"The Only One"

LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A STEPHENIE MEYER, LA HISTORIA ES MÍA.

"El peor error es hacer lo correcto con la persona equivocada, y hacer lo equivocado con la persona correcta"

Respuesta la pregunta de Paola Lightwood:

Bella piensa que no ama a Alex, y hay momentos fuertes en los que ella no quiere seguir luchando por su matrimonio, a pesar de todo el amor que Alex le tiene. Ella quiere una culpa que la consuma para poder seguir con su relación, ella quiere sentir que le debe a Alex la oportunidad de tenerla ya que, habiendo cometido la infidelidad, ella piense que es una razón para quedarse junto a él y recompensarle el error cometido.

Capítulo 10.-

¿Qué carajo, Bella?— me mira fijamente— ¿No tomas la píldora?

Estoy... Edward... estoy intentando quedar embarazada— me ahogo con mis palabras— ¡Por supuesto que no tomo la píldora!

— Esto es una broma ¿cierto?

— ¿Tengo cara de estar haciendo una maldita broma? — pregunté, mirándolo con los ojos casi fuera de órbita.

¿Qué podía hacer ahora? ¡Era medianoche! Empecé a caminar de arriba abajo por la habitación. Debía haber una solución… por supuesto, pero me encontraba más cómoda buscando un culpable. Y ese culpable absolutamente era…

— ¡Debiste usar un maldito condón! — grité mirándolo con fuego en los ojos. El me devolvió la misma mirada.

— ¡Bella, debiste recordarme usar un condón! Demonios… con mi esposa…

— ¡Yo no soy tu maldita esposa! — grité golpeándole en el pecho. Me tomó de la muñeca con fuerza.

— ¡No, Isabella, por supuesto que no lo eres! — Edward se llevó las manos a la cara de pura frustración, mientras yo me soltaba a llorar.

— Decido engañar a mi esposo y esto es lo que sucede…— gimoteo mientras las lágrimas ruedan por mis mejillas.

— Bella… no llores— murmuró Edward, cambio de estar enojado a ¿preocupado? mientras se acercaba a mí— todo estará…

— no lo digas

—… bien. — Me atrajo hacia sus brazos y lloré un poco más— escucha, iré por unas pastillas a la farmacia.

— Edward, esas píldoras nunca funcionan.

— Sí lo hacen— afirmó con una sonrisa de lado— lo sabrías si no te hubieses casado tan rápido.

— No estoy para bromas, menos sobre mi matrimonio— aun así me reí un poco.

— ¿Bella?

— ¿Sí? — murmuré contra su pecho, si yo quisiera, podía darle un beso.

— Esto no es una broma, pero realmente si voy a ir a comprar las pastillas… no creo que sea la mejor idea ir desnudo.

Y entonces fue cuando me di cuenta que estábamos abrazados, piel con piel. El aire se atascó en mi garganta y no pude decir nada. Por suerte, estábamos tan alterados, que realmente ninguno estaba excitado en este momento. Me separé rápido de él mientras mi cara de ponía de colores.

— Deberíamos cambiarnos— solté una risita nerviosa.

— ¿Te estás sonrojando? — preguntó en tono juguetón.

— Lárgate ahora, Edward— bufé rodando los ojos mientras me vestía. — mañana tenemos que estar temprano para el curso.

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Al día siguiente, a ambos nos costó levantarnos temprano en la mañana… Edward había tardado casi tres horas buscando una farmacia, e incluso se perdió. Por supuesto yo no pude pegar ojo hasta que él estuvo de vuelta al hotel.

— ¿Estás bien? — me pregunto Edward por tercera vez en la corta mañana. Ajusté mi sweater negro y me encogí de hombros.

— Ya te dije que sí.

Había sido muy difícil para nosotros vernos las caras en la mañana, después de lo que habíamos hecho… de la traición que habíamos cometido, era difícil. Sobre todo cuando la culpa no se sentía tan mal como yo lo esperaba. Y por supuesto del tremendo susto al darnos cuenta de que habíamos sido lo suficientemente estúpidos e inmaduros como para no usar condón.

