X.- La muerte del espiritu de la espada

El poder oculto de Gendo.

-- Estúpido Draco. No puedes contra mí. Tienes heridas y quemaduras por todo tu cuerpo.

-- No... No voy a rendirme.

-- Jajaja... Pobre e iluso sello... ¿Sabes quién nos llamó así? Fueron los humanos. Los heraldos a los dragones del cielo porque eramos portadores de buena suerte y grandes mensajes y los sellos eran protectores contra bestias o demonios. Al corromperse por el dominio del mundo, dejamos de serles útiles. Y el jefe de nuestro ejército nos procuró un lugar para vivir, nos organizó para sobrevivir en las montañas. Los sellos son inferiores a nosotros. No merecen esta tierra.

-- Blasfemas. Dios nos dió una misión al inicio de los tiempos y has faltado a esa misión.

-- Cuando tienes hambre y sed .... No piensas lo mismo. Todos matarían por eso. Hasta tú Draco.

Furiosos ambos confrontan su fuerza. Por todos lados se ven dragones peleando entre sí. Aquellos con tres cabezas lanzan fuego y derriban a varios. -- Todo va ahora en nuestra contra.. ¿Y Anfortas?

Una luz ilumina el conducto debajo del castillo. Sacude un mapa y dice

-- Al fin... Pensé que nunca llegaría.

-- Vamos a ver... Debo abrir la rejilla. Caminar por el pasillo, doblar a la izquierda y salir por la puerta amplia.

-- Mmmm está muy oscuro. ¿No serán las mazmorras?

Oye una voz de mujer llorando.

-- ¿Quién esta ahí? ¿Hay una prisionera?

-- Mi nombre es Mutsumi. No había escuchado tu voz. ¿Quién eres?

-- Soy un mago. Vengo a matar a los heraldos con mis poderes. ¿Porqué estás encerrada?

-- Gendo me trajo desde la aldea de los sellos.

-- Ahora recuerdo. Draco me habló de ti. Eras parte de la última alianza entre humanos y dragones.

La saca de su prisión y la lleva con él.

-- Vamos no hay tiempo que perder. Soy el invitado especial.

Draco y Kentaro van frente a frente contra Isgard. Gendo ya no monta al heraldo. Los dos dragones se trenzan y dan vueltas tomados de las garras. Intentan estrellar al oponente contra el suelo. En el último momento la vuelta pone a Draco sobre Isgard. -- Ahí está tu orgullo Isgard. De nada te sirvió.

El mago poderoso está rodeado por la bruma nuevamente. Aparecen las diosas Verandy y Skuld.

-- Diosas del presente y del futuro, de la voluntad y de la esperanza. Las convoco a destruir a los heraldos.

-- Eso es imposible para nosotras. En cambio te ofrecemos una solución mejor. Desde este momento te entregamos una jabalina encantada. Con ella puedes matar a Gendo cuya piel es tan gruesa como la de los dragones.

-- No... eso no estaba en nuestros planes... ¿Qué haremos? .... Verandy llevale esta jabalina a Kentaro.

Kentaro y su grupo van tras Gendo. Debido a un paso cerca del precipicio el comando enemigo está vulnerable. Ahora el general está desprotegido. Más en el último momento el Gendo se convierte en un terrible dragón rojo. Ahora los papeles se invierten. El perseguidor es el perseguido. Primero va tras Draco.

-- El dragón ridículo... Draco. Mutsumi ya no te pertenece. No supiste protegerla.

-- Vamos a ver que tan fuerte eres.

En un ataque frontal estrellan sus cabezas. Pesadamente Draco va cayendo a un abismo. Gendo sonríe. Con sus alas va generando una corriente de aire. Justo sobre Kentaro a la orilla del abismo. Lo último antes de caer es la mano empuñando su pesada espada en dirección al cielo.

-- Fanel ... Te entrego al héroe legendario. Todo ha terminado.

En la aldea la reina Mitsune se siente triste, no sabe porqué. Mishimune ve al dragón rojo.

-- Motoko, preparate a luchar con DeepBlue ... Nuestro hombre más fuerte ya no está con nosotros. Ahora todo dependerá de ti y del poder de Anfortas.

Keitaro ha presenciado la caída de Draco y la disección de su ejército. Está colérico. Dirige su ataque a las murallas del castillo donde aparece Verandy.

-- Príncipe... Odiar no es propio de su nobleza. Tome esta jabalina encantada y mate a Gendo.

-- Diosa del presente .. ¿puedo hacer una pregunta? ¿vale la pena esta batalla? ¿habrá más muertes antes de llegar al castillo del Juicio?

-- Vale la pena Keitaro porque tú la estás luchando.