Disclaimer: Los personajes no me perteneces, son obra de Stephenie Meyer, y la historia esta más o menos basada en el libro Halo
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Summary:
La llegada inesperada de los hermanos Hale: Jasper, Rosalie y Isabella, supone un revuelo en la pequeña población de Forks. Son extremadamente bellos, inteligentes y misteriosos. ¿De dónde vienen? ¿Dónde están sus padres y por qué sobresalen sea la que sea la actividad que emprenden?
Los tres son en realidad ángeles del Señor con la misión de ser los ángeles guardianes de la familia Cullen. Tienen instrucciones claras: no deben establecer vínculos demasiado fuertes con ningún humano y deben esforzarse por ocultar sus cualidades sobrehumanas. Pero Bella, la más inexperta, rompe una de las reglas sagradas: se enamora del menor de la familia a los que debe proteger, Edward Cullen.
Desafiar al Cielo no resulta buena idea cuando te enamoras de tu protegido.
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10
Salir con él
La mañana del sábado discurrió sin novedades. Hice algunos recados y llevé a Phantom a correr por la playa. Cuando llegué a casa a primera hora de la tarde; empecé a ponerme nerviosa. En unas horas saldría con Edward y no podía ocultar mi nerviosismo. Sobre las seis, Rosalie me llevo a mi cuarto y estuvo conmigo probando prenda tras prenda, rechazando todas alegando que no me veía del todo bien. Al final, la llamada de Alice, que la pobre seguía aún bastante enferma, me salvó la vida. Me aconsejó que me pusiera un jersey túnica de cuello grueso color beige con unos jeans y unos zapatos con cordones de tacón en cuña, con la rosa detrás de mi oreja. Rosalie se pasó una hora experimentando con mi piel y rostro, probando numerosas cremas y maquillaje hasta que optó por tan solo ponerme un suave pintalabios rosa claro. Jasper en numerosas ocasiones se pasaba por la habitación y suspiraba sin entender a que se debía tantos arreglos si solo iba a salir a dar una vuelta con mi protegido, pero por suerte tuve a Rosalie de mi parte.
Hacía las ocho y media subí a mi habitación para coger mi bolso. Tras bajar las escaleras, Rosalie y Jasper se despidieron de mí, sin antes recordarme que no debía llegar más tarde de las once y que si no cumplía mi palabra no me permitirían asistir a mi salida con Edward. El dolor que me provocó esa idea resultó excesivo; y antes de que pudiera pensármelo, les aseguré que no los decepcionaría y así apresurada hacia el centro del pueblo. Me dominaba un deseo ardiente de ver a Edward.
Me deslicé a tientas por la calle oscura, doblé a la izquierda y seguí adelante, directamente hacía las luces del pueblo. Algunas personas que circulaban en coche se volvieron a mirarme: una chica pálida y de aire fantasmal, corriendo sola calle abajo con el pelo ondeado al viento. Me pareció ver a la señora Stanley atisbando entre las persianas de su salón, pero fue sólo una impresión y ni siquiera volví a pensar en ella.
Tardé como veinticinco minutos en encontrar el cine Mercury. Pasé por delante de un café llamado The Fat Cat, que parecía atestado de jóvenes estudiantes. La música de una máquina sonaba a todo volumen y los chicos, tirados por lo sofás, bebían batidos y compartían cuencos de nachos. Algunos bailaban enloquecidos sobre las baldosas ajedrezadas. También pasé por The Terrace, uno de los restaurantes mas concurridos del pueblo. Las mejores mesas estaban en el balcón que discurría a lo largo de la fachada, y en cada una destellaban las velas de un candelabro. Dejé atrás la nueva panadería francesa y el súper donde había conocido a Elizabeth y Phantom unas semanas atrás. Cuando llegué al cine Mercury, iba a tal velocidad que me pasé de largo y tuve que volver sobre mis pasos al darme cuenta de que la calle terminaba bruscamente.
El cine era de los años cincuenta y había sido remodelado hacía poco respetando el estilo de la época. Estaba lleno de objetos retro. El linóleo del suelo era blanco y negro; los sofás, de vinilo anaranjado oscuro con patas cromadas; las lámparas parecían platillos volantes. Me vi un instante en el espejo que había detrás del puesto de golosinas. Respiraba agitadamente por la excitación y se me veía aturdida de tanto correr.