— Bella ¿Te lastimé…— preguntó un poco incómodo cuando vio la pequeña mueca que hice al tomar asiento en el taxi que nos llevaría al curso.

— Edward — murmuré torciendo el gesto— de verdad… de verdad… no hagas esto más incómodo.

— Estoy preocupado por ti, Bella.

— Pues no lo estés— rodé los ojos— solo fue…

— Sé lo que fue, Bella— gruñó Edward enfadado— te estoy hablando como tu maldito amigo, no tienes que ser…

— ¿No tengo que ser qué? — lo reté mirando fijamente aquellos ojos verdes profundos.

— ¿Cruel?

— Oh vamos… somos amigos ¿Y cruel es la mejor palabra que se te ocurre para decirme?

— ¡Óyeme! ¡Soy un jodido caballero!

— Vaya boca la del caballero…— me reí mientras Edward tiraba juguetonamente de un mechón de mi cabello.

— Ayer no te quejabas de esta boca— sonrió de lado mirándome con una pequeña lujuria destellando en sus ojos.

— Edward… — le advertí mirando de reojo al conductor.

— Bueno, sí que te quejaste, en realidad… mucho, pero estoy seguro que no era una mala queja — murmuró con su voz tan baja y seductora cerca de mi oído.

— Deja de ser un estúpido— le dije, mientras le hacía una seña totalmente obscena.

— Estoy siendo tu amigo, boba.

— Es lo mismo— me burlé.

Cada vez que empezaba a disfrutar un momento con Edward, la culpa llegaba y se apoderaba de mi… la culpa de disfrutar del momento, no la culpa de arrepentirme por lo que hice. Sino una culpa peor que esa… la culpa de saber que no me estoy muriendo de remordimiento como debería estar haciéndolo, porque la verdad de todo es que disfruté engañar a mi esposo. Disfruté del momento como pocas veces lo he hecho estos últimos meses, es lo más cercano a la gloria.

Se supone que a pesar de haber tomado la pastilla para no quedar estúpidamente embarazada de Edward Cullen, debería estar preocupada por ello… porque habíamos tenido sexo, peor que eso… habíamos tenido sexo sin condón. Simplemente no estaba siendo yo misma en este momento, estar lejos de la realidad me afectaba completamente, estar en otra ciudad con este hombre jodidamente caliente me bloqueaba pensamientos coherentes.

—… Bella— Edward me sacudió por los hombros y lo miré con el ceño fruncido.

— ¿Qué quieres?

— Ya llegamos, tonta— me dedicó una sonrisa burlona— ya sé que no puedes dejar de pensar en lo de anoche pero…

— Oh, cierra la maldita boca— me bajé del taxi rápidamente, sonrojándome mientras el chofer me miraba con una ceja alzada.

El edificio que se encontraba frente a nosotros tenía aproximadamente 50 pisos y era muy elegante.

— Edward, cruzando la puerta tenemos que ser completamente profesionales… así que por favor no empieces con tus comentarios— le advertí mirándolo fijamente.

— Entendido y comprendido, Señorita Swan.

Estábamos a punto de entrar cuando el celular de Edward empezó a sonar, me miró y yo me encogí de hombros mientras entraba al edificio. Edward se quedó afuera para contestar la llamada. Lo observé mientras contestaba, al principio su cara palideció y frunció el ceño, pero después una gran sonrisa lleno su bello rostro mientras hablaba alegremente.

Lo observé fijamente, hasta que su mirada se encontró con la mía y el brillo en sus hermosos ojos verdes que había causado la persona al otro lado del celular se esfumó, rápidamente desvió su mirada. Me sorprendí por un momento, pero después decidí ignorarlo sabiamente.

— Buenos días— un hombre con traje elegante me saludó mientras extendía su mano hacía mí.

— Buenos días— murmuré agitando ligeramente la cabeza, apreté su mano y sonreí. Su gran altura me sorprendía, estaba casi segura que no era de por aquí.

— ¿Viene al curso? — preguntó mientras me observaba detenidamente. Su acento era un poco extraño, así que simplemente sumé uno más uno. Extranjero.

