Estaba dentro de su coche cuando el llamado de Inuyasha lo hizo volver a la realidad. El aire se volvió pesado, agua helada cayó por su pecho y la sensación de que el piso desaparecía. Esas palabras que uno no desea nunca escuchar aunque sabe que eventualmente lo hará. Su padre había muerto. Asesinado. Y solamente un nombre rondaba su mente.

No preguntes por qué

Un fic de Inuyasha

Por Yashi y Silvia LedVal

Capítulo X

Naraku colgó el teléfono con satisfacción en su rostro. Se dejó caer en el sillón y esperó paciente a que Kagura atravesara la puerta.

-Tengo noticias para tu amiguito- refirió apenas la vio.

A la joven la tomó desprevenida y le costó unos segundos identificar a su 'amiguito'. Esas palabras en la boca de su padre la hicieron sentir un pinchazo en su pecho llamado miedo.

-Su padre ha sufrido un accidente… ya no está entre nosotros- explicó intentando sonar apenado sin éxito alguno.

Kagura, en cambio, tuvo que dividir sus sentimientos en dolor y en asco. Su mirada se cerró y su entrecejo también.

-¿Qué has hecho?- le recriminó.

-Avanzar un paso más en mis planes, nada más- le respondió Naraku.

Con el estómago revuelto, Kagura se encerró en su habitación. La punzada en el pecho persistía. Miró la ventana con fijación por solo unos segundos. Solamente había un lugar donde quería estar.

Ooo

Sesshomaru debía hablar con su hermano sobre el asunto de su padre y comprobar lo que le había dicho por teléfono. Kagome soltó del abrazo a Inuyasha en el momento que Sesshomaru cruzaba la puerta y, así sin decir nada, lo terminó por comprender todo. La novia de su hermano tragaba saliva fuertemente para intentar no sollozar enfrente de ellos, para darle la fuerza que él necesitaba.

—Lo siento mucho, Sesshomaru — dijo Kagome. Él no respondió y se sentó en el sofá individual.

—Ese maldito… —murmuró Sesshomaru. Entonces recordó que hace tiempo, cuando los padres de Sango murieron, él había dicho a Inuyasha que su padre no necesita protección, que sabía cuidarse solo. Una punzada en el pecho lo atravesó cuando esas palabras vinieron a su mente. Se sentía culpable.

—No tenemos pruebas, sólo suposiciones —aclaró Inuyasha, quien tenía tan buen oído como su hermano. —Por ahora debemos preocuparnos por el funeral, luego agarraremos a ese desgraciado.

Kagome se limitó a tomar de la mano a Inuasha y le dedicó una débil sonrisa, de esas tristes, pero dándole a entender que ella estaría con él dándole todo el apoyo que se necesitara. Como siempre.

Sesshomaru lo notó y sin querer recordó a la mujer con había estado conviviendo esos días. Y aunque él no era de los que necesitaba de alguien para sentirse fuerte, sí comenzaba a desear, muy en el interior y de manera inconsciente, que ella también sujetara su mano.

Ooo

Naraku no le dijo nada cuando la vio salir del departamento. Bien sabía a donde se dirigía. Ella bajó corriendo las escaleras sin meditarlo mucho. Debía admitir que aunque conocía lo que significaba perder a alguien (ella no era una persona que tuviera mucho), no tenía idea de cómo actuar frente a él. Otra vez sentía que era una adolescente improvisando, que la confianza ganada en esos días pendía a veces de un hilo muy frágil.

Al abrirse la puerta y ver a Sesshomaru, éste no tenía el semblante que esperaba. A lo mejor, lo había imaginado demasiado humano: intentando aguantar las lágrimas, con alguna camisa negra como lo marca la costumbre, él esperando los brazos abiertos y decirle que la quería a su lado. Sacudió la cabeza. Eran fantasías de una nena tonta, ¿desde cuándo ella pensaba así?

-Lo siento- fue lo único que pudo musitar antes de dar un paso hacia adelante, titubeando entre abrazarlo o simplemente pasar al interior del departamento. Optó por lo segundo cuando él se corrió para dejarle el camino libre…

Kagura agachó la cabeza y sólo levantó la mirada una vez dentro, pero no lo miraba con pena, lo miraba intentando descifrar qué le pasaba, qué sentía… algo que le diera una pista acerca de cómo actuar.

Sesshomaru estaba agradecido de verla, de saber que ella seguía estando allí, pero tenía la cabeza en mil lugares a la vez y ninguno era ahí.

-Debo hacer trámites con mi hermano. ¿Puedes cuidar a Rin?- fue lo único que dijo mirándola impasible.

Kagura sólo asintió con la cabeza, sintiéndose estúpida por no saber qué otra cosa decir o hacer. Se quedó con Rin, esperándolo impaciente y sintiéndose cómplice de su padre, por cada minuto que pasaba. Él era el culpable y ella lo sabía. Fácilmente, si quería, podría descubrir cuáles fueron sus motivos, como causó el accidente. Podría decirle aún mucho más, lo suficiente para mandarlo a la cárcel y al fin liberarse de su padre, de la culpa de saberlo. Quizás así pudiera al fin estar con él, con el hombre al que quería.

