.¡Hola a todos!
Finalmente, aunque creyérais que este día nunca llegaría, he terminado el último capítulo de Nuestro primer verano. Ha sido una larga andadura la llevada a cabo con este fic, y espero que el final os agrade. Pido perdón a mis lectores, además, por la tardanza en colgarlo, pero lo cierto es que me atasqué un par de veces. Sin embargo, es el capítulo más largo de todos cuantos he escrito. Éste va dedicado a todos los lectores que habéis seguido el fic desde que colgué el primer capítulo con toda la ilusión del mundo, y también a los que os habéis incorporado más tarde. Gracias por vuestros reviews y vuestras palabras de ánimo, realmente me han ayudado mucho.
Me despido ahora de vosotros, y espero volver a veros en próximos proyectos n.n
Disclaimer: Naruto no me pertenece
Capítulo 10 – Toda una vida por delante
Hinata no sabía bien si alzar la mirada. Los resultados de los exámenes de admisión al instituto Mikami estaban en el panel, por encima de ella. Neji asistía a aquel instituto, y ella había hecho cuanto estaba en su mano para entrar también, al igual que un gran número de sus compañeros de clase. Sin embargo, no confiaba nada en sí misma y en su esfuerzo. No obstante, Neji sí que había confiado en ella. A lo largo de la época de exámenes la había llamado cada noche para darle ánimos, e incluso le había ayudado con algunas materias. Hinata temía tan intensamente defraudarle que no sabía si echarse a llorar de antemano o salir corriendo sin mirar atrás. A su lado, Kiba e Ino se abrazaban, emocionados. Al parecer, ambos habían entrado en el prestigioso instituto.
-Hinata-chan –oyó de repente la voz de Naruto a su lado-. ¿Ya has mirado tu nota?
Ella cerró los ojos con fuerza y negó enérgicamente con la cabeza.
-.¿Quieres que te lo mire yo?
La muchacha asintió con la cabeza.
-...Por favor.
Naruto alzó la mirada al panel y lo estudió detenidamente. Ante la ausencia de respuesta por parte de su amigo, Hinata abrió lentamente sus opalinos ojos y, clavándolos en el suelo, preguntó:
-He suspendido, .¿verdad?
-Suspendido... –murmuró Naruto, como para sí. A pesar de esperárselo, la chica se vio inundada por el desconsuelo-. No, Hinata-chan, no... ¡Has sacado la sexta mejor nota de la clase!
Los ojos de Hinata pasaron a toda velocidad hacia el panel, incrédula. Asombrada, sin terminar de creérselo todavía, leyó su nombre entre los veinte primeros puestos, y de repente todo sonido a su alrededor se desvaneció, hasta sumirla en un extraño estado de pletórica semi-inconsciencia. No era capaz de pronunciar palabra alguna.
-He aprobado... –murmuró, emocionada.
La emoción le arrebató el aliento durante unos segundos, y acto seguido su corazón comenzó a latir a toda velocidad. La calificación no existía para ella más allá del hecho de haber aprobado. Se llevó las manos a la cara, para secar unas lágrimas que no habían llegado a brotar, pero en ese instante su teléfono móvil comenzó a sonar. Sorprendida –no lo esperaba-, cogió el aparato y se lo llevó a la oreja tras comprobar el nombre que aparecía en la reluciente pantalla.
-.¿S-sí?
-Hinata –La viril voz de Neji inundó sus oídos-. ¿Han salido ya las notas?
-Sí. Yo... –comenzó a hablar, aunque no encontraba palabras con las que expresar su alivio, su alegría- he... he aprobado.
El segundo de silencio se le hizo eterno.
-Eso es maravilloso. Enhorabuena.
Hinata esbozó una sonrisa. Sabía que Neji no era demasiado efusivo, más aún cuando la situación era más alegre. Ella sabía comprenderle.
-Gracias. Pero... ahora que lo pienso, .¿Neji? .¿Cómo es que me llamas? .¿No estabas trabajando?
Desde el final del verano, la muchacha no había podido ver todo lo que le habría gustado a su primo, dado que él no sólo estudiaba, sino que además tenía un trabajo a tiempo parcial como camarero. Aquel mismo día, en aquel momento, debía estar sirviendo cafés, y sin embargo la había llamado.
-Estoy en mi descanso –explicó el chico-. He pensado que, ya que no he podido acompañarte a ver las notas, podríamos vernos esta tarde, .¿te parece bien?
El corazón de la chica dio un salto, alborozado.
-.¡Claro!
-Bien... en tal caso, más tarde te mandaré un mensaje para quedar. Se me acaba el tiempo. Voy a volver al trabajo. Te quiero.
-Y yo... –murmuró ella.
Al volverse, vio a Naruto, que había seguido clavado en el mismo sitio mientras ella se alejaba paulatinamente, hablando con Neji. El rubio esbozó una sonrisa.
-.¿Tu padre?
-Mi primo –respondió ella, devolviéndole la sonrisa con timidez.
