Capitulo 10
Kaoru y Misao habían llegado al pequeño hotel, buscando descansar, pronto empezaría el Alba y Kaoru se sentía cansada y fatigada a pesar de no haber hecho mayor cosa. Lo que había escuchado a los regentes, con respecto a su familia le resultaba, más que preocupante, no conocía a la perfección al lord de sanctorum, pero parecía decidido a incursionar en el territorio de su clan.
Cuando Kaoru y Misao llegaron a la posada donde se estaban alojando, un malhumorado anciano empezó a mandar a Misao a realizar los deberes pendientes a falta de su presencia durante el día.
-Mi señor, pido disculpas por mi "hija", pero se encontraba acompañándome. Le pido que consiga otra chica a la cual asignar los deberes que hasta hoy cumplía Misao, como empleada suya- dijo muy cortésmente Kaoru.
Misao aún seguía esperando a Kaoru a que terminara de "negociar" con el hombre mayor, igual de desconcertada por aquellas palabras, como el anciano frente a ellas.
Y Kaoru termino toda su retahíla de razones por las que Misao no trabajaría más allí, diciendo- desde este momento, yo me encargare de ella.
Misao se vio arrastrada por Kaoru, hasta la habitación que ocupaba esta, al ingresar Kaoru empezó a acomodar sus pertenencias y animada insto a Misao a ir en busca de las suyas, diciéndole.
– ¡Bueno niña, muévete que no te esperare por mucho, ve por tus cosas, aquí te aguardo!; termino con una sonrisa, por el rostro sorprendido de Misao.
Misao correspondió a su oferta, animada con una amplia sonrisa, y colocando pies en acción, empezó a descender los extensos escalones hasta llegar al primer piso y buscar sus pertenencias en los cuartos de las prostitutas que trabajaban allí. Como también era el lugar donde estas atendían su clientela Misao trato de pasar inadvertida para las parejas que tras las cortinas blancas, se sumergían en la lujuria y el placer.
El camino hacia la salida se le hiso más extensa de lo que le hubiera visto alguna vez, y con una vieja valija atravesó el pasillo, pero tropezó con Soujiro quien le sorprendió a la salida del callejón, acorralándole contra la pared.
-Baya, no pensé que te dedicaras ahora a esto- dijo, mirándola de pies a cabeza, como tratando de vislumbrar a través de la ropa las formas femeninas sin prenda alguna.
- Lo hubiera sabido desde un principio y solo era pagar algunas monedas, me habría evitado tanto trabajo- dijo, siendo acallado por el golpe que Misao propino a su rostro por su atrevimiento.
Librada por fin del persistente hombre de ojos azules se reunió con Kaoru en la puerta de salida.
-Discúlpame niña, no fue mi intensión ofenderte, si lo hice anterior mente,- se disculpó el hombre mayor por su agresivo recibimiento minutos atrás.
-Pierda cuidado señor, yo solo puedo darle las gracias por todo lo que me ha brindado desde mi primer día aquí- susurro muy gentilmente Misao que vio asomar en el rostro curtido del hombre frente a ellas una vaga sonrisa, un poco opacada por las arrugas de su rostro.
¿No, nos despediremos de tu amigo, "madre"? pregunta Misao con la esperanza de ver por última vez al gallardo hombre; era innegable que su solo físico era un poderoso imán para cualquier fémina, pero ella había sido cautivada por su personalidad cortes, muy diferente a como le habían tratado, hasta ahora, cualquier otro hombre, claro si no buscaba tenerla en su lecho una noche.
-¡No!- fue la áspera respuesta por parte de Kaoru.-Solo nos iremos y ya- dijo antes de perder su mirada en un coche que se estacionaba frente al hospedaje, vio de este carruaje descender a Aoshi quien inevitablemente cruzo su mirada con la de ella, para luego posar su examen en la hermosa damita que le acompañaba, su seductora mirada lo había hecho perderse en ella desde el mismo instante en que la tomara en sus brazos cuando la conoció, dejándole impresionado, pero el deseo que había nacido por Kaoru cuando la conoció, segaba su objetividad para con la señorita de ojos hechiceros que lo atontaba si se aventuraba a sostener su mirada azul, sobre la esmeralda de la joven mujer más de lo usual.
Aoshi se acercó a ellas, pero su último paso hacia estas se vio envuelto entre el abrumador estruendo de una violenta explosión y unos gritos de guerrera que les alteró de inmediato.
Kaoru vio cómo lentamente, frente a sus ojos se hacían realidad sus presentimientos, desde la tarde había tenido la visión de aquel ataque, pero poco acostumbrada a su recién adquirida habilidad, no puso mayor interés en sus visiones.
Muchas criaturas se aglomeraban sobre las edificaciones de la pequeña villa, atacando a quien se cruzara por su camino, como una poderosa fuerza de la naturaleza, abatían a toda estructura y creatura a su paso.
Seijuro ante aquel sorpresivo ataque se colocó a la cabeza del pequeño ejército, improvisado, en enfoque de combate, no permitiría que en su presencia devastaran con el lugar.
Transcurrieron algunos minutos de caos y tras la orden de un hombre de mirada tan negra como el carbón, los ataques se detuvieron.
¿Enishi que significa esto?, cuestiono sorprendido el señor de sanctorum al reconocer a su agresor.
