y que no fuera tonta y que se aprovechara. Vicky no pudo hacerlo y se compró la ropa con el dinero que tenía ahorrado. Entraron a tiendas de lencería, de complementos, de ropa y de todo lo que existía. Casi acabaron con las tiendas, se podría decir que las tiendas habían hecho el agosto con ellas.

La mayoría de las cosas que Vicky se había comprado eran cosas que ella nunca se pondría ni borracha pero se las había comprado después de que sus "amigas" le hubieran dicho que le quedaba fenomenal. Su tarjeta de crédito muggle se quedó casi en las últimas, pero al menos, había comprado también material escolar de sobras (mientras las otras estaban en la droguería probando perfumes).

Comieron en el restaurante japonés más exquisito de Londres. Vicky se pidió una ensalada, unos rollitos de primavera, unos fideos y un poco de sushi. Cuando se dispuso a pagar casi le dio un ataque al corazón, todo aquello valía una millonada, pero pagó igualmente ella.

– ¡Os tengo una sorpresa! – Cho estaba feliz y las otras aun más porque Cho les había pagado todo.

Se subieron a la limusina y ésta les llevó a un edificio sumamente perfecto, hasta tenía un estanco con peces nadando y un pequeño jardín orientado con las reglas del Feng Shui.

– ¡Estamos en la embajada!

Subieron en ascensor hasta la última planta. Cho le señaló, a cada una, una habitación y les dijo que se probaran la ropa que había dentro. Vicky entro en sus aposentos, una habitación de color blanco donde el sol entraba y la iluminaba. Era precioso. La habitación era un probador con un espejo en la pared y un separador donde cambiarse. Vicky se dirigió al separador (donde estaba dibujada una geisha y escritos unos caracteres japoneses) y encontró un magnífico kimono de color azul cielo. Se lo probó con todo el cuidado del mundo (no quería ni saber la burrada que costaba).

– ¿Estás lista? – preguntó la voz de Cho al otro lado de la puerta.

– Bueno, creo que no me aclaro nada con ello…

– ¿Puedo pasar?

– ¡Claro!

Cho pasó luciendo un hermoso kimono de color rosa pálido. Cho le ayudó a apretarle el nudo y a poner bien el kimono.

– ¿Sabes? Este era el kimono de mi madre… Conoció a mi padre cuando lo llevaba – Vicky se atragantó con su saliva, no quería saber qué pasaría si lo rompía –. Tranquila, no lo romperás – Cho había adivinado sus pensamientos –. ¡Te queda muy bien!

– ¿Por qué? – preguntó con la voz rota Vicky.

– ¿Porqué qué?

– ¿Por qué no lo llevas tú?

– A mí me queda muy holgado y bueno… sabía que te quedaría bien.

– Tiene mucho valor sentimental – Vicky añadió mentalmente un supongo y prosiguió –… y ¿no sería mejor que lo llevara Marietta?

– Tú eres mi amiga y eres la única que sé que no me va a traicionar – a Vicky le entró un ataque de tos –. Ced te ve como su hermanita – «¡genial!» – y yo sé que para él eres muy importante y si tú lo eres para él, tú también lo eres para mi… Lo sospechaba pero no me quedó ninguna duda en cuanto supe que te pidió consejo a ti para mi regalo – Vicky tenía demasiada información en la cabeza.

– Y ¿qué tiene que ver el kimono en ello?

– ¡Era una sorpresa para mi cumpleaños! Todas nosotras iremos vestidas con kimonos – Vicky no supo que más decir.

Alguien picó en la puerta y Cho murmuró un adelante. Las otras aparecieron con el kimono puesto. Después de desfilar un poco por la habitación, volvieron a la limusina que las dejó en la casa de verano donde cogieron el traslador hacia el descampado.

Por la luz que había, debían ser las cinco y poco. Volvieron a caminar (con las bolsas en la mano). Llegaron dos horas después a Hogwarts con los pies adoloridos. Vicky dejó todas sus bolsas en la habitación y después bajó a cenar donde les relató a sus amigos todo lo que había sucedido.

– ¿Y si le raptamos el kimono y se lo mandamos hecho añicos? – preguntó Fred con una sonrisa divertida.