En ese instante se acercaron Kiba e Ino, y los cuatro se dieron la enhorabuena entre ellos.
-Me cuesta creer que hayas logrado entrar en el Mikami –se burló Ino, sacándole la lengua a Naruto.
-Oye, que yo cuando me esfuerzo me cunde –protestó el Uzumaki.
-A la vista queda –añadió Kiba-. Por cierto, Hinata, hemos quedado todos los de clase para salir a cenar esta noche. Contamos contigo, .¿no?
-Esta noche... –la Hyuuga vio cómo su cita con Neji se desmoronaba.
-A menos que tengas otros planes, claro –intervino Ino.
-Yo... eh... veré... veré qué puedo hacer.
-Molaría que vinieras –dijo Naruto-. Entre las parejitas felices y los imbéciles de turno, como no vengas la cena va a ser un coñazo.
Hinata se sonrojó y apartó la mirada discretamente, clavándola en Sasuke, enemigo declarado de Naruto... aunque a la hora de la verdad fueran tal para cual. La muchacha suspiró y acto seguido dedicó a sus amigos una sonrisa.
-Intentaré asistir, lo prometo.
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El tiempo volvía a echársele encima. Kyoko, tan feliz como de costumbre, había hecho de la nota de Hinata una verdadera fiesta, a la que Hiashi y Hanabi se habían apuntado sin dilación. Más tarde, la primogénita había tardado aún un rato en escoger la ropa que llevaría, pues no sabía cómo conjuntar sus prendas de manera que resultaran apropiadas tanto para su cita con Neji como para su cena con sus compañeros de clase. Finalmente se había inclinado por una falda corta, leotardos y botas, una bonita blusa y un abrigo cómodo, con remates de pelo blanco. Llevaba además el foulard malva que sus tíos le habían regalado el día de su cumpleaños. Sólo cuando el espejo le devolvió una imagen favorable de sí misma, se atrevió a mirar el reloj, comprobando horrorizada que en aquel preciso instante faltaban tan sólo cinco minutos para la hora a la que había quedado con Neji, y que por tanto llegaría tarde, pues tenía que cruzar media ciudad para llegar al centro, donde había quedado. Dado que el tráfico era una trampa mortal a lo largo de todo el día, se inclinó, muy a su pesar, por el metro. Camino a la parada más cercana a su casa había enviado un mensaje a Neji comunicándole que llegaría un poco tarde, pero los hados parecían haberse puesto en su contra, y una avería en el metro la hacía llegar más de media hora tarde. Mientras corría hacia la plaza donde habían quedado, rogaba porque él no se hubiera marchado, harto de esperar, aunque en su fuero interno sabía Neji jamás haría eso.
Por suerte, él seguía allí, de pie, impertérrito. Quiso suspirar de alivio, pero lo único que le salió fue un jadeo desesperado. Al llegar a su altura, se percató del ceño fruncido de su primo, de la frialdad en sus ojos perlinos. Aunque le faltaba el aliento, hizo el esfuerzo de intentar explicar.
-Respira primero –habló Neji-. Habla después.
Ella obedeció, sintiendo cómo la mirada del chico le quemaba como sólo puede hacerlo el hielo. Una vez dejó de dolerle el pecho tras la carrera, comenzó a hablar:
-Salí tarde de casa, es verdad... pero después de mandarte el mensaje, en el metro... bueno, el metro se estropeó, y como estaba más o menos cerca y no sabía cuánto tendríamos que esperar al siguiente, salí a la calle y he venido... corriendo.
-Ya lo veo –respondió él escuetamente.
-Lo... lo siento mucho. No –Hinata se irguió-. Muchísimo.
El muchacho le sostuvo la mirada, y acto seguido comenzó a caminar, mientras confesaba:
-Estaba preocupado. Son muchas las desgracias que le pueden suceder a una chica de tu edad, sola por la calle.
Ella no respondió. Neji volvió a detenerse, se giró y peinó a su prima con sus dedos. La tensión en sus ojos se había aflojado.
-Me alivia verte a salvo.
-Bueno... –Hinata se sonrojó, como siempre que él hacía alguno de sus pequeños gestos rebosantes de ternura- esto es el centro de Tokyo, no el Bronx.
-Depravados hay en todas partes. Te acompañaré a casa más tarde. ¿A qué hora tienes que volver?
-Pues verás... –la chica sospechaba que a su primo no le iba a hacer ninguna gracia que se fuera de cena- m-mis compañeros de clase van a cenar todos juntos por ahí, y yo... yo... v-voy a ir con ellos. Es decir, que también voy a cenar fuera.
Neji volvió a fruncir el ceño. Se dio la vuelta y volvió a caminar, y Hinata tuvo que esforzarse en ponerse a su altura. Sintió la necesidad de justificarse:
-Vamos a celebrar que un buen grupo hemos entrado en el Mikami, y a despedir a los que van a otros institutos. No tienes que preocuparme por mí, cuando acabemos llamaré a un taxi, o seguramente Naruto-kun me acompañe...