El vestíbulo estaba desierto cuando llegué y no se veía a nadie en la cafetería. Los carteles anunciaban un ciclo de Hitchcock. Ya debía haber empezado la película. Edward habría entrado solo o se habría ido a casa.
Oí carraspear a alguien a mi espalda de un modo exagerado, tal como suele hacerse para llamar la atención. Me volví.
-No es muy interesante llegar tarde si te pierdes la peli.
Edward llevaba puesta su habitual sonrisa irónica, sus habituales vaqueros desteñidos que parecían hechos para él y un camisa de color beige.
— Siento llegar tarde— dije, jadeante— No encontraba el cine.
-No hacía falta venir corriendo hasta aquí. Podías haberme llamado, y te habría ido a buscar.
Tenía la mirada juguetona. Me devané los sesos para encontrar una respuesta que no me hiciera parecer del todo ridícula. Mi primer impulso fue decirle que había perdido su número, pero no quería mentirle.
— Bueno, ya estás aquí — prosiguió y recorrió con la mirada mi vestimenta y noté en sus ojos un matiz divertido— Vamos a juego- me puso su sonrisa torcida- Seguro que Alice te llamó y te dijo que ponerte ¿verdad?- pasó su mano por mi cabello, colocándome la rosa que por la carrera se estaba cayendo- ¿Te gustó mi regalo, eh?
-Sí- reconocí ruborizada. Así que toda la llamada había sido una treta de Alice para que fuéramos emparejados
-¿Te apetece tomar un café?
-¿Y la película?
— La podemos ver otro día.- me gustó que me incluyera en sus planes futuros
— De acuerdo pero no me puedo quedar mucho rato— le confesé.
-Lo suponía- sonrió para si mismo-Hay un sitio a dos calles, si no te importa caminar un poco. El café se llamaba Sweethearts.
Edward me puso la mano en la espalda para hacer pasar y yo sentí que me llegaba el calor de su palma. Noté también un extraño hormigueo hasta que comprendí que había puesto la mano justo en el punto donde se unían mis alas cuidadosamente plegadas. Me apresuré a apartarme con una risita nerviosa.
-Eres una chica muy extraña— dijo, divertido.- Pero ese es uno de tus encantos
Me alegró que pidiera un reservado, porque yo prefería estar a cubierto de miradas indiscretas. Ya habíamos llamado un poco la atención al bajar la calle juntos. En el interior del café reconocí varias caras del colegio, pero eran alumnos que no conocía personalmente y no tuve que saludarlos. A Edward sí lo vi haciendo gestos de saludo a derecha e izquierda antes de sentarnos. ¿Serían los chicos con los que entrenaba? Me pregunté si nuestra salida se convertía el lunes en la comidilla del colegio.
El local era acogedor y yo empecé a sentirme más relajada. Había una iluminación amortiguada y las paredes estaban cubiertas de carteles de películas antiguas. En la mesa había postales de anuncio con la obra de pintores mundiales. La carta incluía batidos variados, cafés, pasteles y copas de helado. Apareció una camarera con zapatillas en blanco y negro. Yo pedí chocolate caliente y Edward café con leche. La camarera lo miró con una sonrisa coqueta mientras tomaba nota.
— Espero que te guste el sitio— dijo Edward cuando ella se hubo marchado— Suelo venir aquí después de entrenar, normalmente en la compañía de Alice.
— Es acogedor— dije— ¿Entrenas mucho?
-Dos tardes y la mayoría de los fines de semana. Aunque hago otras cosas aparte del deporte, no soy solo músculo- me reí y él me acompañó
-¿Qué otras cosas haces?
-Suelo tocar el piano y disfruto mucho leyendo
-¿En serio?- asintió divertido- A un también me encanta leer. ¿Cuáles son tus autores favoritos?
-Bueno, no sé si tendremos los mismos gustos. Tengo un sentido de la lectura algo anticuado; a veces incluso Emmett me toma el pelo diciendo que me convertiré en anciano a los 20- una sonrisa me apareció
-A mi también me gustan los clásicos- me miró sorprendido
-Yo ya sabía que eres diferente- dijo
-¿En el buen o en el mal sentido?
-En el buen sentido, claro. Nunca hablaría ni pensaría mal de ti- de nuevo la sensación de calor por todo mi rostro regresó
-Gracias- musité
-Bueno Y ¿te has apuntado a alguna actividad?