– Eso sería muy cruel – Vicky se sentía indispuesta así que decidió subir a su habitación y dormir.

Las horas pasaron volando, los días y las semanas igual. Sí, había pasado un mes entero y sí, Vicky había tenido días buenos y malos, también se había discutido con Cedric y Matt, pero también había acabado harta de Cho y sus compinches. Pero esas semanas no son dignas de mencionar. No pasó nada digno de aludir. Lo único destacado fue que Vicky se había ganado a pulso la confianza de Cho.

– El gran día… – Fred habló con fingido entusiasmo.

– ¿No estás súper-híper-mega-ilusionada? – ese era George.

– ¿Me vais a decir cuál es el regalo que le habéis preparado a Cedric?

Flashback

Vicky estaba aprovechando ese día soleado y había ido con los Gryffindors a dar una vuelta por el Lago. Todos estaban metiendo sus pies en el Lago o tirando agua al otro, pero Vicky estaba apartada de todas, se sentó en una piedra y tomaba el sol mientras miraba con una sonrisa a sus compañeros. Se estaban enguarrando porque el agua no es que fuera precisamente limpia.

– ¿Puedo sentarme? – Vicky se giró y vio a Cedric, sonrió.

– ¿Acaso la piedra tiene nombre? – Vicky sonrió y prosiguió –. ¡Uy, lástima tiene mi nombre! Creo que no podrás sentarte – Cedric hizo caso omiso a lo que había dicho Vicky.

– ¿Planeando tirar a alguien?

– No, prefiero cometer una atentado y tirarlos a todos – Cedric rió.

– ¡Cho me dijo que sí que habías tirado a Angelina! – «¡qué bocazas!» pensó Vicky.

– ¡Vale, es verdad! – y Vicky se ganó un codazo de Cedric.

– ¡Sé que no lo harías! No eres capaz…

– ¿Quieres probarme Diggory? – levantó una ceja desafiante.

Se quedaron bastante rato sin decir nada, Vicky miraba el horizonte y Cedric la miraba con una sonrisa en su boca.

– ¿Te divierto? – preguntó sarcásticamente Vicky y luego prosiguió –. ¿Qué te trae por aquí?

– ¿No se te escapa ninguna, no? – Vicky asintió –. Consejo – «Cedric quiere un consejo mío, el mundo debe estar loco» pensó Vicky.

– Pues, creo que buscas a una persona anciana con barba y seguramente hombre… creo que no cumplo ninguno de los requisitos. ¡Puedes probar con Dumbledore!

– Es sobre Cho – «¿tengo que escuchar su nombre hasta en la sopa?» pensó Vicky –. Sé que sois muy amigas, últimamente, y quiero que me aconsejes algún regalo… – Vicky recordó su conversación con los gemelos sobre el regalo de Cho.

– ¡Yo no sé!

– ¡Sería muchísimo mejor si…! Es que soy muy malo haciendo regalos. Sé qué no te hará gracia que te lo pida pero tú quieres que Cho esté de buen humor, ¿no? – Vicky pensó que la prefería de buen humor que no quejándose de Cedric y llorando –. ¿Lo podrías comprar por mí?

– Y ¿yo que me llevaría a cambio?

– ¿La satisfacción de haber ayudado a un amigo?

– Tranquilo, lo haré…

– Eres la mejor, pero no digas nada – Cedric le guiñó un ojo y luego la abrazó.

Fin Flashback

– Y ¿cuándo me lo daréis?

– ¡Aún no ha llegado! – soltó tranquilo George.

– ¿¡CÓMO! – chilló Vicky como una histérica.

– ¡Tranquila llegará dentro de muy poco!

Vicky intentó tranquilizarse un poco. ¿Con qué cara le diría a Cedric que el regalo no estaba listo? Para su desgracia, una mano le tocó el hombro. Vicky se giró y vio a Cedric parado detrás de ella. Vicky susurró un mierda por lo bajo y acto seguido sonrió.

– ¿Qué tal está mi mejor amiga?

– ¡No lo sé, no la veo! – Vicky miró de un lado a otro sarcásticamente.

– Creo que tenemos que hablar y no valen escusas.