-Naruto –repitió Neji, con voz gélida-. Un chico.
Hinata experimentó esa sensación de querer borrar las últimas palabras dichas, y tragó saliva.
-Es un amigo de clase...
-Qué bien.
-Neji...
-Tener amigos del sexo contrario es muy constructivo –comentó el muchacho, cínico-. Yo mismo tengo una muy buena amiga, y me llevo bien con mis compañeras de trabajo. Hoy mismo una se me ha declarado.
-Yo confío en ti... ¿Por qué no confías tú en mí?
-Confío en ti, Hinata –la miró de refilón-. En quien no confío es en él.
-No me gusta verte celoso.
El chico enlazó su mano con la de ella.
-.¿Dónde te apetece ir? –Cambió repentinamente de tema.
-No lo sé.
-Haré una pregunta más sencilla: .¿qué te apetece tomar?
-Pues... –Hinata se mordió el labio inferior- me apetece pastel.
-Por un momento pensé que dirías que helado.
-Tampoco es mala idea. ¿Y a ti, Neji? .¿Te apetece helado?
-Conozco una pastelería en la que hay ambas cosas, y muy buenas.
La chica esbozó una sonrisa. Seguía sin pegarle la afición de su primo por los helados de color blanco, desde la insípida nata hasta el ácido limón, pasando por la vainilla, el coco y la leche merengada. De hecho, en Navidad pilló un resfriado por tomarse uno bastante grande.
-Como te apetezca, pero con una condición.
-Tú dirás.
-Que no me invites. ¡Siempre te dejas dinero conmigo!
Neji entrecerró los ojos.
-.¿Tú para qué te crees que trabajo?
Hinata sonrió ampliamente.
-.¡Te quiero mucho, Neji!
Al chico se le escapó una sonrisa, y sin reprimirse ni un ápice, rodeó los hombros de su prima con el brazo.
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Neji la acompañó hasta el mismo punto donde había quedado con Kiba e Ino, y fue gracias a su diligencia que no llegó tarde también a esa cita, puesto que de si ella hubiese dependido, habría pasado horas y horas con él, sin moverse del sitio, sin pensar en la hora.
Tal y como esperaba, ambos estaban bastante arreglada. Ya que Neji la acompañaba, decidió hacer las presentaciones:
-Neji, él es uno de mis mejores amigos, Inuzuka Kiba, y ella es su novia, Yamanaka Ino. Él es mi primo, Hyuuga Neji.
Los tres hicieron sendas reverencias.
-Dejo a mi prima en vuestras manos –dijo el chico, impertérrito.
-Descuida.
Tras despedirse, Ino comentó:
-Tu primo es muy guapo.
Hinata supo que la rubia se guardaba una expresión más efusiva dada la presencia de su novio.
-Sí, lo es –respondió.
-Os parecéis un montón –añadió Kiba-, pero sólo en el físico. Él es como más... frío.
-No es precisamente la alegría de la huerta –reconoció Hinata-, pero es muy buena persona, y me cuida mucho. Bueno, .¿vamos?
-Sí –dijo Kiba, cogiendo de la mano a su novia-. Hemos quedado con Naruto en la puerta del restaurante.
Los tres adolescentes se aventuraron por las calles de Tokyo, refulgentes de neón e inundadas por las voces de los viandantes, que se mezclaban con los anuncios que se emitían en las pantallas gigantes engarzadas en los edificios. El anochecer culminaba, era hora de que los niños buenos se fueran a la cama, pues a partir de esa hora lo que abundaba en las calles eran asalariados que iban de copas y muchachas prostituyéndose o "vendiéndolo", como ellas preferían llamarlo. Hinata comprendía por qué sus padres no le permitían salir de noche. Era lógico, y tenía que dar la razón a Neji: Tokyo era peligroso para las jovencitas. Hasta que no llegaron a la puerta del restaurante y Naruto los recibió con su amplia sonrisa, no se sintió realmente a salvo.
Tras los saludos, los cuatro entraron en el restaurante, en el que ya se agolpaban la mayoría de sus compañeros. Sakura Haruno, delegada de clase, trataba inútilmente de poner orden, más para evitar que la gran mayoría de chicas se pegaran a Sasuke cuales lapas que para otra cosa. Los recién llegados se asentaron modestamente en un extremo de la mesa, aunque resultaba imposible pasar desapercibido si se contaba con la inestimable compañía de Naruto y su camisa naranja chillón. Se trataba sin duda de un buen reclamo, puesto que Sasuke no tardó en echarle un vistazo y dedicarle una sonrisa sarcástica y orgullosa. Tal y como esperaba, el Uzumaki se picó, pero en lugar de abalanzarse a su cuello como si fueran críos, se limitó a hacerle muecas, dándole a entender que le imitaba. Sasuke se dejó provocar, y al cabo de unos instantes pasaron directamente a los insultos y las pullas verbales, acalladas a tiempo por el camarero, que pasó a tomar nota. Unos instantes más tarde, varias jarras de cerveza jalonaban la mesa, además de un par más de agua. Cuando al fin llegó la comida, ambos muchachos parecían haberse olvidado el uno del otro. El interludio entre la cena y el postre fue el momento elegido por un alto porcentaje de las féminas de la clase para ir al baño, lo cual provocó un notable atasco del tránsito al mismo, e incluso hubo varias que no se cortaron y entraron al aseo de hombres. Cuando gran parte de la marabunta femenina se hubo disipado, maquillaje recompuesto y exhalando los aromas de distintos perfumes, listas para salir de caza, sólo Hinata, Ino y una exhausta Sakura sobrevivían. El baño era, en ese momento, sólo suyo.