-Todavía no. Me lo estoy pensando.
Edward asintió.
-Esas cosas llevan su tiempo.— Cruzó cómodamente los brazos y se arrellanó en su asiento— Bueno, cuéntame de ti.
Era la pregunta que había temido.
— ¿Qué quieres saber?— dije con cautela.
— En primer lugar, ¿en serio te gusta Forks? . No es que sea un lugar muy llamativo, que digamos. Y por lo que sé tu eres de Inglaterra, como yo
-Precisamente por eso— dije— Digamos que nos hemos decidido por otro estilo de vida. Estábamos cansados de gente sofisticada y queríamos instalarnos en un sitio tranquilo. Me gusta tener cerca la playa y estar alejada de la gran ciudad me fascina. Ahora te toca contar a ti.
Supuse que se habría dado cuenta de que yo quería evitarme más preguntas, pero no importaba. A Edward le gustaba charlar, no hacía falta que lo animaran. A diferencia de mí, se mostraba abierto y no tenía reparos en dar información personal. Me contó anécdotas de su familia e incluso me ofreció la versión abreviada de la historia de los Cullens
— Somos tres hermanos; yo, el pequeño. Mi padre es médico: neurocirujano; y mi mamá es diseñadora de interiores. Mi hermano mayor, Emmett, como ya sabes es el profesor de gimnasia del instituto. Luego viene mi hermana, Alice, que creo que no necesitarás ninguna información sobre ella, ya que no se despega de ti. Aunque en casa solo seamos cinco personas, casi todos los fin de semanas mis tíos dejan a mis cuatro primos en casa, ya que ellos se van siempre de congreso los sábados y domingos. Mis primos son: Nicola, que tiene quince; Jasmine, ocho; y Madeline está a punto de cumplir los seis. El más pequeño es Michael, de cuatro años. ¿Ya he conseguido aburrirte?
— No, es fascinante. Sigue— lo animé. Me intrigaba conocer los detalles personales de una familia humana normal y quería escuchar más. ¿Acaso me deba envidia su vida?, me pregunté.
— Bueno, he nacido en Inglaterra, como toda mi familia. Pero por el trabajo de mi padre nos hemos estado mudando desde que yo era muy pequeño, con nuestros tíos hiendo tras nosotros. No sé cuantas veces acabamos mudándonos, solo sé que hace cuatro años llegamos a parar aquí y mi madre se enamoró de este lugar. Al llegar aquí, ella se empeñó a que fuéramos a un colegio católico. Es una persona conservadora. Lleva con mi padre desde los quince años. ¿Te imaginas? Prácticamente han crecido juntos.
— Deben de tener una relación muy estrecha.
— Bueno también han pasado sus altibajos, pero nunca ha sucedido nada que no hayan sido capaces de superar. A mi me gustaría que cuando me case, ser como ellos: una pareja que ante nada se separa
— Suena una familia muy unida.
-Sí, es verdad, aunque mi mamá puede resultar un poquito demasiado protectora.
Me imaginé que sus padres debían tener grandes aspiraciones para todos de sus hijos, y debían de estar esperanzados en su hijo menor.
— ¿Tú también estudiarás medicina?
— Seguramente— dijo, encogiéndose de hombros.
— No pareces muy entusiasmado.
— Bueno me interesó ser pianista durante un tiempo, pero digamos que la idea no recibió grandes apoyos.
— ¿Y eso?
— No se considera una carrera seria, ¿entiendes? La perspectiva de invertir tanto dinero en mi educación para verme convertido al final en un parado no entusiasma a mis padres.
— ¿Y qué me dices de lo que tú quieres?
-A veces los padres saben lo que es mejor para ti., aunque ahora que lo pienso mejor, ser médico es la mejor opción que encuentro.
Daba la impresión de aceptar de buen talante las decisiones de sus padres y se le veía dispuesto a dejarse guiar por las esperanzas que habían depositado en él. Su vida parecía planeada de antemano y no me lo imaginaba desviándose de esa ruta prefijada. En ese sentido me identificaba con él: mi experiencia humana se producía con unas directrices y unos límites estrictos, y cualquier intento de apartarme de mi camino no sería contemplado con benevolencia. Por suerte para Edward, sus errores no despertarían la ira del Cielo. Al contrario, pasarían a formar parte de su experiencia.