Vicky se levantó de la mesa de Gryffindor y murmuró un "hasta luego". Cuando estaba lo suficientemente lejos de la entrada al Gran Comedor, se giró.

– Supongo que vienes a por el regalo, ¿no? – Cedric asintió –. Aun no está listo. Me lo mandan por correo aéreo…

– Le había prometido a Cho que se lo daría antes.

– Es que… el regalo… – «piensa Vicky» –. El regalo se lo tienes que hacer en público. Es tan… – Vicky no sabía cómo describirlo –… ¿original? Sí, original necesita que sea admirado.

– ¡Ah!

– Bueno, tengo que irme… Llego tarde a clase.

Vicky no llegaba tarde a clase ni mucho más pero no quería hablar del regalo. Casi temía haberlo dejado en manos de los gemelos, ¿con qué le saldrían? Antes de pisar el primer escalón de la gran escalinata del vestíbulo, los gemelos la llamaron.

– ¿¡YA ESTÁ AQUÍ! – gritó Fred emocionado –. Reunión en la Torre… Reúne a las chicas en nuestro dormitorio.

Llamó a las Gryffindors y éstas entusiasmadas subieron las escaleras de dos en dos.

– ¡Ya estamos aquí! – susurró Katie mientras cogía aire de nuevo por la subida.

– Suerte que tenemos una hora libre – Vicky habló.

– ¡Contemplad el súper-regalo de Cho!

Fred enseñó un estuche minúsculo forrado de cuero negro.

– ¡Un poco pequeño! – Vicky se esperaba algo más grande.

– ¡Lo que importa es lo que simboliza! ¿Quieres hacer el favor de abrirlo, signorina?

Fred le dio el estuchito, ésta lo abrió y la sonrisa se desvaneció de la cara de Vicky.

– ¿Un anillo? ¿El anillo lanza magia negra o algo por el estilo? – Vicky estaba francamente desilusionada.

– ¿Sabes lo que significa un anillo en el mundo muggle?

– No, no he leído nada sobre ello – murmuró Vicky.

– Un anillo significa compromiso y matrimonio – eso hizo que Vicky sacara una sonrisa.

– Y ¿eso hará qué Cho rompa a llorar?

– Nop – habló esta vez Lee –. Pero recordamos que Cedric nos ganó (injustamente) el año pasado y pensamos en hacerles un regalo conjunto.

– ¡No entiendo! ¿Me lo queréis aclarar?

– ¡Con mucho gusto! ¿Tú crees que Cedric va de verdad con Cho?

– ¡No lo sé! A lo mejor de novios, sí…

– Pero no creo que quisiera casarse con ella cuando aún es muy joven y puede…

–… ¿montárselo con otras? – completó Vicky.

– Exactamente… El anillo representa fidelidad y hemos estado haciendo un trabajo de investigación en la biblioteca…

– ¿Vosotros? – el tono de Vicky era sorprendido e irónico.

– ¡No, nosotras! – exclamó Alicia divertida –. Ellos aun no pueden entrar en la Biblioteca, por otra prohibición.

– ¿Nos dejáis explicar el plan maestro? – nadie respondió –. ¡Gracias! ¿Por dónde iba? A sí, la investigación sobre Cho. Bueno, su padre es un embajador, no sé qué es eso pero debe ser algo muy importante, y hemos encontrado un periódico donde narra paso por paso la pedida de mano entre la madre de Cho y su padre. Lo que tú tienes que hacer es sencillo. Le dices, a Cedric, todo lo que el padre de Cho hizo para pedir la mano de Cho sin que él se entere. Y lo mejor de todo es que no te pueden decir nada malo. Tú solo pensabas que era lo mejor para ellos… Pero dile que lo haga en público.

– Creo que eso él ya lo sabe – se quedó en silencio unos segundos y añadió –. ¡No está mal! Creo que me cuidaré de no ser vuestra enemiga – los gemelos y Lee se carcajearon un poco.

– Ahora solo tienes que dárselo a Cedric, esperar a que le pida matrimonio a Cho y a que Cedric la deje plantada.

– Tengo una idea…

Vicky salió corriendo de la habitación de los chicos, salió de la Torre Gryffindor y se dirigió a la Torre más alta de Hogwarts, donde estaban las lechuzas.