Pese a estar en la misma clase, Hinata no conocía demasiado a Sakura. Sabía de ella que era la mejor amiga de Ino, que a su vez era novia de uno de sus mejores amigos, lo cual la unía con la pelirrosa con un vínculo indirecto. Sabía que era la delegada, que sus notas eran brillantes, que era voluntariosa y entregada con los demás, pero enérgica, y que bebía los vientos por Sasuke Uchiha, aquel idolatrado playboy. Aunque nunca había hablado con ella, Hinata sentía por Sakura una simpatía intrínseca, tal vez porque, como la Hyuuga tenía siempre la mirada baja, casi nadie parecía percatarse de que lo observaba todo a su alrededor, y desde luego no le había pasado desapercibido el hecho de que los sentimientos de Sakura por Sasuke eran distintos a los del resto de las chicas de clase. Y sin embargo, nadie más parecía haberse percatado de ello, empezando por el propio Uchiha. Por esta razón, Hinata sentía por la Haruno una pizca de compasión, a la par que comprensión y complicidad: ella podía entenderla. Aunque Neji y Sasuke no tuvieran nada en común a sus ojos, no le costaba nada ponerse en su lugar.
Cuando quiso darse cuenta, Ino ya había invadido el único W.C. Haciendo un mohín, la Hyuuga se apoyó en la repisa de mármol que unía el lavabo a la pared. A su lado, Sakura se pasaba los dedos por el pelo, tratando inútilmente de llamar al orden a sus encrespados mechones.
-.¿No te resulta incomprensible que un restaurante tan grande tenga unos baños tan pequeños? –Preguntó de repente la Haruno en voz alta.
-S-sí –respondió Hinata, sobresaltada.
-Lo encuentro absurdo.
Sin apartar la mirada de su reflejo en el espejo, Sakura siguió hundiendo los dedos en su pelo, con movimientos casi mecánicos. La Hyuuga la miró de reojo, tratando de adivinar qué pasaba por la cabeza de la pelirrosa en esos instantes. Los verdes ojos de Sakura dejaban traslucir una intensa agonía, y a la muchacha no le costó imaginar a Sasuke, hostigado por las chicas de clase, ahora que Sakura no estaba a su lado para espantarle a los moscones, pero sin echarla en falta. Se le ocurrió pensar que el Uchiha le parecía completamente inhumano y ególatra, pero se vio obligada a rectificar: .¿no había pensado algo muy parecido de Neji cuando le conoció? .¿Y no le había sorprendido soberanamente su verdadera faz? .¿Por qué no iba a ser Sasuke diferente?
Ino salió del aseo, y se encaminó al lavabo. Sakura se giró hacia Hinata y le preguntó:
-.¿Vas a pasar?
-Entra tú.
-Gracias.
Una vez a solas con la Yamanaka, Hinata se atrevió a preguntar:
-.¿Hace mucho que a Haruno-san le gusta Uchiha-kun?
-Puf o más –respondió la rubia, haciendo una mueca mientras se aplicaba rímel en las pestañas-. ¿Por?
La Hyuuga vaciló unos instantes antes de comentar:
-Parece triste.
-Lo está –Ino se encogió de hombros antes de comenzar con el otro ojo-. Lo estará hasta que se dé cuenta de que Sasuke es un sueño inalcanzable. Vive erguido sobre una peana que le ha dado su apellido y por unas alzas que se dedica a construir con mimo, intentando superar a ese hermano que tiene... Ya sabes, Uchiha Itachi. Corren leyendas acerca de él en el colegio.
Hinata bajó su nívea mirada.
-No lo entiendo. ¿Tan difícil es... ser feliz?
-Algunas personas parece que intentan no serlo.
Sakura salió del aseo, y en su lugar entró Hinata. Tardó unos instantes, tiempo más que suficiente como para que la pregunta definitiva se formara en su cabeza. Al abrir la puerta del W.C., la formuló en voz alta:
-Ino-san, dices que Uchiha-kun es un sueño inalcanzable, pero, .¿acaso es malo tratar de hacer realidad los sueños? .¿Tú qué opinas, Haruno-san?
Sakura enrojeció hasta las orejas, y lanzó una mirada acusadora a la rubia.
-.¿A ti quién te manda decir nada?
-Yo no le he contado nada. Se ha dado cuenta ella solita.
Los ojos verdes de la Haruno se encontraron de nuevo con los plateados de Hinata.
