Bleach

Ichigo / Rukia

Advertencia: lenguaje explícito, lemon.


Capítulo IX

Quedé paralizado con la oración completa que Rukia me dijo: "Ichigo, si alguien tiene que culparse de algo ese no eres tú. Sabrías cómo puede llegar a ser Masaki si yo no hubiese sido tan imbécil de no regresar a ti antes…"

Primero que todo, me había llamado "Ichigo" y no la oía llamarme así desde hacía años, y viniendo de su boca, con el hermoso sonido de su voz me cautivó, acto seguido ella consiguió que dejara de sentir culpa al recalcar que si yo no conocía bien a mi hija no era mi responsabilidad, y por último lo que mencionó acerca de regresar antes… ¿ella lo había pensado? ¿Cuándo? Y lamenté que no lo hubiese hecho, pero al convivir con Masaki y en cierta medida con Rukia, lentamente había comenzado a sanarme, lo seguía resintiendo, pero dolía menos con el pasar de los días y para cuando sentí sus labios apoderarse de los míos, yo estaba en el estado entumecimiento mental y físico. Quería responderle pero no podía, mi mente se negaba a procesar lo que estaba ocurriendo, sin embargo no fue mi mente la que respondió finalmente, sino mis instintos y terminé besándola y ella gimiendo como consecuencia. Vi la oportunidad y la tomé, mis ganas de ella me pudieron, no había buscado ser brusco, pero yo estaba castigándola por haberme privado de su cuerpo por tanto tiempo y cuando finalmente estuve dentro de ella y la miré a los ojos y ya dejé de pensar en que la estaba mortificando por haberme hecho sufrir y que era alguna clase de venganza, porque a ella le gustaba. No había expresión de disconformidad en su rostro, por el contrario y me dejé llevar, busqué hacerme sentir bien sin ignorar las señales que su cuerpo me indicaban y cuando finalmente me acerqué, me di cuenta de que no quería que ella quisiera volver a experimentar sexualmente conmigo, quise que me odiara y que nunca más me buscara porque si lo hacía, a la más mínima insinuación volvería a ceder cada vez y eso le daría la oportunidad de volver a dañarme y yo no estaba dispuesto... Todavía la amaba, pero había encontrado otra clase de amor que me hacía desear estar bien y salir adelante. Volver a darle el control a Rukia sería retroceder. Había pensado en lo que hice a continuación, pero era la clase de cosas que uno aspira a hacer pero que no se atreve a verbalizar por no saber cómo será tomado, y la cara de estupefacción al yo terminar en su boca me indicó que había resultado. Ella se sintió pasada a llevar con mi acción y me arrepentí. Al volver a mi cama, pensando en cómo me sentí, entre la culpabilidad y el placer de haber cumplido una fantasía, me masturbé y acabé como si no lo hubiese hecho no hacía mucho y estaba tan concentrado en lo que sentía y en mis recuerdos más frescos, que tuve no tuve el cuidado de hacerlo apropiadamente, como todo hombre, especialmente los sin novia como yo lo hace: en algún papel con un inmundo destino, y el resultado me asqueó a mí mismo. Masaki se venía a acostar conmigo y yo no podía permitir que siquiera tocara esa cama, pero estaba cansado después del relajo post sexo que no fui capaz de hacer algo al respecto y me quedé dormido.

Desperté sobresaltado mirando la hora y no faltaba mucho para que Masaki llegara y me levanté sin pensar demasiado y saqué todo y me dirigí al área de lavandería. No me acostumbraba que hicieran las cosas por mí, pero desde que vivía en esa casa alguien más lavaba mi ropa y no a diferencia de como fui criado, porque después de los doce años mi madre dejaba de hacerlo por nosotros y cada uno a encargarse de su propia ropa, por lo que al llegar y ver una maquina considerable más grande y moderna que a la que estaba acostumbrado, me demoré en programarla. Me sentí como un simio.