Rápidamente escribió una nota a Cedric diciéndole que ya tenía el regalo. Esperó allí unos segundos hasta que vio desaparecer a la lechuza con su papelito, rumbo a Cedric. Salió de la Torre en cuanto su lechuza desapareció.

– ¡He venido lo más rápido que he podido! – Cedric susurraba a causa del gran esfuerzo que había hecho.

– ¿Pero tú no tenías clase?

– Bueno, tenía Historia de la Magia y con lo divertida que es… me he escapado.

– Y ¿el profesor Binns?

– Estará haciendo la clase.

– ¿Pero cómo te escapas de clase?

– Por la puerta – dijo como el que no quiere la cosa.

– ¡Muy gracioso! En serio, ¿cómo?

– El profesor Binns no se entera de nada, puedes irte tranquilamente que éste nunca se dará cuenta y, además soy de los pocos que va a sus clases y no se duerme, ¡algún privilegio tendré que tener! – se quedó unos segundos en silenció y luego prosiguió asustado –. Y ¿el regalo? No me digas que se ha roto o algo por el estilo.

– ¡Me lo he dejado en Gryffindor!

– Te acompaño.

Fueron caminando uno al lado del otro en silencio hasta que Cedric habló nuevamente.

– ¿Te he dicho lo buena que eres? – preguntó retóricamente Cedric.

– ¡No tientes a la suerte, Diggory!

Fue a la Torre de Gryffindor a por el anillo (que estaba en la habitación de los chicos). Entró en ella y éstos aun estaban conversando. Vicky les dijo que el cazador ya había sido cazado y que le dieran el anillo. Éstos, además, le explicaron todo lo que hizo el padre de Cho para con la madre de ésta.

– ¡Si que has tardado! – Cedric susurró apoyado en la pared contraria al retrato de la Dama Gorda.

– Es que no sabía donde lo había metido…

– ¡Ay! ¡Qué cabecita tienes! – recriminó Cedric.

– Tendrás que decir unas cuantas frases para que el regalo sea… efectivo.

– Bueno, ¿cuáles?

– Tendremos que encontrar un aula vacía… ¡Va a llevar su tiempo!

– Podemos ir al aula de Encantamientos del tercer piso, nunca nadie ha hecho clase allí…

– ¿Por qué? ¿Hay alguna razón? ¿Está maldita?

– No se sabe… Nadie nunca ha entrado – Cedric le añadió un tono tétrico y unos cuantos uh, uhs para asustarla.

– Pues si no estás muy asustado, podemos ir…

Entraron en el aula maldita y Vicky creyó que ya sabía porque no se hacía clase allí, hacía una peste a humedad que tiraba para atrás.

– ¿El regalo? – Vicky le dio el estuche menudo con el anillo dentro –. Yo pensé que sería algo más grande – Vicky murmuró para sus adentros un yo también que Cedric no escuchó.

– ¡Ábrelo! No seas tímido – Vicky sonrió con malicia.

Cedric abrió el estuche y se encontró frente a él un anillo dorado.

– ¿Un anillo? ¿Ese es tu brillante plan?

– Perdona pero tú me pediste la ayuda y sí, es un anillo – Vicky hizo una pausa para ver si Cedric quería protestar pero éste no dijo nada –. El día que fuimos de compras, Cho lo vio y se enamoró… Dijo que ojalá se lo regalaran y que era hermoso – no sabía que más inventarse –. Y además, era una ganga solo valía 50 sickles

– ¡Sí, toda una ganga! – susurró entre dientes Cedric con ironía –. Y ¿eso del discurso?

– ¿No te gusta? – Vicky se giró e hizo como que estaba enfadada con él.

– ¿Qué? No, es muy bonito y a las chicas os gustan esas cosas… – Vicky sonrió sin que Cedric se diera cuenta.

– ¿Qué decías del discurso?

– ¿Me lo puedes enseñar? Por favor – dijo Cedric despacito por si Vicky decidiera enfadarse por eso.

– ¡Vale! – Vicky sonrió para sus adentros –. Irás a hablar con su padre…

–… ¿y eso qué tiene que ver con el anillo? – Cedric la interrumpió.