-.¿Tanto se me... nota?
-Sinceramente, no –respondió la Hyuuga, franca-. Pero es que yo suelo fijarme mucho en los detalles.
-A veces parece que esos ojos tuyos pudieran ver a través de las personas... –murmuró la pelirrosa, como para sí-. ¿Puedes ver mi corazón en este momento?
-Más o menos.
-.¿Y qué ves?
-Una encrucijada. Desorientación. Soledad. Y miedo.
A Sakura se le escapó una carcajada triste.
-Bingo.
-Tienes que soltar todo eso, Sakura –le dijo Ino, preocupada-, o lo pasarás mal de verdad. Te diría que renunciaras a él... pero sé que para ti no será tan fácil como para mí.
-Tu no le amabas –habló la Haruno, alzando la cabeza y mirando fijamente a los ojos a su amiga-. Pero yo sí.
-Hay otra cosa más que veo en tu corazón –intervino Hinata con voz queda-, y es amor. Hay tal cantidad de amor... que tu propio corazón podría estallar. Deja de guardártelo todo para ti, Haruno-san. Él tiene que saber que tú no eres como las demás.
El afligido rostro de Sakura experimentó una transformación, al iluminarse de nuevo su expresión con una sonrisa llena de esperanza.
-Lo intentaré –anunció, muy convencida.
-Ánimo –dijo Hinata.
-Esta chica... –sacudió la cabeza Ino-. Más te vale que me cuentes lo que sucede después, .¿vale? Por si tengo que partirle la cara a ese descastado.
Sakura rió con timidez. Sus mejillas se habían teñido de un tenue rubor.
-Lo haré.
Llena de ánimo, la pelirrosa salió del aseo.
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Cuando Hinata e Ino abandonaron el baño, se encontraron la mesa que ocupaba su clase invadida por la anarquía. Sin la sabia mano de Sakura, que había desaparecido junto con Sasuke, los chicos se habían desmadrado, puesto que la cerveza se les había subido ya a la cabeza, y las chicas parecían muy molestas por la huida del Uchiha, reaccionando de maneras varias: a algunas les había dado por la melancolía e incluso los lloros, otras estaban dispuestas a quemar el restaurante a menos que las echaran antes. Entre aquella amalgama, Kiba se puso de pie de un salto cuando las dos adolescentes llegaron hasta él.
-.¿Dónde os habíais metido? .¡Estaba preocupado ya!
-Sí, a punto de mandar un comando policial en vuestra busca –agregó Naruto, que parecía enfurruñado.
-Nos hemos quedado hablando un rato con Sakura, ya sabes, cosas de chicas –explicó Ino con toda la tranquilidad del mundo.
-Pues ella ha venido hace unos cinco minutos, y se ha llevado a Uchiha fuera.
Hinata dirigió sus perlinos ojos hacia Naruto, entendiéndolo todo. Todo el mundo sabía que el Uzumaki había estado colgado por Sakura desde que tenían menos de doce años. Sin duda no le habría hecho demasiada gracia que la chica de sus sueños se hubiera largado por ahí con su peor enemigo.
-Y esto se ha convertido en una cena de locos –comentó Ino, malhumorada. Parecía que aquellos chavales no sabían comportarse si no tenían a Sakura allí-. En fin, les convenceré de que paguemos y nos vayamos, así libramos a los dueños de este sitio de esta recua.
Mientras la Yamanaka lidiaba con mano de hierro con sus compañeros de clase, Kiba, Naruto y Hinata recogían sus cosas y se disponían a pagar su parte. Una vez todos los estudiantes hubieron salido del local, dispuestos a darlo todo en lo que quedaba de noche, los cuatro adolescentes pudieron caminar tranquilamente por las calles. No obstante, la Hyuuga no tardó en sentirse inquieta, y comprobó la hora. Ya era bastante tarde, y el hecho de haber sido admitida en el Mikami no significaba que la disciplina de su padre fuera menos dura, más bien al revés, pero no le importaba. Con tal de estar cerca de Neji, soportaría lo que fuera.
Neji. Esbozando una sonrisa, sacó el móvil de su bolso y anunció:
-Yo tendría que irme a casa...
-.¿Cogerás un taxi? –Preguntó Kiba.
-No, llamaré a mi primo para que venga a por mí –explicó Hinata.
-.¿Y no le despertarás? Es muy tarde.
-Vaya con tu primo, parece dispuesto a hacerlo todo por ti... –dejó caer Ino, maliciosa, haciendo que la Hyuuga se tensara como la cuerda de un arpa.
Con los dedos agarrotados, buscó en la agenda del aparato el nombre del muchacho y le llamó. Tras un par de tonos, él descolgó el teléfono:
-.¿Sí?
-.¿Neji-kun? H-hola, s-soy yo... He terminado de cenar, .¿te importaría venir a recogerme?
-Por supuesto que no –la chica oyó ruido, y supo que él se estaba incorporando. Tal vez sí que estaba durmiendo-. Iré ahora mismo, donde me pidas.