Cuando ya casi teníamos vacías nuestras tazas, Edward decidió que nos hacía falta una «inyección de glucosa» y pidió un pastel de chocolate: una ración que nos sirvieron con arándanos y nata montada en un plato blanco enorme, acompañado de dos cucharitas. A pesar de que me animó a «lanzarme», yo me limité a tomar dos pedacitos del borde con toda delicadeza. Cuando terminamos se empeñó en pagar la cuenta y pareció ofenderse al ver que yo pretendía poner mi parte. La rechazó con un gesto amable y dejó al salir un billete en una jarra para las propinas (el rótulo decía: BUEN KARMA).Sólo cuando estuvimos fuera me di cuenta de la hora.
— Ya sé que es tarde— dijo Xavier, descifrando mi expresión— Pero ¿qué tal un paseo? Aún no quiero llevarte a casa.- me sonrojé por su interés en estar conmigo
-No creo que les importe mucho a Jasper y Rosalie que llegue diez minutos tarde.
-En ese caso, no tardaremos más de veinte minutos.
Era consciente de que debía dar por terminada la velada; pero no soportaba la idea de separarme de Edward ni un momento antes de lo necesario. Mientras estaba con él, me sentía henchida de felicidad arrolladora que hacía que el resto del mundo se difuminara y no pasara de ser más que ruido de fondo. Era como si los dos estuviéramos encerrados en una burbuja privada; nada que no fuera un terremoto podría pincharla.
Deseaba que la noche se prolongase eternamente.
Caminamos hacia el mar, con nuestros brazos casi rozándose y enviándome descargas eléctricas. Cuando llegamos al final de la calle, vimos que estaban montando en el paseo marítimo un parque de atracciones itinerante. Había una noria balanceándose al viento y vimos los autos de choques esparcidos en la pista. Un castillo hinchable amarillo relucía a la media luz.
— Echemos un vistazo— propuso Xavier con entusiasmo infantil.
— No creo que esté abierto siquiera— dije— No nos dejarán entrar.— El parque de atracciones tenía un aire desvencijado que más bien me echaba para atrás.
— ¿Y tu espíritu de aventura? Podemos saltar la valla. Venga Bella, demos un toque de misterio a la noche- me animó
-No me importa echar un vistazo, pero no pienso saltar ninguna valla.
Resultó que no había ninguna valla y entramos directamente. Tampoco había mucho que ver, sólo varios hombres tensando cuerdas y moviendo maquinaria. No nos hicieron ni caso. Sentada en los escalones de una caravana, vimos a una mujer fumando; llevaba un vistoso vestido y unos brazaletes hasta el codo que tintineaban sin parar. Tenía profundas arrugas alrededor de los ojos y la boca, y su pelo oscuro empezaba a encanecer en las sienes.
— Ah, jóvenes enamorados— dijo al vernos y yo me ruboricé ante su suposición. Miré de reojo a Edward, él cual estaba sonriendo abiertamente, como si estuviera satisfecho con la idea— Lo siento, chicos. Aún lo tenemos cerrado.
-Lo siento— dijo Edward con educación— Ya nos vamos.
La mujer dio una larga calada a su cigarrillo.
— ¿Os gustaría que os echara la buenaventura?— nos propuso con voz áspera— Ya que estáis aquí.
— ¿Es usted vidente?—le pregunté. No sabía si mostrarme escéptica o intrigada. Era cierto que algunos humanos poseían una percepción especial y que podían tener premoniciones, por así llamarlas, aunque la cosa no pasaba de ahí. Algunos eran capaces de ver espíritus o de detectar su presencia, pero el término «vidente» me resultaba un poco exagerado.
— Por supuesto— espondió la mujer— Jasmine la mensajera, para serviros. Venga, no os voy a cobrar— añadió— A ver si se anima un poco la noche.
El interior de la caravana apestaba a comida rápida. Había velas parpadeando en una mesa y tapices con flecos colgados de las paredes. Jasmine nos indicó que nos sentáramos.