– ¡Mucho! – «mucho más de lo que tú crees» pensó Vicky –. Le dices que si puedes tomar la mano de su hija…

–… ¿pero para qué? – volvió a interrumpir Cedric.

– ¡Para poder ponerle el anillo! – dijo Vicky como si fuera obvio –. Éste te dirá que sí…

–… ¿y si me dice que no? – «¿y si le dice que no? ¿Le lanzamos algún conjuro?» pensó Vicky.

– Pues, muy fácil… ehm… si te dice que no… tú… tú lo haces igualmente… Solo es un anillo no es como si os casarais… – «mierda, bocazas» pensó Vicky y soltó una sonrisa nerviosa.

– ¡Claro! – Cedric no lo había pensado.

– Bueno, cuando tú y Cho acabéis de bailar…

–… ¿tengo qué bailar? ¿Por qué nadie me lo había dicho?

– ¿Me dejas acabar? – hubo un silencio –. Gracias. Tú te arrodillas… pones la rodilla derecha en el suelo y… sacas el estuche. Dejas que ella lo habrá…

– ¿Y por qué tengo que hacer eso?

– ¡Por qué es romántico! – le salió natural, no podía reprimirlo –. Y le dices que la quieres y que nada se interpondrá en vuestro camino – «vale, te estás pasando un poco» pensó Vicky y Cedric no dijo nada al respeto.

– ¿Qué tipo de baile será?

– Creo que un vals pero no estoy segura… ¿por? – Vicky no pudo decir nada más, Cedric la pilló por sorpresa.

Cogió sus dos manos y empezaron a bailar sin ritmo y sin sentido, de un lado para otro de la habitación. Iban y venían, a veces trotando como si estuvieran bailando un Fox Trot y otras meneando las caderas sin parar como si estuvieran bailando Salsa. Vicky no pudo parar de reír y sonrojarse ya que a milímetros de ella se encontraba Cedric. Éste aclaró su garganta y se separó de ella. Se arrodilló en el suelo y de su bolsillo sacó la pequeña cajita que contenía el anillo, instantes después se lo ofreció con una sonrisa adorable en el rostro.

– Me harías el favor de decir que… ¡lo he hecho bien! – Cedric sonrió divertido.

– Creo que necesitas clases de baile – Cedric sonrió aun más.

– Es que mi pareja no estaba a la altura de las circunstancias – le gustaba enrabietar a Vicky.

– Pues mi pareja trotaba como un caballo…

– Pues mi pareja me ha pisado los pies…

– La mía no sabe menear las caderas… ¿qué tienes que decir a ello? – Vicky finalizó victoriosa.

Antes de que dijera algo más entró por la ventana una lechuza. Era para Vicky de las Ravenclaws avisándola que se saltarían Historia de la Magia para lucir estupendas.

Vicky se sentía mal mientras le estaban haciendo no-sé-qué mascarilla para la cara. En esos momentos, la clase del profesor Binns había empezado y ella no estaba allí. No era de aquellas que se saltaban las clases gratuitamente y era de las pocas que sentía remordimientos en saltarse las clases, aquella era su primera vez.

Cho y las otras charloteaban de temas sin importancia como que la revista Corazón de Bruja iba a cubrir el cumpleaños de Cho. Vicky ya se imaginaba los titulares del día siguiente "¿Quieres no casarte conmigo?" y rió ante su ocurrencia. Cedric tendría su merecido, solo faltaba su hermano, Matt. Podía probar con su novia, Bella, algún malentendido que no la culpara a Vicky directamente.

Cuando acabaron con la cara, vinieron los peluqueros que empezaron a mezclar botellitas para encontrar la mascarilla perfecta para el pelo.

Cuando éstos también finalizaron con su tarea, comenzaron a trabajar los maquilladores.

Dos horas después, todas estaban peinadas y maquilladas, lo único que faltaba eran los vestidos, los kimonos. Se pusieron cada una el suyo sin hablar ni nada. Vicky necesitó, otra vez, ayuda para ponérselo y Cho se la ofreció.

– Y ¿dónde se celebra la fiesta? – preguntó curiosa Vicky que no sabía donde era.