Pero aún parecía lejana esa posibilidad. Kagura era cobarde para hacerlo por sí misma, lo necesitaba a él. Tantos años de maltratos y humillaciones le estaban costando su cordura y no sabía por dónde comenzar, de qué hilo tirar para desenredar el ovillo.

¿Cómo le explicaría a él…? ¿Cómo le diría que todo este tiempo había estado viviendo con Naraku enfrente de sus narices y que ella era su hija? No podía, al menos no en este momento… quizás cuando las cosas se tranquilizaran, cuando comenzaran a investigar la muerte del padre de Sesshomaru ella tuviera una oportunidad de contarle, de explicarle sin lastimarlo.

Después de un rato, se terminó de dar cuenta que Rin no jugaba como de costumbre, ni siquiera le cuestionaba con banalidades que mataban la poca paciencia de Kagura.

—¿Te pasa algo, enana? —preguntó acercándose a ella, mientras la niña cargaba a su peluche en forma de sapo.

—Sesshomaru… —y Kagura le prestó toda la atención del mundo — está triste.

La chica no supo cómo contradecirla. Parecía que la niña era más sensitiva que ella y no sería extraño. Durante toda su vida, a ella se le había dificultado relacionarse con las personas. Que Rin comprendiera mejor los sentimientos que ella era normal.

Después de algunas horas y de que Sesshomaru arreglara algunos asuntos con la funeraria, volvió a su departamento. Le dijo que llevaría a Rin con él y regresarían juntos. Sin embargo, le pidió que le ayudara con la ropa de la niña. Y así lo hizo. Por primera vez, Kagura se mantuvo callada y obediente.

Cuando Rin estuvo lista, la dejó en su habitación diciéndole que volvería al día siguiente.

Al pasar por el cuarto de Sesshomaru, lo encontró a media luz, poniéndose una camisa negra. Todo lucía lúgubre, por un momento le recordó a su casa. Él estaba de espaldas vistiéndose, por lo que Kagura se demoró unos segundos observándolo, mordiéndose el labio inferior sin saber qué hacer.

Carraspeó, dudando que tan buena idea era, pero quería llamar su atención.

Él se dio vuelta con su rostro inmutable y le hizo un gesto para que pasara. Kagura primero quedó petrificada porque había sido descubierta, se ruborizó al instante. Pero luego recordó las palabras de Rin y, guiada por su instinto, una vez que estuvo frente a Seshomaru estiró su mano para tomar la de él. Sí, ambos solían ser fríos y no aceptar qué tanto se gustaban y necesitaban, sin embargo, en ese día, el acto iba más allá de los sentimientos que se tuvieran. Finalmente, Sesshomaru accedió al momento íntimo y la atrajo para abrazarla.

No quería pedirle que lo acompañara al funeral. Sospechaba que eso significaría darle problemas con el bastardo de su padre. Aun así, le dio la dirección de donde sería todo.

—No es obligatorio que asistas – murmuró antes de deshacer el abrazo y extenderle un papel con los datos para que fuera si eso quería.

Kagura tomó el papel y asintió con la cabeza. Ya vería cómo escapar en la noche e ir a verlo. Reconfortada por el gesto, sintiéndolo nuevamente más cercano, tiró levemente del brazo de Sesshomaru y, poniéndose en puntas de pie, le dio un beso de despedida. Salió del apartamento, feliz de haber escuchado un "gracias" de la boca de Sesshomaru antes de irse.

Ooo

Al volver a su departamento, sólo Kanna se encontraba. Naraku se había marchado desde hacía horas y no había regresado. Lo extraño es que no se llevó a su hermana con él como usualmente lo hace. La mujer de ojos carmín, sospechando que todo tenía que ver con la muerte del padre de Sesshomaru, se atrevió hacerle preguntas a su hermana menor, pero esta parecía estar sorda y la ignoró como otras veces pasadas. Fue un intento inútil de conseguir información a través de ella, cuando su fidelidad estaba con Naraku.

—¿Volverás a salir? —preguntó Kanna al ver que Kagura se había cambiado de ropa.

—Sí, volveré antes que Naraku —le aclaró.

Y salió disparada con un vestido negro corto y una chaqueta encima.

Ooo

En el funeral, Inuyasha no dejaba de sorprenderse por toda la gente que asistía a despedir a su padre. Él fue una persona muy querida por muchos, gracias a su amabilidad y disposición para ayudar a quien sea.

Kagome atendía a las personas que llegaban, disculpándose porque su novio no estaba disponible. Él no quería las condolencias de nadie, del mismo modo que Sesshomaru tampoco los quería, sólo que éste último se veía en la obligación de hacerlo, pues muchos eran socios de su padre. Ella observó como Sesshomaru llegaba con la pequeña Rin y se ofreció para cuidarla. La niña se negó, alegando que prefería quedarse con el adulto.