Regresé a mi habitación y me di cuenta que había pasado más tiempo del que creí y fui a ver a mi hija a su habitación, y no estaba. No quería generar una alarma, pero me molestaba no saber dónde se encontraba y seguí caminando y la escuché llorar y corrí, sin importarme que de dónde venía el llanto era la habitación que había evitado acercarme siempre, y simplemente entré y vi a Masaki abrazando a su madre, preguntándole si yo ya no volvería y casi me pongo a llorar ahí mismo. Rukia notó mi presencia y me sonrió hermosamente y vi como su postura se relajó, le dijo algo al oído y Masaki con sus ojos azules, me miró y se soltó de su madre y corrió hacia mí y me derretí. Me sentí amado y admirado… no importaba qué, yo ya nunca más iba a sentirme solo.

.

Estaba enamorado de mi hija y ya conocía bien sus gustos y comencé a descubrir que si bien físicamente no se parecía a mí, sus gustos eran parecidos a los míos. Tenía mañas que nunca había observado en alguien que no fuera en mí mismo. La genética obraba de formas misteriosas y me hacía mucha gracia como justificaba su actuar.

—¿Y por qué no deben ser entonces impar? —consulté.

—Porque sobra uno. Queda solo —explicó.

A mí tampoco me agradaban los números impares, pero aquello me había convertido en alguien medio neurótico, pero había aprendido a que me molestara menos, pero con el tiempo, esperaba que ella lo hiciera en menos tiempo.

—Hola —saludó Rukia.

Ella venía llegando de su trabajo en la embajada de Canadá. Rukia tenía doble nacionalidad y trabajaba ahí. Su ropa era muy formal y pocas veces la veía así, porque tan pronto llegaba se cambiaba.

Desde que habíamos tenido ese encuentro sexual las cosas se habían vuelto incomodas. Me costaba actuar como si nada hubiese pasado, porque dentro de mis pantalones pasaba de todo. No era sano recordar sus labios abiertos sobre mi pene mientras ella sólo bebía agua de una botella… esa botella no era mi pene, pero deseaba que lo fuera y lo peor era que sentía que Rukia no era indiferente, ella quería más y aunque yo también, no quería dárselo.

.

La universidad que se había vuelto un modo de alejarme un poco de Ginjo y los demás un poco antes de saber que era padre, se había vuelto en la herramienta que me ayudaría a darle un mejor futuro a mi hija, cuyos parámetros eran altos de cuna. Mi carrera era de por si exigente y si antes me conformaba con aprobar, ya no lo hacía más. Tenía el incentivo de querer ser el mejor, pero aquello requería muchos menos horas de sueño si no quería dejar de pasar momentos con Misaki y en periodo de exámenes dormía poco.

—Ichi… Kurosaki —se cortó Rukia —. Te estás quedando dormido.

Había ido a buscar té a la cocina y supongo que esperando a que hirviera el agua me había quedado dormido. Esperé que no hubiese sido mucho tiempo porque estaba con horas en contra. Me levanté mecánicamente y fui a tocar el hervidor de agua y seguía caliente. No había sido demasiado tiempo. Suspiré aliviado. Busqué el tazón que siempre ocupaba porque tenía la medida perfecta y no lo encontré, sin darme cuenta que Rukia se había acercado y había depositado en el fregadero lo que yo consideraba era mío.

—¿Estabas buscando esto? —consultó.

Ella sabía que yo era esa clase de persona… y se estaba burlando. Siempre lo había hecho.

—Gracias —contesté mosqueado.

Comencé a lavarlo con cuidado. No me gustaban tampoco las líneas que quedaban después de tomar té.

—¿Sigues haciendo eso de lavar las cosas de ese modo? —quiso saber.

—No todos nos convertimos en alguien completamente distinto. Yo sigo siendo el mismo —espeté.

—¿Me estás queriendo decir algo? —captó.

—Sólo expresé un pensamiento, si te sentiste identificada de algún modo, ahí tú ves —solté.

—Nunca vas a perdonarme, ¿cierto? Contéstame por favor, necesito seguir adelante —rogó y volvió a hablar —. ¿Vas a poder algún día mirarme sin esa expresión de enojo y asco?

¿Asco? Lo último que sentiría por ella era asco. Todo lo contrario, quería ir y marcarla como mía, como un troglodita, pero yo no quería sufrir más, no quería volver a decepcionar a mis padres; no deseaba volver a fallar y si me dejaba llevar por Rukia y me volvía a dejar temía que volviera a pasar y no quería. Tenía miedo.

Moví mi cabeza y negué con la cabeza; era imposible que de mi boca saliera algo que manifestara lo contrario de lo que realmente sentía.