-Jaja, no pensé encontrarte aquí, hermano, ni mucho menos con tus hombres, dijo pasando la mirada por todos los regentes y quienes se habían sumado a la defensa de sanctorum por aquel ataque imprevisto.
Enishi era nada más y nada menos que el hermano del señor de sanctorum, y como bien los dos no podían gobernar al tiempo, Enishi, instauro su propio territorio. Dos maneras muy distintas de pensar en cómo gobernar. Matra era el territorio que regía este hombre de edad que no superaba la del señor de sanctorum, y si se encontraba allí, era en realidad por algo muy importante. El señor de Matra era muy respetuoso con el gobierno de su hermano mayor, y seijuro estaba decidido a saber el motivo que movía a su hermano a efectuar tal movilización de creaturas bajo su régimen.
Kaoru lo primero que hiso fue tomar a Misao de la mano, y llevarla con ella, prácticamente le arrastro tras de sí, la chica de ojos esmeralda se había quedado atrapada en los ojos de Aoshi, tanto como él en los de ella, así que el fatigado jalón de Kaoru, le mando a tierra a pesar de no desear ello.
Pronto el camino se vio obstaculizado por entes de aspecto indefinido, a los cuales se les denominaba como materials, por su estado incierto, adaptando formas a su antojo. Kaoru, con el conocimiento de las armas que Aoshi le había enseñado, saco de entre sus ropas una pequeña espada, que bien podría calificar para daga.
-Misao ven por aquí- grito Kaoru al terminar de despejar el camino de aquellos entes.-Ven con migo, dijo atrapándola en un abrazo protector, quería a esta alocada niña y le protegería, fuere como fuere.
Aoshi por su parte se abría camino en medio de los contrincantes de sanctorum tratando de no perder de vista a las dos mujeres que había hecho brotar de su lado angelical, cierto cariño, en especial por la joven de mirada que lograba dejarlo a su merced, si ella estuviera al tanto de ello. Entre Sus pensamientos y la lucha, finalmente le hiso perderlas de vista.
Simultáneamente Enishi y seijuro se encontraban enfrascados en una privada batalla de miradas.
-Bueno, ahora si dime, ¿porque entras de tal forma en mis territorios?- cuestiono seriamente a su "pequeño "hermano.
El atractivo hombre de mirada oscura se sonrió por el rostro malhumorado de su hermano.
-Bueno, di de una buena vez que es lo que buscas en mis tierras?- cuestiono irritado Seijuro.
-Bueno, lo que todo hombre busca aparte del poder-sonrió divertido al observar el rostro de los allí presentes.-Una mujer. Finalizo aclarando ante la cara de su hermano algo intrigado.
-¡pero qué diablos!-grito Soujirou algo irritado
- ¿y haces semejante alboroto por algo que podrías conseguir en tus tierras?- dijo el hombre sin darse cuenta del molesto rostro de Enishi quien se dirijo luego a su hermano.
-Parece que no has inculcado en tu hijo un poco de respeto por sus mayores- dijo el hombre de oscura mirada. Además no se trata de una simple mujer,- dijo mirando al desafiante el irritado demonio de ojos azules.-Se trata nada más y nada menos, que de mi futura compañera, la que se unirá a mí, para darme herederos y gobernar. Según tengo entendido, aquí fue el último lugar donde tuve informe, que se encontraba.- dijo Enishi, despacio por que su sobrino paresia carecer de entendimiento, según él.
¿Así que buscas una chica en específico?-dice Kenshin entrando en la discusión.
-Por supuesto, como dije antes, a mi prometida- reiteró Enishi mirando a su pelirrojo interlocutor.
-Y. ¿Cómo se supone es ella?- cuestiono, ahora seijuro, un poco cansado de lo extenso que se había vuelto esta conversación-.
El lord de Matra se mantuvo en silencio.
-Jajaja, no puedo creer hermano que estés buscando una mujer que ni siquiera conoces-dijo burlón Seijuro ante el rostro de su hermano.
Enishi no tomo muy bien la burla de este, así que ataco con uno de sus poderes a este, advirtiéndole-ríete aún más y no tendré compasión, ni siquiera porque eres mi hermano mayor- dijo el hombre de ojos negros calmándose un poco.
¿Y cómo se le han dicho es ella?, tal vez le hayamos visto, no hay muchas mujeres extranjeras en este lugar- cuestiono Soujirou esperando una respuesta.
Bueno, me han dicho que sus ojos son suficiente para someter a cualquier hombre a su voluntad, mirada esmeralda y cabellos lacios oscuros. Dice evocando una imagen de la chica concebida en su imaginario.
Soujirou y Kenshin se observan sorprendidos por su descubrimiento.
¿De casualidad, sabe su nombre?- cuestiona Kenshin observando al hombre.
-Misao es la hija del elfo más fuerte de mis tierras y mi futura compañera- respondió con arguyo el hombre frente a ellos, Solo que el día en que fui a buscarla para convertirla en mi esposa ya no estaba, acaso la has visto?- cuestiono al pelirrojo que cayó en la cuenta del error que había cometido. ¿Era este el prometido de la elfa que noches atrás le contara un poco de su desgracia?, de cómo al tratar de huir de aquel compromiso impuesto, había perdido a su madre por causa de este al perseguirlas al descubrir que la chica había huido en compañía de su madre.
Agradezco por su atención, y reviews a:
Blueazulacero: gracis por u review, espero l de este cap.