Fue la misma Rin la que vio entrar a Kagura y corrió para recibirla. Sesshomaru no tardó en pedirle que lo esperara, pues debía seguir hablando con más personas. Ella por segunda vez en el día obedeció, quedándose con la niña, que era la única persona que conocía aparte de Sesshomaru. Se sentía un tanto desubicada, no sabía nada de él ahora que lo pensaba… incluso su vestido era demasiado corto para el funeral, pero era lo único que tenía. Su padre no le daba dinero para comprar ropa, toda era traída por él de quién sabe qué lugares y de quién sabe qué dueño anterior. A Kagura no le quedaba más opción que tironear de la falda cada cinco minutos para intentar inútilmente que se alargara y le cubriera más las piernas y algún que otro moretón.

De lejos, la pareja de Inuyasha observaba con una sonrisa en los labios, la inusual pareja. Sesshomaru estaba acompañado de una chica que desconocían, pero que él parecía apreciar. Nunca aceptaría lo mucho que le dolía su muerte, pero el que alguien este con él haciéndole compañía le alegraba.

—Hay mucha gente —comentó Kagura mirando hacia todos lados mientras le entregaba una taza de café a Sesshomaru.

Rin sentada a un lado de ella, recargada en un brazo de Sesshomaru, sintió un escalofrío de inmediato, advirtiéndole que algo malo pasaría.

Naraku entraba con una sonrisa socarrona en los labios. Por primera vez, sus dotes actorales le fallaban. La primera en darse cuenta fue Kagome, así que dio unos cuantos pasos hacía él para encararlo.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó en susurro para no armar un escándalo. En su interior rogaba que Inuyasha no apareciera. Él era mucho más impulsivo que su hermano mayor y sabía que no se controlaría por nada del mundo.

—Vengo a dar mis condolencias —carraspeó. Kagome frunció más y más el ceño.

—Bien, ya lo hiciste. Ahora vete —le pidió. El coraje era evidente en cada palabra.

Pero la mujer no podía hacer mucho, sobre todo cuando Sesshomaru dejó su café y su lugar y se puso de pie, dando grandes zancadas hacia el hombre que acababa de entrar. Las demás personas no le prestaba atención, aunque si lo hacía una mujer que se paralizó al instante.

—No… —pronunció débilmente Kagura. Todo parecía una mala broma de la vida, con la cual no se reía ni un poco.

—¿Qué es lo quieres? —lo cuestionó Sesshomaru, con voz mucho más firme que Kagome. A él no le importaba que los demás se dieran cuenta de lo mucho que le desagradaba la presencia de ese hombre.

—Por lo visto, esta familia no tiene una pizca de educación—. Se burló. Kagome seguía esperando que él se fuera de una buena vez.

—Te pido gentilmente que te retires, entonces – le respondió Sesshomaru apretando los dientes.

Kagura respiró con dificultad. Estaba segura que nada saldría bien, que Naraku sabía que ella estaría ahí.

—Al parecer no soy bien recibido —comentó al final. Sesshomaru y Kagome esperaron el siguiente movimiento, sin imaginar lo que diría. A la chica de cabello negro y ojos fríos se le paralizó el corazón, mientras que Naraku seguía hablando. Podía leer sus labios y sentir sus pretensiones. —No es un buen momento para que tengas una conversación decente, Sesshomaru. Lo entiendo.

Y, como acto final, dirigió su mirada hacia Kagura.

-Ven, hija, vámonos- habló en voz alta para que todos lo oyeran.

A Kagura la respiración comenzó a agitársele y el corazón a latirle muy rápido. No podía negarse a la orden, a la vuelta a casa le esperaría varios golpes si lo hacía, pero... estaba Sesshomaru. Lo miró con terror, como rogándole con la mirada que no lo dejara llevársela.

Él jamás hubiera imaginado eso de la mujer con la que ha compartido una diminuta parte de su vida. Por un segundo no entendía nada… se sentía burlado, estafado.

Ella lo miraba con pánico, presa de la vergüenza de haber sido descubierta. Comenzó a caminar despacio, sin ser siquiera consciente de que su cerebro le daba la orden a sus piernas para moverse porque siquiera las sentía, lo único que podía sentir era la mirada de él sobre ella… se acercó a su padre y se marchó con él, mirando a Sesshomaru en silencio sin entender por qué él no la detenía.

Las lágrima comenzaron a caer una vez que estuvo dentro del auto de Naraku, se sentía sucia, y tenía en la garganta el grito atorado que quería salir y decirle sálvame. A él, a ese hombre que estaba igual de paralizado que ella pero hecho una furia.

CONTINUARÁ

Gracias a Silvia por su colaboración para que salga este capítulo y a todas por la paciencia y la espera. Gracias por nunca abandonar este fic y por seguir leyendo. Valoro muchísimo sus reviews y mensajes.

Si alguien más quiere colaborar para el próximo capítulo, espero sus mensajes por inbox o sus reviews :)

Besos y -perdones- gracias infinitas.