Rukia asintió y retomó el camino a suponía su habitación y supe que no quería ver más su espalda y en dos zancadas la alcancé y vi las lágrimas surcar su rostro. Mi rechazo la había hecho llorar y no quería ser yo el causante de su sufrimiento ¿y que si con eso podía detener el mío también?… le besé el cuello y respiré en la nuca, excitado por su cercanía. Ella temblaba y yo también.

—¿Vas a volver a huir? —preguntó.

—Yo no hui de esto, fuiste tú… pero ya no quiero seguir fingiendo que no se me para cuando paso por tu lado y siento tu perfume.

Nos besamos vacilantes pero ávidos, muy parecido a nuestros torpes primeros besos pero yo quería más y ahí en medio de esos muebles que para quien sabía apreciarlos veía la belleza y la inversión hecha en ellos, tuve a Rukia rodeándome la cabeza con su piernas. Quería hacer eso en particular, quería lamerla y saborearla, escucharla gemir como solo lo hacía cuando succionaba su clítoris en particular y los ruidos obscenos que la mezcla de su mi lengua y su excitación que de esa acción resultaba.

—Vamos a tu habitación —sugirió ella.

—Vamos mejor a una que esté vacía… —refuté.

—Donde tú quieras… —aceptó ella.

Esa voz de deseo por parte de ella despertó incluso más el mío si podía y terminé por convencerme que lo que estaba haciendo era lo que quería en realidad, no iba a poner más escusas.

.

Me quedé dormido en algún momento, pero Rukia me despertó. Lo que había pasado había sido real, no había sido un sueño como muchos otros… le di un beso que ahogó la palabras que me estaba dirigiendo y terminamos haciéndolo de nuevo, más corto y menos agónico, pero igual de satisfactorio.

Me sentí completo cuando juntos fuimos a buscar a nuestra hija para ir a desayunar, mientras bromeábamos y nos sonreíamos sin tapujos…

.

Esperaba a Rukia llegar, por lo general ella llegaba después que yo. Hacía cuatro semanas que habíamos regresado. Nadie sabía lo que hacíamos al llegar la noche excepto nosotros, pero supongo que de algún modo proyectaba alguna energía distinta, porque mi madre había llegado para ver a Masaki y traerle un postre que ella le había dicho que quería comer.

—Estás distinto —expresó mi madre capciosa.

—¿Sí? Es que las cosas han ido bien… aprobé todos los ramos del semestre y he subido mis calificaciones —destaqué.

—¿Sí? Felicidades hijo… —respondió dudosa mi madre.

—Además ahora tengo un trabajo en la misma universidad en los periodos que tenía de espera entre una asignatura y otra. Pagan con regularidad a diferencia de mi otro trabajo, y es un poco más —seguí.

—No me habías dicho nada —recalcó.

—Resultó hace dos semanas —agregué.

La conversación estaba medio extraña y yo sabía que mi madre lo sabía… siempre lo sabía. Me conocía bien y sospechaba que no le estaba diciendo la verdad acerca de mi buen humor.

—¿Y las cosas con Rukia? —lanzó finalmente.

Me puse nervioso, yo ya era un adulto e incluso tenía una hija con esa mujer, pero no me animaba el que supieran que había caído nuevamente bajo su hechizo y que estaba completamente susceptible a que me hiciera daño nuevamente.

—¿Qué hay con ella? —pregunté —. Apenas la veo

Le mentí a mi madre descaradamente, pero es que me avergonzaba todavía sentirme como me sentía con ella. Nunca iba a querer a otra como la quería a ella, pero no me atrevía a decirlo en voz alta después de haberlo pasado tan mal y de haber jurado en infinitas veces que repudiaba a Rukia.

—¿Sí? –inquirió —. Vaya, entonces ese trabajo de verdad debe ser que te alegra ese trabajo.

—Sí, me permite pasar más tiempo con Masaki —respondí rápidamente.

Lo cierto era que con Rukia también. Ese trabajo me había venido muy bien y no hice más que pensar en ella y la vi a ella aparecer en la cocina. Su mirada que no llegaba a la mía me dio a entender que ella había oído como la había negado… e insistí en no sentirme mal por eso, porque aunque habíamos vuelto nunca habíamos aclarado bajo qué términos, yo prefería verlo como que éramos un hombre y una mujer que disfrutaban del sexo juntos.

