Ante todo:

DISCLAIMER: los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, aunque la historia es mía.

Las cursivas son conversaciones telefónicas o conversaciones que se oyen en la lejanía.

Los pensamientos de los personajes están escritos "entre comillas".

En ésta historia, los protagonistas son humanos.

En los capítulos de los años noventa, es en tercera persona, pero en la actualidad, es Pov Renesmee.

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10. PRUEVA DE SANGRE.

Fuimos hacia donde la enfermera nos había dicho, cogidos de la mano en todo momento. Jacob estaba temblando y, para que negarlo, yo también lo estaba. Estaba muerta de miedo. Por un lado, deseaba hacerme la prueba para comprobar que mi familia no me había mentido, y por otro lado deseaba que las pruebas dieran negativo, que se demostrara que Jacob y yo no éramos hermanos y así poder amarle como una mujer ama a un hombre. En ese momento, estaba deseando besarle.

El médico que nos atendió nos sacó una muestra de saliva a cada uno y nos dijo que en una semana tendrían los resultados. Una semana! "eso es demasiado tiempo."

- ¿Una semana? Eso es demasiado tiempo. – se quejó Jacob cuando volvíamos a entrar en el coche. – no creo que pueda soportarlo.

No dije nada. Estaba totalmente de acuerdo con él. No podía pasar tres días a solas con él sin saber si éramos o no hermanos.

- ¿En qué piensas? - dijo, acariciando mi brazo.

- Siento… como decirlo… - me volví hacia él y tomé una de sus manos. – deseo que no seamos hermanos. Algo en mi corazón me dice que no somos unos enfermos. Nuestros inconscientes se han dado cuenta de nuestro amor antes que nuestros corazones.

- Ya…

- Acabo de tener una idea! – exclamé. "Pero como no se me ha ocurrido antes?"

- Di!

- Vayamos a ver a Edward. Digo, al doctor Masen. Somos amigos. Que él nos haga las pruebas.

- Genial. – dijo Jacob, esbozando una gran sonrisa. – Cuando volvamos de Indianápolis iremos a verle.

- ¿Cuando volvamos? – exclamé, casi gritando. – no voy a poder esperar tanto tiempo!

- Yo tampoco, pero quiero disfrutar de las carreras con mi mejor amiga. Por que seguimos siendo amigos, no? – mientras hablaba, iba acariciando mi mano, empezando a subir su dedo por mi brazo.

- No si sigues tocándome de ésta manera. – me alejé de él todo lo que me permitió el asiento y me abroché el cinturón. – Mantengamos las distancias hasta que Edward nos haga las pruebas y nos de los resultados.

- De acuerdo. – suspiró. Se puso el cinturón y puso el coche en marcha. – Nada de tocarnos.

Tardamos casi cinco horas más en llegar a nuestro destino. Cuando lo hicimos, aparcamos en el aparcamiento de un motel. Cogimos nuestras cosas del asiento trasero del coche, nos registramos en el motel y nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad. El ambiente de las carreras era alucinante. La gente que había por allí, no se conocía de nada, y sin embargo se trataban con amistad y hermandad.

Entablamos amistad con una pareja que se hospedaba en el mismo motel que nosotros. Incluso cenamos juntos esa noche. Eran una chica y un chico, de unos treinta años. Aun no se habían casado, pero ella ya se hacía llamar por el apellido de él. Me cayeron muy bien Rosalie y Emmett. Ambos me miraban con cariño, incluso Rosalie me comentó que le recordaba mucho a una chica que conoció.

Últimamente, todo el mundo me miraba así. El doctor Masen: mi amigo, Alice; la dependienta de la tienda de ropa y ahora ellos. Es todo muy raro.

Nos fuimos a dormir cerca de la una de la madrugada. Nuestra habitación tenía una sola cama, y Jake insistió en dormir en el suelo. No me pareció justo, pero sí apropiado. Si hubiéramos tenido que dormir en la misma cama, me hubiera dado un infarto. No hubiera podido soportarlo y me hubiera lanzado a sus brazos sin dudarlo. Teníamos que mantener las distancias.

No dormí nada bien esa noche. Me pasé parte de la noche viendo dormir a mi hermano. "Ojala que las pruebas den negativo. Ojala no seamos hermanos."

La alarma del móvil de Jacob empezó a sonar a las ocho y media de la mañana. Las carreras empezaban a las nueve, así que teníamos el tiempo justo para vestirnos e ir a comprarnos un bocadillo.

Me lo pasé de miedo durante la carrera. Gritando a los coches que embestían a otros, riendo al ver mala maniobras y sufriendo al ver los accidentes. Y lo mejor de todo fue que Jacob estaba disfrutando de lo lindo, que era lo más importante para mí en ese momento. No dejaba de reír y de cogerme de la mano. No me importó que lo hiciera, ya que era algo que siempre habíamos hecho. Cuanto disfrutaba con verle reír.