Hinata le citó en un lugar cercano, se despidió sucintamente y colgó. Al volver junto a sus amigos, Naruto se ofreció:
-.¿Quieres que me quede contigo hasta que llegue tu primo, Hinata-chan?
Ella enrojeció y respondió:
-Va... vale...
Kiba e Ino se miraron entre ellos, y esbozaron la misma sonrisa cómplice.
-Bueeeeno, parece que alguien tiene por aquí algo que hacer... Así que, .¿por qué no nos vamos, Kiba? –Preguntó la rubia.
-Adiós, Hinata, Naruto... Pasadlo bien... –Se despidió el Inuzuka.
A Hinata le hicieron falta unos instantes para percatarse de las intenciones ocultas en las frases de sus amigos, y al hacerlo, el rubor le ascendió por la cara, hasta teñírsela de granate hasta las mismas raíces del pelo.
-Hinata-chan... –habló de repente el rubio-. Esas cosas de chicas de las que habéis estado hablando las tres en el servicio... Esto... ¿relacionaban a Sakura-chan con Sasuke?
La muchacha bajó tímidamente la mirada.
-Sí...
-Lo suponía. Puede que haya llegado la hora de capitular... No tengo posibilidades frente a ese baka, aunque me pese.
-.¡Todavía es demasiado pronto para asegurar nada! Naruto-kun... –reaccionó Hinata, traicionando lo que le había dicho antes a la Haruno-. Aún puede haber... esperanza.
El Uzumaki negó con la cabeza y clavó la mirada en el suelo, esbozando una sonrisa triste.
-No creo que Sasuke deje pasar esta oportunidad, .¿sabes? Porque, como sabes, ella ha estado enamorada de él desde siempre y bueno... nadie es del todo impermeable, ni siquiera él, por mucho que presuma. Creo que, después de todo, Sakura es la persona más importante para él.
-Pero, Naruto-kun... –los pálidos ojos de la Hyuuga se llenaron de lágrimas- también lo es para ti.
-.¿Y qué si lo es? Eso no la hace feliz. Así que mis sentimientos por ella no sirven para nada.
Las afectadas palabras de su amigo la conmovieron tan profundamente que sintió la imperiosa necesidad de consolarle, y antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, había abrazado a Naruto, que estaba sentado, y había apoyado el rostro de él en su pecho.
-.¿Hinata-ch...? –Fue la reacción del chico, que no esperaba un gesto tan apasionado de alguien habitualmente tan tímido.
-Somos amigos, Naruto-kun, y los amigos se consuelan cuando están triste. Puedes contar conmigo...
Acongojado, el rubio se dejó llevar por la calidez de la chica, y se dejó reconfortar por su cariño y su comprensión, concentrados en la dulzura de aquel abrazo. Ni siquiera fueron conscientes de que el tiempo seguía corriendo hasta que, de repente, la alarma del reloj de pulsera de Naruto empezó a sonar, y el muchacho se separó para apagarla. Pero al alzar la mirada por detrás de Hinata, un escalofrío de hielo le hizo ponerse en pie de un salto y exclamar:
-.¡No hemos hecho nada! .¡No estábamos haciendo nada!
Hinata se giró con rapidez, y las primeras palabras que salieron de su boca fueron:
-.¡Neji nii-san!
Era la primera vez que le llamaba así. Inalterable, Neji sonrío cínicamente y preguntó:
-.¿Habéis terminado? Llevo un buen rato esperando.
-Esto... Neji... –comenzó Hinata, pero Naruto la cortó:
-Tú eres su primo, .¿verdad que sí? –Hizo una exagerada y forzada reverencia- .¡He oído hablar muchísimo de ti! –Repitió la reverencia, cada vez más tenso- .¡Mi nombre es Uzumaki Naruto, señor! –Reverenció una vez más- .¡Estaba cuidando a Hinata-ch... quiero decir, Hinata-san, mientras esperábamos! .¡Uahh! .¡Pero no de "esa" manera, .¿eh?! .¡.¡No es lo que parece!.!
-Ya basta –cuando Neji pronunció estas palabras, el Uzumaki se detuvo, quedándose quieto como una estatua de sal-. Gracias por cuidar... de mi prima –le dedicó a ésta una mirada fría como el hielo, que la hizo estremecer como en los primeros tiempos-. Ahora nos vamos.
Bajo la presión de la presencia de Neji, la muchacha no se atrevió a despedirse de Naruto, tan sólo le hizo una comedida reverencia antes de salir corriendo de su primo, y apenas pudo ver cómo el rubio se despedía de ella agitando la mano, antes de volver a hundirse las manos en los bolsillos, dar media vuelta y volver a sumergirse, esta vez solo, en el bullicio de la ciudad nocturna.