—Hola señora Kurosaki —saludó apagadamente.

Mi madre y ella conversaron unos instantes, pero pronto Rukia se justificó diciendo que había tenido un día muy pesado y que necesitaba descansar.

Esa noche ella no me buscó y yo creí que era bueno no invadir su espacio, o eso trataba de creer, porque en el fondo sabía que la había cagado.

Fueron sólo dos noches las que soporté y me presenté en su habitación, con una tremenda erección; era sorprendente lo rápido que se terminaba acostumbrando uno a lo bueno.

—¿Le pasó algo a Masaki? —preguntó preocupada.

La rodeé por la cama y me acosté en el lugar donde había más espacio, pero ella estaba más o menos en el medio.

—Sal de aquí —exigió —. Si no es por nuestra hija entonces te pido que salgas por donde mismo entraste.

—¿Sigues molesta conmigo? —consulté lo obvio.

—¿Y por qué lo estaría? Apenas y nos vemos… ¿en qué momento podría tener tiempo de molestarme contigo por algo? —interpeló con evidente enojo.

Sonreí, sabía que era por eso.

—Ve a reír a otro lado —musitó.

—Creí que lo que pasa entre nosotros debía ser solo nuestro —respiré en su oído —. Nunca hablamos sobre como procederíamos si continuábamos con esto…

No hubo una respuesta de su parte y supe que tal vez en realidad la había terminado lastimando en serio.

—¿Rukia? —la llamé.

—Pasaba —corrigió —. Lo que pasaba entre nosotros.

Arrugué la frente y la sonrisa desapareció. Una mención sobre un posible tiempo pasado y una implicancia sobre una imposibilidad de estar juntos en el futuro me irritaba incluso si era broma.

—¿Estás hablado en serio? —interrogué.

No respondió nuevamente.

—Quería volver contigo, Ichigo. Mi objetivo era hacer que te enamoraras de mí de nuevo y pensé que quizá podría lograrlo, pero no lo conseguiré sólo acostándome contigo. Sexo del bueno puedo obtenerlo si lo busco, tú también y no nos hará sentir así de vacíos luego… estamos haciendo las cosas mal —sentenció —. No podemos enceguecernos con esto que tenemos es… sórdido.

¿Sórdido? El tener ese tipo de conexión sexual debería ser ilegal, pero jamás lo catalogaría como algo ni siquiera levemente sórdido…

—¿Te sientes vacía después de que lo haces conmigo? —quise saber de inmediato.

—A veces sí —aceptó —. Otras creo que es lo correcto y en ocasiones no sé qué pensar.

Rukia estaba tan confundida como yo y si no me lo hubiese dicho sido difícil de adivinar; ella lucía tan segura todo el tiempo…

—Yo tampoco sé bien qué pensar, sólo sé que tengo miedo —reconocí.

—¿Crees que voy a volver a irme? —consultó.

Ella se volvió hacia mí y quedamos frente a frente, a poca distancia.

—Todo el tiempo creo que un día no volverás y desaparecerás junto con nuestra hija —confesé —. Sólo vuelvo a respirar tranquilo cuando llego y Masaki está en su habitación y cuando te veo llegar más tarde a ti…

Comencé a hacerle cariño en su pelo suave y ella hizo lo propio rozándome con dos dedos el rostro, suavemente.

—No voy a irme de nuevo a menos que tú lo quieras así —respondió ella.

Su mirada intensa y lastimada me dijo algo que esperaba saber y no a través de su voz, sino que lo vi… y finalmente lo creí.

—¿Es algo que podrías jurar por la vida de nuestra hija? —cuestioné.

—Por mi vida y por la tuya incluso… lo peor que he hecho en la vida fue dejarte —aceptó —. No hubo un solo día en el que no me arrepintiera y no pensara en cómo regresar a ti.

La besé hiperventilado, me faltaba el aire y estaba temblando.

—Sigo enamorado de ti… te estuve esperando todos estos años ¿por qué no pudiste regresar antes? —reconocí emocional.

La verdad que más oculta tenía, había sido finalmente revelada: yo siempre había estado esperando por ella y ya había sido hora de que lo admitiera.

Continuará...


Saludos :)