-Tú primero— le dijo a Edward, tomándole la mano y estudiándola atentamente. Por la expresión de él, estaba claro que se lo tomaba más bien a broma— Bueno, tienes la línea del corazón curvada, lo cual quiere decir que eres un romántico, y cómo la tienes dividida en dos partes, significa que amarás dos veces en tu vida— comenzó la mujer— La línea de la cabeza corta significa que eres directo y no te andas con rodeos. Percibo en ti una poderosa energía azul que indica que tienes algo heroico en la sangre, pero también que estás destinado a sufrir un gran dolor, o que ya has sufrido. De qué tipo, amoroso.
Edward fingió que se lo tomaba en serio.
— Gracias— le dijo— Ha sido muy perspicaz. Te toca, Bella.
— No, prefiero pasar— murmuré.
-No hay que temerle al futuro, sino enfrentarlo —dijo Jasmine, y su manera de decirlo resultaba casi un desafío.
Extendí la mano de mala gana para que la leyera. Aunque tenía los dedos ásperos y callosos, su contacto no resultaba desagradable. En cuanto abrí la palma, ella pareció erguirse ligeramente.
-Lo veo todo blanco— dijo con los ojos cerrados, como si estuviera en trance —Percibo una felicidad indescriptible.— Abrió los ojos— Tienes un aura increíble, algo casi angelical. Déjame ver las líneas. Aquí tenemos una línea del corazón continua, lo cual sugiere que sólo amarás una vez en tu vida... Y luego, veamos... ¡Dios mío!
Me extendió más los dedos para tensar la piel.
— ¿Qué?— pregunté, alarmada.— ¡Tu línea de la vida! — Exclamo la mujer con unos ojos como platos— Nunca había visto nada igual.
— ¿Qué pasa con mi línea de la vida? — pregunté ansiosa.
-Querida...— Su voz se convirtió en un susurro— No tienes.
Volvimos a pie en silencio a buscar el coche de Edward.
— Qué raro, ¿no?— dijo por fin mientras me abría la puerta.
-Desde luego— asentí, fingiendo preocupación— Pero bueno, ¿quién cree en videntes?- Edward me sonrió asintiendo
Edward acababa de sacarse el permiso y el coche— un Volvo plateado— había sido su regalo de cumpleaños. Metió la llave y puso primera antes de indicarme que cogiera un CD de la guantera. Al poner el CD, la música de piano envolvió el coche
-¿Lo has grabado tú?- pregunté tras escuchar las primeras notas al piano
-Eres muy observadora- sonreí tímidamente
Nos quedamos en silencio, y percibí un aroma agradable: una combinación del cuero de los asientos y de una fragancia fresca que tal vez fuera la de su colonia. Yo sólo había subido a nuestro jeep hasta entonces, de manera que no estaba preparada para el rugido de aquel motor tan nuevo y me aferré instintivamente al asiento en cuanto arrancamos. Edward me echó un vistazo, alzando las cejas.
— ¿Vas bien?
— ¿Este coche es seguro?
— ¿Me tomas por mal conductor?— preguntó en plan socarrón.
— Confío en ti — respondí — Pero no sé si tanto en los coches.
— Si te preocupa la seguridad, harás bien seguir me ejemplo y ponerte el cinturón.
-¿El qué?
Edward meneó la cabeza de incredulidad.
— Me preocupa tú seguridad, Bella— murmuró.
— ¿Vas a tener problemas por llegar un poco tarde?- me preguntó cuándo paramos delante de Sunset Vi que habían dejado encendida la luz del porche, lo que significaba que me estaban viendo ahora mismo
— Me tiene sin cuidado, la verdad—contesté— Me la he pasado muy bien.
-Yo también.— La luz de la luna centelló en la cruz que llevaba al cuello.
— Edward...— dije, titubeando— ¿Puedo preguntarte una cosa?
— Claro.
— Bueno, me pregunto... ¿por qué me has pedido que saliera contigo esta noche contigo? Es que Jessica me habló... bueno, de...
-¿Tanya?— Suspiró— ¿Qué pasa con ella?— Apareció un matiz defensivo en su tono— La gente no puede dejar de hablar ¿verdad? Es lo que pasa en los pueblos pequeños. Se pirran por cualquier cotilleo.
No me atreví a mirarle a los ojos. Me daba la sensación de haber cruzado una frontera, pero ya no podía echarme atrás.
— Me explicó que tú nunca has querido salir con ninguna otra chica. O sea que siento cierta curiosidad... ¿Por qué yo?