— Sí, así es… ¿Ya han llegado todos? — pregunto mientras me acomodo mechón de cabello detrás de la oreja.

— No aún, pero en hora buena me ha llegado esta hermosa compañía— me dedica una sonrisa, de esas sonrisas que se ven en los hombres hambrientos. Me sonrojé.

— Gracias— observo hacía cualquier otro lado, menos al hombre enfrente de mi.

— ¿Puedo saber su nombre? — pregunta amablemente, sus ojos azules fijos en mi rostro.

— Isabella Swan, mucho gusto. ¿Y usted?

— Leonard Bercovich.

— ¡Oh, es alemán!

— Madre americana, padre alemán— sonrió orgulloso. Empezamos a caminar rumbo al lugar del curso.

Sentí una mirada detrás de mí, y me giré mientras me encontraba con la penetrante mirada de Edward, abrí la boca para hablar pero el caminó rápidamente delante de nosotros mientras gruñía un tosco "Buenos días"… Leonard no contestó a tan tosco tono de voz que Edward le ofreció.

— ¿Lo conoce? — preguntó mi acompañante mientras fruncía el ceño.

— Trabajamos en la misma empresa. — y follamos, también.

— ¿Es así siempre? — abrió la puerta para que yo pudiese pasar, el salón era grande y oscuro, las sillas acomodadas estratégicamente. Era un hermoso lugar, acondicionado, con sillas nuevas y elegantes.

— Por lo regular tiene mejor humor— lo defendí, mientras me encogía de hombros. Tal vez algo en la llamada lo había molestado. O había seguido mi consejo, y estaba actuando profesionalmente.

Me di cuenta que los lugares estaban separados por empresas, así que me despedí de Leonard.

— ¿Te gustaría tomar algo conmigo al finalizar el curso?

— Yo… — me quedé sin palabras, mientras el americano alemán me observaba fijamente.

— Isabella— una voz casi tan fría como el hielo fue hablada detrás de mi. — tenemos que encontrar nuestros lugares.

Pude sentir la molestia de Leonard irradiar de su cuerpo. Así no dije nada y me alejé de el, mientras seguía a Edward, que caminaba rápido a nuestros asientos.

— No hacía falta que…

— No me interesa— me cortó con voz tosca, juro que mi boca casi se abre hasta el piso. — No me interesa tu flirteo con los hombres, hemos venido a trabajar y nada más.

— ¿Qué carajos, Edward? — le dije en voz baja, mientras que lo detenía jalándolo del brazo.

Sentí mi alma caer al piso, cuando quitó su brazo lejos de mis manos, con ojos como fuego me observó.

— No me toques.

— Edward… no seas tan estúpido— me alteré mientras lo miraba, su mirada seguía igual de fría, como fuego congelado.

— Solo cállate, Bella. Callate y seamos profesionales.

— Esto no es ser profe…— soltó un bufido cortante. Y se acercó a mi, algunas personas estaba a nuestro alrededor ajenos de la pelea que estábamos teniendo. Puso su boca cerca de mi oído.

Y lo siguiente que dijo, casi me hace atravesarle una bofetada en frente de todos.

— Coger con un hombre casado y engañar a tu marido ¿Es eso profesional?

— Vete al infierno— gruñí conteniendo las lágrimas en los ojos. Me alejé del monstruo que me miraba fijamente, sin un rastro de culpa y humanidad. Sin rastro de mi amigo, de mi amante. Simplemente un extraño para mi.

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¡Nuevo capítulo!

Ya sé que no tengo perdón de Dios pero es que hace dos meses que acabo de comenzar la universidad. Y estoy estudiando Odontología… y te consume completamente. Pero aquí está el capítulo, tardísimo pero seguro. Nuevamente, ya les dije que este fanfic sí que lo voy a terminar.

Ahora… ¿Qué mosquito le habrá picado a Edward para comportarse de forma tan estúpida de la nada? ¿Celos de ver a Bella hablando con Leonard? ¿La llamada telefónica? ¿O es una broma pesada?