Neji caminaba deprisa, con paso casi marcial, sin volverse a comprobar siquiera que la chica le siguiera, pues tenía la certeza de que lo hacía, aunque bastantes pasos por detrás. Neji se precipitó hasta la boca de metro más cercano, y sin vacilar acerca de qué línea coger, llegó hasta un andén desierto y se detuvo entre un banco y un cartel luminoso que anunciaba los minutos que quedaban hasta la llegada del próximo tren. Cuando Hinata llegó, contrita, tomó asiento en el banco, jadeando silenciosamente tras la caminata. Sin dignarse a mirarla, el chico anunció:
-Ve pensándote una buena excusa. Ya me la contarás durante el trayecto.
La muchacha dio un respingo y replicó:
-.¿Es que acaso me crees capaz de algo así?
-Claro que no, pero tengo ojos en la cara, y también mi orgullo. Probablemente nada de lo que me digas ahora me satisfaga, pero quiero darte la oportunidad de explicarte, porque en mi fuero interno sé que no abrazarías a otro hombre si no tuvieras una razón lo suficientemente sólida.
La voz de Hinata tembló al comenzar a hablar:
-Naruto-kun lo estaba pasando mal, porque...
-He dicho que en el tren –la cortó Neji, tajante.
Ella se mordió ligeramente el labio inferior y murmuró:
-Aún estamos a tiempo de cambiarnos de andén. Podemos ir a tu casa, podemos...
-Sabes bien que son pocas las cosas que se solucionan así –la interrumpió de nuevo el chico, relajando la expresión. Parecía abatido, incluso indefenso.
-Lo sé –admitió Hinata-. Ésa es una de las cosas que más me gustan de ti –se puso en pie y se acercó a Neji con cautela, para luego abrazarle-. Te quiero tanto, Neji-kun... no concibo mi vida sin ti.
Él cogió la muñeca derecha de la muchacha, y besó con suavidad la palma de la mano de su prima. Acto seguido, la miró a los ojos por primera vez en la noche.
-Sabes que yo tampoco.
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Una ceremonia de apertura del curso no puede ser tal si no hay decenas de cerezos desparramando sus flores en derredor, o al menos eso pensaba Hinata. Por eso, apenas podía reprimir la sonrisa cuando vio el patio del Instituto Mikami tapizado con el rosa de los pétalos. El aire olía a primavera, y todo parecía apreciarse desde un prisma radiante. A la muchacha le parecía el día de primavera más bonito de sus dieciséis años de vida.
-.¡Hi-na-ta-chan!
La adolescente dio un salto cuando notó cosquillas en la cintura. Al darse la vuelta, vio los risueños rostros de Ino y Sakura, que reían de buena gana.
-Chicas... –murmuró.
-.¡Bienvenidas a nuestro primer año de secundaria alta! El próximo cambio de ciclo... .¡sí que será decisivo! No sé si alegrarme o echarme a llorar... –comentó la Yamanaka.
-De momento lo que deberíamos hacer es tratar de pasárnoslo en grande... .¡Se dice pronto, pero en tres años pueden pasar miles de cosas! –Añadió Sakura.
-.¡Y también pueden no pasar! Porque me sé de una pardilla que va a tirarse con el mismo novio hasta que la muerte los separe...
-.¡Lo que pasa es que te mueres de envidia, Ino-cerda!
-.¡Cuidado con lo que dices, frentuda! .¡Que Kiba y yo estamos en nuestro mejor momento!
-Bueno, chicas... –trató de calmar los ánimos la Hyuuga, aunque sabía perfectamente que sus dos amigas se peleaban de broma- .¿Y si vamos en busca de los chicos?
-.¡Tú, calla! .¡Que eres la única que no tiene novio! –Gritaron a dúo Ino y Sakura, para acto seguido echarse a reír, mientras Hinata se rascaba disimuladamente la barbilla.
Si ellas supieran...
No muy lejos de allí, Neji había logrado sortear todos los obstáculos habidos y por haber, que se multiplicaban por diez en días como aquél, en que era perseguido por decenas de novatos que chillaban "senpai" a diestro y siniestro, para citarse a solas con Naruto y Sasuke. Sabía que Hinata no estaría de acuerdo con aquella medida, pero no le importaba. No estaba dispuesto a permitir que el curso comenzara y que las cosas continuaran tal cual, con su indefensa prima rodeada de moscones de uso habitual. Ojos que no ven, corazón que no siente, y cuando habían estado en institutos distintos había hecho como que no lo sabía para no pasarse el día preocupado por la integridad física de Hinata, pero ahora, en el mismo centro, había ciertas cosas por las que no estaba dispuesto a pasar.
Naruto llegó a la parte de atrás de uno de los pabellones del instituto literalmente acojonado, pues estaba seguro al cien por cien de que el Hyuuga iba a aprovechar el relativo descontrol del día de apertura del curso para darle una monumental paliza por haberle pillado sobando a su prima, nada más y nada menos que la sobreprotegida heredera de una gran familia, Hinata Hyuuga. Sin embargo, los esquemas se le cayeron a trozos cuando vio aparecer por allí también a Sasuke Uchiha, que le dedicó una mirada hostil para disfrazar su sorpresa.
-.¿Sasuke-teme? .¿Qué haces tú aquí?