– En el campo de Quidditch, ¡por supuesto! – respondió Cho.

– ¿Y pueden ir todos?

– Si lo que quieres decir es que si pueden ir tus amigos de Gryffindor la respuesta es no – exclamó Marietta.

– ¡Claro que sí que pueden ir! – habló Cho tranquilamente –. No te vamos a mentir… esos amigos tuyos no nos caen bien pero si tú… vas con ellos. Con una condición, si tú estás en la fiesta, ellos pueden estarlo – Vicky tuvo ganas de abrazarla, los Gryffindors podrían verlo en persona.

Vicky salió corriendo de allí para darles la buena noticia a los Gryffindors que jugaban en la orilla del Lago.

– ¡Vas muy guapa! – soltó Fred.

– Claro, ¡he vendido mi alma a la Magia Oscura! – todos rieron –. Tengo una muy buena noticia… Podéis asistir al Cumpleaños de Cho alias corazón-roto.

Se giró y ni siquiera escuchó los gritos de felicidad por poder asistir al espectáculo montado por los gemelos y Lee. Se fue directa a la tienda que habían montado y se metió en su probador para acabar de arreglarse.

– TOC, TOC. ¿Se puede pasar? – esa era la voz de Cedric –. ¡Cho me dijo que te encontrabas aquí!

– ¡Pasa! Merlín, ¡yo no aguanto estos tacones! – escuchó la risa de Cedric detrás suyo.

– ¡Vaya, estás… estás hermosa! – dijo impresionado Cedric.

– ¡Milagros de los amigos de Cho! – Cedric sonrió nervioso –. ¿Qué te pasa? ¿No te vas a rajar, no?

– No, ¡claro que no! Solo es que – se paso la mano por el cuello –… estoy un poco nervioso.

– Tranquilo, todo saldrá a pedir de boca, ¡ya lo verás!

– ¿Sabes? Muchas gracias por todo… Eres una gran amiga.

Vicky no sabía que decir. La definición de gran amiga no era dejar en ridículo a un amigo. Antes de que Vicky pensara una respuesta que darle, apareció Angelina en la tienda.

– ¿Nos podrías dejar solas? – Angelina se dirigía a Cedric.

– ¡Oh, claro!

Angelina esperó a que Cedric se fuera y luego habló.

– ¡No me caes bien!

– Sí has venido aquí para decirme obviedades… creo que mejor será que te vayas.

– Déjame continuar, ¿sí? Antes de ayer escuché a tu hermano y a Cedric. Estaban planeando hacerte una putada, algo como que te cayeras cuando hicierais el desfile – después de soltar la historia se dirigió a la puerta.

– ¡Espera! – Vicky exclamó –. Gracias – Angelina sonrió y después desapareció por la puerta.

Cuando se volvió a poner los tacones, salió del probador (cojeando un poco porque no sabía ir con tacones). «No hace falta que ellos hagan magia para que me caiga» pensó Vicky. Salió al aire libre y escuchó.

– ¡Perdone señor! – ese era Cedric y Vicky se acercó hacia donde se encontraba la voz y vio a Cedric que se estaba arrodillando –. ¡Yo quería pedirle la mano de su hija! – «¡qué mono! Se ha puesto nervioso» pensó Vicky.

– ¡Perdón! – ese debía de ser el padre de Cho.

– ¡Soy el novio de Cho, su hija…!

– ¡Yo no tengo ninguna hija! – el señor de origen japonés se fue hacia los elfos domésticos con aire de enfadado, debía ser el chef.

Vicky se puso a reír como una descosida. Cedric se había equivocado de persona.

– ¿No te enseñaron que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación?

– ¿No te enseñaron que no tenías que hablar con desconocidos? – Vicky se carcajeo de su ocurrencia y eso hizo que Cedric se pusiera rojo como un tomate.

– ¡No tiene gracia!

– ¡Sí que la tiene! Cuántas veces le piden a una persona que no tiene hijos la mano de su hija, ¿eh? – Cedric se hizo el enfadado –. Venga que te ayudo a encontrar al padre de Cho.

Minutos más tarde lo encontraron y Cedric que estaba más calmado, no se arrodillo.