Rosalie y Emmett estaban a nuestro lado, y no dejaban de mirarnos. Cuando al fin terminó la carrera, que ganó el equipo que animaba Rosalie y Jacob, Jake me cogió en brazos, levantando mis pies del suelo, y me besó.

Me quedé petrificada al instante, pero terminé dejándome llevar, le abracé y le devolví el beso. Oía los gritos de los aficionados a nuestro alrededor, pero no me separé de él, moviendo nuestros labios al mismo ritmo, jugando con nuestras lenguas. Estaba en el cielo.

- Chicos! – exclamó la voz de Rosalie.

Sentí unas manos rodear mi cintura, que tiraron de mí hacia atrás, separándome de mi Jacob. No me resistí. Me dejé llevar hasta la zona en la que teníamos los coches.

- ¿Pero es que te has vuelto loca? – exclamó.

Rosalie parecía estar enfadada. Sus ojos, oscurecidos por la ira, me miraban de arriba a bajo.

- ¿Que pasa?

- Acabas de morrearte con tu hermano! – gritó, señalando hacia la zona en la que estaban los chicos y el resto de aficionado.

- Rosalie, no es lo que crees. – me acerqué a ella y le tomé de ambas manos. Sentí al momento como empezaba a tranquilizarse. – nos estamos haciendo las pruebas de ADN. No creemos que seamos hermanos.

- Pero no estáis seguros.

- Mi corazón me dice que Jacob no es mi hermano. – Rosalie me soltó las manos y me abrazó con dulzura.

- Es una locura, Renesmee.

- Ya lo se, pero… no sabes lo que me duele pensar en verle con otra. Le deseo. – admití. – el otro día le vi desnudo y no sabes lo caliente que me puse.

- Deberías esperar a obtener los resultados antes de hacer nada.

- Lo se.

- Si da negativo, ¿que es lo que vas a hacer?

- Lanzarme a sus brazos. – dije. "No es obvio?"

- ¿Y si da positivo?

- Cogeré mis cosas y me marcharé de casa. – dije, sentándome en el capo de un coche. – No podré seguir viviendo a su lado. No si no puedo tocarle.

- Eso es muy egoísta por tu parte. – dijo seriamente, sentándose a mi lado.

- He dicho que me iré de casa, no que vaya a fugarme. Hablaré con mis padres y Jacob. Me cogeré un piso cerca del campus y me buscaré un trabajo.

- Veo que lo tienes todo planeado.

- No. En realidad, se me acaba de ocurrir. – sonreí, aunque no había ningún rastro de alegría en mi interior.

Gracias a Dios, los chicos llegaron a nuestro lado. Jacob me había comprado un helado de chocolate y fresa, mi favorito, y eso me animo un poco.

Esa tarde, en los alrededores del circuito, encontramos al piloto ganador, y los cuatro nos hicimos fotos con él. Incluso, para sorpresa de todos, Mike Newton, el piloto, me pidió el número de teléfono. No se lo di. No pude hacerlo. Sobretodo cuando vi los ojos con que me miraba Jacob. Rosalie me miró con mala cara y Emmett me miró con sorpresa. Mike me sonrió y besó mi mejilla. Era como si se hubiera dado cuenta del momento de tensión vivido entre Jacob y yo.

Esa noche, de nuevo, cenamos con nuestros nuevos amigos. Mientras ellos revivían, de nuevo, las carreras, y me excusé y me fui a dar un paseo por los alrededores del motel. Necesitaba estar sola y pensar.

- Hola. – dijo una voz a mis espaldas.

Me di la vuelta con rapidez y me encontré con Mike.

- Hola.

- ¿De paseo?

- Si. Necesitaba un respiro. Han pasado ya doce horas y aun siguen hablando de las carreras. – dije sentándome en un banco de piedra, que estaba cerca de nosotros. – no me mal interprete. La carrera fue alucinante.

- Pero a ti eso no te va, no? – se sentó a mi lado y no apartó la vista de mí.

- No. Yo prefiero las motos.

- Sabes? eres la primera chica que me rechaza.

Le miré y vi que estaba sonriendo. Me fijé mejor en él y vi que era un chico muy guapo. Era bastante alto, como de un metro ochenta y cinco, rubio y de ojos azules. Sus labios carnosos y unos preciosos hoyuelos en las mejillas cuando sonreía. Y su cuerpo…

- Ah si?

- Si, y eso me gusta. Eres de las que se fijan en el corazón y no en el cuerpo.

- Pues si. Se puede ser muy guapo y un completo gilipollas. – dije y, al momento, Mike empezó a reír.