-Eso mismo querría saber yo. Un tío me ha dicho que quería verme un tal Hyuuga-senpai.
-Ah... es el primo de Hinata-chan.
-.¿De Hinata? .¿Y qué tenemos que ver nosotros con...?
La garganta se le secó cuando recordó la manera en que se había metido con ella al principio del verano anterior. No mucho después, su hermano Itachi le había contado que los Hyuuga eran una familia tremendamente estricta, que vigilaba severamente la pureza de su honor. Tal vez, aprovechando que iban a estar en el mismo instituto, el guardián de la princesita le iba a partir las piernas como venganza por lo que había hecho.
-Parece que tú sí que tienes de qué arrepentirte, Sasuke-teme –comentó Naruto con mirada sospechosa.
-Cierra el pico y vamos.
Encontraron a Neji apoyado en la pared del pabellón, con pose de tipo duro. O bien los chicos tenían más miedo del que estaban dispuestos a reconocer para sus adentros, o bien el Hyuuga realmente intimidaba. Estaba en su territorio, por lo que iba muy sobrado, y tenía el aliciente de aquella mirada plateada, misteriosa e incluso aterradora si se lo proponía. Cuando los dos pipiolos estuvieron frente a él, sofocó cualquier intento de hacerse los gallitos yendo al grano:
-Tengo entendido que ambos conocéis a mi prima Hinata desde hace bastantes años, ya que habéis ido a clase con ella desde primaria –Naruto y Sasuke asintieron a la vez, como autómatas-. Me consta que vuestra relación con ella es... íntima en el caso de Uzumaki y superficial pero con algunas incidencias que no me gustan nada en el caso de Uchiha. En cualquier caso, quiero haceros una advertencia para el futuro –los dos chicos tragaron saliva a la vez-. Sólo es un aviso, pero quiero que lo sepáis. Hinata no es sólo mi prima. También es mi chica. Si la tocáis... tendréis un problema. Uno muy grave, además. ¿Entendido?
Al igual que Sasuke y Naruto, Ino y Sakura, que escuchaban la conversación a hurtadillas junto con Hinata, se quedaron de una pieza. No obstante, su reacción inmediata fue girarse hacia la Hyuuga y cuchichear:
-.¡Y que no tenía novio! .¡Mira que calladito se lo tenía!
-Ésta sí que sabe escoger los mejores bombones de la caja...
Hinata reprimió una carcajada, aunque el deseo de reír fue aún mayor cuando los tres chicos salieron de su supuesto escondrijo. Neji ignoró a las dos muchachas y se aproximó a su prima, haciéndole un gesto con la cabeza para que le siguiera. Antes de hacerlo, la chica hizo una reverencia pidiendo perdón a Naruto y Sasuke, que fue recibida con diferentes reacciones entre sus amigos, todas positivas pero cada uno a su manera. Acto seguido, Hinata se acercó a Neji y entrelazó sus dedos con los de él.
-Espero que hayas asumido que vamos a pasar juntos el resto de nuestra vida –dijo él, sin mirarla-, porque ya no hay fuerza humana ni divina que pueda separarme de ti.
En lugar de responder y arruinar el momento con su voz temblorosa, Hinata estrechó la mano de Neji. Realmente, aquel día era más hermoso de su vida, y se lo parecía más aún si giraba la vista hacia el brillante sendero que les guiaba hacia su futuro, un sendero sin fin.
FIN
Y ahora, responderé a los reviews anónimos del capítulo 9:
Nekoi: Me alegra mucho que te gustara el capítulo. No hice que Hiashi se opusiera a la relación entre Hinata y Neji porque me parecía algo demasiado típico, y da la sensación así de que todos los fics protagonizados por esta pareja son iguales... En fin, espero que la resolución del fic también te guste n.n
shie-san: Espero que te fuera bien en los exámenes n.n Y me alegra mucho que te gustaran los últimos capítulos del fic, espero que este también te guste n.n
Shi: .¡Por Dios, no sabes la ilusión que me hace que te gustaran los lemons! Porque me cuesta bastante escribirlos, y siempre creo, cuando he terminado uno, que aparte de haberme quedado corto de más, se me han acabado las ideas. En cuanto a la escena de la "confesión", no quise que quedara demasiado dramática n.nU Porque me gustan las cosas simples xD En fin, espero que este capítulo te guste también n.n
Shishio: .¡Qué exagerado eres! Pero no debo olvidar que a ti también te tiran la muerte y la destrucción xDD Pero me alegra saber que no pareció TAAAN pasteloso xD me habría deprimido. Lo que no sé... es qué opinarás de este último capítulo. Sin embargo, espero impacientemente tu review n.n
anais: .¡Realmente son una gran pareja! Pero aunque me lo he pasado muy bien escribiendo este fic, que he desarrollado con mucho cuidado y he escrito sobre todo con el corazón, creo que les voy a dar un pequeño descanso antes de volver a colocarlos de protagonistas en otra historia n.n Espero que te guste el final.
Kwatz!