– ¡Yo… usted… me gustaría pedirle algo!

– ¡Arranca muchacho! – dijo con tono calmado el padre de Cho.

– ¡Verá! – Vicky estaba harta y decidió intervenir –. El muchacho que tiene aquí delante es Cedric Diggory, el novio de su hija y… le quería hacer una proposición. ¿Verdad Cedric?

– Yo… quería pedirle la mano de su hija – dijo rápidamente.

– ¿Estás seguro muchacho? – el tono pausado del padre de Cho lo hacía ver como al director de Hogwarts.

– ¡S-sí!

– Pero…

–… creo que el chef quiere hacerle una sugerencia – interrumpió Vicky para que el padre de Cho no pudiera decir nada.

Todo el plan salía a pedir de boca y en menos de unos minutos, ya sería portada de Corazón de Bruja. El desfile salió a las mil maravillas ya que Vicky no participó, alegando que se encontraba mal y que necesitaba aire.

– ¿Tú eres Victoria Evans? – preguntó un alumno de segundo.

– Sí – fue la escueta respuesta de Vicky.

– ¡McGonagall quiere verte en su despacho!

– ¿Ahora? – preguntó incrédula Vicky, durante esos días no había hecho nada malo.

– ¡Ahora! – sentenció el alumno.

«Si voy corriendo, llegaré aquí con el tiempo justo» pensó Vicky. Empezó a correr pero una mano la agarró.

– ¿Te vas? – era Cedric –. Quiero decir… necesito que estés ahí apoyándome.

– Yo… me ha llamado McGonagall, tengo que ir ahora… Volveré antes de lo que te imaginas.

Fue rápidamente hasta el despacho de McGonagall, corriendo por los pasillos vacíos ya que casi todos se encontraban en el campo de Quidditch celebrando la fiesta de Cho. Se encontraba delante de la puerta de McGonagall, picó una vez y se escucho un TOC, TOC. Nadie respondió. TOC, TOC y alguien de adentro pronunció un adelante. Lo que se encontró no se lo esperaba. Dafne y Alexander, sus dos mejores amigos. Éstos se abalanzaron a abrazarla. Pero tenía un remordimiento en su interior. «Qué debo elegir. Los Gryffindors, las Ravenclaws o mis amigos. Si me quedo con los Gryffindors le fastidiaré la fiesta a las Ravenclaws. Si me quedo con las Ravenclaws le fastidiaré la fiesta a los Gryffindors y… si me quedo con mis amigos les fastidiaré la fiesta a todos. Y luego está Cedric… él quería que me quedara junto a él. ¿Cuál debe ser mi elección?... La elección creo que ya está tomada».

En el próximo capítulo:

«¿Por qué Cho lleva el anillo puesto? Acaso Cedric ha aceptado casarse con ella por error… No, estamos hablando de Cedric… Él no renunciaría a su libertad… Pero, a lo mejor ha encontrado a su alma gemela. Cho no puede ser su alma gemela, no me niego en rotundo» pensó Vicky, pero no le sentó mal que Cho lo hubiera cazado, lo peor de todo ello era que Vicky había contribuido a esa caza y a dejar sus propios sentimientos de lado.

Nota Hp'sworld: Bueno, ¿qué os ha parecido esto? Este capítulo es para compensar todos los retrasos que he tenido con la historia. El próximo capítulo se llamara: ¿Qué ha pasado? Espero que guste y sí, he actualizado cuando dije… ¿Eso no merece reviews? Hablando de la historia, será muy difícil que la actualice así que en más o menos 2 o 3 semanas no tendré otro capítulo. Por cierto, es el capítulo más largo que he escrito. Con respecto a los reviews quiero decir que puede que parezca que me gustaría tener más pero en verdad, prefiero mil veces los que vosotras escribís (en los cuales me dais muchos ánimos y apoyo) que tener un montón de reviews que no dicen gran cosa. Después de este tostón, solo tengo que añadir un enorme GRACIAS a todos los que seguís la historia. Por favor, dejar comentarios… sino no actualizaré… (aunque siempre lo hago cuando me da la gana, pero bueno). (xD) Me conformo con un solo review…