- Reconozco que me dejé llevar por tu belleza cuando te pedí el teléfono, pero ahora veo que eres una chica estupenda. – tomó una de mis manos y empezó a acariciarla. – eres auténtica.

- Gracias, yo… - me solté de su mano con cuidado y me puse en pie. – tendría que volver con los demás.

- No te vayas. Hablemos. No te tocaré. – dijo alzando ambas manos.

- Sin tocar. – dije, volviéndome a sentarme.

- ¿Cuantos años tienes?

- Dieciocho.

- Ah si? – exclamó, sorprendido. – pareces mayor.

- ¿Cuantos tienes tú?

- Veintinueve. – susurró, como si le diera vergüenza.

- En la flor de la vida. – dijo sonriendo. Ahora fui yo quien le cogí de la mano. - Tengo que irme. No quiero preocuparles. Dame tu móvil.

Mike dejó su móvil en mi mano, marqué mi número y llamé a mi móvil. Cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, sonrió.

- Para cuando quieras hablar. – dije poniéndome en pie.

Empecé a caminar hacia la cafetería, pero una mano me sujetó por la muñeca. Me di la vuelta y no pude moverme al sentir esos carnosos labios sobre los míos.

- Nessie? – me separé de Mike al oí la voz de Jacob.

- Lo siento. – susurró Mike, soltándome.

Le dejé atrás y fui corriendo hacia Jacob, que iba a toda prisa hacia la habitación del motel. Entró y me cerró la puerta en las narices. Claramente, estaba enfadado. Llamé un par de veces a la puerta, pero ni caso.

- Jacob, abre.

Silencio.

- No seas tan gilipollas. – dije empezando a cansarme de sus arranques de ira.

La puerta se abrió de golpe. Jacob me cogió con fuerza del brazo y me metió de un tirón en la habitación. No se como llegó a ocurrir, pero cuando me di cuenta, estaba tumbada en la cama, con Jacob encima de mí, mirándome a los ojos. No parecía enfadado, pero estaba claro que le pasaba algo.

- ¿Que hacías?

- Qué? Cuando?

- Cuando he dicho tu nombre.

- El beso?

Jacob asintió y acercó sus labios a los míos, aunque no llegaron a tocarse.

Tenía el vello de punta a causa de las sensaciones que empezaban a invadir mi cuerpo. Quería besar esos labios, acariciar ese cuerpo, pero entonces recordé mi conversación con Rosalie.

- Aparta. – intenté quitarme a Jacob de encima, pero no pude. – Quítate de encima.

- No. Quiero que me respondas. ¿Te ha gustado?

- Si. Me ha gustado mucho. – dije con una sola intención. Jacob siguió sin moverse, así que tuve que pensar qué decir para lograr que se apartara. – Y volvería a hacerlo.

Tal y como había pensado, Jacob se quitó de encima mí. Se tumbó a mi lado, mirando al techo. Me levanté de la cama y empecé a dar vueltas por la habitación.

- Lo entiendo. – dijo.

- Tú no entiendes nada. – se sentó en la cama mientras yo me sentaba en la mesita del televisor. – Jacob, no te puedes ni imaginar cuanto deseo estar contigo, cuanto te deseo, pero no pienso hacer nada hasta que no digan que no somos hermanos.

- ¿Y si lo somos? ¿Qué vamos a hacer?

- Entonces nunca pasará nada entre nosotros.

- No creo que pudiera seguir viéndote todos los días sin poder estar cerca de ti

- Por eso me iré de casa. – Jacob se dio la vuelta y se me quedó mirando, sorprendido.

- Qué? Porqué?

- Porque si me quedo en casa… conoces la palabra incesto?

- Si.

- Pues eso es lo que pasaría. – reconocí. – sabes? por si nunca más vuelve a suceder, te diré que el beso de esta mañana ha sido el mejor que me han dado nunca.

Jacob se levantó de la cama y vino hacia mí. Rodeó mi cintura con sus brazos y besó mi frente.

- También ha sido mi mejor beso.

- Creo que… será mejor que… tengo que ir a hablar con Rosalie. – dije.

Jacob me dejó ir, cogí mi mochila con mi ropa y fui hacia la habitación de mi nueva amiga. En cuanto me vio con la mochila, sonrió y mandó a Emmett a dormir con Jacob. Al principio se quejó, pero Rosalie le echó una mirada y Emmett terminó marchándose con la cabeza gacha.

- Siento molestar.

- No digas tonterías. Has hecho lo correcto viniendo. – Rodeó mi cintura con su brazo y entramos en la habitación.

Si. Había hecho bien, pero aun así, esa noche Jacob estuvo muy presente en mis sueños.

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Hola, hola.

Espero que os haya gustado.

Como siempre, me encantaría saber que opináis.

Ya sabéis como contactar conmigo ante cualquier cosa.

Besitos a todas.