— Tanya no era sólo mi novia — dijo Edward— Era mi mejor amiga. Nos entendíamos de una manera difícil de explicar y nunca podré reemplazarla. Pero cuando te conocí...— Su voz se apagó.
-¿Me parezco a ella?— pregunté.
Él se echó a reír.
— No, para nada. Pero cuando estoy contigo tengo la misma sensación que tenía con ella.
— ¿Qué clase de sensación?
— A veces conoces a una persona y se produce automáticamente un clic. Te sientes a gusto con ella, como si la hubieras conocido toda tu vida y no tuvieras que fingir ni hacerte pasar por lo que no eres.
-¿Tú crees que a Tanya le importaría— pregunté —, quiero decir, que te sintieras así conmigo?
Edward sonrió.
-Esté donde esté, Tanya querría que yo fuera feliz.
Yo sabía muy bien dónde estaba, pero deseché la idea de compartir esa información con él por ahora. Bastante fuerte resultaba ya que no supiera para qué servía el cinturón de seguridad y que no tuviera línea de la vida en la mano. Me pareció que ya había sido suficientes sorpresas por una noche. Permanecimos en silencio unos minutos. Ninguno de los dos quería romper el hechizo del momento.
— ¿Tú crees en Dios?— pregunté al fin.
— Eras la primera persona que me lo pregunta — dijo Edward— La mayoría de la gente ve la religión como un modo de distinguirse y de parecer original.
— ¿Y tú?
— Yo creo en el poder superior, en una energía espiritual. Creo que la vida es demasiado compleja para ser sólo un accidente, ¿no estás de acuerdo?
-Completamente — respondí.
Antes de que me bajara del coche de Edward, él me plantó un suave beso en la mejilla izquierda y luego me sonrió, deseándome una buena noche. Al bajarme aquella noche del coche de Edward, tuve la certeza de que el mundo tal y como lo conocía había cambiado de modo irrevocable. Mientras subía las escaleras de la puerta principal no pensaba en el sermón que me esperaba por llegar tarde, sino en cuánto tiempo habría de pasar para volver a verlo. Había un montón de cosas de las que quería hablar con él.
La puerta se abrió antes de que llamara siquiera, e Rosalie apareció en el umbral con expresión preocupada. Jasper aguardaba impertérrito en la sala; podría haber sido la figura de un cuadro, tan inmóvil se le veía. Normalment eaquello me habría provocado un remordimiento abrumador, pero yo aún tenía en mis oídos la voz de Edward, sentía en la espalda el contacto de su mano cuando me había hecho pasar al Sweethearts, y seguía percibiendo la fresca fragancia de su colonia.
En el fondo, sabía que la regañina que vendría a continuación no tenía nada que ver con la salida, ya que eso ya estaba hablado y asumido. No, Rosalie y Jasper estaban de ese modo por la simple razón de que habían descubierto lo que sentía por Edward; y eso no estaba permitido. El amor entre un humano y un ángel no podía existir
— No deberíais haber esperado levantados, no corría el menor peligro— dije – Lamento que nos encontremos en esta situación— añadí.
-No, no lo lamentas, Isabella— dijo Jasper en voz baja. Aún no había levantadol a vista— No lo lamentas. De lo contrario, habrías intentado de cualquier modo impedirlo
.No soportaba que no me mirase.
— Jasper, por favor— empecé, pero él me acalló alzando la mano.
-Me inquietaba la idea de que nos acompañaras en esta misión y ahora has demostrado que eres totalmente imprevisible.— Daba la impresión de que aquellas palabras le dejaban un mal sabor de boca — Eres joven e inexperta: tu aura es más cálida y más humana que la de cualquier otro ángel que haya conocido, y sin embargo fuiste escogida. Yo ya intuía que tendríamos problemas contigo, pero los demás creyeron que todo saldría bien. Ahora veo, no obstante, que ya has tomado una decisión; has preferido un capricho pasajero a tu propia familia, aun sabiendo que lo que sientes es del todo imposible.
Se levantó bruscamente.
-¿Podemos hablar al menos?— pregunté.
Todo aquello sonaba demasiado dramático y yo estaba segura de que no tendría porqué serlo si lograba que Jasper me entendiera.
-Ahora no. Es tarde. Lo que tengas que decir, puede esperar hasta mañana.
Y sin más, nos dejó solas.
Rosalie me contempló con ojos tristes y agrandados. Me horrorizaba acabar la noche de aquel modo tan amargo, sobre todo teniendo en cuenta que me había sentido más feliz que nunca hacía un momento.
-Habría preferido que Jasper no hiciera su numerito de mensajero de la desgracia—mascullé.
-¡Isabella, no digas esas cosas! Lo que sientes por ese chico está mal aunque todavía no seas capaz de verlo. Quizá no entiendas ahora nuestros consejos, pero lo mínimo que puedes hacer es pensártelo bien antes de que la cosa se te vaya de las manos. Con el tiempo te darás cuenta de que no es más que un encaprichamiento. Tus sentimientos por ese chico pasarán.
Rosalie y Jasper me hablaban con enigmas. ¿Cómo querían que viera el problema si ni siquiera eran capaces de intentar comprenderme? Yo era consciente de que mi salida con Edward había cambiado completamente las cosas, haciendo que por fin mis sentimientos salieran a flote. Pero ¿qué tenía de malo, a fin de cuentas? ¿De qué servía estar en la Tierra y acumular experiencias humanas si íbamos a restarles toda importancia? A pesar de lo que considerasen mejor mis hermanos, no quería que mis sentimientos por Edward «se me pasaran».Eso lo convertía a él en algo parecido a un resfriado que acabaría por salir de mi organismo. Yo nunca había ansiado la presencia de alguien de un modo tan absorbente y avasallador. Me vino a la cabeza una expresión que había leído en alguna parte: «El corazón quiere lo que el corazón desea». No recordaba de dónde procedía, pero quien lo hubiese escrito había acertado de lleno. Si Edward era una enfermedad, entonces yo no quería curarme. Si la atracción que sentía por él constituía un delito que tal vez podría merecer un castigo divino, que así fuera: que cayera sobre mí, no me importaba.
Rosalie subió a su habitación y yo me quedé sola con Phantom, que parecía saber por instinto lo que me hacía falta. Se acercó y me restregó el hocico por detrás de las rodillas, sabiendo que así me obligaba a agacharme y a acariciarlo. Al menos uno de los miembros de mi hogar no me odiaba.
Subí a mi habitación, me quité la ropa y la dejé amontonada en el suelo. No tenía sueño; más bien me sentía oprimida por la sensación de estar atrapada. Me metí en la ducha y dejé que el agua caliente me golpeara los hombros y me aflojara un poco la musculatura. Aunque habíamos acordado que nunca lo haríamos, ni siquiera dentro de casa, para evitar que nos vieran, liberé parcialmente las alas y dejé que presionaran el panel de cristal de la ducha. Las tenía agarrotadas después de tantash oras plegadas y me parecía que me pesaban el doble a medida que se empapaban. Eché la cabeza hacia atrás, dejando que el agua me corriera por la cara. Rosalie me había pedido que me pensara bien lo que estaba haciendo, pero yo, por una vez, no quería pensar: sólo quería ser.
Me sequé deprisa y, con las alas todavía húmedas, me metí en la cama. Lo último que deseaba era herir a mis hermanos, pero mi corazón parecía petrificarse en cuanto se me cruzaba la idea de no ver nunca más a Edward o no poder sentir lo que sentía por él. Me habría gustado que estuviera en mi habitación en aquel momento. Y sabía lo que le habría pedido: que me liberase de mi prisión. Estaba segura de que él no habría vacilado. En mi imaginación, yo era la doncella amarrada a los raíles del tren. Y el rostro de mi torturador alternaba entre el de mi hermano y el de mi hermana. No ignoraba que aquello era irracional, que estaba convirtiendo la situación en un melodrama, pero no podía parar. ¿Cómo podría explicarles que Edward era mucho más que un chico por el que estaba colgada? Nos habíamos visto sólo unas pocas veces, pero eso era lo de menos. ¿Cómo podría hacerles ver que un encuentro como aquél no se produciría de nuevo aunque permaneciese en la Tierra un millar de vidas? Eso lo sabía sin la menor duda; para algo poseía aún mi sabiduría celestial. Lo sabía con la misma certeza con la que sabía que mis días en aquel planeta verde estaban contados.
Lo que no podía prever, y no me atrevía siquiera a preguntar, era lo que sucedería cuando los poderes del Reino se enterasen de mi transgresión. No creía que la reacción fuera indulgente. Aun así, ¿sería excesivo pedir un poco de compasión y de comprensión? ¿No las merecía yo igual que cualquier ser humano, que habría sido perdonado sin vacilación alguna? Me preguntaba qué pasaría después. ¿Caería en desgracia? Yo estaría en La Tierra, si no era desterrada, hasta que la vida de Edward llegara a su fin y así yo abría conseguido mi objetivo. Pero si me obligaban a volver al Reino, no volvería a verlo hasta que su alma se reencarnara y subiera a los Cielos. Sentí un escalofrío recorriéndome la espalda ante la sola idea, pero luego la imagen de Edward volvió a inundarme de calor.
Hola!
Se qué es una sorpresa que este publicando, pero es que justamente mi padre me ha dejado el ordenador y así me he permitido conectarme. Así que aquí esta el capítulo. Además de que hay fotos de este capítulo. Entrar en mi perfil y las veréis XD. Y que sepáis que aquí, en Teruel, hace un calor de mil demonios!
Ahora van los comentarios:
Akamaruwolf323
De acuerdo, haré caso a los pajaritos. Y si, Bella es demasiado buena, yo también me hubiera largado XD. Aquí dejo un capítulo adicional. Petonets!
Nohemi
Los Cullen no estan en peligro, es solo que como todo humano necesitan un angel de la guarda y ellos han tenido la suerte de que sus ángeles esten en la Tierra, viviendo a su lado como seres humanos normales. Pero normalmente nuestros ángeles, que cada uno tiene uno, está en el cielo velándo nuestro bienestar. Yo, por ejemplo, creo que mi ángel guardían es mi tía Anna Merçe, la cual falleció el mismo año en el que yo nací; mi madre siempre me dice "Anna, la teva tia Anna Merçe està vigilándote, i sempre que tinguis un problema ella et guiarà. Tens el millor àngel de la guarda que pot haver" Siento si está en catalán, pero se me hace muy raro traducirlo al español XD. GRacias por enviarme buena suerte en mis vacaciones! Muak y petons!
AATFE
Gracias! Enserio empezaste a trabajar? Mal rollo XD Yo de vacaciones y tu trabajando -.-" jajajja. Alice va estar un poquito más enferma, no me mates, pero es necesario. Y la camarería entre Emmett y Bella se verá pronto, no directamente pero ya verás. Y bueno, Rose y Emmett aun no salen, estan más bien conociéndose XD y SI, te copié pero tranquila, no te plagiaré más XD. Petons!
Claudiia828
Sii! Edward es Super Increible (uff, que pijo sonó!) Ah!, y mira, por fin mi padre se despegó del ordenador. Pero mira, son las 5 de la tarde y aun no hemos salido del hotel -.-" Y he tenido qe estar dos horas paseando a las perras con un calor agotador para que las de la limpieza arreglaran el cuarto. Estoy agotada! Y sí, estaba dedicado a tí pero lo de Edward para Navidad... creo que no será posible; y en todo caso sería pà mí jajaj XD. Que no mujer!, lo compartiremos... XP Como ya le he dicho a AATFE, es necesario que Alice esté un poco más enferma, pero no será en vano. Bella pronto sabrá la verdad sobre Jessica y su grupo de ZorrasPerdedoras! Petons!
Douces Roses
Tienes razón, Edward ven a mi casa y Jessica vete a la puta calle! XD. OMG, me muero de calor! Un vaso de agua! Petons!
Angie Cullen Hale
Edward es monísimo! Y la pobre de Bella siente añorancia... Te gustó la cita de Edward y Bella? Espero que sí XD Petons!
Peque Cullen
Noo! Aquí nos volvemos a ver XD. Edward es Romeo en la actualidad, *suspiro*, como desearia tenerlo aquí XD Los animales si que saben lo que es bueno, como Phanton que ya se ha encariñado a Eddie. Petons!
Iga Emo - 12L
Yo tambien más de una vez deseo coger el reloj y adelantarlo; como cuando son las nueve de la mañana y recien empieza la clase. ¿No estaria guay poder coger las manecillas y adelantarlas, como por ejemplo, hasta las 4 de la tarde? No demoreé mucho, no? comparado con tener que esperar hasta Septiembre XD. Petons!
